EL ARRIANISMO A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS
Resumen y comentarios realizados por Cesáreo Jarabo Jordán
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¿Qué es herejía? |
¿Qué es herejía?
Nuestra cultura fue hecha por una religión. Los cambios o los desvíos de esa religión necesariamente afectarán a nuestra civilización como un todo
Si uno se pusiese a catalogar a las herejías siguiendo la larga Historia de la Cristiandad, la lista de las mismas podría parecer casi infinita. Porque se dividen y se subdividen, están en todas las escalas, varían de lo local a lo general. Sus vidas se extienden desde menos de una generación hasta siglos enteros.
Entre las herejías de la época visigoda descuella el arrianismo, con el cual (a pesar de no haber contagiado ni a una parte mínima de la población española) tuvo que lidiar reñidas batallas el episcopado hispano–latino, defensor de la fe y de la civilización contra el elemento bárbaro.
Actualmente vivimos bajo un régimen de herejía que se distingue de los períodos herejes más antiguos tan sólo en que el espíritu herético se ha vuelto generalizado y aparece bajo varias formas.
Son cinco las principales formas de ataque al cristianismo. Los cinco ataques son, en orden histórico: 1. el Arriano; 2. el Mahometano; 3. el Albigense; 4. el Protestante; y 5. uno que aún no tiene un nombre específico asociado pero al cual llamaremos "el Moderno" por una cuestión de conveniencia.
El arrianismo fue una revuelta contra las dificultades inherentes a los misterios en general aún cuando se expresó solamente en un ataque al misterio principal. El arrianismo fue un típico ejemplo en gran escala de esa reacción contra lo sobrenatural que, si se desarrolla a pleno, le quita a la religión todo aquello que la hace vivir.
El arrianismo veía en Dios a un principio superior; negaba que fuera el manso hijo de Israel que se dejó prender y crucificar sin oponer resistencia. Apoyado en unos sólidos y austeros razonamientos lógicos, el arrianismo consiguió atraer a grandes masas por su simplicidad y ausencia de complicaciones intelectuales.
El arrianismo estaba dispuesto a otorgarle a Nuestro Señor toda clase de honores y majestades menos la de la naturaleza plena de la Divinidad. Fue creado (o bien, si a las personas no les gustaba la palabra "creado" entonces se utilizaba aquella otra de "surgió") de la Divinidad antes de todas las demás cosas. A través de Él fue creado el mundo. Se le otorgó (paradójicamente) el poder de todos los atributos divinos menos el de la divinidad.
Una persona que piensa que el arrianismo es una simple discusión semántica está dejando de ver que un mundo arriano sería mucho más parecido a un mundo mahometano y mucho menos parecido a lo que el mundo europeo de hecho llegó a ser. Esa persona está mucho menos en contacto con la realidad de lo que estuvo Atanasio cuando afirmó la importancia suprema del punto de doctrina.
El ataque mahometano fue de una clase diferente. Geográficamente provino de fuera del área de la Cristiandad; apareció, casi desde el comienzo, como un enemigo externo. Sin embargo, estrictamente hablando, no fue una religión nueva que atacaba a la antigua sino, esencialmente, una herejía; si bien, desde las circunstancias de su nacimiento fue una herejía más bien externa que interna. Amenaza con matar a la Iglesia Cristiana por invasión en lugar de socavarla por dentro.
El ataque albigense no fue sino el principal de un gran número de ataques, todos los cuales tuvieron sus orígenes en la concepción maniquea de la dualidad del universo; en la concepción de que el bien y el mal están siempre combatiendo como iguales y que el Poder Omnipotente no es ni único ni benéfico. Estrechamente interrelacionada con esta idea e inseparable de ella estuvo la concepción de que la materia es maligna y que todo placer, especialmente el del cuerpo, es maligno. Esta forma de ataque, de la cual sostengo que la albigense fue la más notoria y la que más cerca llegó de tener éxito, fue más un ataque a la moral que a la doctrina. Tuvo el carácter de un cáncer fijándose al cuerpo de la Iglesia desde adentro, produciendo una vida propia, antagónica de la vida de la Iglesia y destructiva de la misma, al igual que el tumor maligno en el cuerpo humano vive una vida propia, diferente y destructora del organismo en el cual ha surgido en forma parasitaria.
El ataque protestante difirió del resto especialmente en la característica que su ofensiva no consistió en la promulgación de una nueva doctrina, o de una nueva autoridad, ni realizó un intento concertado de crear una contra-Iglesia. Su principio fue la negación de la unidad. Fue un esfuerzo para promover aquél estado mental en el cual una Iglesia en el antiguo sentido de la palabra, esto es: un cuerpo infalible, unido y docente; una Persona hablando con autoridad divina, debía ser negada – no por las doctrinas que podía llegar a ofrecer sino por la sola pretensión de ofrecerlas bajo su autoridad exclusiva. Así, el protestante puede afirmar, como lo hacen los puseytas ingleses, la verdad de todas las doctrinas subyacentes a la Misa: la Real Presencia, el Sacrificio, el poder sacerdotal de consagración, etc. mientras otro protestante podría afirmar que todas esas concepciones son falsas, y aún así ambos protestantes serían protestantes porque están comunicados por la concepción fundamental de que la Iglesia no es una personalidad visible, definible y unida; que no hay una autoridad central infalible y que, por lo tanto, cada uno es libre de elegir su propio conjunto de doctrinas.
Por otra parte, debemos tener en cuenta que las controversias doctrinales no surgen espontáneamente; se deben, por lo general, a una serie de factores que, unidos, acaban por desatar crisis que afectan en mayor o menor medida al dogma y a la convivencia eclesial. Suele haber un sustrato filosófico que ofrece las categorías metodológicas y de pensamiento necesarias para la elaboración de nuevas doctrinas. Por lo demás, el contexto histórico, político, social suele ejercer una gran influencia, y su análisis nos permite comprender que en la mayoría de los casos las disputas son no sólo intelectuales sino políticas. Igualmente, es norma que surja un personaje que se erija como líder y como centro de la discusión.
Entendemos por herejía una doctrina que se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia. La palabra "herejía" proviene de la lengua griega y encierra el concepto de error, desviación o enseñanzas de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Desde el tiempo de los apóstoles abundaron las herejías: unas negaban la divinidad de Jesucristo, otras su humanidad y otras amalgamaban la doctrina cristiana con otras religiones, etc.
Se piensa que la herejía carece de interés contemporáneo. El interés en la herejía está muerto porque la herejía tiene que ver con cuestiones que ya nadie toma en serio. Se comprende que una persona puede interesarse en una herejía por curiosidad arqueológica, pero difícilmente resulte comprendido si llega a afirmar que la herejía ha tenido un gran efecto sobre la Historia y sigue siendo, hoy mismo, un impulso contemporáneo viviente.
La herejía es la dislocación de una estructura completa y autosostenida mediante la introducción de la negación de una de sus partes esenciales.
La negación completa de un esquema no es herejía y no posee el poder creativo de una herejía. Pertenece a la esencia de la herejía el dejar incólume gran parte de la estructura a la cual ataca.
Debido a que la herejía afecta al individuo, afecta también a toda la sociedad, y cuando uno examina cierta sociedad formada por una religión en particular, necesariamente debe ocuparse extensamente de la distorsión o menoscabo de dicha religión. Ése es el interés histórico de la herejía.
Apenas terminadas las persecuciones a principios del siglo IV, la Iglesia, como institución, gozó oficialmente de plena libertad y fue, entonces, cuando aparecieron las llamadas grandes herejías; las llamaron grandes por la extensión que cubrieron a lo largo y ancho del imperio romano, que paulatinamente iba cristianizándose, y también por el número de sus seguidores que se enrolaban en sus filas, sin excluir sacerdotes y obispos.
Se puede hablar en general del siglo IV como del siglo de la gran crisis arriana.
En el siglo IV, el arrianismo se convirtió en la religión de los pueblos que estaban fuera de las fronteras del Imperio romano. Los cristianos de Nachran (en la península arábiga) enviaron una delegación para discutir con los primeros musulmanes la conclusión de un pacto y el Corán (C 3:61) menciona la ordalía que Mahoma les habría propuesto y que los cristianos rechazaron.
Por esa relación, como es sabido, el Corán tiene algunas cosas de los cristianos; pero se trata de los cristianos arrianos, como es el unitarismo divino; el Corán lo dice así: "Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso."
Desde los primeros tiempos existieron herejías:
Herejías docetas. Aparecieron en el siglo I en oriente afirmando que Jesús tenía sólo un cuerpo aparente.
Ebionitas. A fines del siglo primero ya hubo algunos herejes judaizantes, Cerinto y los ebionistas (del hebreo pobres, también llamados "nazarenos" a causa de su ideal de vida pobre), que tomando como base un rígido monoteísmo unipersonal, negaron la divinidad de Cristo. Utilizaban un evangelio especial, llamado "evangelio de los hebreos", sobre cuya identidad precisa discuten en la actualidad los estudiosos.
Mandeos gnósticos o sabios, que, si bien no ha reclutado muchos seguidores, sin embargo, sobrevive actualmente en la Mesopotamia meridional. Su característica principal es el dualismo: la realidad deriva de dos principios, que se encuentran en el origen de todas las cosas, el dios masculino y el dios femenino.
Gnósticos Esta
teoría fue una grave amenaza para la Iglesia, se impuso especialmente
entre los siglos I y III, su período de máximo esplendor es en el siglo
II.
Gnosticismo del griego gnosis, o sea, conocimiento, se debe a que los
miembros de este movimiento afirmaban la existencia de un tipo de
conocimiento especial, superior al de los creyentes ordinarios y, en
cierto sentido, superior a la misma fe. Este conocimiento podía conducir
a la salvación por sí solo.
Monoarquismo A
fines del siglo II, la herejía, conocida con el nombre de monoarquismo,
enseñó que en Dios no hay más que una persona.
Según la explicación concreta que de acerca de Jesucristo, se divide en
dos tendencias:
a) Monarquianismo dinamístico o adopcionista.
Enseña que Cristo es puro hombre, aunque nacido sobrenaturalmente de la
Virgen María por obra del Espíritu Santo; en el bautismo le dotó Dios de
particular poder divino y le adoptó como hijo.
El Adopcionismo consideraba a Cristo como un Mesías, en definitiva un ser mortal, el cual había sido elegido por Dios para realizar sus designios y que por ello podía llamársele Hijo de Dios.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Teódoto el Curtidor, de Bizancio, que la transplantó a Roma hacia el año 190 y fue excomulgado por el Papa Víctor I (189-198); Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, a quien un Sínodo de Antioquía destituyó como hereje el año 268, y el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el sínodo de Sirmio.
b) Monarquianismo modalístico (llamado
también patripasianismo).
Esta doctrina mantiene la verdadera divinidad de Cristo, pero enseña al
mismo tiempo la unipersonalidad de Dios explicando que fue el Padre
quien se hizo hombre en Jesucristo y sufrió por nosotros.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Noeto de Esmirna,
contra el cual escribió Hipólito; Praxeas, de Asia Menor, combatido por
Tertuliano; Sabelio aplicó también esta doctrina errónea al Espíritu
Santo enseñando que en Dios hay una sola hipóstasis y tres <<prósopa>>
(máscara de teatro, papel de una función), conforme a los tres modos
distintos con que se ha manifestado la divinidad.
Maniqueos
Manes y sus seguidores profesan el dualismo persa: Todo procede de dos
principios contrarios: el de la luz (Ormuz) y el de las tinieblas
(Ahrimán). Ellos también defienden en el siglo II la separación del bien
representado por Dios y el mal que viene del pecado.
En el dualismo existen dos principios en lucha: bien y mal, espíritu y
materia, alma y cuerpo. Según Manes que nació en Persia hacia el año
217, estos principios son irreductibles.
Cátaros Es un rebrote del maniqueísmo, se interesaban por la austeridad, pureza y pobreza. Menospreciaban a la jerarquía eclesiástica, tenían fuertes penitencias para sobreponerse al mal; a estos también se les llama albigenses, son dualistas.
Montanismo A mediados del siglo II Montano opinaba que el cristianismo se estaba convirtiendo en algo fácil y mundano y que era necesario volver al cristianismo primitivo. Esta idea alcanzó gran prestigio en Frigia y Asia Menor. Montano condenó acciones como las segundas nupcias, el huir de la persecución, el servicio militar en el ejército imperial, el asistir a los juegos del anfiteatro. Era un rigorista quien además pedía fuertes ayunos. También predijo el retorno inminente del Mesías. Esta línea de austeridad y predicciones.
Arrianismo Tomó su nombre de Arrio, nacido en la segunda mitad del siglo III, en Libia. Arrio aparece en la historia de Alejandría, donde el Obispo Pedro, que poco tiempo después le excomulga, lo ordena diácono en el año 308.
Semiarrianos Ocupan un lugar intermedio entre los arrianos rígidos (anomeos) y los defensores del Concilio de Nicea (homousianos). Enseñan que el Logos es semejante al Padre o en todo semejante a El, o semejante a la esencia, de ahí que se les denominase homousianos.Si el arrianismo consiste en la negación de la consustancialidad de las Tres Personas divinas, se puede designar a los semiarrianos como a aquellos que ofrecen algunas dudas acerca de esta verdad del dogma católico, diciendo que el Hijo no es consustancial sino solamente semejante al Padre o expresiones parecidas.
Macedonianismo La secta de los pneumatómacos (enemigos del Espíritu Santo), nacida del semiarrianismo y cuya fundación se atribuye, desde fines del siglo IV al obispo semiarriano Macedonio de Constantinopla. .
Nestorianismo
La herejía de Nestorio, 428, patriarca de Constantinopla, hacia el 451
en el destierro.
a) el hijo de la Virgen María es distinto del Hijo de Dios. Análogamente
a como hay dos naturalezas en Cristo, es menester admitir también que
existen en El dos sujetos o personas distintas.
b) estas dos personas están vinculadas entre sí por una simple unidad
accidental o moral. El hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios.
Por la encarnación no se ha hecho hombre propiamente el Logos-Dios, sino
que ha pasado a morar en el hombre Jesucristo, de manera parecida a como
Dios habita en los justos.
c) Las propiedades humanas (nacimiento, pasión, muerte) tan sólo se
pueden predicar del hombre Cristo; las propiedades divinas (creación,
omnipotencia, eternidad) únicamente se pueden enunciar del Logos-Dios,
se niega por tanto, la comunicación de idiomas.
d) En consecuencia, no es posible dar a María el título de "Madre de
Dios" que se le venía concediendo habitualmente desde Orígenes. Ella no
es más que "Madre del Hombre" o "Madre de Cristo".
e) La idea fundamental de la dualidad de sujetos en Cristo aparece
también en la doctrina confirmacionista, propia de los antioquenos,
según la cual el nombre Cristo habría merecido ser honrado y acatado
como Dios por su obediencia en someterse a los dolores de la pasión.
Monofisismo Profesó el error opuesto, a saber, que en Cristo no había sino una sola naturaleza, porque la naturaleza humana había sido absorbida por la divina, como el océano absorbe una gota de agua. Esta herejía divulgada por Eutiques fue condenada por el Concilio de Calcedonia 451.
Valdenses
Secta herética fundada por Valdo en Lyón en el último cuarto del siglo
XII, probablemente en 1176.
Su fundador quiso predicar, pero su incapacidad motivó la prohibición de
Roma. Valdo hace caso omiso de este veto y la Santa Sede lo excomulga.
Entonces, el y sus discípulos caen en la herejía. Negaban los
sacramentos, excepto el de la Eucaristía, y rechazaban la autoridad de
la Iglesia. Querían reproducir el sistema de vida Apostólico y acusaban
de corrupción a la Iglesia.
Otras herejías se han ido sucediendo hasta nuestros días, (Islam, Valdenses, Cátaros, Albigenses, Testigos de Jehová… Pero quedan fuera de lo que aquí nos ocupa ahora.
Por otra parte, con el predominio del cristianismo se acabó con las otras manifestaciones religiosas existentes en el Imperio, de carácter politeísta, y con otra que fue ganando en influencia y que gozó de cierta importancia durante el siglo tercero: el mitraísmo.
Esta religión adoptaba como propios aspectos de otras religiones; así, Mitra acabaría naciendo de una virgen y acabaría viniendo en el final de los tiempos. Los templos, generalmente subterráneos, guardaban una estructura similar a los templos cristianos y se suministraban sacramentos. Bastantes aspectos del cristianismo fueron adoptados por la religión mitraica, pero ésta no fue considerada por el cristianismo, que en el convulso siglo IV, el Concilio de Nicea de 325 no trató del asunto sino del Arrianismo, al parecer principal causante del declive del culto a Mitra mediante la predicación llevada a cabo por el obispo Ulfilas.
Esta religión se difundió especialmente entre el ejército y entre algunos emperadores como Nerón, Cómodo, Diocleciano, Aureliano, … Adoraban al dios Sol y celebraban su fiesta la misma fecha que el dios Baco, coincidiendo con las Saturnales…el día 25 de Diciembre. Fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio.
Tiene grandes afinidades con el maniqueísmo y posiblemente sea origen de la herejía cátara. También guarda similitudes con los ritos masónicos.
La doctrina cristiana antes del Concilio de Nicea
Existen referencias de la antigua iglesia anterior a Nicea, donde se ordena: "Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva"
A Él [Jesucristo] sea la gloria con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén"
El pastor Hermas, (141-155 dC) dice: Al Espíritu Santo, que es preexistente, que creó toda la creación. Dios le hizo morar en el cuerpo de carne que Él quiso.
Entre los nombres con los que San Ignacio de Antioquia (107 dC) designa a Jesús están: Jesucristo (112 veces), Cristo Jesús (33), Señor (34). Dios (13), Cristo (7), Jesús (3), Salvador, Hijo de Dios, Sumo Sacerdote, Puerta de Dios, Maestro, Pensamiento de Dios, Logos, Boca de Dios, Conocimiento de Dios.
Y sigue San Ignacio "…Aguarda al que está por encima del tiempo, al Intemporal, al Invisible, que por nosotros se hizo visible; al Impalpable, al Impasible, que por nosotros se hizo pasible: al que por todos los modos sufrió por nosotros?"
Por su parte, Arístides (siglo II) habla de "Dios creador y artífice del universo en su Hijo Unigénito y en el Espíritu Santo, y no adoran a ningún otro Dios fuera de éste"
En el siglo II, Atenágoras aún sin usar el término Trinidad es bastante explícito al definirla. También rechaza el subordinacionismo, y de la tendencia que posteriormente tomaría el arrianismo al considerar a Cristo un ser creado, tal como se deduce del siguiente texto escrito alrededor del 177 d.C.:
"Y si por la eminencia de vuestra inteligencia se os ocurre preguntar qué quiere decir "hijo," lo diré brevemente: El Hijo es el primer brote del Padre, no como hecho, puesto que desde el principio, Dios, que es inteligencia eterna, tenía en sí mismo al Verbo, siendo eternamente racional, sino como procediendo de Dios, cuando todas las cosas materiales eran naturaleza informe y tierra inerte y estaban mezcladas las más gruesas con las más ligeras para ser sobre ellas idea y operación
Taciano, en el siglo II, dice: Porque no estamos locos, oh helenos, ni predicamos tonterías, cuando anunciamos que Dios apareció en forma humana. Vosotros que insultáis, comparad vuestros mitos con nuestras narraciones"
Melitón de Sardes, en el siglo II: Porque, nacido como hijo, conducido como cordero, sacrificado como una oveja, enterrado como un hombre, resucitó de los muertos como Dios, siendo por naturaleza Dios y hombre.
Ireneo de Lyon (140-202 dC) dice: En su célebre tratado Contra las Herejías expresa con claridad la fe Trinitaria de la Iglesia en un Solo Dios Padre, un Solo Señor Jesucristo y en el Espíritu Santo. Para el obispo Jesucristo es para la los cristianos "Señor y Dios y Salvador y Rey". Y sigue diciendo: "Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad. ", culminando con esta sentencia: "Así pues, si alguien nos pregunta: «¿Cómo el Padre emitió al Hijo?», le respondemos que esta producción, o generación, o pronunciación, o parto, o cualquier otro nombre con el que quiera llamarse este origen, es inefable. No la conocen ni Valentín, ni Marción, ni Saturnino, ni Basílides, ni los Ángeles, ni los Poderes, ni las Potestades, sino sólo el Padre que lo engendró y el Hijo que de él nació. Siendo, pues, inefable esta generación, quienquiera se atreva a narrar las generaciones y emanaciones, no está en su mente cuando promete describir lo indescriptible"
Se opone con más de dos siglos de antelación a la herejía del arrianismo que afirmaría que hubo un tiempo en que el Hijo no estuvo con el Padre. También con antelación rechaza el modalismo diferenciando las Tres Divinas Personas:
"Que el Verbo, o sea el Hijo, ha estado siempre con el Padre, de múltiples maneras lo hemos demostrado. Y que también su Sabiduría, o sea el Espíritu estaba con El antes de la creación"
Por su parte, Clemente de Alejandría (150-217 dC) dice: "Él solo es Dios y Hombre, y la fuente de todas las cosas buenas."
En su comentario sobre a la primera epístola de Juan escribe "El Hijo de Dios, siendo, por igualdad de sustancia, uno con el Padre, es eterno e increado". Más adelante en la misma obra sigue profundizando en su teología del logos afirmando que la divina palabra es "evidentemente verdadero Dios", y agrega que estaba "al mismo nivel" que el Padre, lo cual probaría que no tenía inclinaciones subordinacionistas. "Desdeñado en cuanto a su apariencia pero en realidad adorado, el Expiador, el Salvador, la Palabra Divina, Él que es absoluta y evidentemente Dios Verdadero, Él que está puesto al mismo nivel del Señor del Universo porque Él era su hijo, y la palabra estaba en Dios"
Teófilo de Antioquia (200 dC) "Teniendo, pues, Dios a su Verbo inmanente en sus propias entrañas, le engendró con su propia sabiduría, emitiéndole antes de todas las cosas. A este Verbo tuvo El por ministro de su creación y por su medio hizo todas las cosas….Este se llama principio, pues es Príncipe y Señor de todas las cosas por El fabricadas"
Tertuliano (160-220 dC) Fue el primero en aplicar el vocablo latino Trinitas (Trinidad) a las tres divinas Personas. En De pudicitia (Sobre la modestia) escribe:
"..Para la misma iglesia es, propiamente y principalmente, el Espíritu mismo, en el cual es la Trinidad de Una Divinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo"
En Adversas Praxean (Contra Práxeas) tertuliano da una explicación de la doctrina Trinitaria aún más completa:
"Sin embargo, como hemos hecho de hecho siempre (y más especialmente desde que hemos sido mejor instruidos por el paráclito, que conduce a los hombre hacia toda la verdad), creemos que hay un solo Dios, pero bajo la siguiente dispensación, o οἰκονομία, como es llamado, que este único Dios tiene también un Hijo, Su Palabra, que procede de Él mismo, por quien todas las cosas fueron hechas, y sin el cual nada fue hecho. Creemos que Él ha sido enviado por el Padre a la Virgen, y ha nacido de ella – siendo Dios y Hombre, el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios, y ha sido llamado Jesucristo; creemos que ha sufrido, muerto, herido, de acuerdo a las Escrituras, y, después ha resucitado por el Padre y llevado al cielo, para sentarse a la derecha del Padre, y él vendrá a juzgar a vivos y muertos, quien envió también desde el cielo del Padre, de acuerdo con su promesa, al Espíritu Santo, el Paráclito, el santificador de la fe de aquellos que creen en el Padre, y en el Hijo y en el Espíritu Santo. Esta es la regla de fe que ha venido hasta nosotros desde el principio del evangelio, incluso antes de todas las viejas herejías"
Sigue Tertuliano afirmando: "El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: tres, sin embargo no en condición, sino en grado, no en sustancia, sino en forma, no en poder, sino en aspecto"
Orígenes (185-254) "Nuestro Señor y Salvador, en su relación con el Padre y Dios del universo, no es una sola carne, ni tampoco un solo espíritu, sino algo mucho más elevado que la carne y el espíritu, un solo Dios."
Orígenes utiliza frecuentemente el término Trinidad41, que el Hijo procede el Padre, y dado que Dios es eterno sigue que este acto de generación es también eterno, por lo que el Hijo no tiene principio y no hubo un tiempo en que El no existiera (se opone con antelación a la herejía del arrianismo que afirmaría posteriormente lo opuesto, a saber, que hubo un tiempo en que el Hijo no existía" No obstante, Orígenes rozaba el subordinacionismo, cuando afirma que "nosotros decimos que el Salvador y el Espíritu Santo están muy por encima de todas las cosas creadas, con una superioridad absoluta, sin comparación posible; pero decimos también que el Padre está por encima de ellos tanto o más de lo que ellos están por encima de las criaturas más perfectas.
Justino Mártir (100-168dC) en diálogo con Trifón se refiere a Cristo como "Dios engendrado del Padre del universo", y parte de textos del génesis donde Dios habla en primera persona del plural, para demostrar la pluralidad de las personas divinas.
Gregorio de Taumaturgo (213-270 dC) "Hay un solo Dios, Padre del Verbo viviente, de la Sabiduría subsistente, del Poder y de la Imagen eterna; Engendrador perfecto del perfecto Engendrado, Padre del Hijo Unigénito. Hay un solo Señor, Único del Único, Dios de Dios, Figura (carácter) e Imagen de la Divinidad, Verbo Eficiente, Sabiduría que abraza todo el universo y Poder que crea el mundo entero, Hijo verdadero del verdadero Padre, Invisible del Invisible, Incorruptible del Incorruptible, Inmortal del Inmortal, Eterno del Eterno. Y hay un solo Espíritu Santo, que tiene su subsistencia de Dios y fue manifestado a los hombres por el Hijo: Imagen del Hijo, Imagen Perfecta del Perfecto, Vida, Causa de los vivientes, Manantial Sagrado, Santidad que comunica la santificación, en quien se manifiestan Dios Padre, que está por encima de todos y en todos, y Dios Hijo, que está a través de todos. Hay una Trinidad perfecta, en gloria y eternidad y majestad, que no está dividida ni separada. No hay, por consiguiente, nada creado ni esclavo en la Trinidad, ni tampoco nada sobreañadido, como si no hubiera existido en un período anterior y hubiera sido introducido más tarde. Y así ni al Padre le falló nunca el Hijo, ni el Espíritu Santo al Hijo, sino que, sin variación ni mudanza, la misma Trinidad ha existido siempre"
Novaciano (258dC) "El Hijo, por ser engendrado del Padre, está siempre en el Padre. Cuando digo «siempre», no quiero decir que es ingénito. Afirmo, por el contrario, que nació. Pero el que nació antes de todo tiempo, debe decirse que existió siempre en el Padre, puesto que no se le pueden fijar fechas al que es anterior a todos los tiempos. Él está eternamente en el Padre, pues de otra suerte el Padre no sería siempre Padre."
No obstante, subordina al Espíritu: "El Paráclito recibió su mensaje de Cristo. Mas si lo recibió de Cristo, Cristo es superior al Paráclito, pues el Paráclito no habría recibido de Cristo de no ser inferior a Cristo."
Cipriano de Cartago (200-258dC) "Después de la resurrección, cuando el Señor envió los apóstoles a las naciones, Él les ordenó bautizar a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Cristo mismo ordenó que las naciones sean bautizadas en la completa y unida Trinidad"
Dionisio de Roma (? – 268 d.C.) Siendo Papa desde el 259 al 268 combatió el modalismo y el subordinacionismo. Cuando se presentó ante él una acusación sobre Dionisio de Alejandría (obispo) sobre expresarse de modo incorrecto sobre la Trinidad, se originó una controversia que se ha conocido como "la controversia de los dos Dionisios". El Papa convocó un sínodo en el año 260 para solucionar la cuestión. En nombre propio y en el del sínodo escribió una carta en la cual condena la doctrina modalista de Sabelio y además las opiniones marcionistas que dividían la monarquía divina en tres hipóstasis distintas, también a quienes representaban al Hijo de Dios como una criatura.
En la carta a Dionisio de Alejandría el Papa llama blasfemia a la opinión que sostiene que el Hijo es el mismo Padre (modalismo), pero también censura la doctrina que al parecer apoyan catequistas de Dionisio de Alejandría que afirman que cada Persona Divina tiene una naturaleza distinta de la otra.
El arrianismo tomó su nombre de Arrio (256-336) sacerdote de Alejandría y después obispo libio, quien desde el 318 propagó la idea de que no hay tres personas en Dios sino una sola persona, el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan. hizo lo mismo con el Espíritu Santo, que igualmente lo percibía como creatura, e incluso inferior al Verbo.
El Arrianismo es la primera entre las disputas doctrinarias que perturbaron a los cristianos desde que en 313 d.C la Iglesia fuese reconocida por Constantino el Grande.
El arrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas desarrolladas por Arrio, sacerdote de Alejandría, quien consideraba que Jesús de Nazaret no era parte de Dios, sino una criatura. Una vez que la Iglesia hubo aceptado como dogma la proposición opuesta, el arrianismo fue condenado como una herejía.
El arrianismo constituye un conglomerado de distintas posturas teológicas, cuyo punto de unión consiste en la negación del homoousios niceno. En este conglomerado se pueden establecer dos subdivisiones: una de tipo cronológico y otra de tipo doctrinal, que a su vez resulta muy ramificada. Es más sencillo hablar, por tanto, de dos «generaciones» de pensadores arrianos, separados -de modo un tanto convencional- por la muerte del emperador Constanzo, que tuvo lugar a comienzos del año 361. A la primera pertenece Arrio, y a la segunda, Aecio, Eunomio, Ulfila, Eudoxio, Macedonio y Euzoio, cuya doctrina separaba totalmente la sustancia del Padre de la del Hijo, y una corriente semiarriana, ambigua, representada por Eusebio de Cesarea, Basilio de Ancira y Jorge de Laodicea y otros.
El pensamiento de Arrio está centrado en la inferioridad y condición creatural del Verbo, prescindiendo de su Encarnación, para quién el Hijo es mutable, es inmortal de por sí, es un «producto» y al mismo tiempo, es engendrado antes de los siglos.
Jesús se llamó Hijo de Dios (Mateo 11,27; Juan 10,36), mientras que el Cuarto Evangelio declara que Él es el Verbo el Logos, quien al principio estaba con Dios y era Dios, por quien fueron hechas todas las cosas.
En el siglo II, Todo consiste en que Filón dijo que el Logos había sido engendrado por el Padre; después, al querer cada uno explicar cómo fue ese engendramiento (como eso era explicar algo que nunca había existido), se hartaron todos de decir errores. Esa doctrina pagana sirvió como base a Arrio, para inventar su doctrina del unitarismo divino contra el Logos-Dios y, después, contra la divinidad de Cristo; es decir, nada más admite una sola persona en la Deidad, el Padre, que engendró al Logos (tal como dijo Filón) y, después a Jesús (como corroboró el Concilio de Calcedonia).
Arrio, tras formarse en Antioquía, difunde sus ideas en Alejandría, dónde en el 320, Alejandro, obispo de Alejandría, convoca un sínodo que reúne más de cien obispos de Egipto y Libia, y en el se excomulga a Arrio y a sus partidarios, ya numerosos. No obstante, la herejía continúa expandiéndose, llegando a desarrollarse una crisis de tan grandes proporciones, que el Emperador Constantino el Grande se vio forzado a intervenir para encontrar una solución.
Los arrianos se preguntan ¿cómo podía (el Verbo, o el Hijo) llegar a ser hombre, si era Dios?
Pero la pregunta de cómo estaba el Hijo relacionado al Padre (Él mismo reconocido totalmente como la Suprema Deidad), dio lugar, entre los años 60 y 200 d.C., a una cantidad de sistemas teosóficos, llamados generalmente gnosticismo, cuyos autores fueron Basílides, Valentino, Tatiano y otros especuladores griegos.
Los términos técnicos de la doctrina no estaban completamente definidos; y aún en griego palabras como esencia (ousia), sustancia (hypostasis), naturaleza (phisis), persona (hiposopon) conllevaban una variedad de significados extraídos de las sectas de filósofos pre-cristianos, lo que no podía sino implicar malos entendidos hasta que fueran aclaradas. La adaptación del vocabulario empleado por Platón y Aristóteles a la verdad cristiana solucionaría la cuestión.
Para Arrio, de Dios se predican todas las perfecciones en grado sumo (unidad, impasibilidad, eternidad, etc.), luego estas perfecciones no se pueden predicar exactamente más que de El, y si el Hijo, como nos dice la Revelación, es distinto del Padre, no puede poseer aquellas perfecciones sino de una forma distinta, es decir, derivada y participada
Arrio y los arrianos admiten que haya un Lógos eterno o Sabiduría divina que, sin embargo, no es sino un atributo del mismo Dios Padre. Con un acto de su voluntad Dios Padre produjo, antes de los siglos) un Lógos engendrado, que no es Dios, pero posee, por la misma voluntad del Padre, cualidades divinas.
No obstante, Arrio, a regañadientes, admite que Jesús es «Dios», pero en el mismo sentido en que lo es el Lógos: es un «Dios por producción», no en sí y absolutamente, Con lo cual es imposible que Arrio admita algo del tipo de la unión hipostática de una naturaleza humana con una persona divina.
Cristo, siendo criatura, no puede salvar, sólo puede ser ejemplo. S. Atanasio atacará precisamente aquí, con gran acierto, la herejía arriana, señalando su «oculto gnosticismo.
Los arrianos deducían que el Hijo había sido elevado por el Padre a la dignidad divina, que en origen no poseía. Optaron por negar que en ningún sentido Dios podía tener un Hijo, y por tener a Jesús como segundo, o Dios inferior, ubicado entre medio de la Primera Causa y las criaturas, aunque previo a todas las criaturas, creado, dando pie a lo que conocemos como unitarismo; Posteriormente Mahoma afirmaría que "Dios no engendra, ni es engendrado" (Corán, 112). Las discusiones al respecto llevaron a no pocas dificultades entre los teólogos. El mismo Orígenes llegó a llamar a Jesús "el segundo Dios".
Los arrianos se limitan a afirmar que Cristo pudo (y no que quiso) ser tentado y que recibió su gloria extrínsecamente. La cristología arriana es una pura descripción de las operaciones llevadas a cabo por un ser extraordinario, divinizado, que no es Dios. Cristo no es el Salvador, es solamente un modelo de obediencia al Padre que nosotros debemos imitar.
Para los arríanos, el Espíritu Santo era la primera creatura hecha mediante el Logos. El debate inmediato posniceno se centró en la divinidad del Logos, siendo apenas mencionado el Espíritu, como en el Credo de Nicea
También dirán que hubo un 'tiempo' que no era y en que el Padre no era Padre. Los ortodoxos responderán que la generación del Hijo es un misterio, que no sucede como entre los hombres, que el Padre es mayor que el Hijo solo en cuanto principio. Dios es inmutable y siempre ha sido Padre, luego eternamente ha tenido un Hijo.
Los arríanos argüirán que Dios no puede engendrar, porque perdería substancia y se mutaría (padecería). Los ortodoxos responderán que la generación divina no es como la animal, sino un misterio indecible.
Los arríanos dirán que Padre o es nombre de substancia y el Hijo otra substancia o es nombre de acción y el Hijo posterior. Los ortodoxos responderán que es nombre de relación, y no accidental porque en Dios todo es inmutable, no hay accidentes.
Los arríanos, en su argumentación, concluirán que es una creatura eminente , por tanto no como las otras, y que se la puede llamar dios; pero no lo es verdaderamente sino que es desemejante. Los ortodoxos responderán que no viene de la nada sino de la substancia del Padre
Los arríanos probarán la inferioridad del Logos por los sufrimientos de Cristo, porque es el Logos el que los sufre muy directamente (diríamos en su llamada naturaleza 'divina') al no tener Cristo alma humana, en una concepción que compartían varios 'ortodoxos'. Los ortodoxos responderán que lo que implica inferioridad se aplica a lo humano de Cristo, a la forma servi como insistirá Agustín, la cual lógicamente tiene alma
Espíritu Santo, expresión que entra fuertemente en el Nuevo Testamento, implica que comparte la santidad de Dios y que santifica en referencia a la nueva creación traída por Cristo
Otros argumentos arrianos:
Dicen que el Hijo es inferior al Padre en base a Juan 14,28
"Habéis oído que os he dicho: "Me voy y volveré a vosotros." Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo."
Otro consiste en afirmar que Jesús no era Omniciente en base a Mateo 24,36
"Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre."
El problema radica en la incapacidad arriana de entender que en Cristo hay dos naturalezas: La humana y la divina. La naturaleza humana es inferior a la naturaleza divina del Padre, pero su naturaleza divina es la misma.
San Agustín argumenta que Los que dicen que Cristo es inferior al Padre apoyan su sentencia en las palabras del Señor cuando dice: El Padre es mayor que yo (Juan 14,28). Más la verdad demuestra que en ese sentido, el Hijo es también inferior a sí mismo. Y, como no ha de ser inferior si se anonadó tomando la forma de esclavo? (Filipenses 2,7). No obstante, al venir en forma de esclavo, no perdió la forma de Dios, en la que es igual al Padre. Si, pues, tomó la forma de siervo sin perder su forma divina – en su forma de siervo y en su forma de Dios es siempre el hijo unigénito del Padre-, en su forma divina igual al Padre, en su forma de siervo, mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, ¿quien no ve que en su forma de Dios es superior a sí mismo, y en su forma de esclavo de sí mismo inferior?
Con plena razón la Escritura afirma ambas cosas: Que el Hijo es igual al Padre y
que el Padre es mayor que el Hijo. No existe aquí confusionismo alguno: Es igual
al Padre por su naturaleza divina, inferior a causa de su naturaleza de esclavo.
Con Mateo 24,36 cometen el mismo error. Cristo en cuanto hombre tenía limitaciones, en cuanto a Dios lo sabía todo. En este sentido la misma Escritura testifica:
"para que sean consolados sus corazones, unidos en la caridad, y alcancen en
toda su riqueza la perfecta inteligencia y conocimiento del misterio de Dios, de
Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la
ciencia." Colosenses 2,2-3
"Sabemos ahora que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto
creemos que has salido de Dios.»" Juan 16,30
"Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de
que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes
todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas" Juan 21,17
San
Hilario de Poitiers da una explicación algo larga pero buena buena (San Hilario
de Poitiers, La Trinidad, IX, 58-67. BAC 481,492-502)
58. Pero los herejes entienden como una negación de su naturaleza divina el que
se haya dicho: El Padre es mayor que yo (Juan 14,28); o también: El día ni la
hora nadie lo sabe, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre
(Marcos 13,12+Mateo 24,36). Por lo tanto, la ignorancia del día y la hora, les
sirve para negar que sea Dios unigénito; de tal manera que el Dios nacido de
Dios no tendría aquella perfección de su naturaleza que es propia de Dios, ya
que, al dominarle necesariamente esta ignorancia, una fuerza exterior sería más
fuerte que él, y esta le mantendría en la fragilidad de su ignorancia como a
quien es impotente frente a ella. Mas todavía: la locura de los herejes nos
quiere obligar a esta interpretación impía, como si tuvieran derecho de imponer
la confesión de que así se ha de creen; y aducen la razón de que así lo ha dicho
el Señor, y puede parecer muy irrespetuoso que el testimonio que él da de sí
mismo sea alterado con nuestra interpretación distinta.
59. Y en primer lugar, antes de hablar del sentido y la razón de estas palabras,
se ha de considerar, con el juicio del sentido común, si puede creerse que
ignore algo de cualquier cosa aquel que es el principio de todas ellas en lo que
son y serán. Pues si todo existe por medio de Cristo y en Cristo y existe de tal
modo por medio de él que todo tiene en él (Colosenses 1,16) su ser, aquello que
no es ajeno a él ni deja de existir por medio de él, ¿cómo no entrará también en
su conocimiento, cuando muchas veces este por virtud de su naturaleza, que no
puede ignorar nada, abarca aquello que no existe ni en él ni por el? Y aquello
que no tiene su razón de ser más que a partir de él y no recibe más que en él el
desarrollo hacia lo que es y será. ¿Cómo quedará fuera del conocimiento que
corresponde a su naturaleza por el cual y en el cual se contiene todo aquello
que se ha de hacer?
Pues el Señor Jesús no ignora los pensamientos humanos; no solo aquellos
despertados por un motivo presente, sino también los que se agitarán a causa de
los deseos futuros; así lo atestigua el evangelista: pues Jesús sabía desde el
principio quienes no creían y quien era el que le iba a entregar (Juan 6,65).
¿Se podrá considerar que el poder de su naturaleza, que abarca el conocimiento
de las cosas que todavía no existen y no ignora las inquietudes que habrán de
soportar los ánimos todavía tranquilos desconocía lo que existe por él y en él?
¿Y que sea impotente en lo suyo el que es poderoso en lo ajeno, aquel del que
recordamos que se ha dicho: Todo ha sido creado por Él y en Él y Él existe antes
que todos (Colosenses 1,16s); o aquello: Porque tuvo a bien que en él habitara
toda la plenitud, y por medio de él reconciliar para él todas las cosas?
(Colosenses 1,19s).
Puesto que en él está toda la plenitud, todas las cosas son reconciliadas por
medio de él y en él y aquel día es la esperanza de nuestra reconciliación, ¿va a
ignorar cuando será aquel día cuya fijación está en él y cuyo misterio existe
por él? Pues ese día es el de su venida de que dice el Apóstol: Cuando aparezca
Cristo, vuestra venida, entonces también vosotros apareceréis con él en gloria
(Colosenses 3,4).
Nadie ignora lo que existe por medio de él y dentro de él. Cristo va a venir, ¿e
ignora el día de su venida? Es su día, como dice el mismo Apóstol: porque el día
del Señor vendrá de noche como un ladrón (1 Tesalonicenses 5,2), ¿y se ha de
creer que él no lo conoce? Los seres humanos planean lo que tienen que hacer, lo
conocen de antemano en cuanto pueden, y el conocimiento de lo que han de hacer
acompaña a la voluntad de llevarlo a cabo; y el que ha nacido como Dios, ¿ignora
lo que existe por medio de él y en él? Por él existen los tiempos y el día está
en él, pues por medio de él se determinan las cosas futuras y en su mano está el
disponer su venida. ¿y vivirá en tal ignorancia que no conozca aquello que
existe para él debido a la torpe naturaleza de su mente? ¿Será como las fieras y
las bestias salvajes, que con su vida ajena a toda previsión aquello mismo que
hacen cuando, movidas por cualquier impulso de su instinto irracional, son
llevadas a cualquier parte con un proceder causal e incierto?
60. Como se puede creer que el Señor de la gloria, por ignorar el día de su
venida, posea una naturaleza desintegrada e imperfecta, que, por una parte,
tiene necesidad de venir y, por otra, no conoce el tiempo de su venida? Por lo
cual sería mejor atribuir a Dios la ignorancia que le quita el poder de conocer.
…
62. Pero Pablo, el doctor de las gentes, no tolera entre nosotros esta confusión
del error impío según la cual se cree que el Dios unigénito ha ignorado algo.
Pues dice: Fundados en el amor sean llevados a la riqueza de la plena
inteligencia, al conocimiento del misterio de Dios, Cristo, en el que están
escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Colosenses 2,2s).
El Dios Cristo es un misterio, y en él están ocultos todos los tesoros de la
sabiduría y de la ciencia. Pero esto no se puede decir a la vez de una parte y
del todo, porque la parte no significa el todo y el todo no puede ser
interpretado como una parte. Pero, si el Hijo ignora el día, ya no están en él
todos los tesoros de la ciencia. Pero, si en él están todos los tesoros de la
ciencia, no ignora el día, pues tiene en sí todo el tesoro de la ciencia. Pero
nos conviene recordar que estos tesoros de la ciencia están en él ocultos, pero
no por estar ocultos dejan de estar, pues están en él porque es Dios, pero por
ser misterio se ocultan.
Pero para nosotros no está oculto ni es ignorado el misterio de Dios, Cristo, en
quien están escondidos todos los tesoros de la ciencia. Y porque él es misterio,
veamos si es ignorante en aquellas cosas que no sabe. Pero, si en otros lugares
la confesión de ignorancia no puede interpretarse como desconocimiento, tampoco
ahora ignora lo que desconoce. Pues como su ignorancia dado que todos los
tesoros de la ciencia están ocultos en él, es designio salvador mas que
ignorancia, se puede explicar la razón del ignorar sin entenderlo como un no
saber.
63. Pues todas las veces que Dios dice que ignora, ciertamente confiesa
ignorancia, pero no se encuentra limitado por ella.
Pues no saber nada tiene que ver con la debilidad de la ignorancia, sino que se
debe a que no es tiempo de hablar o a que no ha llegado la oportunidad de obrar.
Dios habla así a Abraham: El clamor de Sodoma y Gomorra ha colmado la medida y
sus pecados son muy grandes. Por lo tanto, bajaré y veré si, de acuerdo con su
clamor, han llegado hasta el límite; y en el caso contrario, lo sabré (Génesis
18,20s). Tenemos, por consiguiente, al Dios que no sabe y que, con todo, no
ignora; pues, si sabe que los pecados son muy grandes y, a pesar de todo, baja
para ver si han colmado la medida o para saberlo sino la han colmado, vemos que
no lo ignora porque no lo sepa, sino que entonces lo sabe, porque ha llegado el
tiempo de obrar. El Dios sepa, no es, por lo tanto, un cambio desde la
ignorancia, sino la plenitud del tiempo. Hay que esperar todavía a que sepa.
Pero no podemos pensar de Él que no sepa, y, con todo, todavía espere para
saber; por ello es preciso que el hecho de que no sepa sabiendo o sepa ignorando
no obedezca más que al designio de hablar y de actuar.
64. No podemos dudar, por lo tanto, de que el conocimiento de Dios es cuestión
de tiempo más que de mutación en él; pues, cuando se habla de que Dios sabe, se
trata del tiempo de dar a conocer el conocimiento más que en el momento en que
se ha adquirido. Esto mismo se nos enseña con lo que se le dijo a Abraham: No
pongas la mano sobre el niño y no le hagas nada, pues ahora he conocido que
temes, al Señor, tu Dios, y no haz perdonado a tu hijo amado por mi causa
(Génesis 22,12). Así pues, Dios ahora sabe. El que ahora sepa es indicación de
una ignorancia anterior; pero esto no se acomoda al ser de Dios. Como tampoco es
posible que antes ignorase que le era fiel Abraham, del que se ha dicho: Abraham
creyó a Dios, y se le reputó como justicia (Génesis 15,6). El que ahora conozca
significa el momento en que Abraham recibió este testimonio, pero no que Dios en
ese momento empezara a saber. Abraham con el holocausto de su hijo había
mostrado el amor que tenía a Dios. Dios lo conoce en ese momento en que habla de
ello. Pero como no se ha de pensar que antes no lo supiera, tenemos que
considerar que se dice que entonces lo ha sabido porque habla. Y entre los
muchos pasajes que se contienen en el Antiguo Testamento acerca de la ciencia de
Dios, hemos presentado estos solo a modo de ejemplo, para que se comprenda que
el que Dios no sepa no es debido a su ignorancia sino al tiempo.
65. En los evangelios encontramos muchas cosas que el Señor ignora
conociéndolas. No conoce a los que obran la iniquidad y se glorían en muchos
milagros hechos en su nombre cuando dice: Y entonces juraré que no os conozco.
Apartaos de mi todos los que obráis la iniquidad (Mateo 7,23). Afirma incluso
con juramento que no conoce a aquellos a los que, con todo, no desconoce como
obradores de la iniquidad. No los conoce, por tanto, no por su ignorancia, sino
por que a causa de la iniquidad de sus obras son indignos de su conocimiento;
confirma la verdad de lo que dice incluso con el vínculo del juramento. Tiene él
no ignorar en el poder de su naturaleza y conserva el no saber en el misterio de
su voluntad.
….
66…Cuando el que conoce perfectamente los pensamientos y las acciones pregunta,
como ignorante, sobre los pensamientos y las acciones – como cuando pregunta a
la mujer porqué ha tocado la orla de su vestido, o a los apóstoles porqué
discuten, o a los que lloraban donde estaba el sepulcro de Lázaro-, no se ha de
pensar que realmente no sabe, sino que se trata de un modo de hablar. Pues no
tiene sentido que el que, estando
ausente, sabe que Lázaro ha muerto y ha sido sepultado, no sepa el lugar del
sepulcro, y que el que ve los pensamientos, no haya conocido la fe de la mujer,
o que el que no necesita preguntar acerca de nada, haya ignorado la discusión de
los apóstoles. Para aquel que todo lo conoce es un designio oculto el decir de
vez en cuando que no conoce aquello que ignora. Así, en el caso de Abraham
oculta, por un tiempo, su conocimiento; o en el caso de las vírgenes necias y de
los obradores de iniquidad, en los que dice que no los conoce porque son
indignos; o en el misterio del hijo del hombre si pregunta como si ignorase, es
debido a su condición humana. El que se adapta a la realidad de su nacimiento
corporal en todo aquello en que se encuentra limitada nuestra débil naturaleza.
No porque sea, por naturaleza, débil aquel que es Dios, sino porque el Dio
nacido como hombre ha asumido las debilidades de los hombres. Y las ha asumido
no de modo que la naturaleza inmutable se haya transformado en una naturaleza
débil, sino que tal manera que el misterio de la asunción ha tenido lugar en la
naturaleza inmutable, pues el que era Dios es hombre y el que es hombre no ha
dejado de ser Dios.
Al obrar y mostrarse como quien ha nacido como hombre, la Palabra, que sigue
siendo Dios, utiliza con mucha frecuencia el modo de hablar propio de su ser de
hombre, y muchas veces el modo de hablar de Dios es el mismo que el de los
hombres, pues dice que no sabe aquello que no es tiempo de revelar o aquello que
no merece ser conocido.
Por consiguiente, tenemos que comprender por qué el Señor ha afirmado que
desconoce el día. Si se cree que lo ignora absolutamente, el Apóstol contradice
esta afirmación: En el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y
de la ciencia (Colosenses 2,3).
San Agustín se enfrentó directamente con algunas corrientes arrianas en los últimos años de su actividad. Más exactamente a partir del año 418, aunque ya anteriormente había tenido noticia de la herejía, sobre todo -como es probab1e- a través de S. Ambrosio.
El arrianismo no es principalmente ni una herejía trinitaria ni una herejía cristológica, sino que es una visión global de las relaciones entre Dios y el mundo, en base a la cual se niega que pueda haber puntos de contacto entre ellos: en concreto ni es posible una verdadera Encarnación, ni es posible una verdadera creación, ni es posible una verdadera Redención. Además Dios, el Dios verdadero, permanece invisibilis (á,6pa:toc;), a pesar de la atribución de un sentido unívoco al lenguaje teológico. En breve el arrianismo es, en el fondo, una manifestación de ateismo, o mejor de agnosticismo, oculto.
Los doctores ortodoxos no niegan la existencia de los textos citados por los arrianos, y, en algunos casos, llegan hasta a compartir su interpretación. Pero repiten constantemente que los textos citados por los heterodoxos no son los únicos: junto a ellos hay otros que afirman precisamente lo contrario de 10 que los arrianos pretenden. No se trata de escoger entre unos u otros, sino de aceptar unos y otros.
San Agustín no se cansa de repetir que todos los ortodoxos comparten la defensa arriana de la unidad de Dios, así como las afirmaciones relativas a la obediencia de Cristo, aliter tamen et aliter.
La obediencia de Cristo, que es cierta, no prueba la diversidad de naturaleza, porque una cosa es
obedecer, otra es ser de naturaleza distinta. Esta respuesta, vale la pena señalarlo, implica una opinión preliminar: que una cosa es la voluntad de Cristo quo homo y otra la voluntad de Cristo quo Deus. La Sagrada Escritura afirma que la voluntad humana de Cristo es distinta de la voluntad divina y nada más. En cambio la voluntad divina de Cristo es la misma voluntad del Padre, sin diferencia. Aún más, es necesario que Cristo posea una voluntad humana distinta de la divina, y que esta voluntad humana esté sometida perfectamente a la divina, para reparar el pecado original.Por tanto, si miras a la distinción de sustancia, el Hijo de Dios bajó del cielo, el Hijo del hombre fue crucificado: si miras a la unidad de persona así bajó del cielo el Hijo del hombre como fue crucificado el Hijo de Dios.
San Agustín afirma que el Hijo ha sido verdaderamente «engendrado» y no factus por el Padre y, en este sentido, si es verdaderamente Hijo no puede ser sino de la misma naturaleza y sustancia.
San Agustín señala en "de Trinitate" la función mediadora de Cristo asegura su perfecta divinidad y su perfecta humanidad. La teología arriana consiste en negar que pueda haber alguna relación entre un Dios, perfecto e inmutable (que sería Dios Padre), con un mundo corrompido y destinado a la muerte.
Aún conforme a la fábula inventada por Arrio, Dios Padre habría impuesto a la Segunda Persona la probación de hacerse hombre, pero no en el sentido católico de Dios y Hombre verdadero.
Debemos tener en cuenta que la naturaleza de Jesús era el problema más complejo de los primeros siglos del cristianismo, como lo revelan las discusiones teológicas. En los primeros siglos del cristianismo se planteaba el problema de la relación del Hijo y de Dios. A esto se le llamó las disputas cristológicas.
El arrianismo estaba dispuesto a otorgarle a Nuestro Señor toda clase de honores y majestades menos la de la naturaleza plena de la Divinidad. Fue creado (o bien, si a las personas no les gustaba la palabra "creado" entonces se utilizaba aquella otra de "surgió") de la Divinidad antes de todas las demás cosas. A través de Él fue creado el mundo. Se le otorgó (paradójicamente) el poder de todos los atributos divinos menos el de la divinidad. En este aspecto se observan influencias mitraicas (a través de Mitra se creó el mundo según el mitraísmo).
El arrianismo se refirió a Nuestro Señor como un Agente Supremo de Dios el Demiurgo y lo consideró como la primera y más grande de aquellas emanaciones de la Divinidad Central mediante las cuales la filosofía de moda por aquellos días trataba de superar la dificultad de reconciliar al Creador infinito y simple con un universo complejo y finito y atrajo grandes cantidades de aquellos que realmente eran cristianos. Pero también fue el punto de encuentro de estas fuerzas no-cristianas que tanta importancia tenían en la sociedad de aquella época.
Con la predicación de Ulfilas, El ejército abandonó el mitraísmo que había importado de Persia hasta los confines del Imperio y se hizo sólidamente arriano. Éste es el detalle fundamental de todo el asunto. De no ser por el ejército, el arrianismo nunca hubiera significado lo que significó. Con el ejército – y con ese ejército apoyándolo con entusiasmo – el arrianismo casi triunfó y consiguió sobrevivir aún cuando no constituyó sino poco más que las tropas y sus principales oficiales.
Pero Arrio tuvo un precursor: Pablo de Samosata, contemporáneo de Dionisio, y obispo de Antioquía. Tres concilios efectuados en Antioquía (264-268 ó 269) condenaron y excomulgaron al samosateno, pero Luciano estructuró la doctrina que sería seguida por el historiador Eusebio de Cesarea, Eusebio de Nicomedia y Arrio. De haber finalmente triunfado esta doctrina, se hubiera anticipado al Islam, reduciendo al Hijo Eterno a la categoría de profeta, y deshaciendo así la revelación cristiana.
Arrio, un libio por descendencia, se crió en Antioquía y fue compañero de escuela de Eusebio, luego obispo de Nicomedia, tomó parte (306) del oscuro cisma meleciano, fue hecho presbítero de la iglesia llamada "Baucalis", en Alejandría, y se opuso a los sabelianos, comprometidos ellos mismos a una visión de la Trinidad que negaba toda real distinción en el Supremo. San Epifanio describe al hereje como alto, grave y persuasivo; no se ha sostenido ninguna calumnia sobre su carácter moral; pero hay alguna posibilidad de que diferencias personales hayan llevado a su disputa con el patriarca Alejandro a quien, en sínodo público, acusó de enseñar que el Hijo era idéntico al Padre (319). Las circunstancias reales de esta disputa son oscuras; pero Alejandro condenó a Arrio en una gran asamblea, y este último encontró un refugio con Eusebio, el historiador de la Iglesia, en Cesarea. Motivos políticos o partidarios amargaron el conflicto. Muchos obispos de Asia Menor y Siria tomaron la defensa de su "compañero Lucianista", como no dudaba en llamarse a sí mismo Arrio. Sínodos en Palestina y Bitinia se opusieron a los sínodos en Egipto.
Basándose en el esquema de Plotino sobre las hipóstasis (el Uno, el Intelecto y el Alma), Arrio consideró que esas mismas hipóstasis, o realidades individuales subsistentes, se podían aplicar respectivamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. El problema surge cuando vemos que las hipóstasis a las que se refieren los neoplatónicos se distinguen entre sí, participan de una misma naturaleza pero mantienen relaciones de subordinación. En fin, vayamos a la conclusión: el Hijo y el Espíritu Santo no son sino emanaciones o productos del Padre que no pueden ser comparados con Él y que carecen de Su naturaleza.
Por lo que se refiere al dato de la Escritura, Arrio ve confirmado su esquema en el pasaje del libro de los Proverbios (8, 22) que se refiere a la Sabiduría: "El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas". Cristo, considerado como la Sabiduría de la que habla el Antiguo Testamento, es una criatura de Dios, la primera de todas pero criatura al fin y al cabo, que serviría como intermediario entre Dios y el resto de la creación.