AUXILIADORES, SANTOS


Con este título son designados catorce santos particularmente venerados en Alemania y en el centro de Europa. Por esto se los designa también como protectores de Europa. La liturgia de la Iglesia los denomina igualmente santos intercesores, santos coadjutores e incluso algunas veces santos mártires, aunque no todos lo fueron.
      Quiénes son los santos auxiliadores. Se trata de los 14 santos siguientes: 1, S. Acacio, de Capadocia, que sirvió en el ejército romano; 2, S. Egidio, abad; 3, S. Bárbara, virgen y mártir; 4, S. BIas, obispo y mártir; 5, S. Cristóbal, mártir; 6, S. Ciriaco, mártir; 7, S. Dionisio, obispo y mártir; 8, S. Erasmo, obispo y mártir; 9, S. Eustaquio, obispo y mártir; 10, S. Jorge, mártir; 11, S. Catalina, virgen y mártir; 12, S. Margarita, virgen y mártir; 13, S. Pantaleón, mártir; 14, S. Vito, mártir. Algunas veces se añade otro, con lo que se eleva a 15 el número de los s. a., e incluso se coloca en cabeza a la Santísima Virgen como reina de los s. a. Así, p. ej., en Acta Sanct. Jun., VII, 456: «En Hungría... la fiesta de los 15 santos auxiliadores, cuyos nombres...». Sin embargo, hay que reconocer que los nombres no aparecen siempre los mismos en los diversos calendarios y códices medievales.
      Antigua costumbre de venerar grupos de santos. De hecho la Iglesia católica ha venerado desde el principio algunos santos, invocando de un modo especial su protección. Por otra parte consta que ya desde antiguo existía la costumbre de venerar especialmente a determinados grupos de santos, y no sólo cuando se trataba de los que habían sufrido juntos el martirio, como p. ej., los mártires de Zaragoza o los santos mártires de Sebaste, sino también en los casos en que se esperaba del grupo una intercesión particular y eficaz en algún asunto. Así, p. ej., en un misal de Utrecht encontramos la misa de los cinco santos privilegiados, así llamados porque, como se dice en la Colecta, «Dios les ha prometido una especial eficacia en su intercesión». Son los santos Jorge, Critóbal, BIas, Egidio y Dionisio, de los cuales este último fue el patrono de París y de Francia. De un modo semejante conocemos en el Oriente los Mártires anárgiroi, es decir, los sin dinero, a los que se solía pedir protección sin ofrecer limosna o bien alguno.
      Los santos auxiliadores, grupo particularmente característico. Uno de estos grupos es el de los catorce o quince s. a. De él puede considerarse como primer estadio el grupo citado de los cinco santos privilegiados, incluidos entre los catorce. Esto mismo indica que esta devoción a los s. a. se fue formando lentamente. Por otro lado es difícil señalar el tiempo en que se presenta ya enteramente formada esta devoción a los s. a. El documento más antiguo que poseemos es una carta de penitencia del a. 1284, del obispo Conrado de Passau. En ella se conmemora un altar dedicado a los 14 s. a. Pero tal vez es más antiguo todavía el testimonio de la iglesia parroquial (hoy protestante) de Steigerthal, en la diócesis de Hildesheim. En ella se encuentran dos campanas antiquísimas: una dedicada a S. Catalina y otra a los 14 s. a., que por su forma primitiva parecen remontarse al s. XI.
      Origen de esta devoción. Más difícil es todavía determinar desde dónde se introdujo esta devoción en Alemania. Los Bolandistas (Acta Sanct. Abril, III, 150) admiten que el primer origen fue Italia, donde se decía una misa común a los s. a. De hecho se encuentran indicios de esta devoción en Sicilia, Brescia, etc., y posteriormente en Hildesheim, Breslau, así como también en AIsacia y Lorena y en Luxemburgo, y en Bohemia, Hungría, Suiza, Austria y el Tirol. En todos estos territorios se encuentran multitud de altares e imágenes votivas e incluso hermandades con la advocación de los 14 s. a. De todos estos testimonios puede deducirse que la devoción a los s. a. arraigó más profundamente en Alemania que en otros lugares, y llegó a ser típicamente alemana. Así se explica que aparezca entre los alemanes de Hungría, de Polonia y de otros territorios vecinos. Más aún. Se han encontrado vestigios de ella en diversas partes de América (p. ej., en la de la Iglesia alemana de Baltimore, en Búfalo, etc.), donde fue introducida por misioneros o colonos alemanes.
      Por qué fueron escogidos estos santos. Es interesante el motivo de por qué fueron escogidos por el pueblo cristiano precisamente estos 14 ó 15 s. a. Según parece, ello fue el resultado natural del desarrollo de la fe y devoción del mismo pueblo. De hecho consta que ya desde el s. x eran invocados particularmente contra la peste, S. Cristóbal y S. Egidio; contra los dolores de cabeza, S. Dionisio; contra los de boca y lengua, S. Catalina; contra los de garganta, S. BIas; contra los del bajo vientre, S. Erasmo; contra la fiebre, S. Bárbara; contra los mareos, S. Vito; contra las acometidas del enemigo, S. Ciriaco; contra las angustias de la muerte, S. Acacio; contra las muertes instantáneas, S. Cristóbal, S. Bárbara y S. Catalina; para obtener una buena confesión, S. Egidio,; como abogado especial de los médicos, S. Pantaleón; en las situaciones difíciles de familia, S. Eustaquio. Aun los animales domésticos se pusieron bajo la protección especial de los santos Jorge, Erasmo, Pantaleón y Vito.
      De todo esto se concluye que el pueblo cristiano se dirigía precisamente a estos santos en cada una de sus necesidades, lo cual estaba fundado unas veces en algún hecho o tradición relacionados con ellos, como ocurría con S. Blas, S. Pantaleón, S. Eustaquio, etc., y otras simplemente en el hecho de haber experimentado la eficacia de las súplicas a ellos dirigidas. y luego, habiendo concebido el pueblo cristiano tan especial confianza en estos santos, los unió en una advocación común, sintetizando de este modo la máxima fe y confianza, que depositaba en su intercesión, naciendo así esta advocación conjunta.
      Protectores especiales de hospitales y contra la peste. Así se explica un doble hecho, claramente atestiguado en abundantes testimonios y monumentos de los territorios del centro de Europa. Por un lado, la frecuencia con que se dedican hospitales y otros centros semejantes a los 14 s. a., y, por otro, que aparezcan de un modo particular como auxiliares contra la peste.
      Entre los hospitales dedicados a los s. a. pueden citarse los de Wurzburgo y de Weingarten, en Würtemberg; y el de Nikolsburg, en la diócesis de Brünn. Es interesante también una imagen existente en la iglesia del hospital de Neuotting, diócesis de Passau. Por lo que se refiere a las advocaciones de los s. a. como protectores contra la peste, suelen manifestarse en los lugares de peregrinación o exvotos, erigidos con ocasión de alguna peste, en la que se había obtenido la ayuda de los 14 s. a. Así, p. ej., los de Friburgo de Suiza y del monte de Santa Margarita, en Altotting; la capilla erigida a los 14 s. a. con ocasión de una peste en Gonsenheim, junto a Maguncia, y otra levantada en ocasión semejante en Bingen. Junto al Campo de la peste de Dios, en Apfeltrach, diócesis de Augsburgo, se conserva asimismo una capilla de los 14 s. a.
      Por lo demás, es bien conocida la grandiosidad de algunos de los centros de peregrinación, existentes en Alemania bajo la advocación de los 14 s. a. Es célebre y particularmente venerado el del antiguo monasterio de Langheim, diócesis de Bamberg. En lugar de la antigua capilla de la Edad Media, fue consagrada en 1772 una magnífica iglesia, que constituye actualmente un santuario de mucha devoción. Consta que, al celebrarse el primer centenario de la misma, en 1872, acudieron más de 100.000 peregrinos. Digamos para terminar que a este santuario, dedicado a los 14 s. a., concedió León XIII, en 1889; una misa especial. Asimismo los misales de Maguncia, de Utrecht y de Bamberg tienen un formulario especial de los 14 s. a.
     

BIBL.: G. SCHREIBER, Nothelfer, en LTK, 7 (1962), 1050-1051 ; ID, Die Wochentage im Erlebnis der Ostkirche, Kö-Opladen 1959; L. WEBER, Nothelfer, die vierzehn Heiligen, en (Kirchenlex), 9, 515-522; ÍD, Die Verehrung der Hl. vierzehn Nothelfer, ihre Entstehung und Verehrung, Kempten 1886; H. GÜNTHER, Legendenstudien, Colonia 1906, 111-125; V. LEROQUAIS, Les Sacramentaires et Missels manuscrits des bibliotheques publiques de France, III, París 1924, 132, 267; K. KÜNSTLE, lkonographie der christlichen Kunst, II, Friburgo de Brisgovia 1926, 469-74.

 

B. LLORCA VIVES.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991