La primera lectura de hoy nos habla del rey
Salomón: es hijo de David y vivió en pleno siglo X a. de JC. Aprovechó la
obra realizada por su padre y supo mantener con gran esplendor a su pueblo sin
ninguna guerra. En cambio, creó una red de relaciones internacionales muy
enriquecedoras con los reinos vecinos.
El
relato que hoy hemos leído nos transporta al día de su entronización. Es un
testimonio que nos puede estimular. En aquel primer día de su reinado, supo
pedir el regalo más valioso: "Pídeme lo que quieras", le dice el
Señor. Entonces, consciente de su responsabilidad como gobernante, Salomón
comprende que Israel no es una propiedad particular suya, sino que es el pueblo
de Dios y sabe que tendrá que responder ante Dios sobre su administración. Por
eso le responde: "Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu
pueblo, para discernir el bien del mal".
Salomón
elige la sabiduría. Para él, este es el mejor regalo que puede recibir del
Señor. No le pide riqueza, ni muchos años de vida, ni victorias sobre los
enemigos. Le pide sabiduría. El rey conseguirá la gracia que pide, y muchas
más.
Jesús,
en el evangelio, nos habla de un hombre que encontró un tesoro en un campo.
Sabía que aquello le resolvería los problemas para siempre. El campo era muy
caro. Pero él lo quería. Recogió todo lo que tenía, todas las demás
propiedades, y las vendió. Se quedó sin nada para poder adquirir aquel campo y
hacerse con el tesoro.
En
cierto modo es como Salomón. Lo olvida todo para conseguir la sabiduría. Para
Salomón, la sabiduría es el tesoro escondido.
Nosotros
no somos reyes, ni tenemos día de entronización, pero sí tenemos una vida,
una vida que necesitamos vivir con plenitud. El mundo nos presenta muchos
valores que deslumbran: dinero, fama, poder... Muchos valores también que van
cambiando según las modas. Vemos a las personas que se mueven entusiasmadas,
ahora con esto, ahora con aquello y, a menudo, después, las encontramos
desencantadas, desorientadas, como si volasen sin norte. La vida necesita una
razón que coordine todas nuestras actividades, que las impulse, que las
ilumine. Necesita un tesoro. Pero muchas veces este tesoro está escondido.
-El
tesoro del cristiano. Si no queremos hablar en términos jurídicos, podemos
decir que el cristiano no es cualquier persona que haya sido bautizada.
Cristiana es la persona que ha encontrado el tesoro auténtico, la persona que
ha encontrado a JC. "Tanto ha amado Dios al mundo que le ha dado a su Hijo
único". Aquello que hace que seamos cristianos es habernos encontrado con
JC.
No
se trata solamente de ser seguidores. Se trata ante todo de ser descubridores.
Un descubrimiento que siempre es un don de Dios, aunque normalmente sólo se nos
da después de la oración humilde y confiada, después del servicio generoso a
los hermanos. Pero es un descubrimiento que, de una vez por todas, ilumina todos
los rincones de la existencia y comienza una marcha definitiva, cargada de luz y
de amor. Encontrar a JC es ir a lo más profundo, es poner los cimientos, es
atarte al eje, es soldarte al cigüeñal.
Encontrar
a JC, también es, una vez bien sujeto a Él, dejarte proyectar por Él a una
lucha generosa y solidaria en favor de los demás, de manera que todos los
intereses personales quedan revitalizados. El tesoro es Él y todo aquello que
Él comporta.
Nos
ayuda a desprendernos de todos los demás valores, a ponerlos al servicio de la
causa más importante. Por esto, quien ha encontrado el auténtico tesoro que es
JC no puede dejarse ganar por nadie cuando se trata de hacer un mundo más justo
y más fraternal.
En
la Eucaristía hoy el Padre nos dice como a Salomón: "Pídeme lo que
quieras". Quien encuentra a Jesús se siente libre y experimenta una gran
alegría. Se siente acogido por el Amor y libre para amar, libre para dar vida,
para darse del todo.
"Sabemos
que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien", nos ha dicho san
Pablo.
En
la Eucaristía, hoy, JC se nos da una vez más para ser el motor, la luz, la
alegría, la vida de nuestra vida. Así se va realizando el proyecto de Aquel
que nos predestinó a ser imagen de su Hijo".
SALVADOR
CABRÉ
MISA DOMINICAL 1987/15
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