GUADALUPE
SUMARIO:
I. Contexto histórico
II.
Historia de las apariciones:
1. Primera aparición;
2. Segunda aparición;
3. Tercera aparición;
4. Cuarta (y quinta) aparición -
III. Significado de Guadalupe
1.
Desde el punto de vista cultural
2. Desde el punto de vista de la evangelización
3. Desde el punto de vista de la historia
4. Desde el punto de vista del culto.
I. Contexto histórico
En la ciudad de México, una de las plazas lleva el nombre de Plaza de las tres culturas.
Tres monumentos recuerdan tres períodos históricos: la civilización azteca (desde 1325); la época colonial, que inicia con la llegada y conquista de Hernán Cortés (1519-1521); los tiempos modernos, que comienzan con la proclamación de la independencia de España (1810-1821). Una lápida de mármol conmemora el fatídico evento: "El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtémoc, cae Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota; fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy". En la historia de México la conquista y la colonia señalaron el choque, la confrontación de dos culturas, de dos pueblos profundamente diferentes entre sí. Para apreciar el hondo significado de Guadalupe es importante conocer el contexto histórico del tiempo de las apariciones. En el año 1325 los aztecas fundan la capital, Tenochtitlán, en una isla del lago de Texcoco. La leyenda narra que habían visto un águila devorar una serpiente, aún hoy emblema nacional. En tiempo de la conquista española, la capital Tenochtitlán contaba cera de 350.000 habitantes y ostentaba anchas calles, bellísimos palacios, enormes pirámides, maravillosos templos (leocalli), una vigorosa estructura religiosa, social, económica y política. El escritor español Bernal Díaz del Castillo describe entusiasmado, como si fuera un sueño, la primera visión de la ciudad azteca, admirando su esplendor y grandeza.
El imperio azteca se extendía desde el golfo de México hasta las costas del Pacífico y contaba con alrededor de nueve millones de habitantes. El país estaba gobernado por un régimen monárquico electivo. El emperador era asistido por 30 nobles (lecuhtli). Los caballeros del Águila y del Tigre, nobles también, estaban encargados, respectivamente, de las fuerzas militares y administrativas.
El cacique, responsable de 90 familias, era al mismo tiempo agente de policía, recaudador de impuestos y encargado del estado civil. Había cuatro clases sociales: tecuhtli, los nobles, que formaban la clase dirigente; macehuales, los que pertenecían a la clase media con derecho a voto; tlamaitl era la clase trabajadora, que formaba la mayor parte del ejército; tlacotle, los esclavos. A esta clase pertenecían tanto los ciudadanos sentenciados por crímenes como los prisioneros de guerra: entre estos últimos se elegían las víctimas para los sacrificios humanos ofrecidos a los dioses.
La moralidad era defendida con rigor: los ladrones eran castigados con la esclavitud, los adúlteros con la lapidación, pena de muerte para los asesinos, para los jóvenes borrachos, para el fraude sobre normas o documentos. La seguridad y la plena confianza en la libertad personal permitían no usar cerraduras en las puertas. En las clases sociales había intercomunión. El sisttema judicial, basado en un juez supremo, funcionaba diariamente y era inapelable. No existían abogados,; a los jueces que aceptaban sobornos (dádivas) se les aplicaba la pena de muerte. La educación popular (telpochcalli), con sistema propio de escritura (ideográfica), era obligatoria para los varones, facultativa para las mujeres. Los hijos de los nobles frecuentaban los cursos de instrucción superior, la escuela especializada (calmécac). En los hospitales se curaba a los enfermos mediante el uso de plantas medicinales. Largos acueductos conducían el agua potable hacia la ciudad.
Los aztecas además. poseían excelentes conocimientos astronómicos y su calendario es una demostración de ello: establecido con ciclos de cincuenta y dos años, (estaba dividido en dieciocho meses, de veinte días cada uno (cuatro semaanas de cinco días), que formaban un total de trescientos sesenta días; los cinco días restantes eran considerados nefastos (nemonteni). La llegada de los españoles en 1519 caía preecisamente al final del ciclo I-C Acatl-I Cana, o sea, el quinto sol, en el 4 cual coincidía el tiempo y la esperanza del retorno del dios Quetzalcoatl.
La agricultura estaba muy desarrollada: maíz, cereales, cacao, plátanos, azúcar, etc. El maguey, de la familia de los cactus, suministraba el pulque, néctar sagrado, bebida popular aún muy acostumbrada en México; con las fibras extraídas de las hojas se podían tejer esteras o bien ponchos, tilmas o ayates (y tal será la manta en la cual la Virgen dejará su imagen). La operación de cambio se hacía por medio de monedas de plata y oro.
La cultura estaba dirigida hacia la filosofía, hacia la religión, hacia la literatura; además se tenía afición a expresar el sentimiento religioso con la danza, la música, el teatro y las flores.
Los aztecas eran politeístas y su panteón comprendía 13 deidades principales y 200 menores; entre las principales se contaban: Huitzilopopchtli, dios de la guerra, y Quetzalcóatl, representado como una serpiente emplumada, transfiguración mítica del cometa que aparecía cada cincuenta y dos años.
En 1503 Moctezuma II sube al trono del imperio azteca. La riqueza, el poder militar y económico fueron las consecuencias de las conquistas realizadas desde los tiempos del rey Itzcóatl (1428-1440 d.C.), que junto al famoso rey de Texcoco, el sabio poeta Netzahualcoyotl, había vencido a los antiguos dominadores de Atzcapotzalco y había estrechado la triple alianza de Tenochtitlán-Tlateloico, Texcoco y Tacuba, sometiendo las tribus más débiles y obligándolas a pagar humillantes y onerosos tributos: en un principio sometió a las más cercanas (Coyoácan, Cuitlahuac, Xochimilco, Chalco, etc.); después la conquista se extendió hasta los feudos más lejanos: Oaxaca, Chiapas y Guatemala. Fue perdonado el cercano señorío de Tlaxcala porque según el pensamiento de Tlacaélel (± 1481), consejero real, servía para las guerras sagradas -guerras floridas-, organizadas para obtener víctimas que inmolar en sacrificio al dios sol.
Se inicia así una visión nueva de la historia: de los textos indígenas se transparenta un espíritu místico-guerrero del pueblo del sol, o sea, de Huitzilopochtli, astro y fuente de vida, que tiene la misión de someter a todas las naciones de la tierra, dios sol y dios de la guerra, al cual eran ofrecidos en holocausto la sangre y el corazón de los prisioneros. A los mitos anteriores agregamos a Tlaloc, el dios de la lluvia, y a Tonantzin, la diosa madre-tierra que tenía su santuario en la colina del Tepeyac, a la orilla septentrional del lago, donde hoy se yergue imponente, grandiosa, la insigne basílica de Guadalupe.
El 18 de febrero de 1519 Hernán Cortés (1485-1547) parte de la isla de Cuba con 10 naves, 100 marinos, 508 soldados, 16 caballos, 32 ballestas, 10 cañones de bronce y otras piezas de corto calibre. El 22 de abril de 1519, fecha fatídica del retorno de Quetzalcoatl, comienza el doloroso calvario del pueblo mexicano con el desembarco de los españoles en "la Villa Rica de la Vera Cruz". El primer choque con los indígenas se desarrolló en Tabasco, en la desembocadura del río Grijalva. Hecha la paz, con el botín de guerra a los españoles, considerados como dioses, fueron ofrecidas en homenaje 20 esclavas, una de las cuales fue la famosa Malintzin (Malinche), que por su dominio del idioma maya y náhuatl se convirtió en la primera intérprete. Con la presencia de Jerónimo de Aguilar (náufrago español recogido en la isla de Cozumel), que hablaba la lengua maya y la Malrntzin, Hernán Cortés contaba con un sistema perfecto para hacerse entender por los aztecas. Teutle, gobernador de Veracruz, después del encuentro con Hernán Cortés, informa al emperador azteca del desembarco, llevando en obsequio un yelmo adornado de penacho multicolor. Parece que Moctezuma lo haya aceptado como una embajada, un presagio del retorno de Quetzalcoatl (serpiente emplumada), e intercambiado, por lo tanto, con preciosos dones. Quemadas las naves y dejado un destacamento en la costa, el 16 de agosto Hernán Cortés inicia el aventurado viaje hacia Tlaxcala y MéxicoTenochtitlán, con pocos centenares de soldados y numerosos cargadores indígenas.
Los tlaxcaltecas estrechan una alianza con el ejército español, superior en armas, acariciando la viva esperanza de derrotar a los invencibles enemigos aztecas. El 8 de noviembre de 1519, atravesando los volcanes Iztaccihuatl y Popocatepetl, siguiendo el valle por la calzada de Iztapalapa, la expedición española entra en la capital de Tenochtitlán. Moctezuma se declara su vasallo, acogiéndolos con magníficos y copiosos regalos en oro y plata; además, les brinda conmovedores festejos religiosos. Sin embargo, y de improviso, fue hecho prisionero. Al poco tiempo, Hernán Cortés tuvo que alejarse para hacer frente a otra expedición de 1.500 soldados enviada por Diego Velázquez, gobernador de Cuba, y guiada por Pánfilo de Nárvaez, al cual en Cempoala, con increíble audacia y traición, derrotó con sólo 250 hombres.
Entretanto, los aztecas depusieron a Moctezuma y lo lapidaron, asestándole un golpe de gracia con una flecha. Al mando le sucedieron, primero, Cuitlahuac, el cual muy pronto murió afectado por una epidemia junto a millares de indígenas; después, el último emperador azteca (tlatoani), Cuauhtémoc. Por imprudencia de los lugartenientes, sobre todo de Pedro de Alvarado, notable y desastrosa fue la derrota, recordada como de "la noche triste", donde perecieron -según Bernal Díaz- 870 españoles y no 150, como pretende encubrir el capitán y conquistador extremeño.
Hernán Cortés, quedando con pocos soldados y extenuado de fuerzas, buscó ayuda entre sus aliados tlaxcaltecas, quienes acudieron alegres en número de 80.000, reforzando así las tropas españolas. Era el 30 de mayo de 1521. Después de ochenta días de asedio, con fecha "¡-Serpiente, del año 3-Casa", que corresponde al 13 de agosto de 1521, hecho prisionero Cuauhtémoc, fue conquistada la capital. Para los aztecas fue una verdadera derrota tanto en el plano militar y político como en el religioso y cultural, con inaudita atrocidad, ya que además de los habitantes fueron destruidos sus templos y sus divinidades.
Los hechos históricos fueron narrados bajo diferente punto de vista por vencedores y vencidos. La visión de los vencidos es la otra cara de la medalla que habrá de tomarse en cuenta para entender la realidad del México antiguo, cuyo testimonio es índice de un pueblo que ha tenido conciencia de su historia y del valor de las propias creaciones culturales.
En este contexto histórico, diez años después de la conquista, aparece la Virgen de Guadalupe.