CONSTRUYENDO LA PLENITUD

A pesar de la larga y muy rica tradición de la Orden en el campo de la contemplación, tenemos que reconocer que estamos dando los primeros pasos Probablemente de modo particular nosotros en América Latina. Estamos recién despertando a este aspecto fundamental de nuestra vida y vocación.

Y aunque no fuésemos principiantes, la aventura de la contemplación no tiene fin en esta vida: es un camino siempre nuevo, en el cual Dios va siendo encontrado, sin que por ello deje de ser siempre la meta de nuestras ansias y búsquedas. Aunque lo hayamos descubierto en nuestra interioridad, deberá ser vivido en plenitud en el mundo exterior.

En una proyección para el futuro, tratando de imaginar lo que podrá ser la contemplación franciscana en América Latina del siglo XXI, presento en esta quinta y última Unidad los puntos siguientes.

5.1. Contemplación-Plenitud del Amor.

5.2. Contemplación y Liberación

5.3. Formación para la contemplación.

En la primera parte tenemos que completar nuestras reflexiones hablando de la unión mística, que es el resultado de la contemplación. Fijaremos la atención especialmente en las posibilidades de amistad fraterna, en cuanto constitutivo parte de nuestra vocación de hermanos menores.

En la segunda parte, como resultante de nuestra unión es con Jesús Crucificado y Liberador, tenemos que tomar en consideración un verdadera piedra de toque de la contemplación: nuestra implicancia y compromiso con la obra de liberación, la nuestra y la de la humanidad.

En la tercera y última parte, trato de presentar algunas reflexiones básicas para nuestra importante tarea de despertar y cultivar en nuestros hermanos, jóvenes y maduros, el gusto y la práctica de la vida contemplativa franciscana.

5.1«CONTEMPLACIÓN PLENITUD DE AMOR

El destino de la contemplación es siempre la unión mística con Dios. Es la respuesta al pedido de Jesús en la última cena: “Padre, que todos sean uno, como nosotros somos uno.... Nos referimos a la una unión que tiene que ser experimentada por cada uno, personalmente.

Las presentes consideraciones son un estudio o reflexión sobre lo que es la contemplación, pero quieren ser una ayuda en el camino hacia la consecución de una praxis de oración contemplativa. Por eso nos atrevemos a intentar discurrir sobre lo que podría constituir dicha vida de unión con Dios. Tratamos de expresar algo de que es posible decir “humanamente” sobre este encuentro entre el hombre y Dios.

Naturalmente, no se trata de descubrir un atajo, de revelar el secreto de los artificios que nos permitan llegar al mismo fin sin necesidad de Dios. Estamos ante un esfuerzo que puede sernos útil inclusive para vernos con mayor claridad y poder así ayudar a nuestros hermanos y hermanas, pero cuya finalidad es decididamente ésta: conocer lo más posible para admirar, para alabar... y para colaborar en la medida de nuestras capacidades.

5.1.1. UNA EXIGENCIA BÁSICA PARA LA UNIÓN CON DIOS

Dios es libre de unirnos a sí según su beneplácito. Tiene sus medios infinitos. Pero según la revelación y la tradición religiosa, sabemos que solamente logramos unirnos a Dios en la medida en que nos unimos a nuestros hermanos, los hijos de Dios. Esta es una verdad muy fácil de enunciar... su ejecución implica la aventura de toda nuestra vida.

Pero aprendimos también que no es posible llegar a la unión plena con nuestros hermanos si no estamos construyendo –contemporáneamente- una unión satisfactoria, destinada también a ser plena, con nuestra propia interioridad.

Hasta el momento estuvimos dedicados a focalizar el milagro de nuestra unión con Dios bajo el punto de vista de las Funciones que constituyen el tipo temperamental de cada uno. En esta perspectiva hacemos esta afirmación fundamental: cuando logramos abrir la puerta de nuestra Función Inferior adquirimos una de las maneras de entrar en unión con Dios. Y solamente el Otro ¡el hermano! puede ayudarnos a abrir esa puerta.

Evidentemente, las consideraciones realizadas apenas señalan el camino.  Vamos, al menos, a intentar mostrarlo con mayor claridad.

5.1.2. UN INTERESANTE EJEMPLO DE UNIÓN EN APASIONAMIENTO

La experiencia nos enseña que hay una situación bastante común en que las personas se abren a la unión, aunque generalmente este movimiento no llegue a su culminación: el apasionamiento.

El apasionamiento es una situación que nace normalmente entre un hombre y una mujer que sienten mutuamente atraídos. La diversidad los arrastra el uno hacia el otro. Claro que el deseo de unión se basa en la semejanza fundamental que ambos tienen. La diversidad evidente es la de los sexos. La semejanza fundamental es la misma naturaleza humana.

Sin embargo, al menos en la mayoría de los casos, la diversidad no radica solamente en la sexualidad, sino que implica también los tipos temperamentales. Esta observación me hace recordar que en otras ocasiones -sin apasionarnos porque no hay diversidad de sexos¡ entramos en un proceso profundo de unión por la amistad. Aquí siempre existen diversidades, siendo la de los tipos temperamentales la más frecuente.

Los antiguos ya habían observado que el apasionamiento tenía algo de sagrado. Por una parte era la cosa más parecida con la posible unión entre lo humano y lo divino como porque constituía al menos un comienzo de dicha unión. Fue siempre la base más interesante de la sacramentalidad del matrimonio.

Hago la propuesta de intentar el empleo de este parámetro del apasionamiento para reflexionar sobre posibles caminos para la amistad más profunda: la fraternidad. Recordando principalmente cómo ese fue el camino descubierto por San Francisco en el Evangelio y vivido por él hasta las últimas consecuencias.

Un primer aspecto interesante de la unión vivida apasionadamente es que a primera vista puede parecer que conduce a algo parecido con una fusión. Pero el apasionamiento no transforma a los “dos en uno” por más que los asocie complementariamente: los dos son conducidos a la plenitud individual. Se unen pero no pierden su individualidad, no se confunden. Tal como ha de ser nuestro amor con Dios: ni desaparecemos nosotros en él, ni él en nosotros.

5.1.3. COMO SERIA LA UNIÓN BASADA EN LAS FUNCIONES

En el matrimonio se pueden unir las personas que tienen las cuatro funcionen en oposición. Son raros los casos en lo que unen dos personas con total identificación de las cuatro funciones. En la amistad y en la fraternidad tenemos en principio las puertas abiertas para cualquier tipo de unión, con mayores posibilidades de profundización en la medida en fueran mayores las diversidades de las funciones.

En el casamiento y en la amistad las personas se pueden unir para formar una especie de sociedad en la que cada uno entra con las funciones que sabe usar mejor. En una fraternidad según el Evangelio, a fin de encaminarnos a una progresiva unión con Dios, no podemos usar el concepto de sociedad, sino más bien el de mutua polarización, que provoca el crecimiento. Lo cual también es válido en el casamiento y en la amistad.

La contemplación es, ante todo, apertura de los ojos y de todo el ser, para acoger el amor de Dios. Lleva a la unión total con la divinidad, a la plenitud del amor.

Toda nuestra existencia es una historia hecha por Dios en la que, a través de nuestros padres, de nuestra familia, y de los otros seres y acontecimientos, vamos pasando por las opciones del amor, a partir de la pietas, a través del eros y del ágape, hasta llegar a la plenitud de la hésed, el amor gratuito y total de Dios (NB: Este asunto est ampliamente desarrollado en mi libro “Vivir el Amor”).

El símbolo que condensa esta historia lo vivimos en la complementariedad del masculino-femenino, que podemos encontrar en los opuestos hombre-mujer, pero que llegar al clima en la interioridad de cada persona, convirtiendo a cada ser humano en un individuo pleno como un ángel del cielo.

El propio Dios quiso entrar en una relación análoga con la Humanidad. La Biblia, que es la revelación de la Palabra de Dios, tiene uno de sus puntos altos en el “Schir Haschirim”, el Cantar de los Cantares, magnífica expresión simbólica de la unión profunda de Dios con el ser humano. También nos remite tanto a la plenitud de amor o unión que existe dentro de la propia Trinidad, como a la que existe al interior del hombre.

Ese amor también se manifiesta en la acción del Espíritu de Dios, o Espíritu Santo, el soplo, el impulsó, el viento, el amor de Dios. El Espíritu se unió hipostáticamente con María, espiritualizándola (Cfr. L. Boff, El Rostro materno de Dios). María es otra figura de la Iglesia -o de la humanidad unida a Dios-, la figura por excelencia de la historia de amor entre Dios y su Pueblo. El Sacramento del Amor es presentado como grande, precisamente por simbolizar el amor entre Dios y el Pueblo.

Una de las pistas del camino de contemplación que estoy proponiendo radica justamente en un abrirse todo lo que sea posible a ambas uniones, la que se realiza entre Dios y el Pueblo y entre el Espíritu Santo-María. Y uno de los aspectos fundamentales es el de la aceptación de la ley de que crecemos disminuyendo, en la medida que damos espacio -o reconocemos el espacio- a la plenitud de Dios.

Sería igualmente interesante considerar cómo ese “matrimonio” produce efectos no solo en la humanidad, sino también en Dios. Lo humano de Dios crece.

Otra pista que estoy desarrollando es la del encuentro de dos personas de tipo opuesto, que abre las puertas de la interioridad despertando violentamente la función inferior de cada persona. Sicológicamente esta parece ser la pista más enriquecedora. Un filón extraordinario, original. Se basa en la presencia de Dios en nuestro “self”, que sería la presencia de Dios “posible” para nosotros. Como est en el inconsciente, o en la interioridad, tenemos que abrir el acceso a la interioridad. Y una puerta de acceso magnífica es el apasionamiento. Porque allí el encuentro con una persona de tipo opuesto proporciona la oportunidad de vivir en la superficie el nivel de la función inferior, que sería la función dominante de la interioridad de la persona, en la cual somos uno con Dios.

Francisco llegó al culmen cuando fue transformado por el Serafín de fuego del Crucificado. Se transformó en una imagen viva de Jesús. Pero de Jesús crucificado, quien -y él lo supo ver muy bien- es un símbolo del amor infinito de Dios. A través suyo fue proclamada una vez más la unión de amor entre Dios y la Humanidad. Sólo un amor sin medidas aceptaría un sacrificio sin medidas. Recordar la oración que, según el relato de la Florecillas, Francisco estaba haciendo cuando llegó el Serafín.

Creo que uno de los aspectos importantes a desarrollar en este punto es el de valorizar más la Plenitud que la perfección. Nos lleva a pensar más en una totalidad que integra el mal, sin que por ello se abandone la búsqueda de la liberación del mal.

Tendremos que estudiar tanto la situación especial de los místicos, principalmente la de los grandes místicos, como el hecho de que todos vivimos dentro del mito. La humanidad vive la unión de amor con Dios dentro del mito. Sólo que los místicos han tenido del hecho una conciencia algo mayor.

5.2. CONTEMPLACIÓN Y LIBERACIÓN

5.2.1. ¿HASTA DONDE LLEGA LA PASIVIDAD?

Uno de los aspectos fundamentales de la Contemplación, de acuerdo a lo que estuvimos reflexionando, radica en el hecho de ser fundamentalmente una oración “pasiva”, en la cual dejamos de lado la actividad, aún de palabras, inclusive de pensamientos, para mirar afectivamente -en las personas, en la naturaleza, en los hechos históricos¡ a Jesucristo, Hijo de Dios y hermano nuestro. Pero eso no significa que a una persona la convierta en más pasiva. Al contrario.

El objeto directo de nuestra contemplación es Dios hecho hombre. Es decir: recibimos dentro nuestro -no solamente entre nosotros, sino literalmente dentro de cada uno de nosotros¡ al Dios que entró en la historia de los hombres. Los teólogos pueden discutir si Dios habría entrado en nuestra Historia inclusive en caso de no haber existido el pecado con sus consecuencias. El hecho es que el entró para liberarnos porque no estábamos viviendo la vida en plenitud. Jesucristo es necesariamente Redentor, Salvador, Liberador.

Sería falso entender, dada nuestra insistencia en el Sentimiento, o en el Feeling, o en el Pathos, que propiciamos un tipo de franciscanismo que simplemente siente el mundo, acoge al mundo, recibe el mundo. El Sentimiento, como recuerda muy bien Leonardo Boff en “Ternura y vigor” es un “tomar la iniciativa e identificarse con la realidad sentida”. A partir de ahí tenemos que captar el valor de las personas y de las cosas, aquello que hace que sean deseables. De allí irrumpe en nosotros  la fuerza de Dios, Creador y Redentor. Esa fuerza que hace que todos sean, que todo sea lo que tiene que ser. Con Dios todos somos creadores y salvadores, en un movimiento inmenso de alegría. Construimos la vida en Plenitud.

Es evidente que nuestro mundo está pasando por una situación mortífera para la mayoría de los seres humanos. Una situación imposible, que clama a los cielos. Si alguien dejara al Dios Liberador entrar por sus ojos y por sus oídos nunca más lograr ser “pasivo”, acomodado, connivente, despreocupado, irresponsable. Ser “manso y humilde” como él, ser un buen pastor capaz de dar la vida por las ovejas, pero nunca podrá ser un omiso. Si fuere un omiso, su contemplación habrá sido falsa.

5.2.2. EL CRISTO QUE DESAFÍA

Cuando Jesús dijo que vino “para que tuviésemos vida y vida en abundancia, vida plena”, no estaba haciendo una declaración poética o hablando apenas de la vida después: de la muerte. Venció a la muerte. Dijo que un día iba a volver para juzgarnos de acuerdo con el amor objetivo y concreto que hayamos tenido con cada de los menores de sus hermanos.

Cualquiera puede ver que ese Cristo, objeto de nuestra contemplación, tal como lo fue de Francisco de Asís, es un hombre herido. Herido en su Cruz y herido en sus hermanos. ¿Cómo podremos cruzarnos de brazos cuando:

5.2.3. RESPUESTA DEL CONTEMPLATIVO

La respuesta sólo puede consistir en dar la vida por Aquél a quien se ama, concretamente vivo en nuestros hermanos. Y llevar la Liberación que viene de Jesucristo Liberador: nadie es legítimo liberador ni liberador completo a no ser que sea transmisor y colaborador del único que venció la muerte. Por eso, todo liberador es un profeta que está anunciando y construyendo el restablecimiento de la alianza rota entre los hombres y Dios.

El contemplativo tiene que ser aquél que, todos los días, contempla a Jesucristo de manera creciente, es decir, dejándose avasallar por Jesucristo. Lo contempla en todo lo que encuentra, porque “todas las cosas son de Cristo”. Si lo que encuentra es bueno, tiene que prorrumpir en alabanza, porque es obra del Liberador. Si por el contrario es malo, dentro de sí mismo o en las demás personas, o en las estructuras del mundo... tiene que luchar por la liberación. Tiene que transformar.

Tengo algunas observaciones fundamentales para los contemplativos profetas de la liberación:

¡Es imposible pensar en Liberación sin amar a las personas. Quien no fuere capaz de querer bien a todos -a Urías, a su oveja y también a David- no puede ser un liberador con Jesucristo. Por lo cual es necesario que trate a todos con educación, respeto, dignidad, mansedumbre, cortesía. La mansedumbre no se opone a la firmeza.

¡ Es imposible pensar en un liberador profeta que no le importe ser incompetente. Todos, siempre, seremos limitados. Pero quien lucha por Aquél a quien ama con todas sus fuerzas, siente la necesidad de dar siempre lo mejor de sí mismo. ¤ es mentira que ama. En un mundo en que ya hay tanta confusión ser mejor no aumentar el desorden con más acciones desconexas, trabajos mal hechos y legados entregados en manos de los que odian o desconocen al Liberador.

¡ En la batalla del mismo Dios, nadie puede ser franco tirador, aislado. Tenemos que actuar como fraternidad, cargando a nuestras espaldas el modelo vivo de nuestra praxis fraterna de Liberación. Y tenemos que actuar como Iglesia, como Pueblo-Esposa de Jesucristo, en la que se construye un nuevo reino.

5.2.4. UNA REFLEXIÓN ESPECIAL SOBRE EL “MAL”

Rezamos todos los días: “...líbranos del mal”. ¿Qué mal? Una buena traducción diría que en el original, lo que se decía era: “Líbranos del Maligno”. Pero también esa expresión o nos deja confundidos o simplemente no nos interesa. Porque no nos gusta pensar en el mal, preferiríamos que no existiese y por eso hacemos de cuenta que no existe. Este es ya uno de nuestros grandes males.

Sin embargo, el Hijo de Dios se hizo hombre y asumió toda nuestra contingencia, precisamente para librarnos del Maligno y de todo su Mal. Tenemos que abrir los ojos.

No puedo extenderme demasiado en la introducción sobre este punto, pero quiero dejar claras dos cosas sobre el mal. Primera: el mal existe dentro de nosotros mismos, donde sopla, junto a otros espíritus, también el espíritu del mal. Tenemos que líbranos de él. Segunda: también fuera existe el Mal: la presencia fuerte de una fuente de mal que ahoga a la humanidad y hasta sus mismas estructuras. Tenemos que liberarnos a nosotros mismos y a toda la familia humana de la raíz muy activa del mal. La verdad evangélica es la que libera y nos hace liberadores.

Insisto en esta distinción. A nuestro alrededor hay personas alienadas, que se complacen en pensar que todo el mal está dentro nuestro, por lo tanto, bastaría un conversión personal para salvar el mundo. Aceptando que llevar mucho tiempo. Y existen otros que sólo quieren ver el mal que impregnó las estructuras e ignoran la fuente continua del mal que brota del corazón del hombre. En este primer punto, quiero afirmar que el mal social existe y que contra él tenemos que luchar organizada y perseverantemente.

Para quedarnos en algo muy cercano: vivimos en América Latina, un continente esclavizado. Una estructura de mal somete a todo nuestro pueblo, haciéndolo pasar hambre, miseria, dejándolo a merced de la manipulación de los poderosos del primer mundo y de sus representantes nacionales. Como David pecador, el primer mundo robó nuestra única ovejita, se apoderó de nuestra Betsabé. Nuestra o de nuestro pueblo, no importa. Lo que importa es que tenemos que ser Natán e ir a decir al Rey que ha pecado, que tiene que convertirse y liberar al pueblo. El problema es que tenemos que tener calidad moral para ser profetas.

Es claro que tenemos que transitar un camino de liberación interior. Y aquí entra en juego la contemplación. Jesús recordó que el mal sale de nuestro interior. Afirmó también que la verdad habría de liberarnos. Y conquistó la autoridad de liberador muriendo por nosotros en la Cruz. Y venciendo la muerte. Como seguidores evangélicos de Francisco de Asís asumimos la kénosis de Jesús y entramos de lleno en la línea de la alianza del Reino. Tratamos de convertirnos en hombres de Dios, dispuestos a hablar en su nombre, porque reconocemos que él nos llamó con un carisma especial. Tenemos que ser profetas como personas y como fraternidad. Cultivamos nuestra vida contemplativa de acogida de Dios en la profundidad del corazón, como individuos y como hermanos.

Vamos a hablar con David, sabiendo que Dios quiere salvarlo también a él... pero tiene prioridad en salvar a su pueblo. Por eso es que la contemplación nos tiene que llevar a la presencia-ausencia de Dios en las raíces del Pueblo: tanto en las raíces de su cultura como en la de los mecanismos internacionales que lo condicionan. Tenemos que vivir con cada uno y con todo el Pueblo la realidad de Dios que muere y que resucita trayendo para todos vida en plenitud.

Sería interesante recordar aquí, y quizá también analizar, la famosa historia del lobo de Gubbio. Francisco se presenta como un liberador totalmente original, porque no se coloca ni del lado del Pueblo de Gubbio contra el lobo, ni del lado del lobo contra los pobladores. Trata a los dos con cortesía pero hace que ambas partes sepan reconocer que están haciendo el mal. A partir de esa aceptación o reconocimiento del propio mal, con una posible apertura para la conversión, es que Francisco construye la paz de la liberación.

5.2.5. UNA POSTURA PROFÉTICA FRANCISCANA

En nuestro caso es muy importante recordar que no estamos pensando exactamente en la salvación, digamos “oficial”, que los jefes del Pueblo están llevado a cabo. Como Franciscanos somos salvadores y profetas laicos. No podemos olvidar que somos pueblo y que no podemos salir de medio del pueblo. Es en medio suyo, haciendo lo que hace el pueblo, que seremos liberadores.

El hecho es que fuimos alejados del pueblo por la propia formación que recibimos y que ahora nos vemos obligados a redescubrir los caminos del pueblo. Por ejemplo: cómo vivir la Palabra de Dios de modo laical, cómo ser pueblo participando de las fiestas, cómo vivir la fraternidad y la intercesión de los santos del pueblo, cómo vivir la cotidianidad del pueblo “impotente”, “pequeño”, “menor”. La liberación viene de las raíces del Pueblo, que podrán ser raíces heridas, pero que aún están sumergidas en Dios nuestro Salvador.

El tipo de profetas libres que Francisco de Asís trajo al mundo del pueblo de Dios nace de un profundo respeto por todo lo que Espíritu Santo inspira a cada uno. Es interesante recordar el episodio de la Leyenda de Peruggia (114) en el que el Cardenal Hugolino y varios hermanos insistieron a Francisco para que aceptase las normas establecidas de la iglesia y él proclamó delante de todo el capítulo: “Hermanos míos, hermanos míos, el Señor me invitó a seguir el camino de la humildad y me mostró el camino de la simplicidad. No quiero que hablen de otra Regla, ni se San Agustín, ni de San Benito, ni de San Bernardo. El Señor me dijo que quería hacer de mí un nuevo loco del mundo: y no quiso conducirnos por otro camino, sino por el de esta sabiduría.”

Ese fue el principio que supo respetar y hacer que los hermanos respetasen en todas las circunstancias. Eran expresiones suyas: “Haz lo que el Señor te inspire”, “como te pareciere mejor, a tí y a Dios”, “hazlo todo con la bendición de Dios”, “según te agrade”. Cuando alguien entraba en la Orden él lo instaba para que vendiese todo y lo distribuyese entre los pobres, pero decía: “... si no pudieren, básteles la buena voluntad”. En la misma ocasión decía a lo otros hermanos: “Absténgase los Hermanos y sus ministros de incomodarse con sus cosas temporales, para que ellos - como el Señor les inspire, dispongan con libertad”. Y cada uno era libre de ir o no entre los infieles. de comer lo que presentase, de tener no o no las herramientas de trabajo, de tener o no libros de oración, de remendar o no el propio hábito, etc.

Es evidente que nuestro mundo está necesitado de liberación. Y que la obra de la liberación necesita de hombres libres en sí mismos y de sí mismos para seguir por donde el Espíritu quiera soplar.

5.3. FORMACIÓN PARA LA CONTEMPLACIÓN

Creo poder afirmar que en la actualidad un gran número de nuestros Hermanos tienen sed de una oración mejor. Más aún, muchas ganas de aprender y de vivir la oración contemplativa. Los encontré en gran cantidad, desde jóvenes candidatos hasta cohermanos bastante mayores. Pero quizá pueda también decir que nuestra Fraternidad tiene que hacer un esfuerzo ingente para reconquistar el don que le fuera regalado con San Francisco.

Claro que la preocupación mayor no tiene que apuntar a la manera de rezar sino a la apertura –apasionada- a Jesucristo, y a Jesucristo crucificado. Pero también tenemos que preocuparnos con amor por la situación de todos y de cada uno de nuestros hermanos, pensando en lo que podemos hacer por los jóvenes que llegan, por los que están en plena lucha, por los que ya sienten el peso del cansancio. Y tenemos que colocar a disposición de todos, tanto las bases teóricas como los recursos prácticos para que cada uno pueda crecer en la escuela de la contemplación franciscana.

Pondré a consideración los siguientes items:

5.3.1. Bases teóricas

5.3.2. Recursos prácticos

5.3.3. Para los más jóvenes

5.3.4. Para los más viejos

5.3.1. BASES TEÓRICAS

Todo el que quiera progresar en la escuela de la contemplación franciscana necesitar un información teórica -mayor o menor de acuerdo a las exigencias de su vocación personal¡ al menos para saber en qué movimiento está entrando y que pistas de futuro podrá encontrar abiertas o podrá ayudar a abrir para sus hermanos.

Me parece importante conocer la historia de la vida contemplativa -comunitaria o individual- a través de toda la aventura de la humanidad, pero especialmente en la tradición católica y aún más en la tradición de nuestra Orden. Nuestros estudios de Historia de la Orden siguen siendo algo pobres en esta consideración viva de la dedicación espiritual de los franciscanos.

Además sería muy importante que se conociesen, desde los primeros años en la Orden, todas las grandes escuelas de espiritualidad y posiblemente todos los grandes místicos, al menos de la historia bíblica y cristiana. Comprendo que los jóvenes no pueden conocer a los grandes místicos mediante un estudio profundo de sus obras, pero no veo cómo podrán optar por el camino franciscano sin conocer otras propuestas que están dejando de lado.

Para una profundización personal más sólida, y principalmente para una promoción más profunda de la vida contemplativa franciscana, con proyección para el futuro, me parece imprescindible que al menos un grupo de Hermanos en cada Provincia conozca bien la sicología profunda y la riqueza espiritual de nuestro pueblo.

Una buena parte de esta teoría tiene que entrar, evidentemente, en el “curriculum” de nuestros jóvenes en formación inicial y en cursos intensivos de formación permanente. Pero es claro que los formadores necesitarían cursos especiales. Tenemos urgencia de preparar y publicar material escrito.

5.3.2. RECURSOS PRÁCTICOS

La práctica tiene que ser aprendida progresivamente. Veo la necesidad tanto de programas para los jóvenes en formación y para los más viejos que estén búsqueda de recuperación y crecimiento en casas apropiadas de la Provincia, como de personal capacitado para hacer un serio acompañamiento personal de todos los que se propusieren vivir mejor su camino de oración contemplativa.

Tenemos que tener alguien a mano para orientar ejercicios, aplicar tests, brindar apoyo para su análisis fundamental, enseñar “técnicas” y ayudar a elaborar un programa personal o comunitario. Además sería muy oportuno que todas las Provincias pudiesen colocar a disposición de los Hermanos un material impreso o grabado (en audio o en video cassetes).

Sin olvidarnos, claro está, de que la vida de oración contemplativa debe ser nuestra constante, donde quiera que vivamos o trabajemos, pero que necesita de tiempos fuertes en lugares adecuados. Las Provincias necesitan pensar en eremitorios, “casas de oración” o al menos en ambientes adecuados que puedan ser temporalmente usados para esa finalidad.

5.3.3. PARA LOS MAS JÓVENES

No seríamos honestos si no tuviésemos cómo acoger a los jóvenes que son traídos por el Espíritu del Señor con la inquietud de una vida contemplativa franciscana. Y también si no supiésemos despertar ese aspecto en los que vienen en seguimiento de San Francisco y no se dieron cuenta de su actitud fundamentalmente contemplativa.

Los jóvenes, principalmente en los primeros años, plantean una exigencia más fundamental: necesitan elementos para optar. Tienen que ser ayudados a optar por nuestro camino o por otros caminos. En este punto no basta que tengamos buenos recursos para ofrecer, necesitamos también dedicarnos a estos Hermanos que -sea que queden con nosotros para siempre o se vayan por otros caminos- por algún tiempo están confiados a nuestra responsabilidad directa.

Creo que, principalmente para los jóvenes, las propuestas tienen que ser hechas no apenas a nivel de casas de formación, sino también directa y personalmente, a través del contacto personal con los formadores.

Además, tenemos que estar atentos a estos nuevos elementos que el Espíritu del Señor puede estar trayendo para renovar la vida franciscana de toda nuestra fraternidad.

5.3.4. PARA LOS MÁS VIEJOS

Muchos hermanos ya entraron por los carriles de una “vida franciscana” que poco se distingue de la de otros religiosos o de la los sacerdotes diocesanos. Gran parte de ellos tiene un amor enorme a San Francisco y a las cosas franciscanas. Sin embargo, infelizmente no fueron pocos los que se quedaron sin haber recibido una oración franciscana profunda, tal como hubiera sido su derecho al entrar en la Orden. Tenemos que hacerles una propuesta cuanto antes.

Retiros y encuentros podrían ser un medio común y fácil, pero también cursos, artículos y hasta folletos de propaganda podrían intentar el acceso al corazón de nuestros hermanos. Una muy buena oportunidad pueden ser los encuentros de Formación Permanente que suelen realizar las Provincias.

Aún haría falta un “acompañamiento permanente”, la asistencia de cohermanos y locales aptos para ayudar a los hermanos más veteranos a redescubrir el camino franciscano de la oración contemplativa a partir de la riqueza de sus experiencia personales.

Llegamos al final de este Encuentro con la Oración Contemplativa Franciscana. Los temas fueron propuestos para provocar una amplia reflexión, pero no tengo ninguna pretensión de ser exhaustivo. En otras publicaciones ya traté de abordar aspectos más o menos fundamentales de la Contemplación Franciscana, y pretendo continuar, con la gracia de Dios y la ayuda de San Francisco y de todos los Hermanos y Hermanas que tuvieren esa buena voluntad.

Nova Veneza, setiembre 1989

Hermano José Carlos Correa Pedroso