DEDICACIÓN BASÍLICA DE LETRÁN
11-09
1. CLARETIANOS 2002
Hemos llegado al sábado en el que celebramos la fiesta de la basílica de Letrán. No voy a contaros ninguna historia de piedras ni de planos aunque soy aficionado a las dos cosas, especialmente a la segunda. Si deseáis más información sobre el origen de la fiesta o sobre la basílica romana, basta con que pulséis el hipervínculo dedicado expresamente a la basílica.
Hoy es un día óptimo para meditar sobre nuestra condición de templos, sobre el templo que es la iglesia. En la carta a los corintios, Pablo dice: "Sois templo de Dios". La razón es que "el Espíritu de Dios habita en vosotros".
Para los judíos el
templo de Jerusalén representaba un lugar sagrado. Desde su destrucción por
parte de Tito en el año 70 no se ha vuelto a reconstruir. Sólo quedan unas
enormes piedras del muro de contención sobre el que se erguía el templo de
Herodes el Grande. Los judíos de hoy lo llaman el Muro Occidental. Nosotros lo
conocemos, más bien, como el Muro de las Lamentaciones. A todas las horas del
día y de la noche hay hombres y mujeres que rezan a Dios orientando sus cuerpos
hacia esos restos.
Jesús salda definitivamente la distancia entre Dios y nosotros. No necesitamos
ya ningún lugar separado para entrar en relación con Él porque todos los lugares
pueden ser santos.
El lugar por excelencia es el mismo cuerpo de Cristo. Este el templo nuevo. Nosotros somos las piedras de ese templo. Por tanto, la relación con Dios está ligada al reconocimiento de su presencia en todos aquellos que constituimos el cuerpo de Cristo. De aquí surge una nueva espiritualidad que siempre está por estrenar, que en toda época resulta demasiado rupturista como para que podamos aceptarla tranquilamente. Al final siempre se impone la fortaleza de un templo de piedra a la debilidad de los templos de carne y hueso.
Gonzalo (gonzalo@claret.org)
2. 2001
COMENTARIO 1
vv. 13-22. La nueva relación entre Dios y los hombres (2,1-11) comporta la
desaparición de las instituciones que pertenecían a la antigua. En primer
término, la del templo; desde ahora, el lugar donde Dios se manifiesta y desde
donde actúa es el hombre mismo.
13Estaba cerca la Pascua de los Judíos y Jesús subió a Jerusalén.
La Pascua de los Judíos (no «la Pascua del Señor»; cf. Ex 12,11.48; Lv 23,5; Nm
9,10.14; Dt 16,1, etc.) es la fiesta oficial, que no conserva el carácter
liberador de la antigua Pascua.
14Encontró en el templo a los vendedores de bueyes ovejas y palomas y a los
cambistas instalados, 15y haciendo como un azote de cuerdas, a todos los echó
del templo, lo mismo a las ovejas que a los bueyes; a los cambistas les
desparramó las monedas y les volcó las mesas 16y a los que vendían palomas les
dijo: -Quitad eso de ahí: no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de
negocios.
El templo (14), centro religioso y símbolo nacional de Israel, convertido en
lugar de comercio y explotación. El azote de cuerdas (15) era símbolo mesiánico.
Jesús se presenta como Mesías cuando está próxima la fiesta de Pascua y acuden
peregrinos a Jerusalén. Anuncia su propósito de sacar (éxodo) al pueblo
(representado por las ovejas, cf. 10,1ss; Ez 34) fuera de la institución
religiosa (15) de la que es víctima. Los cambistas representan el sistema
bancario del templo y el tributo que todos los judíos habían de pagar.
Principales acusados, los vendedores de palomas (16); la paloma se usaba para
los sacrificios expiatorios, en particular de los pobres; como en la figura de
las tinajas (2,6), se prometía vanamente la reconciliación con Dios, mientras
se explotaba económicamente a los más débiles (cf. 1,32; el Espíritu/paloma
comunicación de Dios con el hombre). Los vendedores son figura de la jerarquía
del templo, que explotaba a los pobres con el fraude de lo sagrado. El Dios del
templo ya no es el Padre, sino el dinero (16): templo idolátrico. Mi Padre:
nueva afirmación mesiánica (cf. Sal 2,7). La relación con Dios ya no es
religiosa, sino familiar (Padre); no de temor, sino de amor y confianza.
17Se acordaron sus discípulos de que estaba escrito: "La pasión por tu casa me
consumirá".
Los discípulos (17) interpretan el gesto en clave del celo de Elías (1 Re
19,10.14.15-18; 2 Re 10.1-28; Mal 3,1ss. 23; Eclo 48,1-11). Ven en Jesús un
Mesías que va a reformar las instituciones por la violencia.
18Respondieron entonces los dirigentes judíos, diciéndole: -¿Qué señal nos
presentas para hacer estas cosas? 19Les replicó Jesús: -Suprimid este santuario
y en tres días lo levantaré. 20Repusieron los dirigentes: -Cuarenta y seis años
ha costado construir este santuario, y ¿tú vas a levantarlo en tres días?
21Pero él se refería al santuario de su cuerpo.
Los dirigentes del templo (18), representados antes por los vendedores, no
hacen caso de la exhortación de Jesús; le piden sus credenciales como Mesías.
La función del templo era significar la presencia activa de Dios (cf. Ex
40,34-38). Ellos la han anulado, haciendo del templo un mercado. Jesús, en
quien habita la gloria/Espíritu (1,14), es el nuevo santuario que invalida todos
los anteriores. Matando a Jesús (19), los dirigentes intentarán eliminar
definitivamente la presencia de Dios, al que ya han desalojado del templo. La
expresión cuerpo/persona, usada de Jesús (21) (cf. 19,31.38.40; 20,12), es
extensible a los que posean el Espíritu (7,38; 19,34) (21).
22Así, cuando se levantó de la muerte se acordaron sus discípulos de que había
dicho esto y dieron fe a aquel pasaje y al dicho que había pronunciado Jesús.
Sólo cuando Jesús resucite comprenderán los discípulos que su celo lo había
llevado a dar la vida por los hombres, no a quitar la vida a otros. A todo lo
largo del relato evangélico, la adhesión a Jesús (2,11) coexiste en los
discípulos con la interpretación errónea de su misión (22).
COMENTARIO 2
Jesús, siguiendo la tradición de los profetas, sustituye el templo de Jerusalén
por su propio cuerpo. Jesús condena el templo como un mercado. No es ya un lugar
de encuentro con Dios, una casa de Dios, sino un lugar de mercado, un espacio
religioso de acumulación de dinero. Jesús echó con un látigo a todos los
vendedores y cambistas del templo. Esta "violencia" profética de Jesús contra el
templo y su llamado a destruir el templo, los discípulos lo entendieron después
de su resurrección, pero sobre todo después del año 70, cuando el templo fue
destruido por los romanos. El cristianismo nació así claramente como una
religión sin templo. Su único templo era el cuerpo resucitado de Jesús. La carta
de Pablo a los Corintios está en esta misma línea profética de Jesús. Para Pablo
el santuario, la edificación de Dios, es la comunidad cristiana: "Ustedes son el
santuario de Dios, donde habita el Espíritu de Dios". Este es el único
santuario, que tiene por fundamento a Jesús. El cristianismo de los primeros
siglos fue fiel esta tradición de Jesús y Pablo. Los cristianos se reunían en
las casas o en sitios comunitarios, pero nunca edificaron templos. Es en el
siglo IV, cuando la Iglesia de Jesús se transformó en imperio cristiano, cuando
se empiezan a construir templos. Las primeras basílicas eran palacios paganos
transformados en iglesias. Renació la antigua tradición judía salomónica,
rechazada por los profetas, de una iglesia-templo-mercado. Si se construyeron
edificios a lo largo de la historia, no fue como templos sagrados a la manera
del de Salomón, sino como edificios cuya única finalidad era hacer posible la
reunión de la comunidad. El único templo es la comunidad cristiana identificada
con el cuerpo resucitado de Cristo.
1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
3. 2002
La dedicación o
consagración de la basílica de san Juan de Letrán es celebrada en toda la
iglesia católica romana por tratarse de la catedral del papa, obispo de Roma. Se
trata de la primera y de la cabeza de todas las iglesias del mundo católico. Fue
mandada construir en el siglo IV por el emperador Constantino, el primero de los
emperadores cristianos.
La lectura del libro del profeta Ezequiel nos presenta una visión del templo de
Jerusalén, el templo añorado por los judíos durante su destierro en Babilonia,
después de que fuera profanado y destruido por los babilonios. El profeta ve un
templo renovado y espléndido, construido por el mismo Dios. De uno de sus
costados laterales, el que mira hacia oriente, se ve surgir un torrente de aguas
milagrosas que, a través del valle del Cedrón, fluye hasta alcanzar el Mar
Muerto, purificando y dando vida a sus aguas. A orillas del torrente verdeará la
tierra de árboles frutales cuyas hojas son medicinales. En realidad, hasta el
día de hoy, todas son tierras desérticas hacia el oriente del lugar donde se
levantaba el templo de los judíos, y el Mar Muerto sigue siendo un lago de aguas
saladas sin ningún género de vida visible. La visión del profeta se realiza no
un lugar determinado de la tierra, sino allí donde los cristianos viven el
evangelio, amando a sus hermanos y sirviéndolos por amor a Jesucristo,
constituyendo comunidades cristianas en las cuales, no sólo la naturaleza, sino
sobre todo los seres humanos, son renovados, respetados y amados.
San Pablo, en la lectura que hoy hicimos de un fragmento de su 1ª carta a los
corintios, habla precisamente de un templo espiritual, no construido con piedras
materiales, sino con "piedras vivas y espirituales" que somos nosotros. Así
aprendemos que la Iglesia no es sólo el edificio donde se reúnen los cristianos,
sino la comunidad viva y activa, que testimonia su fe en medio del mundo, y que
la sigue anunciando y testimoniando a todos los que puede.
Los cristianos corintios estaban divididos entre sí, formando bandos
confrontados. Las causas de la división resultaban mezquinas y chocantes, y el
apóstol fundador las enfrenta contraponiendo a la comunidad dividida, la imagen
del único cuerpo de Cristo, en el cual todos los cristianos nos incorporamos por
el bautismo. En este templo que es la Iglesia habita el Espíritu Divino, por
tanto, atentar contra la unidad de la comunidad es atentar contra el Espíritu
Santo.
Desgraciadamente la Iglesia sigue dividida, a pesar de la enseñanza del apóstol.
Casi siempre nos sentimos orgullosos de la belleza de nuestros templos, y
trabajamos mucho por mantenerlos espléndidos, como símbolos de la vitalidad de
nuestras comunidades. Esto sucede tratándose de las humildes capillas e
iglesitas campesinas, y de los grandes templos, santuarios y catedrales de
nuestras ciudades. Si le hiciéramos caso a Pablo, trabajaríamos más bien por
mantenernos unidos en la misión, en el servicio y en el testimonio, y por lograr
la anhelada unidad de todos los cristianos en una sola Iglesia.
La lectura evangélica, tomada de san Juan, es el conocido episodio de la
expulsión que hace Jesús de los mercaderes que comerciaban en los atrios del
templo de Jerusalén. Se trató de un acto simbólico, digno de los antiguos
profetas. Jesús lo realizó en su condición de Mesías, una de cuyas atribuciones,
según las expectativas judías, era la de purificar el templo y devolverle su
santidad original. Es que el santuario nacional de los judíos se había
convertido en el epicentro de un poder económico y político, detentado por la
aristocracia sacerdotal. Los que la componían, los más altos dignatarios de la
religión mosaica, se aprovechaban de sus privilegios, toleraban un estruendoso
mercado de víctimas para los sacrificios y de otros elementos necesarios para el
culto de ese entonces: leña para los sacrificios, perfumes, panes, aceite, vino
y sal, y una gran cantidad de cosas. Los sumos sacerdotes judíos y sus
subalternos se lucraban de los impuestos que esos mercaderes tenían que pagar.
Jesús proclama que el templo es la casa de Dios, que es casa de oración y no de
tráficos mercantiles, que el templo construido por manos humanas está a punto de
ser abolido para dar lugar a un templo espiritual: su cuerpo glorioso de
resucitado, su Iglesia extendida por toda la tierra.
Si celebramos con alegría esta fiesta de la dedicación de la basílica de san
Juan de Letrán, porque es la catedral de Roma y del papa, no podemos olvidar la
lección de las lecturas, especialmente la del evangelio. El templo donde Dios
quiere ser adorado de verdad, es la misma iglesia, la comunidad cristiana, unida
indisolublemente a su Señor Jesucristo. La comunidad puede adorar a Dios hasta a
la intemperie: desde que haya comunidad hay iglesia; si es auténtica será una
iglesia movida por el Espíritu Divino, para amar y servir especialmente a los
pobres y para proclamar el evangelio.
Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica)
4.
El Año Litúrgico no puede girar sobre otro eje que no sea el mismo Jesucristo.
Pero Cristo, la Cabeza del Cuerpo Místico, está siempre unido a sus miembros.
Ahora bien, se podría decir que once meses del Año Litúrgico se dedican sobre
todo a los grandes misterios de Cristo. En cambio, el mes de Noviembre se dedica
más bien a los miembros del Cuerpo Místico.
Y así, el día 1o. celebramos la "FIESTA DE TODOS LOS SANTOS" -Iglesia
Triunfante-, el día 2, la CONMEMORACION DE LOS FIELES DIFUNTOS -Iglesia
Purgante-, y hoy, día 9, "LA DEDICACION DE LA BASILICA DE LETRAN" -Iglesia
Militante-. Estas celebraciones de Noviembre son sumamente importantes, pues, al
estar los miembros íntimamente unidos a la Cabeza, cuando recordamos a éstos,
celebramos en realidad el Cuerpo Místico Total.
Hoy celebramos el aniversario de la Dedicación de la basílica construida a
principos del siglo IV por el emperador Constantino, en su palacio de Letrán,
sobre el monte Celio. La consagró el Papa San Silvestre el 9 de noviembre del
año 324, después de bautizar a Constantino y curarle, según se cree, de la
lepra.
Cuatro son las basílicas mayores de Roma. Pero es la de San Juan de Letrán, que
antes se llamó del Salvador, la que tiene mayor categoría litúrgica, la que es
llamada "MADRE Y CABEZA DE TODAS LAS IGLESIAS DE LA URBE Y DEL ORBE". Es la
catedral del Papa, junto a ella habitaron los Papas varios siglos y en ella se
celebraron cinco Concilios Ecuménicos. La consagración de San Juan de Letrán es
el símbolo y prototipo de la consagración de nuestras iglesias para el culto
divino y la oración.
El templo material es a la vez símbolo del templo espiritual, el Cuerpo Místico
de Cristo. En la cúspide de este templo está la piedra viva, y esencial, la
piedra divina angular, Cristo. "He aquí que yo pongo en Sión una piedra angular,
escogida, preciosa..."
Junto a la Cabeza, la piedra angular, también los miembros son piedras vivas
-piedras vivas y despiertas, no durmientes- de ese templo espiritual. Por tanto,
un triple templo recordamos hoy. El TEMPLO MATERIAL de San Juan de Letrán, y en
sentido amplio, de cualquier iglesia. EL TEMPLO ESPIRITUAL que forman entre sí,
y con Cristo, todos los fieles cristianos en gracia, o Cuerpo Místico. Y EL
TEMPLO DEL ALMA CRISTIANA, en gracia, en el que habita el mismo Dios. Dice la
Palabra de Dios: "Si alguno me ama... vendremos a él y haremos en él nuestra
morada". "¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en
vosotros?".
5. DOMINICOS 2004
Adoremos al Señor en
espíritu y en verdad.
Dios está en Jerusalén, en Garizín, en el Mar, en el Campo...
Dios está en cada corazón en que fija su morada de amor.
De cuando en cuando la liturgia nos sorprende invitándonos a celebrar no ya la
memoria de mártires, predicadores, misioneros, padres de familia, sino incluso
la memoria de templos que han tenido especial significado en la historia
espiritual, doctrinal, misionera, de la Iglesia. Hoy corresponde esa gloria a la
famosa basílica de “San Juan de Letrán”.
La primitiva iglesia-basílica de Letrán era una de las constantinianas, erigidas
en el siglo IV, tras las persecuciones de los emperadores romanos, con el favor
y protección del emperador Constantino.
El edificio original era un palacio propiedad de la esposa de Constantino que lo
donó al Papa san Silvestre. Desde entonces quedó convertido en Templo-Palacio,
sede de los Papas, lugar de celebración de Concilios, centro de la cristiandad;
y en ese servicio se mantuvo unos mil años, hasta que el papado se trasladó a
Aviñón.
Cuando los Papas volvieron a Roma, ya no acudieron a Letrán (deteriorado y
olvidado) sino al Vaticano. Hoy, al celebrar esa memoria histórica,
seleccionando dos textos especiales, debemos llenarla de sentido espiritual y
acentuar la comunión de todas las iglesias de Cristo. Sea esta nuestra oración,
pues andamos bien necesitados de volver y vivir en la unidad.
La luz de Dios y su mensaje en la Biblia
Libro del Apocalipsis 21, 9-14:
“Yo, Juan, vi —en éxtasis- un cielo nuevo y una tierra nueva... Vi la ciudad
santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo enviada por Dios, arreglada
como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía
desde el trono: Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos.
Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos. Él enjugará las lágrimas de sus
ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo
ha pasado.
Y el que estaba sentado en el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”
Evangelio según san Juan 4, 19-24:
“En aquel tiempo junto al pozo de Jacob, una mujer samaritana dijo a Jesús:
Señor, veo que tú eres el profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte (Garizín),
y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dijo: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en
Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis;
nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aqu4 en que los que quieran dar culto verdadero
adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto
así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y
verdad’.
Reflexión para este día
El cosmos y yo mismo, morada de Dios.
En leguaje religioso, para nosotros el cosmos es morada del Dios creador, pues
lo hizo y lo mantiene en su ser, siempre moviéndose, transformándose,
agrandándose. Las religiones todas, de una u otra forma, confiesan esa verdad:
el cosmos o es un ser divino o es obra de la mano del Ser Divino. En ese
supuesto, bien podemos decir que el cosmos es “sagrado’.
Pero en todas las religiones, en todas las culturas que hablan de lo divino y lo
humano, de la tierra y el cielo, de Dios (o dioses) y de las criaturas, hay
lugares, gestos, acontecimientos, celebraciones, ámbitos, en que lo sagrado se
hace más patente. En ellos, la presencia de lo divino parece como que se palpa,
y allí es donde se favorece un encuentro de conciencia que adquiere mayor
relieve y profundidad. Así sucede en las cumbres de los montes, en los ríos
sagrados, en los árboles de la vida, en las aras de inmolación de ofrendas y
víctimas, en momentos del nacimiento de un niño a la vida y de su muerte-- ¿No
tenemos cada uno un lugar, momento o ámbito en que nos hallamos y hablamos mejor
con Dios?
6.
Comentario: Rev. D.
Joaquim Meseguer i García (Sant Quirze del Vallès-Barcelona, España)
«Destruid este templo y en tres días lo levantaré»
Hoy, en esta fiesta universal de la Iglesia, recordamos que aunque Dios no puede
ser contenido entre las paredes de ningún edificio del mundo, desde muy antiguo
el ser humano ha sentido la necesidad de reservar espacios que favorezcan el
encuentro personal y comunitario con Dios. Al principio del cristianismo, los
lugares de encuentro con Dios eran las casas particulares, en las que se reunían
las comunidades para la oración y la fracción del pan. La comunidad reunida era
—como también hoy es— el templo santo de Dios. Con el paso del tiempo, las
comunidades fueron construyendo edificios dedicados a las reuniones litúrgicas,
la predicación de la Palabra y la oración. Y así es como en el cristianismo, con
el paso de la persecución a la libertad religiosa en el Imperio Romano,
aparecieron las grandes basílicas, entre ellas San Juan de Letrán, la catedral
de Roma.
San Juan de Letrán es el símbolo de la unidad de todas las Iglesias del mundo
con la Iglesia de Roma, y por eso esta basílica ostenta el título de Iglesia
principal y madre de todas las Iglesias. Su importancia es superior a la de la
misma Basílica de San Pedro del Vaticano, pues en realidad ésta no es una
catedral, sino un santuario edificado sobre la tumba de San Pedro y el lugar de
residencia actual del Papa, que, como Obispo de Roma, tiene en la Basílica
Lateranense su catedral.
Pero no podemos perder de vista que el verdadero lugar de encuentro del hombre
con Dios, el auténtico templo, es Jesucristo. Por eso, Él tiene plena autoridad
para purificar la casa de su Padre y pronunciar estas palabras: «Destruid este
templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2,19). Gracias a la entrega de su vida
por nosotros, Jesucristo ha hecho de los creyentes un templo vivo de Dios. Por
esta razón, el mensaje cristiano nos recuerda que toda persona humana es
sagrada, está habitada por Dios, y no podemos profanarla usándola como un medio.
7. Fray Nelson Martes 9 de Noviembre de 2004
Temas de las
lecturas: Vi salir agua del templo: era un agua que daba vida y fertilidad *
Ustedes son templos de Dios * Jesús hablaba del templo de su cuerpo.
1. El Templo, lugar de gracia y salvación
1.1 La catedral de San Juan de Letrán es la iglesia que sirve de sede al sucesor
del apóstol Pedro, es decir, al Papa. Este, pues, es un día para meditar en el
misterio y la bendición que significa el templo, y así lo sugieren las lecturas
de hoy: el templo renovado de Jerusalén, según la visión de Ezequiel; el templo
que forman los creyentes, según la doctrina del apóstol; el templo que es Cristo
mismo según nos enseña el Evangelio.
1.2 En todas las culturas, los templos son expresión visible de la presencia de
la divinidad, y también de la oración o la búsqueda de esa presencia por los
hombres. Al templo acudimos con nuestras necesidades, preguntas, dolores,
ofrendas o esperanzas, y en él esperamos encontrar luz, guía, consuelo, paz,
remedio a nuestras dolencias y respuesta a nuestra indigencia. Ezequiel nos
presenta un templo del que brotan la vida y la salvación. Un lugar de gracia. Un
manantial de vida que sanea las aguas dañadas y que hace fecundos los árboles,
con frutos deliciosos y nutritivos, y con hojas medicinales.
1.3 La imagen es muy fuerte: el río se va volviendo más y más impetuoso a medida
que corre. Todo lo cambia a su paso avanza invencible restaurando el orden y la
salud que se habían perdido. Si lo miramos bien, se trata de un retorno
victorioso a la condición inicial del paraíso. Del templo sale una fuerza que
hace posible el plan original de Dios. En el templo, pero más aún: desde el
templo la redención nos acerca a la hermosura y la inocencia propias de la
creación. Según esto, el templo es la señal visible de la acción progresiva de
la gracia. Mientras la gracia tenga que seguir peregrinando, necesitamos de
templos que marquen el ritmo de su caminar maravilloso.
2. El Templo, lugar de la enseñanza
2.1 El templo no es una cosa. No tiene valor por sí mismo ni por sus materiales.
La actitud de Jesús en el evangelio de hoy sería sacrílega si el templo fuera
una cosa. Mas no es así. Su valor le viene no de su hechura sino de su lugar
real en la vida de la fe de un pueblo. Ya Jeremías había denunciado la falsa
confianza a que puede conducir un templo considerado como cosa. Dijo: "No
confiéis en palabras engañosas, diciendo: He aquí, vosotros confiáis en palabras
engañosas que no aprovechan, para robar, matar, cometer adulterio, jurar
falsamente, ofrecer sacrificios a Baal y andar en pos de otros dioses que no
habíais conocido. ¿Vendréis luego y os pondréis delante de mí en esta casa, que
es llamada por mi nombre, y diréis: "Ya estamos salvos"; para luego seguir
haciendo todas estas abominaciones? ¿Se ha convertido esta casa, que es llamada
por mi nombre, en cueva de ladrones delante de vuestros ojos? He aquí , yo mismo
lo he visto--declara el SEÑOR" (Jer 7,4.8-11). Son las palabras con las que el
evangelista interpreta la impresionante escena de Jesús purificando el templo de
Jerusalén.
2.2 Si el templo no ha de ser reducido a cosa, sí ha de ser, en cambio, lugar de
enseñanza, como lo mostró Jesucristo con su mismo ejemplo (cf. Mt 21,23; Mc
12,35; 14,49; Lc 19,47; 21,37; Jn 7,28). Cabe decir que es la palabra la que da
su sentido y en cierto modo santifica al templo. Es el sentido que recoge la
práctica católica cuando da el primer lugar en cada iglesia local a la
"catedral", es decir, el lugar de la "cátedra", sede propia de la predicación y
la enseñanza del obispo. Sin la palabra delos apóstoles y de sus sucesores la
catedral sería sólo un edificio bonito, quizá un buen museo.
3. El Templo, lugar de la comunidad
3.1 Ahora bien, la palabra no está destinada a los muros o las columnas sino,
desde luego, a las personas, es decir, a la comunidad. La palabra de los
apóstoles (Ef 2,20; cf. 1 Pe 2,5; Col 2,7) edifica a la comunidad, y es ella, en
realidad, el templo que en el que Dios quiere habitar.
3.2 Por eso al celebrar hoy al lugar primero de la palabra del primero entre los
apóstoles, enviemos desde aquí nuestra oración por el Papa, por su magisterio y
su ministerio; y recibamos también aquí la bendición, la plegaria y la palabra
que él, como signo de unidad de todos los cristianos, concede a la iglesia
universal desde su iglesia particular.
8. 2004 Reflexión:
Jn. 2, 13-22. Jesús hablaba del templo de su cuerpo. Él resucitará al tercer
día, después de haber cargado sobre sí la miseria de la humanidad para clavar en
la cruz el documento que nos condenaba. Así Él llevó a efecto la purificación de
todos nosotros, llamados a convertirnos en una digna morada para Él. Nosotros
somos el templo de su cuerpo. Él habita en nosotros, y no podemos convertir
nuestra vida en una cueva da maldad, de desórdenes, de infidelidades, de
injusticias, de traficantes humanos o de drogas, etc. Cuando nosotros le abramos
el corazón a Cristo no será sólo para que nos le acerquemos y le demos culto,
sino para que Él nos purifique de todo aquello que ha deteriorado nuestras
relaciones con Dios o con el prójimo. Por eso cada uno de nosotros está llamado
a hacer muchas renuncias; incluso a morir a nosotros mismos para poder vivir con
autenticidad nuestro ser de hijos de Dios, guiados ya no por nuestros caprichos,
o por nuestra concupiscencia, sino por el Espíritu de Dios, siempre haciendo el
bien a todos, pues de la abundancia de nuestro corazón hablará nuestra boca, y
nuestras obras manifestarán si en verdad Dios habita o no en nosotros.
El Señor nos reúne en este día de la fiesta de la dedicación del Templo Madre,
la Basílica de San Juan de Letrán, Catedral del Papa. Celebremos el Sacrificio
Eucarístico, agradable a nuestro Dios y Padre. Y no sólo nos concretemos a una
acción litúrgica, pues el Señor nos pide un auténtico compromiso en la
construcción de su Reino entre nosotros. La vida de Dios habita en la Iglesia;
en todos y en cada uno de los diversos miembros que conformamos el Cuerpo, del
que Cristo es Cabeza, participando de un mismo Espíritu. Por eso el Señor nos
quiere santos en su presencia, pues no podemos continuar siendo guiados por
mundanos criterios, ni dominados por nuestra concupiscencia. Quien se ha hecho
uno con Cristo debe manifestar ante el mundo entero la vida nueva con la que ha
sido agraciado en Cristo Jesús. Vivamos conforme a la Palabra de Dios. Vivamos
conforme a la Comunión de Vida con Cristo, cuyo culmen en esta vida es la
Eucaristía, que nos compromete a vivir entregados a favor de nuestro prójimo
para que también ellos lleguen a ser una digna morada del Espíritu. Vivamos
conforme a la comunión fraterna cuyos lazos quedan fortalecidos durante nuestra
Eucaristía, pues quienes participamos de una misma Palabra, de un mismo Pan y de
un mismo Espíritu no podemos vivir divididos por enemistades o discordias.
Edifiquemos el Reino de Dios. Somos nosotros mismos los que, como piedras vivas,
se van adhiriendo a la construcción del Templo Santo de Dios. Que sea el
Espíritu de Dios el que nos una con la fuerza poderosa de su amor. Ya Jesús
decía en su Evangelio: "Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea." En
un mundo en que se han generado muchas tensiones y divisiones, la Iglesia debe
ser un signo de paz, de reconciliación, de unión fraterna. No podemos anunciar a
Cristo con lealtad mientras nosotros mismos vivamos mordiéndonos unos a otros.
Es fácil decir que creemos en Cristo. Sin embargo la fe en Él se manifiesta a
través del amor que nos tengamos unos a otros, pues no posee a Cristo aquel que
vive dividido o en discordias con su prójimo. Por eso le hemos de pedir a Dios
que nos purifique de todo odio y división y que infunda en nosotros su Espíritu
Santo para que en verdad formemos un sólo cuerpo con un sólo espíritu y un sólo
corazón. Que esa unidad la vivamos en plena comunión con el sucesor de Pedro y
de los demás apóstoles, pues una Iglesia que no viva fiel a su Cabeza no podrá
ser signo de unidad ni de salvación para el mundo.
Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra
Madre, que nos conceda la gracia de dejarnos llenar del Espíritu Santo para que,
guiados por Él, seamos una digna morada de Dios, pudiendo manifestarnos ante
todos como el signo de salvación que Dios ha puesto en el mundo para que, por
medio de Él, todos puedan llegar a su plena unión con Dios. Amén.
Homiliacatolica.com
9. La purificación
del Templo
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Juan Gralla
Reflexión:
No deja de sorprendernos ver a Jesús enfurecido, sacando a los mercaderes del
Templo a latigazos. Tenía que defender algo sagrado: la casa de su Padre. Es
lógico que se enfade por una situación como esa. ¿Qué haríamos nosotros si
entrásemos en la casa de nuestros padres y aquello se hubiera convertido en un
mercado persa? Si no hiciéramos nada, ¡menudos hijos seríamos! Lo más probable
es que siguiéramos el ejemplo de Cristo. Porque Jesús amaba a su Padre
infinitamente y no podía consentir aquel abuso. El amor apasionado le impulsaba
a actuar de aquel modo.
Hoy sigue habiendo “mercaderes en el Templo”. Sabemos que cada hombre es “templo
del Espíritu Santo” y hay muchos hombres y mujeres cuyos templos están siendo
profanados con todo tipo de abusos morales y físicos. Este panorama debería
“quemarnos” las entrañas y suscitar en nosotros una pasión por lo que es
sagrado: cada ser humano.
¡Cuántos atropellos a su dignidad! Cada aborto, cada violación, cada acto de
esclavitud es una verdadera profanación. Nosotros, como cristianos, deberíamos
salir en defensa de todos esos hermanos nuestros que sufren, pues ahí está
también Cristo sufriendo. ¿Qué está en mis manos? Seguro que algo puedo hacer.
10. Elredo de
Rielvaux (1110-1167) monje cisterciense
Homilía sobre el Éxodo
“El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros.” (1Cor 3,17)
Muchas veces hemos
oído decir que Moisés, después de haber sacado a Israel de Egipto, construyó en
el desierto un tabernáculo, una tienda del santuario, gracias a los dones de los
hijos de Jacob. Démonos cuenta de que el apóstol Pablo dice que todo esto fue un
símbolo. (cf 1Cor 3,17)
Vosotros, hermanos, sois ahora el templo, el tabernáculo de Dios, como lo
explica el apóstol: “El templo de Dios sois vosotros.” Templo donde Dios reinará
eternamente, sois su tienda porque él os acompaña en el camino. Tiene sed en
vosotros, tiene hambre en vosotros (Mt 25,35) Esta tienda, hermanos, sois
vosotros mismos en el desierto de esta vida, hasta que lleguéis a la tierra
prometida. Entonces tendrá lugar la verdadera dedicación, e ntonces será
edificada la auténtica Jerusalén, no ya bajo la forma de una tienda sino de una
ciudad.
Pero ya ahora, si somos verdaderos hijos de Israel según el Espíritu, si hemos
salido de Egipto en espíritu, ofrezcamos todos nuestros bienes a la construcción
del tabernáculo: “A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para
el bien de todos...” (cf 1Cor 12,4ss) ¡Que todo sea común para todos! ¡Que nadie
considere como bien propio el carisma que haya recibido de Dios! ¡Que nadie
tenga envidia de un carisma otorgado a otro hermano, sino que esté convencido de
que el suyo sirve para bien de todos y no dude que el bien de su hermano es
también su propio bien. Dios actúa de manera que cada uno necesite al otro. Lo
que uno no tiene, lo puede encontrar en el hermano. Así se guarda la humildad,
la caridad aumentará y la unidad será manifestada en el Cuerpo del Cristo total.
11. CLARETIANOS 2004
Queridos amigos y
amigas:
La Iglesia hoy celebra la primera basílica que se construyó, la primera vez que
los cristianos tuvieron un templo oficial. Pero de eso hace mucho tiempo, hoy
tenemos la conciencia de que el templo, la casa de Dios es el lugar donde él
habita...más allá de los muros...en las personas que acogiendo la Palabra se
convierten en piedras vivas para el mundo y son capaces de llevar a Dios donde
quiera que estén.
El edificio puede decir mucho de los que habitan dentro, pero cuando los
edificios no tienen vida... terminan por derruirse. Nosotros no hablamos de esos
edificios. Nuestra realidad se hace diferente cuando tomamos conciencia de lo
que llevamos dentro de nuestro ser, de lo que significa ser transmisores de un
gran regalo de parte de Dios para la humanidad entera. Las lecturas de hoy nos
hacen adentrarnos en la inmensidad de Dios, en las posibilidades con las que
Dios cuenta también en nuestros días para acercarse a todos y dar su vida.
Dice Ezequiel que un hombre lo lleva al Templo. Desde allí él es capaz de
vislumbrar que sale una fuerte corriente de agua viva. Por donde pasa va
gestando y produciendo vida en todo lo que las aguas tocan, hasta el punto de
sanear el Mar Muerto, ese lugar donde no puede existir criatura alguna por el
exceso de sal.
San Pablo nos dice que somos nosotros ese templo, el sitio donde Dios mora, se
da a conocer y contacta con todas las realidades que tiene la gente. Quizás nos
falta creernos de verdad las posibilidades que tenemos cuando dejamos entrar y
actuar a Dios dentro del templo.¡Qué gran esperanza hermanos! Sabernos templo
del que manan tales aguas y que podemos sanar todo lo que hay a nuestro
alrededor ¿Tú te lo crees?.
No podemos seguir lamentándonos cómo está el mundo y seguir desde nuestros
asientos pasando páginas del periódico viendo cómo está la realidad. No se trata
de hacer caridades mal entendidas, sino devolver el sabor, sanear todo lo que
está enfermo y recurrir al proyecto que Dios tiene para el mundo desde el
principio de los tiempos.
Hay un estribillo de una canción que sonó mucho en un tiempo y dice así:
“Hay muchas cosas que hacer y muchas por cambiar, luchemos unidos, vivamos la
gran ilusión, ¡despertad!”
Que Dios nos bendiga y seamos bendición para muchos.
Vuestra hermana en la fe:
Maria Jesús Arija
mjarija@jesusa.jazztel.es