DIÁLOGO INTERRELIGIOSO
VocTEO
Durante toda la historia de la humanidad se ha verificado el contacto por medio de mensajes, escritos o conversaciones en una situación de encuentro entre los seguidores de las diversas religiones. Se hallan ejemplos de ello en la historia del budismo, del hinduismo y en las religiones monoteístas nacidas en Asia Occidental.
El hecho de que se pueda señalar la existencia de este diálogo en diversos momentos de la historia de las religiones no debe hacemos perder de vista el carácter nuevo y distinto del fenómeno actual del diálogo interreligioso. Que se trata de un fenómeno nuevo se puede deducir de la universalidad de este diálogo, al menos en lo que se refiere a las grandes religiones, que nunca se había verificado en la historia. Evidentemente, este diálogo está ligado a los profundos cambios culturales relacionados con las recientes revoluciones tecnológicas y que han facilitado la comunicación entre los pueblos, creando así una nueva situación a nivel cultural de la humanidad. Además, las convulsiones políticas de los años 40 de este siglo han dado a muchas naciones un nuevo sentido de su identidad cultural Y religiosa. El fenómeno del diálogo interreligioso se plantea en términos nuevos, aunque no faltan en las diversas religiones ciertas afirmaciones de tipo apologético de que el diálogo ha sido siempre el estilo de los contactos entre sus fieles Y los demás.
Esta novedad es de tal categoría que resulta más fácil decir lo que no es el diálogo interreligioso que señalar en qué consiste. El diálogo no es ni polémica ni apologética. Tampoco se trata de un discurso persuasivo para inducir a los interlocutores a que cambien de idea. Pero si el diálogo interreligioso no tiene estos objetivos interesados, tampoco es una mera discusión entre estudiosos de las diversas religiones, que intercambian sus puntos de vista con «neutralidad» científica. Mucho menos se trata de un discurso en que el irenismo sirva de careta al indiferentismo religioso o al escepticismo ante la verdad. Se trata, por el contrario, de un diálogo entre creyentes de varias religiones que están convencidos de la verdad de sus respectivas creencias, que, sin embargo, piensan que es importante establecer y proseguir un diálogo sobre los contenidos y las consecuencias de sus convicciones religiosas con personas que creen de manera distinta.
Las motivaciones del diálogo interreligioso pueden ser varias. A veces puede ser la necesidad de resolver ciertas tensiones a nivel local o nacional entre los seguidores de diversas religiones: el diálogo es entonces la alternativa a la violencia de una guerra o de una persecución. En otras ocasiones, el diálogo interreligioso puede estar provocado por una responsabilidad cívica a fin de defender juntos ciertos derechos humanos. Para una acción concertada es necesario conocer también las motivaciones y los ideales religiosos de todos los afectados. Un tercer tipo de este diálogo se encuentra más directamente a nivel de la cultura, bien en el sentido de unas costumbres que se aceptan en una sociedad pluralista, bien en el sentido de la enseñanza y de la búsqueda científica. Este diálogo es como un laboratorio para una convivencia de diversas culturas, portadora cada una de ellas de diver50s valores religiosos, en una civilización global cuya unidad no excluye una diversidad intrínseca. Finalmente, está el diálogo que tiene como objeto la misma experiencia religiosa. Este diálogo puede situarse a nivel preconceptual, y entonces puede llamarse un «diálogo de vida» para individuos o grupos humanos. A nivel conceptual, este diálogo es tarea de especialistas.
En todos estos casos, el diálogo no puede prescindir ni de la coherencia con las propias convicciones religiosas ni de la sinceridad en la búsqueda del bien común. En este sentido, el diálogo interreligioso es un camino hacia la verdad en la caridad.
En la Iglesia católica fue el papa Pablo VI el que introdujo en el lenguaje de la Iglesia la palabra «diálogo» con su encíclica Ecclesiam suam ( 1964), y el concilio Vaticano II indicó autoritativamente el fundamento teológico Y las líneas prácticas del diálogo interreligioso, especialmente en la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia católica con las otras religiones, Nostra aetate. El Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso (instituido por Pablo VI con el nombre de «Secretariado para los no cristianos»), junto con la Congregación para la evangelización de los pueblos, publicó en 1991 un documento importante para aclarar las relaciones entre el diálogo interreligioso y el anuncio del Evangelio en la misión y en la vida de la Iglesia.
A. Roest Crollius
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