JUDÍOS Y NO CATÓLICOS EN DEFENSA DE PÍO XII

Dos grandes expertos de la época rompen prejuicios

ROMA, 30 junio 2001 (ZENIT.org).- «¿El linchamiento contra Pío XII? Una porquería». Quien así habla no es un integrista católico, ni un intelectual con simpatías clericales. Se trata de Paolo Mieli, uno de los más ilustres protagonistas del periodismo italiano, ex corresponsal de «La Stampa» y ex director del «Corriere della Sera» y hoy director de «RCS», la casa editorial más grande de Italia. Tiene pasión de historiador. De hecho, su último libro, que ya se ha convertido en un fenómeno editorial que lleva por título «Historia y política: Resurgimiento, fascismo y comunismo».

Mieli es judío, implacable ante la terrible tragedia del Holocausto, al que su familia tuvo que pagar un doloroso precio de sangre.

«Vengo de una familia de origen judío y he tenido parientes que murieron en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial. Por tanto, hablo de todo esto con mucha dificultad» dijo Mieli al intervenir en Roma, el 6 de junio, en la presentación del libro «Pío XII. El Papa de los judíos» («Pio XII. Il Papa degli ebrei», Piemme, 2001), escrito por Andrea Tornielli, experto en asuntos vaticanos del diario milanés «Il Giornale».

«El libro de Andrea Tornielli --afirmó Mieli-- hace de contrapeso para alcanzar un equilibrio justo sobre ese pontífice tan discutido. Al leer el libro se puede ver que durante un largo período de tiempo fueron precisamente los judíos quienes dieron las gracias a ese pontífice por lo que había hecho durante la segunda guerra mundial».

Desde los años sesenta, sin embargo, se ha puesto en discusión su figura con la obra teatral «El Vicario», en un primer momento, y, recientemente, con la publicación del libro del periodista británico John Cornwell, «El Papa de Hitler».

Y sin embargo, «ese Papa y la Iglesia que tanto dependía de él, hicieron muchísimo por los judíos --añade el director de la editorial «RCS»--. Se calcula que algo menos de un millón, entre 700 y 800 mil judíos, fueron salvados por la Iglesia y por ese pontífice. Es un dato --de fuente judía, pues el cálculo lo hizo Pinchas Lapide-- que quizá debería preceder toda discusión sobre Pío XII. Seis millones de judíos asesinados por los nazis y casi un millón de judíos gracias a la estructura de la Iglesia y de este pontífice. Cuando se recuerda a las personas que hicieron algo para salvar físicamente a los judíos, muy pocos pueden enorgullecerse de lo que hizo la Iglesia de Pío XII».

«Se recrimina a Pío XII por no haber alzado un grito ante las deportaciones del ghetto de Roma --continuó diciendo Mieli en la presentación del libro--, pero otros historiadores han observado que nadie vio a los antifascistas corriendo hacia la estación para tratar de detener el tren de los deportados. Y, sin embargo, muchos estudios, realizados en la posguerra, demuestran que era posible hacer algo, y que es totalmente infundada la teoría, según la cual, la Resistencia no podía hacer nada por los judíos».

«Se amordaza, sin embargo, en la campaña contra Pío XII, la ayuda que ofreció la Iglesia a los judíos, una ayuda que fue incluso logística --explica el director editorial--. Quizá se olvida que toda la comunidad antifascista gozó de aquella ayuda, como puede leerse en el libro de Enzo Forcella "La Resistencia en convento" ("La Resistenza in convento")».

«Quiero decirlo con la máxima claridad --confesó Mieli--: poner las responsabilidades sobre las espaldas de Pío XII es una auténtica sinvergüencería. Pío XII no puede ser la persona a quien se le echa la culpa de algo que corresponde de manera compleja a toda la comunidad. Obviamente hablo de la comunidad que produjo el fenómeno horrendo del exterminio de los judíos, pero también de aquellos que asistieron sin reaccionar de manera adecuada. Los historiadores israelíes, por ejemplo, se preguntan por qué los judíos de Palestina fueron, por así decir, "sordos" ante lo que estaba sucediendo en Europa. ¿Por qué se dieron casos de colaboracionismo en los campos de concentración, que objetivamente facilitaron el exterminio?».

Ante la pregunta implícita sobre las razones por las que Pío XII se ha convertido en el blanco de tantos ataques, Mieli respondió: «Uno de los motivos por los que este importante Papa fue crucificado se debe al hecho de que tomó parte contra el universo comunista de manera dura, fuerte y decidida. De una manera tal que hubo que esperar treinta años, con Juan Pablo II, para que ese estilo pudiera ser retomado adecuadamente, de una manera que fue fatal para el comunismo».

Al concluir, el ex director del «Corriere della Sera» dijo: «No quiero proponer y no tengo los requisitos para proponer la beatificación de este pontífice. Sin embargo, considero que es muy poco valiente ponerle sobre las espaldas responsabilidades que no tiene. Se le ha tratado casi como si hubiera estado junto a Hitler, junto a los nazis, como si fuera el único ser en el mundo que tuvo responsabilidades en el Holocausto. Creo y lo repito que esto es algo monstruoso, aberrante, algo que tendría que acabar».

En apoyo de las tesis de Mieli, intervino también en la presentación del libro el politólogo y ex embajador italiano Sergio Romano, que no es precisamente de cultura católica, quien explicó una curiosa paradoja: en un primer momento Pío XII fue «alabado y reconocido, sobre todo por las comunidades judías, por el valor y la generosidad con que defendió y salvó a un numero elevado de judíos de las persecuciones nazis»; después, «de manera imprevista, este juicio se trastocó completamente».

Para algunos autores, después de su muerte, «Pío XII pasó de ser el bienhechor de los judíos al cómplice de Hitler a un cínico e indiferente espectador del genocidio judío».

«Existe una íntima relación --concluyó el embajador Romano-- entre el juicio sobre Pío XII y la versión histórica que se ha ido afirmando progresivamente en los últimos cuarenta años: una versión en la que el nazismo se convierte en el único mal del siglo. En la divulgación de esta versión colaboró la propaganda soviética, la opinión de la izquierda en las sociedades occidentales y la parte que el genocidio judío tuvo en la legitimación nacional del Estado de Israel durante las fases más controvertidas de su historia. Hoy, tras el final de la guerra fría, la caída del comunismo, y la apertura de los archivos soviéticos, es posible escribir la historia de una manera más objetiva y neutral, enmarcando a los protagonistas en el clima en el que tuvieron que actuar y decidir».