¿De qué se trata?
El documento
llamado de "Evangelio de Judas" ha sido dado conocer a la
prensa mundial por la organización Nacional Geographic Society.
Se trata de un papiro de 26 (otros dicen 31) páginas (13 planchas de papiro)
encontrado en una tumba en Egipto en 1978 y que ha rodado desde entonces por
los círculos de anticuarios, pero cuyo contenido y edad se desconocían.
National Geographic ha anunciado su intención de publicar una traducción en
varios idiomas del texto. Hechos los análisis de carbono 14,
la tinta, el estilo de escritura y el contenido han concluido que se trata de
un texto escrito alrededor del año 300.
¿Desde cuándo se conoce el
texto?
Aunque el
manuscrito todavía debe ser autentificado, probablemente es un texto del IV o
V siglo, una copia de un documento anterior, redactado por la secta gnóstica
de los Cainitas.
Puede ser una
copia del «Evangelio de Judas» citado por san Ireneo de Lyón
en su obra «Contra las herejías», escrita en torno al año 185.
Cronología
del texto:
1970:
Un antiguo papiro o manuscrito, conteniendo el Evangelio de Judas, es
encontrado por locales cerca de El Minya, Egipto.
1978:
El códice es vendido a un anticuario egipcio de
El Cairo.
Mayo 1983:
El anticuario egipcio ofrece en venta el códice a un grupo de expertos en
Ginebra, Suiza. El precio es demasiado alto.
Feb/Mar
84: El anticuario egipcio pone el códice en
venta en Nueva York, sin resultado; pone el códice en la caja de seguridad de
un banco en Hicksville, N.Y., donde permanece por 16 años
Abril
2000: Frieda Nussberger-Tchacos, anticuaria de
Zürich, Suiza, compra el códice.
Abril
2000: La Biblioteca Beinecke Rare Book and
Manuscript de la Universidad de Yale verifica el códice que contiene el
Evangelio de Judas, pero decide no comprarlo.
Sept.
2000: Tchacos inicia el proceso de venta del
códice a Bruce Ferrini, un anticuario de Akron, Ohio.
Feb. 2001:
La venta no se concreta. Tchacos recupera el códice y lo transfiere a la
Maecenas Foundation for Ancient Art , Basilea, Suiza.
Julio
2001: El presidente de la Maecenas Foundation ,
Mario Roberty pide al experto en Copto: Rodolphe
Kasser que lidere la transcripción y traducción del códice del Copto;
mientras que la conservadora Florence Darbre es la
responsable de las tareas de preservación del códice.
Ago. 2004:
El Gobierno Egipcio acepta la donación del
códice al Museo Copto de El Cairo. El códice retornará a Egipto una vez que
haya sido exhibido al público.
Ene. 2005:
El análisis de radiocarbono del papiro y el
cuero del códice realizado por la Universidad de Arizona, señalan que el
documento data de entre el año 220 y 340 después de Cristo.
Ene. 2006
El análisis de la tinta realizado por McCrone
Associates Inc., Chicago, muestra que la misma, contiene componentes que datan
de los siglos III y IV.
Feb. 2006:
Imágenes Multiespectrales (MSI) un proceso
utilizado para determinar la naturaleza y modificaciones de textos antiguos,
conducido en Suiza por Gene A. Ware del Papyrological Imaging Lab de Brigham
Young University, descubre que el papiro sobre el cual el códice fue escrito
es similar por su forma a otros papiros antiguos analizados con esta
tecnología. Ware concluye que las características del códice obtenidas a
través del MSI son consistentes y responden a un documento egipcio de origen
remoto, auténtico.
Feb. 2006:
Media página faltante del Evangelio aparece en la ciudad de Nueva York. Es
fotografiada, transcripta y traducida.
Abril
2006: Las páginas del Códice son develadas
públicamente por primera vez en la sede central de la National Geographic
Society en Washington, D.C.
¿Qué dice el texto?
El documento
presenta a Judas Iscariote de manera positiva y le describe obedeciendo a la
orden divina de entregar a Jesús a las autoridades para la salvación del
mundo. En él se pinta a Judas como "el único discípulo que conoce la
identidad verdadera de Jesús". Veamos algunos de los textos, traducidos
del inglés, donde se ven claramente las ideas gnósticas fundamentales.
Introducción: El comienzo
La secreta
historia de la revelación que Jesús hizo en conversación con Judas Iscariote
durante una semana tres días antes de que celebrara la Pascua.
El ministerio terrenal de Jesús
Cuando Jesús
apareció en la tierra, el hizo milagros y grandes maravillas para la salvación
de la humanidad. Y entre que algunos (caminaron) en el camino de la rectitud y
otros caminaron en sus transgresiones, los 12 discípulos fueron llamados. Él
comenzó a hablarles sobre los misterios más allá del mundo y lo que sucedería
al fin. A menudo no se le aparecía a sus discípulos como él mismo, sino como
un niño
El enojo de los discípulos
"Un día el
estaba con sus discípulos en Judea, y los encontró congregados y en piadosa
observancia. Cuando se acercó a ellos y los vio dando las gracias por el pan,
se rió. Los discípulos le dijeron "Maestro, ¿por qué te estás riendo de
nuestra oración de gracias? Estamos haciendo lo correcto" El les respondió "no
me estoy riendo de ustedes. (ustedes) no están haciendo esto por su propia
voluntad sino porque es a través de esto que su dios será alabado" Ellos
dijeron "Maestro, tú eres el hijo de nuestro de dios". Jesús les respondió
"¿cómo me conoces? Ciertamente les digo, ninguna generación de la gente que
está en medio de ustedes me conocerá".
Cuando los
discípulos escucharon esto, comenzaron a enojarse y enfurecerse y a blasfemar
en contra suya en sus corazones. Cuando Jesús se dio cuenta de su falta de
(entendimiento, les dijo) "¿Por qué esta agitación los conduce al odio?
Vuestro dios que está dentro suyo y (...) ha provocado al odio en sus almas.
Dejen que cualquiera de ustedes que sea lo suficientemente fuerte entre los
humanos manifieste al hombre perfecto y se pare frente a mi cara".
Ellos dijeron
"Tenemos la fuerza". Pero sus espíritus no se atrevieron a pararse colocarse
frente a él, excepto Judas Iscariote. El se puso delante de Jesús, pero no
pudo mirarlo a los ojos, y dio vuelta su cara.
Le dijo "yo sé
quién eres y de donde vienes. Tu vienes del reino inmortal de Barbelo. Y yo no
soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado" Sabiendo que Jesús
estaba reflexionando sobre algo que lo tenía exaltado, Jesús le dijo "aléjate
de los otros y yo te diré los misterios del reino. Es posible para ti
alcanzarlo, pero deberás asumir un gran trato".
Judas pregunta a Jesús sobre la
humanidad
Judas le dijo
"Rabbi, ¿qué clase de fruto producirá esta generación?". Jesús le respondió
"Las almas de toda la generación humana morirá. Cuando esta gente, de
cualquier manera, completen el tiempo del reino y sus espíritus los dejen, sus
cuerpos morirán, pero sus almas vivirán y serán tomadas" Judas señaló "¿Y qué
harán el resto de las generaciones?. "Es imposible () sembrar semilla en la
(roca) y cosechar su fruto".
El sueño de Judas
Judas le dijo
"en la visión me vi a mi mismo con los discípulos apedreándome y
persiguiéndome severamente. Y además fui a un lugar donde (...) detrás tuyo y
vi (una casa...) y mis ojos no podían (abarcar) su tamaño. Mucha gente estaba
rodeándola y la casa tenía un techo de arbustos y en medio de la casa había
una multitud -dos líneas perdidas- diciendo "Maestro, llévame junto a esta
gente".
Jesús le
respondió diciendo "Judas, tu estrella te ha llevado al error. Ningún mortal
es digno de entrar a la casa que viste, a ese lugar reservado para los
benditos. Ni el sol ni la luna gobernarán allí, ni el día, excepto los
benditos morarán ahí siempre, en eterno dominio con los ángeles. Mira, te he
explicado los misterios del reino y te he instruido en el error de las
estrellas; (...) y (...) enviarlo (…) en las 12 eternidades".
Judas pregunta por su destino
"Ven, yo (dos
líneas perdidas), pero te acongojarás mucho cuando veas al reino y toda su
generación". Cuando escuchó esto, Judas le dijo "¿qué beneficio es el que he
recibido? Por haberme apartado de esta generación. Jesús le contestó "te
convertirás en el decimotercero y serás maldito por las demás generaciones -y
tú gobernarás sobre ellos. En los últimos días ellos maldecirán tu asenso a la
(generación) bendita".
Jesús habla de la traición de
Judas
"Por ti se
sacrificará el hombre que me reviste. Ya tu cuerno se ha alzado, tu cólera se
ha encendido, tu estrella ha brillado y tu corazón (...) En verdad (...) tu
último (...) convertirse (-dos líneas y media perdidas-) apesadumbrado (-dos
líneas y media perdidas-) el gobernante, desde que será destruido. Y entonces
la imagen de la gran generación de Adán será alabada, desde antes al cielo,
tierra y los angeles, esta generación que es de los reinos eternos, existe.
Mira, lo has contado todo. Eleva tus ojos y mira a la nube y la luz en ella y
las estrellas rodeándola. La estrella que guía el camino es la tuya". Judas
levantó sus ojos y vio la nube luminosa y entró en ella. Los que estaban en el
suelo escucharon una voz desde la nube, diciendo (...) gran generación (...)
... imagen.
¿A quiénes pertenece este texto?
El texto se
encuadra en la tradición de los cristianos gnósticos, que enfatizaban la
importancia del conocimiento: gnosis, en griego. Los
gnósticos eran eclécticos: tomaban elementos del judaísmo, del cristianismo,
de la religión de Irán, de la filosofía griega, y amasaban una doctrina para
liberar al ser humano de todas las angustias de esta vida. «Serás mejor
que todos los demás», le dijo Jesús a Judas en referencia a sus
discípulos, «porque sacrificarás el cuerpo de hombre del que estoy
revestido». Este concepto es propio de los cainitas, una de las sectas
gnósticas de los primeros siglos del cristianismo. Judas, al entregar a Jesús
a la muerte, facilita su salida del cuerpo y la liberación de la divinidad que
llevaba dentro. Quién lo escribió es otro misterio ya que en ningún lugar se
dice que fuera Judas.
Una de las mayores
diferencias entre las creencias gnósticas y el cristianismo se refiere a los
orígenes del mal en el universo. Los cristianos creen que un Dios bueno creó
un mundo bueno, y que por el abuso del libre albedrío, el pecado y la
corrupción entraron en el mundo y produjeron desorden y sufrimiento. Los
gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de
un modo desordenado. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras
del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú, el
hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato
de lentejas. Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que
Dios quiere el mal del mundo.
Es necesario hacer
una advertencia. Ya decía Ireneo que el “Evangelio de Judas” era herético, y
que había causado divisiones en la iglesia de aquellos primeros siglos de
nuestra era. Ireneo sostenía que el “Evangelio de Judas” era una “historia
ficticia” que la secta de los cainitas (seguidores de Caín)
había escrito “en el estilo de los evangelios”. Los cainitas (según Ireneo)
creían que Judas tenía conocimientos secretos, y que la meta de Judas era
“causar confusión en los cielos y en la tierra”.
¿Ya antes se ha hablado de Judas
redimido y no traidor?
No es la primera
vez que se ha lanzado la hipótesis de que Judas actuó por indicación de su
maestro al venderlo con un beso, como refleja la película "La última
tentación de Cristo". Sin embargo, se trata del primer documento
antiguo que defiende esta visión.
Debemos también
recordar la ópera rock de 1973, «Jesucristo Superstar», en la
que Judas canta «Realmente no he venido aquí por mi propia voluntad», o la
novela de Taylor Caldwell, de 1977, «Yo, Judas».
El enorme éxito económico de «El Código da Vinci» ha abierto sin duda la caja
de Pandora y ha dado incentivos monetarios a teorías de este tipo.
Michael Baigent, autor de «Sangre Santa, Santo Grial»,
ahora ha escrito el libro «The Jesus Papers» (Los documentos
de Jesús) en el que recicla la vieja historia de que Jesús sobrevivió a la
crucifixión. Existe también la novela escrita por Simon Mawer
en el 2001, que también lleva por título
“Evangelio de Judas”.
Y un nuevo estudio
llamado de «científico» recién publicado afirma que las condiciones
meteorológicas podrían haber hecho que Jesús caminara sobre un pedazo de hielo
flotante en el Mar de Galilea, cuando el Evangelio dice que caminaba sobre el
agua. Básicamente, para quienes rechazan tajantemente la posibilidad de los
milagros, cualquier teoría, por extraña que pueda ser, es mejor que las
afirmaciones cristianas.
¿Qué valor tienen estos
escritos?
El Padre Donald
Senior, presidente de la Unión Católica de Teología de EEUU, dijo que este
texto no se ancla en ninguna tradición histórica. A su juicio, usa los
personajes de los libros canónicos, pero «es una expresión de una teología
específica», la gnóstica, en su concepción del cuerpo humano y la creación,
que son muy diferentes a la de los Evangelios aceptados por la Iglesia
Católica.
Los evangelios
gnósticos, hay muchos más, no son documentos cristianos en sí, ya que proceden
de una secta sincretista que incorporó elementos de
diferentes religiones, incluyendo el cristianismo. Desde el momento de su
aparición, la comunidad cristiana rechazó estos documentos por su
incompatibilidad con la fe cristiana. El «Evangelio de Judas» sería un
documento de este tipo, que tendría gran valor histórico, ya
que contribuye a nuestro conocimiento del movimiento gnóstico (siglo II-III),
pero no supone ningún desafío para el cristianismo y poco puede aportar a los
conocimientos sobre la vida de Jesucristo y de la comunidad apostólica.
Por otro lado este
documento no pude ser obra de Judas Iscariote por la sencilla razón de que
Judas se ahorcó el mismo día cuando fue crucificado Cristo. Así que no puede
haber ningún «Evangelio de Judas», y el texto, lo más probable, fue creado por
alguno de los miembros de las sectas gnósticas. En aquella época, en
particular en Egipto, hubo numerosas corrientes ocultistas seudocristianas,
algunas de las cuales adoraban a los personajes bíblicos más detestados, como
las sectas de los cainitas, que rendían culto a Caín, el primer asesino, o los
ofitas, que veneraban a la Serpiente que tentó a Adán y Eva.
Comentarios en la Catena Aurea
Mc 14,17-21
Puesto ya el
sol, fue Jesús allá con los doce. Y estando a la mesa, y comiendo, dijo Jesús:
"En verdad os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me hará traición".
Comenzaron entonces ellos a contristarse y a decirle uno después de otro:
"¿Seré yo acaso, Señor?" El les respondió: "Es uno de los doce, uno que mete
conmigo la mano o moja en un mismo plato. Verdad es que el Hijo del hombre se
va o camina a su fin, como está escrito de El; pero ¡ay de aquel hombre por
quien el Hijo del hombre será entregado a la muerte! Mejor sería para el tal
hombre el no haber nacido".
Beda, in Marcum 4, 43.
El Señor, que
había predicho su pasión, predice también al traidor, dándole así ocasión de
arrepentirse porque haciéndolo ver que conocía sus pensamientos, debía
arrepentirse de ellos. "Puesto ya el sol, fue Jesús allá con los doce. Y
estando sentado a la mesa, y comiendo, dijo Jesús: En verdad os digo que uno
de vosotros, que come conmigo, me hará traición", etc.
San Crisóstomo, in serm. de Pass.
En donde se ve que
no le denunciaba abiertamente delante de todos, para no hacer mayor su
imprudencia. Ni tampoco quiso guardar silencio sobre el hecho, para que no
fuese atrevidamente a la traición, suponiendo que no era conocida.
Teofilacto.
Pero ¿cómo es que
cenaban sentados, cuando mandaba la ley que comiesen de pie la Pascua? Es
probable que cumpliesen primero con la Pascua legal y que después se sentasen
cuando el Señor empezó a darles su propia Pascua.
Pseudo - Jerónimo.
La víspera del día
indica la del mundo. Cerca de la hora undécima llegan los últimos, que son los
primeros que reciben el denario de la vida (Mt 26,25). Todos los discípulos se
sienten heridos por las palabras de su Señor, así como para que se produzca la
armonía, responden a una todas las cuerdas de una lira bien templada.
"Comenzaron entonces ellos a entristecerse y a decirlo uno después de otro:
¿Seré yo acaso, Señor?" Uno solo, remiso y ebrio por la codicia de dinero,
dijo: "¿Acaso soy yo, Maestro?" como se lee en San Mateo.
Teofilacto.
Empezaron los
otros discípulos a entristecerse por las palabras del Señor, porque, aunque no
se sintieran capaces de tal crimen, le creen más, sin embargo, al que conoce
los corazones de todos, que a sí mismos. "El les respondió: Es uno de los
doce, uno que mete conmigo la mano en el plato".
Beda, in Marcum 4, 43.
Es Judas, el cual,
cuando consternados los otros retiran sus manos, mete la suya en el plato con
su Maestro. Y como antes había dicho: "Uno de vosotros me hará traición", y el
traidor persevera en su malicia, reprocha así el crimen con la mayor claridad
y sin embargo, no nombra al criminal.
Pseudo - Jerónimo.
Dice: "Uno de los
doce", como separándole de los otros: así es como queda separada la oveja, que
es presa del lobo, porque la que se separa del redil se entrega ella misma a
su voracidad. Y Judas, a quien ni la primera ni la segunda advertencia han
retraído de su traición, oye la pena que se le predice para que le refrene la
perspectiva del suplicio, ya que no le ha refrenado la vergüenza. Es lo que
dicen las siguientes palabras: "Verdad es que el Hijo del hombre se va, como
está escrito de El".
Teofilacto.
La frase se va
muestra que la muerte de Cristo fue voluntaria, y no forzosa.
Pseudo - Jerónimo.
Pero, porque
muchos como Judas hacen el bien, sin que de ningún modo les aproveche, añade:
"Pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!"
Beda, in Marcum 4, 43.
Todavía hoy
resuena, y resonará para siempre ese ¡ay! por aquel hombre que se acerca
maligno a la mesa del Señor. Porque, a imitación de Judas, entrega al Hijo del
hombre, no a los pecadores judíos, sino a sus propios miembros pecadores.
"Mejor sería para el tal hombre el no haber nacido".
Pseudo - Jerónimo.
Esto es, se
hubiera quedado en lo más profundo del seno materno, porque es mejor no ser,
que ser para los tormentos.
Teofilacto.
Considerado el
fin, pues Dios le creó para el bien, era mejor que existiese si no hubiera
sido traidor; pero después que cayó en tanta malicia, le hubiera valido más no
haber nacido.
La traición de Judas
Llegó el último
día de la Pascua, o sea el miércoles. Los fariseos y sumos sacerdotes
entendían que el tiempo apremiaba. Urgía decidirse y obrar. Pese a las
repetidas deliberaciones celebradas en días precedentes, no se había hecho
nada, porque Jesús estaba protegido por el favor popular y, en consecuencia,
se le permitía andar impunemente por Jerusalem y hasta predicar en el Templo.
¿No había, pues, manera de hacerle desaparecer de modo oculto, sin que el
pueblo lo advirtiera? No se podía perder más tiempo; la cuestión debía quedar
resuelta en definitiva antes de la Pascua, para evitar consecuencias que
podían ser gravísimas. Las fiestas en general, y sobre todo la Pascua, eran
consideradas por el procurador romano —a causa de la enorme influencia de
multitudes excitadas— como períodos de verdadera convulsión sísmica. De modo
que era entonces más preciso que nunca redoblar la vigilancia para impedir que
una nonada lo derrumbase todo. Por eso en tales ocasiones —según refiere
Flavio Josefa en Guerr. Jud., II, 224— la cohorte romana de
guarnición en Jerusalem se alineaba a lo largo del pórtico del Templo: en
las fiestas ellos hacen siempre guardia armados, para que la muchedumbre
reunida no produzca sediciones. ¿Qué no podía suceder, pues, con aquel
Rabí galileo errando por la ciudad y por el Templo, rodeado de grupos de
entusiastas que le creían el Mesías? Al primer tumulto que acaeciese, el
cabalero romano Poncio Pilatos lanzaría sus soldados sobre la multitud de
peregrinos, comenzando a destruir de verdad el lugar santo y la nación, como
se había temido. No: era absolutamente preciso conjurar aquel peligro y hacer
que todo marchase normalmente durante la Pascua. Pero, ¿cómo?
Aquel miércoles
celebróse nuevo consejo para discutir tal cuestión. Entonces se reunieron
los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en el palacio del sumo
sacerdote llamado Caifás y deliberaron prender a Jesús con engaño y matar(le).
Empero decían: «En la fiesta no, para que no ocurra tumulto en el pueblo»
(Mateo, 26, 3-5). Estaban, pues, de acuerdo todos los reunidos en que debía
suprimirse a Jesús. Pero algunos más cautos hicieron notar el peligro de
ejecutar el prendimiento durante la fiesta pascual, cuando muchos peregrinos,
o galileos o favorables a Jesús, podían levantarse para protegerle. Por otra
parte, tampoco era oportuno aplazar hasta después de la fiesta o acordado,
porque en ese tiempo Jesús podía alejarse con los peregrinos que regresaban a
sus hogares y eludir la captura, como había hecho después de la resurrección
de Lázaro. Urgía, pues, obrar con rapidez, en secreto y antes de la Pascua. La
observación de los cautos consejeros tendía a conseguir este sigilo y
prontitud.
La ayuda vino de
donde menos se esperaba. Entonces uno de los doce, el llamado Judas
Iscariotes, yendo a los sumos sacerdotes, dijo: «¿Qué me queréis dar y yo os
lo entregaré?» Y aquéllos estipularon treinta (monedas) de plata. Y desde
entonces (Judas) buscaba una oportunidad para entregarlo. Esta es la
información de Mateo (26, 14-16), con la que concuerdan los otros dos
Sinópticos, quienes no mencionan la suma acordada, aunque añaden la
comprensible noticia de que los sumos sacerdotes se alegraron de la propuesta
de Judas. En efecto, con aquel colaborador, la empresa de prender a Jesús
secreta y prontamente resultaba empresa fácil.
Pero, ¿qué motivo
tuvo Judas para la traición?
La catequesis
primitiva no nos da otra razón sino el amor de aquel hombre al dinero. Cuando
los evangelistas presentan a Judas como ladrón y administrador fraudulento de
la bolsa común, preparan en realidad la escena de Judas dirigiéndose a los
sumos sacerdotes y preguntando: ¿Qué me queréis dar…? Pero, incluso
fuera del evangelio, cuando Pedro habla del traidor suicida, no alude a otro
provecho de la traición que a la compra de un campo con el fruto de la
iniquidad (Hechos, 1, 16-19). La razón del lucro es, pues,
segura, mas junto con ella puede haber otras de las que la primitiva
catequesis no se ocupó. El campo está abierto a conjeturas razonables.
Incluso
prescindiendo de los vuelos fantásticos realizados en torno a este tema tan
trágico por dramaturgos e historiadores de inspiración novelesca, queda
siempre el hecho de la inesperada actitud asumida por Judas sólo dos días
después: en vista de que Jesús había sido condenado, el traidor se arrepiente
de improviso de haber vendido la sangre de aquel justo y, devolviendo el
precio a los sumos sacerdotes, se ahorca. Esta no es la actitud de un simple
avaro, de un avaro típico sin otro amor que el dinero, pues éste habría
quedado satisfecho con el lucro obtenido, fuese la que fuera la sucesiva
suerte de Jesús, y no hubiese pensado en devolver el dinero ni en ahorcarse.
Judas fue ciertamente codicioso y avaro, pero, además, era alguna otra cosa.
Existían en él, al menos dos amores: uno el del oro, que le impulsó a
traicionar a Jesús, mas junto a este amor había otro, acaso más fuerte,
porque, ya cumplida la traición, prevaleció sobre el amor del oro,
impeliéndole a restituir la ganancia, a renegar de toda la traición, a dolerse
por la víctima y a matarse de desesperación al fin. ¿Cuál era el objeto de
este amor en conflicto con el amor al oro?
Por mucho que
reflexionemos, no le hallamos otro objeto posible sino Jesús. Si Judas no
hubiese sentido por Jesús un amor tan grande que quizá prevalecía al
experimentado hacia el oro, no habría restituido el dinero ni renegado de su
traición. Ahora bien: si amaba a Jesús, ¿por qué le traicionó? Sin duda porque
su amor era grande, pero no indiscutible, no el amor generoso, luminoso y
confiado de un Pedro o de un Juan, sino que contenía en su llama un algo de
fumoso y oscuro. En qué consistiera este elemento oscuro, lo desconocemos y
probablemente será siempre para nosotros el misterio de la suma iniquidad.
¿Acaso se informó
Judas de que le había denunciado a Jesús como defraudador del fondo común no
pudo tolerar el temor de perder la estima del Maestro? Pero también Pedro,
como negador de Jesús, había de considerar la pérdida la estima del Maestro, y
no por ello desesperará, en su hora.
¿Acaso Judas,
oyendo las rectificaciones mesiánicas de Jesús, comprendiera más sagazmente
que los otros apóstoles que el reino del Maestro no aportaría ni gloria ni
potencia mundanas a los futuros cortesanos y quisiera en aquella prevista
quiebra proveer, como avaro que era, a sus propios intereses? La hipótesis,
muy posible, no explica por sí sola que Judas, después de apartarse de Jesús
con su traición, se sintiera tan ligado a él que se arrepintiese y se
suicidase.
¿Tal vez, uniendo
el amor al lucro, al ansia de ver pronto a Jesús a la cabeza de su reino,
mesiánico-político, le traicionó Judas con la seguridad de verle cumplir
portento tras portento ante sus adversarios, obligándole así a apresurar el
advenimiento de aquel reino que tanto se hacía esperar? Pero en tal caso el
traidor no habría debido matarse antes de la muerte de Jesús, sino, a lo sumo,
después, ya que no le constaba el momento en que el Mesías podría recurrir a
sus máximos prodigios, tanto más cuanto que precisamente al iniciar su
actividad de traidor Judas asistió en Gethsemaní al hecho extraordinario de
los guardias derribados.
Las hipótesis
podrían multiplicarse fácilmente, sin que por ello se esclareciese con certeza
el misterio de la iniquidad suma.
Tal iniquidad no
consistió sólo en vender a Jesús, sino más, y sobre todo, en desesperar de su
perdón. Judas había visto a Jesús perdonar a usureros y prostitutas; había
oído de su boca las parábolas de la misericordia, comprendida la del hijo
pródigo; habíale oído exhortar a Pedro a perdonar setenta veces siete y, sin
embargo, después de todo esto, desespera del perdón y se ahorca, en tanto que
Pedro, después de negar a Jesús, no desespera, sino que rompe a llorar.
Incluso aquel desesperar del perdón demuestra que Judas tenía altísima estima
por el justo a quien había traicionado —estima que le hacía comprender la
abismal magnitud de su delito—, pero era una estima incompleta y casi
injuriosa, porque ante la responsabilidad de la traición se detenía a mitad de
camino e injuriosamente suponía a Jesús incapaz de perdonar al traidor. Mucho
más que por la traición de Judas, Jesús fue injuriado por el desesperar del
traidor en el perdón. Este fue el sumo ultraje recibido por Jesús y la suma
iniquidad cometida por Judas.
El pago que de la
traición estipularon los sumos sacerdotes fue de treinta (monedas) de
plata. Sólo Mateo comunica esta cifra, porque, en su solicitud en señalar
el cumplimiento de las antiguas profecías mesiánicas en Jesús, ve cumplida así
una profecía de Zacarías. Sin embargo, Mateo, ni aquí ni a continuación dice
el nombre individual de las monedas y habla siempre de treinta argénteos.
No es dudoso que la innominada moneda fuese el siclo, es decir, el estater. No
se trataba, pues, del denarius romano, sino de una moneda de valor
cuatro veces mayor. Por eso, hablando técnicamente, la expresión usual
«treinta dineros —o denarios— de Judas» es falsa, porque el total de
30 siclos valía 120 denarios. En el valor actual, esta suma correspondería a
unas 128 pesetas de oro.
Era norma de la
Ley hebrea (Éxodo, 21, 32) que cuando un buey mataba de una cornada a
un esclavo, el dueño del buey debía pagar en seguida al dueño del esclavo 30
siclos de plata como indemnización del daño sufrido. Así, pues, en la práctica
el valor medio de un esclavo debía computarse en unos 30 siclos. Pudo suceder
que los sumos sacerdotes se inspirasen en aquella norma de la Ley al estipular
el pago a Judas, porque así se obtenía el doble resultado de atenerse a la
letra legal incluso en aquel caso, y de considerar a Jesús como un esclavo
cualquiera.
Lucas, que había
terminado el relato de las tentaciones de Jesús diciendo que el diablo se
alejó de él hasta (que llegara su) tiempo, inicia ahora el relato de la
traición diciendo que entró Satanás en Judas, el llamado Iscariotes,
el cual fue a concertarse con los sumos sacerdotes para perpetuar su delito
(Lucas, 22, 3 y sigs.). Así, para el evangelista discípulo de Pablo, la pasión
de Jesús es el tiempo (oportuno) prealudido, y representa en cierto
modo una renovación de las tentaciones a que Jesús fuera sometido por Satanás
al principio de su vida pública. Al terminar ahora la vida de Jesús, Satanás
le dirige el último y más potente asalto y le somete a la más dura prueba,
superada la cual entrará en la gloria. ¡Oh, estultos y tardos de corazón…!
¿No debía quizá padecer estas cosas el Cristo y así entrar en su gloria?
(Lucas, 24, 25-26).
Tomado de Giuseppe
Ricciotti, Vida de Jesucristo, pp. 596-600.
¿Dónde se pueden encontrar
estos textos?
Usted puede ir a
cualquier librería católica y obtener una copia de los evangelios gnósticos. Los
cristianos no creen que sean verdaderos pero no hay ningún intento de
esconderlos.