LULIO, RAIMUNDO (Ramón Llull)
Datos biográficos. El llamado Doctor iluminado, filósofo, escritor y misionero,
nació en Palma de Mallorca en 1233; fue hijo único de una familia de la nobleza
catalana. Su filosofía racionalista y cordial es una de las personificaciones
del idealismo medieval y R. L. una de las figuras de la filosofía española con
repercusión en la historia del pensamiento.
El padre de R., por sus servicios al rey Jaime I (v.), recibió honores y
posesiones en la isla de Mallorca. A los 14 años, R. es nombrado paje del Rey, y
luego senescal y mayordomo del Infante. En 1257 se casó con Blanca Picany de
quien tuvo dos hijos. En su vida cor-tesana.se dio al lujo y costumbres
licenciosas, pero cumplidos los 30 años, tiene lugar su conversión sobrenatural.
R. se confiesa y se dedica a la vida de oración y penitencia, rompe los vínculos
familiares, vende sus posesiones y deja lo necesario para el sustento de su
mujer e hijos. Tras su peregrinación a Santiago, se consagra al estudio, por
consejo de S. Raimundo de Peñafort (v.) parte del cual lo dedica a las lenguas
(latín, árabe...) con una finalidad apostólica, además de a la Filosofía,
Teología, Medicina, etc.
L. es un genio autodidáctico que asimila gran parte de la cultura de su
época: tiene conocimientos de Platón, de S. Agustín, de numerosos escolásticos
(S. Anselmo, Ricardo de S. Víctor y otros doctores de la corriente agustiniana y
franciscana) y de filósofos árabes. La labor de estudio que lleva a cabo en el
monte Randa fue decisiva para la consolidación de sus afanes y propósitos:
dedicarse al ideal apostólico, escribir libros para refutar los errores,
demostrar las verdades de fe y procurar una «cruzada espiritual» con la
fundación de monasterios donde se preparasen los futuros misioneros mediante el
estudio de lenguas extranjeras y de su Arte Mayor.
En el monte Randa compone el Arte Mayor primitiva, la primera versión de
su obra magna y el Libre de contemplació en Deu. En Montpellier, llamado por
Jaime II (v.), compuso su Ars demonstrativa. Con los subsidios del Rey fundó en
Mallorca el Colegio de Miramar, sin mucha fortuna. Prosperaron más las escuelas
de lenguas que los dominicos fundaron en Aragón y Túnez, y las que se erigieron
en las universidades gracias a las gestiones de L.
L. comienza entonces una increíble carrera de misionero laico, recorriendo
media Europa y la cuenca del Mediterráneo. Solicitó ayuda de las cortes reales y
pontificias y expuso su Arte en plazas y universidades, especialmente en París.
En Asís profesó como terciario de S. Francisco (1295). En una segunda estancia
en París escribió varios libros y combatió contra los averroístas (v. AVERROES).
Tras la corta estancia en Mallorca de 1300, donde continuó escribiendo y
disputando con los sarracenos y judíos, emprendió de nuevo numerosos viajes:
Chipre, Armenia, Rodas, Malta, Mallorca, Génova, Montpellier, París, Pisa,
Berbería y Bugía. Allí fue apedreado y encarcelado. Tras un naufragio volvió a
Pisa y se retiró al convento de Santo Domingo (1307-08), volviendo a componer
libros. Su cuarta estancia en París motivó una auténtica cruzada contra los
averroístas, considerados por él como herejes por el dualismo que mantenían
entre la filosofía y la verdad revelada: L. pretendía demostrar «por razones
necesarias» los dogmas cristianos.
Tras el Concilio de Vienne, el infatigable misionero vuelve a sus viajes.
Desde Bugía pidió al Rey que mandara misioneros franciscanos y a su discípulo
Fray Simón, para que le tradujera sus Nuevos 15 tratados de polémica con los
sarracenos. Apedreado en Túnez por la plebe sarracena, fue salvado por el caíd
del furor de la muchedumbre, y conducido en una nave genovesa, moribundo, a
Mallorca donde muere en 1316.
Así acababa una vida dedicada totalmente al apostolado misionero e
intelectual. Para hacer destacar su labor en este segundo aspecto, basta indicar
que el opus luliano comprende 243 obras conocidas y 44 más apócrifas, entre
ellas todas las de alquimia (v.). Unas las escribió en árabe que luego fueron
traducidas al catalán, otras en catalán y otras en latín. La materia de sus
escritos es muy variada: obras filosóficas, teológicas, místicas,. pedagógicas,
de medicina, de física, de matemáticas, literarias y poéticas; fue también un
apasionado de la alquimia (v.) y de todas las ciencias naturales. El papa Pío IX
reconoció el culto que como «beato» se le tributaba en Mallorca y en la Orden
franciscana.
Literatura. Con relación a su labor literaria, debemos tener en cuenta que
L. había recibido en su mocedad una educación caballeresca pero con amplia
instrucción en las letras de su tiempo. Desde su primera juventud «diose al arte
de trovar y componer canciones y escritos sobre las locuras de este mundo». Este
arte lo cultivó luego como trovador del amor de Cristo en sus escritos poéticos.
En el Libre de amic i amat y en 365 versículos, L. expone la ascensión del
hombre hacia Dios; la influencia de la poesía trovadoresca y la inspiración en
el Cantar de los Cantares y en la mística de los sufíes (místicos árabes), hace
de esta obra una de las más bellas de nuestro autor. Plant de nostra dona Santa
María y Desconhort i cant de Ramon son dos piezas de suma belleza, con un tinte
aprovenzalado, muestra del valor de la obra poética de L. y de su gran lirismo.
En conjunto su obra literaria ocupa un puesto cumbre en la historia de la
literatura catalana; en la pluma de L. alcanzó su madurez el catalán popular,
convirtiéndose en lengua literaria, capaz de belleza y precisión (v. CATALUÑA V,
1 y VI, 1). Es el escritor más notable en lengua catalana. Además de los poemas
citados, entre sus obras literariamente más destacadas hay que señalar la novela
semiutópica y semiautobiográfica Blanquerna (1284?), en la que incluyó el citado
cántico Libre del amic i amat, que ya tenía escrito con anterioridad y que es
una de las joyas de la literatura espiritual de todos los tiempos; la obra es
una narración variopinta y compleja, llena de ideas, de voluntad de creación
literaria, de emoción, de intriga, de vida, y de espiritualidad. También hay que
destacar aquí: el Libre felix de les maravelles del mon (1288?), una especie de
novela enciclopédica; el Libre del Ordre de Cavayleria, manual caballeresco,
imitado por don Juan Manuel (v.); etc.
Pedagogía. El pensamiento pedagógico de L. está recopilado principalmente
en: la novela Blanquerna, donde expone sus planes y procedimientos para educar a
la cristiandad y educar a los infieles; el Felix de les Meravelles (1288?)
relato que quiere dar al lector adulto una visión de todas las ciencias desde
las naturales a las teológicas; y en la Doctrina pueril (1273?). Su pedagogía se
dirige fundamentalmente a la dotación de medios para la consecución de la
salvación; se trata de conseguir normas y modos de comportamiento capaces de
integrar la salvación personal y la cristianización de los infieles. L. tiene
gran confianza en la educación; su objetivo es que los hombres aprendan la
«ciencia de los fines»: el fin último y eterno, el fin de cada estado de vida y
el de cada cargo y profesión.
Los principios formales en que apoya su pedagogía material son del máximo
interés; éstos aparecen así resumidos por J. Tusquets: «1) Distinguió la
instrucción propiamente dicha (dispuesta en tres grados: nocional, profesional,
superior), de la instrucción ocasional y popular, cuya implantación y
unificación adjudicó a la Santa Sede. 2) Sentó las bases de la Didáctica
diferencial. 3) Formuló los principios de la enseñanza intuitiva, activa y
analógica. 4) Defendió y practicó el plan cíclico y concéntrico, y el proceso de
lo simple y familiar a lo complejo y remoto. 5) Propugnó que la instrucción en
lengua vulgar precediese al estudio del latín; que los idiomas extranjeros se
aprendiesen no sólo en los libros, sino conversando con profesores nativos; que
el alumnado practicase la investigación y que se le facilitasen textos
pedagógicos. 6) Redactó textos modélicos, entre los cuales descuella la Doctrina
pueril, que es el primer libro didáctico para niños en lengua romance y la
primera enciclopedia escolar de que se tiene noticia. 7) Dictó normas para la
universalización del saber, la inspección de la enseñanza, las vacaciones del
alumnado y del magisterio, y la dignificación de los locales».
«No menos genial se mostró en la educación moral, que apoya en la
formación de la conciencia, de la responsabilidad y de los hábitos. Se ocupó con
firmeza y tino no superados en la educación de la castidad. Intensificó el valor
del ideal, del amor, de la emulación y de la alegría» (J. Tusquets, Llull,
Ramón, en Diccionario de Pedagogía, 2 ed. Barcelona 1970, 586). Este mismo autor
añade que «algunas de sus ideas pecan de utópicas, por ejemplo, la progresiva
implantación de textos únicos y de una lengua universal» (ib.).
Filosofía y Teología. Su concepción filosófica está muy influenciada por
las corrientes agustiniana y místicofranciscana (v. AGUSTINISMO; FRANCISCANOS Iv).
No hay en él una distinción clara entre Teología y Filosofía; L. presenta una
«sabiduría cristiana». Y esto se comprende mejor teniendo en cuenta la tendencia
polémicoapologética de nuestro autor: él quiere demostrar la verdad del
cristianismo y de cada uno sus dogmas. Con esta finalidad construyó su Arte
General demonstrativa, y en este sentido se puede hablar de un racionalismo (v.)
apologético en el filósofo mallorquín. A ello hay que unir la vía
afectivo-mística del franciscanismo que fecunda su pensamiento.
El pensamiento de L. es eminentemente logicista. Hizo un Compendio de la
lógica de Algazel, resumen del texto arábigo; por él conoció la lógica
aristotélica (V. ALGACEL). Asimila la doctrina de las proposiciones (v. juicio)
y silogismos (v.) con la técnica de los distintos modos de silogizar y de la
demostración. Pero su Lógica se distingue de la escolástica en que L. repugna la
Lógica puramente formal o de «segunda intención» como ciencia independiente de
la Teología; su Lógica es «natural y de primera intención», instrumento para
filosofar sobre la verdad divina. L. además deriva la Lógica común de
proposiciones hacia su Lógica «algebraica», base de todo su Arte, en que los
términos son representados por letras (v. LÓGICA II). En 1303 escribió su Lógica
Nova.
Pero es el Arte General la parte más original de su filosofía. Este Arte
tuvo dos refacciones extensas: el Ars Compendiosa o Ars Magna primitiva y el Ars
Generalis Ultima o Ars Magna definitiva. L. creyó haber descubierto un nuevo
arte que contenía en germen la ciencia universal y servía para resolver toda
clase de cuestiones con infalibilidad matemática. Buscando encontrar el «término
medio», nuestro autor trata de resolver este doble extremo: dado un sujeto
encontrar todos los predicados posibles; y viceversa, dado un predicado
descubrir todos los sujetos posibles. L. asigna una letra representativa a cada
término. Luego mediante combinaciones binarias, ternarias, etc., de letras
quiere establecer las relaciones necesarias entre los términos de un juicio o de
varios juicios entre sí. En el Arte General fijó nueve columnas, representadas
por las nueve letras de la B a la K; y fijó en nueve los «sujetos» de todas las
ciencias filosófico-teológicas, en nueve los principios y en otras nueve las
cuestiones posibles. Con ello se tienen los núcleos de todas las combinaciones
de conceptos (v.) que pueden entrar en cualquier razonamiento o prueba. La
aplicación de este método combinatorio se realiza mediante cuatro figuras
triangulares o circulares, en que se articulan los nueve principios o predicados
antes mencionados con sus respectivos sujetos -cuestiones-, representados por
las letras. Se llega mediante los giros de los círculos concéntricos a formar
l.680 «cámaras» (agrupaciones lógicas de letras) de razones diversas y
disponibles para demostrar la tesis propuesta. El fin de dicha mecánica
silogística es la obtención del «término medio» con la solución del problema
propuesto. Las soluciones, sin embargo, son muy abstractas dada la generalidad y
limitación significativa de los principios sentados como premisas.
Pero aparte de que el Arte luliano aparezca como un juego ingenioso y de
dudosa aplicabilidad, que intenta reducir todas las relaciones del pensamiento a
una expresión lógico-matemática, hay que decir que influyó en muchos pensadores
idealistas, como en Descartes (v.) y su mathesis universalis, y en Leibniz (v.)
y su «característica universal». En realidad L. es un precursor de la moderna
logística o lógica matemático-simbólica (V. LÓGICA II).
En el tratado Del ascenso y descenso del intelecto, ensaya L. un nuevo
método dialéctico parecido al del Arte General, pero prescindiendo del mecanismo
del alfabeto, figuras y combinatoria. Hay dos movimientos: uno de ascenso en el
que el entendimiento se eleva para adquirir los objetos generales, los
principios primeros; y otro de descenso a los objetos particulares.
En el Árbol de la ciencia vuelve L. a desarrollar su virtuosismo
dialéctico (v. DIALÉCTICA). Es un ensayo de enciclopedia de las ciencias, de
unificación de todo el saber humano en un esquema jerárquico. El método es una
lógica del símbolo (v.) y de la analogía (v.) con un fondo de realismo platónico
agustiniano.
En general podemos decir que la metafísica luliana es una metafísica del
ejemplarismo, con un complemento simbólico universal que se remata en un
misticismo. Dios y las «dignidades divinas» son la causa y el arquetipo de las
perfecciones creadas; todas las criaturas muestran impresa la semejanza divina
gradualmente; así, el universo es para L. un sistema de signos denunciadores de
la realidad de Dios. El entendimiento descubre cinco grados de semejanzas
divinas; el ser elemento, vegetativo, sensitivo, el hombre y las sustancias
espirituales. L. desconoce la doctrina de la participación y usa la siguiente
terminología: la Idea, en cuanto eterna, es Dios; pero, en cuanto nueva, es la
criatura; las criaturas son las «novedades» provenientes del Ser Inteligente y
Divino; son ideas divinas pero finitas y limitadas.
La metafísica Juliana es teológica, no sólo en el sentido en que lo es
siempre la Metafísica, sino incluyendo también ideas de la Revelación: va
encaminada a hablar de Dios, y también de la Trinidad de Dios. Utiliza las
pruebas de la existencia de Dios según la doctrina escolástica, pero sobre todo
habla de las «dignidades divinas»: bondad, grandeza, eternidad, poder,
sabiduría, voluntad, virtud, verdad y gloria junto a la distinción de personas.
En su Filosofía natural mantiene la teoría de la creación (v.) no ab aeterno, y
en el alma humana admite tres potencias: la memoria, el entendimiento y la
voluntad (V. FACULTADES).
En definitiva, podemos decir que L. no es un escolástico entre otros; sus
escritos no son summas ni quodlibetos, sino una literatura a la vez poética y
mística, novelesca y religiosa; y todo ello unido a un ideal iluminado de
ciencia intuitiva, casi matemática, en que cree L. ver la verdad natural y
revelada aprisionada en deducciones necesarias. Fusión de los dos campos de la
verdad, y optimismo sobre la capacidad racional del hombre, forman el peculiar
racionalismo (v.) de L.
V. t.: APOLOGÉTICA II, 2; CATEQUESIS IV, 2; CATALUÑA VI; LULISTAS.
BIBL.: Ediciones de las obras de L.: I. SALZINGER, Opera Omnia, 8 vol., Maguncia 1721-42; Obres de R. Lull, 21 vol., Palma 1905-50; M. BATLLORI Y M. CALDENTEY, Obras literarias de R. Lull, Madrid 1948 (con bibl.).
M. FERNÁNDEZ DEL RIESGO.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991