1.INTRODUCCIÓN A LA CONTEMPLACIÓN

Al abordar el tema de la contemplación tenemos que distinguir, como primer paso, la oración contemplativa de los otros tipos de oración. Hay que aclarar que no vamos a proponer un aumento en los tiempos de oración, aprender un modo más difícil de rezar, apartarse de las propias actividades, en especial de las apostólicas. Solamente vamos a hacer el intento de descubrir una vertiente totalmente distinta de la vida de unión con Dios. Con esta finalidad introductoria en esta primera unidad vamos a considerar:

1.­ La contemplación no es “activa”.

2.­ La contemplación es “silenciosa”

3.­ La contemplación es eminentemente “personal”.

4.­ Orientaciones para la oración personal.

1. LA CONTEMPLACIÓN NO ES “ACTIVA”

No nos veremos obligados a rezar más oraciones. Al contrario, probablemente hasta vamos a tener que reducirlas. Todo consiste en saber equilibrar Acción, Pensamiento y Oración. Creo que, en general, somos muy activos, demasiado activos. El medio ambiente global en que vivimos nos induce a ello. Se tiene en cuenta solamente quien hace cosas. Todo el mundo quiere ver resultados, y resultados contabilizables. Solamente nos sentimos bien cuando estamos haciendo algo.

Es claro que también sabemos usar nuestra cabeza y pensamos. Tenemos una buena visión del mundo que nos rodea. En general dedicamos muchos años al estudio y siempre estamos leyendo algo. O escuchando ideas nuevas en cursos y conferencias. Pero inmediatamente nos preguntamos: ¿nuestra Acción corre pareja con nuestro pensamiento? Tengo dos razones para creer que no:

1.                  muchas veces nuestra acción no ejecuta nuestro pensamiento sino el pensamiento de otras personas

2.                  nuestro pensamiento es muy deficiente.

No podemos negar que rezamos. Misas, oficio divino, devociones. ¿Pero pensamos lo que estamos rezando? Bien podría suceder que, al menos en algunas ocasiones, pensemos una cosa, recemos otra y hagamos otra totalmente independiente.

Uno de los primeros problemas que enfrentamos en relación a la oración es que en nuestra experiencia actual casi siempre hacemos una oración puramente activa. Cuando rezamos, siempre estamos haciendo cosas: hablamos, pensamos, intentamos modificar todo cuanto existe, hasta al mismo Dios.

Dado que la oración es una comunicación con Dios corremos el riesgo de ser nosotros mismos obstáculos para tal comunicación. Como dice Tomás Merton: “Rezar es un riesgo y el peligro radica en que nuestras propias oraciones se interpongan entre Dios y nosotros.. (T. Merton, Monk, Image Books, p. 89).

El mismo autor nos muestra la salida: “Lo mejor en la oración no es orar, sino ir directamente a Dios. Si recitar tus oraciones te resulta un obstáculo para orar, déjalas. Deja rezar a Jesús. Agradece a Dios porque Jesús está rezando. Olvídate de tí mismo. Entra en la oración de Jesús. Permite que el rece en tu interior...El mejor modo de orar es este: aquietarse. Deja que el rece dentro de ti, con o sin tu conocimiento. Esto implica una profunda conciencia de la propia identidad... Y resulta que no tenemos necesidad de autojustificarnos. Por la gracia somos Cristo. Nuestra relación con Dios es la de Cristo con el Padre en el Espíritu Santo.. (Ibidem, p. 90)

Vamos a profundizar un poquito más los conceptos de Acción, Pensamiento y Oración, para explicar mejor, después, lo que acostumbramos entender por “contemplación”.

1.1. ACCIÓN

Posiblemente somos demasiado activos. Tenemos que ser activos pero no demasiado. Quien obra en exceso corre el riesgo de hacer lo que no le es necesario y, más aún, lo que no debería haber hecho. Corre también el riesgo de no ser el ejecutor del pensamiento propio sino del ajeno. Y lo que es peor, peligra el interponer barreras entre él y Dios, entre sí mismo y sus hermanos.

Tenemos que precavernos ante una mentalidad ambiente para la cual solamente es válido lo concreto, lo “real”. Una mentalidad definible como cerrada, porque delimita el campo de lo real, eliminando otros posibles. Y por añadidura es dogmática: establece una “verdad incuestionable”. Y además de dogmática puede ser ideológica, llegando a manipular a los demás. Probablemente termine manipulándonos, si no nos concedemos el tiempo suficiente para pensar y orar.

A esta altura tenemos que formularnos una pregunta importante ¿de dónde procede nuestra acción? Tenemos que preguntarnos si proviene en realidad de nosotros mismos o sé depende de otros, sin ser nosotros conscientes. Y cuando pretendemos estar obrando como apóstoles y profetas, tenemos que preguntarnos hasta qué punto nuestra acción viene de Dios.

1.2. PENSAMIENTO

Aunque no es el mayor, uno de los problemas del pensamiento es que pensamos poco. Posiblemente pensemos mucho, pero de modo muy reiterativo. No profundizamos lo que pasa por nuestra cabeza, no desarrollamos el espíritu crítico, y entonces puede suceder que el poco pensamiento que pasa por nosotros ni siquiera sea nuestro.

Una de nuestras excusas, quizás inconsciente pero no por eso menos real, es que estamos convencidos de haber pensado demasiado al cursar los estudios por los cuales nos vimos obligados a pasar. La mentalidad utilitaria e inmediatista de nuestro medio ambiente proclama que perdemos mucho tiempo en nuestros estudios, principalmente en las materias que “nunca vamos a necesitar”, como las de griego y química.

Pero con el pensamiento enfrentamos otro problema mas grave. Es probable que estemos haciendo uso de un tipo de pensamiento para el cual no fuimos hechos, mientras que no aprovechamos aquel para el cual nacimos, por don de Dios. Me parece que hay dos tipos de pensamiento: uno basado en lo que los americanos llaman “thinking”, y el otro basado en lo que llaman “feeling”. En nuestro lenguaje : podemos “pensar con la cabeza”, y podemos “pensar con el corazón”. Mi afirmación es ésta: la inmensa mayoría de nosotros nació con el don de pensar con el corazón. Pero toda la cultura occidental y todo el entrenamiento escolástico nos convencieron que el pensamiento verdadero es el de la cabeza. De que el corazón, que trajimos de casa, no sirve para esas cosas, o es de segunda categoría.

A pesar de lo cual, el “pensamiento del corazón”, que es vivido naturalmente por los niños y por las personas que llamamos “primitivas”, como los indígenas, es el tipo de pensamiento propio del Evangelio, y el modo de pensar de Francisco de Asís. No se funda en principios teóricos e impersonales, sino precisamente en las repercusiones concretas y muy personales que los acontecimientos tienen tanto en cada uno de nosotros como en los demás.

1.­ LA ORACIÓN

El problema de la oración puede ser hasta más grave. En una cultura en que la actividad lo es todo, decimos habitualmente que lo contrario de “activo. es solamente lo “pasivo”, lo cual en muchas oportunidades, tiene hasta mal sentido. Dicha mentalidad tiene consecuencias funestas, cuando no catastróficas, en algunas situaciones de nuestra vida apostólica. Por ejemplo, durante mucho tiempo, muchos de nosotros pensamos que no teníamos nada que recibir ni aprender de los pobres: era solo cuestión de dar y enseñar.

Muy difícilmente aceptamos en nuestra experiencia elementos no activos, como el “ser acogedor”, el “ser receptivo”, porque pensamos que siempre nos disminuyen y que disminuir es siempre malo. No, no lo es. Disminuir puede ser el mejor modo de crecer. Al menos cuando pensamos abrir espacios para que Dios sea en nosotros.

Quiero hacer una propuesta partiendo de Acción, Pensamiento y Oración. De un estilo de vida que incluya dos pares de polos opuestos: un par “activo. y un par “pasivo”. En una misma línea, colocamos la Acción y la Oración. En otra línea, entrecruzada con la primera, ponemos el Pensamiento y la Contemplación. Ese tipo de oración va a ser activa como la propia acción. Ese modelo de contemplación va a ser receptiva como el pensamiento voy a proponer.

1.4. UN SENTIDO MAS CLARO DE CONTEMPLACIÓN

A esta altura me gustaría distinguir bien entre la Oración en general y la Contemplación.

Oración, etimológicamente viene del latín “Os, oris”, que quiere decir boca, y presupone la actividad de hablar. En este caso se trata de hablar con Dios y de transformar el mundo pronunciando la palabra de Dios que fuere más oportuna. La oración tiene que ser evidentemente activa: tanto en las oraciones personales como en las comunitarias, en los cánticos, en las proclamaciones, en las intervenciones proféticas e inclusive para apostrofar a Dios, como hacían los salmistas. La palabra de la oración tiene que ser la expresión de un pensamiento fuerte, tajante, expresión también de nuestra vivencia del Verbo de Dios.

Por el contrario la “contemplación” supone un mirar calmo y acogedor. Es un abrirse al que viene de fuera. Con los ojos, con los oídos, con el tacto, con todo lo que en nosotros fuere capaz de recibir.

No podemos olvidar que no solamente somos deudores del mundo exterior, sino también del mundo de dentro. En la contemplación vemos, oímos, palpamos a un Dios que se manifiesta a partir tanto de nuestro corazón, como de los acontecimientos y de las personas, y que se dirige a nosotros con la arrasadora infinitud de su Amor. En la contemplación, tenemos que vivir un tipo de “oración” en la que la cabeza quede más vacía, en la que procuremos lo mínimo posible modificar al mundo, en la que nos concentremos al máximo en la recepción acogedora. Nada de lo anteriormente dicho está› contra la actividad.

Solo menciono de paso que la acción tiene que venir después que haber acogido. O después de haber sido transformados por la acción de Dios. Sé nuestro corazón hubiere acogido, vivido para volverse desbordante, la acción resultará diferente. Porque va a ser nuestra acción propia, pero también acción de Dios. Consecuentemente, la contemplación que intentaremos conocer y profundizar, no se opone ni se rehuye a la acción. Por el contrario, constituye su verdadero fundamento y su fuerza dinamizadora. Acción y contemplación dependen íntimamente la una de la otra.

2.­ CONTEMPLACIÓN ES SILENCIO

Todos sabemos que para rezar bien necesitamos silencio. Siempre se habla de eso en las predicaciones y en los libros que tratan de la vida de oración. Algunos de nosotros podemos haber crecido bastante en el silencio a través de los años. Otros pueden no haber conseguido nada o casi nada. Antes de insistir en la necesidad del silencio, quiero intentar esclarecer algunos puntos.

2.1. DIVERSAS PERSONAS ­ DIVERSOS SILENCIOS

En primer lugar, hay muchas maneras de entender el silencio. Hay un tipo de personas para quienes el silencio es un desafío. Vislumbraron su valor, y quieren dominar la propia naturaleza. Enfrentan el silencio en tareas o embestidas sucesivas, queriendo mejorar cada vez más su capacidad de silencio. Ven el silencio como una preparación, como un medio para con seguir otros progresos en el mundo de la interioridad.

Existe otro tipo de personas, tan buenas como las primeras, que nunca van a buscar el silencio para prepararse para nada, y ni siquiera van a entender que pueda haber un arte del dominio del silencio. Cuando penetran en el silencio, es por impulsó, y pueden estar largo tiempo silenciosas, si acontece que se enfrentan a un silencio activo rico, en el que se sientan arrastradas.

Para otros el silencio será visto como un deber. Para respetar y para servir al prójimo. O como una ley, necesaria para la vida. Esas personas lucharán con toda responsabilidad para mantener el silencio, aún no encontrando nada de especial para su beneficio personal, a no ser la sensación de estar cumpliendo un deber. Y hay otras personas para quienes el silencio tiene un sentido muy diferente. Lo toman como un medio más para descubrir el sentido de la vida, para continuar en la búsqueda de sí mismos que les insume todo su tiempo.

2.2. SITUACIONES DIVERSAS ­ SILENCIOS DIVERSOS

Además de lo dicho acerca de los cuatro diferentes tipos de personas, cada individuo puede a su vez estar pasando por situaciones diversas que modifican o condicionan su propio estilo de vida. Hay momentos en los que casi todos deseamos ardientemente un poco de silencio, como en otras ocasiones queremos huir de él cuanto antes. En la vida cotidiana puede haber ocasiones en las que tengamos que buscar el silencio y momentos en los que refugiarse en el silencio sería una fuga. Es este un punto muy importan te en el cual tenemos que saber discernir el espíritu que está› soplando dentro de nosotros. En ocasiones callar es ser omiso, es estar en connivencia con el error. El “silencio es oro”, es cierto, pero siempre y cuando sepamos cuando debe ser buscado y cuando debe ser evitado. No es un valor absoluto.

2.3. SILENCIO CREATIVO ­ NO NEGATIVO

Puede resultarnos muy fácil definir el silencio como ausencia de ruido, como ausencia de voces, como sinónimo de estar callado. Pero es claro que el silencio es mucho más que eso. Puede ser que inicie cuando desconectamos ruidos y voces, pero el verdadero silencio no viene de fuera sino desde dentro. No consiste en negar cosa alguna, sino en ser altamente creativo. Porque sé bien el silencio puede parecerse a un vacío oscuro, esta experiencia es propia de quien aún no se acostumbró a la luminosidad de la penumbra. Poco a poco se va comprobando que tal es la condición para que podamos descubrir con nitidez creciente toda la inmensa riqueza que habita en nuestro interior, y que nos llega de algún lugar allá en el fondo con el cual un no nos familiarizamos.

2.4.­ SILENCIO LIBRE

Algunas personas parecen pensar que, para hacer silencio es preciso renunciar a alguna parcela de libertad. Por el contrario, solamente llegan al silencio los verdaderamente libres. Porque no vamos creando el silencio en la medida en que conseguimos amarrar los brazos de la vida, sino en la medida en que logramos soltar amarras. No cortando sin más todo lo que parezca un lazo. Sino concentrando la atención en aquello que nos interesa y desatando todo lo que no concurre para llegar a nuestra meta. Como en la historia del campanero, contada por Chuang-Tzu. Había en la Antigua China una campana de madera que llamaba la atención de todo el mundo. Muchedumbres venían de muy lejos para contemplar la campana y su construcción, obra de un maestro. ¿Cuál era el secreto? El ayuno -el silencio­ vivido por el hombre que la hizo. Cuando le encargaron la obra comenzó a concentrar su pensamiento solamente en la campana que debía hacer. Fue cortando paulatinamente con todo lo que no era la campana. Cuando llegó a la concentración perfecta, apenas salió al bosque descubrió el árbol en el cual la campana estaba contenida. Toda su arte consistió en liberarla de la madera. Pero la obra maestra había nacido cuando él consiguió liberar la campana dentro de s›í mismo.

2.5.­ SECTORES DE SILENCIO

Es claro que hay un silencio de los oídos, un silencio de los ojos, un silencio de la cabeza, un silencio del corazón. Pueden aparecer como negativos, porque vamos, poco a poco, como cortando la corriente. Pero son positivos, altamente positivos, cuando vamos encendiendo cada vez más la luz de la acogida para aquella realidad que parecía impalpable y que estaba allí, a la mano, pero más real que nosotros mismos. Es lo que estaba allí, a mano, dentro de nosotros. No importa que se trate de una realidad exterior. Nos encontramos con ella sé la descubrimos en nuestro interior.

2.6.­ SILENCIO PARA DIOS

En todo caso estamos intentando hablar del silencio necesario para encontrar a Dios. No se trata de un Dios lejano, sino del Dios que está› dentro de nosotros, porque allí tiene su templo. No se trata de un Dios abstracto, sino de Jesucristo, Palabra eterna hecha carne, medida del hombre perfecto, sin el cual no existimos. No está en nuestro interior. El es nuestro interior. En el estilo de vida que estamos llevando, los diferentes tipos de personas están profundamente necesitadas de silencio. Silencio, en primer lugar, para ser humanos, para reencontrarnos, para tener conciencia de nosotros mismos.

2.7.­ SILENCIO DE DIOS

El silencio nos resulta fundamental, necesario, para encontrar a Dios. “Dios no está en el ruido”, dice la Biblia (“Non in commotione Dominus”). Y cuando estuvo en medio nuestro, cuando asumió nuestra naturaleza y nuestras circunstancias, Dios que se reveló en Jesucristo, fue un hombre de silencio... que se retiraba para orar durante la noche en las montañas, que pasaba tiempos de desierto... que, a al oír las acusaciones ante sus jueces...”se quedó callado”. (Jesus autem tacebat”) . Ese mismo Dios, es aquel que tiene una voz potente, más fuerte que todo el estruendo de las aguas (“voz Dominé super aquas multas”). Sé no oímos es porque nuestra interioridad está› escondida detrás de una barrera más poderosa que la de las aguas más violentas.

2.8.­ SILENCIO POBREZA

El silencio es pobreza. Aquella pobreza evangélica que hace feliz a que la posee. La pobreza de Jesús y de María, una pobreza optada, asumida, buscada bajo la inspiración del Espíritu Santo. Una pobreza que no acumula cosas, que no carga el mundo consigo porque aprendió a dar valor al “único necesario”, escogió la “mejor parte, que lo será quitada”.

2.9.­ SILENCIO CONTEMPLACIÓN

Nuestra invitación a la contemplación comienza con una insistente llamada al silencio. Siempre que fuera posible y -principalmente­ durante el tiempo de la oración. La oración es un don. Estamos convencidos que Jesús nos quería hacer ese regalo haya ya mucho tiempo... pero no ha tenido oportunidad de hacerlo, ­ por que estábamos siempre ocupados- Hay sabios del Oriente que aprenden a escuchar el viento, a sentir el crecer de las plantas, el florecer de las flores. Una de las lecciones importantes es escuchar sin tiempo, liberados del reloj. No estamos hablando de poesía o de cómo llenar los tiempos de ocio, porque en realidad aquellos que están más empeñados en el compromiso con los hombres, en las luchas sociales y apostólicas, son los que más necesitan de tal silencio... para ser capaces de oír a las personas. De lo contrario, corren el riesgo de pretender anunciar la Palabra de Cristo a un hermano o a una hermana que podrán ser pobres de otras cosas pero que poseen la riqueza de comunicarnos una palabra de amor de parte de aquel que nos amó primero, de aquel para quien somos únicos y bien amados. ¿Quién fue el que afirmó que solamente nosotros podemos ser los sujetos y agentes de la misión apostólica y salvadora? Cuando amamos la Palabra, todas las cosas y todos los hombres nos anuncian la Palabra.

2.1. SILENCIO APOSTÓLICO

Una de las cosas que nos preocupa al reflexionar sobre nuestro apostolado, nuestra actividad entre las personas, es justamente esta: podemos estar empaquetando la palabra de salvación de Jesús en tal cantidad de mensajes y de acciones, ni nuestros hermanos ni nosotros mismos conseguimos distinguir y aprovechar aquello que nos puede salvar. Podemos estar ofreciendo la Palabra de Dios sin caer en la cuenta de que ella es mayor que nuestra boca, mayor que nuestras manos.

2.11. ORIENTACIONES

·             Cada uno de nosotros tiene que considerar con la mayor sinceridad para consigo mismo sé no tiene miedo del silencio por suponer que del lado oscuro de nuestro interior puedan salir cosas que asusten, voces que nos recriminen, situaciones pidiendo ser arregladas. No tenemos que tener miedo de escuchar nuestra interioridad. Por más que al parecer pueda asustarnos, allá en el centro está Dios, el amor infinito, que nos quiere bien, que llama la puerta interior y espera.

·             Una advertencia muy fuerte tiene que ser hecha hacia el uso exagerado de lecturas. Exhortaciones, palabras, reflexiones, cánticos y músicas durante la oración. Todo eso es importante, pero la oración comunicativa necesita de oración silenciosa como de una base, de un punto de partida. De lo contrario, ¿qué, estamos comunicando? ¿a quién estamos comunicando?

·             Necesitamos vivir el silencio -tal vez tengamos que introducirlo­ en nuestras liturgias, que a veces están sobrecargadas de palabras, de cánticos, de movimientos. Sin duda que la liturgia es alabanza exteriorizada y es movimiento: acción representada, ejecutada. Pero las palabras y los gestos precisan estar cargados de contenido para ser de verdad un servicio público que ofrecemos al Padre, reunidos en el Espíritu, por intermedio de Jesús. Entre otras alabanzas, están también la alabanza del silencio. Es lo que clama con una frecuencia tan alta que exige toda nuestra capacidad auditiva.

·             Entre las demás acciones litúrgicas públicas, están también la comunicación fraterna del silencio, que es tan expresiva que las palabras y los oídos no son suficientes para dar y recibir.

·             Tenemos que aprender el silencio admirativo de María: de adoración, de asombro ante todo lo que Dios está realizando. Tal vez nos hayamos acostumbrado a considerar con demasiada frivolidad los milagros continuos que Dios vive obrando ante nuestros ojos. Puede ser que creamos que Dios está haciendo siempre cosas, porque no sabe quedarse quieto. Tenemos que percibir el amor infinito que pone en cada cosa que hace, porque realiza y recrea todo para cada uno de nosotros en cada nueva circunstancia.

·             Es necesario aprender el silencio de los impronunciable. Cuando nos damos cuenta de que las cosas que suceden no son tan pequeñas cuanto parecen -por que no son abarcables con nuestros ojos y nuestros oídos, sino con el Infinito de Dios­ dejan de existir palabras hasta para admirar. En ese caso callar y alabar.

·             Es también con Nuestra Señora que aprendemos el silencio del Sí. El silencio de quien va asintiendo, va entendiendo y va aceptando, va escuchando y va afinándose con el sonido que da sentido a todas las cosas.

·             Es probable que el silencio llegue a su punto más alto cuando, finalmente, rompemos todas las barreras y abrimos todas las puertas: dejamos que Dios nos asimile. El nos ama y no destruirá nuestra personalidad. Solo ha de hacernos uno- con-El.

·             Es fundamental el silencio de la oración, de los momentos más altos del encuentro entre el yo y Dios. Pero ese encuentro de soledad, de tu-a-tu, es imposible mientras no aprendamos el silencio que escucha con calma, admiración, bondad y gentileza al más pequeñito de los hermanos de Jesús. Principalmente a aquellos que parecen no tener voz ni cosa alguna para comunicar, simplemente porque nunca nos detuvimos a escucharlos.

CONTEMPLATIVO es aquel que, en silencio, mira con amor a Dios, se dispone a escuchar a Dios con amor. Para esto es necesario estar convencido de que Dios tiene algo para ofrecer, tiene algo que decirnos. Y que nos conoce por el nombre y nos ama.

3. LA CONTEMPLACIÓN ES EMINENTEMENTE PERSONAL

Por “oración personal” entendemos tanto la vida de oración particular de una persona, como la contribución e interacción de esa misma persona en la comunidad. Es verdadera oración personal cuando yo rezo un rosario o hago mi meditación solitariamente. Pero también es oración personal cuando doy mi contribución particular en la realización de la oración común: haciendo intervenciones y también asumiendo el liderazgo. Quisiera ayudar a cada uno a iniciar su camino individual de oración contemplativa. Pero para poder poner bien los fundamentos, tendremos que -por una parte­ revisar el modo de rezar que nos fue, enseñado y que estamos usando. Y por otra, considerar como nuestra oración comunitaria puede ganar en calidad sé todos tuviesen oportunidad de rezar de acuerdo con los dones particulares que Dios les dio. Mi experiencia me dice que la mayoría de nosotros, al ingresar a la vida religiosa tuvo problemas con su oración personal. En esa oportunidad, aunque no hayamos tenido conciencia del hecho, muchos elementos fundamentales de la oración personal que traíamos de casa, aprendidos con nuestros padres y con nuestro pueblo, tuvieran que ser cambiados por otros. Nos fueron presentados otros valores como vida religiosa, pero muchas veces no pasaban de ser valores de otras culturas. Ese mismo fenómeno hacía parte de otra actitud generalizada que, muchas veces, nos llevó a considerar inferior, peor, todo lo que fuese muy nuestro, muy de nuestra familia o de nuestro pueblo.

Por lo cual me propongo comenzar un estudio lo más completo posible que nos permita revalorizar positivamente tanto lo que somos nosotros mismos en cuanto personas, como todos los elementos que nos vienen desde nuestra raíces culturales. El estudio que hacemos se basa en el sicólogo Carl Gustab Jung. El desarrollo, actualización y aplicación a la oración fue, hecho por diversas escuelas norteamericanas. Las Myers-Briggs y de Keirsey-Bartes estudiaron especialmente los tipos, y las de Michael-Norrisey y Gran-Thompson las aplicaciones a la oración. Hace ya más de 250 años que el hombre tuvo conciencia de que no todos reaccionamos de la misma manera. Hipócrates es el autor de la distinción en cuatro temperamentos: sanguíneo (del corazón), colérico (del hígado), flemático (de los pulmones), y melancólico (de los riñones). Aunque con sentido bastante modificado, seguimos empleando esta terminología hasta el día de hoy. En este siglo C.G. Jung logró concluir un estudio más interesante, científico y práctico, llegando a nombrar ocho tipos de personas, conforme a sus actitudes. La gran ventaja de la propuesta de Jung es que todos los tipos son vistos positivamente, afirmándose que todas las personas son capaces de todas las actitudes, solo que tienen preferencias por unas más que por otras. Podríamos hasta cambiar esas preferencias, o adquirir facilidad para usarlas todas. Esta postura abre una perspectiva interesante, tanto para la vida de la persona en su interioridad como para las relaciones interpersonales.

 A partir de Jung se desarrollaron en Estados Unidos las es cuelas de Myers-Briggs y de Keirsey, que llegan a distinguir dieciséis tipos y que han sido ampliamente aprovechadas por diversos movimientos, paras las más variadas finalidades. Voy a dividir esta parte en tres puntos.

3.1. Aclaraciones sobre los Temperamentos y Tipos.

3.2. Bases para orientar una vida de oración

3.3. Proceso de crecimiento en la vida de oración.

3.1. Esclarecimientos sobre los temperamentos y tipos

Intento dar una explicación breve, pero clara, del sistema inventado por Myers-Briggs y desarrollado por Keirsey-Bates a partir de la base presentada por Jung al estudiar los tipos partiendo de las funciones. Este estudio se puede usar de muchos modos. Voy a presentar cinco puntos.

3.1.1. Las cuatro preferencias

3.1.2. Funciones de Percepción

3.1.3. Funciones de Juicio

3.1.4. Dominante, Auxiliar, Terciaria, Inferior

3.1.5. Sombra y tipo opuesto

3.1.1. Las cuatro preferencias

Las personas que hacen un Tes tipo Keirsey o Myers-Briggs obtienen como resultado un conjunto de cuatro letras, escogidas entre las ocho posibles. Todo se basa en cuatro pares de preferencias: E o I (extroversión o introversión). S o N (sensación o intuición),  o Æ (pensamiento/thinking o sentimiento/feeeling), y Ê o Ð (juicio o percepción). El primer par de preferencias: Å-I¬ muestra la actitud preferencial de la persona en sus relaciones con el mundo. El extrovertido se une más con el mundo exterior de las personas y de las cosas, para recibir energía síquica y entusiasmo para vivir. El introvertido se une más bien con el mundo interior de las ideas, conceptos y espíritu, para encontrar energía vital. Todos podemos ser extrovertidos o introvertidos, dependiendo de la ocasión, pero en general, preferimos más una actitud que otra.

El segundo y tercer par de preferencias (S-N¬ -F) se refieren a las cuatro funciones sicológicas básicas que todos usamos para percibir nuevos datos o hacer los necesarios juicios y decisiones sobre cómo obrar con esos datos. Las funciones de percepción: sensación e intuición, son el segundo par de preferencias. Las funciones de juicio: pensamiento y sentimiento, son el tercero.

El cuarto par de preferencias: Ê o Æ tiene la finalidad de determinar sé la persona da preferencia al juicio (tercer par: pensamiento o sentimiento) o a la percepción (segundo par: sensación o intuición). Pero vamos a explicarlo mejor en los parágrafos siguientes.

3.1.2. Funciones de percepción

Las funciones de percepción : sensación e intuición, son usa das para recibir los datos e informaciones necesarios para la vida. Recogen lo que viene de fuera.

La función sensación usa los cinco sentidos del cuerpo para informarnos sobre la situación en que nos encontramos actual mente. Pero, por medio de símbolos, también puede ponernos en contacto con el mundo del espíritu. Por ejemplo, nos dice sé estamos alegres o tristes, entusiasmados o deprimidos. A través del proceso simbólico, la sensación toma contacto con la presencia de Dios y el nivel trascendental de la realidad como algo distinto del mundo físico.

La función sensación percibe el gran potencial y las nuevas posibilidades tanto en el mundo físico externo como en el mundo interior del espíritu y de las ideas. Hace posible crear cosas nuevas y mejorar la situación presente. Mientras que la sensación está ligada primariamente al mundo externo físico y solo secundariamente comprometida con el mundo interior del espíritu, la función intuición se dirige al mundo interior, y solo secundariamente al mundo exterior. Así las dos funciones de percepción son complementarias y ambas necesarias para una vida plena y equilibrada. Pero dependiendo del temperamento, cada uno de nosotros tiende a dar preferencia a una sobre la otra.

3.1.3. Funciones juicio

Las dos funciones de juicio: pensamiento y sentimiento, son usadas para decidir lo que vamos a hacer con los datos aportados por la percepción. Ambas hacen juicios válidos, pero llegan a ellos por caminos diferentes.

La función pensamiento es más objetiva e impersonal. enfatizando la justicia, la verdad objetiva. La función sentimiento es más subjetiva y personal, enfatizando los valores persona les y los efectos que las decisiones van a tener sobre las personas involucradas. Para buenos juicios y decisiones necesitamos tanto del pensamiento como del sentimiento, pero cada uno de nosotros se inclina a preferir uno de los dos.

3.1.4. Dominante, auxiliar, terciaria, inferior

Dominante es la función más usada por una persona. La opuesta de Dominante en el mismo par pasa a ser considerada su función inferior, porque ser› menos usada. La preferida del otro par será la Auxiliar (la segunda más usada) y está a media luz. Su opuesta en el mismo par es la Terciaria, y esta en la media sombra. Las dos están en el centro de su conjunto de letras: son la dominante y la auxiliar. La terciaria y la inferior están en su conjunto letras: son las opuestas de las dos primeras opciones.

Voy a presentar como ejemplo a San Francisco de Asís. Partiendo de sus escritos y biografías, podemos presentarlo como ESFP. “E” porque es un extrovertido, “S” porque entre las funciones de percepción prefiere la sensación. “F” porque de las funciones de juicio prefiere las de percepción. Su dominante es “S” (sensación) y su inferior es la función perceptiva opuesta: “N” (intuición). Su auxiliar es “F” (sentimiento), y por consiguiente su terciaria es “T” (pensamiento).

3.1.5. Sombra y tipo opuesto

Generalmente tenemos miedo de mirar dentro de nosotros mismos y de entrar en nuestra interioridad, porque allá adentro parece que todo está oscuro. De hecho tenemos conciencia de que allá en el fondo, fue a parar todo lo que estuvimos rechazando a lo largo de la vida, todo lo que no preferimos, todo lo que sobró de nuestras opciones. Y sabemos que debe haber mucho más, que ni nos atrevemos a imaginar. Es una oscuridad que cargamos siempre con nosotros y de la que, en general, tenemos miedo. C.G. Jung la llamó muy apropiadamente “Sombra”.

Con estos datos es comprensible decir que la función inferior está en la sombra, que la auxiliar está en media luz y la terciaria en la media sombra. Porque colocamos en el lado oscuro todo lo que nos resulta difícil, o menos fácil de hacer.

 En la misma línea, es claro que a esa sombra irán a parar fácilmente las otras atribuciones propias de las funciones que no son nuestras preferidas. Pero, justamente por eso, es interesante conocer las cualidades del tipo exactamente opuesto al nuestro, porque su ejercicio, aun no forzado, puede ayudar a ampliar nuestro equilibrio y nuestras posibilidades. Volviendo al ejemplo de San Francisco de Asís, podemos decir que si el era un ESFP, su tipo opuesto es un INTJ. A lo largo de su vida podemos ver como, aún sin tener conciencia de ello, fue desarrollando las cualidades del tipo opuesto, y que fue, justamente a través de ellas, que tuvo su más profundo encuentro con Dios.

4. ORIENTACIONES BÁSICAS PARA LA ORACIÓN PERSONAL

 Presentaremos tres sectores bien distintos, pero complementarios y progresivos.

4.1. Las diversas formas de oración

4.2. Un camino de la Imagen a la Semejanza

4.3. El proceso de Individuación

4.1. Las diversas escuelas de oración

Tanto dentro como fuera de la tradición cristiana se desarrollaron a través de los siglos, numerosas escuelas de oración. Conocerlas implica un estudio muy interesante y vasto. Me voy a limitar a presentar -y muy resumidamente­ cinco grandes escuelas de la tradición católica. No las seleccioné, porque quiera decir que son las mejores, sino por su valor didáctico inmediato, principalmente dentro de la perspectiva de los temperamentos y tipos. Intentaré, decir con el mínimo de palabras lo que distingue a estas cinco escuelas: benedictina, ignaciana, augustiniana, tomista y franciscana.

4.1.1. La escuela benedictina, presenta fundamentalmente un método de oración: la “lectio divina”, o Lectura Divina. Consta de cuatro pasos: Lectura, Meditación, Oración, Contemplación. Un abad cartujo del siglo XII la explicaba así: “Leyendo debes procurar. Meditando, vas a encontrar. Rezando llamarás. Contemplando, la puerta se te abrirá”. En el primer paso, la persona hace una lectura de la Biblia o de otro libro religioso. Se trata de una lectura bastante breve, y hecha en las mejores condiciones posibles de recogimiento y de oración. No se trata de un estudio. En el segundo paso, la persona medita sobre lo que leyó, es decir, hace una reflexión mental intentando comprender lo leído y descubrir puntos interesantes. En el tercer paso, la persona reza a partir de la meditación: alaba, agradece, implora, pide perdón a Dios, con palabras espontáneas que le broten del corazón. En el cuarto paso, en silencio, hasta interior, la persona mira hacia Dios con amor, a partir de la lectura, meditación y oración que terminó de hacer. Normalmente todo el camino está pensado para ser hecho en el espacio de mas o menos una hora. La oración benedictina es aconsejable y relativamente fácil para todos los tipos de personas.

4.1.2. La escuela ignaciana presenta lo substancial de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. El punto básico que tomamos aquí es su manera de usar un texto bíblico en la oración. La persona comienza recurriendo a su imaginación sensitiva para imaginarse como alguien que está viviendo en el tiempo en que aconteció el hecho bíblico y tomando parte en el hecho como uno de sus personajes. La persona viaja hacia el pasado y procura vivir lo más concretamente posible un pasaje de las escrituras. Después concluye en una oración de alabanza, de acción de gracias, intercesión y perdón. Pero tiene que cuidar de procurar siempre sacar alguna conclusión práctica.

 San Ignacio aconseja diez pasos. Escoge un texto, haz una oración preparatoria, crea la ambientación, pide una gracia especial que necesitas, mira y reflexiona, considera y reflexiona, saca algún fruto espiritual, conversa con Dios Padre, con Jesucristo, con la Madre santísima, concluye rezando el Padrenuestro.

4.1.3. La escuela augustiniana sigue el “método augustiniano”. Muy usado por los Santos Padres, pero difundido principalmente por San Agustín y sus seguidores. También parte del recuerdo de un hecho bíblico, pero, en vez de usar la imaginación sensible para proyectarse en el pasado, como en el método ignaciano, usa la imaginación creativa para transportar el hecho bíblico al presente. En este método intentamos oír las palabras de la Biblia como sé estuviesen siendo dichas personalmente a cada uno de nosotros hoy, en la circunstancia que estamos viviendo. A través de toda la historia cristiana, tal vez haya sido este el método más usado por los santos, místicos, maestros y escritores espirituales, predicadores y simples fieles. Es práctico y eficaz. Hay que señalar que en este método la persona de vuelca hacia el futuro, mientras que en el ignaciano se da una vuelta al pasado. Pero es “sólo cuestión de método”.

4.1.4. La escuela tomista. También la presentamos de manera extremadamente simplificada. No se trata de un método inventado por Santo Tomás de Aquino, sino de un uso fuerte del raciocinio en la oración, más apropiado para algunas personas. Es un método casi “científico”, en el cual se toma alguna verdad de fe, alguna virtud, un texto bíblico, etc., y se estudia el asunto bajo todos los puntos de vista posibles, inclusive usando las siete preguntas siguientes: ¿Qué? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Donde? ¿Cuándo? ¿Con qué medios? Por ejemplo: ¿Qué, es la esperanza? ¿Quién es el modelo de la esperanza en la Biblia o en la historia de lo santos›¿ ¿Cuándo y donde necesitamos tener esperanza?... Naturalmente, para que no pase de un simple estudio o reflexión, esta oración tiene que terminar, como con la “Lectura Divina”, con la oración y la contemplación.

4.1.5. La escuela franciscana. En propiedad de términos no podemos hablar de un método específicamente franciscano. A no ser que nos estemos remitiendo a un amplio diálogo con los hermanos. El términos generales la oración franciscana se caracteriza por una vasta apertura y entrega a todas las direcciones por donde puede soplar el ímpetu del Espíritu de Dios. Es muy espontánea y posiblemente prefería permanecer en el presente, sin sumergirse mucho en el pasado ni querer saber lo que pude sobrevenir en el futuro. También es oración de los sentidos y de lo inmediato, menos inclinada al tipo estudioso y reflexivo que presentamos como oración tomista.

Quizá podamos afirmar que la oración franciscana va celebrando lo que encuentra a su paso, haciendo que todo cante la bondad del Señor. En gran medida se nutrirá de todo tipo de sensaciones: del color, sabor, olor, tacto, oído, viviendo en el presente el drama del crucificado que sufre dolorosamente, con amor sin límites, pero que va liberando vida y uniendo a los hermanos. Gustará de gestos dramáticos, como el de San Francisco entregando las ropas a su padre delante del obispo. A mucha gente parecerá que no es oración, por tanta creatividad, espontaneidad y falta de método.

4.2. De la Imagen a la semejanza

Si insistimos en que uno de los aspectos fundamentales de la contemplación consiste en que esta es una manera de ver, nos resulta particularmente interesante el texto de la 1a. Carta de San Juan 3.2.: “Queridísimos, ya en el presente somos hijos de Dios, pero no se ha manifestado aún lo que seremos en el futuro. Sabemos que, cuando suceda dicha manifestación, seremos semejantes a Dios, porque lo veremos tal cual es.”

Hemos sido hechos para ver a Dios. Con la sola condición que para verlo, es necesario ser semejante. Por eso la contemplación está tan ligada a la unión mística. El hombre es “capaz de Dios” por la naturaleza racional, y se convierte en “participante de Dios”, por la gracia. Se trata de un misterio que “también los Ángeles quieren contemplar”. (1Ped. 1,12)

Vamos a releer el libro del Génesis, 1, 20 y 27: “Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, como nuestra semejanza, y que ellos dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo... Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó. Hombre y mujer los creó.”

Por más que los comentarios de la Biblia de Jerusalén digan que “semejanza” parece atenuar la fuerza de “imagen”, el texto de San Juan insinúa que ya somos imagen y que en un futuro seremos semejanza. El tema fue muy conversado en tiempos de los Santos Padres. Algunos, como Atanasio y Agustín, no hacen distinción entre las dos palabras, pero la mayoría dice que la imagen fue recibida en la creación y la semejanza es el fin de una largo proceso, un proceso de divinización.

La contemplación sería un medio de desarrollar ese primigenio “según la imagen”, porque iría equiparando aquel que contempla a “aquel que es contemplado”. Pero reparemos bien que se trata de un progresivo conocimiento espiritual e intuitivo, aunque pueda ser preparado y ayudado por el conocimiento discursivo o lógico.

Subrayemos la afirmación de que cada uno de nosotros es una imagen de Dios. En cada uno, la Divinidad irrumpe como por un volcán. Cada uno de nosotros es un proyecto original, llamado a integrar un mosaico infinito de semejanza de la humanidad con Dios. De donde deducimos la importancia del proceso de individuación en nuestro camino de santificación -de la imagen a la semejanza­ la necesidad de conocernos lo mejor posible, cada uno a sí mismo y a sus hermanos más cercanos, abierto a todos los hermanos en la Historia, porque Dios se revela en la interioridad de todos y de cada uno.

4.3. El proceso de individuación

Nuestro camino hacia Dios presupone necesariamente una apertura para el prójimo, porque solamente en el hermano vamos encontrando progresivamente a lo Otro, que es lo infinito. Pero también es necesario contar con un camino absolutamente personal, que nadie más puede hacer por nosotros. En la medida en que vamos descubriendo al otro, tenemos que ir descubriendo, identificando, individualizando a nosotros mismos. El otro ayuda a descubrir el yo y el yo ayuda a descubrir al otro.

En el fondo podemos afirmar que descubrir a Dios es antes que nada descubrirse a sí mismo. Este sería un punto que necesita de mucha profundización. Mientras tanto destaco solamente que esto nos da la medida de hasta dónde es importante que conozcamos lo mejor posible nuestro tipo temperamental.

No podemos ignorar que el tipo temperamental es dinámico. Entre los grupos que más estudiaron el asunto, inclusive en su aspecto de orientación para la oración está el de Gran-Thompson-Clarke (“Fro Image to Likeness­ A junguian path in the Gospel Journey”). Esa escuela muestra como un niño hasta los seis o siete años es bastante indiferenciado en cuanto al tipo temperamental y como va dando un giro completo a través de la vida de modo que llega a la madurez con una buena experiencia de todas las Dominantes.

Pero el gran punto final es el encuentro con el Self total, que ya está sumergido en Dios. El inconsciente se nos oculta, exigiendo ser descubierto, para que lleguemos a la plenitud.