ORACIÓN
COLECTA
Señor,
tú que te complaces en habitar
en los rectos y sencillos de corazón
concédenos vivir por tu gracia de tal manera
que merezcamos tenerte siempre con nosotros.
¿Quién dudará de la afirmación que representa la primera carta de esta oración colecta? ¿Quién no ha sentido resonar en su corazón cristiano la melodía hermosa y grave a la vez de las Bienaventuranzas, al escuchar estas palabras de nuestra liturgia dominical?
Sí, el hombre que mantiene su vida en vigilante atención para que el ladrón de la soberbia y de la autosuficiencia no le robe su tesoro más precioso, ése, es un verdadero sacramento de nuestro Señor, el cual se hizo pobre para enriquecernos a todos.
La humildad de corazón, labraba no sin esfuerzo por parte de cada uno, y con el auxilio imprescindible de la gracia de Dios, forma los cimientos sobre los que se levanta y se construye el Cristo en nosotros. Los autores espirituales clásicos dedicaron muchísimas páginas a combatir la soberbia y a alimentar el deseo de la sencillez y de la humildad en los cristianos. De éso hace mucho, y seguro que los tiempos nos reclaman una nueva insistencia aquí Recobrarse uno mismo en la humildad es el mejor servicio que podemos hacernos, es abrir la puerta principal al Espíritu, ese Espíritu que huye de lo "sabios" y es amigo de los pobres y sencillos de corazón, de los que aman rectitud y aborrecen la tortuosidad y el engaño sistemático e interesado.
"Excava en ti el cimiento de la humildad, y así llegarás a la altura de caridad", dice san Agustín. Y para que comprendamos más exactamente qué quiere decir, el santo obispo de Hipona afirma al hablar de la humildad: "No se te dice que seas menos de lo que eres; lo que se te dice es que conozcas lo que eres".
He aquí nuestra oración de hoy. Que el Señor nos conceda conocer lo que somos, para que con un corazón sediento de humildad, Dios sea para nosotros la fuente de agua viva donde saciar nuestra sed de caridad.
JAUME
GONZÁLEZ PADRÓS
ORACIÓN DE LAS HORAS
Enero 1992, págs. 19s.
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