COMENTARIOS AL SALMO 71

 

1.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

* Este salmo, escrito después del exilio, en una época en que ya la dinastía de David no estaba en el trono, se refiere directamente al "rey-Mesías", ¡al reino Mesiánico esperado como "universal' y "eterno"! Sólo Dios puede tener un reino eterno, "que dure tanto como el sol, hasta la consumación de los siglos". En vano un rey cualquiera puede pretender tal cosa. Como en los demás salmos, encontramos en éste, el procedimiento literario llamado de "revestimiento": se trata de un lenguaje florido, que utiliza el "estilo de las cortes reales de oriente", con sus hipérboles gloriosas y su ideología real, para expresar un "misterio", para "revestir" una revelación no sobre un sistema político sino sobre Dios mismo.

SEGUNDA LECTURA: CON JESÚS

** Ningún salmo más apropiado que éste, para celebrar la Epifanía. Es como una profecía que anuncian los "magos": "los reyes de Saba y de Arabia harán sus ofrendas"... Pero más allá de los detalles concretos de este género, este salmo en su totalidad tiene que ver con Jesús, amigo y protector de los pobres, defensor de los desgraciados, vencedor del mal, que hace "lamer el polvo" a nuestros enemigos: ¡el pecado y la muerte! No hay otro rey como El. ¡Sólo aquel reino, el suyo, el reino del amor sin fronteras, es eterno! Y nosotros estamos invitados a hacerlo "llegar": "Adveniat regnum tuum... ¡Que venga tu reino!".

Nos imaginamos a Jesús cantando este salmo con sus compatriotas en la Sinagoga de su pueblo, El, un carpintero ignorado, "pequeño y pobre" El mismo, y sin embargo, perfectamente consciente que su "obra real" se extenderá hasta los ¡"confines de la tierra, y que en El, serán benditas todas las razas de la tierra"!

TERCERA LECTURA: CON NUESTR0 TIEMP0

*** "Esta oración por el rey", esta "oración por el reino de Jesús", hay que rehacerla, darle vida hoy. Nosotros tenemos esta misión. No podemos esperar pasivamente: tenemos que trabajar en ello. Y cada uno de nosotros lo puede, aunque su situación sea muy modesta... Ahora bien, nuestros puestos de "responsabilidad", si los tenemos, debemos revisarlos a partir de este programa, el programa-Jesús:

"Hasta los confines de la tierra... Todos los países, todas las razas..." ¿Tengo el corazón suficientemente abierto? ¿Me encierro en mi pequeño universo aislado y mohoso? El proyecto de Dios es universal. Por la televisión, la radio y demás medios de comunicación, el universo entero está a las puertas. Puedo obrar en Bangla Desh, en Rusia, en Indonesia... mediante la oración, y mis compromisos. las misiones y todas las obras en favor de los pobres del tercer mundo, esperan mí cooperación activa.

"Que aplaste al explotador... Que sus enemigos muerdan el polvo..." ¡Sí, el mal tiene que desaparecer! La explotación del hombre por el hombre tiene que desaparecer. ¿Por qué se acusa sin más de marxistas a quienes utilizan el lenguaje de los salmos y del Evangelio? ¿Cómo podemos marginarnos de las luchas humanas que buscan acabar el mal entre los hombres?

"La justicia... La justicia... La justicia..." La aspiración a la justicia es cosa de todas las épocas (¡ella colma este salmo!). Pero se ha reavivado particularmente en nuestro tiempo. ¡Tanto mejor! ¿Qué hacemos para que ésto sea una realidad? Quedan aún muchos lugares en que la justicia debe reinar: la familia, el trabajo, los grupos, las relaciones internacionales... Ocupar el tiempo trabajando honestamente... Pagar el justo precio... El justo salario... Ser justo con los hijos, los amigos, los colegas... ¿Podré recitar este salmo 71 sin comprometerme en la lucha por la justicia allí donde Dios lo quiere?

"Los desgraciados... Los pobres... El mendigo..." La justicia no consiste solamente en mantener la balanza equilibrada, sino en hacerla inclinar voluntariamente en favor de aquellos que están más expuestos a padecer los golpes de la injusticia. Es más grave perjudicar al débil que al poderoso, porque el poderoso tiene con qué defenderse, no así el "pequeño". El rey-Jesús-Mesías toma partido por los pobres: ¿y nosotros?

"La abundancia... El oro de Saba... El país convertido en un campo de trigo..." Imágenes de fecundidad y de felicidad, imágenes de prosperidad casi milagrosa de la era Mesiánica. Imágenes materiales, símbolos de la felicidad espiritual que Jesús trae aun a aquellos que están desamparados y que desconocerán siempre las riquezas y la saciedad. Esta felicidad Mesiánica esencial, es la "paz", unida dos veces a la "justicia" en esta oración. Señor, danos la "paz", da a todos los hombres la "paz" (Shalom).

Todos responsables. Si somos de temperamento muy democrático, republicano, nos sentiremos quizá molestos por la ideología real que llena este salmo. "Reyes" en el sentido estricto de la palabra, no hay muchos en nuestro tiempo. La "oración" por el "rey" expresada en este salmo puede parecer "pasada de moda" a muchos hombres de hoy, cuyo ideal es la participación al máximo de los grupos, las asociaciones, el pueblo, los sindicatos, en el "poder"... A veces se llega hasta la "autosugestión". ¿Hay que echar este salmo al olvido o al museo de antigüedades? Por qué más bien, no rezarlo "con nuestro tiempo", infundiéndole todo lo que el mundo moderno tiene de bueno cuando desea una mayor difusión de responsabilidades. Si hoy hay menos reyes, hay por otra parte más y más personas responsables en todos los niveles. Entonces, oremos por ellos. En su oración universal de cada domingo, la Iglesia nos invita a hacerlo. Este salmo tomaría una tonalidad muy moderna si supiéramos actualizarlo orando precisamente por aquellos que tienen cargos de responsabilidad. "Que gobiernen con justicia... Que respeten los derechos de los desgraciados... Que cuiden de los débiles y los pobres... Que luchen contra la opresión y la violencia... Que promuevan la prosperidad y la paz" Y no olvidemos que "orar por los responsables" no nos dispensa jamás de participar en su trabajo. En una verdadera democracia el éxito del bien común, la marcha de una empresa, el ambiente de una familia, no dependen solamente de aquellos que tienen el poder: todos tenemos una parte de responsabilidad en el progreso de la justicia.

El rey no es el Rey. Israel nos da una lección válida para todos los tiempos y todos los sistemas políticos: ¡en la Biblia, el rey no es el rey! ¡El Rey es Dios! Bajo la apariencia de un régimen semejante al de sus vecinos, Israel vivió de hecho una experiencia original: ni realeza, ni democracia... sino teocracia, Dios es el Señor. Hay alguien que está "sobre" aquellos que tienen el poder. Ellos no pueden gobernar a su capricho, ni para su provecho personal. Los notables serán juzgados. Cuando se "ora por el rey" en Israel, es en el fondo una manera de recordarle sus deberes: hay un proyecto de Dios sobre las sociedades, al que debemos todos tratar de amoldarnos.

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo I
PAULINAS, 2ª Ed. BOGOTA-COLOMBIA 1988, págs. 144-147


2. JUSTICIA PARA LOS OPRIMIDOS

La oración de Israel por su rey era una oración por la justicia, por el juicio imparcial y por la defensa de los oprimidos. Mi oración por el gobierno de mi país y por los gobiernos de todo el mundo es también una oración por la justicia, la igualdad y la liberación.

«Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes: para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que los montes traigan paz, y los collados justicia. Que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador».

Rezo, y quiero trabajar con toda mi alma, por estructuras justas, por la conciencia social, por el sentir humano entre hombre y hombre y, en consecuencia, entre grupo y grupo, entre clase y clase, entre nación y nación. Pido que la realidad desnuda de la pobreza actual se levante en la conciencia de todo hombre y de toda organización para que los corazones de los hombres y los poderes de las naciones reconozcan su responsabilidad moral y se entreguen a una acción eficaz para llevar el pan a todas las bocas, refugio a todas las familias y dignidad y respeto a toda persona en el mundo de hoy.

Al rezar por los demás, rezo por mí mismo, es decir, despierto y traduzco a mi situación lo que he pedido para los demás en la oración. Yo no soy rey, los destinos de las naciones no dependen de mis labios y no los puedo cambiar con una orden o con una firma. Pero soy hombre, soy miembro de la sociedad, soy célula en el cuerpo de la raza humana, y las vibraciones de mi pensar y de mi sentir recorren los nervios que activan el cuerpo entero para que entienda y actúe y lleve la redención al mundo. Para mí pido y deseo sentir tan al vivo la necesidad de reforma que mis pensamientos y mis palabras y el fuego de mi mirada y el eco de mis pisadas despierte en otros el mismo celo y la misma urgencia para borrar la desigualdad e implantar la justicia. Es tarea de todos, y por eso mismo tarea mía que he de comunicar a los demás con mi propia convicción y entusiasmo, para lograr entre todos lo que todos deseamos.

Israel seguirá rezando por su rey:

«Porque él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres; él rescatará sus vidas de la violencia, su sangre será preciosa a sus ojos».

Y el Señor bendecirá a su rey y a su pueblo:

«Que dure tanto como el sol, como la luna de edad en edad; que baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra; que en sus días florezcan la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confin de la tierra».

Que reine la justicia en la tierra.

CARLOS G. VALLÉS
BUSCO TU ROSTRO
Orar los Salmos

Sal Terrae.Santander, 1989.Pág. 135
 


3.

El salmo 71, marcadamente mesiánico, con la riqueza y la fuerza evocativa de sus imágenes proclama el reino universal de justicia y de prosperidad, de paz y abundancia de liberación y rehabilitación del rey-mesías, el esperado de Israel. De esta filigrana se destaca la figura ideal del descendiente de David, el verdadero ungido de Dios, dibujado con prerrogativas grandiosas; en efecto, él realizará cosas maravillosas y manifestará su gloria, que es la gloria misma de Dios. La lectura litúrgica ve aquí el sentido pleno de la bendición perenne realizada en Jesucristo. El canto de este salmo durante el adviento expresa igualmente la espera de Cristo, rey de paz, ayuda y defensor de los pequeños y de los pobres, de los débiles y de los oprimidos, en contra de toda violencia y de todo abuso.
 


4. Juan Pablo II: Dios es defensor de los oprimidos
Comentario a la primera parte del Salmo 71

ROMA, miércoles, 1 diciembre 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Juan Pablo II en la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar la primera parte del Salmo 71 (1-11), «El poder real del Mesías».
 

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.



1. La Liturgia de las Vísperas, cuyos salmos y cánticos estamos comentando progresivamente, propone en dos etapas uno de los salmos más queridos por la tradición judía y cristiana, el Salmo 71, un canto real que meditaron e interpretaron en clave mesiánica los padres de la Iglesia. Acabamos de escuchar el primer gran movimiento de esta oración solemne (Cf. versículos 1-11). Comienza con una intensa invocación conjunta a Dios para que conceda al soberano ese don que es fundamental para el buen gobierno, la justicia. Ésta se expresa sobre todo en relación con los pobres, que generalmente son sin embargo las víctimas del poder.

Es de notar la particular insistencia con la que el salmista subraya el compromiso moral de regir al pueblo según la justicia y el derecho: «Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud... Que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador» (versículos 1-2.4).

Así como el Señor rige al mundo según la justicia (Cf. Salmo 35, 7), el rey que es su representante visible en la tierra --según la antigua concepción bíblica-- tiene que uniformarse con la acción de su Dios.

2. Si se violan los derechos de los pobres, no se cumple sólo un acto políticamente injusto y moralmente inicuo. Para la Biblia se perpetra también un acto contra Dios, un delito religioso, pues el Señor es el tutor y el defensor de los oprimidos, de las viudas, de los huérfanos (Cf. Salmo 67, 6), es decir, de quienes no tienen protectores humanos.

Es fácil intuir que la figura del rey davídico, con frecuencia decepcionante, fuera sustituida --ya a partir de la caída de la dinastía de Judá (siglo VI a.C.)-- por la fisonomía luminosa y gloriosa del Mesías, según la línea de la esperanza profética expresada por Isaías: «Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra» (11,4). O, según el anuncio de Jeremías, «Mirad que días vienen --dice el Señor-- en que suscitaré a David un germen justo: reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra» (23,5).

3. Después de esta viva y apasionada imploración del don de la justicia, el Salmo amplía el horizonte y contempla el reino mesiánico-real en su desarrollo a través de dos coordinadas, las del tiempo y el espacio. Por un lado, de hecho, se exalta su duración en la historia (Cf. Salmo 71, 5.7). Las imágenes de carácter cósmico son vivas: se menciona el pasar de los días al ritmo del sol y de la luna, así como el de las estaciones con la lluvia y el nacimiento de las flores.

Un reino fecundo y sereno, por tanto, pero siempre caracterizado por esos valores que son fundamentales: la justicia y la paz (Cf. versículo 7). Estos son los gestos de la entrada del Mesías en la historia. En esta perspectiva es iluminador el comentario de los padres de la Iglesia, que ven en ese rey-Mesías el rostro de Cristo, rey eterno y universal.

4. De este modo, san Cirilo de Alejandría en su «Explanatio in Psalmos» observa que el juicio que Dios hace al rey es el mismo del que habla san Pablo: «hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza» (Efesios 1, 10). «En sus días florecerá la justicia y abundará la paz», como diciendo que «en los días de Cristo por medio de la fe surgirá para nosotros la justicia y al orientarnos hacia Dios surgirá la abundancia de la paz». De hecho, nosotros somos precisamente los «humildes» y los «hijos del pobre» a los que socorre y salva este rey: y, si llama ante todo «"humildes" a los santos apóstoles, porque eran pobres de espíritu, a nosotros nos ha salvado en cuanto "hijos del pobre", justificándonos y santificándonos por medio del Espíritu» (PG LXIX, 1180).

5. Por otro lado, el salmista describe también el espacio en el que se enmarca la realeza de justicia y de paz del rey-Mesías (Cf. Salmo 71, 8-11). Aquí aparece una dimensión universal que va desde el Mar Rojo o el Mar Muerto hasta el Mediterráneo, del Éufrates, el gran «río» oriental, hasta los más lejanos confines de la tierra (Cf. versículo 8), evocados con Tarsis y las islas, los territorios occidentales más remotos según la antigua geografía bíblica (Cf. versículo 10). Es una mirada que abarca todo el mapa del mundo entonces conocido, que incluye a árabes y nómadas, soberanos de estados lejanos e incluso los enemigos, en un abrazo universal que es cantado con frecuencia por los salmos (Cf. Salmos 46,10; 86,1-7) y por los profetas (Cf. Isaías 2,1-5; 60,1-22; Malaquías 1,11).

El broche de oro de esta visión podría formularse con las palabras de un profeta, Zacarías, palabras que los Evangelios aplicarán a Cristo: «¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey. Es justo... Suprimirá los cuernos de Efraím y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de combate, y proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra» (Zacarías 9, 9-10; Cf. Mateo 21, 5).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, uno de los colaboradores del Papa leyó esta síntesis de su intervención en castellano:]

Hemos escuchado hoy uno de los llamados salmos reales, en el cual se destaca el compromiso moral del soberano, llamado a gobernar según el derecho y la equidad. Del mismo modo como el Señor rige el mundo con verdad y justicia, (Cf. Salmo 35,7), así el rey, que según la antigua concepción bíblica es su representante visible sobre la tierra, debe inspirarse en la acción de Dios.
Es fácil intuir cómo la tradición haya visto en este Salmo una profecía acerca de la venida de Cristo, el Mesías prometido, indicando en estas palabras las características de su Reino eterno y universal.