La Presencia Ignorada de Dios. Síntesis y Comentarios.
Thursday, June 22, 2006
Laura Ulloa
Viktor Frankl, La Presencia Ignorada de Dios La Presencia Ignorada de Dios,
antes de aparecer como libro en 1948, fue una conferencia que Frankl
dictó ante un pequeño grupo de intelectuales en Viena, poco después de
la II Guerra Mundial. Frankl comenta en el
prólogo a la 3ª edición alemana que esta obra suya, aunque en el texto
se han introducido pocos cambios, es, sin embargo, una de las obras
cuyo contenido ha cambiado sustancialmente más que otras. Por tanto, sería importante revisar las obras posteriores para conocer las ideas más recientes de Frankl respecto a este tema. El
libro consta de 7 capítulos titulados: La esencia del análisis
existencial, El inconsciente espiritual, Análisis existencial de la
conciencia, La interpretación analítico-existencial de los sueños, La
trascendencia de la conciencia, Religiosidad inconsciente, y
Psicoterapia y religión. A esto se anexa un suplemento a la tercera
edición alemana, que a su vez incluye cuatro capítulos: Logoterapia y teología, Cura de almas médica, El Organo del sentido, y La autocomprensión ontológica prerreflexiva del hombre [sic]. En
este trabajo me concretaré a hacer una síntesis de las principales
ideas expuestas por Frankl en los primeros siete capítulos, o sea,
propiamente la parte titulada, La presencia ignorada de Dios; y después
haré algunos comentarios a esta obra de Frankl desde mi perspectiva
personal. Capítulo I La Esencia del Análisis Existencial En
este primer capítulo, Frankl sitúa su logoterapia como una tercera
escuela vienesa de psicoterapia, comparándola con la psicología
individual de Alfred Adler y con el psicoanálisis de Sigmund Freud. Meramente
menciona a Adler, y con la que verdaderamente enfrenta su teoría es con
la de Freud, alegando que éste pasó de la objetividad, pues se atrevió
a mencionar lo hasta entonces no mencionable --- lo libidinoso y el
sexo --- a la objetivación. Para Frankl tal objetivación reduce al ser humano a sus impulsos, finalmente anatomizando lo psíquico: el psicoanálisis no ve en el hombre [sic] sino el automatismo de un aparato anímico. (p. 17) A
este automatismo, Frankl contrapone la responsabilidad, pues él
considera al ser humano como una existencia espiritual que, en
libertad, responde a las preguntas que la vida le plantea aquí y ahora,
en lo concreto de su situación. Esta
responsabilidad o capacidad para responder, contrapuesta a un simple
ser impulsado, como pretendía el psicoanálisis, es una capacidad o
cualidad inconsciente, sobre todo en la persona neurótica, que,
precisamente no actúa libremente, sino llevada por sus impulsos. La
tarea de la psicoterapia que Frankl propone, el análisis existencial o
logoterapia, es precisamente hacer que el el ser humano neurótico se
vuelva consciente de su responsabilidad. Si
en el psicoanálisis lo que Freud pretendía era hacer consciente lo
impulsivo reprimido, en el análisis existencial lo que Frankl busca es
hacer consciente lo espiritual neuróticamente reprimido. Así, el existir del ser humano es sinónimo de la libertad y de la responsabilidad. Capítulo II El Inconsciente Espiritual En este capítulo, Frankl aclara y desarrolla los conceptos antes expuestos. Empieza
afirmando que el inconsciente no contiene solamente elementos
impulsivos, sino también un elemento espiritual. Este elemento
espiritual se sitúa también dentro del inconsciente, por lo que lo
llama inconsciente espiritual, y será objeto también de la logoterapia, que Frankl considera un complemento necesario a la psicoterapia tradicional. (p. 21) Frankl continúa explicando que la frontera entre lo inconsciente y lo consciente es porosa
--- se pasa del uno al otro con frecuencia; sin embargo, la línea
divisoria entre impulso y espíritu es totalmente nítida, pues ambos son
fenómenos inconmensurables. (p. 23) Congruente
con sus antecedentes existencialistas, Frankl considera que el ser
humano, lejos de ser un ser impulsado, es un ser que decide, un ser
responsable, un ser existencial. Lo específicamente humano del ser humano empieza justamente allí donde deja de ser impulsado y es responsable: Se da allí donde el hombre [sic] no es impulsado por un ello, sino que hay un yo que decide. (p. 24) En
el pensamiento existencialista, existencia y facticidad son opuestos:
la existencia habla de libertad, la facticidad es lo dado, lo que nos
condiciona. Así pues, para Frankl, la
existencia es algo espiritual, mientras que a la facticidad pertenecen
lo físico y lo psíquico, que, como cualquier médic@ puede atestiguar,
suelen presentarse como elementos entremezclados y difíciles de
dilucidar. Lo
psicofísico, para Frankl, se agrupa en torno a un centro espiritual o
centro de actos espirituales, que es como define Max Scheler a la
persona. Así pues, Frankl habla de la persona espiritual que tiene un elemento psicofísico, pero es un algo espiritual. Para Frankl no somos simplemente alma y cuerpo, entendiendo por alma lo anímico o psíquico, somos espíritu, alma y cuerpo. Lo espiritual es lo más propiamente humano y lo que da integridad y hace una totalidad corpóreo-anímica-espiritual. Es
de lo anterior de donde Frankl desarrolla o avanza la idea de que una
psicología profunda completa ha de incluir la espiritualidad humana. La
psicología de Freud, limitaba la profundidad inconsciente a la
impulsividad humana, por lo que Frankl la califica de una psicología
profunda del ello, mas no del yo, no de la persona total, espiritual-existencial. Frankl va más allá y afirma que de hecho, el yo profundo es siempre inconsciente. Esto
es así porque la persona espiritual, al ejecutar un acto espiritual se
absorbe en ese acto y es irreflexionable; es decir, la existencia
espiritual, el yo, sólo existe en sus realizaciones. El yo, la persona, la existencia es irreflexionable, y por tanto no es analizable. Es un fenómeno primario e irreductible, como lo son también la conciencia y la responsabilidad. No pueden reducirse ónticamente, es decir en un plano inmanente. Podemos entenderlos en un plano ontológico como fenómenos primarios propiamente humanos. En su origen, donde es él mismo, el espíritu es inconsciente. Asimismo, como instancia que decide si algo se vuelve consciente o permanece inconsciente, funciona también inconscientemente. Capítulo III Análisis Existencial de la Conciencia Frankl induce de sus disquisiciones anteriores, que la conciencia tiene su origen en el inconsciente. Por lo mismo, la conciencia es irracional o alógica. Frankl
habla de una “inteligencia prelógica” y de una “inteligencia premoral
de los valores” (p. 33) que es precisamente la conciencia. Afirma
que la conciencia es una función “esencialmente intuitiva,” (p. 34) es
decir, como conciencia ética que ve no lo que es, sino lo que todavía
no es, se anticipa espiritualmente y ve lo que debe ser. Así Frankl puede afirmar que “las grandes y auténticas (existencialmente auténticas) decisiones del ser humano como ‘existente,’ son siempre enteramente irreflejas y por ello también inconscientes” (p.32) Ya después de su ejecución, se puede reflexionar sobre los actos de la conciencia, pero en su ejecución no se razonan, se ven. Frankl
compara lo intuitivo de la conciencia al amor, que también ve lo que no
es, aunque en este caso se trata de las posibilidades de ser del ser
amado. Y además señala que ambas realidades, la conciencia y el amor, tienen que ver con el ser absolutamente individual. La
conciencia ve, ante una situación absolutamente individual y única, más
allá de cualquier ley moral, lo único necesario; el amor ve lo único
posible, es decir lo que sólo la persona amada en su absoluta
singularidad puede ser. Frankl también compara lo inconsciente de la conciencia a lo inconsciente de lo estético, o conciencia artística. La inspiración del artista, de
donde surge su creatividad, se encuentra también en la espiritualidad
inconsciente, y por el contrario la demasiada reflexión, estorba a la
creatividad. De
lo anterior, concluye que la tarea del psicoterapeuta no es sólo hacer
consciente algo inconsciente, sino además, volver a restituir ese algo
a la inconsciencia y así “restablecer la evidencia de las relaciones
inconscientes.” (p. 39) Capítulo IV La Interpretación Analítico-Existencial de los Sueños Frankl trata en este capítulo sobre los sueños como productos del inconsciente. Como
era de esperarse, añade que no solamente hay elementos del inconsciente
impulsivo en los sueños, sino también elementos del inconsciente
espiritual, a los que hay que atender en la interpretación. Es por eso
que Frankl pide al psicoterapeuta ser honesto y abrirse a estos otros
elementos como son la conciencia ética, la conciencia artística y la
espiritualidad inconsciente y no interpretarlo todo como relacionado
con contenidos sexuales. Lo
que en este capítulo añade Frankl a los anteriores a través de una
exposición fenomenológica es la existencia de la religiosidad
inconsciente. Con
motivo de la interpretación de un sueño con contenido religioso, Frankl
compara el pudor que rodea al amor con el pudor que puede también
proteger lo religioso. En el caso del amor, “su
carácter inmediato, original y auténtico, y por tanto la
existencialidad, amenaza con desaparecer o transformarse en la
facticidad de una situación observada por otro o por sí mismo desde
fuera.” (p.50) Igualmente sucede con la religiosidad, ya que también se trata de una “verdadera intimidad.” (p.51) Una auténtica religiosidad puede estar reprimida precisamente debido a su carácter íntimo. Así
pues, dice Frankl, hay que cuidar esa intimidad del paciente que teme
divulgar o traicionar su intimidad religiosa exponiéndola ante un
médico que pudiera considerarla una sublimación de la libido, o algo
impersonal, atribuyéndola a un inconsciente arcaico o un inconsciente
colectivo. Capítulo V La Trascendencia de la Conciencia Frankl
continúa aquí desarrollando el tema del análisis existencial de la
conciencia, esta vez llegando a postular la trascendencia de la
conciencia. Para esto, define la libertad humana como un libertad de ser impulsado y una libertad para ser responsable o, dicho de otro modo, para tener conciencia. Si yo escucho y sirvo a mi conciencia, esto implica que mi conciencia es algo más que yo, dice Frankl, algo por encima de mí. Es
así como en el pensamiento de Frankl, la conciencia deja de ser un mero
hecho psicológico para convertirse en una interlocutora, definiendo al
ser humano como persona y revelándose simultáneamente como un algo
trascendente y de carácter personal. De
aquí, Frankl afirma que no se puede concebir al ser humano y en
especial a su conciencia si no se considera su origen trascendente, es
decir, si no se considera al ser humano como criatura. Al decir que soy
responsable, necesariamente me remito a una trascendentalidad, soy
responsable ante, finalmente Frankl dirá “ante Dios,” en el lenguaje de su cultura judía monoteísta. Frankl
piensa que una persona, que acepta el hecho psicológico de la
conciencia, pero que no es religiosa, se detiene en la inmanencia, pues
considera a la conciencia como la última instancia ante la cual es
responsable. Frankl sin embargo califica a
la conciencia de penúltima, no última instancia, y piensa que hay que
dar un paso más y reconocer a un Dios creador. A
la vez, Frankl afirma que hay que respetar a quien niega a Dios, pues
Dios mismo le ha dado al ser humano la libertad de negarse a
reconocerlo. Sin embargo, parece emitir un
juicio cuando dice, de quienes niegan el nombre de Dios (no a Dios
mismo), que se comportan con arrogancia cuando hablan de “lo divino” o
“la divinidad.” (p. 60) Más adelante, Frankl enfrenta nuevamente a Freud, quien llama a la conciencia superyo y la considera una introyección de la imagen del padre. Para Frankl, un superyo que se deriva del yo es tan contradictorio como un yo que se deriva del ello. Así
como un yo existencial y libre no puede derivarse de los impulsos del
ello, pues los impulsos no son capaces de regularse a sí mismos, de
“reprimirse, censurarse o sublimarse a sí mismos;” (p. 62) así tampoco
el yo puede ser responsable ante sí mismo. Para
Frankl “todo imperativo categórico ha de estar a fin de cuentas
legitimado por la trascendencia, y no por la inmanencia.” (p.62) Frankl
piensa que Freud tiene el concepto al revés, pues Dios no es una imagen
del padre, sino que Dios es el prototipo de toda paternidad. Capítulo VI Religiosidad Inconsciente Frankl
propone que al reconocer el inconsciente espiritual, estamos dando un
paso más allá de concebir al ser humano como un mero ser racional. Frankl
avanza la idea de una “religiosidad inconsciente en el sentido de un
estado inconsciente de relación a Dios, que aparece como una relación a
lo trascendental inmanente al propio hombre [sic], aunque a menudo
latente en él.” (p.66) Frankl habla de una relación inconsciente pero
intencional a Dios, y de una fe inconsciente. Después hace una serie de aclaraciones. Primero,
aclara que al hablar de Dios inconsciente, lo inconsciente se refiere
no a que Dios sea inconsciente, sino a que Dios puede serle
inconsciente a la persona, por estar la relación entre esa persona y
Dios reprimida y por tanto oculta para la misma persona. Aclara
también que no se trata de un panteísmo en el que el ello sería divino,
o Dios viviera inconscientemente dentro de los seres humanos. Tampoco se trata, dice Frankl de una omnisciencia del inconsciente, Pues entonces el ello sabría más que el yo. Tampoco
es el inconsciente un ello independiente, puesto que está en una
relación con Dios. Elloificar el inconsciente, dice Frankl es lo que
hizo Jung y afirma que esto fue un error, pues entonces lo religioso se
vuelve un impulso en vez de ser una decisión personal. Para
Freud y para Jung el inconsciente, dice Frankl, es un inconsciente que
determina a la persona, ya se trate de impulsos sexuales o impulsos
religiosos. Para Frankl, en cambio, “el
inconsciente espiritual, y muy en particular la religiosidad
inconsciente, es decir el ‘inconciente trascendental,’ no es un
inconsciente determinante, sino existente,” (p.71) es decir, libre. Para
Jung, los arquetipos son propios de lo psicofísico, están en la psiquis
y de alguna forma ligados incluso al cerebro; para Frankl, la
religiosidad es propia de la persona espiritual; emerge de la
profundidad de la persona, de su centro. Ex – siste, sale, cuando no está reprimida. Para Frankl, la religiosidad no es innata. Rechaza los arquetipos jungianos porque encadenarían la religiosidad a lo biológico. Para
él, sí existen esquemas dentro de los cuales se mueve lo religioso,
pero esos esquemas son los de la tradición religiosa que recibe cada
uno. Por tanto, “la auténtica y primordial
religiosidad no tiene… absolutamente nada que ver con una religiosidad
arcaica y en ese sentido primitiva.” (p.73) Según
Frankl esa religiosidad puede ser ingenua e infantil, “pero de ningún
modo puede calificarse de primitiva o arcaica,” en términos jungianos. Para Frankl hay una realidad eterna y actual, omnipresente, que constituye la religiosidad humana. Considera que a menudo es precisamente la represión de dicha realidad la que produce una neurosis. Capítulo VII Psicoterapia y Religión Frankl se pregunta en este capítulo por la relación entre los temas anteriores y la práctica o investigación médicas. Concede
que las cuestiones religiosas no son el objeto de la práctica médica y
que el médico debe ser tolerante en estos aspectos. Incluso
al médico creyente, a quien le interesan estas cuestiones, ha de
interesarle la espontaneidad de la religiosidad de su paciente. “A una auténtica religiosidad el hombre [sic] no puede ni ser impulsado por un Ello ni apremiado por un médico.” (p. 79) Frankl opina que el médico no ha de sustituir al sacerdote. Un médico creyente, puede hablar de religión a un paciente también creyente, pero no en tanto médico, sino en tanto creyente. Pero un médico no creyente que usara la religión terapéuticamente, la estaría degradando. Afirma: “La religión da al hombre[sic] más que la psicoterapia … y exige también más de él. Toda
interferencia mutua entre estos dos campos, que de hecho pueden llevar
a los mismos efectos, ha de evitarse absolutamente cuando la intención
respectiva es ajena a la del terreno en que nos movemos.” (p.82) Para
Frankl, así como hay que respetar la libertad del ser humano, hay que
respetar también la independencia de la investigación de la ciencia.
Piensa que el hacer de la psicoterapia una sierva de la teología es
algo que no le sirve a una ni a otra. La psicoterapia debe mantener su independencia de manera que, si algún día llega a probar que el alma humana es por naturaleza religiosa, habrá de hacerlo desde su autonomía de ciencia. Mis Comentarios a La Presencia Ignorada de Dios Al tratar de hacer una crítica de Frankl, me encuentro ante un problema. Me
percato de que me faltan elementos para hacer una crítica a fondo, y
también que, de alguna manera mi manera de pensar, sigue siendo la de
la modernidad, aunque entiendo conceptualmente que estamos en una época
postmoderna. Entonces, con un pie en cada uno de estos dos mundos,
probablemente me contradiga. Sin embargo,
me parece importante apuntar todas mis impresiones, aunque de momento
sean sólo esto y no argumentos acabados, pues son de todas formas
interrogantes que creo que pueden hacer más rica nuestra discusión y
nuestra manera de entender a Frankl. Un aspecto que me hace ruido porque me parece que acusa una dicotomía, es su uso de los conceptos de trascendencia e inmanencia. Esta dicotomía, que es propia del existencialismo, como de casi toda la filosofía occidental, está basada en un desprecio de lo inmanente, de lo natural, del cuerpo, y por tanto de la mujer a quien se considera cuerpo y asociada a tareas relacionadas con la inmanencia. Igualmente,
Frankl parece rebasar la dicotomía cuerpo-alma, al introducir el
concepto de un espíritu que unifica lo físico y psíquico y le da
integridad a la persona. Sin embargo, para
Frankl los diversos aspectos de la persona están jeraquizados, en una
jerarquía típicamente patriarcal: en niveles ascendentes: la vida vegetal, la vida animal, la vida psíquica y la vida espiritual. Esto
es inaceptable en una visión que valora todos los aspectos de la
realidad. No sería mejor reconocer y actualizar nuestra relación con el
Universo y reconocer al Espíritu como principio de vida en todo lo que
existe, incluyendo las piedras? Desde una postura post-moderna, que cuestiona
las verdades objetivas y absolutas y las ve más bien como
construcciones sociales, el tono de Frankl, como de una absoluta
certeza me parece que lo sitúa en la modernidad, y actualmente sabemos
que esas certezas absolutas son indefendibles. En
este sentido, por ejemplo, Frankl habla de “Dios,” de una manera que
rechaza otras, pienso yo, igualmente válidas concepciones de esa
Realidad Ultima que en diferentes culturas y por diferentes personas es
y ha sido experienciada de diversas maneras. Aunque
habla de respetar al paciente para que espontáneamente se decida por
“Dios,” a mí me parece que se traiciona cuando enjuicia cómo se ha de
nombrar esa realidad y tacha de arrogante el uso de “divinidad” o “lo
divino,” y se burla del panteísmo rebajándolo a una teología de
aficionados. Por
otra parte, y ésta es sumamente importante para mí, el lenguaje en esta
obra de Frankl, por lo menos en su traducción al español, excluye a las
mujeres. Usa el término supuestamente
neutral “hombre” continuamente; habla de “Dios” también en masculino.
Habla del médico y del sacerdote y de el paciente. Pienso que este uso
del lenguaje, excluye la experiencia de las mujeres y también siglos de
experiencia religiosa donde la figura central son las diosas. Con
respecto al uso de “Dios” bien dice Mary Daly, una teóloga
estadounidense: Mientras Dios sea hombre, el hombre es Dios. No hay realmente una neutralidad de género en el lenguaje. Al usar términos masculinos, ponemos al varón como norma de la humanidad y hacemos a las mujeres no
importantes o invisibles. El impacto psicológico de esta invisibilidad
para las mujeres es horroroso: nos dice, “Ustedes no existen,” (con
todas las implicaciones que Frankl da al no exisistir --- no ser libre,
no ser persona). Obviamente,
el cambio en el uso del lenguaje, que no es fácil de hacer, ha de ir
acompañado de una cambio de actitud, que valore a las mujeres. Sin este cambio de actitud, no hay energía para hacer el cambio en el lenguaje. Finalmente,
habla Frankl de una relación entre el ser humano y Dios, y dice que
esta relación es inconsciente y, en la medida que está reprimida, puede
ser la causa de una neurosis, y necesita hacerse consciente. Así pues, dice, el
objetivo de la logoterapia es hacer al enfermo consciente de su
responsabilidad y de esa relación con la trascendencia de la cual no es
consciente porque la ha reprimido. Esto me parece interesante, porque precisamente ese objetivo de darnos cuenta que vivimos inmers@s en esa
realidad última, pienso yo que nos sanaría de todas nuestras dicotomías
y jerarquizaciones, pues en esa realidad somos tod@s un@, sin arribas y
abajos, mejores o peores. Frankl mismo
vivió la experiencia del campo de concentración por una idea que es
hija de esas dicotomías, la idea de que un@as somos mejores o más
valios@s que otr@s. Creo que muy justamente Frankl reclama para su teoría la virtud de la responsabilidad. Junto
con esto, yo la llamaría una teoría de la esperanza, pues pienso que la
esperanza es una consecuencia de considerar a hombres y mujeres como libres y responsables. Eso sí, me gustaría que esta esperanza fuese para ambos, hombres, y mujeres. Sugiero la siguiente bibliografía: Blatner, Adam. Postmodernism: Frequently Asked Questions. 2002. www.blatner.com Daly, Mary. Beyond God the Father: Toward a Philosophy of Women’s Liberation. Boston. Beacon, 1985. Lloyd, Genevieve. The Man of Reason, “Male” and “Female” in Western Philosophy. Minnesota: University of Minnesota Press, 1984.





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Ma. Teresa Lemus Vanek :
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