PREPARAR
LA VIGILIA PASCUAL
1. PREPARATIVOS Y ENFOQUE DE LA CELEBRACIÓN
1.1. Una noche de espera tensa y vigilante.- Es muy necesario determinar el enfoque que vamos a dar a toda la celebración. De ello depende el uso que haremos de los elementos que la integran: los símbolos, los cantos, las moniciones, la ornamentación, etc. Este enfoque no debe fijarse a capricho o según el estado de ánimo del celebrante. Nos lo impone la estructura misma de la celebración y la tradición de la Iglesia. De acuerdo con esto, hay que decir que en la noche de Pascua la comunidad cristiana se reúne para una larga velada de oración a la espera del Señor Resucitado para salirle al encuentro y celebrar con él el banquete pascual, que es imagen del banquete mesiánico. De aquí se deduce la necesidad imperiosa de respetar el carácter nocturno de la Vigilia -¡no es una misa vespertina!- y el clima de oración vigilante que debe reinar. El Señor llega cuando menos lo pensamos.
1.2. Estructura de la celebración.- La Vigilia Pascual consta de cuatro partes: 1. Lucernario: es una especie de pórtico que sirve de introducción a la Vigilia; 2. Liturgia de la Palabra: es, junto con la Eucaristía, lo que da cuerpo a la celebración y llena el tiempo de la larga espera; 3. Liturgia bautismal: hace referencia a nuestra inmersión en el misterio pascual de Cristo; 4. Eucaristía: representa el momento culminante del encuentro de Cristo Resucitado con los suyos. De estas cuatro partes las más importantes son la segunda y la cuarta. Constituyen el núcleo más arcaico y fundamental de la Vigilia. Requieren, por supuesto, un tratamiento especial.
1.3. Cosas que hay que preparar.- La celebración de hoy es más complicada que las anteriores. Hay que estudiarla y prepararla con esmero. Nada debe dejarse a la improvisación. Hay elementos simbólicos que, debidamente desarrollados, son de una fuerza evocadora extraordinaria. Por el contrario, si se realizan mal, pueden rozar fácilmente el ridículo. De lo ridículo a lo sublime hay sólo un paso. Todo esto nos obliga a preparar con antelación todos los elementos que vamos a utilizar: el fuego, las velas para los fieles, el cirio pascual, el incienso, la fuente bautismal, el agua, las flores, etc. Todos estos elementos, bien utilizados, pueden crear un alto clima de emoción y de vivencia espiritual.
2. LUCERNARIO La Vigilia Pascual comienza con el Lucernario o Liturgia de la Luz. Este conjunto ritual es el que se incorporó más tardíamente a la liturgia de la noche de Pascua. Tiene carácter introductorio y sirve para crear un clima festivo y de expectación. Evidentemente, el Lucernario reviste toda la expresividad que le corresponde cuando la celebración se realiza entrada ya la noche. A veces se ha pretendido enfatizar su importancia subrayando de forma desmesurada el canto del pregón pascual. A mi juicio, en cambio, a esta primera parte hay que darle un tratamiento equilibrado, sin cargar las tintas. Tampoco conviene aventurarse en complicaciones ceremonialistas que no vienen al caso. Es preferible dar a este acto un desarrollo sencillo y simple, no exento de una cierta espontaneidad. Es aconsejable hacer intervenir a la asamblea con breves aclamaciones durante el canto del pregón pascual.
3. LITURGIA DE LA PALABRA
A esta parte, en cambio, hay que darle toda la amplitud que merece. No perdamos de vista que se trata de una velada de oración y de escucha de la Palabra de Dios a la espera del Resucitado. Hay que crear pues un ambiente de silencio y de recogimiento. Una monición adecuada que señale el paso del Lucernario a la Liturgia de la Palabra podría contribuir muy eficazmente a crear este clima que buscamos. Por otra parte, habría que respetar con exquisito cuidado el ritmo alternante de esta segunda parte, combinando armónicamente las lecturas con el canto, la oración y los oportunos momentos de silencio. Téngase además sumo cuidado en la selección de las lecturas y asegúrese una proclamación correcta. Estas -las lecturas- van ofreciéndonos los distintos aspectos del misterio que celebramos. En este sentido téngase presente que las oraciones nos ofrecen una preciosa clave para la interpretación pascual de los textos leídos. El canto del Gloria y, sobre todo, del Aleluya, ha de tener esta noche un talante especial.
4. LITURGIA BAUTISMAL
Tanto si se celebra el Bautismo como si nos limitamos a la renovación de las promesas bautismales con la aspersión del agua lustral, imagen del Bautismo, debemos atribuir a esta tercera parte toda la fuerza que corresponde al encuentro sacramental con Cristo, después de haber escuchado la Palabra de salvación. Una buena monición introductoria debería subrayar, al comienzo de esta tercera parte, la dimensión pascual del Bautismo. Es muy importante que la asamblea de fieles tome conciencia de que, a través de las aguas bautismales, nos hemos incorporado al misterio pascual de Cristo para ser consepultados con él en la fuente y renacer con él a una vida nueva.
5. EL BANQUETE EUCARÍSTICO
Es el momento culminante de toda la celebración. Por eso, los responsables de la misma han de servirse de todos los elementos que tengan a su alcance para dar al conjunto de la celebración el clima progresivo que le corresponde. No conviene, por ello, cargar las tintas desde el principio. La ornamentación e iluminación del altar debe hacerse de modo progresivo. Los fieles deben percibir por los mismos sentidos que el banquete representa el momento álgido. Es entonces, en efecto, cuando la comunidad celebra su encuentro sacramental con el Resucitado. Es entonces cuando el Señor glorioso, después de haber vencido la muerte, se reúne con su Esposa, la iglesia, para celebrar con ella el banquete de bodas.
JOSÉ
MANUEL BERNAL
MISA DOMINICAL 1986, 7
2.
UNA HOMILÍA ESPECIAL. La homilía de esta noche no debe olvidar:
- que esta celebración es la central de todo el año, la que lleva a su cumbre el camino que empezamos con la Cuaresma y la que inaugura la Cincuentena; como nosotros, miles y miles de comunidades cristianas en todo el mundo cantan y celebran la Pascua del Señor;
- que esta Vigilia la celebramos con símbolos muy expresivos: la noche misma y su oscuridad, la luz, el Cirio, el pregón, las flores, el aleluya, los sacramentos del Bautismo -con su símbolo del baño en agua-, y la Eucaristía -la más solemne del año-: en la homilía sería pedagógico aludir a estos símbolos como expresión de lo que para nosotros es el misterio de la Pascua;
- que ha habido más lecturas: normalmente, las siete del A.T. y las dos del N.T., porque es la noche en que la comunidad cristiana "vela", proclamando la Historia de la Salvación desde los orígenes del mundo hasta la nueva creación de Cristo Resucitado; la homilía, con brevedad e incisividad, debe ayudar a que todos se sientan interpelados por el mensaje de novedad, alegría y esperanza que estas lecturas nos traen;
- que esta noche no es el momento para explicaciones exegéticas o para detalles moralizantes, sino que pide una homilía entusiasta, más bien "contemplativa" y proclamadora del Misterio de Vida que celebramos.
EL CAMINO DE LAS LECTURAS
La homilía podría empezar repitiendo la frase central de Marcos: "no os asustéis; ¿buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? no está aquí, ha resucitado".
El domingo pasado y el Viernes Santo escuchamos por dos veces el relato de la Pasión, en Marcos y Juan: ahora se completa aquel anuncio, porque Jesús ha sido liberado de la muerte y lleno por el Espíritu de Dios de la Nueva Vida de Resucitado. Pero antes hemos escuchado un repaso de la Historia de Salvación que Dios ha realizado. Todas las lecturas pertenecen a esa misma Historia:
- Los libros históricos nos han presentado la creación del mundo y del hombre: ahora es el nuevo Adán, el Hombre verdadero, el que centra nuestra atención; la fe de Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo, es una figura de ese Cristo que se entregó a sí mismo para salvar a todos; Dios salvó a su pueblo de la esclavitud: el paso del Mar Rojo nos preparaba para entender la Pascua de Cristo y la liberación que celebramos radicalmente en nuestro bautismo.
- Los profetas, en sus cuatro lecturas, nos han dicho palabras de esperanza y estímulo: os reuniré, os daré un corazón nuevo, os purificaré, seréis mi pueblo, os amaré con misericordia eterna, os llenaré de toda clase de dones...;
- y sobre todo el N.T. (el paso a estas últimas lecturas lo hemos señalado con signos de alegría: flores, música, canto del Gloria y del Aleluya) nos ha anunciado la gran noticia de la Resurrección y su paralelo sacramental en el Bautismo cristiano, por el que nosotros mismos hemos sido sumergidos en la nueva existencia de Cristo. Esta Pascua que hoy celebramos es lo que da sentido a nuestra fe y a nuestra existencia: por eso somos cristianos, por eso seguimos perseverando a pesar de las dificultades: porque Cristo ha inaugurado un nuevo orden de cosas, ha resucitado y vive para y con nosotros. No seguimos a un libro, o a una doctrina, o a un maestro y fundador de otros tiempos, sino a una Persona Viviente, Jesús, el Mesías y Salvador, que ha sido resucitado por la fuerza del Espíritu. "No os asustéis". "No tengáis miedo".
EL PASO A LOS SACRAMENTOS Y A LA CINCUENTENA. La invitación a la alegría y a la esperanza debe también introducir en el sentido especial que esta noche tienen los Sacramentos. El Bautismo es nuestra Pascua inicial: el que nos introduce, por el baño en agua, en el misterio de ese Cristo que atraviesa la muerte y pasa a la Vida. La celebración de bautizos y la renovación de las promesas -con el gesto expresivo y abundante de la aspersión- tiene en esta Vigilia su mejor pedagogía.
Si también hay Confirmaciones, se pone de relieve en la homilía que el mejor don de Cristo Resucitado es su Espíritu: el mismo que a El le levantó de la muerte es el que a cada cristiano y a la comunidad entera quiere llenarles de su vida y de su fuerza. Y la Eucaristía: si cada vez que la celebramos hacemos memorial de la Muerte y Resurrección de Jesús, hoy tiene más sentido que nunca el que demos gracias, invoquemos al Espíritu y comulguemos con el Cristo Viviente.
La homilía debe, finalmente, proyectar esta celebración hacia adelante, con una invitación a vivir con novedad de vida -como resucitados- toda la Cincuentena Pascual. Cristo inaugura, para sí y para nosotros, una vida nueva. En un mundo lleno de noticias tristes, de confusión y desaliento, de crisis y esclavitudes; en medio de una sociedad indiferente ante los verdaderos valores, nosotros hemos escuchado y celebrado la Palabra salvadora y eficaz del Dios que salva. Algo tiene que cambiar en el mundo, en la comunidad cristiana, en cada uno de nosotros, por ser Pascua. Son cincuenta días para que con nuestra palabra y con nuestras vidas demos testimonio del Resucitado.
J.
ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1982, 8
3.
-Hora: "Han de ser reprobados los usos de celebrarla a la hora habitual de las Misas vespertinas". Pero tampoco es preciso exagerar: en muchos lugares de nuestro país, especialmente en medio rural, iniciarla a las 9 ya es empezarla de noche (y este es el criterio: que se celebre en la noche).
-Rito inicial: Una gran hoguera fuera de la Iglesia es sin duda un signo muy expresivo (y que caracteriza la noche pascual). Pero lo más importante de este comienzo de la Misa es la entrada en la Iglesia a oscuras con el cirio pascual. Nótese que lo propuesto en los números 10 y 11 del Misal puede suprimirse. La escenografía de este rito tendrá éxito -será significativa- si antes hay dos o tres personas que saben con precisión lo que deben hacer (tener el fuego preparado, las velas de los asistentes repartidas, saber cuándo deben apagar o encender las luces de la iglesia...) El pregón -nótese: ¡es un pregón!- convendrá hacerlo antes de encender la electricidad.
-Las lecturas: Creemos indispensable una monición del celebrante que recuerde el porqué, el sentido de estas lecturas en la noche pascual: si la Resurrección del Señor es el momento culminante de la intervención de Dios en la historia humana, bueno será rememorar los pasos y el sentido de esta historia (historia de antes en las lecturas, que las oraciones aplican a nuestro hoy). La experiencia enseña que el problema no es tanto cuántas lecturas se hacen sino cómo se hacen. Parece también indispensable una breve monición previa a cada lectura. Incluso en el caso extremo en que todo deba leerlo el mismo sacerdote, lo más importante será no atropellarse, dejar breves espacios de silencio (en este caso, omitir el salmo). Probablemente, también en situaciones extremas de imposibilidad de todo canto, será admisible la música grabada (campanas para el gloria, canto del aleluya).
-La homilía: Convendrá que sea peculiarmente vibrante, anunciadora del hecho que basa la fe y la esperanza y el amor cristiano. ¿Por qué las encuestas hechas en nuestro país dan porcentajes tan bajos de creencia en la resurrección, muy inferiores a los de creencia en la inmortalidad? ¿No será que no predicamos con convicción la Resurrección? Estamos muy lejos de la predicación apostólica -las primeras cartas de Pablo son apasionantes por esto que era anuncio de Resurrección como el hecho que cambia la historia humana e, incluso, la historia de la revelación de Dios.
-Liturgia bautismal: Que el bautismo no es un sacramento para celebrar los nacimientos sino que expresa la inmersión en la vida del Resucitado, como mejor se comunica es bautizando en la Noche de Pascua. Si en nuestro país no suele haber bautismos de adultos, sí convendría mentalizarse que lo habitual sería que en la Vigilia Pascual hubiera algún bautismo de niños (de familias que pueden seguir bien la celebración, aunque los niños pueden estar en lugar aparte antes del bautismo). Para la renovación -que no es una promesa nueva sino reafirmación de la bautismal -utilícese la fórmula que en cada lugar sea más expresiva, "el sacerdote haga la aspersión pasando por toda la iglesia"; convendrá insinuar que esta aspersión -pascual/bautismal- la haremos de nuevo cada domingo de Pascua.
-Liturgia eucarística: "Es el punto culminante de la Vigilia...; hay que tener mucho cuidado para que no se haga con prisa...; todos los ritos y palabras alcancen toda su fuerza expresiva... "Dos concreciones de ello en la misma Carta de la Congregación que debemos tener en cuenta: el máximo de canto en esta parte (y si es imposible, una grabación pascual para la comunión) y "la plenitud del signo eucarístico: el sacramento bajo las especies del pan y del vino". Y si, al terminar, nos encontramos todos para un ágape sencillo pero festivo -incluso en la misma iglesia, si no hay otro lugar-, con lo que quizá la misma gente haya traído antes, iniciaremos bien la gran fiesta de la Pascua que es Pentecostés (=Cincuentena).
MISA DOMINICAL 1992, 6
4. ITINERARIO DE LAS LECTURAS
Los libros históricos nos han presentado la creación del mundo y del hombre. Ahora es el nuevo Adán, el Hombre verdadero, el que centra nuestra atenci6n. La fe de Abrahán, dispuesto a sacrificar a su hijo, es figura del Cristo que se ha entregado por salvar a todos. Dios salvó a su pueblo de la esclavitud: el paso del Mar Rojo nos prepara para entender el paso de Cristo a través de la muerte a la nueva existencia, liberándonos a todos.
Los profetas, en sus cuatro lecturas, nos han dicho palabras de esperanza y estímulo: os reuniré, os daré un corazón nuevo, os purificaré, seréis mi pueblo, os amaré con misericordia eterna, os llenaré de toda clase de bienes...
Y sobre todo el N.T. nos ha anunciado la gran noticia de la Resurrección y su actualización sacramental en el Bautismo, por el que nosotros mismos hemos sido sumergidos en la nueva existencia de Cristo.
-APLICACIÓN
La Pascua que hoy celebramos es lo que da sentido a nuestra fe y a nuestra vida: por eso somos cristianos, a pesar de las dificultades que eso supone en nuestro mundo. Seguimos, no una religión o una doctrina, sino a Cristo vivo, resucitado, presente en medio de nosotros, aunque no le veamos, que actúa por su Espíritu en nuestro mundo.
Ante todo está la aplicación a los sacramentos: el Bautismo, nuestra Pascua inicial, que recordamos con la aspersión y la renovación de aquella gracia y aquel compromiso; si hay Confirmaciones, se pone de relieve el mejor don del Resucitado, su Espíritu; y la Eucaristía, que en esta noche -participada bajo las dos especies- tiene particular sentido de memorial de la Muerte y Resurrección de Cristo.
Pero la homilía debe conducir a aceptar con mayor decisión la vida pascual a la que nos invita esta fiesta y la Cincuentena que inauguramos. Vida pascual es, para Cristo y para nosotros, novedad de vida, libertad interior, alegría y esperanza, energía y dinamismo, entrega por los demás: amor. Pueden ser buenos termómetros de nuestra asimilación del evangelio. En un mundo lleno de noticias tristes, de confusión, cansancio y pereza, la Pascua de Jesús quiere despertar a cada cristiano, a cada comunidad parroquial o religiosa, a una vida renovada, de modo que podamos ser testigos del Cristo Glorioso, construyendo el mundo nuevo que El inauguró. Y esto, empezando por casa propia: cada uno de nosotros, nuestras familias y comunidades.
J.
ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1993, 6
5.
Para programar y celebrar bien la Vigilia Pascual, primero hay que tener presente la asamblea que la celebra y su preparación. Por ser la celebración litúrgica principal del año nada se puede dejar a la improvisación. Más aún, la preparación se ha de ir haciendo desde el comienzo de la Cuaresma, ya que hay que insistir en que la meta del camino cuaresmal es la gran Vigilia.
1. LA ENTRADA DE LA LUZ QUE ES CRISTO
La hora vigiliar ha de ser respetada. De lo contrario no tiene sentido ni el fuego ni encender el cirio ni el simbolismo natural de la Vigilia como paso de la oscuridad a la luz, de la noche al día. La Vigilia Pascual no puede ser confundida con una misa vespertina del sábado.
La procesión, precedida por el cirio encendido, la aclamación a la Luz, participada por el canto de los fieles, el encendido de las luces de la iglesia (hecha mejor gradualmente: primero, después de la tercera aclamación; en segundo lugar, en el Gloria; finalmente y de lleno, en el canto del Aleluya), y la proclamación vibrante del pregón de Pascua son un rito de entrada de gran efectividad.
2. PROCLAMAR Y ESCUCHAR LARGAMENTE LA PALABRA
Es el elemento más sobresaliente de las vigilias cristianas; sobre todo de ésta. Hoy hay el paradigma de la celebración litúrgica de la Palabra. Los cristianos reunidos en asamblea sobre todo para celebrar la Eucaristía, leemos y escuchamos todas las Escrituras que se refieren a Jesús (cf. Lc 24, 27).
No hay que caer en la tentación de suprimir lecturas con la única finalidad de acortar la celebración. Las tres primeras lecturas no se deberían de suprimir nunca; son muy significativas y fáciles de entender. De las proféticas, la más sugerente es la de Ezequiel por la tipología bautismal, todavía más remarcable este año por la referencia al Espíritu Santo: "Os infundiré mi espíritu".
Los cantos, de tanta resonancia pascual, del Gloria y del Aleluya han de quedar subrayados con todas las posibilidades.
La proclamación del evangelio de Lucas ("¿ porqué buscáis entre los muertos al que vive?") y la homilía han de tener un tono de verdadera actualidad kerigmática. El Resucitado vive entre nosotros, vive en nosotros. Él, desde siempre, es el principio y el final de toda la Historia de la Salvación; es él quien nos libera de la muerte y nos hace vivir eternamente.
3. CONSEPULTADOS Y CONRESUCITADOS CON CRISTO
En los primeros tiempos, la Vigilia pascual era la única celebración litúrgica de la Pascua, memorial de la muerte y de la resurrección del Señor. Era también la única celebración del bautismo, sacramento primero de la muerte y de la resurrección de Cristo, como esta noche nos explica san Pablo. En las asambleas parroquiales no tendría que faltar la celebración de este sacramento.
También es muy expresiva la confirmación (de adultos bautizados o de jóvenes en edad catequética) para reafirmar la unidad de toda la iniciación cristiana que culmina en la Eucaristía, según la antigua tradición cristiana, y que en esta Vigilia cobra todo su sentido de incorporación al Cuerpo del Señor.
Tanto si hay bautizos como si no, la renovación del bautismo por parte de la comunidad y la aspersión sobre ella del agua bautismal o bendecida, como lo prevé el misal, tiene un sentido pleno para todos los que han recorrido el camino cuaresmal y hoy se comprometen de nuevo a seguir a Aquél que nos conduce a la vida.
4. LA EUCARISTÍA MÁS VIVA DE TODO EL AÑO
Es la que más vivamente nos acerca al Resucitado: es él quien nos pone la mesa como volveremos a contemplar en los domingos de Pascua. Los que han sido consepultados y conresucitados con el Señor comen con él en la mesa del Reino y se convierten en Cuerpo suyo llenándose de su Espíritu. Así culminan su iniciación cristiana, que se renueva en cada Eucaristía. No se tendría que descuidar este año una alusión al Espíritu Santo: nos invita la poscomunión cuando nos hace rezar: "Derrama, Señor, sobre nosotros tu espíritu de caridad" a los que habéis saciado con el sacramento pascual.
Si el Jueves Santo se da la comunión con el pan y el cáliz, todavía con más motivo se debería de dar en la Vigilia santa.
5. VIVIR UNIDOS, SACIADOS CON EL SACRAMENTO PASCUAL
Los cristianos no quedamos recluidos en la liturgia. Celebramos para saciarnos de la vida pascual de Cristo que hemos de encarnar en el vivir cotidiano, para vivir amando. Es recomendable que la parroquia o la comunidad comience a compartir la mesa gozosa de Pascua, rompiendo el ayuno después de la celebración de la Vigilia. No tendrían que faltar los pobres, los inmigrantes... Vivir unidos, con todo el mundo, como hijos de Dios, es el ideal de la Vida nueva, que mana de la Pascua.
PERE
LLABRÉS
MISA DOMINICAL 1998, 6, 7-8
6. EL PUNTO CULMINANTE DEL AÑO CRISTIANO
Todo en esta noche debe expresar que estamos en la celebración principal del año, la que lleva a la culminación el camino de la Cuaresma, la que inaugura la Cincuentena festiva de Pascua, la que da sentido a nuestra vida cristiana.
Hay que cuidar los aspectos más "mistagógicos" de la noche, o sea, los elementos que nos educan y guían a la profundidad del Misterio que celebramos:
* la hora: la Vigilia debe comenzar ya de noche, aprovechando así el rico simbolismo de la oscuridad que da paso a la luz y a la vida nueva,
* el símbolo del Cirio pascual, que toma su luz del fuego inicial y que luego se transmite a los cirios personales,
* la progresiva iluminación y adorno de la iglesia, que llega a su culminación cuando en las lecturas pasamos del Antiguo al Nuevo Testamento, con el Gloria y el Aleluya que precede al evangelio;
* el ritmo y la gradualidad de la celebración; no conviene subrayar más, por ejemplo, el rito de entrada que lo que sigue, sobre todo la Palabra y la celebración sacramental del Bautismo (o su recuerdo, con una buena aspersión) y la Eucaristía;
* la Eucaristía de esta noche es la más importante del año; no debe aparecer como un apéndice de lo que ha sido "distinto": aunque sea la misma de siempre, hay que destacarla claramente (por ejemplo, con la comunión bajo las dos especies, por mucha gente que haya).
A ser posible, habría que proclamar todas las lecturas. O, al menos, cinco del Antiguo Testamento (las tres primeras y dos de los profetas) y dos del Nuevo. Y dar relieve al evangelio -este año, según san Mateo-: de modo que si, por ejemplo, se ha incensado el Cirio para el pregón, no se deje de incensar el leccionario para el evangelio, que es más importante que el pregón.
- LA HOMILÍA, SIGUIENDO EL CAMINO DE LAS LECTURAS
La homilía siempre es "relativa". Y esta noche debe respetar, más que nunca, lo que han dicho las lecturas, que han sido más abundantes e "intencionadas". La perspectiva es la Historia de la Salvación, leída con ojos "bautismales" y "pascuales". Desde los orígenes del mundo hasta la resurrección de Jesús.
Los libros históricos nos presentan la creación del mundo y del hombre. Ahora es el nuevo Adán, el Hombre por excelencia, el que centra nuestra atención. La fe de Abrahán, dispuesto a sacrificar a su hijo, es figura de Cristo, que se ha entregado por salvar a todos. El paso del Mar Rojo, que liberó al pueblo israelita de la esclavitud, nos prepara para entender el paso de Cristo a la nueva existencia, liberándonos a todos, cual nuevo Moisés.
Los profetas, en sus cuatro lecturas, nos dicen palabras de esperanza y estímulo: os reuniré, os daré un corazón nuevo, os purificaré, seréis mi pueblo, os amaré con misericordia eterna, os llenaré de toda clase de bienes...
Y sobre todo el Nuevo Testamento nos anuncia la gran noticia de la resurrección y su actualización sacramental en el Bautismo, con las consecuencias que eso tiene para nuestra vida de resucitados, siguiendo a Cristo en su nueva existencia.
- APLICACIÓN A NUESTRA VIDA
Esta noche la homilía debe ser breve, incisiva, "contemplativa", proclamando la gran noticia de la Vida de Cristo y aplicándola a nuestra existencia de cada día. Podríamos empezar con la frase que resuena en el evangelio de Mateo: "No temáis: buscáis a Jesús el crucificado: no está aquí, ha resucitado, como había dicho".
Esta homilía debería contener una alusión a los sacramentos pascuales: el Bautismo, nuestra primera Pascua, que nos incorporó a Cristo, y que recordamos con la renovación de las promesas bautismales y la aspersión; y la Eucaristía, que en esta noche es más que nunca memorial de la muerte y resurrección de Cristo.
Pero la homilía debe conducir también a aceptar con mayor decisión la vida pascual a la que nos invita esta fiesta y la Cincuentena que inauguramos. Vida pascual es, para Cristo y para nosotros, novedad de vida, libertad interior, claridad en nuestra lucha contra el mal y el pecado, alegría y esperanza en nuestra visión de la historia, energía y dinamismo, entrega por los demás...
En un mundo lleno de noticias poco optimistas, los cristianos recibimos en esta noche una inyección de ánimos y de esperanza, y somos invitados a despertar a una vida renovada, de modo que podamos ser testigos del Cristo Glorioso, contribuyendo a la construcción del mundo nuevo que él inauguró. El mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, quiere resucitarnos a cada uno de nosotros y a la comunidad cristiana y a toda la humanidad a una vida nueva, la vida pascual.
J.
ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 1999, 5, 41-42
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