4. UNA PROPUESTA

 LATINOAMERICANA

Se perfectamente que en esta unidad estoy formulando una  propuesta que resulta excesivamente audaz en relación al  contenido que he logrado preparar. Pero estoy firmemente  convencido de su necesidad. Y tengo confianza en la futura  colaboración de mis hermanos.

 Tenemos mucho que aprender del pasado. San Francisco, sus primeros  compañeros y multitud de hermanos que enriquecieron con un  formidable acervo de experiencias en ocho siglos de historia de la  Orden. Pero esto no es suficiente. Dios nos puso en un mundo  nuevo, en un continente de luchas y esperanzas, y nos vemos  obligados a descubrir el tipo de contemplación apropiada para  nuestro presente y para el futuro, aprendiéndola con el pueblo  del cual nacimos y con el cual vivimos.

 Responsabilidad que crece casé al infinito cuando traemos a la  memoria que nuestro pueblo ha sido pisoteado en lo que tiene de  más sagrado, a lo largo de quinientos años. Un pueblo que fue  capaz de aprender tanto de los primeros colonizadores como de  todos los demás pueblos que han sido acogidos en esta tierra,  pero también un pueblo que tuvo que luchar para no perder,  tanto todo lo que había recibido originalmente de Dios, como los  ulteriores aportes de los otros pueblos que aquí fueron llegando.  Con esta finalidad intento iniciar una reflexión sobre nuestra  raíces populares y arriesgo una lectura del temperamento-tipo  del latinoamericano. Como para empezar la conversación.

 Creo que el último es precisamente el punto más importante.  Vamos a abordar el problema de cómo aprender la espiritualidad  de nuestros pobres concretos. Este será el tema de un Seminario  que la SECAL está preparando para el 1990. Estamos ensayando un  primer paso.

 Los temas de esta unidad serán los siguientes:

 4.1. Contemplación y raíces populares.

 4.2. Temperamento latinoamericano.

 4.3. Espiritualidad del pobre.

 4.1. CONTEMPLACIÓN Y  RAÍCES POPULARES

 4.1.1 TENEMOS RAÍCES

 Una buena parte de nosotros mismos se encuentra sumergida en una  oscuridad que desconocemos. Una parte significativa, porque de  ella proviene mucho de lo que somos y vivimos: costumbres,  complejos, hábitos, y hasta el cuerpo y el alma que tenemos en  común con las demás creaturas. Inclusive la religión y el  mismo Dios. Apenas nos detenemos a pensar en nuestra ascendencia  (padre, abuelos, bisabuelos...) sentimos que rápidamente nos  envuelve la oscuridad. Sabemos que tenemos raíces sumergidas en  la tierra, pero no sabemos cuáles son nuestras verdaderas raíces  ni el mundo en las que se nutren.

 Me refiero específicamente a las raíces culturales, tratando  ahora de descubrir en ellas caminos nuevos para la  contemplación... nuevos o muy viejos pero olvidados. La  contemplación también tiene que ensanchar el campo de la  sensación y aplicar toda su capacidad de “feeling” a este otro  ámbito cultural de la interioridad. Tiene que abrirse a Dios en  ese otro mundo interior, usando el mismo lenguaje simbólico de  ese otro mundo extraño, atrayente, misterioso. Diría que  entonces el encuentro se hace más concreto, porque, cuando  perdemos la capacidad de medir y de calcular, caemos en las manos  del Infinito.

 Estoy haciendo una aproximación intelectual a las raíces. En  definitiva esto es un estudio. Pero también me gustaría hacer  un abordaje no intelectual, sino vivencial, transformador, que  consiste simplemente en sentir, aún sin entender.

 4.1.2. UN MUNDO ESCONDIDO

 Hablar de raíces es otra manera de considerar la Interioridad y  el Inconsciente. Un aspecto que subraya el lugar de donde proviene  la savia, el origen, el verde de las hojas, las flores y los  frutos... de donde también provienen los problemas y muchas otras  cosas que no logramos entender. Casé todo viene de allá. Quizá  todo.

 Se que genéticamente tengo raíces lusitanas, con una pequeña  parte italiana. Desconfío que haya algo de sangre árabe, de  las viejas invasiones en la península ibérica. No podría  decir si tengo algo de español, indígena o de otro origen.  Intelectualmente mis raíces son greco-romanas y escolásticas.  Religiosamente tengo raíces cristianas y franciscanas.  Culturalmente europeas con fuerte mezcla indígena y negra.  ¿Quien contribuyo en tal gestación? Aventureros, desterrados,  cazadores de indios, alguna india seducida, inmigrantes...

 Por cierto que debería conocer mejor mis raíces brasileñas e  inclusive latinoamericanas, porque hay mucho de común en este  continente. Calculo, pensando en la diferencia con alemanes y  japoneses, por ejemplo, que exista hasta un temperamento  latinoamericano, así como temperamentos-tipo para las diversas  regiones. Me parece que estamos ante un estudio fascinante que

 esta aún por hacerse, útil para entrar más a fondo en el  mundo de la contemplación. Principalmente en el de la  contemplación franciscana, que se caracteriza por descubrir a  Dios en el pueblo, y más que nada en el pobre.  Entre los medios que ya he utilizado para llegar a las raíces  menciono: los sueños, las leyendas populares, los ritos de las  fiestas tradicionales, las historias de familia contadas por mi  madrina, mis propios recuerdos de años pasados, hasta de los más  remotos.

 Tengo una corazonada: si logro descender más a la profundidad de  mis propias raíces, voy a encontrar, entre otras cosas, más  genuinidad. Puedo descubrir mi originalidad y consecuentemente  hacer nuevas opciones, en base a la experiencia diferente que  ahora poseo, con más de cincuenta años.

 4.1.3. MIEDO DEL MAL

 Sin embargo sabemos que allá, en la profundidades de nuestras  raíces, fueron a parar también opciones que descartamos,  situaciones que rechazamos, así como otras que simplemente  olvidamos. No deja de ser un mundo misterioso en el cual vive  nuestro pasado.

 Sabemos que el mal está presente en las raíces, a pesar de  tener la firme convicción de que como tales son buenas. ¿Cómo  es que el Mal esta allí presente? No creo que nuestras raíces  hayan brotado del mal. ¿Fue arrojado desde fuera? ¿Está  adherido o suelto? ¿Puede ser aprovechado? Tenemos que pedir al  Padre que nos libre del Mal y del maligno también en nuestras  raíces, desde las raíces, talvez principalmente en las  raíces.

 Las raíces pueden ser cortadas. La raíces pueden abicharse. El  mundo que nos transforma en consumidores se vale de nuestras  raíces cuando nos quiere hacer comprar productos sin respetar  nuestra dignidad de plantas individuales, con su propia raíz,  tronco copa y frutos, y con su peculiar tierra, agua, ambiente,  bosque, etc..  

 Sabemos que nuestras raíces están lastimadas. Mucho de lo que  de allí proviene está dolorido. Mucha cosa habla de  sufrimientos del pasado. Sentimos que nuestras raíces tienen  necesidad de curación. De redención. De transformación.  Quisiéramos hacerlo, pero, evidentemente, para lograrlo tenemos  conocer mejor, tenemos que abrir nuestro acceso a las raíces.  

 4.1.4.PRESENCIA DE DIOS

 El Mundo de las raíces vive por Dios. El árbol es uno de los  símbolos por excelencia de la criatura humana. Jesucristo,  medida del hombre perfecto, es el árbol de la vida. Dios cuida  de ese árbol como de la rama del cedro que, según Ezequiel,  él mismo arranco y planto para que fuera el más grande de  los árboles. Pero, como recuerda el Evangelio, se trata de una  semilla que germina y crece sin que sepamos cómo, tanto si  estamos despiertos o dormidos, porque Dios es quien de ella cuida.

 No tenemos porque saber lo que esta pasando literalmente en las  raíces, porque siguen funcionando análogamente al de nuestra  sangre, que circula sin nuestro conocimiento. A pesar de lo cual  es bueno saber. Es bueno conocer para tener conciencia, para  alegrase y alabar, para sacar aún más provecho.  Sabemos que nuestro árbol está plantado a orillas del agua  que fluye hacia la vida eterna. Tiene que perdurar hasta la vida  eterna. Allí va a dar sus frutos mas hermosos. Sabemos que  nuestras raíces están en contacto con esas aguas. Sabemos que  queremos más y que nunca vamos a quedar saciados. Estamos  aprovechando muy poco del agua que corre a lo largo de nuestras  raíces, del agua que está apenas un poquito más al fondo. A  veces seguimos el curso del agua que viene de las nubes, lava  nuestras hojas, resbala por nosotros y renueva nuestra vida,  penetra el suelo que nos sostiene y en el que se hunden nuestras  raíces. Cuando pasa al alcance de la mano, logramos beber un  poco. Pero tenemos necesidad de beber mucho más.

 Nuestra raíces son algo nuestro muy personal, pero también son  muy comunes, compartidas por muchas gente en la oscuridad del  humus. O condivididas con todo el mundo. Tenemos que ayudarnos a  conocer nuestras raíces. Para vivir y hacernos vivir de nuestras  raíces.

 El mundo de las raíces es el mundo de la Sombra. Tenemos que  hacernos amigos de la Sombra, que nunca fue nuestra enemiga. La  Sombra nos ayuda a ser mejores. La Sombra nos abre a los  Arquetipos y hace que encontremos los primeros peldaños de la  individuación. 

 4.1.5. EL VALOR DE LAS RAÍCES

 Quien no vive de las propias raíces no tiene sentido de la vida.  El futuro nace del pasado, que no tiene porque ser venerado  como mera evocación, sino que, al contrario, tiene que ser  utilizado para que el presente pueda crecer en dirección al  futuro. No tenemos porque ser ni conservadores, ni prisioneros  del pasado. Pero tenemos la obligación de ser legítimos y solo  las raíces dan legitimidad.

 La consecuencia más grave de no tener conciencia de las raíces  es posiblemente la facilidad con la que las perdemos. Muchas  situaciones del mundo actual, especialmente las transformaciones  que se van sucediendo avasalladoras, no respetan las raíces. A  veces simplemente las remueven. Pero pueden llegar a cortarlas.  Es fácil encontrar a nuestro alrededor personas que perdieron  contacto con sus raíces religiosas y aún familiares. Y son  muchos los que engrosan la lista de espera de los siquiatras.  Personas que perdieron el sentido de la vida. Puede ser que  efectivamente sean neuróticas, pero su mal puede consistir  solamente en el haber perdido contacto con las raíces  culturales.  Algunos ejemplos. Mucha gente ha dejando de asistir a la Misa dominical. Sus antepasados asistieron regularmente, inclusive sus  abuelos y sus padres. Posiblemente motivados por un cierto temor.  El temor desapareció, ya no se vio más la utilidad de ir a  la iglesia y contemporáneamente aparecieron cosas más  interesantes para hacer los domingos. Entonces muchos cortaron con  la misa. Después comienzan a sentirse mal, sin saber porqué.

El ser humano tiene necesidad vital de vivir los símbolos. La  mayor parte de los símbolos está ligada a las raíces. Los  símbolos constituyen nuestro medio de comunicación con las  raíces. Sin símbolos terminamos perdiendo el sentido de la  existencia.  Para mi es muy importante el hecho de haber perdido el uso de lo  a-lógico, como consecuencia de la formación y de la mentalidad  ultralógicas de Occidente. Perdimos algo que los antiguos  tenían y que los indios todavía conservan. Que está vivo  entre las personas simples y pobres, entre los “ignorantes”. Son  personas que podrán tener menos informaciones y menos  “educación”, pero que consiguen tener más vida porque  todavía se alimentan de símbolos.  Muchos de nuestros comportamientos pueden ser explicados por las  raíces. Quizá sea más fácil discernirlo en los demás,  pero también podemos entreverlo en nosotros mismos. De lograrlo  podremos comprender más y caminar mejor. 

 4.1.6. DESCUBRIR EL MUNDO DE LAS RAÍCES POPULARES.

 El folklore es una fuente riquísima para el estudio de las  raíces. No se trata de un montón de historias infantiles o de  un repertorio para los artistas, sino de un modo peculiar de  entender la vida, el mundo, a nosotros mismos.

 Una de las mejores cosas que podemos hacer es celebrar las  raíces en nuestros ritos familiares, populares, y culturales.  Cuando nos descubrimos dinámicamente al interior de esas  tradiciones, tenemos abierto el camino de la vida.  

 Culturas de nuestra raíz

 Como pueblo, tenemos una fuerte marca europea. La mayoría  tenemos rasgos arianos, apellidos portugueses, españoles,  italianos... muchos saben que los propios padres o abuelos  vinieron de Europa. Y de Europa vino toda la cultura -inclusive  religiosa­ empaquetada en los libros y en las escuelas, en la  cultura oficial. La lengua en la que nos entendemos es neolatina.

 Pero la fuerza de la raíz negra es también evidente, al menos  en algunos países, como Brasil. Casi la mitad de los brasileños  es pardo o negro. Y esa raíz no se manifiesta solamente en el  color. La cultura negra no se introdujo por vías oficiales:  penetró en el mundo blanco del Brasil hasta con al leche. Y vive  vigorosa hoy en día en la lengua, en la comida y mucho más aún  en la religión.

 La raíz roja es fuerte, principalmente del lado del Océano  pacífico y en América central. Dejo una fuerte impronta en  el vocabulario. Y mas aún en la cocina. El maíz, la mandioca,  el maní y las frutas silvestres aun configuran una buena parte  de nuestra mesa. Cuanto material estará escondido en nuestra  literatura, en nuestra religiosidad ante los fenómenos de la  naturaleza Murieron muchos indios, las indias nos dieron su  sangre.  

 La puerta de la Función Inferior

 La puerta inferior nos ofrece otra magnífica oportunidad de  descender a las raíces. Podemos bajar por la trampa abierta en  el suelo, en los momentos en los que experimentamos nuestros  huidizos contactos con la Función Inferior, la que tenemos más  dificultad para usar.

 En tales ocasiones perdemos en gran parte o quizá totalmente, el  habitual dominio consciente del camino, y Dios tiene una entrada  mayor. Nos apartamos del atajo conocido pero caemos en una  plenitud mayor. Y no se trata de la plenitud de un mundo a ser  conquistado, sino de un mundo del cual nacemos y al cual estamos  ligados. Se trata apenas de adquirir conciencia de lo que es vida  para nosotros, haciendo que esa vida sea más abundante, logre  una mayor plenitud.

 Una buena conclusión sería la de recordar que el árbol ­y  los árboles somos nosotros­ emerge de la tierra, pero no es  tierra. Se alimenta de la tierra, pero no es tierra. Se alimenta  de la misma tierra con la que se nutren los demás árboles, y  se parece a muchos otros. Pero es único. Y este árbol único es  el que tenemos que descubrir, identificar, conocer, porque Dios –tierra, aire y vida­ ama a este hijo como si fuese el único.

4.2. TEMPERAMENTO-TIPO  LATINOAMERICANO

En este apartado quisiera descubrir cual podría ser el  temperamento/tipo de América Latina para poder ahondar en los  caminos de contemplación franciscana en nuestro continente, pero  con un contenido liberador.

 Al comienzo tendríamos que caminar a tientas. Tengo el test de  Keirsey y los estudios de Myers-Briggs basados en Jung. Pero no  tengo un número suficiente de datos concretos de América  Latina. Daré los primeros pasos en base a mis conocimientos  personales, tras doce años de viajes por todos los países y  después de mucha lectura, aunque no haya sido siempre  sistemática.

¿Hasta que punto podría afirmar que el latinoamericano es un  introvertido? Algunas observaciones, principalmente sobre los  indios y los negros, podrían llevar a esa conclusión. Pero  habría que preguntarse si los indios y los negros son así o se  han visto obligados a ser así por padecer una situación de  opresión. ¿Puede haber influencias semejantes también sobre el  inmigrante? ¿O sobre el descendiente del desterrado, del mestizo,  del ilegítimo? ¿Que valor tiene la extroversión del carnaval?  ¿Una extroversión autopermitida solamente tres días al año?

 Como no tengo datos concretos objetivos para emitir un juicio,  hago una aproximación tentativa que podrá ser rápidamente  mejorada con la colaboración de quien participe de mis  encuentros y cursos. Para facilitar mi especulación, propondré  algunas de las principales características que distinguen las  personas que optan por cada par de preferencias. 

 COMO ESCOGER ENTRE  LAS CUATRO PREFERENCIAS

 A. EXTRAVERSIÓN­ INTROVERSIÓN

 1.­ Eé escoge las personas como fuente de energía  mientras que Ié prefiere la soledad para recuperarlas.  Veo a los italianos, por ejemplo, como gente mucho más  extrovertida. En América Latina, aunque haya algunos síntomas  de que algo está cambiando, pienso que hay mas introversión.  Principalmente de parte de los indígenas y sus descendientes.  Parece que los negros serían más extrovertidos. Me impresionan  los indígenas que siempre hablan poco, en voz baja, y logran  permanecer horas y días sin hacer ni decir nada.

 2. Eé necesita de la sociabilidad-personas mientras que  Ié de territorialidad-lugares reservados en el espacio y en  la mente.  También veo a la territorialidad como un elemento típico de la  cultura indígena. Aún cuando todo el territorio de América  estaba a su disposición. Se trata más de espacios culturales  que de espacios físicos. El pueblo que ha logrado sobrevivir en  las grandes ciudades parece haber girado bastante hacia un tipo de  comportamiento extrovertido, por más que sienta un intenso deseo  de un espacio reservado.  

3.­ En Estados Unidos los Eé son el 75% y los Ié son  el 25%.  Posiblemente las proporciones se inviertan en América Latina. Y  por más que no se inviertan, pienso que se aproximen a la media,  lo que constituye una diferencia notable.

 4.Palabras E: vastedad, exterior, extensivo,   interacción,  multiplicidad de reacciones, gasto de energía,  interés por los acontecimientos externos. Palabras I:  profundo, interior, intensivo, concentración, relaciones  limitadas, ahorro de energía, interés por las reacciones  internas.

 El latinoamericano puede amar la extensión y el mundo abierto,  pero valoriza ciertamente mucho menos el dispendio de energías.  Para él no es un valor. No sabría decir si sus relaciones son  menos numerosas, pero me parece que tiene mayor interés por las  reacciones internas y por la interioridad. Estoy cierto de que no  está preocupado por producir en grandes cantidades.  

 B. INTUICIÓN-SENSACIÓN

 1. Ni es innovador, Si es práctico. Prácticos  pueden ser, y así lo creen ellos mismos, los norteamericanos,  los alemanes, y en general los pueblos del Primer Mundo. El  latinoamericano es soñador, y todo soñador vive pensando en  como el mundo podría ser mejor. Puede ser que acabe colaborando  poco para concretizar su sueños, pero está convencido de que  un día va a construir un mundo mejor, que no tiene necesidad de  tantas cosas, siendo suficiente un mundo donde las personas se  sientan felices y convivan en paz. En este punto el  latinoamericano es decididamente un N, es decir un intuitivo.

 2. A Ni se lo entiende en base de sensibilidad- insensibilidad, mientras que a Si se lo comprende en base  a la felicidad-infelicidad o del optimismo-pesimismo. Esta explicación causa cierta perpeglidad, porque parece natural  que el sensible y no el intuitivo sea comprendido en base de  sensibilidad-insensibilidad.

 Creo que el latinoamericano es más intuitivo que sensible, y  divide el mundo entre los alegres y los tristes, los optimistas y  los pesimistas. No tengo dudas que son personas sensibles.

3. Ni gusta de hipótesis y posibilidades. Mira hacia el  futuro. S quiere hechos, confía en los hechos y recuerda

 hechos. Mira al presente y cree en la experiencia.  Siempre nos definimos como un continente del futuro. El continente  latinoamericano es visto como el futuro de la iglesia, futuro del  mundo. No vive el presente. Somos ricos de posibilidades. Si  hiciésemos esto, si hiciésemos aquello... estaríamos bien.  En nuestras intervenciones en las reuniones internacionales o nos  dejan de lado o no nos comprenden porque tenemos pocos hechos que  presentar. Los europeos y los norteamericanos siempre proponen  muchos más hechos, discuten en base a los hechos y no de ideas  o de principios como la mayoría de los latinoamericanos. Esto  puede hasta explicar -en parte­ nuestra pobreza.

 4. Ni es impulsado por la metáfora y gusta de imágenes  vivas. Sueña despierto, gusta de la poesía, de la fantasía y  de la ficción. Encuentra fascinantes los estudios de los  sueños. Posee conocimientos que provienen del inconsciente. Da  valor a las corazonadas y a los presentimientos. Si quiere  focalizar lo real y focaliza lo que de hecho aconteció. Observa  los detalles con cuidado, fijando los ojos en un elemento  específico. No da valor a corazonadas o presentimientos.

 En este punto, el latinoamericano puede ser clasificado claramente  como intuitivo. Da un enorme valor a las corazonadas y  presentimientos, gusta de fantasías y de ficciones, vive  soñando despierto. Nuestros hermanos del hemisferio norte son  bastante diferentes: sueñan menos y realizan más, parecen  más concretos objetivos y efectivos.  

5. Palabras N: inspiración, posible, fascinante,  ingenioso, fantasía, ficción, imaginación. S: real,  pies en la tierra, serio, hecho, práctico, sensible,  transpiración.

 Lo posible siempre nos fascino y nos fascina. Vivimos imaginando  mientras que otros, los pies en la tierra, ya construyeron países  más ricos y con mayor bienestar. También no hay dudas que damos  mucho más espacio para la imaginación que para la  transpiración. Y mucho más en las regiones donde predomina la  cultura indígena.

 B. PENSAMIENTO-SENTIMIENTO

1. Los Té (8 hombres sobre 10) prefieren una base  impersonal y lógica para la elección que es realizada de  acuerdo a principios. Los Fé (8 mujeres sobre 10) prefieren  una base personal para la elección, de acuerdo a los  sentimientos, sin que importe mucho la lógica.

 Veo a los latinoamericanos como “feeling” y no como “thinking”.  Carecemos de la insensibilidad necesaria para juzgar según los  principios. Aquí son más importantes las reacciones de las  personas y en primer término las nuestras. En la nuestra  práctica vital los sentimientos van muy por delante de la  lógica.

 2. Los Té piensan que los Fé tienen un corazón  demasiado blando. que no son capaces de ser firmes, no resisten  una contradicción, son muy emocionales, ilógicos, de  pensamiento deshilvanado, intelectuales amateurs, gente que anda  con el corazón en las manos. Los Fé juzgan que los  Té son desalmados, tienen un corazón de piedra, tienen  hielo en las venas, son fríos, distantes y racionalistas, y que  les falto mamar la leche de la bondad humana.

 Me reencuentro aquí con un vocabulario tantas veces escuchado.  Es así que los “desarrollados” de nuestro tiempo describen al  latinoamericano: emocionales, ilógicos, incapaces de ser firmes  y de resistir a una oposición, intelectuales amateurs y gente  que camina con el corazón en las manos. Del mismo modo me  reencuentro con muchas de nuestras afirmaciones sobre los  “gringos” y los europeos: desalmados, corazón de piedra, hielo  en las venas, fríos, distantes y racionalistas. Principalmente  los alemanes y los nórdicos. Mucho menos o casi nada los  italianos y los españoles.

 3. Los Fé manifiestan mejor sus emociones, pero los  Té no tienen menos emociones que los anteriores. Estas dos  cualidades pueden ser perfectamente complementarias, lo que no  sucede con los otros pares de preferencias.

 Como las emociones existen indistintamente en todas las personas y  en todos los lugares, posiblemente nos encontremos ante un punto  que permita un mejor entendimiento entre los “feeling”  latinoamericanos y sus hermanos más “thinking”. Nos necesitamos  los unos a los otros, y toda base que posibilite el diálogo es  importante. Podrá ser productiva en la medida en que dejamos de  lado las acusaciones y los juicios para procurar la comprensión.  Es por naturaleza que somos lo que somos. Necesitamos discernir lo  que podemos hacer juntos para el bien de todos.

 4. Palabras T: objetivo, principios, política de  acción, leyes, criterios, firmeza. O bien: justicia, padrones,  crítica, análisis, distribución. Son buenos para argumentar  con lógica, sin recurrir a las emociones. Palabras F:  subjetivo, valores, valores sociales, circunstancias atenuantes,  familiaridad, persuasión. O bien: humano, armonía, bueno o  malo, apreciar, simpatía, devoción. Prefieren argumentar  recurriendo a las emociones.

 Este vocabulario confirma mi visión de que el latinoamericano  es “feeling” mientras que sus principales vecinos del primer mundo  son “thinking”. El estudio de cada palabra puede ayudar a buscar  caminos de crecimiento. En Dios, pero también en la totalidad  la vida. Y construyendo el Reino en la diversidad.  

D ­ JUICIO-PERCEPCIÓN 

l. El Jé padece una sensación de urgencia mientras no  toma una decisión. El Pé prefiere dejar los asuntos  abiertos y espontáneos. Los primeros gustan de plazos y metas,  los segundos no los soportan.

 Dentro de este cuarto par escojo la Percepción para los  latinoamericanos. Como pueblo, no somos muy amigos de plazos y  metas, preferimos dejarlo todo abandonado a la providencia de  Dios. Vivimos mejor con las posibilidades abiertas. No sentimos la  urgencia del hacer.

 2. Para los Jé todo es trabajo, inclusive la diversión.  Para los Pé sería mejor si todo fuese diversión y nada  trabajo. Los primeros, en general, no hacen nada sin preparar. Los  segundos evitan cualquier tipo de preparación: ya están  viviendo.

 Es innegable que el latinoamericano de origen indígena, negra o  europea, se inclina mucho más a la diversión que al trabajo,  aunque sea también capaz de ser trabajador. Y no tiene la  manía de la preparación. Confía en su capacidad para ir  encontrando la salida a los problemas, sin calentarse la cabeza.

 3. Para los Jé los Pé son indecisos, dejan todo para  el día de mañana, viven a la buena de Dios, sin rumbo, sin  destino, sofistas, bloqueadores de decisiones. Para los Pé  los Jé son apresurados, atropelladores, con la manía de  las tareas. Rígidos e inflexibles, viven bajo presión,  resuelven antes de tiempo.

 Un punto más en el que nos topamos con el vocabulario que usamos  para describirnos y para describir a nuestros hermanos de otros  continentes. Somos Pé confesos.  

4. Palabras bonitas para el J: ordenado, decidido, determinado, planeado con antelación, concluir, plazos, pronto,  decisivo, urgencia, metas. Palabras bonitas para el P:  pendiente, flexible, emergente, tentativa, conseguir más datos,  ajustar en el camino, dejar las opciones abiertas, esperar para  ver lo que resulta.

 Esperar para ver lo que va resultar es uno de nuestros grandes  principios. Elogiamos a alguien diciendo que es flexible, estamos  siempre haciendo intentos y dándonos maña para todo,  encontrando siempre la vuelta. Es claro que preferimos que las  puertas queden siempre abiertas.  Voy a trabajar la hipótesis de que el latinoamericano, en  general, sea del tipo ISFP. Siendo así, podría tener  fundamentos para afirmar que es uno de los tipos humanos mas  amables que existen, a la vez que muy concreto, un tipo de persona  que tiene en cuenta los hechos más que los principios.  Impulsivo, no gusta prepararse para nada. Muy sensible tanto a los  colores, al diseño, al contraste... como a los sufrimientos del  prójimo. En general no es un militante. Y tiene dificultades  para expresarse con palabras. Prefiere la expresión a través  de los gestos, de las acciones.  Lo cual no quiere decir que sean personas activistas, que  sobresalen por la acción. Al contrario: obran porque tienen que  obrar. Son dominados por la acción.

 Están muy inclinados al arte y su gran ámbito sería, - aunque muchas veces no tiene oportunidad­ el de la  concretización artística. Son personas que gustan de lo  natural, de lo agreste, de lo pastoril, de lo bucólico.  Optimistas y fraternos, aunque insubordinados a las normas. No  gustan de ningún confinamiento, ni físico ni moral. No soportan  ni deberes ni cadenas.  Son simples en sus motivaciones, confiados, acogedores, generosos.  Gastan sin pensar mucho en el mañana.

 Su actitud dominante es el Sentimiento (Feeling), la auxiliar es  la Sensación, la terciaria es la Intuición, y la inferior el  Pensamiento. Muy parecidos con el tipo de Francisco de Asís, que  era un ESFP. La gran diferencia es que Francisco era un  extrovertido y el latinoamericano tiende a ser más bien  introvertido. Aunque probablemente no sea introvertido tanto por  la naturaleza como por la dura experiencia histórica a lo largo  de siglos de colonización y explotación.

 Hago notar que, en un encuentro con un grupo de hermanos de la  Provincia de San Pablo, al menos para el brasileño, prefirieron la  clasificación de ENFP.

 4.3. ESPIRITUALIDAD DEL POBRE 

 Entiendo por espiritualidad una manera de ver y de vivir la vida  según el espíritu. El Espíritu de Dios actúa  ininterrumpidamente. A su acción debemos inclusive la existencia  y por ella somos humanos. A pesar de lo cual tenemos que estar  renovadamente atentos a las palabras que sigue pronunciando. Y  como resulta que Dios dice tener un amor preferencial por los  pobres, consecuentemente suponemos sea muy importante, muy viva,  su acción en la persona de los pobres, y en todo lo que ellos  viven. Suponemos que los pobres deben estar habituados a entender  muchas cosas de todo lo que el Espíritu sopla en el medio ambiente  en que viven. Comprenderlo es aprender la “espiritualidad de los  pobres”, algo que es de fundamental importancia para los  seguidores evangélicos de Francisco de Asís.

 Esa espiritualidad reviste particular interés cuando pensamos en  términos de contemplación franciscana. Porque contemplar es  mirar a Dios con amor. En el pobre vemos a Dios que se encarnó,  se hizo hombre, y se hizo pobre. Podemos verlo en el silencio de  nuestra interioridad, en las maravillas de la naturaleza, en la  Palabra revelada, en los grandes acontecimientos de la Historia  Humana. Parece cierto que su presencia debe ser clara, quizá  hasta muy clara en el rostro, en las creencias, en las maneras de  ser de quienes él mismo llamo un día los “menores de mis  hermanos”. El Jesús de familia humilde que ganaba el pan de cada  día con el trabajo de sus manos se encuentra muy concretamente  en los que constituyen la mayoría de nuestro pueblo. Jesús  murió porque no agrado a los poderosos y porque fue el  compañero declarado de los que hasta el día de hoy siguen  llevando una vida precaria y mueren con tanta facilidad porque su  presencia es frecuentemente indeseable para los que viven  apoderándose de la “oveja de Urías”.

 El misterio de la muerte y de la vida, misterio central en la  Cruz y en la Eucaristía es una realidad concreta, palpable,  cruenta, en la vida de nuestros pobres de hoy. No podemos ser  cristianos sin celebrar esos misterios con el mayor de los  realismos.  Si pensamos de modo particular en nuestro continente  latinoamericano, donde se concentra actualmente la mayoría de  los católicos e inclusive de los cristianos, vemos que allí  encontramos no una multitud indiferenciada de pobres, sino grupos  claros y distintos, que tenemos que amar concretamente. Destacamos  la presencia de los indios, de los negros, de los campesinos y de  los “periféricos”, siempre expulsados hacia la periferia, no  sólo de las grandes ciudades, sino de todo el mundo de hoy.

 Por empezar es muy importante que tengamos en cuenta que estamos  haciendo una consideración sobre los pobres. Esto es ya  una demostración cabal de que nosotros mismos no somos pobres.  Al menos no somos pobres como los demás son pobres. Pobre es  aquél a quien le falta no solamente los mínimo, sino hasta lo  razonable para comer, para vestir, para habitar. El que carece de  lo vital porque las circunstancias -sean éstas cuales fueren­  están impidiendo su acceso a los bienes fundamentales. En  general no pueden salir de esa situación. Son prácticamente  prisioneros de una condición que tiende a empeorar.

 Por más que queramos ser pobres y estemos decididos a compartir  la vida de los pobres, tenemos al menos la libertad de no ser  pobres. Sus principales limitaciones no nos tocan, y normalmente  podemos zafarnos de todas las limitaciones en el momento en lo  deseemos. De muchas de ellas ya escapamos para siempre: nos  libramos de la mortalidad infantil, tuvimos comida suficiente  cuando niños, pudimos ir a la escuela y asistimos a cursos  superiores, fuimos protegidos de muchas enfermedades, tuvimos  oportunidad de conocer otras tierras y otros ambientes, de  frecuentar otros grupos, y de conocer otras maneras de ser. Además podemos tener el privilegio y la ventaja de intentar ser pobres por opción libre, por deseo, por amor, por  un impulso que solamente puede proceder del mismo Espíritu de  Jesús. De todos modos tenemos que tener mucho cuidado en la  actual coyuntura. Porque dado que las grandes masas pobres están  adquiriendo fuerza, han sido puestas en la mira de la  explotación de aventureros cuya intención es únicamente la de  servir a los propios intereses políticos, económicos e  inclusive religiosos.

 Con el mayor espíritu de fe propongo que nos aproximemos a los  pobres entre los cuales vive Jesús, dotados del respeto y el  interés inmenso de quien quiera oír el Espíritu. No por  curiosidad o para hacer estudios sociales, sino para obedecer la  voz de ese espíritu en todo lo que quisiere revelar. Debemos ir  con el mismo espíritu y con disposiciones más concretas que  cuando buscamos la voluntad de Dios en la Biblia, porque aquí  Dios no sólo es palabra, Dios es vida.

 Este estudio es apenas inicial, y quisiéramos seguir  profundizando el tema, tanto en sus aspectos más científicos  como los más prácticos. El trabajo principal estará dividido  en cuatro grandes partes, en las que trataremos exponer la  espiritualidad de los indios, de los negros, de los campesinos y  de los pobres de las periferias en América Latina. Dedicaremos  una última sección a la Espiritualidad de los Pobres en  general, principalmente en aquellos aspectos que pueden servir de  escuela a los seguidores de Francisco de Asís.

 En cada uno de esos sectores tendría que recoger al menos  ejemplos de fábulas, historias populares y sueños. Con la  intención de descubrir las contribuciones específicas que cada  uno de esos grupos ya hizo y puede hacer a la Iglesia  latinoamericana en general, como a todo el Pueblo de Dios.

4.3.1. ESPIRITUALIDAD DE LOS INDIOS  

En un primer esbozo destaco como contribución de los indios su  amor a la tierra con todas sus criaturas, su respeto al tiempo, su  noción de los espíritus, principalmente animales y vegetales,  el drama de su muerte en contacto con el blanco. Naturalmente  será necesario distinguir entre los indios de América del  Norte y de América Central y del Sur, entre los indios de la  vertiente atlántica y los de la vertiente pacífica. Un  documento importante es la carta del cacique Seatle al presidente  de los Estados Unidos. También haré el intento de estudiar  otros documentos.

 A pesar de la negligencia crónica al respecto, tenemos a mano  abundante documentación sobre la cultura indígena, desde la  más evolucionada en América Latina hasta el folklore de los  indios más primitivos del Brasil. Lamentablemente conocemos poco  de este patrimonio de nuestra cultura, que contiene fábulas,  sueños, leyendas y muchos principios de vida. 

4.3.2. ESPIRITUALIDAD DE LOS NEGROS

 Como contribución de los negros, también en una primera  aproximación, quiero destacar su capacidad de trabajo, de  expresión corporal, el drama de su historia de esclavitud en  América Latina, la humillación de razas altivas, la  subsistencia de la religión en situaciones extremadamente  difíciles, las innegables contribuciones ya hechas a la cultura  latinoamericana y principalmente a la brasileña. Desterrados y  sometidos a la esclavitud, tienen mucho en común con el Siervo  de Yahveh. Como él, tampoco se dejaron destruir.

4.3.3. ESPIRITUALIDAD DE LOS CAMPESINOS

El hombre y la mujer del campo han hecho contribuciones muy interesantes en todo el planeta. Es necesario saber aprovechar sus  características universales de amor a la tierra, de unión con  la naturaleza, de vivencia muy concreta del misterio de la muerte  y de la vida. Pero también hay que saber destacar las  peculiaridades del hombre latinoamericano, mezcla de indios, de  negros, de desterrados, de inmigrantes, de migrantes internos. Su  lucha contra las calamidades en general y muy concretamente  contra la sequía. Su actual lucha por la tierra. Y el drama de  estar siendo transformados en periféricos de la ciudad.

 Los franciscanos estuvieron casé siempre en las cercanías de  estos pobres, tanto por origen familiar como por su presencia en  la capellanías rurales y más recientemente, en los movimientos  de los “sin tierra”. Podríamos aprender alguna lección si no  estuviéramos solamente preocupados en ser los maestros que  enseñan.

 La familia numerosa, de economía manual, la dependencia de las  lluvias y de las estaciones del año, la vivencia de los riesgos  de las cosechas, la soledad de los campos, la simbología de la  vida vegetal y animal, la lección de los migrantes con las manos  vacías... hay una porción de resonancias de los mensajes que  Yahveh fue comunicando poco a poco a su pueblo. Las parábolas  siempre pueden ser mejor entendidas y vividas a la luz de la vida  de los pobres del campo.

4.3.4. ESPIRITUALIDAD DE LA PERIFERIA

 Incluso para una compresión muy inicial, la situación del  periférico es mucho más compleja. Es un hombre que lucha por  la sobrevivencia. Que padece no solamente las injusticias sino  también el abandono, la invasión de las sectas, los  desarraigos. Estudiar sus necesidades básicas de espiritualidad,  de cultura, de literatura. Ver como son personas que leen muy poco  porque también son personas de pocos conceptos. Lo que no deja  de ser una buena lección, especialmente para quienes nos  abarrotamos de conceptos teóricos que terminan por impedirnos  vivir y rezar. La periferia de las grandes ciudades ha sido el embudo donde han ido a parar indios, negros, campesinos, junto a todos los  migrantes y -cada día más­ a los empobrecidos del sistema  vigente. Son los que tienen vida más corta, envenenados por las  industrias y por la contaminación de las ciudades. Aunque  probablemente su vida interior este muriendo más rápidamente,  porque sus raíces son sistemáticamente cortadas.  Mientras tanto, parece que pueden enseñarnos muchas cosas,  comenzando por su preferencia por vestirse presentablemente,  aún cuando por ese motivo tengan que comer menos. Tienen  también conciencia de poseer una cierta dignidad de Hijos de  Dios, una sed de espiritualidad y de religión alimentada por  las programas radiales de las sectas y por todo tipo de  aventureros espiritualistas. Hechos que están revelando una  búsqueda de lo sobrenatural que merecería mucho más  atención de nuestra parte.

4.3.5. ESPIRITUALIDAD DE LOS POBRES

Los “hermanos” en los cuales Jesús un día va a recordar que  deberíamos haberlo encontrado en esta tierra son aquellos que  pasan hambre, no tienen ropa suficiente, están presos, sufren  persecución por causa de la justicia, están enfermos... y  todo el resto que podamos intuir a partir de la lectura de la  bienaventuranzas y de Mateo 25.

 Muchas veces nosotros y otros cristianos entendemos parcialmente  esta palabra de Dios, tratando de socorrer a quienes vemos  padeciendo necesidad. Parece que hoy por hoy es más difícil  entender que seríamos verdaderamente felices si nos hiciéramos  pobres con todas las consecuencias, es decir, si aprendiéramos  la espiritualidad de los pobres, o el Espíritu que sopla en los  pobres.

 No quiero escribir un artículo de exhortación espiritual. Me  gustaría hacer un trabajo realmente serio, lo más científico  posible, inclusive para poder presentarlo en los otros continentes  como modelo de esfuerzo concreto y bien fundamentado de lo que  hacemos en América Latina.

 Por eso mismo, una de las preocupaciones iniciales sería la de  reunir una buena bibliografía. Y saber recoger ejemplos e ideas  dentro de esa bibliografía. Entre otras cosas, existen buenos  trabajos sobre la religión de los indios y de los negros,  inclusive sobre la problemática religiosa de los campesinos y de  los “periféricos”. Pero, tanto en el caso de Brasil como en el  resto de América Latina tal estudio tiene que estar acompañado  también por datos estadísticos confiables.   

Puntos básicos para  una contemplación pobre   

  1. Mirar sin afán de lucro. Mirar sin el deseo inmediato de  poseer.

  2. Mirar en paz. Sin agresividad. Sin destruir. Sin el deseo de  ayudar a otros.

  3. Mirar con justicia. Alegrándose con lo que otros recibieron  de Dios. Ayudando a usar alegremente lo que los demás recibieron  de Dios.

  4. Mirar con ojos maravillados. Vivir el encanto de descubrir  cómo Dios es maravilloso en todas sus creaturas.

  5. Mirar con efusividad. Felices de poder aclamar, alabar,  felicitar, aunque no podamos poseer, usufructuar, gastar.

  6. Mirar con gratitud. Sabiendo y estando convencidos de que nada  nos es debido. Que todo viene por añadidura y por bondad. Todo  es don. Y dar gratuitamente como recibimos gratuitamente.

  7. Mirar con resignación. Dios lo da, Dios lo quita. Loado sea  Dios. Sus dones son una sorpresa cada día, de nada nos vale  poseerlos viviendo con miedo a los ladrones.

  8. Mirar sin segundas intenciones. Sin estar comprando futuras  futuras. Sin preocuparse con la recompensa que el otro pueda dar.

  9. Mirar con comprensión. Sabiendo que todos somos débiles y  sólo en Dios está nuestra fuerza. Sin escandalizarnos con los  errores y las debilidades de los demás.

  10. Mirar con amor. Afligiéndonos cuando el hermano está  apartado de Dios y no sólo porque está haciendo las cosas mal.

  11. Mirar con fe. Sabiendo ver en la trasparencia de todos y de  todo al Padre de Bondad que nunca nos abandona. Sabiendo por  contrario descubrir cotidianamente las cosas más inesperadas  que nos ayudan en el camino de la plenitud. 

 Tales son, más o menos, los consejos que San Francisco dejo en  sus Amonestaciones o Exhortaciones. Fueron las cosas que  aprendió en la escuela de espiritualidad de los pobres y que  siguen en el presente siendo esencialmente válidas para  nosotros.