2.- LA CONTEMPLACIÓN

DE SAN FRANCISCO

En esta segunda unidad intentaremos conocer lo que hay de más personal y original en la contemplación de Francisco de Asís. Y procuraremos hacerlo a fin de ser sus discípulos sin pretender ser sus imitadores. No tendría sentido caer en el mismo error del Hermano Juan el Simple (Cfr. 2Cel. 190).

Algunos aspectos muy concretos de la contemplación de San Francisco está n estrechamente ligados a su personalidad irrepetible, sin olvidar que poseen un sentido muy específico en el ambiente humano e histórico en que vivió Francisco de Asís. Reservaremos las Unidades 3 y 4 para hacer propuestas de contemplación franciscana para nuestra tiempo, basándonos, claro está, tanto en la persona de nuestro Santo Fundador como en la tradición de nuestra Orden.

Los aspectos bien específicos de San Francisco son bastante numerosos. Comenzando por su inmenso amor a Jesús Crucificado, por su pasión por la pobreza de Jesucristo, por su oración ardorosamente afectiva, por su tipo espontáneo e inmediato. Ya he desarrollado y quiero volver a tratar estos puntos en otros lugares. Quisiera hacer el intento de enumerar los cimientos de la originalidad de Francisco de Asís y destacar tres puntos fundamentales que pueden ayudar a nuestra reflexión posterior. Nuestros subtítulos serán los siguientes.

2.1. Originalidad mística de San Francisco.

2.2. Vivir “Según el Espíritu”

2.3. El diálogo es fundamental.

2.4. El lenguaje simbólico.

2.1.  ORIGINALIDAD MÍSTICA DE SAN FRANCISCO

Doy la mayor importancia al juicio de Evelyn Underhill, autora de “Misticism”, una obra clásica de 1911, revisada por ella misma en 1930, y considerada por muchos como aún no superada. Para ella, San Francisco de Asís es “strikingly original” (marcadamente original) y apunta las siguientes razones.

2.1.1. Mientras que todos los otros místicos de occidente dependen siempre de sus antecesores, en San Francisco no hay ningún vestigio del monaquismo, ni siquiera del Seudo Dionisio o de San Bernardo. Podría haber alguna pequeña influencia de Joaquín de Fiore, porque era muy comentado en su época, pero sería en todo caso una influencia indirecta. La base de San Francisco, para Underhill, es solamente la Biblia, y más directamente el Nuevo Testamento.

Ese puede ser uno de los motivos que indujeron a muchos estudiosos del misticismo y de la vida contemplativa a dejar prácticamente de lado al Santo de Asís. No lo podían ubicar en sus habituales estudios sistemáticos a lo largo la tradición.

2.1.2. Aún como persona es “la expresión espontánea de una rara personalidad”. No tiene semejantes en nuestra historia. Esto tal vez explique parte del prestigio de que goza hasta el presente en todo el mundo. Pero recalco aquí el aspecto muy personal de su oración. Es decir: no es apenas un original, sino marcadamente el único. Es necesario saber distinguirlo siempre de su “escuela”.

2.1.3. Es un gran “realista espiritual”. Podemos constatar fácilmente su realismo tanto en sus escritos como en sus biografías. Recuerdo aquí que en la clasificación Myers-Briggs el sería un tipo ESFP: un tipo que vive el presente y que da muy grande importancia a los hechos y muy poca a los principios. Tal vez sea justamente por eso que no ingresó en ninguna corriente de espiritualidad anterior, fundando la suya sin que para ello le haya sido necesaria ninguna decisión expresa.

2.1.4. Underhill destaca también su “vida mística de pobreza y alegría que no tiene rival”. Para él, de hecho, el pobre es un “lugar” privilegiado del encuentro con Dios. Se distingue inclusive de los movimientos pauperísticos que florecieron en su tiempo y posiblemente se diferencie también de los actuales movimientos de inserción entre los pobres. Sus cantos de alabanza brotan de alguien originalmente alegre, dotado de una nueva alegría, porque el supo encontrar a Jesucristo en el despojo total y en la visión de un concreto optimismo por el poder salvador del Mesías.

2.1.5. Con él, “el misticismo sale al aire libre”. Sólo con posterioridad los místicos del occidente comenzaron a observar las flores y la naturaleza. Es contemplativo original de los ambientes abiertos, alegres, en medio del pueblo. Posiblemente San Francisco nos pueda parecer menos original si, en vez de compararlo con los otros grandes místicos, hiciéramos la comparación con el aspecto contemplativo del pueblo simple de todos tiempos.

2.1.6. Es un “misticismo que procura transformar el “stuffs de la vida cotidiana”. Para mi, estamos ante unos de los grandes pilares de su realismo. El trabaja con lo material, con la trama de las cosas comunes, con la banalidad de lo cotidiano, y allí vive profundamente la unión con Dios. Esto es contemporáneamente una causa y una consecuencia de su vida mística fuera de los padrones teóricos.

2.1.7. Con él “el misticismo comienza a hablar la lengua vernácula”. No es cosa de poca monta. Se está afirmando nada menos que tiene una vida contemplativa para laicos, para el pueblo simple. Que sé buen puede serles útil, escapa de las paredes de los ambientes monacales, clericales, intelectuales. Probablemente esta sea la razón justamente por la cual muchos franciscanos perdieron la tradición de la contemplación franciscana: por haberse apartado del pueblo y “clericalizado”.

2.1.8. “Para hablar del Amor Divino usa la manera de cantar de los trovadores”. Este dato es revelador del nivel de encarnación en su época: es como sé hoy surgiese un gran místico en el reino de la música popular. Pero para mí también nos muestra a un San Francisco que sabe usar el lenguaje del mito, especialmente fuerte en las canciones trovadorescas de la Edad media. Nos prueba que, siendo un ESFP, fue capaz de establecer acuerdos con su función Inferior, la Intuición, y vivir de ese modo el lenguaje de los símbolos a partir de su interioridad.

2.1.9. Fue “completamente leal a la Iglesia Católica”. Es una originalidad sé lo comparamos con los otros místicos contemporáneos y que no lograron mantener sus lazos de unión con la Iglesia. Es un punto a ser estudiado: el choque entre la doble fidelidad a la institución y al cuerpo místico de Cristo. Es un caso de especial actualidad.

2.1.10. “Después de él no existió nadie que lo igualara. Nadie más descubrió su secreto, el de un genio espiritual del tipo más raro”. La afirmación es extremadamente atrevida, pero parece que los conocedores de San Francisco concordarán con ella. Tenemos que corroborar hasta que punto esto es verdad, estudiando el movimiento y los santos franciscanos, especialmente los místicos. En todo caso, podemos aceptar con facilidad que San Francisco fue un tipo único, sin nadie que lo iguale. Es un dato importante para los que quisieren seguir su espiritualidad.

2.1.11. “Dejó marcas en la historia, en el arte, en la literatura”. Esto todo el mundo lo sabe. Lo importante ahora es demostrar que solo deja marcas quien posee algo genuinamente original. Nos interesa determinar mejor cual ha sido su tipo tan especial de originalidad, que sobrepasó los límites de la cristiandad. Es posible que la razón sea simplemente su identificación tan profunda con aquel que es “la medida del hombre perfecto”.

2.1.12. La “influencia de su espíritu aún esta viva”. Dentro y fuera del movimiento franciscano. Quizá de manera renovada en este siglo, en la época posterior a la muerte de Underhill. Y es curioso ver que esa influencia depende muy poco de sus escritos. Pasa más por la via “no intelectual”. Aunque también debemos reconocer que, después de un mejor conocimiento de sus escritos y de las biografías primitivas, que comenzó a ser difundido en los últimos años del siglo pasado y ha crecido en este siglo, parecería que aún aumento más la influencia del espíritu de Francisco. Tenemos que estudiar hasta qué grado dicha originalidad depende de su tipo temperamental. No creo que este estudio disminuya su valor. Al contrario, nos ayudará a comprenderlo mejor.

2.1.12. LO QUE FUE TRANSMITIDO A LA ESCUELA FRANCISCANA

Forma minorum”, San Francisco marcó tanto a sus compañeros como a sus seguidores con una mística de características muy originales. A mi modo de ver, las marcas que se dibujaron en sus seguidores son las siguientes:

2.1.13.1. La escuela de San Francisco no presenta métodos. Quizá justamente porque San Francisco no fue, un hombre de principios sino de hechos. Dado que no existe un “método” oficial, cada seguidor de S. Francisco puede usar el método que quiera, utilizando lo que mejor le aproveche de lo enseñado por otros maestros. Por lo que veo, en la escuela franciscana el método es substituido por el diálogo fraterno. Este es el modo franciscano de crecer en la oración: conversar ampliamente con los hermanos para comunicar y para saber lo que el Espíritu de Dios está comunicando a cada uno.

2.1.13.2. Otra característica original de la escuela franciscana, aprendida en su compañía, es la oración afectiva. El y sus discípulos están siempre comprometidos estrechamente con las personas y con las cosas. Posiblemente por la misma razón estrechamente comprometidos con Dios. La aproximación no es intelectual, y por eso, no hace distinciones ni causa separaciones o distancias. La afectividad es, de cierto modo, “femenina” y envolvente. Se exterioriza como simplicidad, sin falsa modestia.

2.1.13.3. La centralidad de Jesús Crucificado también es una característica original de la escuela franciscana. El crucifijo es el “libro” de los seguidores de Francisco. Con él, el serafín estigmatizado quería aprender a compartir “el dolor y el amor” (Cfr. Flor.. Estigmas, consideración III). Creo que es a partir del Crucificado que se valorizan en tal alto grado la Eucaristía como misterio de muerte y de vida, y el pesebre, como concretización de la Kénosis. Es la energía simbólica más fuerte. Y los franciscanos marcaron al mundo con el Vía crucis, haciendo que el mundo se encuentre con el Cristo que sufre la Pasión en los pobres de todos los tiempos.

2.1.13.4. Es con el Crucificado vaciado (kenótico) que se aprende el valor del pobre. Encontrar a Dios en el pobre es otra originalidad del movimiento franciscano. El interés nuevo que tenemos hoy por este aspecto muestra cuántas cosas habíamos perdido y lanza un interrogante: Hasta qué, punto estamos viendo al pobre como San Francisco lo veía, llevados por el Espíritu?

2.1.13.5. Para Francisco y su escuela, también la soledad del eremitorio es un lugar de encuentro con Dios. Se trata de una vida eremítica por un tiempo corto y en compañía fraterna. Estamos ante un polo de equilibrio con la pobreza. Encontramos al mismo Dios tanto en el pobre como en la soledad. A mi ver, en los últimos tiempos el movimiento franciscano había perdido bastante esta característica, acomodándose a un tipo de vida religiosa genérica, que pretende mezclar el régimen monástico con la vida en medio del pueblo.

2.1.13.6. Es fundamental la característica original del Espíritu. Somos una escuela del “spiritualiter”, no del “carnaliter”. Vamos hacia la soledad, a vivir en medio de los pobres, o a las misiones cuando el Espíritu nos lleva. Toda nuestra vida, individual y fraterna es una búsqueda de la voluntad del Espíritu. La preocupación constante es la de saber por donde sopla el Espíritu. Es saber discernir los espíritus.

2.1.13.7. La espontaneidad y la creatividad también fueron siempre proclamadas por Francisco y por sus seguidores. Creo que esto es muy original. Escapa a los c nones culturales, que siempre quieren establecer como es que las cosas fueron hechas por los mejores y tienen que seguir siendo hechas por todos. Llega muy cerca del espíritu de los niños y de los pueblos “primitivos” Tenemos necesidad de estudiar hasta que punto esta creatividad proviene de una visión unitaria de quien se han abandonado en la unidad de Dios.

2.1.14.8. La minoridad y la pobreza dan un aspecto original al abandono, a la acogida, a las “pasividades”, en la mística franciscana. En la actualidad, esta “no-actividad” puede ser uno de los temas que necesiten de un estudio más detenido. Tenemos que reconocer que también el ser como uno de los menores, o “ser como uno cualquiera” es todavía un programa a ser reconquistado.

2.1.13.10. En toda escuela franciscana, a través de los siglos, pueden ser reconocidos elementos de la espiritualidad personal de Francisco: alegría. Alabanza, optimismo, realismo, pocos principios y mucha acción. Pero todavía tenemos que estudiar mejor su valor y originalidad.

Creo que todos estos puntos están unidos entre sí. Ejercen una interacción bastante fuerte y profunda. Dependen mucho los unos de los otros, creando un “conjuntos o complejo propio de la mística franciscana.

2.2. “SEGÚN EL ESPÍRITU”

San Francisco insiste mucho en una manera de ver las cosas “según el Espíritu” que es opuesta a la manera de ver “según la carne”. En la única ocasión en que emplea en sus “Escritos” la palabra contemplar, emerge esta oposición. Hablando de la Eucaristía y de como los apóstoles veían a Jesús dice: “ellos con los ojos de su cuerpo veían apenas la carne de Jesús, pero, contemplándolo con los ojos del Espíritu, creían que el era el propio Dios...” (Adm. 1a.)

Los Escritos presentan constantemente esa oposición entre la manera de ver a partir de Dios (“según el espíritu”) y la manera de ver que parte del egoísmo de las personas (“según la carne”). Hay diversos pasajes, principalmente en la Leyenda Mayor, en que San Buenaventura procura demostrar la santidad de San Francisco justamente por haber llegado a un equilibrio entre carne y espíritu. Pero ciertamente que él prefiere según el espíritu. Baste citar el famoso pasaje de la Regla Bulada que dice: “Si una madre ama y nutre a su hijo según la carne, cuanto más deberá cada uno amar y nutrir a su hermano según el espíritu?” (RB 6).

Es necesario tener una idea bien amplia de “espíritu”. La palabra quiere decir soplo, viento, impulsó, ánimo. Podemos entender, etimológicamente, desde el Espíritu Santo hasta los espíritus malos, desde un “espíritu de colaboración”, hasta un “espíritu de contradicción”:

Basándome en esto podemos examinar algunos aspectos de la espiritualidad franciscana y ver como nos encaminan en la contemplación. Propondrá, los siguientes puntos:

2.2.1. La pobreza según el espíritu

2.2.3. Fraternidad y obediencia según el espíritu.

 2.2.3. Contemplar y ver.

2.2.4. La puerta del mundo del espíritu.

2.2.5. Realidad objetiva del mundo del espíritu.

2.2.6. Qué, es un “espíritu malo”?

2.2.7. Soplos concretos del Espíritu en lo cotidiano.

 2.2.1. LA POBREZA SEGÚN EL ESPÍRITU.

Sabemos que la pobreza constituye la primera bienaventuranza evangélica. Muchos comentarios afirman que aquél se distingue al pobre común, que no es rico por la simple razón de que le es imposible escapar de su situación, del caso de los cristianos que, al menos teóricamente, deberíamos ser pobres por propia voluntad, por sentirnos conducidos por el Espíritu. Del mismo modo que el Espíritu de Dios llevó al Verbo a vaciarse de sí mismo y a encarnarse como un pobre para salvarnos. La pobreza espiritual consiste en esta motivación fundamental, y radical, y no en las maneras concretas de ser pobre. De otro modo: cuando la pobreza no es material y concreta no será pobreza. No hay espíritu que la arregle.

Guiado por el Espíritu, Francisco consiguió ver la diferencia existente entre los “mayores” y los “menores” de su tiempo, y optar por los últimos. Logró ver algo nuevo en los leprosos. Pudo experimentar alegría al estar con ellos y con los despreciados. En las más diversas culturas y ambientes, podemos descubrir que los que se vacían conducidos por el espíritu, son los que consiguen tener una visión diferente, amplia, global, contemplativa, de todas las personas y de todas las cosas.

2.2.2. FRATERNIDAD SEGÚN EL ESPÍRITU

Podemos estar guiados por los más diversos espíritus -de hecho ya nos han guiado­ a considerar a los demás hombres como “hermanos”. La Revolución Francesa, declaradamente anti-Dios, tenía a la Fraternidad como uno de sus grandes principios. Nosotros mismos podemos formar fraternidades con espíritu de sobrevivencia, de apoyo mutuo, de amistad, de camaradería, de pastoral, e inclusive por espíritu de confort y solaz, por espíritu de irresponsabilidad y aún por espíritu de negocios. Masones y mafiosos también se tratan como hermanos.

Una fraternidad formada por el Espíritu de Dios no es ciertamente un simple club de amigos. No podemos seleccionar solamente a los que nos son simpáticos, solamente a los que concuerdan con nosotros, solamente a los que no nos crean problemas. No partimos de las buenas cualidades de cada uno. No nos constituimos como sociedad para obtener determinadas finalidades y ventajas. Una fraternidad formada por el Espíritu de Dios acoge a cada uno como enviado por el mismo Espíritu, cree que cada uno es portador de una comunicación muy especial del mismo Espíritu, quiere oír a todos para seguir alimentando la presencia del Espíritu en sí misma, siempre dócil y obediente a todo que El inspira, a los menores impulsos que puedan provenir de él. En la vida franciscana, sin los hermanos ni siquiera podemos discernir los espíritus. El mismo “ministros es siervo de los hermanos porque es siervo del Espíritu, tiene como función primordial hacer que los hermanos hablen y oigan, para saber por donde sopla la voluntad de Dios.

2.2.3. CONTEMPLAR Y VER

Contemplar es un sinónimo de mirar, de ver, que usamos para indicar que estamos penetrando más profunda y despaciosamente en alguna cosa. Tuvimos oportunidad de desarrollar un poco este aspecto en “Contemplación Franciscana” (Roma, 1985). Para entender a San Francisco tenemos que hacer la experiencia de cuestionar nuestro ver habitual.

Un escultor es una persona capaz de mirar un bloque de piedra y descubrir en su interior un símbolo vital. Es capaz de sacar toda la piedra que sobra, liberando la estatua en toda su pureza y su vida. En este bloque de mundo que me fue, dado para vivir... estoy sabiendo ver a Dios? Qué, Dios? ¿Se liberar a Dios? Cómo podría aprender?

Yo puedo querer mejorar mi contemplación de Dios, pero es claro que ya tengo algún grado de contemplación, ya veo a Dios de alguna forma. Qué, conciencia estoy teniendo, actualmente, del hecho de que “en Dios yo existo, me muevo, estoy”? Contemplar, para mí, es ¿mirar qué? ¿Paisajes bonitos? ¿Flores? ¿Plantas? ¿Animales? ¿Personas? ¿Acontecimientos? ¿Prefiero las obras de la naturaleza o las de las manos de los hombres? ¿Qué, espíritu está subyacente a este mirar?.

A S. Francisco le agradaba mirar al Crucificado. Lo veía hasta en la imaginación, sintiéndolo real. Sentíalo hasta en el dolor. ¿Y a mí? ¿Me agrada ver gente crucificada? ¿Para qué? ¿Qué es lo que lleva a eso? ¿Cuál es mi “espíritu” de ver? ¿En qué, objeto descanso más mi vista? ¿Qué, es lo que miro con aversión? ¿Qué, espíritus me empujan a mirar o a desviar los ojos?

¿Puedo decir que me gustaría mirar a Dios? ¿Que ansío ver a Dios? ¿Qué es lo que estoy consiguiendo descubrir de Dios en el mundo que me rodea? ¿Hasta qué, punto mi impulsó interior me conduce a mirar o a cerrar los ojos, a alabar por las plenitudes que descubro o a llorar por las lagunas y dolores que encuentro?

¿Qué, es lo que mis padres, mi familia, mis compañeros de escuela, las personas con quienes convivo en la actualidad gustaban o gustan mirar? ¿En qué, cosas ellas consiguen “mirar a través”? ¿Cuáles son las cosas que yo aprendí a mirar como ellas?

2.2.4. LA PUERTA DEL MUNDO DEL ESPÍRITU

Ya dije que el mundo “real” y el mundo del espíritu son dos esferas que se tocan en un diminuto punto común. Por este punto, podemos entrar en el mundo del espíritu. En latín ese tipo de pasaje por donde entraba el aire en un ambiente cerrado, se llamaba “spiraculum”. San Francisco parece haber encontrado esa apertura, penetrando en el mundo de la contemplación y descubriendo una dimensión totalmente distinta de las cosas y de las personas, la dimensión del espíritu.

En esta perspectiva debemos entender la expresión “Janua Coeli”, Nuestra Señora, puerta del cielo. Por su unión tan profunda con el Espíritu Santo, ella es el pasaje hacia el mundo en que sopla no sólo la iluminación sino también el calor del amor que viven en la Trinidad, en el Infinito, y dentro del corazón de cada uno de nosotros. Totalmente humana, pero también llena de gracia, María es la puerta de la contemplación porque es, para cada uno de nosotros, la puerta de la interioridad. Con ella, tenemos que descubrir ese “spiraculum” en la historia del pueblo, en la profundidad de la propia historia personal, en nuestros sueños y aspiraciones, en nuestras angustias y nuestras esperanzas.

2.2.5. REALIDAD DEL MUNDO DEL ESPÍRITU

Con Francisco aprendimos que el mundo del Espíritu es mucho más consistente que este mundo “concreto”, “real”, con el cual lidiamos todos los días. Espíritu no se opone a real, a concreto, ni a humano. Nuestros impulsos, influencias, son realidades. La familia, la raza y la cultura, viven dentro de nosotros, más realmente que lo que está fuera. Aunque toda la humanidad fuese destruida, sé nosotros seguimos vivos, ella seguirá existiendo dentro de nosotros. La figura materna, por ejemplo, en nuestro interior es algo con más vida que misma mujer que nos engendró, aún con posterioridad a la muerte de la persona “real”.

 Tenemos que aprender a descubrir Cómo cultivar el Espíritu interior para tener una conciencia creciente de su realidad concreta. A través de nuestra historia personal, de nuestros sueños, de nuestros ideales, de nuestra Sombra, de nuestra imagen personal... el Espíritu es el camino para el encuentro con el Yo mismo de cada uno de nosotros, para el encuentro con la profundidad unificante de Dios.

Estamos ante la tarea trascendental del discernimiento: Saber distinguir los espíritu buenos de los espíritu malos. En la selva de nuestros impulsos, deseos, aspiraciones, ideales, sueños, discernir qué, es lo que nos une y que es lo que nos separa. Todo lo que separa es diabólico (“diábolos" quiere decir separador). Todo lo que nos une es simbólico, pertenece al Espíritu de Dios quien dijo por boca de Jesús: “Padre, que todos sean uno, como también nosotros somos uno..

2.2.6. ¿QUÉ ES EL ESPÍRITU MALO?

¿Será un soplo mal dado? ¿O un soplo para el mal? Quien es el que puede soplar para el mal? ¿Un “espíritu de las tinieblas”? ¿Satanás es alguien que tiene poder para interferir en la acción del Espíritu Santo? Recordemos que “satanás quiere decir “aquel que interfiere en el camino”, y que en el episodio de Balaán, el propio Dios dice que él mismo fue, “satanás para el profeta gentil (Num. 33,22). Tendremos que pensar que el Espíritu de Dios pueda soplar “equivocadamente” a fin de poder ayudarnos?

De todos modos, sean cuales fueren las respuestas que nos demos al problema del mal en nuestra vida, es muy importante saber incluir la presencia del mal dentro de nuestra plenitud, aunque hayamos realizado una radical opción por el bien, el Altísimo Bien.

2.2.7. ALGUNOS SOPLOS MUY CONCRETOS

Es bueno tener conciencia de que hay muchos soplos de Dios. en nuestra vida concreta de cada día. Hay muchos “modos de soplar”, de acuerdo a las diferentes circunstancias, según sean diferentes las épocas, los países, las familias, los grupos religiosos, las situaciones personales de cada uno en el tiempo y en el espacio. Por eso es tan importante conocer tanto nuestro temperamento, nuestro tipo, como las líneas de acción de la iglesia, y de nuestro grupos concretos. Tenemos que vivir contemplando con discernimiento y amor todas esas voces del Espíritu que vive dentro de nosotros y en el medio en que nos movemos.

El amor en la Trinidad lleva el Hijo al Padre y el Padre al Hijo. Y nos conduce al Padre a nosotros todos, en Jesucristo que es nuestro hermano mayor y medida del hombre perfecto. Por lo cual vivir la oración contemplativa es vivir en el Espíritu: ser conducido por él a tener conciencia de Jesús. Con amor, sin necesitar hacer más nada. Lo que hagamos, viene después, por añadidura.

3.3. EL DIÁLOGO ES FUNDAMENTAL..

 Mientas que otras grandes “escuelas” de espiritualidad nos ofrecen sus “métodos” propios, la escuela franciscana no llega a tener un método propiamente dicho. No podemos decir que sea un método rezar como San Francisco rezó. El método es un sistema para lograr determinada finalidad. En mi opinión, si preguntamos: “Pero, ¿Cómo hicieron los hijos de San Francisco para crecer en la oración a lo largo de los siglos?”, mi mejor respuesta sería: a través del diálogo fraterno.

Parece que el diálogo franciscano siempre fue, espontáneo e ingenuo. sin una voluntad consciente de llegar a alguna meta. Pero siempre fue, continuo y eficiente. Los hermanos siempre se reunieron no sólo para alabar a Dios, sino también para andar por el mundo y para trabajar. Siempre fueron grandes conversadores y siempre confiaron mucho los unos en los otros. San Francisco dio el ejemplo, contando frecuentemente sus sueños, que el entendía como “revelación del Espíritu Santo”, o participando sus inspiraciones e intuiciones, que veía como dones especiales: “El Señor me dio”, “El Señor me condujo”... Un don fundamental del ser humano es la capacidad de dialogar. Pero en general, sabemos muy poco de esa cualidad que nos abre al infinito, y la empleamos deficientemente. Tenemos que intentar aprender algo más, para ser más humanos, para realizarnos en plenitud.

Muchos piensan que un diálogo son “dos que conversan”, por oposición al monólogo, que acontece cuando una persona habla sola. No, no se trata apenas de conversación entre dos o más personas. Diá-logo no tiene nada que ver con dos. Se trata de un avanzar comparando opuestos. El sentido está más en el debate que en los interlocutores. Vamos a considerar, pues, cinco aspectos fundamentales del diálogo para comenzar nuestra profundización:

2.3.1. Dialogar es caminar

2.3.2. Dialogar es conducir a plenitud

2.3.3. La humanidad tienen ya amplia experiencia.

2.3.4. Aún es posible abrir nuevos caminos.

2.3.5. El secreto del diálogo está en los opuestos.

2.3.1. DIALOGAR ES CAMINAR

Fuimos creados para dialogar. Una vez que nos llamó a la vida, Dios comenzó a dialogar con nosotros, con cada uno de nosotros. Por eso ya venimos a la existencia con una energía inmensa e inmortal, que nos empuja a una búsqueda infinita. Venimos llenos de interrogantes, que se van manifestando a medida que vamos creciendo,.en caso de que hayamos ido creciendo.

Esa energía personal y profunda, que Jung denomina libido (en sentido bien diferente de Freud, y abriendo mucho el sentido hacia lo que entendemos por “Eros” y “Pathos”) se realiza sobre todo cuando es más ampliamente liberada para todo y cualquier tipo de diálogo. Porque es fuerza que nos lleva a una auto-trascendencia, a sobrepasar una visión estrecha de nuestro propio yo. Por el diálogo liberamos no solamente es una energía irradiante, sino también plenificadora.

Justamente por eso, una de nuestras preocupaciones tiene que ser la de liberar todo los bloqueos que puedan estar obstaculizando nuestra fuerza propulsora. Fuimos entrenados para acomodarnos, para estar quietos y portarnos bien. Ahora tenemos que reaprender un tipo de comportamiento que no haga crecer y desarrollarnos.

 Etimológicamente, la palabra diálogo viene del griego: Por una parte tenemos “lego”, que quiere decir juntar (de donde provienen muchas palabras, desde leer, lógica, y todo lo que termina en -logia y -legio). Por otra la partícula “diá”, que da un sentido de atravesar, caminar, como en la palabra diagonal, por ejemplo. La dialéctica es el arte de dialogar y nadie la confunde con una conversación entre dos.

Dialogar es caminar atravesando una región en que vamos juntando cosas de los lados del camino, o en la que vamos siempre empujados por el juego de los opuestos, que nos hacen rebotar de un lado para el otro.

Nos acostumbramos a los diálogos pequeños, en los cuales confrontamos algún pensamiento con alguien para llegar a alguna pequeña conclusión, o para resolver algún problema. Digo que son diálogo pequeños, por más importancia que la persona les atribuya, porque necesitamos expandir la visión para percibir que todo nuestro vivir es un dialogar. Hasta callados dialogamos. Hasta nuestra manera de vestir dialoga. Todo en nosotros dialoga, y nosotros dialogamos con todo. Dialogamos hasta solos dentro de nosotros mismos. La contemplación, con todo su silencio ¬ es un inmenso diálogo : nos lanzamos desamparadamente en el juego de los opuestos con el Otro Infinito.

2.3.2. EL DIÁLOGO LLEVA A LA PLENITUD

Es verdad que posiblemente lo estemos haciendo con muy poca conciencia. En ese caso, siempre es bueno aumentar la conciencia de lo que estamos haciendo. Porque la infinidad de diálogos constantemente estamos entablando nos conduce al infinito, es decir, a la plenitud.

No vamos a confundir plenitud con saciedad. Saciedad es un tener todo, que induce a detenerse. plenitud es poseer todo lo que abre posibilidades infinitas. Es algo que nos va realizando cada vez más y que... no tiene fin. Como tampoco nosotros tenemos fin.

Pensemos, por ejemplo, en la plenitud del amor iniciada por un buen casamiento, en la plenitud abierta por una amistad, por nuestra pertenencia a un grupo, a una cultura, a la humanidad. En todos los casos sería siempre mayor nuestra plenitud interior. Se trata de un tipo de “satisfacción” que, en vez de decir “basta”, quiere siempre más.

 Todos tienen derecho a la plenitud. No podemos censurar a nadie. Es buenos que nos unamos a los que tienen alguna semejanza con nosotros. Pero con los diferentes el diálogo nos enriquece con más experiencias.

Es bueno recordar ahora, cuando todavía es tiempo, que podemos dialogar bien, sin dificultades, hasta cierta edad. Después nos llenamos de manías y nos encastramos en la mecedora... Ahora estamos justamente a tiempo para reaprender de nuevo. Pero también esa es la ocasión de la vida en la que el diálogo puede encontrar su mejor apertura para la interioridad.

2.3.3. LA HUMANIDAD YA TIENE EXPERIENCIA

El sentido de la historia son la multiplicidad de encuentros y desencuentros, retrocesos, y crecimientos, que constituyen la prueba de que la humanidad está dialogando desde tiempos inmemoriales. Todavía hay hombres que cometen errores fatales, pero la humanidad como tal está avanzando y creciendo

La experiencia de los diálogos de la humanidad está registrada en los mitos, en las fábulas y en toda la literatura. La religión, en todas sus manifestaciones, habla del diálogo del hombre con Dios. En el presente tenemos dificultades para entender o al menos para captar toda la riqueza de esa experiencia, porque se nos ofrece en sistemas de comunicación que usaron preferentemente el lenguaje simbólico.

El occidente moderno fue, optando progresivamente por el lenguaje lógico, exacto y limitado. La sicología, en todas sus formas, habla del diálogo entre las personas y con la interioridad de la persona. Del mismo modo, en todas las otras ciencias podemos ver resultados del diálogo de la humanidad con todo lo que fue, encontrando a través de los siglos, extendiéndose por la tierra, sumergiéndose en los océanos o volando hacia el espacio.

Hemos llegado a un punto tal, en que la acumulación de tanta experiencia hace muy difícil conocerla. Todos los días andamos descubriendo que muchas cosas ya eran sabidas por los que nos precedieron.

Es una experiencia acumulada que habla de aciertos y desaciertos. Que facilita nuestro diálogo presente mostrando caminos mejores y advirtiendo de los peligros y callejones sin salida. Pero es siempre la experiencia ajena. Cada uno de nosotros tiene el derecho y la posibilidad de hacer personalmente su propio diálogo. Podemos admirar modelos y experiencias, pero nuestra experiencia personal sigue siendo imprescindible.

En la sabiduría de volver al pasado para conocer la experiencia de los más viejos podemos considerar dos aspectos. Uno es obvio: es bueno conocer lo que ya fue, hecho para no repetir errores, aunque la experiencia tenga que ser nuestra, personal. El segundo -aunque para muchos sea difícil de aceptar­ revela un rasgo de la historia franciscana bastante original: Los seguidores de San Francisco siempre estuvieron bastante cercanos de la heterodoxia porque nunca tuvieron miedo de ir a revolver en lo que humanidad relegó en su Sombra. Cuando cambian las personas y las circunstancias siempre es posible descubrir cosas viejas en el tesoro del Padre de Familia para crear alguna cosa renovada.

2.3.4. TODAVÍA ES POSIBLE ABRIR CAMINOS NUEVOS

Si es cierto que nos enfrentamos a la necesidad de hacer el propio camino, también es verdad que la historia de la humanidad no está acabada. Estamos continuamente confrontados a problemas actuales, nuevos, que son otros tantos desafíos que nos obligan a caminar. Hoy existen muchos interrogantes a los que nuestros antepasados no tuvieron necesidad de responder. Tenemos que mantener desbloqueado tanto nuestro camino personal como los de todos los que viven a nuestro alrededor. Todo el que no dialoga está bloqueado él mismo y bloquea el pasaje de todos los demás. Por un lado, cada uno continúa ininterrumpidamente su diálogo personal. Por otro, todos juntos llevamos adelante el diálogo de la humanidad, que es insaciable, porque tiene sed de infinito, y porque así va haciendo crecer la plenitud para todos. Por más insignificante que cada uno de nosotros pueda parecer, su simple existencia y crecimiento cuenta en la suma del camino común.

También el desafío es importante. El peligro condimentó todas las buenas experiencias del pasado, y aún correremos riesgos si las repetimos. Análogamente podemos afirmar que en todas las experiencias del pasado siempre puede haber algo recuperable. Pero el ser humano no quiere ser preservado del desafío. Sin nuevos desafíos, dejaríamos de ser humanos.

 Y aparece aquí otro de nuestros recursos inagotables, que tendremos que usar mejor: la creatividad, la capacidad de hacer algo nuevo y muy personal donde milenios de historia y billones de personas ya hicieron sus tentativas y sus conquistas. Si prestamos un poco de atención, veremos que todos los días alguien inventó algo nuevo donde parecía que ya lo habían hecho todo.

Nuestra Orden siempre tuvo una historia bastante confusa, porque casé siempre fue, fiel a sus orígenes y estimuló la creatividad de los hermanos. En la actualidad estamos abriendo caminos nuevos en culturas muy diferentes y, prácticamente en todo el mundo, estamos redescubriendo la vida con los pobres de la nueva sociedad de este fin de siglo. ¿Estamos asistiendo al nacimiento de qué, otros desafíos? ¿Cuáles son los que podemos vislumbrar para nuestros hermanos más jóvenes?

2.3.5.EL SECRETO RADICA EN LOS OPUESTOS

Lo que abre caminos al diálogo es la insatisfacción con las posiciones obtenidas. Cada vez que consolidamos una conquista, nace en nosotros la voluntad de partir para su opuesto. Los opuestos impiden al péndulo parar, haciendo que siempre está, en búsqueda de su equilibrio dinámico.

En todo lo existente podemos encontrar opuestos. En nuestro interior tenemos al propio gran opuesto del masculino y del femenino. Fuera de nosotros, encontramos al creativo e identificador de lo OTRO. Nuestra propia interioridad es un opuesto para lo que habitualmente damos el nombre de “real”, lo que tenemos seguro en nuestras manos.

Nuestra energía vital se abre camino justamente a través de las antítesis. Tiene una fuerza innata para unir polos opuestos y para descubrir la llama de una nueva oposición en todo lo que fuere progresivamente unificado. Caminamos hacia la unidad, pero hacia una unidad inevitablemente cada vez más compleja.

Una de las facetas más interesantes de nuestra fraternidad evangélica es que ella siempre abriga una variedad muy grande de hermanos, no solamente ancianos y jóvenes, sino también de mentalidades y hasta de espiritualidades muy diferentes. Pues bien, este es uno de los puntos fundamentales de nuestro diálogo: dichos opuestos no deben ser eliminados ni dominados: tienen que ser cultivados para que todos crezcan. Y todos tienen derecho a vivir en fraternidades bien diversificadas, donde su vida espiritual nunca pueda agotarse.

Pero el gran desafío del diálogo, un desafío inagotable, será  el mismo opuesto que lo hizo nacer: Dios, es decir el infinito.

2.4. EL LENGUAJE SIMBÓLICO

El campo del LENGUAJE SIMBÓLICO nos ofrece enormes posibilidades para comprender mejor la profundidad espiritual de Francisco de Asís. Es la “lengua” con la que -de cierta forma­ podemos hablar y entendernos con el inconsciente, con la interioridad, y casé como consecuencia, con Dios en la oración.

El símbolo es un elemento conocido que usamos para lanzar un puente hacia el mundo de los desconocido. Las lenguas han sido hechas de símbolos. Algunos no pasan de signos de valor casi matemático y exacto, pero los principales expresan las realidades profundamente ricas e intraducibles de una cultura. Mientras que una lengua nos es extranjera, no entendemos nada. El estudio de la filología nos pone en contacto con sus símbolos, que comparamos con los símbolos de la lengua materna. Podemos llegar así a entender culturas diferentes y expresarnos con bastante perfección en una lengua extranjera.

Algo parecido puede ser hecho con la lengua de la interioridad. Usamos los símbolos para expresar realidades mucho mayores, que no caben en la expresión lógica. Jesús usó parábolas -un lenguaje simbólico­ para hablar del Reino de Dios, que está dentro de nosotros. Dijo, por ejemplo, que el Reino de Dios es semejante a la levadura que una mujer coloca en la masa del pan. El Reino de Dios no es levadura, es como la levadura, es semejante, pero es mucho más. El símbolo de la levadura va ayudando a conocer el Reino. La interioridad tiene su lenguaje totalmente propio, que se expresa comúnmente, por ejemplo, a través de los sueños, que habitualmente no entendemos. Pero podemos aprender a comprender.

2.4.1. FRANCISCO Y EL LENGUAJE SIMBÓLICO

Tanto los Escritos de San Francisco como sus biografías muestran que fue, un hombre de riquísimo lenguaje simbólico. Supo recoger con maravilla y oportunidad símbolos como la Tau y la Cruz, supo leer con ternura símbolos como la Flor de Jesé, y el de Jesús comparado con un gusano. Supo crear símbolos inmortales como el pesebre y usó un lenguaje del mundo maravilloso, mientras que tanto las virtudes como los seres animados o inanimados se transformaban en hermanos.

Para él la Pobreza era una señora magnífica y muy concreta. En su corazón y en su boca palabras como Hermanos, Madre, Menores, adquirían una dimensión infinita. Sin hablar de todo su mundo caballeresco que parece recién nacido del mito, en su h bito en forma de cruz, en sus estatuas de nieve, en costumbres que introdujo (y qué posiblemente haya traducido con una originalidad sin par) como la de rezar el Angelus tres veces por día, tal como viera a los musulmanes santificar su jornada.

Lo que más me admira es que Francisco, un ESFÐ bien determinado, no era una persona que tuviese inclinación natural para intuir la riqueza de los símbolos. Muchos otros episodios de su vida demuestran que -aún viviendo en el mundo mítico de los caballeros de la Edad media­ él personalmente estaba en el mundo con “los pies bien en la tierra”, muy práctico, muy de los hechos. A pesar de lo cual, conducido a un profundo cambio por su prologada enfermedad, comenzó a frecuentar la soledad, una soledad sin límites que tuvo sus puntos más altos en cuevas y cavernas que ­ a su vez­ fueron símbolos muy ricos de una vuelta al seno materno de la tierra, del que surgió a un verdadero renacimiento.

Creo que fue, así que se sumergió en la interioridad de sombra, donde la intuición era la Dominante. En esa interioridad, como un contemplativo sin igual, comenzó a vivir el encuentro con Dios. Es claro que, después de eso, en sueños o despierto, pasó a derramar hacia el mundo un lenguaje simbólico que hasta el día de hoy nos alimenta y puede ser un puente válido para nuestra comunicación con el mundo de Dios.

2.4.2 SÍMBOLOS Y CONTEMPLACIÓN

Las mismas realidades que, para algunas personas, no pasan de fríos signos matemáticos, de comprensión inmediata y exacta, para otras personas pueden ser la puerta viva del misterio. Los verdaderos símbolos son vivos, desbordantemente vivos: por su intermedio, lo consciente y lo inconsciente, lo humano y lo divino, lo “concreto” y los misterios se comunican. Como nacen, los símbolos pueden morir. Y pueden también revivir.

El contemplativo, que se abre hacia Dios con amor, va viendo aflorar en su conciencia esos puntos luminosos en los que puede vislumbrar el mundo interior de Dios, un Dios profundamente vivo, un Dios-vida. Creo poder afirmar que Francisco de Asís se expresó un lenguaje tan profundamente simbólico porque, en muchos momentos, tuvo que comunicar, o consiguió comunicar, alguna cosa de la realidad profunda en que el Señor lo condujo a vivir. El hecho de haber sido simbólico revela que tuvo el don de la contemplación.

Es por aquél que él puede ayudarnos más. Tanto sirviendo de ejemplo, para que aprendamos a darnos cuenta de como Dios obra en nosotros, como sirviendo de modelo o guía. Porque para una muchedumbre de personas del mundo de hoy, de todas las edades y tipos y hasta de las más diversas creencias, el mundo de sus símbolos sirve para abrir las puertas de la interioridad.

2.4.3. VALORES PRÁCTICOS

Cuando el lenguaje simbólico está obrando en nosotros, mostrando que los símbolos están vivos, podemos saber que la energía espiritual está fluyendo de Dios dentro de nosotros y derramándose para la vida eterna. Experimentamos maravillados o, como dicen los entendidos, sentimos una situación “numinosa” o de encuentro con lo sagrado. Puede parecer que estemos siendo llevados para otro mundo. Pero no se trata de nada extraordinario: es apenas el mundo muy real de Dios que revela alguna cosa de su plenitud.

Aún en situaciones más “normales” o menos religiosas vivimos algo semejante. Porque los símbolos siempre son vitales para nuestras personas y para nuestra cultura. Tanto las divinidades como los santos y los héroes, tanto las grandes conmemoraciones populares como las creencias infantiles en el mundo de las hadas, de los papá Noel y de los conejitos de pascua, y hasta aún en símbolos que habitualmente no llegan a ser verdaderos símbolos (como la bandera y los retratos) pueden abrir y mantener abierto el camino de la interioridad y de Dios.

Y todo esto puede ser cultivado. Como puede morir, puede crecer. Podemos decir que tenemos una vida abundante y plena cuando todo está concurriendo para que la energía vital encuentre nuestro conductores abiertos.