Estamos comprometidos en la nueva evangelización
Palabras de saludo del p. Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo
Beatísimo Padre:
Un numeroso grupo de Legionarios de Cristo y de miembros del Movimiento de apostolado «Regnum Christi»; provenientes de más de 40 países, nos reunimos hoy en torno a Vuestra Santidad para agradecer la ayuda y la presencia providente de Dios durante estos 60 años de nuestra historia en la Iglesia. Agradecemos también de corazón a Vuestra Santidad el que haya querido recibirnos hoy en este encuentro tan significativo para nosotros, en el que también participan los 37 Legionarios de Cristo que han recibido la ordenación sacerdotal hace dos días en la ciudad de Roma, acompañados por sus familiares y amigos.
Desde que por vez primera tuve la gracia de encontrar personalmente al Papa Pío XII en el mes de junio de 1946, no hemos dejado nunca de sentir la paterna solicitud de quienes han precedido a Vuestra Santidad en la Cátedra de San Pedro. El continuo apoyo que ellos nos han ofrecido en todo momento a lo largo de nuestra breve historia ha sido para nosotros un signo inequivocable de la presencia de Dios entre nosotros, y un faro de luz, de verdad y de esperanza, que nos ha permitido caminar siempre al paso de la Iglesia.
Pero, muy especialmente, a partir del momento en que la Providencia divina llamó a Vuestra Santidad a ejercer el ministerio de supremo Pastor de la Iglesia universal, tal solicitud se ha hecho más evidente y manifiesta, encontrando en Vuestra Santidad un verdadero y solícito Padre, cuyo amor ha velado continuamente por nosotros en todas las vicisitudes alternas de nuestra historia, y un Pastor incansable que nos ha conducido, con mano firme y segura, por los caminos del Evangelio.
El incremento numérico de los miembros de nuestra Congregación y de los miembros del «Regnum Christi», así como de las obras de apostolado en estos 22 años de su pontificado, se ha debido en no poca medida a ese aliento y apoyo constantes que todos nosotros hemos encontrado siempre en Vuestra Santidad, y que nos han estimulado a seguir ofreciendo nuestras vidas con alegría por la instauración del reino de Cristo en el mundo.
Por ello, hemos procurado, como cuerpo joven dentro de la Iglesia, acompañarlo en su entrega sin límites a la Iglesia de Jesucristo, compartiendo sus esperanzas y alegrías, y uniéndonos a los sufrimientos, físicos y morales, que la grave responsabilidad de Pastor universal de la Iglesia ha supuesto en su propia persona. Nos ha guiado siempre la convicción, basada en la fe, de que vivir en comunión con el Vicario de Cristo en la tierra es vivir la comunión con Cristo mismo, ya que él quiso edificar su Iglesia sobre la roca de Pedro.
Dios ha permitido que este aniversario nuestro se desarrolle dentro del gran jubileo del año 2000 de la era cristiana. La sabiduría divina ha querido que Vuestra Santidad guiara a la Iglesia y la introdujera en el tercer milenio, invitando a todos nuestros hermanos, los hombres, a abrir la puerta de su corazón a la gracia de Cristo.
Los Legionarios de Cristo y los miembros del Movimiento «Regnum Christi» queremos asegurarle una vez más que le amamos entrañablemente en Jesucristo, y que puede contar siempre con nuestra adhesión filial como súbditos e hijos suyos. Nos queremos hoy comprometer de modo solemne en su presencia a renovar nuestro común empeño en favor de la nueva evangelización, que Vuestra Santidad, con tanto celo ha promovido en la Iglesia. Le aseguramos que pondremos al servicio de la misma todo el dinamismo contenido en nuestro carisma apostólico, y que, en la mayor fidelidad a la doctrina del Magisterio, queremos predicar el Evangelio de Cristo con nuevo ardor y nuevos métodos pastorales que respondan adecuadamente a los desafíos del tercer milenio.
Antes de pedirle filialmente su bendición para todos los miembros de nuestra Congregación y del Movimiento «Regnum Christi», para los neosacerdotes, para nuestros bienhechores y amigos, para todos aquellos que hoy nos acompañan con su presencia o su oración, le ofrecemos nuestra ferviente plegaria a la Santísima Virgen María para que ella, que ha protegido con signos evidentes de solicitud materna todo vuestro pontificado, siga velando con mano amorosa su infatigable y fecundísima labor como Vicario de Cristo, Sucesor de San Pedro y Pastor de la Iglesia universal.