Mártir Jesuita
Serie web 1
Algunos años más tarde, sintió que Dios lo llamaba a la vida religiosa e ingreso a la Compañía de Jesús, en agosto de 1911. Desterrado con otros jesuitas por la persecución carrancista, continuó sus estudios sacerdotales en los Estados Unidos y en Europa. Fue en Bélgica donde se ordenó sacerdote en 1925. Al año siguiente volvió a México en lo más borrascoso del conflicto religioso; cuando los obispos habían mandado cerrar los templos y suspender el culto, en protesta por la ley de Calles que obligaba a los sacerdotes a registrarse, y prohibía todo acto de culto exterior, aun en las casas particulares.
A pesar de la injusta prohibición, el Padre Pro, se dedicó intensamente a su ministerio sacerdotal y a ayudar a toda clase de personas; pero su preferencia y compromiso por la gente pobre del pueblo, a la que daba alimentos y donativos que conseguía, quedó manifiesta a los ojos de todos. Así mismo, su valentía y buen humor, que siempre le caracterizaron, jamás disminuyeron a pesar de tantos contratiempos.
Uno de ellos fue el haber sido encarcelado en la prisión militar de Santiago Tlatelolco, por sospechas de complicidad en hacer propaganda religiosa, con el grupo de católicos de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, el que, durante un desfile oficial presenciado por el presidente Calles, lanzó al aire globos de papel, de los que se desprendían volantes de propaganda religiosa. Al día siguiente quedó en libertad por falta de méritos. Tras esta primera detención, tuvo que ocultarse aún más; pues el incidente de los globos, recrudeció la persecución callista y también la oposición violenta de los católicos perseguidos.
El 22 de noviembre, el
general Cruz llevó a los detenidos ante un grupo de periodistas, ante los que
el padre declaró: "Señores, juro ante Dios que soy inocente de lo que me
acusan". Al día siguiente, sin haberle probado el delito, más aún sin
haberle hecho el proceso judicial de rigor y ni siquiera haber terminado el acta
policíaca, Calles ordenó que fuera pasado por las armas, junto con sus
hermanos y los culpables del atentado. Así, el 23 de noviembre de 1927, el
padre Pro caía acribillado por las balas.
El sentido del pueblo adivinó de inmediato, el verdadero motivo de la muerte
del padre Pro y no dudó en darle el título de mártir. Así lo reafirmo la
extraordinaria multitud que se reunió para acompañar sus restos al cementerio.
Su fama de mártir se expandió desde entonces no sólo en México sino también
en el extranjero.
El 25 de septiembre de 1988, el Papa Juan Pablo lo proclamó beato, es decir, le dio el título de mártir, confirmando así oficialmente la voz del pueblo católico: el padre Miguel Agustín Pro, murió como mártir de Cristo.
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