Alonso Martos,
Andrés (Ed.), Emmanuel
Lévinas. La filosofía como ética, PUV, Valencia,
2008, 289 pp.
Rocío Garcés
Ferrer, Universidad de Valencia
Rocio.Garces@uv.es
El
filósofo Emmanuel Lévinas (Kaunas, Lituania,
1906—París, 1995) es un pensador difícil de
clasificar, incómodo y refractario a las etiquetas
académicas. Desde el ámbito universitario su trabajo es
leído como aquello otro que lo excede y lo desborda, tanto
por su temática como por su lenguaje, demasiado carnal,
quizá demasiado humano. Fuera de este recinto, su palabra
suena extraña por aquello que nos exige: la responsabilidad
infinita para con el otro. Lévinas está condenado así a ser
siempre el otro: otro por su situación fronteriza, por su
condición de extranjero; pero también porque todo su empeño
intelectual fue encaminado a pensar el encuentro con el
otro hombre. Un movimiento en apariencia sencillo y, sin
embargo, impracticable desde las categorías que dan cuenta
de la subjetividad moderna: transformar el “Yo
pienso” en un “heme aquí” (“El heme
aquí significa la sujeción al hecho de dar, las manos
llenas”), declinar el pronombre personal del
nominativo hacia el acusativo, es el primer paso en la
desestabilización de una filosofía, la nuestra, en la que
cualquier reflexión revierte en la identidad del Mismo. Por
ello su palabra nos inquieta, porque nos recuerda un olvido
más grave y más profundo que el olvido ontológico o el
olvido del ser: el olvido de la ética como filosofía
primera; el olvido del Otro como aquel absoluto fuera de
mí, pero en mí.
En la doble ortografía de su apellido Levinas o Lévinas, de
ascendencia hebrea (significa “hijo de Levi”),
se oculta una cartografía personal, biográfica, geográfica
e intelectual, que trasciende a su pensamiento y a su
escritura. Emmanuel Levinas nace en Lituania, en el seno de
una familia judía. Su interés por estudiar filosofía le
lleva, en 1923, a Estrasburgo, donde traba una profunda
amistad con M. Blanchot, y en 1928, a Friburgo. Allí asiste
a las últimas lecciones del padre de la fenomenología, E.
Husserl, y queda impresionado por el lenguaje del entonces
joven profesor M. Heidegger, y por su obra Ser y tiempo.
Una vez realizada su tesis doctoral sobre la Teoría de la
intuición en la fenomenología de Husserl (1930), se
instalará en París, donde traduce y difunde este nuevo
movimiento filosófico. Con el tiempo llegará a ser profesor
de la Sorbona y su apellido quedará marcado por la tilde
que delata su nueva nacionalidad francesa. Pero su
condición de ciudadano europeo y su formación humanista
salta por los aires en 1933, cuando, con el ascenso del
nazismo, ve peligrar, como tantos otros, su identidad
judía. En 1934, Lévinas publica “Algunas reflexiones
sobre la filosofía del hitlerismo”, escrito
“casi al día siguiente de la llegada de Hitler al
poder”. A partir de este artículo, se abre una
fractura con la tradición filosófica occidental, y en
particular con Heidegger, que condicionará el resto de su
obra: la salida de la ontología a través de la puerta,
hasta entonces desatendida, de la ética; y una vuelta a las
fuentes judías del pensamiento, sobre todo desde su lectura
de F. Ronsenzweig y de las enseñanzas talmúdicas del
maestro Chouchani.
Este libro colectivo es resultado del congreso
“Lévinas: la filosofía como ética”, organizado
por el MuVIM y la Universitat de Valéncia, con ocasión del
primer centenario de su nacimiento, en noviembre del 2006.
Su mérito reside en haber reunido a los especialistas de la
obra de Lévinas, tanto a nivel nacional como internacional.
Pues, tal y como comenta en la introducción su editor, A.
Alonso Martos: “Dada la poca o nula existencia de
Lévinas —aunque va en aumento— en el ámbito
filosófico español (…) un libro que contenga las
conferencias de dicho congreso deviene un hito filosófico
en lengua castellana”. El libro incluye trabajos de
reconocidas figuras como G. Bensussan o Z. Bauman, que
tratan los vínculos entre ética, política, justicia y
globalización en la obra del filósofo lituano, y de
estudiosos españoles que recorren todos los pliegues de su
singular pensamiento: la crítica a la filosofía
trascendental moderna (A. Pérez Quintana); su relación con
la filosofía de Heidegger (C. Moreno) y con la de
Rosenzweig (A. Lastra); la tensión no resuelta entre el
método fenomenológico y el alcance metafísico de su ética
de la alteridad (P. Peñalver); sus reflexiones sobre la
ética y la moral al trasluz de la obra de P. Ricoeur (A.
Domingo Moratalla) y de Kant (G. González); las
dificultades de una ética de la hospitalidad en la era de
la comunicación global (G. Bello); el nexo entre la
palabra, el otro y la responsabilidad (Á. Gabilondo); el
primado de la ética sobre la ontología o de la escucha
sobre la visión (M. E. Vázquez); el nombrar y la
idiosincrasia del lenguaje levinasiano (A. Domínguez Rey);
y las raíces judías de su pensamiento (J. Urabayen, A.
Sucasas).
Además, el libro se abre con una entrevista inédita
(“La asimetría del rostro”), realizada en 1986
para la televisión neerlandesa, en la que Lévinas, con un
lenguaje directo y sencillo, evoca la historia vivida y la
huella de esos acontecimientos en su filosofía. Allí
declara: “Lo que me ha importado es interrumpir la
gravedad del ser que se ocupa de sí mismo, la posibilidad
de tener en cuenta y desarrollar una bondad por otro ser,
ocuparse de su muerte antes que ocuparse de la
propia”. Un gesto exagerado, hiperbólico, típicamente
levinasiano, de responsabilidad infinita para con ese otro
que siempre es único entre todos y es todos en su unicidad.
Un gesto que de nuevo resuena al final del libro, esta vez
en el último verso del poema de F. Amoraga,
“Antepués”: “percute el morir/ él morir/
él morir”.*
Rocío Garcés
Ferrer
Universidad de Valencia
Rocio.Garces@uv.es
* Esta reseña fue publicada en el suplemento cultural
“Posdata” del diario Levante-EMV, el
9.1.2009.


