Palabras del Santo Padre al final de la misa de la Epifanía, antes del canto del "Te Deum"
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Con el canto solemne del Te Deum elevaremos dentro de poco nuestra acción de gracias a Dios por el don inestimable que el Año santo ha constituido para la Iglesia y para la humanidad.
Se unen a nosotros en la acción de gracias las diócesis del mundo entero,
que han vivido con intensidad este jubileo en comunión constante con la Iglesia
de Roma. Y no podemos olvidar la cordial participación de cristianos de otras
Iglesias y comunidades eclesiales, así como la adhesión de seguidores de otras
religiones a la alegría de los cristianos por este extraordinario
acontecimiento.
2. En este momento siento la necesidad
de expresar mi profunda gratitud a las instituciones y a los responsables del
Gobierno italiano, de la región del Lacio, de la Provincia y del Ayuntamiento
de Roma, por el esfuerzo realizado para el éxito del jubileo.
Doy las gracias al Comité central para
el gran jubileo y a los que han colaborado en sus diversas comisiones
y articulaciones. Doy las gracias a los que han preparado las sagradas
liturgias y los tiempos de oración; y a los que han prestado a los peregrinos
el valioso servicio de la escucha y de las confesiones.
Expreso mi agradecimiento a las Fuerzas del orden, a los encargados del servicio de acogida e información, y a los profesionales de la salud; a la Agencia romana para el jubileo y a los cerca de setenta mil voluntarios, de todas las edades y procedencias, que se han relevado sin interrupción a lo largo de todo el Año jubilar; a las familias que han acogido en su casa a peregrinos, especialmente a los jóvenes. Son realmente muchos los que han dado su aportación: a todos, sin excepción, se dirige mi cordial y profunda gratitud.
Además, no puedo por menos de agradecer a los que han contribuido
espiritualmente al éxito del jubileo: pienso en las monjas y en los
monjes de clausura, así como en las numerosas personas, especialmente en
los ancianos y los enfermos, que incesantemente han orado y
ofrecido sus sufrimientos por el jubileo. De modo particular, quisiera dar las
gracias a los enfermos que cada mes se han dado cita en la basílica de Santa
María la Mayor, y a todos los que se han unido desde todas
partes de Italia.
A todos expreso de corazón mi gratitud.
Después del canto del Te Deum el Santo Padre Juan Pablo II dirigió
saludos particulares en francés, inglés, alemán, español, portugués y
polaco. He aquí lo que dijo en castellano:
Saludo con afecto a los peregrinos de
lengua española. Que el encuentro especial con Cristo que ha supuesto este gran
jubileo y las gracias obtenidas a lo largo del mismo inspiren toda vuestra vida
en los años venideros, haciendo de cada uno un testigo del amor y de la
misericordia de Dios.