3. UNA CONTEMPLACIÓN 

PARA EL HOY

No estamos estudiando la contemplación franciscana solamente por su valor histórico. Nuestra intención es la de ayudar a los seguidores de Francisco de a Asís a ser contemplativos hoy, dentro de los parámetros culturales del presente, siendo activos partícipes de lo mas candente de las circunstancias del presente histórico, valiéndonos de los recursos actuales.

Con este propósito ocuparemos esta unidad y las dos siguientes. Comenzaremos intentando discernir cuál podría ser la utilidad la sicología moderna -especialmente la de Carl G. Jung. En la primera parte, me limitará, a indicar algunos puntos en los que este auxilio parece posible y oportuno. A renglón seguido intentará, reflexionar en clave actualizada sobre tres puntos interesantes y fundamentales de la contemplación de San Francisco: atención a la voz del espíritu, el diálogo fraterno y el lenguaje simbólico de los sueños. Los capítulos de esta unidad serán los siguientes:

3.1. Uso de la sicología en la contemplación

3.2. Recuperación del “Feeling” para oír al Espíritu

3.3. Masculino y femenino, base del diálogo

3.4. Una espiritualidad de los sueños.

La propuesta de una Contemplación Franciscana para el hoy la continuamos en la unidad 4, en la que procuraremos ver cómo utilizar los recursos que nos ofrece el mundo latinoamericano, y en la unidad 5, en la que intentaremos descubrir algunas pistas para la formación en la contemplación franciscana.

Ahora quisiéramos comenzar valorizando en nuestro presente algunas de las pilares de la contemplación franciscana. A título de ejemplo podríamos formular las siguientes preguntas: ¿Cómo podemos oír y discernir mejor la voz del Espíritu? ¿Cómo puedo fundamentar mejor mi actitud de diálogo? ¿Cómo podría enriquecer y aprovechar mi lenguaje simbólico, inclusive en el mundo de los sueños?

3.1. USO DE LA SICOLOGÍA  EN LA CONTEMPLACIÓN

No tengo ninguna intención de convertir a la contemplación o la mística en un “fenómeno” humano a ser estudiado, ni quiero considerar a los místicos como “casos clínicos”. Quiero usar la sicología con la actitud positiva de aquel que, conociendo el alma humana, aprovecha su conocimiento para abrir caminos en la interioridad que conduce a Dios. Todos los grandes autores místicos echaron mano de toda la ciencia conocida en su tiempo. Creo que también nosotros debemos utilizar la que tenemos hoy a nuestra disposición.

Dispuestos a iniciar un aprendizaje en el camino de la contemplación con San Francisco, es muy importante que sepamos distinguir lo que le pertenece, como suyo propio en cuanto persona y lo que es conquista universal del ser humano. Es igualmente importante saber hasta que punto cada uno de nosotros puede aplicar en mayor o menor grado lo que fue, vivido por San Francisco En este tema voy a considerar dos puntos fundamentales:

 3.1.1. La sicología de Jung y su aporte a la contemplación.

3.1.2. Algunas propuestas o pistas a partir de la sicología.

 3.1.1. LA SICOLOGÍA DE JUNG

La sicología analítica de Carl Gustab Jung nos abre a un panorama muy rico y sugestivo, porque en ella encontramos abiertas puertas muy interesantes para el mundo de la contemplación. Uno de los conceptos fundamentales de Jung es el del INCONSCIENTE COLECTIVO. Estamos ante un mundo poco conocido que es patrimonio de toda la humanidad. Me esforzare por explicarlo en pocas palabras y en la forma más simple posible. Podemos decir que el cuerpo humano es un patrimonio colectivo de la humanidad: por milenios y en todas las regiones de la tierra, el cuerpo humano es fundamentalmente el mismo: el sistema nervioso, el sistema respiratorio, el sistema digestivo, etc., son idénticos en un africano y en un sueco, lo cual a la medicina le permite cuidar de todos los seres humanos. A pesar de lo cual cada individuo tiene su cuerpo, muy personal, al que cada uno trata de modo que no sea confundido con el de ningún otro. De forma análoga, nuestra alma tiene “sistemas” y “órganos”, semejantes en todas las criaturas humanas de todos los tiempos, aunque cada alma sea muy propia de cada individuo. Los elementos constitutivos de esta alma, que conocemos tan poco, son los arquetipos, que conforman el Inconsciente Colectivo ­ común a todos, pero vivido de manera especial por cada pueblo, y de manera personal por cada uno de nosotros.

Otro aspecto importante es el PROCESO DE INDIVIDUACIÓN. Cuando una persona tiene conciencia de su cuerpo y trata de hacerlo muy suyo mediante su manera propia de vestir, de caminar, etc., lo personifica. Cuando la persona tiene conciencia de su alma, o sea de su Inconsciente, y trata de convertirla en muy suya, aumentando progresivamente la conciencia, entonces profundiza su autodistinción, y su consciente y su inconsciente se convierten cada vez más en una UNIDAD. A este fenómeno lo llamamos proceso de individuación ­ o de descubrimiento y edificación de la propia individualidad, fundamental en el proceso de maduración humana. Básico también en la maduración de una persona en el ámbito de lo divino, cimiento de la mística y de la contemplación. En este caso prefiero hablar de PROCESOS DE SEMEJANZA PROGRESIVA. Recuerdo el dato de que todos fuimos creados a imagen de Dios, que es “colectiva” para nosotros, aunque llegará el día en el que “veremos a Dios cara a cara, cuando seamos semejantes a El”, como dice San Juan (1Jn. 3.2). Esta semejanza ya será entonces muy personal y muy una, como el propio Dios.

Otro aspecto de la sicología junguiana que me parece ser de gran ayuda, es su estudio de los TEMPERAMENTOS Y TIPOS, actualmente muy desarrollados por otros autores, inclusive con aplicación directa en el campo de la oración personal. Nos ofrece una visión renovada y muy nítida de los cuatro temperamentos conocidos a partir de Hipócrates. Basándose en cuatro grandes funciones del alma, la sensación, el sentimiento, la intuición y el pensamiento, Jung llegó a distinguir ocho tipos. Los autores modernos que lo siguen presentan dieciséis. Para mí la gran riqueza está no solo en la profundidad y practicidad de estos estudios, sino también en su visión muy positiva y optimista de cada tipo, animando a las personas a un crecimiento en la interioridad.

También abre enormes posibilidades el campo del LENGUAJE SIMBÓLICO, la “lengua” con la que podemos hablar y entendernos con el Inconsciente, con la Interioridad y, casé como consecuencia, con Dios en la oración. Estas insinuaciones muy sumarias quieren dar una pequeña idea del auxilio que puede prestarnos la sicología, especialmente la junguiana. Intentará, ser más concreto con las propuestas siguientes. Por ahora me es suficiente el esbozarlas, dado que la mayoría será desarrollada en otro momento del trabajo.

3.1.2. ALGUNAS PROPUESTAS O PISTAS

3.1.2.1. LOS SUEÑOS.

Tanto la Biblia como la vida de los santos, y de modo muy significativo la vida de San Francisco, está n repletas de sueños, a los cuales dan un valor muy importante. Jung y sus discípulos ya investigaron y editaron un notable acervo de informaciones sobre el mundo de los sueños, que pueden ayudarnos a entender el mundo de la oración. Tendrá, naturalmente que demostrarlo, y lo hará, en un trabajo específico en la última parte de esta unidad.

Mientras tanto, recuerdo apenas que los Santos Padres de la Iglesia y algunos Doctores, como San Buenaventura, discurriendo específicamente sobre San Francisco, afirman que los sueños son una manera eminente de conocer la voz del Espíritu de Dios.

3.1.2.2. VIDA DE ORACIÓN SEGÚN LOS TEMPERAMENTOS Y TIPOS.

Conozco por lo menos dos escuelas norteamericanas que se especializaron en indicar los mejores caminos de oración para las personas de acuerdo con su tipo temperamental. Con facilidad podemos aplicar un test y distribuir orientaciones prácticas que ya están preparadas. Muchos tenemos grandes dificultades en la oración porque estamos obligados a rezar de maneras adaptadas a otros tipos pero prácticamente imposibles para nosotros. Mi idea tiene dos vertientes: por una parte quisiera ayudar a cada uno a encontrar su mejor manera de vivir la oración personal. De otro lado pretendo ayudar a crear una oración comunitaria en la que se utilicen los dones de todos los que, de hecho, integran el grupo orante. La misma Eucaristía puede ganar mucho si cada uno aprendiera a poner en común sus dones personales.

3.1.2.3. LENGUAJE NO LÓGICO.

Como el lenguaje simbólico no nos resulta inteligible tenemos la tentación de juzgarlo como algo

inferior o malo, o por lo menos peligroso. Pero en nuestra vida el lenguaje simbólico es más fundamental que el lenguaje lógico. Lo que es peor aún, en Occidente muchas veces nos convertimos en esclavos del lenguaje lógico, que tiene límites estrechos y cercena o mata nuestra vida del espíritu. Podría demostrar como tanto el lenguaje de la Biblia como el de un San Francisco, emplea preferentemente el lenguaje simbólico sobre el lenguaje lógico. Quien se queda en el campo de lo lógico corre el riesgo de quedarse sin entender nada o casé nada.

3.1.2.4. REVALORIZACIÓN DEL “FEELING.

Nuestra cultura, que idolatró el pensamiento lógico y matemático, desvaloriza profundamente el mundo del sentimiento, o del “feeling”. Sin embargo la mayoría de las personas que usa el feeling como su principal función síquica, generalmente emplea su capacidad de juzgar como “feeling” y no como “thinking”. Por eso es que me he propuesto estudiar las posibilidades prácticas del “feeling” para mejorar el mundo de nuestra oración. Me parece que los franciscanos de hoy perdimos en gran parte la capacidad de contemplar a causa de una formación mal dada en el transcurso de los estudios de filosofía y teología. Aprendimos a menospreciar el “pensamiento del corazón”. Y ahora sentimos la carencia.

3.1.2.5. MASCULINO Y FEMENINO.

Personalmente creo que nos enfrentamos a un camino privilegiado hacia la interioridad y hacia Dios. Dios nos hizo hombres y mujeres cuando nos creó a su imagen y semejanza. Y dijo que, en su morada no nos vamos a casar ni darnos en casamiento, porque seremos como los ángeles del cielo. Por esta expresión entiendo que vamos a ser plenos, cada uno de nosotros, en la masculinidad y la femineidad. En ese entonces seremos semejantes a Dios y podremos contemplar su rostro. La sicología junguiana abre una amplia perspectiva de profundización a través de los arquetipos de Anima y Animus y ayuda a entender el lenguaje de los mitos y de los cuentos de Hadas, en los cuales la sabiduría humana fue, acumulando a través de los siglos el tesoro de sus descubrimientos sobre lo masculino y lo femenino.

Vamos a consagrar una parte de nuestra reflexión a este tema, que tiene una importancia vital en la transmisión de la espiritualidad de San Francisco. Puede también ser una buena ayuda en la maduración de nuestra vida consagrada en fraternidad.

3.1.2.6. DIALOGO DE INTERIORIDADES.

A partir del masculino y del femenino comienza uno de los caminos más fascinantes que estoy comenzando a explorar, y que puede ser fundamental para la vida fraterna franciscana: el diálogo de interioridades. Quisiera poder ofrecer algunos subsidios que posibilitasen conversar sobre las profundidades interiores poniendo en común los caminos de interioridad de cada uno. Naturalmente el tema exigirá un desarrollo aparte. Damos algunas bases en 2.3.

3.1.2.7. LA PUERTA DE LA FUNCIÓN INFERIOR.

Partimos de un hecho: naturalmente tendemos a aproximarnos a los tipos temperamentalmente opuestos al nuestro, principalmente en el apasionamiento del amor, aunque también en otras circunstancias. Sentimos atracción por las personas que usan con facilidad una función que para nosotros es muy difícil, porque es nuestra “inferior”. Lo importante es tomar conciencia que en estos casos se abre la puerta de la función inferior, la puerta de la interioridad, por la cual podemos tener el mejor acceso al inconsciente y, afirmo, a Dios. Trataré de abordar este tema en nuestra última unidad 5.3.

3.1.2.8. PENITENCIA, CONVERSIÓN Y “SOMBRA”.

La sombra es el conjunto de las experiencias que “olvidamos” o rechazamos a lo largo de la vida. Puede constituir un peso que cargamos siempre como una sombra y puede convertirse en el mundo enriquecedor de la penitencia, que podría ayudarnos a redescubrir lo que tenemos en nuestro interior, como un tesoro del cual podemos sacar “cosas nuevas y viejas”, dándonos la oportunidad de reaprovechar muchos valores y liberándonos del resto.

No vamos a poder tratar ahora el tema de la penitencia propuesta y vivida por San Francisco, en una visión enriquecida por la sicología profunda. El tema tiene una incidencia muy fuerte no sólo sobre la espiritualidad personal de San Francisco sino también sobre la de sus discípulos. Y constituyó una de los distintivos de la actuación franciscana dentro de la Iglesia a través de los siglos.

3.1.2.9. EL “OPUS” DE LA ALQUIMIA.

Tenemos una visión prejuicial de la alquimia, como si fuese la locura de algunos simplotes que quisieron encontrar un modo barato de fabricar oro. Hoy sabemos que los grandes alquimistas fueron personas que usaron en alto grado el lenguaje simbólico (una de las razones de su ostracismo). En realidad su gran intento, su gran obra, su “opus”, era llegar a la unión con Dios, que simbólicamente denominaron como una metamorfosis en oro. Hay mucha cosa que puede ser aprendida con los viejos alquimistas en orden a la profundización de la vida interior. Pero este es un tema más que tenderemos que dejar para otra ocasión.

3.1.2.10. LA BÚSQUEDA DE LA PLENITUD.

Jesús dijo que vino para que tuviésemos vida en plenitud. De hecho, la búsqueda de la interioridad, del encuentro con Dios, es una búsqueda de la totalidad, de la plenitud. Estamos ante una alternativa para la habitual “búsqueda de la perfección”. Para mi, es mucho más ventajoso buscar la plenitud. Inclusive porque subraya nuestra existencia dentro de un mundo en que existen tanto el mal como el bien, aunque en tensión. Nuestra formación, no solamente religiosa, sino también occidental, incluyó una serie de fallas en relación al concepto de la presencia del Mal y del Maligno. Tendremos un momento de reflexión especial sobre este tema en la Unidad µ de este trabajo. Podrá ayudarnos a tener una visión más abierta de la vida de oración y de unión con Dios.

Acabamos de presentar apenas algunas de las posibles propuestas en un terreno muy abierto: Cómo aprovechar mejor en nuestra vida de oración los recursos del conocimiento moderno, principalmente de la sicología. 

3.2. RECUPERACIÓN DEL FEELING

En el lenguaje cotidiano, muchas veces confundimos contemplación con meditación, llamando a ambas “oración mental”. De hecho tanto contemplar como meditar son oraciones “mentales”, al menos en el sentido muy simple que habitualmente no son vocales, orales. Pero aquí termina la semejanza. Una pertenece al campo del sentimiento, mientras que la otra se desarrolla en el reino de la razón o del pensamiento.

Esforzándonos por profundizar la espiritualidad franciscana, me parece importante entrar en el campo de la sicología y estudiar la Función “Feeling” (sentimiento) de acuerdo con la sicología Analítica, porque resalta un valor personal de San Francisco, de muchos de sus seguidores. Un valor que ciertamente fue, mucho más estimado en tiempos de San Francisco, para ser luego paulatinamente dejado de lado en nuestra cultura de tipo “Thinking” (Pensamiento). Abordaremos tres puntos principales:

3.2.1. Qué, es el “Feeling”?

3.2.2. Contemplar es “Feeling

3.2.3. Cómo cultivar el “Feeling”.

3.2.1. QUE ES EL “FEELING”?

Nuestra palabra sentimiento se presta a confusiones, por tener un sentido muy amplio. Fonéticamente puede ser confundida con Sensación, que es otra Función totalmente diferente. Por su contenido, puede pretender incluir la noción de emoción, como si fuese su sinónimo, lo que no voy a poder aceptar en este estudio. Por tal motivo optará, por emplear normalmente la palabra inglesa “Feeling”.

A las personas que prefieren una base impersonal de opción Jung las denomina tipo pensadores o “thinking” (T). Las que escogen una base personal son llamadas tipo sentimentales, o “feeling” (F). Los dos modos de seleccionar lo que hay que hacer o dejar de hacer son necesarios y útiles. Es cuestión de comodidad. Algunas personas se sienten más a gusto con juicios impersonales y objetivos y menos cómodas con juicios personales. Otras de sienten mejor con juicios de valor y no tan bien ante un hecho, cuando tienen que ser objetivas y lógicas. Los tipos sentimentales más extremos quedan un tanto desconcertados por opciones reglamentadas, viendo un acto impersonal casé como deshumano. Al contrario, los tipos más específicamente pensadores, a veces miran las decisiones y opciones cargadas de emoción como si fuesen una trampa. Toda persona es absolutamente capaz de los dos tipos de decisión. Más que nada es cuestión de preferencia.

Una observación interesante es que en realidad no parece haber una diferencia muy grande entre los sentimientos de una persona y de otra, contrariamente a lo que en general todos pensamos. Como tampoco hay mucha diferencia en la sensación: el olor de la Guayabada debe ser idéntico para todas las personas, el rojo debe tener más o menos la misma reacción en todos los ojos, y una nota musical debe sonar igual en todos los oídos. Análogamente los sentimientos no deben ser muy diferentes de persona a persona. Las diferencias corren por cuenta del tipo de preferencia que las personas elaboran naturalmente, dando más lugar a los sentimientos que a sus opuestos, los pensamientos.

Más mujeres que hombres (¶ sobre 10) manifiestan que prefieren decidir en base del impacto personal (F). Ciertamente que en general nuestra sociedad piensa que las mujeres son más sentimentales y da menos valor a esa manera de ser . Más hombres que mujeres (8 sobre 10) dicen preferir tomar decisiones en base de principios, es decir lógica y objetivamente. De modo que hay más hombres que prefieren el pensamiento y más mujeres que prefieren el sentimiento. Por más que la diferencia basada en el sexo sea relativamente pequeña y estrecho el margen para predecir el comportamiento. La dimensión -Æ es el único par de preferencias en la cual lo sexual incide en la estadística (Myers, 1963) y que está distribuido equitativamente en la diversas capas de la población (Bradway, 1964).

 Las personas que usa preferentemente Æ como base para sus decisiones reclaman, a veces, que los que prefieren la  son “desalmados”¬ “tienen una corazón de piedra”, “tienen hielo en las venas”, son “fríos”, “distantes”, y “racionalistas que no mamaron la leche de la bondad humana”. Por otro lado, los que prefieren el  y usan principios impersonales como base para sus decisiones protestan frecuentemente porque el grupo Æ “tiene el corazón muy blando”, “no es capaz de ser firme”, “no resiste una oposición” “es muy emocional”, “ilógico”, “de pensamiento deshilvanado”, “intelectuales amateurs” y gente que “camina con el corazón en las manos”.

Las incomprensiones acontecen cuando se espera que las personas Æ y  tomen decisiones de un modo que no les es natural, es decir, contrario al de su preferencia, y consecuentemente de una manera en la que no se sienten Cómodos. Por ejemplo, una esposa Æ puede insistir que el marido  dé, rienda suelta a sus sentimientos” mientras que el deseo de él es que ella “sea lógica al menos una vez”. Es claro que ninguno de los dos modos de llegar a las decisiones puede ser criticado por los que tienen la preferencia opuesta.

En nuestros actuales contextos culturales las personas con la preferencia Æ pueden tener una ventaja sobre los de preferencia T, porque han tenido la posibilidad de desarrollar la preferencia menos deseada. Las escuelas formales están dirigidas sobre todo al desarrollo de las reas  y no a las de la F, de modo que los que tienen preferencia natural por el Æ también tienen la posibilidad de desarrollar el T. Por el contrario, los de preferencia natural por el  no tienen la misma oportunidad de desarrollar su lado F, que puede permanecer relativamente germinal.

Tenemos que tener en cuenta otra verdad elemental al interior de esta oposición entre el Feeling y el Thinking. Moses Mendelósohn ya expresó en 1766: “Wir Flen nicth mehr sobald wir denkens : apenas comenzamos a pensar, ya dejamos de sentir (Philosophische Schriften, 1,9). De hecho, cuando se hace una pregunta: ¿Qué, es lo que estás sintiendo? pasamos sin darnos cuenta del campo del sentir al del pensar a pesar de que, de por sí, la diferencia parece bastante clara. A veces, los tipos feeling son ubicados como personas más emocionalmente sensitivas que los del grupo de  pero este juicio no responde a la realidad. Los dos tipos pueden reaccionar emocionalmente con la misma intensidad. Pero, dado que la persona Æ tiende a demostrar más sus reacciones emocionales, las demás personas pueden pensar que ella es más cálida y más capaz de sentimientos profundos que los de una persona T. Cuando el tipo Æ se emociona -cuando queda con las manos sudadas, pálido y temblando, con el corazón latiendo fuerte y sin control consciente del cuerpo­ los demás se sienten afectados. Es verdad, las reacciones emocionales de las persona Æ tienen a ser contagiosas y a generar calor. Al contrario, cuando se emociona una persona T, las reacciones del cuerpo no son evidentes, y por eso, no son tan perceptibles por los demás. Por lo cual los  muchas veces son descritos como fríos y sin emociones, cuando en realidad pueden tener emociones tan intensas como una persona F. De hecho, la persona  a veces parece embarazada por una demostración de emociones intensas, mientras que la persona Æ por el contrario parece gustar de una demostración excesiva de sentimientos. Si ambas manera de tomar decisiones son mutuamente comprendidas y

Apreciadas, la oposición de las preferencias  y Æ no puede causar serios problemas en las relaciones interpersonales. De hecho estamos ante una dimensión que puede ser complementaria en la relación interpersonal, lo cual no sucede en el resto de las resto de las preferencias. (Las oposiciones E versus É y N versus S pueden ser más opuestas que complementarias). Una persona Æ necesita de una persona  para presentarle otro punto de vista y viceversa. Una vez que una persona Æ acepta que un persona  tiene emociones profundas. aunque no siempre visibles, y cuando una persona  percibe que una persona Æ es capaz de pensar lógicamente, aunque no consiga verbalizar esa lógica, es posible eliminar las incomprensiones mutuas.

 Palabras sugestivas: las personas que prefieren una opción impersonal para tomar decisiones (el grupo del T) tienden a reaccionar afirmativamente a palabras como objetivo, principios, política, leyes, criterios, y firmeza, mientras que las personas que prefieren el contexto de los efectos de una opción hecha partiendo de sí mismas y de los demás (el grupo del F) tienden a reaccionar positivamente a palabras como subjetivo, valores sociales, circunstancias atenuantes, familiaridad y persuasión. Las personas  tienden a usar un abordaje impersonal, mientras que las personas Æ prefieren ser más personales en el trato con las personas y con los proyectos. Los Ts saborean palabras como justicia, categorías, padrones, crítica, análisis, distribución» mientras que los F. prefieren humano, armonía, bueno o malo, apreciar, simpatía, devoción. La persona  tiende a dar prioridad a criterios objetivos, y consigue ser buena en la argumentación, pretendiendo convencer a los demás de su punto de vista por medio de la lógica sin apelar a las emociones. La persona Æ tiende a ser buena para la persuasión, y hace opciones pensando en el impacto emocional de la decisión sobre los que lo rodean.

3.2.2. CONTEMPLACIÓN Y FEELING

 Creo que una de las pistas interesantes puede ser la siguiente: contemplar pertenece al área del “feeling”. Cuando entramos al área del “Thinking”, pasamos al campo de la meditación. No es posible meditar y contemplar al mismo tiempo.

Es el momento de plantearnos un interrogante: ¿normalmente pasamos primero por la meditación y llegamos posteriormente a la contemplación, tal como parece haber enseñado Santa Teresa? ¿Es natural que el hombre primero piense y después contemple? ¿O lo natural es lo contrario: primero contemplar, después pensar? Yo me inclino por esta segunda hipótesis. Acepto que las personas cultas occidentales tienen más facilidad para pensar de que para contemplar, pero pienso que eso es fruto de una cultura, posiblemente de una desviación a ser corregida. Lo normal, todavía hoy experimentado por los simples y por otras culturas, es primero contemplar y después pensar.

Al iniciar un estudio de la contemplación franciscana me parece importante advertir que el “feeling” era un don natural, personal, para San Francisco. Posiblemente también puede ser natural para la mayoría de las mujeres. No lo es para la mayoría de los hombres de nuestro tiempo, que,  inclusive por formación, son llevados a desvalorizar el “feeling”. Sea como fuere, lo cierto es que toda contemplación - franciscana o no­ está obligada a usar el “feeling”. Por más que afirmemos que la oración franciscana sea fundamentalmente “feeling-sensing”, toda contemplación, la occidental y la oriental, benedictina, jesuita o dominicana, es también “feeling”. La contemplación franciscana quizá se distinga por lo “sensing” y no por el  felling”.

Si esta última observación fuere correcta, podríamos distinguir al menos dos grandes tipo de contemplación: el “feeling-sensing”, y el “feeling-intuiting”. Es evidente que no puedo llegar a una afirmación conclusiva, porque aún estoy estudiando el tema. Pero creería que la contemplación “augustiana” y la contemplación “tomista” son “sentimiento-intuición”, mientras que las otras escuelas solo se afirman en el sentimiento, sin explicitar necesariamente la intuición o la sensación, que es más claramente acentuada por la “ignaciana” y por la “franciscana”.

Pero creo que se puede dar, por así decirlo, un tipo de contemplación más “pura”, cuando, además del “feeling” se acentúa el “sensing”. Porque tanto el “sensing” como el “feeling” son receptivos, “pasivo”. La intuición, a su vez, por más que penetre en el mundo de la interioridad tiene siempre una carácter de función activa.

Me parece oportuno observar que también la “oración en lenguas” podría ser considerada contemplación, dado que no emplea la razón y el pensamiento. Aunque quizá sea importante también el aspecto receptivo- pasivo para dar forma y distinción a la contemplación. En ese caso la “oración en lenguas” sería activa, y por lo tanto no contemplativa.

3.2.3. COMO CULTIVAR EL “FEELING”.

En primer lugar, es claro que la situación de cada persona es muy diferente. Las que tienen el “feeling” como dominante ya lo poseen naturalmente. Cultivar para ellas quiere decir saber aprovechar bien. Las que lo tienen como función secundaria ya tienen que esforzarse más. Las que lo tienen como función terciaria y -mucho más aún­ como inferior, tendrán que entablar un verdadero combate para aprender a proteger los pequeños brotes de “feeling” que todavía aparecen en su vida y que no fueron destruidos con el pasar de los años.

Una buena manera de cultivar ese don que favorece la contemplación puede consistir en profundizar los valores de las palabras preferidas tipo “feeling”: humano, persona, subjetivo, familiar, simpático, armonía, valores, persuasión, devoción, apreciar. También es bueno cultivar la capacidad de rezar sin palabras ­ y más aún sin raciocinios, especialmente con ayuda de la música. Me parece que estamos en condiciones de dar algunas pistas prácticas, como las siguientes:

  1. Demuestra calidez y simpatía por los demás. Se amistoso, cortés. Haz un poco más de esfuerzo por entender y apreciar a los otros.

  2. Toma conciencia de tus sentimientos. Exprésalos con calor, comprensión, compasión, simpatía. Principalmente con las personas más próximas. No tengas miedo de parecer sentimental.

  3. Demuestra la mayor calidez posible en tus relaciones. Procura irradiar simpatía y amistad. Cultiva algunas amistades fuertes y pasa un buen tiempo con ellas cada semana.

  4. Crea armonía en tu casa, en el trabajo, en la comunidad. Atiende el punto de vista de los otros, especialmente de los que habitualmente no está n en condición de hablar.

  5. Aprende a basar tus decisiones tanto en el valor personal como en la lógica. Algunas veces déjate guiar más por los sentimientos, impulsos y palabras que por la lógica y la razón. Evita juicios, principalmente apresurados.

  6. Aprende a saborear la soledad, de vez en cuando.

  7. Descubre el gozo de ser agradable a los demás: se sensible a los sentimientos de los otros, demuéstrate genuinamente preocupado con alguien que precise ayuda. Pierde tiempo en conversaciones banales.

  8. Se generoso para agradecer, elogiar, congratular, apreciar, ayudar a los demás a afirmarse. Ten paciencia con los que no ven las cosas como tú. Valoriza los méritos de los otros.

  9. Entusiásmate ardientemente por algo.

3.3. MASCULINO-FEMENINO

 Hacer un estudio más serio de las motivaciones de San Francisco para usar tantas comparaciones femeninas y maternas, puede abrirnos una perspectiva extraordinariamente importante en la oración de la interioridad profunda. El hecho es hoy ampliamente reconocido: hay una presencia femenina en el interior de cada hombre y una presencia masculina en el interior de cada mujer. Son ya clásicas las expresiones empleadas y difundidas por Carl G. Jung: “anima” para el alma femenina del hombre y “animus” para el alma masculina de la mujer.

Estamos en presencia de un dato de experiencia inmediata: a nivel humano hay algo en la interioridad que hace que nos interesemos por las personas del otro sexo. Una manera bastante diferente de la de los animales, que buscan los compañeros del otro sexo solo motivados por el instinto reproductor.

Tanto hombres como mujeres tienen en cierta forma lleno su interior de presencias más o menos nobles del sexo opuesto. La literatura, como todas las artes, es riquísima en ejemplos. Podríamos citar a Elena de Troya o Beatriz del Dante, además de multitud incontable de héroes y heroínas.

Quiero llamar la atención sobre el hecho de que animus y ánima son los primeros arquetipos con que nos encontramos después de enfrentar nuestra sombra. Constituyen los grandes intermediarios de nuestra comunicación con el mundo exterior a través de la “persona” (una especie de máscara que creamos para el uso externo). El animus o el  anima nos abren las puertas de la profundidad de nuestro interior, inclusive para el encuentro con Dios en la soledad profunda del ser individual. Abren a la plenitud de la persona.

Es interesante retomar el pasaje de San Mateo 22, 20-30, cuando los saduceos preguntan a Jesús de quién será, en la resurrección, una mujer que tuviera siete maridos. El respondió: “En la resurrección ellos no se casan, ni ellas se dan en casamiento, sino que son todos como los  ángeles del cielos (v.30). Yendo más allá de una interpretación popular, que concluye en que los ángeles no tienen sexo, podemos entender que, tanto ellas, como ellos, como también nosotros todos en la resurrección, tendremos la plenitud humana del masculino y del femenino. El texto, según creo, nos lleva nuevamente a la expresión del Génesis, 1, 20 y 27¬ recordando que fuimos hechos a imagen de Dios como hombres y mujeres y que llegaremos a su semejanza en la plenitud total. Presionados por nuestra cultura, habitualmente tenemos miedo de ser considerados como homosexuales, o por lo menos como hombres afeminados o mujeres masculinizadas. No es este en modo alguno, el problema que estamos enfrentando. Al contrario, en la medida en que vivamos más intensa y conscientemente nuestra interioridad, seremos mas verdaderamente hombres o verdaderamente mujeres, porque las cualidades estar n integradas, bajo nuestro control y a nuestro servicio. Lo que sucede con hombres afeminados, es que están siendo dominados, a merced del ánima y con mujeres masculinizadas, por estar bajo el dominio del  animus.

San Francisco es universalmente reconocido como uno de los mayores místicos de la historia, poseedor de un talento poético seguramente notable y nunca fue, tenido por menos hombre porque se comparó a la novia pobre y bonita que el rey encontró en el desierto, o con la gallina clueca y negra que juntaba los pollitos, o porque dice que fue, saludado por tres mujeres como si él fuere la “Señora Pobreza”, o porque dijo que los hermanos deben hacer el papel de madres en los eremitorios y amar a sus hermanos según el espíritu más de que una madre según la carne ama a sus hijos.

Al contrario, esas y otras imágenes mostraron al mundo un hombre que llegó tan lejos en la unión con Dios que ha sido escogido como modelo por millones de personas en todo el mundo hace ya casé ochocientos años. Sentimos hasta el día de hoy un fuerte impacto e inmenso respeto al leer su exclamación ardiente de que somos “madres” de Jesucristo, y su trato arrebatado a Jesucristo, tratándolo como su “esposo”.

El Proceso de canonización de Santa Clara, iniciado al día siguiente de su muerte, nos entrega el testimonio de varias hermanas que la oyeron contar un sueño de extraordinario valor simbólico, en el cual ella se vio mamando de San Francisco y extrayendo de allí una visión nítida y clara de toda la realidad del mundo.

Uno de los aspectos concretos más esenciales de la feminidad que San Francisco supo aprovechar con equilibrio a partir de su contacto más íntimo con Dios radica en su actitud fraterna. El se implica con los hermanos, con todas las personas y aún con todas las creaturas. Establece una relación íntima de naturaleza tal que lo integra dentro de la misma unidad en la que todas la creaturas viven con su Creador. Unidad que, de cierta forma, ya es realidad o sueño de unidad perfecta que Jesús expresó en la última cena. Esto es muy diferente de la fría relación intelectual, tan frecuente entre nosotros. Somos capaces de descubrir todas las cosas que nos distinguen antes de percibir la profusión de lazos que nos unen. Aquí también encuentro la raíz de la extraordinaria creatividad de San Francisco. Estamos claramente ante una invitación lo más abierta imaginable a un encuentro sin límites con Dios y con todas las creaturas, allá dentro, en la soledad más interior de cada uno.

Una de las realidades básicas que necesitamos recuperar en nuestro camino de crecimiento y de salvación es la dimensión masculino-femenino de nuestro ser humano. Masculino no es apenas lo que relaciona al hombre con los animales machos, así como lo femenino no es solo lo que se refiere a la mujer y a los animales hembras. La realidad es mucho más profunda: la Biblia dice que somos masculinos y femeninos por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios: Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, hombre y mujer (masculino y femenino) los creó” (Gen. 27).

Después de millares de años de evolución, desarrollo y reflexión sobre sí mismo, el hombre de hoy tiene la posibilidad de superar visiones estrechas para comprender lo que afirma la sicología moderna: todos los seres humanos somos masculinos y femeninos. La mujer se afirma física y síquicamente como femenina, mientras que el hombre lo hace en cuanto masculino, pero, en la profundidad de su interior el hombre es “ánima” y la mujer es “ánimus”, es decir, el espíritu que viene de dentro equilibra a cada uno de nosotros en la riqueza de esos dos opuestos.

Solamente podemos conquistar el equilibrio porque cada uno de nosotros, aunque de forma diferente, o con predominio complementario, goza de la presencia de esos dos opuestos. Y la complementariedad es justamente el estímulo con que los hombres y las mujeres pueden provocarse unos a los otros para crecer, para hacer realidad el camino de salvación. Cada uno tiene que realizar su plenitud.

Esta realidad del masculino-femenino es demasiado profunda para que la podamos estudiar de una sola vez. Estará presente, como una de las principales ideas básicas en todo nuestro caminar.

3.3.1. RELACIONAMIENTO MASCULINO- RELACIONAMIENTO FEMENINO

Bastaría una observación superficial para demostrar que habitualmente los hombres y las mujeres se relacionan de manera diferente tanto con las personas como inclusive con otras realidades. Podemos decir que hay un modo masculino y un modo femenino de relacionarse.

De hecho habitualmente las mujeres se relacionan con personas y situaciones dejándose implicar mucho más, porque tienden a identificarse o a buscar puntos de identificación con lo nuevo, con lo otro. Los hombres comúnmente se relacionan tomando distancia, porque tienden a distinguirse o a buscar puntos de distinción con todo: no solamente se distinguen ellos mismos de las realidades externas, sino que también buscan distinciones dentro de las otras realidades. Este fenómeno se explica recordando que desde bebés, somos conducidos a

tomar posturas diversas frente a la primera realidad, ante la primera persona con la cual nos confrontamos: nuestra madre. Tanto el niño como la niña necesitan aprender a distinguirse de ella como persona, pero la niña puede continuar identificándose con ella como mujer, mientras que el niño es llevado a tomar distancia mucho más profunda. Tal actitud de alguna manera, se reitera a través de toda la vida.

Las dos realidades son buenas y complementarias. Una proporciona una manera más cálida e inmediata, más total y envolvente, casé podríamos decir “más humana”. La otra proporciona una modo de relación más distanciada, más parcial, más intelectualizada y racional.

¿Cuál es mejor? Las dos. Por algo más profundo, pero también porque fuimos educados en el grupo de las niñas o en de las niñas, con muy peso social e histórico, desarrollamos preferentemente una de tales actitudes. Pero en el fondo, tenemos la posibilidad de desarrollar las dos. Son complementarias también en el interior de cada uno.

Aquí radica el valor del camino común no solo entre los hombres, y las mujeres en general, sino principalmente de un hombre con una mujer que se aman. Cuando dos personas se apasionan, proyectan una en la otra la imagen complementaria que poseen en su interioridad: el hombre la de ánima, la de lo femenino, la mujer la de ánimus, la de lo masculino. Es en la convivencia diaria vivida con amor y siendo conscientes de estar en un camino, en el que uno puede ayudar al otro a partir de su proyección, para que pueda ir corrigiendo la ruta y encaminándose con total seguridad hacia la plenitud personal.

3.3.2. COMPRENSIÓN Y AYUDA MUTUA

Vamos a comenzar considerando, a título de ejemplo, algunas consecuencias de las anteriores afirmaciones. De cómo pueden convertirse en impulso para el camino.

Cuando una persona se compromete más profundamente con otra persona, o con una situación, porque es llevada naturalmente a descubrir identificaciones personales con la otra realidad, es mucho más fácil tomar decisiones concretas, prácticas, vivenciales. Cuando la persona permanece preferiblemente en el nivel del raciocinio, en el mundo de los conceptos, se pueden producir muchas palabras y hasta escritos, y pocas conclusiones en la realidad.

Es fácil constatar que nuestro tipo de formación occidental es muy intelectualista, muy “masculina”, muy clara pero muy distante de ciertas medidas concretas que son la única cosa que una persona espera cuando se encuentra en dificultades. Desde este punto de vista, ¿no sería el caso de hacer que la propia sociedad fuera más “femenina”? O mejor: ¿No será el caso de procurar equilibrar en cada uno de nosotros mismos las dos maneras de hacer consideraciones y de ser efectivos?

Las desinteligencias son también frecuentes, acusándonos entonces mutuamente de falta de objetividad o de frialdad y distanciamiento. Porque una fecha, por ejemplo, fue, olvidada, o porque no se supo calcular bien el tiempo para alguna actividad o compromiso.

Podríamos mejorar las relaciones recordando simplemente que hay un modo más “femenino” y otro más “masculino” de entender el propio tiempo. Una mujer probablemente dirá: “Cuando los niños eran pequeños”, o ”cuando estuve en casa de la abuela”, o “cuando el árbol del jardín estaba florecido”. En esos casos el tiempo es más sentido que calculado. Un hombre tendrá tendencia más bien a considerar el tiempo como concepto, como elemento de cálculo, experimentando dificultades para unir fechas a acontecimientos de carácter “emotivo”.

¿Porqué, uno no puede aprender la manera de ser del otro, no sólo para comprenderlo mejor, sino también para vivir mejor, más plenamente, con mayor riqueza y posibilidades?

Es común, por ejemplo, que una mujer comience a “razonar” con gran facilidad de expresión pero con escaso fundamento lógico, porque, en ese momento, está siendo llevada más por la emoción que por la razón. Argumentar racionalmente con ella en tal situación, se revela inútil. Eso sí, es el momento en cual un buen marido es capaz de apelar a su capacidad “femenina” de dialogar y llegar así en común a una solución.

3.3.3. UN CASAMIENTO DE A CUATRO

Teniendo en consideración lo que hemos dicho hasta el presente, me atrevo a afirmar que un buen casamiento sería el supiese integrar al marido en su dimensión masculino-femenina y la mujer en su dimensión femenino-masculina. En otras palabras un casamiento de cuatro: dos personas pero cuatro aspectos profundos de la personalidad.

Entre otros motivos para hacer esa propuesta, recuerdo que los aspectos complementarios de masculino-femenino no son en general solamente desconocidos y, consecuentemente, descuidados, sino que llegan a ser conculcados y despreciados.

Por otra parte todo casamiento corre serios riesgos si el hombre no es consciente de estar proyectando inconscientemente su visión de lo femenino sobre la mujer que ama, y que la mujer hace lo mismo sobre su marido, proyectando sobre él su imagen de lo masculino. Siempre resulta que la persona amada no es exactamente “aquella”.

Tenemos que hacer tomar conciencia de que cuando un hombre encuentra una mujer por la cual se apasiona, normalmente tiene ya un ideal previo de lo femenino formado a partir de su madre, hermanas, colegas, lecturas, trabajos, conversaciones, sueños... Y lo mismo, respectivamente, acontece con la mujer cuando encuentra el hombre por el cual se apasiona.

 Se apasionan justamente porque encontraron, el uno en el otro, mucho de aquel ideal que traían dentro. Mucho, pero no todo, y puede ser que ni sea lo más esencial ni lo más consistente. Si la cosa quedara allí, aunque el casamiento no se rompa, puede terminar siendo muy mal vivido, porque cada uno estará exigiendo del otro actitudes que corresponden al ideal que tiene en la cabeza, pero no a la persona real.

Por el contrario, si se logra una progresiva conciencia de esa cuádruple actitud fundamental, es inimaginable hasta qué, punto puede ser válido y enriquecedor vivir en armonía, estimulándose y ayudándose mutuamente a crecer, a abrirse, a sacar del tesoro interior una variedad inagotable de respuestas a la vida!

3.3.4. UN PUNTO PARA  UN ESTUDIO SERIO.

Las ideas aquí desarrolladas no son ni originales ni peregrinas, por novedosas que puedan parecer a quien las encuentre por vez primera. Diversas circunstancias culturales impidieron al hombre proponerlas de manera científica y técnica con anterioridad a nuestro siglo, pero sus conceptos básicos ya estaban ampliamente desarrollados en las mitologías antiguas y hasta en los rituales de las religiones “primitivas”.

Hoy, con la ayuda de la sicología contemporánea, es posible estudiarlas hasta en el mundo de los sueños y en la patología, abriendo una perspectiva muy amplia para quien tenga interés en aprovecharla para un crecimiento positivo de la propia personalidad. Inclusive contamos con bases bíblicas muy ricas e importantes.

3.3.5.HE, SHE, WE

Estos tres pronombres ingleses son también los títulos de tres libros de Rober A. Jonson, un sicólogo que es sacerdote anglicano. Hace ya más de un año que figuran en la lista de los libros más leídos en Brasil. Recomiendo su lectura porque constituyen una introducción muy fácil y agradable al mundo del lenguaje simbólico.

HE representa el mito medieval de Parsifal, uno de los héroes del ciclo de la Tabla Redonda del Rey Arturo. Es el mito del masculino. SHE representa el mito del femenino, Psique, heroína griega que se opone a Afrodita, la diosa de la belleza. WE representa el mito de Tristán e Isolda, con un estudio del amor romántico, figura del amor entre el hombre y Dios.

No es preciso recordar que los mitos de Parsifal, Tristán e Isolda están íntimamente ligados a la historia de Francisco de Asís.

3.4. UNA ESPIRITUALIDAD DE LOS SUEÑOS

Aceptando la premisa de que contemplar es mirar (y escuchar) a Dios con amor, receptivamente en conjunción con la conciencia de que “en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos, 17, 28). pienso que los Sueños (nocturnos o aún diurnos), son en nuestra vida una realidad que ha de ser tenida en cuenta por los que pretenden vivir la plenitud de la unión con Dios.

Proponer este asunto puede provocar cierta extrañeza, teniendo en cuenta los cánones de la mentalidad racionalista dominante. Especialmente en los ambientes de la más refinada “cultura occidental”. Pero no es en absoluto un tema extraño ni en la Biblia, ni en la vida de los santos ni de otros personajes de la historia. Menos todavía en el mundo de la literatura y de las artes en general, aunque dejásemos de lado el mundo cultural de los orientales, de los indígenas de occidente y de todas las otras culturas. Los sueños constituyen, además, un valor absolutamente serio para los Santos Padres y para de los Doctores de la iglesia. Como dice J. Sanford, “la iglesia solamente dejó de prestar atención a los sueños de sus hijos cuando pasó a preocuparse demasiado con la institución”.

En primer lugar tomemos en consideración la importancia atribuida en la Biblia a algunos de los innumerables sueños que en podemos encontrar a lo largo de sus páginas, como por ejemplo el de la estatua de Nabucodonosor, o el de la escala de Jacob, los interpretados por José, en Egipto, los de San José, o de San Pablo. Tomemos luego en consideración la importancia que tuvieron para San Francisco sueños como los del castillo lleno de armas, el de la gallina negra, el del árbol doblado hasta el suelo, el de la estatua de metal. Incluyamos la evaluación hecha por un Doctor de la Iglesia de la categoría de San Buenaventura, y la conclusión será que tenemos que mirar con mucho más respeto ese aspecto que hace parte de la vida de todos nosotros.

Somos conscientes de que la sicología moderna redescubrió el valor de los sueños y está profundizando en el tema cada vez más, principalmente en el correr de este siglo. Hoy son numerosos los institutos, las escuelas y los autores que se dedican al estudio profundo tanto de los sueños como de la capacidad que tenemos para la actividad de soñar.

Es por demás interesante observar que los sueños no presentan variaciones significativas en los diversos pueblos, en las distintas culturas y en las épocas sucesivas en las que ha vivido la humanidad. Genéricamente, fueron y son tenidos como voz del Espíritu, como una posible comunicación directa de Dios. Opinión que de por cierto no pertenece a una literatura barata sino a la Biblia, a los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia, sin mencionar a los exponentes de la sabiduría indígena, negra u oriental. Por tal razón, vamos a intentar establecer las bases doctrinales del valor de los sueños para luego presentar algunas orientaciones prácticas para su aprovechamiento.

Presentaré, muy sucintamente el pensamiento de la ciencia de hoy, tanto profana como teológica, sobre el valor de los sueños. Propondré, -a título de ejemplo­ el estudio de algunos sueños de la Biblia, de San Francisco y de otras procedencias. Paso a paso iré indicando la bibliografía.

4.4.1. ¿QUE SON LOS SUEÑOS? .

4.1.1. Para la Biblia

En la Biblia, los sueños son un medio bastante usado por Dios para comunicarse directamente con las personas. El hecho es visto con naturalidad, reflejando las culturas antiguas. Tenemos que resaltar que hay varios sueños que tienen una importancia concreta en la historia Bíblica, provocan hechos, se entrelazan con los hechos, dan elementos para la revelación doctrinal.

José, de Egipto salió de la prisión y pasó a ser el primer ministro porque fue, hábil para interpretar los sueños del Faraón. Daniel salvó su vida y la de sus compañeros interpretando el sueño de Nabucodonosor. San José, permaneció con nuestra Señora, fue, para Egipto y volvió confiando únicamente en los sueños.

3.4.1.2. Para la Teología

El valor teológico de los sueños tiene que ser descubierto a partir de los escritos de los Santos Padres y de los Doctores de la Iglesia. Podríamos demostrar el valor que concedieron a los sueños y también el uso que de ellos hicieron en su elaboración doctrinal.

El sueño, para ellos, viene de Dios a través de nuestra interioridad. Debe ser considerado con respeto. Dios no nos engaña y quiere nuestro bien.

Antes de entrar en el campo de la Sicología, tendríamos que hacer una presentación de los estudios de la medicina y de otra ramas de la ciencia que se preocupan de los sueños, de la actividad del cerebro durante el reposo nocturno, de los efectos de los sueños sobre el organismo, etc.

3.4.1.3. Para la ciencia moderna
3.4.1.3. Para la sicología

Desde el punto de partida tenemos que distinguir el valor de los estudios de Freud y el significado bien diferente de los estudios de la escuela junguiana. Podríamos también exponer la posición de otras escuelas. Pero por ahora lo importante es demostrar como la “sicología” de hoy y de siempre, aún bajo la forma de mitos, dio valor a los sueños como un elemento muy práctico. La sicología analítica tiene en los sueños uno de sus principales instrumentos de trabajo. La sicoterapia se va elaborando a través de la reflexión sobre los sueños.

Los sueños vienen de nuestra interioridad. Son inteligentes y objetivos. El sueño nunca miente, habla siempre para nuestro bien. Si no logramos entenderlo en la primera ocasión, vuelve de nuevo. Posiblemente buscando otra forma más comprensible.

3.4.1.5. Para las diversas culturas

Pienso en las culturas antiguas más famosas, en las culturas orientales respetadas y en las culturas que aún hoy muchos tienen por primitivas. Tenemos que revalorizar la importancia de los sueños en las culturas indígenas de América Latina y en la culturas negras, por causa de su incidencia en nuestra cultura. Valdría la pena hacer también una consideración sobre el valor de los sueños en la cultura medieval.

3.4.2. ESTUDIO DE ALGUNOS SUEÑOS

3.4.2.1. Sueño de Nabucodonosor

 Se trata de un sueño que el rey olvidó, pero que intuía fuese muy

importante. Llamó a todos sus sabios y adivinos, pero ninguno sabía ni siquiera decir lo que el rey había soñado. Llamado Daniel invocó a Dios, y reveló no sólo el contenido sino también la interpretación del sueño. Se refería a una estatua de metal que simbolizaba diversos y sucesivos reinos. Es un caso interesante por el aspecto raro de que el rey quiere hasta que le recuerden el mismo contenido del sueño. Hay un estudio bastante interesante de este sueño en J. Sanford, DREAMS AND HEALING (12ss). Podríamos presentar otros sueños bíblicos, como los interpretados por José, en Egipto, pero el de Nabucodonosor, además de contar con algunos particulares interesantes, puede ser corroborado por una cita bibliográfica de nivel científico.

3.4.2.2. Sueños de San Francisco en el castillo de armas

Recordemos que San Francisco tuvo dos sueños casé sucesivos. En uno, solamente vio las armas, en su casa o en un castillo. En el segundo oyó una voz que hablaba con él y le preguntó si era mejor seguir al amo o al siervo. Los sueños están documentados en Celano (1Cel. 2,5, 2Cel. 2,6) en San Buenaventura (LM 1,3, Lm 1,3) Tres Compañeros (2, 5-6) y el Anónimo de Perusa (1, 5-6).

Es interesante subrayar la observación de San Buenaventura después del primer sueño: “Aún no tenía experiencia en interpretar los divinos misterios e ignoraba el arte de trascender las apariencias visibles para llegar hasta las realidades invisibles”, explicando así la interpretación errónea de San Francisco, y preparando el relato para el segundo sueño. Después del cual, de acuerdo con el mismo Doctor, Francisco “ya era un modelo de obediencia y observó la voluntad de Dios”.

Entre los sueños más interesantes de San Francisco, tenemos el de las migajas de pan (2Cel. 159. 209, LM, 4,11), el de la gallina negra (2Cel. 16, 24, 3Comp. 16, 63). El del árbol majestuoso que se curvó (1 Cel. 13, 33, LM 3,8. 3Comp. 12, 53) y quizá sobre todo el de la estatua de metal (2Cel. 50, 82; Clareno, · Tribul.). Pero la vida de San Francisco está repleta de otras visiones que también pueden haber sido sueños y de sueños de otras personas, como el de Inocencio III (la palmera que brotó del suelo y el pobre que sostuvo la Basílica de Letrán).

Un sueño de profundo contenido sicológico y espiritual es el de Santa Clara, relatado en su proceso, en que el sube a una escalera para encontrarse con San Francisco.

3.4.2.3. Un sueño famoso actual y profano

Existe un estudio interesante de V Kelóey sobre un sueño del presidente Lincoln en el libro MITH, HISTORY AND FAITH (pag. 15ss). También podríamos analizar el sueño de Don Bosco (sobre Brasilia) o algunos de los ejemplos bien estudiados de los libros de Jung y de sus discípulos.

3.4.3. ORIENTACIONES PRÁCTICAS  PARA UN BUEN USO DE LOS SUEÑOS

3.4.3.1. Como recoger los sueños.

Si queremos hacer un trabajo en base a los sueños, tenemos que comenzar por recordarlos. La primera recomendación es tomar nota. Dejar un cuaderno y una lapicera al lado de la cama al ir a dormir puede ayudar a estar preparados. Si fuere posible tomar nota apenas uno haya despertado, e inclusive durante la noche. Anotar el día y la hora. El día puede ser escrito antes de ir a dormir. También puede usarse un grabador. Por la mañana, inmediatamente, o bien escribir las notas, o revisar las notas hechas pasándolas en limpio. Anotar todo y cualquier sueño. A veces los que parecerán más sin sentido pueden revelarse luego como los más importantes.

3.4.3.2.Como analizar los sueños.

En primer lugar hay que ir tomando nota de las cosas que se repiten en todos o en muchos sueños. Comparar con los propios sueños o con los sueños de las otras personas, inclusive con los de la Biblia. Es interesantísimo hacer comparaciones con episodios semejantes de la mitología y de la literatura, porque contienen la sabiduría multisecular de todos los pueblos. Tentar “ampliar” la historia del sueño desarrollando algunos sectores. Conversar con personas amigas, principalmente con personas intuitivas. Distinguir inmediatamente desde el inicio entre los sueños que pueden estar relacionados con acontecimientos del día anterior o del día sucesivo y los sueños que no está n ligados a hechos próximos y que por lo tanto pueden tener un significado más amplio.

 3.4.3.3.Cómo aprender el lenguaje.

Los sueños de cada persona tienen su lenguaje particular, aunque haya mucha cosa que combina o coincide con la experiencia de los demás. Ir anotando los episodios que más se repiten. Las palabras que más se reiteran. Los símbolos más comunes. Intentar hacer un “diccionario” de los propios sueños.

Podemos reflexionar sobre el valor simbólico de los ángeles en los sueños de San José, de las armas y cruces, materias en los sueños de San Francisco. Intentar descubrir el significado de ciertos elementos de los propios sueños como el agua, los animales, los colores, figuras del padre, de la madre, hermanos, amigos, viajar, estar dentro o fuera de casa, etc.

3.4.2.4.Cómo aprovecharlos en la vida de oración.

Estamos ante un campo muy interesante pero bastante novedoso. Tendríamos que analizar como los datos de un sueño pueden ser un buen instrumento para profundizar en nuestra vida de oración.

Podríamos comenzar recordando el comentario de San Buenaventura sobre los sueños de San Francisco: “Es necesario aprender a partir de las cosas visibles para llegar a las invisibles”. Añadiendo a esta observación lo que dice el salmo 127: “Dios hace regalos a su amado mientras duerme”. Idea que reaparece en el Evangelio cuando comenta la ignorancia del hombre respecto al germinar de la semilla, que germina inclusive cuando está durmiendo. Podríamos decir que los sueños son como sembradíos de Dios. Y tendríamos que cultivar las plantitas hasta que crezcan y den frutos.

Con esta finalidad tenemos que interrogarnos en la oración acerca de lo que puede estar viniendo de Dios como llamado personal. Aún en los sueños relacionados con lo cotidiano puede haber avisos o amonestaciones de nuestro Padre del Cielo. De todos modos parecería que son los sueños de amplitud arquetípica los que pueden hablarnos de las profundidades de nuestro ser.

 Otra buena idea puede ser leer, meditar, contemplar, a partir de los sueños que encontramos profusamente en la Biblia, en las biografías de los santos y especialmente en la de San Francisco. E ir comparando con nuestros propios sueños.

Otro ejemplo nos lo aporta el mismo San Francisco, quien acostumbraba contar los sueños a los hermanos para que lo ayudasen a discernir o lo que venía de Dios. Puede ser interesante aprovechar este camino como iniciación en el cultivo del conocimiento del lenguaje simbólico, precisamente en un sector muy apropiado, donde siempre tuvo vigencia, por mas que, personalmente, nos hayamos dejado llevar excesivamente por el lenguaje frío de la lógica y de la matemática.

Un objetivo supremo de la oración a través de los sueños será el de conocer lo más profundamente posible nuestro yo profundo que escucha, que contempla, que dialoga con Dios. Pienso que es muy importante no buscar ningún sistema especial, sino mas bien dejar que los sueños hablen, que se encajen, que se sistematicen y que se desmembren, para comenzar todo otra vez.