Ser corporal

La persona humana es corporal. El cuerpo no es un añadido, ni una máquina que actúa conjuntamente, o un freno para el desarrollo del espíritu como han dicho con diversos matices los dualismos. Platón lo llama cárcel del alma y ésta conoce como encerrada en una caverna. Descartes lo separa tanto del alma que no hay manera de coordinarlo salvo, con una acción extraordinaria de Dios. La consecuencia del dualismo cartesiano será aparentemente contradictoria, pues del la res cogitans surgen los idealismos y racionalismos, y la res extensa los materialismos; unos prescinden del cuerpo, o no lo tienen  mucho en cuenta;  y los otros del espíritu intentando vanamente explicarlo todo con la materia. En uno y en otro la unidad de la persona se pierde.

La Biblia es más unitaria pues utiliza el término basar para expresar cuerpo, pero su matiz de traducción es cuerpo espiritual como lo llama San Pablo, a veces este término sirve para mostrar toda la persona, aunque son más frecuentes los de nefesh y ruah que expresan la realidad espiritual del hombre. En realidad lo más frecuente ha sido una unidad dual, o dualidad unitaria, que un dualismo y mucho menos un monismo ( todo y sólo es cuerpo o espíritu excluyéndose uno a otro)[1].

El acto de ser contituyente de la persona irradia una vida que hace ser a la forma como tal con todas sus propiedades. El alma es principio de vida del cuerpo, que pasa a ser un cuerpo espiritual. Yo soy mi cuerpo, puede decir un ser humano, aunque no se pueda añadir que sólo soy mi cuerpo. Mi cuerpo es instrumento del alma y es digno como lo es la persona, por eso verlo sólo como un instrumento externo,  que en el fondo no mío es un error. “Son cosas del cuerpo” como si no se fuese responsable de lo que hace el cuerpo puede ser cierto cuando hay inconsciencia, enfermedad, o involuntariedad clara. Pero habitualmente lo que hace mi cuerpo es mío, es parte de mí. A través de él accedo a la realidad del mundo material y también de gran parte del espiritual. Es mío, realmente mío, se puede decir: “yo soy mi dedo”, aunque no sólo sea eso, pero el dedo no es un aparato ortopédico añadido. Tanto en la filosofía como en la espiritualidad se ha oscilado entre dos extremos: ¿el cuerpo es amigo o enemigo?

Para salir de esta dinámica se debe acudir al hombre histórico, al hombre real. En el origen es patente la alegría de Adán al ver a la mujer y clamar “esto sí es carne de mi carne y hueso de mis huesos”[2] expresando la alegría al ver el cuerpo de Eva. La Biblia no pone ninguna palabra en boca de la mujer, sólo mostrarse, diciendo quizá con este silencio que su papel en la relación personal en cuanto al cuerpo es más atraer que buscar. Después del pecado original, es decir la situación histórica, sí habla de buscarle. Es decir, el cuerpo de  hombre y mujer son amigos del alma. Pero en la situación histórica se da una dificultad de dominarlo, las relaciones sexuales pueden ser de uso de uno y otro como un objeto.  En ocasiones, el cuerpo domina al hombre contra su querer, por ejemplo miedo que paraliza, enfermedades, obsesiones, vicios, cansancio, dolor en el parto en la mujer etc.

El cuerpo mínimo.

Los antiguos hablaban habitualmente del cuerpo humano desarrollado, pero no tenían acceso al cuerpo mínimo. Aunque ya los primeros cristianos decían que se distinguían de los paganos en que no abortaban ni realizaban infanticidios, en la actualidad las técnicas médicas y el cientifismo como regla de todo saber han replanteado la cuestión con gran virulencia pues el número de abortos que se producen es enorme en casi todo el mundo. Desde el punto de vista intelectual el trayecto se puede considerar así: primero para Descartes el cuerpo es una máquina separada del alma y se unen accidentalmente; después los materialistas niegan el alma y tiene que explicar todo con el cuerpo, aunque sea imposible lo intentan con mil oscuridades; el sentido del animal no espiritual a que reducen al ser humano es su conciencia que emerge de la conciencia; por último como el cuerpo mínimo molesta para una vida sexual sin moral humana, pues se suprime y ya está. Veamos alguno de los datos de científicos humanistas entre los miles que existen.

Angelo Serra genetista y director durante algunos años del Departamento de Genética de la clínica Gemelli de Roma dice: “La ciencia puede establecer –como cualquier otro ser- el momento concreto en el que un determinado ser humano comienza su propio ciclo vital” Serra explica la complejidad de la concepción en la que destaca tres características principales: coordinación, continuidad y gradualidad. Coordinación puesto que “el desarrollo embrional desde el momento de la fusión de los gametos hasta la formación del disco embrional, hacia el 14º día de la fecundación, es un proceso en el que se da un coordinado subseguirse e intregrarse de actividades celulares bajo el control del nuevo genoma, modulado por una ininterrumpida cascada de señales que se transmiten de célula a célula y del ambiente extracelular y extraembrional a cada una de las células. Esta característica implica y exige una rigurosa unidad en desarrollo. El embrión humano, incluso en sus más precoces estadios, no es y no puede ser una mera agregación de células ontológicamente distintas, como alguien quisiera sostener. Es, por tanto   un individuo en el que cada una de las células que se van multiplicando están integradas estrechamente en el proceso.

La multiplicación celular y la aparición de los diversos tejidos y órganos aparecen a nuestros ojos como discontinuos. Sin embargo, cada uno de ellos no es sino la expresión de una sucesión de una sucesión de acontecimientos encadenados el uno al otro sin interrupción; si hay interrupción se da patología o muerte. Esta continuidad implica y establece la unicidad del nuevo ser en su desarrollo. Es evidente que al forma definitiva se alcanza gradualmente”[3]. La única conclusión lógica, afirma Serra es:”con la fusión de los dos gametos humanos, un nuevo ser comienza la existencia o ciclo vital, en el que realizará autónomamente todas las potencialidades de que está intrínsecamente dotado(...) El embrión, pues, desde la fusión de los gametos, ya no es un potencial ser humano, sino que es un real ser humano”.

Los errores dualistas al intentar destacar la excelencia del espíritu humano han puesto en bandeja a los materialistas la justificación de las conductas abortistas ahora, y fueron sustento de las crueldades médicas racistas y eugenésicas nazis.  Esperemos que los técnicos manipuladores del cuerpo ni incurran en el mismo error antropológico y destruyan seres humanos, o creen monstruos, o atenten contra derechos elementales en la persona, sea nacida o no nacida.

Cuerpos desarrollados en relación al alma

Mouroux describe maravillosamente esta relación de muchos modos con una tendencia claramente positiva, por ejemplo cuando dice: “El cuerpo es para el alma un medio de acción. No actúa sino mediante él, como claramente se echa de ver en las acciones exteriores. Para vivir es necesario comer y beber, reaccionar ante los estímulos del ambiente. Para plasmar una civilización no basta concebirla; hay que edificarla con esfuerzos corporales. Todos conocemos la maravillosa capacidad de adaptación que posee el cuerpo para este género de trabajos, cuyo símbolo es la plasticidad de la mano: mano callosa del albañil, dura como la piedra que toca; mano del artista ágil y precisa para llegar a ser matemática e inspirada; mano del cirujano, sensible, inteligente y certera como el escalpelo. Desde este punto de vista, el hombre es un instrumento animado, un espíritu que posee y anima intrínsecamente su propio instrumento, expresándose realmente mediante su misma actividad. Como decían los antiguos, el hombre es inteligencia y mano: « ratio et manus[4]».

 

El cuerpo es necesario aun para los actos más espirituales. Está hecho para el espíritu. Llegamos aquí a la raíz de la unidad de cuerpo y alma. La ciencia moderna no duda en admitir esta afirmación de Santo Tomás: «El alma está unida al cuerpo por el acto de la inteligencia, que es un acto propio y principal; por eso es preciso que el cuerpo, unido al alma racional, esté dispuesto del mejor modo posible para servir al alma en lo que es necesario al pensamiento». El cuerpo es instrumento del alma. “Mens sana in corpore sano”, “quando il corpo é sano il anima balla” se dice en sentido clásico y también popular. Se podrían encontrar muchos otros dichos sabios de todos los tiempos y culturas. Es cierto que muchos sabios han tenido un cuerpo enfermizo que quizá les ha permitido una experiencia del dolor que les ha despertado el espíritu. Pero lo normal es que la mente necesite un cuerpo sano. Sin vista no se ve el arco iris, ni se pueden apreciar los colores ni la pintura, salvo Betthoven la música necesita oído fino, la sensibilidad del tacto, del olfato, del gusto, de la imaginación, de la memoria sensitiva abren posibilidades a entender y actuar.

Ya vimos en el capítulo del hombre como ser pensante la importancia y la insuficiencia del cerebro. “No hay pensamiento actual sin el concurso de todo el cuerpo, utilizado conforme a su extraordinaria complejidad”[5]. Aunque se ha dado en los últimos años un estudio mucho mayor del cerebro, es valido lo que dice Mouroux en 1960 sobre su relación con el pensar y el querer o la afectividad: “Podemos localizar las estructuras que sirven para las funciones psíquicas, «los elementos morfológicos donde se desarrolla y se desenvuelve el proceso funcional. La delicadeza de estas estructuras es tal, que una lesión, por pequeña que sea, acarrea perturbaciones muy características. Supuesta como zona del lenguaje la región próxima a la hendidura de Sylvius, una lesión anterior impedirá comprender las palabras y una lesión posterior, la escritura. Según esto, se comprende el grado de precisión y delicadeza inauditas con que el cuerpo puede trabajar en beneficio del espíritu. Sin embargo, es imposible localizar puntualmente una función psicológica, puesto que para su producción se requiere el concurso de todo el cerebro, y, a su vez, el cerebro es el lugar en donde convergen, repercuten y actúan todos los factores orgánicos, de tal modo que todo el cuerpo es necesario al pensamiento”[6].

El cuerpo como medio de expresión.

El lenguaje es el máximo medio de expresión y comunicación. “Cuando miro a un hombre a los ojos, su mirada me responde. Me deja penetrar en su interior, o bien me rechaza. Es señor de su alma, y puede abrir y cerrar sus puertas. Puede salir de sí mismo y entrar en las cosas. Cuando dos hombres se miran, están frente afrente un yo y otro yo. Puede tratarse de un encuentro a la puerta o de un encuentro en el interior. Si se trata de un encuentro en el interior, el otro yo es un tú. La mirada del hombre habla. Un yo dueño de sí mismo y despierto me mira desde esos ojos. Solemos decir también: una persona libre y espiritual. Ser persona quiere decir ser libre y espiritual. Que el hombre es persona: esto es lo que lo distingue de todos los seres de la naturaleza”[7] Las ideas son iguales para todos los seres humanos, no así las lenguas en número casi infinito. El lenguaje necesita en primer lugar sonidos a los que se les da un contenido. Luego vendrán los gestos más o menos simbólicos como las: danzas. Después de las ideas está la manifestación de los sentimientos y aquí el cuerpo tiene  un papel más significativo dentro de la ambigüedad de los sentimientos, pues pueden coexistir los contrarios o varios al tiempo. Es claro en la alegría por el gesto del rostro, la actividad, las expresiones vocales, etc; lo mismo para la tristeza (laxitud, rostro ensombrecido, cansancio). Más aún en la ira que puede llegar a una exaltación enorme, o en el miedo que puede llegar a la parálisis, emblanquecimiento o pérdida del cabello, sudor frío, o de sangre, incapacidad para un juicio o una decisión libre. El amor tiene muchas formas de manifestarse en los esposos, con los hijos, los abuelos, los amigos, los compañeros, los compatriotas etc. Lo mismo el odio que se une a la ira exaltada y el terror. El amor y el odio mezclados llevan a actitudes un tanto sorprendentes también en el cuerpo. Relajación y máxima tensión se suceden o se entremezclan.

Caben falseamientos en este lenguaje del cuerpo con maquillajes, ficciones, engaños, técnicas, de falsa naturalidad; que en realidad son mentiras gestuales ambiguas. Sin embargo, no es fácil engañar con el gesto, no sólo en el caso del niño que no sabe mentir o en el del hombre recto que si lo hace se advierte una conmoción.

La belleza es manifestada muchas veces en el cuerpo y aquí caben desde las sensibilidades apolíneas a las romanas o las simbólicas primitivas, o a las desarraigadas de las tribus urbanas o a las burguesas, con tabús o sin ellos, así como las provocadas por modas artificiales[8].

El cuerpo como medio de comunicación

La comunión de personas es el grado más alto del amor personal. Se puede dar en el ámbito meramente corporal, en el afectivo o en el de intimidad que es casi como un cielo en la tierra cuando las personas que se quieren llegan a ese nivel. El cuerpo de más a menos siempre tendrá algo que ver en esa comunión: “Nos referimos ahora a la suprema dignidad del cuerpo: la unión y la comunicación de las personas. Esta función no surge de la nada, puesto que el cuerpo desempeña ya la misión de unimos con el universo. ‘Este cuerpo es un instrumento admirable, que, sin duda, no usamos en toda su plenitud. Con frecuencia lo empleamos tan solo para el placer, el dolor y los actos indispensables para la vida. Unas veces nos confundimos con él. Otras olvidamos su existencia. Ora como brutos, ora como puros espíritus, ignoramos los lazos universales con que estamos unidos, la maravillosa sustancia de que están fabricados. No obstante, por el cuerpo participamos de lo que vemos y tocamos. Somos piedras, árboles. Intercambiamos contactos e inspiraciones con la materia que nos rodea. Tocamos y somos tocados. Transportamos virtudes y vicios. Sumergidos en la fantasía o el ensueño, adoptamos la naturaleza de las aguas, la arena, nubes ... ‘[9]»[10].

Hay situaciones en que la expresión corporal es mucho más fuerte que el lenguaje hablado, tanto si no se pueden emitir palabras por imposibilidad, como por emoción: “Volviendo a las palabras y a los gestos, diremos que llegan a ser instrumentos de comunicación en la medida en que son capaces, por encima de su sentido directo y definido, de revelar algo de nuestro misterio. Cuando dos seres que se aman se encuentran después de largo tiempo, se dirigen a menudo las palabras más simples y vulgares, pero sus almas se compenetran y se estrechan mediante esta misma pobreza de palabra. Cuando dos seres sufren juntamente, con frecuencia se realiza la participación más profunda en el mismo dolor, a través de una minada o del silencio, de una palabra que se anuda en la garganta, de una lágrima que se asoma al borde del párpado.

Por otra parte, hay algunas experiencias cruciales ‑al comienzo y al final de la vida‑ que aclaran más la función desempeñada por el cuerpo. La primera sonrisa que el niño dirige a su madre, por ejemplo. En este caso, no solamente se franquea la prisión corporal, sino que el cuerpo mismo es el medio de relación gracias al cual la madre y el hijo comparten la misma alegría. La última mirada del moribundo ofrece una experiencia análoga. El cuerpo va convirtiéndose paulatinamente en una prisión en la que el alma se encuentra recluida antes de evadirse. Sin embargo, esta última minada es el supremo ímpetu en que se insertan el llamamiento y el deseo, el sufrimiento y el amor. Tenemos, finalmente, el caso de los que se encuentran privados de la voz, del oído y de la vista al mismo tiempo. Almas aherrojadas y condenadas, cuerpos inútiles, sin ventanas. ¿Cómo lograr que en ellos nazca un signo? Sin ojos, sin oídos, sin lengua, solo les queda la mano, la bendita mano, y con ella la inmensa docilidad del cuerpo y el deseo infinito del alma”[11].

Se puede hablar de otras situaciones en las que las reacciones del cuerpo cuentan mucho como la fiesta: ¿qué es una fiesta religiosa, civil o familiar celebrada en soledad? ¿Y las reuniones de masa? Pueden ser despersonalizadoras, como se ha visto tantas veces, pero es indudable que tanto si es por motivos de arte, sobre todo música, o por motivos políticos o religiosos, hacen vibrar a todos en una especie de reacciones similares, casi anónimas, sorprendentes. Los grandes espectáculos deportivos tienen ahí su gran atractivo, más que en las gestas deportivas muchas veces falsificadas. En lo político ¿cómo olvidar los mítines de Nuremberg por Hitler? O, con más escepticismo, las de los partidos democráticos en tiempo de elecciones para ganarse voluntades.

Ciertamente “el arte nos permite deducir análogas conclusiones. Este medio de comunicación profunda pone en juego todo el cuerpo. Tanto en el artista que trabaja, necesitado de una cierta delicadeza de órganos, de una habilidad manual o corporal, como en el espectador, oyente o lector, que actúa a su manera, vibrando al unísono. Sin embargo, se requiere una especial educación de cuerpo y alma para penetrar en este mundo encantado. El ejemplo de la música es, quizá, el más significativo. La música es capaz de efectuar la unión de una muchedumbre, ya se trate de un regimiento en desfile, con música al frente, o bien del Credo, cantado a plena voz por millares de peregrinos. Una vibración física enorme se apodera del ser humano, le agrega a la masa y le arrastra con su vértigo. Esto no es la cima del arte, y resulta a veces infinitamente más peligroso, por su formidable potencia. Por otra parte, cuando se ha llegado a penetrar verdaderamente en el reino de la música, la comunión se hace más profunda. Un aria de Mozart, una fuga de Bach, una sinfonía de Beethoven nos introducen en un mundo nuevo y nos hacen penetrar en una intimidad inefable, en que el alma queda liberada y cautiva al mismo tiempo. Se cuenta de Beethoven que, yendo a visitar a una madre que acababa de perder a su hijo, entró sin decir palabra, se sentó al piano y tocó durante unos instantes. Al marcharse, la madre lloraba de ternura y de agradecimiento”[12].En el caso del cine y televisión se puede manipular tanto la realidad de la historia o de la información que la imagen se torna  en medio de mentir o decir la verdad del modo más persuasivo, de tal modo, que los autores son corresponsables de las acciones de los espectadores.

En cualquier caso, cuando el organismo corporal funciona a la perfección, toda la vida espiritual se desarrolla sin esfuerzo ni pérdidas por “rozamiento”. El ser espiritual-anímico y la vida se expresan en el cuerpo, nos hablan a través de él. Pero también aquí lo corporal puede poner obstáculos: malformaciones patológicas, por ejemplo paralizaciones de músculos y nervios, o un crecimiento desmesurado de los tejidos, perjudican a la capacidad de expresarse, mientras que un cuerpo sano, que funcione con normalidad y esté bien ejercitado, «responde» con facilidad. (Con todo, hay que tener en cuenta que la correcta constitución del cuerpo es una condición meramente negativa, cuyo cometido se limita a posibilitar la formalización espiritual. La formalización como tal es realizada de hecho por el alma espiritual: un cuerpo sano, entrenado e incluso bello puede ser bien poco “espiritual”, mientras que uno enfermo, débil y poco ejercitado puede estar muy espiritualizado). El cuerpo no es solamente expresión del espíritu, sino el instrumento del que éste se vale para actuar y crear. El pintor, el músico y la mayor parte de los artesanos dependen de la habilidad de sus manos, al igual que para muchas profesiones se requiere fuerza o movilidad de todo el cuerpo, y para otras un alto grado de desarrollo de este o de aquel sentido. En todos los casos, la salud y un funcionamiento normal del cuerpo son condición del éxito, pero de nuevo es necesario, también en todos los casos, que el espíritu tome en sus manos el instrumento idóneo y fácil de manejar y lo emplee de la manera adecuada. A modo de resumen podemos decir que el cuidado y el ejercitamiento del cuerpo, realizados conforme a un plan y con vistas a unos objetivos determinados, contribuyen a que pueda llegar a ser espiritual. Pero únicamente podrá llegar a serIo en virtud de una formalización espiritual es decir, por un lado en virtud de que en él hay una vida espiritual que impulsa y guía voluntariamente el proceso de formalización, y por otra parte en virtud de que el espíritu utiliza al cuerpo para fines espirituales[13]

Dentro de la actividad corporal es especialmente importante la del cerebro. Es posible distinguir en él una zona intermedia, que podemos llamar psíquica, que sin directamente voluntaria ni intelectual tiene una gran influencia en la voluntad y en la inteligencia. Pero donde tiene más influencia es el mundo afectivo, de tal manera que resulta difícil calibrar los afectos o sentimientos espirituales y los inducidos por el cerebro o el cuerpo. A su vez se da también una influencia de signo inverso de la parte superior espiritual hacia el cuerpo de modo que sentimiento personales y exclusivamente espirituales (por ejemplo amor en la oración, contrición, culpabilidad, vergüenza) influyen mucho en el cuerpo, especialmente en el cerebro que es el primer receptor. Se da así una actividad de signo contrario a tener en cuenta, sobre todo en el terreno médico y en estrictamente espiritual, como ya veremos en el apartado del cerebro. Más adelante ampliaremos esta noción ternaria del hombre.

El rostro

 “El rostro supera a todas las demás partes del cuerpo por la facilidad y multiplicidad de sus movimientos. En él asistimos a un movimiento casi continuo de las partes, que muchas veces no se hacen patentes como tales partes, sino más bien como modificaciones del todo. A éstas se añaden otras modificaciones: cambio radical del color del  rostro, o modificaciones de este mismo y del tamaño o del brillo de los ojos. Si la cabeza ya por su posición desempeña el papel preponderante en el conjunto de la estructura del cuerpo humano, esta multiplicidad de posibilidades de cambio le presta aún más relevancia”[14]. El rostro tiene en el cuerpo un singular efecto comunicativo. El rostro puede crisparse, descomponerse, desencajarse, desdibujarse, lucir, reflejar, transfigurarse. El rostro puede ser adusto, agraciado, altivo, angelical, apesadumbrado, aquilino, cadavérico, cándido, candoroso, celestial, cariacontecido, compungido, congestionado, crispado, demacrado, desafiante, enjuto, escuálido, estático, inexpresivo, expresivo, impertérrito, imperturbable, inmutable, lívido, malicioso, maligno, pesaroso, pigmentado, pletórico, risueño, siniestro[15]. La alegría y la tristeza son evidentes, aunque se intente disimularlas. La actitud reflexiva no se advierte en otras partes del cuerpo, en el rostro, sí. La admiración, la extrañeza, la duda, el pesar, el perdón, la compasión y muchos otros actos interiores se ven sin necesidad de emitir palabras que los expliquen, es más, con frecuencia basta una mirada para decir casi todo lo que se piensa o se quiere decir sin encontrar el modo.” El rostro supera a todas las demás partes del cuerpo por la facilidad y multiplicidad de sus movimientos. En él asistimos a un movimiento casi continuo de las partes, que muchas veces no se hacen patentes como tales partes, sino más bien como modificaciones del todo. A éstas se añaden otras modificaciones: cambio radical del color del  rostro, o modificaciones de este mismo y del tamaño o del brillo de los ojos. Si la cabeza ya por su posición desempeña el papel preponderante en el conjunto de la estructura del cuerpo humano, esta multiplicidad de posibilidades de cambio le presta aún más relevancia”[16].

La riqueza de expresiones revela la expresividad de las emociones, de los sentimientos y de los estados de ánimo que se observan en el rostro. En el rostro se encuentran diversos órganos: ojos, nariz, boca, oído, a los que se puede añadir como expresivos: frente, pómulos, barbilla. Los músculos principales son unos cincuenta, varios alrededor de cada órgano. Las posibilidades de gesto combinando unos y otros son innumerables. Por otra parte existen culturas y temperamentos que tienden a la inexpresividad, este gesto ya es muy expresivo de la interioridad. La mayoría de los humanos suele ser muy expresivo y, aunque algunos gestos son modos de comunicación aprendidos culturalmente, la mayoría son espontáneos conjugando esas miles de posibilidades con resultados que son un verdadero lenguaje.

El rostro del santo y del libertino reflejan dos mundos, y sin grandes esfuerzos de análisis, sino por un sentido natural más profundo que la misma razón, adivinamos la santidad o el vicio en sus rostros. Entre esos dos extremos se sitúa ese rostro enigmático, variable, mediocre, que muchas veces es el nuestro; pues somos unos miserables que no estamos hundidos en el vicio por pura misericordia de Dios, pero que ‑oprimidos por la debilidad humana‑ nos hallamos lejos de la santidad. Todo lo cual confirma el adagio: el semblante es el espejo del alma”[17].

Además de ser el rostro  medio de significación del interior Levinas hace referencia al rostro como superación del ensimismamiento subjetivista e idealista. Al descubrir el rostro del otro se sale de la interioridad y subjetivismo. “Este acontecimiento único, radicalmente nuevo se produce, según Levinas, en una experiencia absoluta, la epifanía del rostro, es decir la aparición del otro como rostro al desnudo.  Encontrar una mirada es encontrar una exigencia que irrumpe en el ghetto de mi suficiencia, que rompe el cerco de la totalidad. La mirada del otro es algo distinto de una cosa y se resiste a ser encerrado en el horizonte objetivo que proyecta mi yo, es como un relámpago inasequible que rasga la bóveda englobante de la totalidad egológica”[18].

“En el cara a cara de la epifanía del rostro, el ser se presenta como exteriorizado, muestra la transcendencia. El rostro es exterior  en el sentido de que no puede ser reabsorbido en el circulo de la interioridad. El prójimo es transcendente. En la irrupción visible de su transcendencia se manifiesta la transcendencia del Completamente-Otro, del Invisible, de Dios. El prójimo, precisa Levinas, es la huella del completamente Otro”[19].

 La miseria del cuerpo.

Después de tantas cosas bellas sobre el cuerpo un lector desapasionado quedará sorprendido, porque debido al cuerpo se debe comer y beber cada pocas horas, es necesario dormir gran parte del día, existen enfermedades, compulsiones y situaciones degradantes que impiden una vida espiritual, el cuerpo se resiste al esfuerzo. No es extraño ante estas evidencias que los dualismos hayan sido constantes en la historia, tanto en la teoría como en la práctica. “que el cuerpo no es un ídolo, ni un fin en sí mismo, ni un dios, sino un mero instrumento. Posee, ciertamente, todas las ventajas de la materia: ser permeable al espíritu y capaz de servirle. Pero también está sujeto a todos sus inconvenientes y miserias: ser limitado, constituir un lastre y una fuerza antagónica del espíritu. Por eso es muy difícil que pueda ser vencido, orientado[20] y ordenado con el pensamiento y el amor. Todo esto debe conducirnos al conocimiento exacto de nuestra condición de criaturas materiales. El hombre, en cuanto materia, es pesado, opaco, condenado al sufrimiento y a la muerte. Es «polvo y ceniza». Si el cuerpo posee una dignidad inmensa, lo debe al alma, que le constituye en cuerpo de un ser creado a imagen de Dios. El alma le confiere su ser corporal, ya que el cuerpo no es más que una potencia actuada por el alma, un instrumento cuya dignidad se define por su relación al alma”[21].

Tanto en la infancia como en la vejez, y ,ante todo, en la muerte, se hace patente la miseria del cuerpo. El niño no puede valerse por sí mismo, y depende totalmente de las ayudas del exterior. Es conocido el caso de niños que han sobrevivido entre lobos y al rescatarlos no han tenido acceso ni al lenguaje. Las enfermedades en toda la vida pueden dejar inútil para una vida normal. Es necesario comer y beber con relativa frecuencia, o adviene la muerte. También dormir y descansar. Movimiento y descanso del cuerpo influyen de manera decisiva en el alma. La vejez puede ser de una pasividad total, o casi. El envejecimiento, si se sobrevive, es imparable y las aspiraciones de la mayoría se reducen precisamente a sobrevivir. Pero el problema mayor del cuerpo es la muerte, que ya veremos, pues se da una descomposición total del cuerpo al dejar de estar unido al alma y pasa a polvo de la tierra y desaparece casi totalmente, con una afección en el alma que quiere esta unión con el cuerpo en la inmensa mayoría de los casos.

El dolor y el placer marcan el ritmo de muchas actividades humanas que se pueden humanizar, pero que también pueden  rebajar el nivel de dignidad humana, como se ve en la miseria extrema o en los campos de concentración del desgraciado siglo XX en que se puede llegar a la antropofagia y el suicidio, o a una dignidad máxima y martirial religiosa o humana.

Por otra parte la sensibilidad del cuerpo permite captar muchos aspectos de la belleza de formas gratificantes, pero también velarlas. Cabe un cuerpo rudo, o que ha vivido en formas degradadas o ineducadas, o simplemente que es rudo sin más. Santo Tomás movido quizá por el modo de vida muy sedentario de los intelectuales de aquellos siglos y la vida agitada de los guerreros y los campesinos, decía que las más inteligentes son “molliores carnes”, de carnes blandas, gordos más bien. Quizá no es muy válido en nuestros tiempos, pero desde luego existen estudios del cuerpo que dan un tipo de carácter aproximado: los atléticos, los asténicos, los flemáticos, los sanguíneos, los coléricos y los abúlicos, con tantas mezclas intermedias que de poco sirven en tiempos de tanta abundancia alimenticia y culto al cuerpo a través del ejercicio físico. La importancia del cuerpo para el ser humano es grande y necesitada de estudio que va desde considerarlo amigo hasta despreciarlo como enemigo. El cristiano lo aprecia como amigo, pero sabiendo que está herido y puede hacer traición al espíritu[22]      

Cuando el hombre sitúa su horizonte en el cuerpo le sobrevienen grandes pesares: el placer es difícil y efímero, al día siguiente de una buena comida vuelve el apetito, unas horas sin comer se hacen insufribles; los vicios del cuerpo (comodidad, pereza, sensualidad) hacen muy difícil una vida verdaderamente humana, y el hombre degenerado en este terreno es un desgraciado. Las enfermedades impiden muchas vida espiritual (fiebre, debilidad, psicosis, stress, ceguera, sordera, dislalia, etc). Y, sobre todo, del envejecimiento y la descomposición del cuerpo muerto lleva al desconcierto a todo ser humano.

“El cuerpo, corrompido por el alma, es, a su vez, para ella un peso y una opresión. Toda la tradición repite como estribillo doloroso aquella frase de la Escritura: «Corpus, quod corrumpitur, aggravat animam»: el cuerpo corruptible oprime al alma (Sab 9, 15). Hemos vuelto a caer bajo la férula de lo corruptible, a ser gobernados por el espíritu de la carne, que lucha contra el espíritu. A causa de este cuerpo que arrastramos, nos es preciso llevar una vida de peregrinos lejos del Señor. Si queremos curar el cuerpo, tenemos que comenzar por liberar el alma, que es la primera que pecó. Y porque el cuerpo constituye el lastre más pesado de nuestra miseria, no nos queda más remedio que tender los brazos al que es el Liberador de los cuerpos y de las almas, elevando a Dios nuestra oración para que se compadezca de nosotros, pobres criaturas carnales”[23]. No en vano en San Pablo la palabra carne sarxs quiere decir realidad corporal opuesta al espíritu pneuma. En cualquier caso, cuando el organismo corporal funciona a la perfección, toda la vida espiritual se desarrolla sin esfuerzo ni pérdidas por “rozamiento” .

“El ser espiritual-anímico y la vida se expresan en el cuerpo, nos hablan a través de él. Pero también aquí lo corporal puede poner obstáculos: malformaciones patológicas, por ejemplo paralizaciones de músculos y nervios, o un crecimiento desmesurado de los tejidos, perjudican a la capacidad de expresarse, mientras que un cuerpo sano, que funcione con normalidad y esté bien ejercitado, «responde» con facilidad. (Con todo, hay que tener en cuenta que la correcta constitución del cuerpo es una condición meramente negativa, cuyo cometido se limita a posibilitar la formalización espiritual. La formalización como tal es realizada de hecho por el alma espiritual: un cuerpo sano, entrenado e incluso bello puede ser bien poco “espiritual”, mientras que uno enfermo, débil y poco ejercitado puede estar muy espiritualizado).

El cuerpo no es solamente expresión del espíritu, sino el instrumento del que éste se vale para actuar y crear. El pintor, el músico y la mayor parte de los artesanos dependen de la habilidad de sus manos, al igual que para muchas profesiones se requiere fuerza o movilidad de todo el cuerpo, y para otras un alto grado de desarrollo de este o de aquel sentido. En todos los casos, la salud y un funcionamiento normal del cuerpo son condición del éxito, pero de nuevo es necesario, también en todos los casos, que el espíritu tome en sus manos el instrumento idóneo y fácil de manejar y lo emplee de la manera adecuada. A modo de resumen podemos decir que el cuidado y el ejercitamiento del cuerpo, realizados conforme a un plan y con vistas a unos objetivos determinados, contribuyen a que pueda llegar a ser espiritual. Pero únicamente podrá llegar a serlo en virtud de una formalización espiritual es decir, por un lado en virtud de que en él hay una vida espiritual que impulsa y guía voluntariamente el proceso de formalización, y por otra parte en virtud de que el espíritu utiliza al cuerpo para fines espirituales”[24] nos dice Edith Stein en su estudio fenomenológico de la persona humana..

El Cuerpo de Cristo

“Cristo tomó un cuerpo como el nuestro. Por lo mismo, un cuerpo nacido de mujer (Gal 4, 4). Corpus natum de Maria Virgine. El ser humano se forma al conjugarse, por una parte, un complicado proceso biológico, y, por otra, la acción creadora de Dios. Dos células que se unen y Dios, que les infunde un alma. El resultado es el hombre viviente, la persona con destino eterno, la imagen indestructible de Dios. Cuando Cristo vino a la existencia entrando en el mundo, la Santísima Trinidad toma del seno de la Virgen los elementos biológicos del ser humano, e infunde un alma ese cuerpo. Por consiguiente, «al mismo tiempo que la carne es carne, es también carne del Verbo de Dios; carne animada de un alma racional y, a la vez, carne del Verbo, pues en Él, y no en sí misma, ha encontrado su existencial. Pero simultáneamente, «la Madre de Dios, contra todas las leyes de la Naturaleza, ha dado forma a Aquel que lo ha formado todo; ha dado el ser de hombre al Dios, que es autor de todas las cosas y diviniza lo que une conmigo». Desde este momento, el Cuerpo de Cristo se alimenta como cualquiera de nosotros, de la carne y de la sangre de su Madre, y sigue un proceso análogo de desarrollo y perfeccionamiento, con la única diferencia ‑milagro‑ de que su alma está completamente despierta y es dueña de su cuerpo. Nace y se abre a la vida como nosotros, con la diferencia ‑milagro también‑ de que Él deja a su Madre más pura y virgen: integritatem non minuit, sed sacravit. Entra, por fin, en nuestra pasada historia: hambre, sed, trabajo, sueño, alegría, penas, muerte. Pero no penetra en esta historia sino para transformarla. Tal es su misión, como vamos a estudiar.

El Cuerpo de Cristo como revelación de Dios

El cuerpo es para el alma un medio de expresión y un velo; la revela y la oculta. La caída ha oscurecido este velo y lo ha hecho menos transparente al espíritu. Por la Encarnación, el cuerpo humano extiende su capacidad de expresión hasta lo infinito: expresa a Dios. Rigurosamente hablando, el rostro de Cristo es el rostro humano de Dios. Cristo es la imagen del Dios invisible (Col 1, 15). Quien le ve a Él, ve a su Padre (Jn 14, 9). Si la persona se revela a través del rostro, en el de Cristo se revela una Persona divina, una Persona cuya profunda realidad es la misma realidad de Dios. Cuando vemos a Cristo‑Hombre, vemos a Dios. La expresión «imagen de Dios» no debe inducimos a error. Para los antiguos, la imagen no era un ser disminuido, una realidad depauperada, un puro reflejo, sino una participación de la realidad misma, que la expresa en su núcleo sustancial y que actúa con su eficacia propia5. En este sentido debemos considerar la expresión paulina: Cristo, por ser imagen de Dios, es Dios, pero Dios entregado y hecho comprensible. Por eso, quien le ve, ve a Aquel que le envió (Jn 12, 45). La primera función de Cristo es manifestamos a Dios por medio de su Cuerpo, según el modo que hemos dicho. La fe es, sin duda, necesaria para captar esta presencia. Pero la fe no crea nada. Es una mirada adaptada a las realidades divinas y no hace más que descubrirlas. En realidad, el Cuerpo de Cristo es el gran signo por el que Dios se nos ha manifestado. La mirada de Cristo en la mía, su voz en mis oídos, su mano sobre mis hombros, son la mirada, la voz, la mano de Dios hecho hombre. Por eso, sin duda, su mirada me penetra hasta el fondo, me revela a mí mismo; su mano me sana; y, por eso también, su mirada, su voz y su mano me revelan el amor, la verdad y el poder de Dios”[25].

Pero hay más, ese Cuerpo es el que sufre la Cruz, es el que transforma el sufrimiento en medio de salvación y sacrificio. Sin el Cuerpo no se habría dado una redención del hombre entero. El amor transforma el dolor del cuerpo en medio de sacrificio, en ocasión de un amor en el que no se da ningún acento de amor propio.

Y, sobre todo, Cristo Resucita con su Cuerpo, con una vida nueva que llega a todos hombres que tengan fe y al final de los tiempos el cuerpo humano también resucitará glorioso libre de las lacras históricas. “. El sepulcro no es un fin, sino una esperanza. El cuerpo sepultado no es un cadáver, sino una semilla; por cuanto él ha querido su muerte, tiene derecho a la recompensa. Por haber dado su vida, tiene derecho a volverla a tomar tal como le es debida. Por haber sido crucificado, el Señor de la gloria merece una exaltación eterna. Su alma recupera el cuerpo, lo penetra totalmente, lo hace espiritual. En lugar del cuerpo de nuestra humildad, Cristo posee actualmente el Cuerpo glorioso (Flp 2, 21), espiritual, transparente, ágil, clarificado, instrumento natural del alma del Dios Salvador. Murió para hacernos morir al pecado. Resucitó para hacernos vivir en Él y resucitar como Él algún día. El cuerpo inmolado ha llegado a ser cuerpo glorioso, Y con esto se pone punto final a la redención de los hombres”[26].

Algunos centran la dignidad del cuerpo en la pureza de la sangre y a la hermosura corporal. «El pecado contra la raza y la sangre es el pecado original de este mundo y la ruina de la humanidad que lo comete». Aparece de nuevo el viejo sueño pagano de la adoración de la sangre y, por tanto, del cuerpo: del misticismo de las fuerzas vitales, en reacción absoluta contra las fuerzas espirituales. Si vamos al fondo de las cosas, nos encontramos con un crudo materialismo que arrastra todas las energías y justifica todas las crueldades. Ningún sacrificio más arduo y bello para forjar la nueva humanidad. En realidad, el cuerpo ha llegado a ser un ídolo y un medio destructor del hombre. Tal es el resultado de este balance.

.Anexo. Temperamento, persona, carácter

La persona comparte con todos los hombres una naturaleza racional pero que se encuentra existiendo de una forma singular, con una personalidad propia, individual, con unas particularidades que le distinguen de otros individuos de la misma especie.

El concepto de persona lleva incorporado un concepto de dignidad, de algo semejante al personaje, a la dignidad de quien tiene algo que decir en la escena del mundo. La superioridad de la persona radica en su naturaleza racional, que es inmaterial, espiritual, pero que se encuentra unido de forma constitutiva con una materia, con un cuerpo, mediante el cual actúa y con el que se manifiesta a los demás hombres. Aunque en el orden coloquial decir de alguien que es una personalidad indica asignar a esa persona determinada una connotación de éxito social, de prestigio importante, personalidad en términos psicológicos indica la forma característica que tiene el hombre de sistematizar, asimilar e integrar la información que recibe y la manera en que trata de adaptarse al medio que le rodea.

Persona y personalidad son términos relacionados pero no equivalentes. Toda persona se manifiesta hacia el exterior mediante una serie de rasgos propios que hacen referencia a cualidades personales, tanto heredadas como adquiridas, así como cognitivas y emocionales.

Se han dado tantas definiciones de personalidad como escuelas psicológicas surgidas a lo largo de los últimos siglos. Podemos decir, de forma amplia, que personalidad es el conjunto existencial y dinámico de rasgos que hacen de ese individuo un ser único y original, aparte de todos los demás. La palabra personalidad deriva, como persona, del mismo término latino que designaba la máscara del actor. Uno de los caracteres de la máscara del teatro antiguo es su permanencia, su fijeza: el actor utilizaba durante toda la obra la misma máscara que era la que ejercía la función psicológica de un “yo”, de un “alguien” concreto, uno y permanente.

Este primer contacto etimológico con el término nos indica que el ser humano, la persona, utiliza su personalidad como forma de manifestarse al exterior. Y, en este sentido, la personalidad tiene mucho que ver con la corporalidad. El cuerpo es la materia con la que el hombre expresa su forma, su acto de ser. Y no me refiero solo a la corporalidad externa, la que vemos cuando tenemos un contacto con esa persona, sino también a todas las estructuras nerviosas que resultan imprescindibles como base para que el hombre pueda conocer, moverse, expresar sus ideas o sus sentimientos... Esto no hay que olvidarlo porque la plasticidad corporal es limitada. La biología es el fundamento material de las diferencias personales. La vida psíquica del hombre depende, en una gran parte, de su desarrollo biológico. El hombre, como unidad ambivalente de cuerpo y alma,  es un único “yo” y actúa como espíritu encarnado, con una conducta de naturaleza psicobiológica. En este sentido, el hombre se encuentra con dificultades y limitaciones lo cual no significa que se encuentre determinado sino que su libertad no es absoluta. La espiritualidad está conformada con la corporeidad y, por tanto, con la sensibilidad. Esta unión tiene un particular papel en la formación de la personalidad del hombre. Todas las facultades del hombre están ordenadas al servicio de la persona, a su perfeccionamiento, y todas ellas contribuyen al desarrollo progresivo del ser humano.

Pero en la personalidad hay un segundo aspecto que se nos muestra también en todo su dinamismo de manera inmediata. Los filósofos dicen que ontológicamente la persona subsiste como sustrato último y raíz de operaciones y actos libres. Subsiste en el tiempo y es siempre “la misma” aunque no sea “lo mismo”. Mi personalidad es mía y expresa mi “yo” pero ese “yo”, uno y el mismo, es algo cambiante a lo largo del tiempo y de mi espacio vital. El concepto de personalidad se halla íntimamente ligado a la noción de conciencia y del “yo”, pero no se agota ahí porque su noción es más amplia que lo que corresponde al conjunto de elementos conscientes del psiquismo, ya que comprende también sus elementos inconscientes. La personalidad es el individuo mismo en su totalidad, en su unidad psicoorgánica y en su continuidad a lo largo de toda la vida personal. La personalidad viene ya dada como un germen en el recién nacido pero ha de desarrollarse y madurar a lo largo de toda la vida. Los dos planos, el antológico, el de la persona que subsiste en el tiempo, que es siempre la misma, y el dinámico, ese ir cambiando a lo largo del espacio y tiempo, se reclaman mutuamente. Ello es lo que permite que mi vida sea una biografía, un continuo, y no una sucesión independiente de flashes o sucesos. En este sentido, personalidad es la organización dinámica de los aspectos cognitivos, (es decir, intelectuales), afectivos, conativos (es decir, pulsiones y voliciones) fisiológicos y morfológicos del individuo que se va desarrollando a lo largo de toda la vida.

El desarrollo de la personalidad es todo un proceso lento y progresivo, hecho de aprendizaje y educación, pero también de personal esfuerzo, laborioso y cotidiano. Es en este aspecto dinámico de la personalidad en el que hemos de hacer especial hincapié porque solo la persona que, libremente, se compromete a integrar y armonizar los múltiples aspectos y recursos de que dispone y es capaz de dirigirlos y adaptarlos, en primer lugar consigo misma, y con el resto del medio que le rodea, será capaz de vivir en paz y en armonía, de ser feliz. Y el deseo de felicidad es la finalidad, el motor que mueve toda nuestra vida. Decía Zubiri que la edificación de la propia personalidad, como empresa de la vida, es lo que caracteriza y define la vida humana, en cuanto humana: “El hombre existe ya como persona en el sentido de ser un ente cuya entidad consiste en tener que realizarse como persona, tener que elaborar su personalidad en la vida”[27]. En este sentido, el hombre es persona desde su concepción en el seno materno pero su realización personal, su desarrollo personal es algo que se va haciendo de forma progresiva pero que no debe dejarse a la espontaneidad o la improvisación.

La personalidad de un individuo está en germen desde su nacimiento y los primeros años, hasta la adolescencia, van a ser decisivos en ese proceso de maduración y desarrollo. Debemos a nuestros padres un porcentaje alto de lo que llegamos a ser en nuestra vida. Ellos nos transmiten sus genes, la herencia, que son determinantes de muchos de los rasgos de nuestra corporalidad y que van a jugar su papel importante, constante y estable, a lo largo de toda nuestra vida. Por otro lado, en nuestra infancia nuestros padres han sido el eje del mundo, el modelo a imitar, el eje de seguridad, el rodrigón que permite el propio afianzamiento, la seguridad, la autoafirmación, la propia identificación. Los padres son los primeros en enseñar actitudes básicas y fundamentales, normas de comportamiento, hasta que el niño es capaz de autoiniciarse en el autocontrol y en la autodisciplina. De esta manera, la personalidad se va elaborando de acuerdo con la cultura y sociedad a que pertenecen los padre.

La escuela tiene también su parte en ese desarrollo pero su papel es menos importante en la estructuración de la personalidad. La mayoría de los autores están de acuerdo en admitir que los primeros años de vida son decisivos en la configuración de la futura personalidad ya que lo asimilado en estos años queda fijado y estable siendo muy difícil el que su estructura pueda cambiar. Al nacer, el cerebro tiene un grado muy alto de inmadurez siendo los dos primeros años de vida del niño los momentos en que goza de gran plasticidad neuronal y en los que se realizan las conexiones nerviosas que van a dar la madurez y estructura propias del cerebro adulto.

A los factores dados se le ha llamado temperamento. Temperamento es el conjunto de inclinaciones innatas propias de un individuo (base genética, heredada), resultante de su constitución psicológica íntimamente ligada a factores bioquímicos, endocrinos y neurovegetativos, que imprimen unos rasgos distintivos al individuo. Resulta bastante estable y difícil de variar. Es la “forma de ser” y se encuentra íntimamente ligado a las estructuras anatomofisiológicas centroencefálicas y límbicas y se nos desvela en pulsiones instintivas, tendencias, estados de animo y sentimientos vitales.

Sobre la base del temperamento los factores ambientales, culturales y educativos van perfilando a lo largo del tiempo un modo de ser propio y peculiar. Es lo que se ha llamado carácter, más flexible y fácil de modificar que el temperamento. El carácter admite un mayor grado de plasticidad. La personalidad no es exclusivamente producto del ambiente o de la herencia, sino que se necesita siempre de la participación de ambos componentes. Como veíamos al hablar de la influencia de los padres no es posible deslindar de forma clara lo que se debe a la acción de los genes y lo que influye el aprendizaje.

Pero eso no es todo porque, sobre el temperamento y el carácter, la persona se va configurando a través de sus decisiones libres, adquiriendo unos hábitos que le definen como esta persona singular. Es un proceso que no acaba nunca, que se puede llamar proceso de personalización, y en cuya configuración interviene una parte genética, otra educacional y la propia actividad libre. La personalidad está influenciada por múltiples factores tales como el aprendizaje y la experiencia adquirida que van moldeando a lo largo de toda la vida unos sustratos biológicos como son la constitución física, el temperamento, la inteligencia, que son como los materiales con los que se construye dicha personalidad.

No es fácil deslindar las nociones de carácter y de personalidad. La antropología experimental suele considerar la personalidad como resultado de la interrelación de tres estratos o niveles: cuerpo, pique (psicología y afectos) y espíritu (inteligencia, memoria y voluntad), lo cual resulta bastante artificioso porque el hombre es una unidad con dos componentes, el material, y el espiritual, íntimamente unidos y relacionados, con una complejidad de funciones y actividades que es lo que da origen a que los estudios de psicología experimental puedan diferenciar esos tres niveles o estratos. El llamado temperamento viene a ser la resultante de la incidencia de la constitución somática o corporal en lo anímico espiritual, lo que se ha llamado la parte instintivo-afectiva de la personalidad, mientras que el carácter corresponde a la parte más estrictamente espiritual, es decir, intelectivo-volitiva que puede variar con el paso del tiempo según el uso que se haga de ese entendimiento y voluntad libre y responsable.

Al ser el temperamento algo muy ligado a la biología, al soma, podemos decir que no somos responsables de él. Tampoco somos responsables totalmente de nuestro carácter en cuanto depende, en parte, de sus características intelectuales y psicológicas que pueden ser influenciadas por lo biológico, por lo heredado, y también por lo aprendido en la primera infancia y que puede haber desarrollado conexiones nerviosas más o menos estables en nuestro cerebro. Pero en el carácter hay un margen importante de indeterminación, de posibilidad de cambio, que se va realizando con las decisiones libres, personales. En este sentido somos responsables, hasta un cierto punto, de nuestro carácter. Solo hasta cierto punto porque algunos de los factores de un carácter son invariables a lo largo de la vida. En este sentido influye de modo importante el “cociente de plasticidad” del cerebro, que varia mucho con la edad y que prueba la importancia de la educación en los primeros años de vida.

El carácter es la forma en que la persona se expresa hacia el exterior con unas señales propias, con unas diferencias individuales, que se presentan ante los demás por la intuición concreta y al conocimiento por simpatía o connaturalidad.

LAS TIPOLOGIAS:

La impresión visual de una persona nos da numerosos datos sobre su forma de ser: el vestido, su constitución física, el modo de caminar, de saludar, sus modales... Aparte del aspecto general en Medicina se ha hecho clásico el estudio de los “tipos”  para tratar de encuadrar, de clasificar a las personas. Los biotipos estudian las características somáticas mientras que los psicotipos estudian las características psicológicas. Los “tipos” se han considerado como el sustrato, los materiales de que se dispone para tener un conocimiento de nuestra común naturaleza humana y de la peculiar condición individual. Frente a estas clasificaciones no se ha de olvidar que todo hombre es uno y diferente de los demás, aunque, a efectos didácticos, la biotipología analiza grupos de parecidos fundamentales referidos a manifestaciones corporales o mentales. Su estudio tuvo un gran interés para la Medicina en la primera mitad del siglo pasado aunque hoy su desarrollo e importancia se nos revela como muy insuficiente.

En la constitución de un individuo, de forma artificial para su estudio, se pueden separar tres sectores: el tipo corporal o biotipo morfológico, los rasgos psíquicos o psicotipo, temperamento y carácter, y, en tercer lugar, la capacidad reactiva que determina el modo de reaccionar y las variantes funcionales del individuo ante los diversos estímulos o estrés.

Los estudios acerca de las tipologías del temperamento se inician con Galeno e Hipócrates que lo definieron como “una mezcla en proporciones variables de los cuatro humores fundamentales: linfa, bilis, nervios y sangre”. De ellos procede la división clásica de los temperamentos en linfático, bilioso, nervioso y sanguíneo.

Las tipologías aparecidas en la historia de la psicología han sido múltiples. De los tipos corporales o biotipos existen numerosas clasificaciones. Una de las más conocidas es la clasificación de Kretschmer que toma la configuración corporal externa como reveladora de la constitución del individuo, suma de todas sus propiedades, y arraigadas genotípicamente a un fondo hereditario. Los concretó en tres biotipos (pícnico, asténico o leptosómico y atlético) a los que correspondería un temperamento concreto que llamó ciclotímico, esquizotímico y enequético y a los que asignó una tendencia a unas determinadas enfermedades psiquiátricas haciendo de esta manera una sobrevaloración del papel de los factores constitucionales en la génesis de la enfermedad psiquiátrica.

 El tipo pícnico se caracteriza por una morfología con predominio de las medidas transversales y circulares. Las cavidades corporales son grandes mientras que su esqueleto es relativamente frágil. Tiene tendencia a la obesidad, con cuello grueso y corto, cara ancha, blanda y redondeada, frente amplia, con tendencia a la calvicie. Su aspecto general es redondeado. Así nos imaginamos a Sancho Panza.

 El  tipo asténico, que se corresponde al leptosomático, tiene un predominio de las dimensiones  verticales. Su silueta alargada y esqueleto grácil se corresponde con la idea que todos tenemos de don Quijote: flaco, larguirucho, de cabeza pequeña y nariz larga, con piel pálida y seca, con poco desarrollo muscular, manos largas y huesudas y pelo fino y abundante.

El tipo atlético presenta robustez de los tejidos musculares y óseos. Su estatura es elevada o mediana con hombros anchos y caídos, cráneo alto y estrecho y contorno de su cara tiene forma de ovalo alargado, con cuello alto y manos grandes.

Kretschmer desarrolló toda su teoría de los temperamentos que ha tenido una gran repercusión y aplicación en Medicina. Para él, temperamento es la actitud afectiva total del individuo, definida por dos factores esenciales: la sensibilidad o susceptibilidad afectiva y el impulso. Considera que el temperamento influye sobre las siguientes cualidades psíquicas afectivas: sobre la hipersensibilidad a los estímulos psíquicos, sobre el colorido del ánimo o sentimiento  vital, sobre el tiempo psíquico (es decir, sobre el retardo o aceleración del curso psíquico), y sobre la psicomotilidad.

Otra topología muy conocida es la de Sheldon que diferencia tres tipos corporales basados en la constitución. En el endomórfico ocupa un lugar preeminente el desarrollo visceral; el mesomórfico es aquel en el que tienen preeminencia las estructuras somáticas (huesos y músculos); el ectomórfico es caracterizado por la importancia del sistema nervioso. Es una tipología semejante a la de Kretschmer pero considera estos componentes como rasgos. A las características somáticas añade una serie de rasgos temperamentales. Así, según rasgos en relación con la actitud y el movimiento, afición a las empresas, agresividad, rigidez psicológica, gusto por la soledad, dominio de las emociones, etc., se les asigna un valor y un tipo dentro de la “viscerotonía”, la “somatotonía” o la cerebrotonía”. Ello permite su medición usando una tabla con veinte rasgos para cada disposición temperamental. La valoración se obtiene a partir de una serie de signos objetivos, de medidas.

Otra tipología que ha tenido una gran difusión es la de Jung que describe los tipos psicológicos a través del análisis de las disposiciones fundamentales de introversión y extroversión a las que añadió cuatro funciones psicológicas elementales: el pensar, sentir, percibir e intuir. Esta clasificación guarda poca relación con la constitución y morfología de la persona y se refiere más al carácter que al temperamento. Es una tipología basada en la actitud hacia el mundo.

El extravertido de Jung da un gran valor al mundo exterior (a la riqueza, al prestigio), busca la aprobación social, tiende a ser conformista, es sociable, le gusta la actividad exterior, el cambio, la variación. Sus emociones, fáciles de despertar, son poco profundas y tiene pocas inhibiciones.

El introvertido está caracterizado por los rasgos opuestos y su interés se centra fundamentalmente en el mundo de las ideas.

La tipología de Jung ha sido aceptada de forma amplia aunque tome un solo rasgo de `personalidad. Con frecuencia se le confunde con la de Kretschmer ya que el tipo introvertido se corresponde con el esquizotímico y el extravertido con el esquizotímico.

Otra topología muy usada es la de Heymans y Wiersma, popularizada en Francia por Le Senne, que se interesa por la integración de tipos de funcionamiento del sistema nervioso y de tipos psicológicos y no por las características morfológicas del cuerpo. Distingue tres propiedades fundamentales: la emotividad, la actividad y la resonancia. Entiende por emotividad la capacidad de desencadenar una reacción afectiva por un hecho insignificante. Actividad es la capacidad de gastar una energía para obtener un fin determinado. La resonancia de las representaciones es inmediata en el “primario” y tardía en el “secundario”. Su combinación permite obtener ocho tipos puros bien conocidos: coléricos (EAP)[28], apasionados (EAS), nerviosos (EnAP), sentimentales (EnAS), sanguíneos (nEAP), flemáticos (nEAS), amorfos (nEnAP) y apáticos (nEnAS). A estas combinaciones de dimensiones fundamentales se asocian algunas propiedades secundarias, con alto grado de probabilidad lo cual permite deducir una verdadera descripción caracterológica.

El colérico se entusiasma con facilidad, pueden ser irritables y perder el autocontrol. Sus sentimientos se expresan hacia el exterior con fuerza y facilidad.

El apasionado vive sus experiencias con fuerza y profundidad. Es tenaz, con sentimientos profundos y constantes que sabe controlar.

El nervioso es sensible y emotivo, reacciona fácilmente ante los estímulos pero lo hace de forma pasiva, sin manifestar hacia el exterior sus emociones lo que puede desencadenar con facilidad trastornos psicosomáticos.

El sentimental se diferencia del anterior en que es secundario, es decir su respuesta hacia los estímulos es más tardía aunque más duradera. Manifiesta poco hacia el exterior sus sentimientos pero estos son vividos con gran profundidad y estabilidad.

Los sanguíneos son personas tolerantes que se adaptan con facilidad a situaciones nuevas. Los sentimientos no tienen hondura y conectan poco con lo intelectual. Superficiales, su interés pasa con facilidad de un tema a otro.

El flemático es ecuánime y equilibrado. Comprensivo, tolerante, prudente y paciente aunque puede caer en la indiferencia y en el escepticismo. No se precipita a la hora de tomar una decisión y le cuesta adaptarse a situaciones nuevas.

El amorfo es poco emotivo, dominado por la pasividad, responde de forma superficial ante los estímulos externos.

El apático es frío y pasivo aunque es constante en sus ideas y poco influenciable ante los estímulos externos.

Como podemos  ver ante las múltiples tentativas de médicos y psiquiatras en tratar de deslindar temperamento y carácter y de intentar definir al individuo en función de unos “tipos” comunes de existir, los esquemas caracterológicos no pueden por menos de producir una decepción porque una tipología define al individuo por lo que no es él mismo, fijando sus límites en vez de tratar de ayudar a su mejora personal. Esos esquemas no son sino un camino hacia el conocimiento del ser individual ya que solo conociendo las características propias podemos tratar de educarlas y mejorarlas en lo que sea posible. Unos sentimientos fuertes, potentes pueden ayudar mucho en la mejora personal ya que son un fuerte motor para la actuación personal pero hacen más difícil el equilibrio interior ya que hacen mas fuerte el sufrimiento interior ante los fracasos o las dificultades.

 

La personalidad constituye la síntesis de todos los elementos que intervienen en la formación mental de un sujeto y que le dan una fisonomía propia. Esta configuración resulta de múltiples particularidades de su constitución psicofisiológica, de sus componentes instintivos y afectivos, de la forma en que reacciona y de las impresiones dejadas por todas las experiencias vividas a lo largo de toda su historia y que han ido dejando su huella en el individuo. Pero la estructura de la personalidad se ha de situar en un marco más amplio. La personalidad no está simplemente situada en un mundo y abierta a él, de forma que ese mundo entra como elemento integrante de la personalidad misma. La personalidad opone su “yo” al mundo exterior, perfilando de esta manera su consistencia y sus limites. Ello no quiere decir que se “enquiste” en el mundo sino que la personalidad está obligada a interrelacionarse con el mundo “a actuar” con él, a ajustarse con su conducta a las circunstancias del momento pero también está obligada a modificar con su actuación el ambiente exterior. El hombre no sigue exclusivamente las leyes de la adaptación al exterior sino que es el ser que, al actuar, se relaciona con el mundo para cambiarlo, para mejorarlo, si actúa bien.

psique, soma,pneuma,

En este apartado vamos a seguir la división tripartita de espíritu (pneuma), psique (parte psíquica psiqué) y cuerpo (soma) como más útil para describir el fenómeno humano. Es cierto que se ha utilizado ampliamente la división dual de alma-cuerpo siguiendo la fórmula forma-cuerpo, que es de gran utilidad, pero es tan rico el ser humano que parece más adecuada la composición ternaria. El alma abarcaba lo espiritual, y es principio de vida de todo el ser humano incluido dar el ser al cuerpo. En el alma residen las facultades de la inteligencia y voluntad claramente espirituales y conectadas con el cuerpo- En el cuerpo se estudia lo corporal. Pero existe una parte intermedia que llamamos psique, algo confusa pues unas veces se atribuía al espíritu y otras al cuerpo, y que pensamos tiene entidad suficiente para estudiarla.

El acto de ser que constituye a la persona sigue siendo el acto que da el ser a todos los niveles del hombre y le hace persona, pero actúa de modo diverso en los tres niveles antedichos. En el pneuma se distinguen la inteligencia y la voluntad y una fuerte actividad afectiva. En la psique se encuentra el soporte del pneuma en los tres niveles. En el soma está el cuerpo con sus percepciones y función de relación con todo el universo material. 

 

Actividad psíquica (psiqué psique)

Es posible distinguir , especialmente en la actividad del cerebro una zona intermedia, que podemos llamar psíquica, que sin ser directamente voluntaria ni intelectual tiene una gran influencia en la voluntad y en la inteligencia. Donde tiene más influencia es el mundo afectivo, de tal manera que resulta difícil calibrar los afectos o sentimientos espirituales y los inducidos por el cerebro o el cuerpo. A su vez se da también una influencia de signo inverso de la parte superior espiritual hacia el cuerpo de modo que sentimiento personales y exclusivamente espirituales (por ejemplo amor en la oración, contrición, culpabilidad, vergüenza) influyen mucho en el cuerpo, especialmente en el cerebro que es el primer receptor. Se da así una actividad de signo contrario a tener en cuenta, sobre todo en el terreno médico y en estrictamente espiritual, como ya veremos en el apartado del cerebro.

Es significativo que existan tantos trabajos de psicólogos que intentan que el hombre alcance un equilibrio más o menos normal. Sus intentos dependen de su experiencia y de su antropología, pues quieran o no, todo hombre es filósofo. Suelen racionalizar y se suelen encontrar con consejos o manuales de comportamiento que hubieran sido más profundos si hubiesen conocido los libros sapienciales de todas la culturas antiguas (descubren el Mediterráneo, y no todo) y también los libros de autores espirituales que saben muchísimo de los estados del alma.

Recojo unas observaciones de un psicólogo Seymour Espstein que en su validez muestra lo que acabo de decir. Distingue entre inteligencia racional y experiencial e intenta conciliarlas

“La inteligencia racional  es la que todos conocemos desde hace tiempo y a la que nos referimos cuando hablamos de cociente intelectual o CI. Tradicionalmente, se ha concedido más importancia a este tipo de inteligencia. Sin embargo, se ha visto que un CI alto no garantiza el éxito en la vida, las relaciones o el trabajo. Para eso hacen falta otro tipo de habilidades, que son precisamente las relacionadas con la inteligencia experiencial.   Ésta se basa en la experiencia vivida, es automática, preconsciente, rápida, fácil y está relacionada con las emociones y la personalidad. Se basa en aquellos pensamientos que aparecen en nuestra mente de manera automática ante cualquier acontecimiento de nuestra vida, y en modos más generales de ver el mundo, a nosotros mismos y a los demás, aprendidos en la infancia y a lo largo de nuestras vidas y experiencias y que forman parte de nuestra forma de ser. Por ejemplo: "Pienso que no se puede confiar en nadie" o  "Pienso que en el fondo todo el mundo es bueno". La inteligencia experiencial funciona por asociaciones en vez de por lógica, estableciendo relaciones entre acontecimientos que tienen una fuerte carga emocional. Es decir, si un acontecimiento sigue a otro, significa que el primero ha causado el segundo. Por ejemplo, cuando Javier tuvo un gran éxito en una reunión de trabajo el día que se puso su camisa amarilla, después se ponía siempre esa camisa cuando tenía una reunión importante. Por supuesto, su mente racional le decía que eso era una tontería, mientras que su mente experiencial le estaba diciendo lo contrario.

  Por lo general, ambas mentes trabajan unidas, de modo que no nos damos cuenta de su existencia, excepto en los momentos en los que existen contradicciones entre ambas. Es decir, cuando la cabeza nos dice una cosa y el corazón otra distinta. Después da consejos que pueden ser útiles si conociésemos mejor el cuerpo y el cerebro, además de la vida espiritual:1. Identifica tus pensamientos automáticos.    El primer paso para poder cambiarlos es llegar a ser consciente de esos pensamientos automáticos preconscientes. Para ello puedes guiarte por tus emociones, de modo que cada vez que estás en una situación en la que te sientes mal, presta especial atención a lo siguiente:   Cuando las emociones no son muy intensas resulta un poco más complicado detectar los pensamientos automáticos. En estos casos prueba a decirte diferentes cosas hasta que encuentres alguna frase que intensifique esos sentimientos. Con la práctica te irá resultando cada vez más fácil.  2. Identifica tus procesos mentales secundarios. Son otros pensamientos automáticos que siguen y son consecuencia de los primeros. Por ejemplo, alguien critica tu trabajo y tú lo interpretas como un ataque, de modo que tu pensamiento automático es "me ha insultado". Después aparecen otros pensamientos (procesos secundarios), como "me las va a pagar" o "bueno, tal vez no ha sido un insulto" o bien "tendré que mejorar para que no vuelva a pasar esto" o "es mejor no hacerle caso". 3. Identifica tus respuestas conductuales. Los pensamientos automáticos pueden llevarte a actuar de un modo otro. En el ejemplo anterior, tu comportamiento dependerá de lo que has pensado. Por ejemplo, puedes atacar verbalmente a quien te criticó; ponerte a trabajar más duro, no hacer nada en absoluto, etc.  4. Identifica tus "zonas sensibles". Se trata de aquellas cosas que te sacan de quicio y ante las cuales reaccionas con más intensidad que la mayoría de las personas. Son un indicio de que tu pensamiento constructivo es muy malo es esos casos y necesitas mejorarlo. Por ejemplo, puedes ser especialmente sensible al rechazo, al fracaso, a lo que otros piensen de ti, etc.

Son consejos prácticos según un esquema previo más o menos intuitivo. Si observamos a los niños pequeños al ser más pasivos respecto al mundo exterior se pueden hacer más observaciones

¿Cómo se desarrolla el afecto a través del tiempo de 0 a 18 meses?

1.      Antes de los dos meses, los bebés se consideran uno con el mundo y responden del mismo modo ante cualquier persona.

2.      Hacia las ocho a doce semanas aparecen las primeras señales de cariño: lloran, sonríen y balbucean más ante la madre que ante otra persona.

3.      A los 6 o 7 meses empiezan  a mostrar ansiedad ante los extraños y buscan a su madre para que les dé seguridad.

4.      Hacia los 9 o 10 meses suele aparecer la ansiedad de separación, que perdurahasta los 2 o 3 años. Forma parte del desarrollo normal del niño y sucede porque ya es plenamente consciente de que es un ser independiente y separado de su madre y el mundo.

5.      Durante el periodo que va de los 10 a los 18 meses la principal actividad de los niños consiste en explorar el mundo. Pero esta exploración implica también inseguridad; puede sentir miedo y verse amenazado por el ambiente que le rodea. Por eso, antes de adentrarse en el mundo, necesita saber que hay alguien que lo protege y a quien puede recurrir en caso de necesidad sabiendo que le dará su apoyo y consuelo. Por tanto, si el proceso no ha sido adecuado, pueden tener problemas a la hora de lanzarse a descubrir el mundo. La unión con la madre se manifiesta aquí en forma de continuas comprobaciones para asegurarse de que está cerca, entrelazadas con constantes incursiones y exploraciones del. Este dilema (permanecer junto a la madre frente a explorar) también puede dar lugar a conductas contradictorias. El niño puede seguir a sus padres como una sombra y pegarse a ellos como una lapa y más tarde salir disparado como una flecha tanto alejándose de ellos como hacia ellos.

 

También se pueden estudiar otras situaciones entre las infinitas en las que se encuentra el ser humano.

Acontecimientos estresantes. Algunos estudios han comprobado que los ansioso-ambivalentes han sufrido más acontecimientos desagradables en sus vidas, como malos tratos, enfermedades graves, abuso sexual, muerte de un progenitor y divorcio de los padres a una edad temprana. Los sucesos negativos aumentan la probabilidad de desarrollar un apego inseguro  incluso aunque el comportamiento de los padres con el niño sea el adecuado. Un ejemplo estudiado es el de    los hijos de madres drogadictas pues tienen más probabilidades de desarrollar un apego desorganizado, debido principalmente a la forma que tienen de comportarse estas madres: tienen más probabilidades de abandonar, rechazar o maltratar a sus hijos, son más insensibles a sus necesidades y los tocan y acarician menos. Sin embargo, si la madre abandona las drogas tras el nacimiento de su hijo, éste puede llegar a desarrollar un apego seguro.

Generalización de la influencia de los afectos, el entorno y las funciones cerebrales[29].

Según las experiencias emocionales que vive el ser humano desde sus primeras etapas de desarrollo se van moldeando no solo sus circuitos neuronales con el consiguiente estilo de pensamiento personal, sino que también se va produciendo cambios neuroquímicos de las sustancias que intervienen en el funcionamiento cerebral y en los diferentes estados de ánimo, que experimenta cada persona. Tanto la base orgánica cerebral, los neurotransmisores como los estilos de pensamiento están grandemente influenciados por las experiencias emocionales que recibe el ser humano, incluso desde etapas prenatales. Así nos explicamos algunos casos de niños de meses de vida con serios trastornos del sueño y en cuya madre recogemos la información de experiencias emocionalmente muy traumáticas, como miedos o depresiones por la muerte de un familiar significativo en los últimos meses del embarazo. Observamos bebés hiperalertas, con dificultad de iniciar el sueño, incluso de día como demostrando una necesidad de controlar el ambiente que experimentan como amenazante, pareciera que sienten la necesidad de estar atentos a cualquier peligro inminente. Si no se modifica su horario de sueño, se van produciendo los correspondientes neurotransmisores químicos, que se encargaran de mantener despierto al sujeto. Así, una causa emocional, ambiental puede influir en una estructura cerebral determinada, que en el caso del niño está en plena formación y maduración.

La forma de afrontar un problema en la vida adulta tiene mucho que ver con el estilo de pensamiento y con las experiencias que vivió la persona en las primeras etapas de su vida, siendo de especial trascendencias aquellos aspectos relacionados con su desarrollo emocional.  Así una persona positiva, que en su niñez tuvo la suerte de recibir estímulos que le permitieron mantener una autoestima alta, en quien sus padres confiaban y le daban oportunidades de éxito verá siempre alguna salida positiva, optimista a los problemas que se le plantean en la vida adulta.

En cambio una persona que en su niñez sufrió situaciones de inseguridad, de quien las personas que se encontraban cerca no tenían buenas expectativas de su conducta y abundaron en su niñez experiencias emocionales estresantes y de frustración marcaron su estilo de afrontar sus problemas en la vida adulta, destacándose por su inseguridad, pesimismo y tendencia al desánimo, a los miedos, a la ansiedad y finalmente a la depresión, grados que dependen del apoyo que le brindan las personas de su entorno familiar y social más cercano.

Esta opinión como todo lo que se relaciona con la vida del ser humano no puede ser categórica cien por cien, ya que en la persona la constante interacción de pensamientos, ideas, movimiento de la voluntad y dirección u objeto de su amor y estima, son procesos dinámicos. Cada persona recibe la influencia positiva o negativa del que tiene a su lado, a veces una simple conversación en un momento crítico puede ayudar a cambiar una decisión.

Esto no quiere decir que el futuro esté decidido por la infancia o la etapa prenatal, pero si que influye grandemente. Sin embargo, el hombre es libre y bebés en las condiciones ideales no responden al ideal humano, ni siquiera al normal, y bebés en condiciones difíciles son fuertes capacas y amorosos en su madurez. Queda en pie la influencia del espíritu en la materia y viceversa. El campo es inmenso, ahora intentaremos ver como el cuerpo (soma) influye en la parte superior (psique) y éstas influyen y son influidas en el alma (pneuma) 

Mente y cerebro

Este título se hizo famoso por el trabajo conjunto de Eccles premio nobel de Neurología, especialista en la neurofisiología del cerebro y Karl Popper, internacionalmente conocido. El Dr. Cervós me decía en una conversación personal sobre el tema que es más fácil destruir teorías al respecto que hacer una buena. Hay que señalar que este doctor de neurofisiología del cerebro, ex vicerrector de la Universidad libre de Berlín y ex rector de la Universidad Internacional de Cataluña, tiene unos 500 trabajos publicados en revistas de prestigio internacionales, lo que da un valor a sus afirmaciones.

Después de la distinción que hacemos de espíritu, realidad psíquica y cuerpo, pasamos a más detalles concretamente en el cerebro y la afectividad siguiendo en gran parte el estudio de M Gudin, Cerebro y afectividad. Publicado el año 2002.

Esta autora constata que “el cerebro ha pasado de ser una caja negra, en la que entraban determinados datos sensoriales par salir transformados en hechos de comportamiento,  a ser un sustrato propio del conocimiento científico”[30]. De un modo aproximativo se cuantifica  que el cerebro tiene unos 100 billones de neuronas con una 10.000 conexiones vivas llamadas sinapsis que forman unas redes muy complejas que se van rehaciendo..

El salto científico de los últimos tiempos se ha realizado sobre todo en el campo biológico, y la gran incógnita es el cerebro, aunque se conozca mucho más que hace pocos años. Parece importante que se de el paso a la de comprobación desde las hipótesis o las fantasía para que no se elaboren grandes teoría sin fundamento.

Simplificando, se puede decir que “la función del sistema nervioso es transmitir estímulos nerviosos para la comunicación de diversas áreas del cuerpo”[31]. Por otra parte, tienen gran importancia “los neurotransmisores, que son sustancias liberadas en las terminaciones neuronales y actúan sobre la neurona excitándola o inhibiéndola (...) En muchos transtornos del estado de ánimo falla la serotonina (liberada en el tronco cerebral), muchas ansiedades provienen del exceso de noradrenalina y adrenalina. La esquizofrenia guarda relación con exceso de dopamina. Su falta conduce al Parkinson”[32]. El equilibrio es muy difícil y aún no se sabe demasiado.

Funciones zonales del cerebro

Lo primero es constatar que el cerebro se encarga de las funciones cognitivas más altas y el cerebelo de las funciones automáticas del organismo. Luego viene hacer un estudio somero y simplificado de la acción de las zonas cerebrales. Todo teniendo en cuenta que la realidad es mucho más compleja porque, por ejemplo, en las regiones blancas que parecen de exclusivo transporte se da la presencia también de neuronas (cuerpo gris) y que en cada zona se pueden identificar hoy núcleos diversos; además de que las redes neuronales tiene gran plasticidad y van cambiando con multitud de circunstancias como la muerte de muchas de ellas todos los días desde el día del nacimiento, superando estas pérdidas con la reorganización continua de actividades. También tiene gran influencia el entorno y de las actividades superiores, las enfermedades, las experiencias negativas y positiva en el campo sentimental, el aprendizaje etc. Como vemos la complejidad es enorme.

Aún así, se puede distinguir que “la región prefrontal tiene gran importancia en el hombre y constituye una de las principales áreas asociativas (...) el hombre se distingue del animal en el increíble desarrollo prefrontal, que es la región del cerebro que modula los comportamientos   unidos a una meta  y hacia la consecución de objetivos (p.90) como memoria a corto plazo, una anticipación y una función protectora de influencias externas o internas. Lesiones en esta área pueden resultar apatías y falta de movimiento espontáneo, y también hipercinesia, euforia y desinhibición (92) Está muy relacionada con la inteligencia considerada como capacidad de creación (93). Fuster la describe según lo que Aristóteles y Santo Tomás llamaban cogitativa (órgano de valoración, pero todavía sensitivo decían). Es la facultad última de la sensibilidad”[33]

Muy distinta es la función del “lóbulo parietal que contiene el mecanismo de la percepción, no es silente como se pensaba antes. Es como un centro para la integración de la información sensorial”[34]

Se ha observado que según la actividad se desarrollan más algunas partes del cerebro, no al revés. En los casos estudiados en Einstein la región parietal; el violinista la región motora de la mano etc.  Existen muchos casos clínicos estudiados como el de H.M. que un corte de la zona temporal para controlar la epilepsia  pierde la memoria retroactiva posterior. Es decir que abarca desde la operación quirúrgica en adelante, pero no la memoria de lo anterior. Actualmente se detectan alrededor deocho centros de memoria distintos. El caso de Phineas Gage con lesión frontal y un cambio de conducta notable en cuanto a infantilismo aún teniendo emociones fuertes es muy conocido.

En “lóbulo temporal se sitúa el lenguaje auditivo, la memoria y gran parte del campo emocional. (...) También tiene funciones específicamente humanas: como la memoria y el lenguaje y las emociones de miedo y defensa, vergüenza, culpa, enfado, ira, excitación anticipatoria, excitación sensorial y sensación de contento o felicidad  (95 –97) se conecta fuertemente con la zona frontal y parietal que le dan una significación más personal. También con la amígdala, el hipocampo y el sistema límbico creando un patrón de excitación o inhibición” (97) “El sistema temporal es un sistema vivo y dúctil, no cerrado en lo ya aprendido, permite pasar de lo concreto a lo abstracto y de lo particular a lo general y al revés”[35] Aunque también hay que tener en cuenta que un sistema de neuronas puede ser intercambiado con otro.

Menos profunda es la función de los “lóbulos occipitales que son esenciales para la percepción visual y también abarca funciones vegetativas”[36]

 En el centro del cerebro está la amígdala de gran importancia para la afectividad. “A la amígdala se le puede llamar cerebro emocional, se sitúa en el sistema límbico. Se le llama el corazón y el alma de la red cerebral emocional. Tiene la función de asignar contenido emocional a los datos de experiencia común, por el ejemplo, el miedo produce taquicardia, palidez; el enamoramiento también tiene efectos bien conocidos”. En resumen “en la amígdala se vivencian   los afectos”[37] .

Cercano a la amígdala está “el hipocampo en el cual se consolidan los datos sensoriales y afectivos con la memoria”[38] Ambos están situados en el centro del cerebro, aunque las emociones no se reducen a estas zonas pues existen otros núcleos activos

 Ya decíamos que“la plasticidad del cerebro en sus redes de neuronas vivas hace más rica la realidad cerebral que la distribución en zonas. Además puede intervenir en esas redes las acciones de la inteligencia y la voluntad por ejemplo cortando circuitos obsesivos o con el aprendizaje o la memoria intelectual o sensorial, por ejemplo.

Es de notar que en el campo emocional corpóreo“la respuesta emotiva puede ser rápida, como en los animales  (el león y su víctima) estando especialmente desarrollado  el olfato que es el sentido menos inteligente, por así decir. Un miedo muy grande  o furia lleva a actuar sin pensar.  Los sentidos envían a  la amígdala un dato saltándose la corteza cerebral. Aumenta la tensión arterial, los grandes músculos se preparan para una acción rápida; estas reacciones son muy importantes en la vida diaria p.e. conducir, frenar, acelerar etc., pero lo propiamente humano es lo elaborado en la corteza cerebral, sin esta actuación el hombre se animaliza sin vida racional”[39]

Muy distinta es “la reacción lenta incluye acciones de múltiples sistemas corticales”. En la reacción rápida “tristeza y alegría, placer, ira, temor pueden surgir espontáneamente ante estímulos naturales” sin que sea casi acción humana. Por supuesto no es acción intelectual, o libre, o espiritual.   Estas reacciones pueden crear “emociones que pueden bloquear el cerebro racional en una situación de tensión máxima haciendo incapaz de razonar correctamente. La reacción lenta, en cambio, está más cerca de la acción voluntaria. Aunque no reside en ella la voluntad, como veíamos antes equivale algo a la cogitativa aristotélica que no pudo disponer des estudios del cerebro tan detallados, pero que ya entendió esta función corporal intermedia.

Ahora bien influir no quiere decir explicar, pues el hombre es verdaderamente libre, aunque, a veces no lo sea como se decía en los clásicos en los actos primo primi. Se debe distinguir los actos humanos (voluntarios) y los actos del hombre (involuntarios). La moral clásica señalaba, aunque no  conociese el cerebro como acabamos de señalar, que las pasiones antecedentes anulan la voluntariedad si no son provocadas queriendo la causa; y que en el caso de las pasiones consecuentes se es libre y responsable.

El espíritu actúa en el mundo psíquico y en el mundo corporal

El espíritu puede actuar sobre  la materia, en concreto la inteligencia puede mover a adquirir un aprendizaje que modele las emociones corporales modificando las acciones de los sentidos, p.e. Si falta la emoción de miedo puede resultar muy peligroso para vivir, especialmente en los niños, y conviene aprender. En la actividad sexual es evidente la importancia de una conducta precoz y sin frenos o una educada en la racionalidad y el respeto. La acción intelectual no sólo actúa en los sentidos sino también en la razón sensitiva (por lo menos la zona cortical) modificando conductas como que los niños no lloran, o que rezando se adquiere más paz interior y se superan temores, o eligiendo un vestido decoroso y no provocativo etc.

La voluntad tiene la última palabra pues decide. Con dificultades, pero elige. Elige según el dato de la inteligencia, pero puede  decidir que la inteligencia siga buscando otras razones, hasta que la detiene y juzga. Elige según las experiencias sensoriales y emocionales, pero puede decidir alejarse de la percepción, como no ir al cine o ver otro canal de TV. Elige experiencias que moldean el carácter, como puede ser deporte extremo, o entrenamiento continuado, o vida de estudioso, educar la sensibilidad artística, o vida muelle.

Elige intentar controlar las emociones que le resultan molestas, como el miedo excesivo con unos cursos de defensa personal, o una medicina que fomente la agresividad; o alejarse de las situaciones que le han encolerizado. Elige una vida de espiritualización de todas las acciones exteriores e interiores, o rehuye a Dios obteniendo emociones claramente dispares.

Todo esto se aleja de la situación estática de acción-reacción porque varía todo: los sentidos, el cerebro, el entorno, y, sobre todo, el mundo intelectual, volitivo y espiritual. También cambia la realidad personal profunda, que podemos llamar corazón en sentido bíblico, y la acción de la presencia de Dios en el alma y la luz que ilumina el intelecto agente y el amor que mueve a la voluntad, así como la acción de la gracia sobrenatural de efectos extraordinarios u ordinarios de comprobada realidad histórica.

Todas estas consideraciones llevan a superar una visión estática del ser humano, y también una visión reduccionista que intente explicar con realidades verdaderas pero parciales, como los mecanismos cerebrales, auténticos fenómenos espirituales.  Esto aleja de la situación estática de acción-reacción, porque puede variar todo tanto la actividad de los sentidos como  la del cerebro, así como el entorno. El mundo intelectual y volitivo dirige el mundo sensorial y afectivo, aunque sea fuertemente influido por ellos. No somos ángeles, pero tampoco somos animales.

La realidad personal más profunda, que hemos llamado corazón, también actúa en las emociones corporales y en la vida sensitiva. Actúa influyendo en la acción, más aún si es una acción lenta y continuada, como vivir la solidaridad con los marginados, o alegrarse con la fruición estética, o amar a los enemigos, o cuidar a los enfermos, o acostumbrarse a la sobriedad, etc

La vida estrictamente espiritual también actúa positivamente en los campos antes señalados. La acción de la presencia de Dios en el alma conforma la conducta, como es vivir un amor muy espiritual, llamado caridad por los cristianos. Las convicciones influyen como la luz de la fe que ilumina el intelecto agente o el amor que mueve a la voluntad, o la esperanza que da paz y alegría en las dificultades.  La acción de la gracia sobrenatural es clarísima en los constatados efectos extraordinarios o místicos muchas veces estudiados; también  en los ordinarios  llevando a tener, por ejemplo, un buen carácter al que lo tenía malo por deficiente contextura corporal o por lesión cerebral. Olvidar lo tantas veces experimentado sería fruto de prejuicios anticientíficos. Como decían los clásicos cristianos la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona.

 


[1] Anónimo Ya sé para qué tengo cuerpo:/para adorar con el gesto,/ de rodillas o postrado,/ de pie,/ sentado,/ cantando,/ juntando manos/ o elevando./ Esperando aquel momento/ en que resucitado/ me uniré a la liturgia celeste/ unido a Cristo Pontífice,/ con los santos/ y María/ en la única Misa eterna/ de la alabanza de gloria/ al Padre eterno Amante/ y al Espíritu.

[2] Gen 2

[3] Angelo Serra. El estado biológico del embrión. ¿Cuándo comienza el ser humano?  En Comentario interdisciplinar a la “Evangelium vitae”  B.A.C., Madrid, 1996

[4] Mouroux  Sentido cristiano del hombre. Ed Palabras. Madrid. 2001. 74 p.

[5] Ibid p.78

[6] ibid p. 80

[7] Edith Stein la estructura de la persona humana p. 62

[8] Acerca del cuerpo como difusor de esta belleza recibida del alma, Cfr. SAN BERNARDO, In Cantic. Senn. 85, n. II (P. L. CLXXXIII, 1193). Cit. en Mouroux p. 86

[9] VALÉRY, Eupalinos ou l'Architecte, pp. 117‑118. cit en Mouroux p. 87

[10] Mouroux

[11] Mouroux Sentido cristiano delhombre. Ed Palabra. Madrid 2001. p. 88-89

[12] Mouroux ibid. p. 899

[13] cfr Edith Stein La estructura de la persona humana. pp 67-69

[14] Edith Stein ibid p. 19

[15] Javier Boneu. Diccionario euléxico. Ed juventud 2000. p. 275

[16] Edith Stein La estructura de la persona humana. p. 19

[17] Mouroux . Sentido cristiano del hombre. Ed Palabra. Madrid 2001. p.93

[18] R Leonard. La fe y el pensamiento contemporáneo. Ed Encuentro 1985 p. 279

[19] Leonard  o.c.  p. 280

[20] Mouroux. Sentido cristiano del hombre. Ed Palabra. Madrid 2001. p.97

[21] Mouroux. Sentido cristiano del hombre. Ed Palabra. Madrid 2001. p.102

[22] Anónimo El Verbo tiene cuerpo./La Palabra siente como yo,/duerme, / come, /ríe,/ camina poco a poco,/ se tapa la cabeza si hace sol,/ trabaja con sus manos./Es el más bello de los hijos de los hombres./¡Bendita sea su Madre!/ Y mira con esos ojos/ que penetran hasta el fondo.
Carne espiritual es todo hombre./En Ti la unión es con el Verbo,/ para poder llegar a ser/ como nosotros,/sobre todo, /víctima del sacrificio./Cuerpo inmaculado/ que asume el holocausto.>

[23] Mouroux. Sentido cristiano del hombre. Ed Palabra. Madrid 2001. p.104

[24] Edith Stein La estructura de la persona humana. p. 69

[25] Mouroux. Sentido cristiano del hombre. Ed Palabra. Madrid 2001. p.123

[26] ibid. 124

[27] X. Zubiri. Naturaleza, Historia, Dios. Madrid 1951, 336

[28] E = emotivo; A= activo; P = primario; S = secundário; n=no

[29] seguimos las observaciones clínicas de la neuropsiquiatra infantil Doctora Chumbe

[30] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p. 25

[31] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.

[32] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.

[33] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.

[34] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.

[35] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p

[36] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.199s

[37] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.

[38] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.

[39] M Gudin, Cerebro y afectividad. Eunsa 2002, p.199s