VIRGINIDAD DE MARÍA
TEXTOS

 

1. El motivo por el que el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana de modo virginal está rodeado también de un profundo misterio. Dios no nos ha revelado nada sobre eso, y de ahí que sólo podamos intentar reverentemente vislumbrarlo.

En la época patrística se investigó muchas veces esta cuestión. Así, San Ireneo declara: "Como aquel Adán, que fue formado el primero, recibió su sustancia de la ruda y aún virgen tierra..., de igual manera el mismo Verbo, recapitulando en sí a Adán al nacer de María que aún era virgen, recibió convenientemente origen para la recapitulación de Adán", y de nuevo repite "¿De dónde procede la naturaleza del primer hombre? De la sabiduría y querer de Dios y de la tierra virgen. Pues, dice la Escritura "Dios no dejó llover hasta que fue creado el hombre, y éste no estaba allí para cultivar la tierra." De esta tierra, aún virgen, tomó Dios polvo y formó al hombre principio de la generación humana. En la restauración de este hombre quiso Dios guardar el mismo proceder que en la formación del cuerpo, naciendo de una virgen por la sabiduría y querer divino. Así debió mostrarse en su propia encarnación la semejanza con la de Adán y cumplirse lo que está escrito: "Al principio el hombre fue a imagen y semejanza de Dios." Y como por la obediencia de una virgen el hombre cayó, sucumbió y murió, igualmente volvió a recibir la vida, vivificado de nuevo por una virgen que escuchó la palabra de Dios... De este modo no resultó una criatura nueva, sino que conservó la homogeneidad creada con todo el que fuese de la estirpe de Adán. Pues era necesario y justo que en la restauración de Adán en Cristo lo mortal fuese absorbido y asumido por lo inmortal y Eva por María, para que la virgen fuese la intercesora de la virgen, y la desobediencia virginal desvirtuada y suprimida por la obediencia virginal".

Dice además: "¿Cómo llegará el hombre a Dios si Dios no viene al hombre? ¿Cómo dejará la generación de la muerte, sino con una nueva generación concedida milagrosa o inopinadamente por Dios como prenda de salvación, la generación que procede de la Virgen por la fe? ¿O qué adopción recibirán de Dios permaneciendo en el origen humano de este mundo?".

De modo parecido fundamenta Tertuliano la virginidad en su obra De Carne Christi: "Ante todo, hay que hacer resaltar la razón que hubo para que el Hijo de Dios naciese de una virgen. Debía nacer de una manera nueva el autor de una nueva natividad... Pero toda esta novedad, como en los demás casos, está ya prefigurada de antiguo, de modo que el Señor nace de una virgen según racional disposición. Todavía era virgen la tierra, aún no había sido oprimida por el trabajo, sometida a la sementera, cuando de ella recibimos al hombre hecho por Dios animal viviente. Si, pues, el primer Adán sale de la tierra, con razón el siguiente o novísimo Adán, como dice el Apóstol, de la tierra también, es decir, de carne aún no desellada por la generación fue hecho por Dios espíritu vivificante". Y repite otra vez: "No decía bien que el Hijo de Dios naciera de semen humano, no fuera que, siendo totalmente hijo de hombres no fuese hijo de Dios y no tuviera nada sobre Salomón y Jonás... Por tanto, el que es ya Hijo de Dios por el semen de Dios Padre, esto es, por el Espíritu, para ser hijo del hombre sólo tenía que tomar carne de la carne del hombre sin semen de varón. Pues sobraba el semen de varón en quien tenía el semen de Dios" 36.

En la teología alejandrina nos encontramos con parecidas consideraciones. En la obra seudoatanasiana contra Apollinarem 37 se dice: "Fue imposible a la naturaleza racional, que había caído en el pecado voluntariamente... volver por sí misma a la libertad... Por eso vino el mismo Hijo de Dios para restaurarla en su propia naturaleza por medio de un nuevo principio y admirable nacimiento".

Muchas veces trata San Ambrosio la cuestión del motivo del nacimiento virginal. Vamos a citar un número mayor de textos suyos, pues sus opiniones sirven de ejemplo a otros muchos Padres. Dice así: "Tal nacimiento convenía a Dios. ¿Qué nacimiento humano hubiese sido más digno de Dios que aquel en que el inmaculado Hijo de Dios conservaba al encarnarse la pureza de su origen inmaculado? Y de hecho la señal de la venida de Dios se puso en el parto de una virgen, no de una desposada."

Ve otra razón, junto con San Ireneo, en el paralelo de Adán y Cristo. Cristo es el nuevo primer padre y el principio de una nueva humanidad. Como Adán procede de la tierra virgen, así Cristo de la Virgen. Con frecuencia expresa San Ambrosio la idea de que la concepción del Redentor debía ser virginal, porque si no se hubiera contaminado con las manchas de la corrupción terrena. Pero debía permanecer sin pecado para que pudiese redimir a los hombres del pecado. "Vino, pues, el Hijo de Dios en semejanza de carne de pecado; no vino, naturalmente, en semejanza de carne el que tomó verdadera carne, sino en semejanza de carne de pecado, esto es, de carne pecadora. Pues por el engaño y el veneno infiltrados por la serpiente nuestra carne se hizo carne de pecado. Y después que por el pecado se hizo culpable, se convirtió en carne de muerte, porque estaba condenada a la muerte. Cristo tomó en su carne la semejanza de esta carne culpable y condenada ya. Porque aunque había tomado la sustancia natural de esta carne, sin embargo, no tomó nada contaminado. Ni fue concebido en iniquidad, ni nació en pecado, porque no nació de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de la voluntad de varón, sino del Espíritu Santo y de la Virgen". "Era, pues, necesario un tal libertador, a quien no retuviesen las cadenas que ataron los pecados de la generación humana... Este era únicamente Jesús, quien rodeándose de las cadenas de esta carne, no quedó cogido ni atado". "No fue engendrado Cristo como los demás hombres, por la unión del hombre y de la mujer, sino que nació del Espíritu Santo y de la Virgen, y tomó un cuerpo inmaculado al que no sólo no manchó ningún vicio, sino que ni siquiera mancilló ningún ignominioso coágulo en su concepción y nacimiento. Pues todos los hombres nacemos bajo el pecado y nuestro mismo nacimiento es con mancha... Pero la carne de Cristo condenó al pecado que El no sintió al nacer y que crucificó al morir, para que hubiera en nuestra carne justificación por la gracia donde antes había confusión por el pecado".

La opinión de San Ambrosio, que tuvo gran resonancia posteriormente, puede formularse así: Puesto que el pecado está en contraposición con la divinidad de Jesús y su misión redentora, hay que excluirlo de Dios. De aquí se sigue que la divinidad de Cristo y su dignidad de redentor hicieron necesario un nacimiento inmune del pecado original, y en consecuencia extraordinario y maravilloso. Pero eso no puede realizarse por el semen viril, sino únicamente por el Espíritu Santo, poniendo así San Ambrosio la virginidad de María en estrecha relación, tanto con la Trinidad divina como con la economía de la salvación. En esta argumentación hay ciertamente puntos débiles, pues está presuponiendo que el pecado original se transmite por la generación natural, teoría que en modo alguno es segura.

La concepción virginal de Cristo alude también para San Ambrosio a la regeneración obrada por el Espíritu Santo en el bautismo y a la transformación que lleva a cabo en la Eucaristía. Dice así: "Si, pues, bajando el Espíritu Santo sobre la Virgen obró la concepción y realizó la generación, no hay que dudar que al descender a la pila sobre los bautizados obre realmente la regeneración". Aquí lo decisivo no es el orden natural, sino la supremacía de la gracia. La confesión de una ordenación que trasciende el curso de la naturaleza está unida con la fe en la concepción virginal de Cristo. En otro lugar de su obra De Mysteriis, dice este doctor de la Iglesia: "Fundemos la verdad del misterio (eucarístico) en el ejemplo de la Encarnación. Cuando nació el Señor Jesús de María, ¿estuvo por delante el proceso acostumbrado de la naturaleza? Si buscamos el orden natural, la mujer acostumbra engendrar uniéndose al varón. Está claro, por tanto, que la Virgen engendró fuera del orden natural. Y este cuerpo que nosotros hacemos presente proviene de la Virgen. ¿Por qué buscamos el orden natural en el cuerpo de Cristo cuando el mismo Señor Jesús nació de la Virgen fuera del orden natural? Verdadera era la carne de Cristo que fue crucificada y sepultada; realmente es éste el sacramento de aquella carne." (...) En primer lugar, la concepción virginal es un indicio de la gratuidad de la Redención. El hombre no puede por sus propias fuerzas librarse de su perdición. La Redención no hay que agradecerla al espíritu emprendedor del hombre y a su voluntad de acción. No arranca de la sangre, ni de la tierra. El modo de existencia de un hijo de Dios sólo lo alcanza aquel a quien El da el poder de ser hijo de Dios (/Jn/01/12). Tiene lugar por la regeneración del agua y del Espíritu Santo y hay que agradecerla al mismo Espíritu Santo que formó la naturaleza humana del Logos celeste en María. Yvón de Chartres hace ver esta relación en un sermón de Navidad: "Y así, el nacimiento por el que Cristo nace temporalmente, no es desemejante al nacimiento por el que nace espiritualmente el cristiano. Pues como la madre de Cristo concibió siendo virgen, virgen dio a luz y virgen permaneció, así la Iglesia Madre, esposa de Cristo, engendra diariamente por el baño del agua y la palabra a los pueblos cristianos permaneciendo virgen". En la época patrística nos encontramos con esta idea frecuentemente. Pedro Crisólogo expresa este misterio de la siguiente manera: "Por eso, hermanos, fecundó el Espíritu celeste el seno de la fuente virginal con la misteriosa infusión de su luz, para que, a quienes su origen del barro había hecho nacer terrenos bajo miserable condición, los diera a luz celestiales y les hiciera llegar a la semejanza de su Creador". En el sermón 195 expone San Agustín: "Este es el más hermoso de todos los hijos de los hombres, el hijo de Santa María, el Esposo de la Santa Iglesia, a la que hizo semejante a su Madre. Pues la hizo madre nuestra y la guardó para sí virgen... La Iglesia, como María, posee perpetua integridad e incorrupta fecundidad. Pues lo que aquélla mereció en la carne, ésta lo guardó en el espíritu, fuera de que aquélla dio a luz a uno y ésta da a luz a muchos que han de ser unidos por ese uno". El Papa San León Magno declara en un sermón de Navidad: "Para todo hombre que renace, el agua del bautismo es una imagen del seno virginal, siendo el Espíritu Santo, que llena la fuente, el mismo que llenó también a la Virgen. Y añade el mismo Papa en otro sermón: "Puso en la fuente bautismal el mismo modo de origen que El tomó en el seno de la Virgen. Dio al agua lo que dio a la Madre: pues la virtud del Altísimo y la sombra del Espíritu Santo que hizo que María diera a luz al Salvador esa misma hace que el agua regenere al creyente". San Ildefonso de Toledo dice: "Esta es la virgen en cuyo seno toda la Iglesia es dada en prenda y como obligada por arras. Por eso creemos que se halla unida a Dios con alianza eterna".

El nacimiento de Cristo es imagen y prototipo de esta nueva y celestial existencia que viene del Espíritu Santo, y que, según San Pablo no procede de la tierra, sino del cielo, y a la que deben configurarse los hombres nacidos del Espíritu (I Cor. 15, 47-49). Por el nuevo modo de su nacimiento ha de manifestarse la novedad de lo que realiza. El hombre no puede tomar aquí por su cuenta la iniciativa, sino que debe esperar en la benignidad y misericordia de Dios. La Redención sólo se da como don celestial, no como esfuerzo humano. Todo lo que el hombre puede hacer aquí es disponerse para aceptar el don de Dios, y aun esto sólo es realizable con la gracia divina. El poder otorgado por Dios al hombre de ser hijo suyo produce efecto en aquel que recibe al Salvador que viene a su propiedad. La salvación es gracia, no un acontecimiento de la naturaleza.

La concepción virginal era, además, un indicio de la peculiaridad del Mesías concebido y nacido de ese modo. Vive realmente en la historia humana, tanto que el hombre es su destino, pero están vivos y operantes en él poderes y fuerzas suprahistóricas que no suben de la corriente de las generaciones, ni proceden de la tierra, sino del cielo, del Dios escondido, del mundo inaccesible al hombre. La Redención tiene lugar porque el cielo baja a la tierra y la penetra y transforma con sus energías. Por ser Cristo de arriba puede abrir al hombre un camino que le lleve hacia arriba, es decir, a una existencia celeste. Otro motivo para el carácter virginal de la concepción y nacimiento de Cristo puede sacarse de la escatología. Todos los hombres se dirigen hacia aquel estado final que se expresa con la frase: allí no se casarán ni serán dadas en matrimonio. Comenzará esto cuando acabe el orden de la peregrinación y empiece un nuevo modo de ser.

Los hombres vivirán en aquel estado como los ángeles del cielo: lo cual no significa que no hayan de estar ya unidos en adelante íntimamente y, por cierto, en su realidad corporal, sino que la unión no se realizará según las formas fisiológicas propias de la historia. Por Cristo se ha sembrado en la creación el germen de esta nueva forma de existencia, que se desarrollará al fin de los días con la desaparición del mundo actual. Por eso era conveniente que no entrase él mismo en la historia humana por vía matrimonial, señalando con su concepción y nacimiento virginales la transformación venidera.

La última razón para la virginidad de María podría buscarse en el hecho de haber sido separada del mundo por Dios para Madre del Mesías. La llamó a una función decisiva en la historia de la salvación y por eso le pertenece totalmente. Le está consagrada como Madre del Niño que realizará sus planes salvadores. Su Hijo mismo es llamado el "Santo", o sea, el sacado del mundo y perteneciente absolutamente a Dios. Por eso es comprensible que también Ella, que debía servir de medio para el ingreso del Santo en la historia, fuese Santa y viniese como tal, esto es, apartada de las formas mundanas de la existencia. Así su vida virginal es la expresión de haber realizado una función recomendada directamente por Dios y que lleva a El, no teniendo en su vida ninguna otra misión que cumplir. En principio, esto supone una relación ontológica, pero es muy natural, evidente incluso, que también se realice esta peculiaridad ontológica en su propósito de entrega total y absoluta a Dios. Está perfectamente reclamada y absorbida por su tarea, que la abraza en lo más íntimo, y no tiene capacidad ninguna otra, como el matrimonio, que también alcanza lo más íntimo del hombre. De este modo María llega a ser a su vez la imagen modelada por Cristo del hombre que vive entregado absolutamente a Dios.

No se quiere decir con esto que en el matrimonio sea imposible una entrega incondicional a Dios. No se trata aquí, por de pronto, de la disposición subjetiva sino de la forma objetiva de vida. Y hemos de decir que la forma de vida virginal en su sentido objetivo representa una entrega más inmediata a Dios que la vida matrimonial. Cómo se llene en cada caso la forma de vida por el amor y la obediencia es cuestión aparte. María entró enteramente en esta forma superior de vida con su disposición interior. Con Ella apareció en este mundo la vida virginal por amor a Cristo. María es una demostración de lo que es posible en la creación por amor a Cristo y es también una invitación al hombre para que se entregue a Dios. Invitación que se dirige igualmente a los casados, exhortándoles a no quedar absorbidos por el hecho natural del matrimonio. Pero, ante todo, encierra en sí una llamada a los elegidos para que escojan aquella forma de vida en que la entrega de Dios aparece de manera perfecta.

Estas razones de la concepción y nacimiento virginales de Cristo muestran de nuevo que sólo la fe en el Dios vivo, que traza el destino del hombre, capacita para creer en esa concepción. Quien entienda la realidad toda como una conexión casual perfectamente clausurada en sí misma, pensará que el nacimiento virginal es un cuento. Pero está encadenado por un prejuicio ideológico.

SCHMAUS-8.Págs. 150-153 ........................................................................

2. Is/07/14, RELEÍDo POR Mt/01/22-23.

Mateo, después de haber narrado la concepción virginal de Jesús (I,18-21), concluye: "Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho por medio del profeta: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros" El oráculo al que se refiere Mateo es el de Is 7,14.

a) Contexto original de Is 7,14. El vaticinio de Isaías forma parte de los sucesos relacionados con la guerra siro-efraimita contra el reino de Judá. Estamos en el 734-733 a.C. En este año, en Jerusalén, muere Jotán rey de Judá. Le sucede su hijo Ajaz, de apenas veinte años. Contra el joven soberano organizan una guerra el rey de Damasco (Rasín) y el de Israel (Pecaj), porque se había negado a unirse a ellos en la coalición contra Teglat-Falasar lIl (745-727), rey de Asiria. Los ejércitos de los dos asediantes están ya a las puertas de Jerusalén. Ajaz, asustado, decide llamar en su ayuda a Teglat-Falasar. En este momento entra en escena el profeta Isaías, que intenta disuadir a Ajaz de su proyecto: aliarse con el monarca asirio equivalía a reconocer también las falsas divinidades que él adoraba, lo cual estaba totalmente en contra del primer mandamiento de la alianza: "No tendrás otro Dios frente a mí" (Ex 20,3).

Puesto que Ajaz rechaza prácticamente las advertencias de Isaías, el profeta dirige un oráculo a la casa de David tan gravemente amenazada (Is 7,13). Y dice en sustancia que la joven esposa de Ajaz (Abia: cf 2Re 18,2) dará a luz un niño (Ezequías), a quien pondrá el nombre augusto de "Emmanuel", que significa "Dios con nosotros" (Is 7,14). El niño que va a nacer comerá cuajada y miel (v. 15a); es decir, también él tendrá que alimentarse de aquellos escasos productos de los pastores, los únicos que quedarán en un suelo empobrecido por la guerra y en un pueblo obligado a abandonar la agricultura (cf Is 7,22-25). Pero esta alimentación durará hasta que el niño "sepa rechazar el mal y elegir el bien" (v. 16a). Esta frase (teniendo en cuenta el precioso paralelismo que se da en Is 8,4) significa: "antes de que el niño aprenda a decir papá y mamá" ésos son los primeros signos de discreción (cf Gén 4,11), que pueden manifestarse muy bien alrededor de los dos años. Al terminar este plazo de tiempo, declara el profeta, serán derrotados los dos reyes que tanto miedo le dan a Ajaz (v. 16).

La evolución inmediata de los hechos confirmó la veracidad de la profecía. En 733 Teglat-Falasar derrotó a Samaria y en 732 Damasco cayó en manos de los asirios. Ezequías nació el invierno de 733-732, según los cómputos más respetables. Cuando tenía poco más de un año, por consiguiente, se había disipado la amenaza de la liga siroefraimita. Ezequías sucedió luego a Ajaz, y su buen gobierno demostró que realmente "Dios está con nosotros". es decir, con su pueblo (Is 8,10). La casa de David, a la que el Señor había prometido estabilidad perpetua por labios de Natán (2Sam 7,8-16), sobrevivió gracias a la persona y a la obra del Emmanuel-Ezequías. Esta interpretación del célebre oráculo de Is 7,14 es llamada indirectamenle mesiánica, en cuanto que considera a Ezequías como tipo de Cristo. Es la más antigua y está volviendo a lograr numerosos consensos entre los exegetas de hoy.

b) Interpretación de Is 7,14 en Mt 1,22-23. Mt 1,22-23 relee Is 7,14 en sentido mesiánico y mariológico. Apenas acabada la narración de la concepción virginal de Cristo, el evangelista afirma que, a pesar de la exclusión de concurso de un varón, Jesús desciende de la dinastía davídica. Efectivamente, José, hijo de David (Mt 1 20), es aquel que le da la paternidad legal (Mt 1,21.24), insertándolo así en la sociedad judía como hijo de David. A la luz de este acontecimiento extraordinario, Mateo vuelve a pensar en las circunstancias del vaticinio de Is 7,14. y concluye que es ahora cuando alcanzan su sentido más pleno al concebir María a Cristo por obra del Espíritu Santo. ¿De qué manera? Podríamos decir que la relectura mateana de Is 7,14 tiene dos aspectos: uno se refiere al mesías y el otro a la madre del mesías.

1) El mesías. Como en tiempos de la guerra siro-efraimita la supervivencia de la dinastía davídica quedó asegurada por el nacimiento del Emmanuel-Ezequías, así también el nacimiento de Cristo de la estirpe de David garantiza por parte de Dios la estabilidad de la descendencia davídica, que se prolonga ahora en la iglesia. La figura de Ezequías, tan celebrada por el profeta (Is 7,14-15; 8,5-10; 9,5-6, y quizá 11,1-9), es figura-tipo de Cristo. Jesús es el verdadero y perfecto Emmanuel, el Dios con nosotros: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20). La tradición lucana dirá más expresamente todavía que Dios "le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin" (Lc I,3233; cf 2Sam 7, 16). La nueva casa de David es ahora la iglesia de Cristo (cf Mt 16-18: "edificaré mi Iglesia"). Goza de estabilidad perpetua porque Jesús vive en ella. Las fuerzas del mal no prevalecerán contra ella (cf Mt 16,18). El amor vence a la muerte. En Cristo resucitado que actúa en la iglesia se revela la omnipotencia de Dios, del Dios con nosotros.

2) La madre del mesías. El sentido mariológico de la profecía de Isaías, según la cita de Mateo, está en la persona de la madre del Emmanuel-Ezequías. Lo mismo que ella dio a luz un niño que garantizó la continuidad de la casa de David así también María da a luz un hijo que reinará para siempre en el trono de David, en la casa de Jacob, en el Israel de Dios (cf Mt 28,20, 16,18 Gál 6,16; 2Sam 7,16); obsérvese la realeza de las dos madres. Además, lo mismo que el nacimiento de Ezequías tuvo carácter de prodigio, en cuanto fue anunciado de antemano por el profeta como signo, así también el nacimiento de Cristo fue sumamente prodigioso, ya que fue concebido por una virgen, en virtud solamente del Espíritu de Dios (Mt 1, 18.20).

CONCLUSIÓN. Is 7,14 es el primero de los oráculos veterotestamentarios que fue comprendido también en sentido mariológico por un autor del NT. La virgen María está allí "proféticamente entrevista" (cf LG 55). Si algunos padres, como Justino, referían esta profecía directamente a Cristo y a María, esto sucedió muy probablemente por el influjo de la polémica con los ambientes judíos que negaban todo contenido cristológico al AT. No obstante, respetando la economía progresiva e historicista de la revelación, vemos que sólo a partir del testimonio de Mateo es posible descubrir la figura del Salvador y de su madre tras los velos de los personajes-tipo del rey Ezequías y de la reina madre Abia. Lo que sucedió en tiempos del rey Ajaz alcanza ahora su cumplimiento perfecto y definitivo en el misterio de la concepción virginal de Cristo, hijo de David (cf Mt 1,20) y Dios con nosotros (Mt 1,23). El NT lleva a su cumplimiento al AT, superándolo.

A. SERRA DICC-DE-MARIOLOGIA. Págs. 311-313