COMENTARIOS AL EVANGELIO

Mc 16, 1-8

 

1.

- "Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro": Las mismas mujeres que estuvieron al pie de la cruz, el primer día de la semana, se dirigen al sepulcro con la intención de embalsamar el cuerpo de Jesús. Es el tercer día después de la crucifixión, y el evangelista, con la referencia a la salida del sol, parece apuntar simbólicamente a la luz de la resurrección. Ninguna descripción del momento de la resurrección, lo contrario de los apócrifos. Pero el uso del pasivo (que no se refleja en la traducción castellana: "estaba corrida") indica la acción de Dios que ha arrinconado el poder de la muerte.

- "Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron": En la derecha, el lugar de los bienaventurados, ven a un ser celestial: ante esta manifestación de lo sagrado, la actitud de las mujeres es asustarse. Sus palabras son el centro de la narración: "No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado?... Ha resucitado". La búsqueda del Jesús terreno, del crucificado, es inútil. Dios ha trastocado su destino: el justo condenado ha hallado que su causa ha sido acogida por Dios. El sepulcro vacío es el signo de esta resurrección, pero no es el fundamento de la fe en el resucitado.

- "Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea": Todo mensaje de revelación de Dios es para el hombre una misión y una promesa. Las mujeres deben llevar el mensaje a los discípulos y a Pedro, precisamente a aquellos que más claramente han fracasado en la exigencia de seguimiento que significaba la Pasión. Tiene la promesa de que verán a Jesús en Galilea, el marco de la actividad terrena de Jesús. Ahora se trata de ver allí al resucitado para comprenderlo totalmente: el crucificado es el resucitado. También indica la comunicación del mensaje pascual fuera de Jerusalén, hacia los gentiles.

J. NASPLEDA
MISA DOMINICAL 1988/08


2.

El Evangelio de la Resurrección, lo mismo en este autor que en los demás evangelistas, está compuesto contraponiendo dos cuadros. A decir verdad, ambos están minuciosamente imbricados el uno en el otro; pero esta mutua imbricación hace que resalte más su significativa contraposición.

El texto de Marcos recuerda, en primer lugar, un conjunto de cosas que son para el evangelista realidades acabadas, completamente "rebasadas".

Así, el texto tiene una alusión al sábado: "Pasado el sábado...". Y seguidamente, pasan al primer término de la escena tres mujeres cuyo origen, preocupaciones y actitudes son típicas de la realidad pasada. Dos de ellas se encontraban al pie de la cruz y fueron testigos de la sepultura: "María Magdalena y María, la madre de José, observaban donde lo ponían. María la Magdalena, María la de Santiago y Salomé"... Estas mujeres guardan en su mente el recuerdo del sepelio de Jesús, cuyo sepulcro quedó cerrado con la enorme piedra; piedra dominadora cuyo poder absoluto no parece que pueda ser controvertido. Y luego se marcharon con un único proyecto: compraron aromas para realizar las tradicionales unciones, en el cuerpo de Jesús, el Nazareno, el Crucificado. El cadáver de Jesús quedó en un lugar seguro y hacia ese lugar, cerrado sin remedio, se orienta su preocupación.

En compañía de estas mujeres, estamos prolongando la tarde siniestra y el momento en que fue sepultado Jesús; estamos en las proximidades del sepulcro: todavía prevalece la realidad antigua.

¿Por qué extrañarse de que estas mujeres preocupadas con la realidad antigua, al manifestárseles el signo de una novedad radicalmente inesperada experimenten los mismos sentimientos que los héroes de tiempos pasados al advertir los signos dados por Dios con sus divinas intervenciones? Están sobrecogidas de estupor, asustadas, temblorosas, fuera de sí; al final desaparecen sin decir nada.

En este relato las mujeres desempeñan un papel comparable al que desempeñaron las "mujeres de Jerusalén", en la Pasión según san Lucas; son ellas los testigos del Judaísmo superado por la novedad evangélica; representan a la humanidad que ignora la profunda renovación a la que Dios la invita en quien acaba de resucitar.

Pero si el cuadro implica, y en gran abundancia, los tonos grises de un final de temporada, también incluye colores frescos y tonos primaverales, signo de una novedad discreta pero eficazmente invasora.

Es significativo el momento en que se desarrolla el incidente: "Pasado el sábado", ese tiempo característico de las realidades judías y por lo tanto antiguas. Se está en "el primer día de la semana"; sucede todo "muy de madrugada"; se termina la noche, tiempo en cuyo seno reinan los poderes nefastos: la enfermedad de la que Jesús ha venido a sanar, y, en una palabra, la muerte, de la que es justamente vencedor. Además está saliendo el sol. Todas estas puntualizaciones no interesan por lo que a la hora exacta se refiere; en un lenguaje simbólico es necesario entender, están afirmando una renovación desde antaño esperada y convertida, de pronto, en realidad.

Otros detalles declaran también esta novedad. La piedra, imagen de la omnipotencia ejercida por la muerte sobre la humanidad, aquella piedra que nadie hubiera podido hacer rodar, se encuentra retirada; corrida a un lado; desde ahora es impotente.

Y Jesús "no está aquí", en el sepulcro; "el lugar donde le pusieron" está vacío. Jesús no pertenece ya a la muerte, ahora incapaz de aherrojar a los hombres con sus ataduras inviolables.

Jesús, el Crucificado, "ha resucitado".

En los últimos versículos de Marcos se verá que, como un eco a la novedad que acaba de producirse, se instaura entre los hombres un comportamiento nuevo. Mientras las mujeres, testigos de un mundo antiguo, no sabían sino silenciar la novedad demasiado nueva cuya verdad vislumbraban de pronto, los discípulos van a hablar: van a "predicar por todas partes". Pues la realidad que ellos han visto interesa a todos los hombres y no solo al reducido grupo de los amigos, testigos de la vida terrena de Jesús y de su muerte en la cruz.

"Ha resucitado" y "va por delante" de sus amigos. Exactamente igual que lo hiciera Jesús cuando, en otra ocasión, marchaba delante de sus discípulos para arrastrarles a Jerusalén, lugar de una muerte segura (10, 32), ahora les arrastra de nuevo, pero a otro lugar, Galilea y para una manifestación distinta.

Probablemente, este sitio no deja de tener relación con aquél otro -siempre Galilea- en que resonó por primera vez el anuncio hecho por Jesús, de la proximidad del Reino de Dios (1, 14). En cuanto a la manifestación, nada dice de ella Marcos. Sin embargo precisa que todo sucederá, y ya está sucediendo, como les "dijo" Jesús.

El evangelista afirma así el señorío de quien, próximo a la muerte, anunció de antemano su resurrección y el reencuentro con sus amigos que le seguirán en ella. Sobre todo, muestra el nexo de una profunda continuidad que une la novedad, aparecida aquella mañana en el que "va delante de los suyos a Galilea", el Resucitado, con el Jesús de Nazaret a quien conocieron bien tanto las mujeres como los discípulos, especialmente Pedro.

Salió el sol. Llegó el final de una semana abolida desde entonces, imagen de la economía antigua, y de una determinada situación del hombre en la existencia, cautivo de la muerte.

Empieza un nuevo día; brilla entonces, esplendorosa, una luz que hasta aquel momento había estado debajo del celemín. Esta luz brilla para todos. Sus allegados, sus amigos, Pedro, que habían vislumbrado algún fulgor, saben identificar esta claridad.

Entienden lo que significa. Están en condiciones de hablar de ella a todos. El reencuentro en Galilea será el punto de partida de esta misión universal.

LOUIS MONLOUBOU
LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE MARCOS
EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981 Pág. 176


3.

La narración está comprendida con sobriedad: la ida de las mujeres al sepulcro, la sorpresa de la piedra removida, la presencia del mensajero celestial que anuncia la resurrección, el encargo que hace a las mujeres de referir todo aquello a los discípulos, la orden a los discípulos de dirigirse a Galilea, la referencia a las palabras del Jesús terreno.

Pero a través de algunas pequeñas indicaciones Marcos nos revela su intención de poner de relieve la "sorpresa" de las mujeres. Puede decirse que las mujeres van pasando de sorpresa en sorpresa y que su reacción es de desorientación, de miedo, y ciertamente de incomprensión.

La primera sorpresa es la de la piedra removida. Por el camino se iban diciendo: "¿Quién nos removerá la piedra del sepulcro? Pero, al mirar, vieron que la piedra había sido corrida, y eso que era muy grande." La sorpresa es innegable; ¡su problema queda superado por el acontecimiento y resulta verdaderamente ridículo! Se trata de unas mujeres llenas de amor a Cristo, que habían pensado en todo, pero no se habían quedado más acá del verdadero significado de Cristo y de su muerte; la resurrección las coge de sorpresa, se han quedado paradas en la hora de la muerte de Jesús.

Una segunda sorpresa: la presencia del mensajero celestial y su anuncio. La presencia del mensajero celestial forma parte del género teofánico. Y aquí se trata precisamente de una teofanía según el modelo de las teofanías bíblicas del Antiguo Testamento. Fiel en ello a la tradición bíblica, Marcos señala que el encuentro con lo divino -cuando lo divino se manifiesta- suscita en el hombre admiración y temor; y parece como si todo acabara aquí. Comenta E. Schweizer: "La expresión vosotras buscáis..." es realmente sorprendente; pone de manifiesto la acción de los hombres, llena de devoto homenaje en sí misma, pero tremendamente insensata frente al acto de Dios.

Con la expresión "él ha resucitado" se pone en el centro el acto de Dios. El milagro que anuncia el ángel es que Dios ha intervenido en la historia cuando desde un punto de vista humano todo estaba ya acabado". Ante esta noticia -se diría que es la alegre noticia tanto tiempo esperada!- la reacción de las mujeres es la misma: asombro, miedo, admiración; nada más.

Ningún signo de alegría: "Frente al acto inaudito de Dios, por parte del hombre, incluso por parte de personas llenas de veneración que amaban a Jesús, y que demuestran cierta valentía, solamente hay una incomprensión total.

En este momento estamos en disposición de comprender el versículo 8, que atrajo ya nuestra atención desde la primera lectura del episodio.

Es la conclusión de un motivo que recorre todo el episodio y más en general todo el evangelio; en efecto, Marcos no ha perdido la ocasión a través de su relato de recordarnos la incomprensión de los discípulos, el secreto mesiánico, el temor y el miedo frente a las manifestaciones de Jesús. Es la reacción normal del hombre no sólo frente al Jesús terreno, sino más aún ante el Jesús resucitado, ante la palabra anunciada a la comunidad.

Se diría que se trata de una incomprensión invencible. Pero no es así; a pesar de todo, frente a la desorientación de las mujeres, está la confianza de Dios que pone en manos de ellas -de ellas precisamente- su promesa y su mensaje: "Ahora id a decir a Pedro y a los otros discípulos que Jesús irá delante de ellos a Galilea; allí lo verán, como él les dijo". -Ha resucitado, no está aquí. La incomprensión del hombre no detiene el plan de Dios. Las palabras del mensajero resuenan como una promesa, están abiertas al futuro. La aventura de Cristo continúa, victoriosa sobre la ceguera de los discípulos.

"Frente a la incomprensión recalcitrante de los hombres sigue en pie la promesa de Jesús de que él irá por delante y actuará él mismo en donde los hombres sean incapaces, de que llamará una vez más a los discípulos para que le sigan a pesar de todas sus defecciones, y de que les saldrá al encuentro de manera que puedan verlo.

Si la conclusión del versículo 8 nos parecía brusca, ahora comprendemos que está en perfecta sintonía con la temática de Marcos. Incluso porque -como hemos indicado- no es la última palabra, sino simplemente la reacción normal ante la promesa de Dios. La promesa de Dios sí que es la última palabra.

Pero lo demás, el verdadero significado del relato no está en todo lo que hemos dicho hasta ahora, o sea, en el contraste entre la revelación de Dios y la ceguera de los hombres. Está más bien en el contraste que nos lleva al corazón mismo de la historia de Jesús: el crucificado ha resucitado. Marcos está convencido -y nos lo dice con las palabras de la fe que él asume de la tradición: "Jesús de Nazaret, el crucificado, ha resucitado"_ de que la resurrección manifiesta el verdadero significado de la pasión, el verdadero significado del "camino" de Jesús. Marcos afirma que el Señor resucitado es el mismo Jesús de Nazaret. La resurrección es la manifestación del verdadero sentido, profundo y misterioso, del camino terreno del salvador, un camino que escondía la salvación, la victoria de Dios, su amor. Entre ambos momentos -el Jesús de Nazaret y el Señor resucitado- no existe ruptura alguna; no existe más que la relación que corre entre lo que está escondido y lo que es manifiesto. Revelación del camino de Jesús, la resurrección es también la revelación de la existencia cristiana: la realidad salvífica está ya presente y operante en el cristiano. Lo que pasa es que el hombre no sabe ver; sus ojos tienen que "abrirse", y sólo Dios puede abrirlos a su misterio de salvación.

BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MARCOS
EDIC. PAULINAS/MADRID 1981.Pág. 215 ss


4.

Marcos recoge el protagonismo de las mujeres en las primeras experiencias pascuales. No pensaban en la resurrección, pero amaban al difunto. No pensaban en la losa, pero amaban al que estaba detrás de ella. No pensaban en los problemas y dificultades que podrían originarse, pero amaban por encima de todo al que un día solucionó todas sus dificultades. Caminan muy de temprano, «al salir el sol», guiadas sólo por su corazón. Habían recabado los aromas. Pasaron la noche del sábado vigilantes. Después, sin decir nada a los discípulos, corren hacia donde su corazón les lleva. Y cuando empiezan a pensar en la piedra, se dan cuenta de que ya no existe tal piedra, que la tumba está vacía, que en aquel huerto todo ha florecido, que allí se aspira un perfume incomparablemente mejor que el que ellas llevan, que hay un sol a la puerta del sepulcro.

Y se estremecieron y se asustaron, «y salieron corriendo, temblando de espanto», y se quedaron mudas, las pobres, «por el miedo que tenían». No era para menos.

Marcos se queda ahí, en esa primera impresión ante el misterio. Después, todo se iría serenando, y el miedo daría paso a la alegría, y sus labios se abrirían para dar el testimonio: que la tumba estaba vacía y que todas las losas de los sepulcros no son nada, ni sirven para nada.

CARITAS
UN AMOR ASI DE GRANDE
CUARESMA Y PASCUA 1991.Pág. 167


5. /Mc/16/01-20

Los cuatro evangelistas siguen un esquema en tres fases al poner a nivel de catequesis el mensaje de la resurrección de Jesucristo: 1) el signo del sepulcro vacío; 2) la aparición a algunos discípulos; 3) el encuentro con el colegio apostólico. Dentro de este esquema, redactan con independencia.

Auténtica de Marcos sólo tenemos la primera fase (vv 1-8). No sabemos si quiso acabar el libro así o si alguna circunstancia hizo que lo dejase incompleto. En la mayor parte de los códices se añadió una conclusión, no siempre la misma. La más divulgada es la que ahora leemos. Alguien (anónimo) de los primeros tiempos la redactó en forma de "resumen". Inspirada por el Espíritu, la Iglesia la aceptó en el canon.

1) El sepulcro, abierto y sin cadáver, sirve de marco y de «signo» a la proclamación inaugural del mensaje: «Jesús ha resucitado». El mismo "Jesús de Nazaret" vuelve a Galilea. Identidad. Continuidad. Esta revelación, como una primicia, se orienta a un encuentro con «los discípulos y Pedro», en Galilea (= 14,28). Pero Marcos deja la narración en suspenso.

2) Apariciones a discípulos en particular. El autor de la «conclusión» canónica comienza con un resumen de tradiciones recogidas por Juan (María Magdalena: 20,1.11-18) y Lucas (los de Emaús: 24,13-35). Acentúa la dificultad que tenían los apóstoles para aceptar el hecho de la resurrección.

3) Del encuentro con el colegio apostólico, el autor hace una teología de la misión: a) v 14: los apóstoles, testimonios directos del resucitado. Da relieve a este tema su obstinación en «no creer» por las experiencias de los demás; b) v 15: la misión es confiada por el "Señor Jesús", con un tono imperativo que otorga el deber (y, por tanto, el derecho) absoluto de los discípulos. Universalidad que, en dimensión de tiempo, incluye la perennidad. El estilo será de proclamación (verbo «kerysso» = pregonar en el nombre y con la autoridad del Señor). Su contenido es el evangelio (el «anuncio gozoso»): palabra-clave de toda la obra, doctrina y vivencia personal de Jesús; c) v 16: la fe (= la aceptación vital del evangelio), sellada con el bautismo, camino y condicionamiento de la salvación escatológica; d) v 17: los signos que iluminan a la comunidad de los creyentes.

Marcos finaliza con un epílogo (vv 19-20), que es un reflejo de los «Hechos de los Apóstoles»: la ascensión del Señor Jesús, glorificado en el cielo y, al mismo tiempo, su presencia eficaz en el ministerio de los discípulos por toda la tierra. El evangelio-misión forja la vida de la Iglesia. Se va haciendo historia salvífica, hasta el retorno de Cristo.

I. GOMA
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas
de la Liturgia de las Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 892 s.


6.

La atención narrativa de Marcos se centra en el dato concreto y en los elementos existenciales. Ciertos detalles prácticos presentan la escena: las mujeres, después de ponerse el sol, es decir, pasado el sábado, compraron aromas para "embalsamar" el cuerpo de Jesús (el equivalente a completar la unción fúnebre). Se ponen en camino, preocupadas (v. 3). Pero la tumba aparece extrañamente abierta, a pesar de las dimensiones de la losa que la sellaba, creando un clima de sorpresa que crece con la presencia inesperada de "un joven" vestido de blanco que aparece allí como esperando a las mujeres dentro del sepulcro... El anuncio que hace a las mujeres asustadas ayuda a identificarlo, porque "el joven" conoce su miedo y les infunde ánimos, como aparece siempre en las manifestaciones sobrenaturales de la Biblia (v 6a). Incluso conoce las intenciones de las tres portadoras de los bálsamos. Finalmente les revela algo quede otro modo sería incomprensible: Jesús Nazareno, el Crucificado, ha resucitado (v 6). Es la foi nia más concisa y primitiva del kérygma. Sigue la prueba de la tumba vacía y el envío con una misiva a los discípulos, entre los cuales sobresale la figura de Pedro: las mujeres, al contar lo acaecido, deberán recordar la cita que les dio Jesús en la última cena (Mc 14,28). Jesús, refiriéndose a la profecía de Zacarías, se presentó entonces como verdadero pastor. Ahora, resucitado de entre los muertos (cf. Heb 13,20), camina delante de su rebaño (Jn 10,4).

El recorrido del evangelio de Marcos se dirige no sólo a testimoniar a Cristo, sino también a "provocar" a los oyentes, a nosotros. Estamos llamados como las mujeres a buscar a Jesús y a dejarnos sorprender por el anuncio de su resurrección, acogiéndolo con fe.