65 HOMILÍAS MÁS PARA LA FIESTA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
40-54

40.

Jesús, el niño que inaugura un cambio radical en la vida de los hombres, y que es luz capaz de iluminar a todo hombre.

-Una historia llena de ternura, llena de ingenuidad. Como si san Mateo, el evangelista quisiera hacer comprender a unos niños, o a una gente muy sencilla, cosas muy importantes, y se las explicara de la manera más fácil: con una narración llena de interés. Esta historia de los magos de Oriente está, ciertamente, llena de interés, llena de fascinación. Es muy tierna, muy ingenua nada complicada. Y, al mismo tiempo, está llena también de enseñanzas importantes, trascendentales, sobre quién es Jesús para nosotros, y sobre lo que él viene a hacer a nuestro mundo.

-Imaginémonos la escena con todos sus detalles. ¡Qué sorpresa, en la ciudad de Jerusalén y en la corte de Herodes, debieron provocar aquellos personajes extraños, desconocidos, que llegaban del Oriente! Jerusalén era una ciudad pequeña, alejada de las grandes rutas, muy poco acostumbrada a recibir gente como aquella.. Pero mayor sorpresa todavía debió constituir la pregunta que los magos iban haciendo a todos los que encontraban a su paso: "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?" Ellos explicaban que habían visto salir una estrella vivísima que los había hecho salir de sus tierras y los había conducido hacia aquel minúsculo país. Y allí nadie sabía nada de aquel nacimiento. Claro, no podían saberlo: el Hijo de Dios, el rey de Israel, había nacido en un establo en Belén y ¡se había dado a conocer sólo a un grupo de pastores que vivían desperdigados por la montaña y que no tenían ningún tipo de voz ni reconocimiento social! Pero la sorpresa se convirtió luego en angustia para Herodes y su gente. Angustia y crueldad: ya conocemos suficientemente la historia. Herodes se imaginaba el peligro de un rey que le podría destronar mediante la fuerza de las armas, y en eso se equivocaba. Pero no andaba equivocado en los más importante: aquel recién nacido que él no conocía venía a inaugurar un cambio radical en la vida de los hombres: venía a proponer un estilo de vida en el que el valor y la dignidad de cada hombre fuera lo único que importase, y no el poder de la fuerza, ni el orgullo de la raza, ni ningún otro tipo de dominio.

Por eso, aquel recién nacido se había dado a conocer a los pastores de las montañas y a los magos de Oriente, y por eso el rey y los sabios de Israel habían quedado al margen. ¡Por eso aquel recién nacido constituía realmente un peligro para Herodes, como lo es también para todos los poderosos y discriminadores que pueda haber en el mundo a lo largo de todos los tiempos!

-Pero todavía hay otra cosa más importante que podemos mirar e imaginar en este relato. Se trata de la actitud y los sentimientos que debían tener los magos. Ellos habían visto la estrella, y habían comprendido que encerraba una llamada, una luz que valía infinitamente la pena encontrar, aunque, para ello, hubiera que llegar hasta el fin del mundo.

Y se habían puesto de camino, habían andado un largo camino. Y debieron quedar sorprendidos al ver que en Jerusalén no había ningún estallido de alegría por aquel recién nacido que ellos buscaban. Pero no por eso se desanimaron, y continuaron su búsqueda. Y, en el camino hacia Belén, la estrella se les apareció de nuevo. Y dice el relato que "se llenaron de inmensa alegría". Y la alegría se convierte en profundo agradecimiento, en adoración, en homenaje, en ofrenda de todo lo que ellos podían ofrecer.

Aquel recién nacido en brazos de María es definitivamente, para ellos, la luz capaz de iluminarlo todo, la estrella capaz de guiar todos los caminos. Ellos, los magos, personajes llegados de tierras extranjeras, nos representan a todos nosotros: en ellos, en su alegría, en su agradecimiento, en su adoración, en su ofrenda, nos alegramos inmensamente, y agradecemos, y adoramos, y nos ofrecemos, todos nosotros. Todos: hombres y mujeres, blancos y negros, j6venes y ancianos, gente de ciudad y gente de pueblo, gente de derechas y gente de izquierdas. Todos: los de antes y los de ahora, y los que vendrán. Porque la luz de la estrella es para todos, la luz de la estrella es capaz de iluminarnos a todos (Isaías 60, 1-6). Siempre y cuando no seamos como Herodes y sus sabios.

JOSEP LLIGADAS
MEDITACIONES SOBRE JESUS.
CENTRO DE P. LITURGICA. BARCELONA 1991
Colección "CELEBRAR" 33.Págs. 10-12


41.

EL AMOR NO SE PUEDE DELEGAR EN ÉL
NADIE NOS PUEDE SUPLIR

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. La Historia de la Salvación no pudo escribirse sin una geografía y un tiempo concretos. La salvación no se da al margen del hombre, pues no se trata de un más allá; sino de un más acá, del hoy, del ahora y del aquí de cada cual.

Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?»

Dios, como la salvación o la felicidad, se da a conocer a los hombres capaces de cuestionar los signos de los tiempos. Cuando uno está en disposición de preguntar y preguntarse.

«Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Sólo cuando uno tiene capacidad de silencio y escucha, cuando es capaz de orar, encuentra valentía suficiente como para enfrentarse a sí mismo y a la realidad circundante poniéndose de camino y en búsqueda. Sólo entonces somos capaces de dejar seguridades adquiridas, conseguidas o conquistadas, para abrazar una aventura o camino hacia la felicidad o salvación.

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Esa búsqueda-camino hacia la felicidad-salvación no siempre estará clara; momentos de oscuridad y duda sobrevendrán, momentos de angustia que requerirán fuertes dosis de humildad para reconocer que uno por sí mismo vale bien poca cosa y a poco alcanza.

Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo Israel».

Tendremos que pedir consejo u orientación, necesitaremos el asesoramiento de expertos que nos digan cómo y por dónde, pero nunca nadie nos podrá suplir o sustituir en ese itinerario hacia la felicidad-salvación. Ese viaje es personal e intransferible. Porque toda relación interpersonal, (y la religión lo es), como su nombre indica es un asunto estrictamente personal e intransferible.

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

El error de Herodes fue el delegar, el no darse cuenta de que el viaje hacia la felicidad-salvación nadie lo puede recorrer en tu lugar. No podemos descargar la mochila de nuestras responsabilidades en espaldas ajenas, (ni, incluso, en las del confesor ni en las del director espiritual, o en las del psiquiatra o psicólogo).

Ellos, después de oír al rey, se pusieron de camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarles hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

La felicidad-salvación es para aquellos que son capaces de llevar a cabo su vocación, su llamada y se fían de la providencia aceptando cuanto ocurre como lo mejor para su crecimiento. Lo comprendan o no, entre o no dentro de sus previsiones, el momento actual con toda su complejidad y riqueza e incluso aparente contradicción es el mejor momento para vivir. A pesar de las dudas y oscuridades hay que sacar fuerzas para mantener en pie aquello que en momentos de lucidez se vio con claridad.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa vieron al niño con María su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Poco importan las equivocaciones, los fallos, los desaciertos o las inoportunidades cuando uno anda por la vida con el corazón en la mano. Aquí estos personajes regalan oro al que quería ser pobre, incienso, que se ofrece a los dioses, al que era hombre y mirra, que es un perfume para embalsamar a los muertos, al que se define como la vida de los hombres. Y es que cuando las palabras son pobres para expresar los sentimientos surgen los gestos, los regalos, las acciones. El lenguaje de los hechos es el único discurso válido, sea coherente o no, porque la única teología válida es la de los hechos, la que se traduce en vida. La otra no pasa de ser un flato de la mente, un jardín de entelequias y un pasatiempo de ociosos.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

El que busca la felicidad-salvación en su hoy, dejando atrás el pasado que pasado está con todos sus prejuicios y el futuro que aún está por venir con sus precauciones, cuenta con la oración, con el encuentro consigo mismo y con Dios, para saber discernir lo conveniente y oportuno.

En el Evangelio más que luz encontramos energía para seguir buscando en la oscuridad, en la duda, y en la ignorancia de lo que hay que hacer de cara a un futuro.

BENJAMIN OLTRA COLOMER
SER COMO DIOS MANDA
Una lectura pragmática de San Mateo
EDICEP. VALENCIA-1995. Págs. 16-18


42.

* En la primera lectura encontramos al pueblo de Israel regresando del exilio en Babilonia. El pueblo trae el cansancio de haber vivido bajo el dominio de una nación que buscó por todos los medios, acabar con la cultura, la religión y hasta con la esperanza del pueblo. Babilonia es la experiencia más triste que el pueblo de Israel vivió. Muchos llegaron a preguntarse: ¿dónde está Yahweh?

Pero a pesar de la realidad de tristeza y de opresión que Israel vivió a causa del enemigo, surgió el profeta Isaías que animaba la esperanza del pueblo, anunciando la reconstrucción. Desde su visión profética aseguraba que era posible curar las heridas del pasado y comenzar una nueva historia. Su anuncio era vital para la fe del Pueblo: "Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz... Tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos...". Entonces la reconstrucción sería posible sin distinción alguna de raza, de cultura, de lengua, etc., sin desigualdad.

Eso es lo que Isaías intuyó. Era necesario reconstruir la historia del Pueblo. Pero para eso era indispensable que todos y todas tuvieran cabida, todos formando parte del plan de Dios.

En este texto ya hay ideas universalistas de la acción de Dios en la historia. No es la visión cerrada que tuvo Israel durante mucho tiempo. Era necesario que todos entraran a ser parte activa de la nueva historia que se debía construir, historia en la que todos los pueblos de la tierra jugarían un papel activo.

* La Carta a los Efesios nos trae la idea de la amplitud del amor de Dios, amor universal que trasciende las limitaciones religiosas y culturales. Israel no entendió la misión universal que implicaba su elección. Ahora, el nuevo Israel - la comunidad de Jesús - entiende esta voluntad de Dios, y la quiere llevar a cabo incorporando a todos los pueblos que antes habían sido llamados "gentiles". La nueva comunidad descubre lo que por negligencia otros habían olvidado: Dios es el Padre de todos los hombres y mujeres. Dios siempre ha estado ahí, y los seres humanos lo han descubriendo poco a poco cada uno en su propia historia.

Tenemos que comprender que Dios no "pertenece" a ningún pueblo, a ninguna raza, a ninguna religión. Ni siquiera a la nuestra. Él no funciona según nuestros caprichos y prejuicios. En sus planes y proyectos todos tenemos cabida, todos somos importantes, todos los pueblos de la tierra somos sus hijos e hijas. Por eso nos considera miembros de un mismo cuerpo. Y si somos miembros de un mismo cuerpo sentimos como propio nuestro el dolor, la tristeza, la alegría o el maltrato que alguno de los miembros siente. Como miembros que somos todos, nadie es más importante: Dios nos trata a todos como iguales porque a todos nos ha hecho partícipes de la promesa en Jesucristo. Y en Jesús "todos somos uno", nadie queda separado del proyecto de Dios.

* El evangelio de este domingo es un relato enmarcado dentro del género literario llamado "midrash", caracterizado por contener relatos teológicos con alguna fundamentación histórica. El acontecimiento de los sabios que visitaban las cortes para compartir sabiduría era muy común en oriente. Estos que el evangelio señala no eran reyes, sino sabios que en el tiempo de la monarquía antigua intercambiaban sus experiencias con los pueblos vecinos.

Este relato nos hace sospechar que en la vida de Jesús hubo una visita extraña que no se ha podido esclarecer. Pero sobre todo, creemos que el texto esta cargado de una gran lección, a saber: que el pequeño Jesús que se manifiesta a unos sabios de Oriente tiene en cuenta en ellos a todas las culturas de la tierra, y a todos les abre las puertas del discipulado. El nuevo Israel debe estar abierto a todos los pueblos sin distinción. Ya no hay por qué llamar a nadie "gentil", ya que todos hemos sido declarados hijos, sin distinción alguna.

Ojalá sigamos construyendo la Iglesia con la fuerza del Espíritu sin crear fronteras y sin menospreciar a nadie porque pertenezca a otra etnia, a otra cultura, o porque hable otro idioma. La Iglesia tiene que ser espacio donde todos los seres humanos tengamos cabida porque todos somos hermanos, porque Dios es Dios de todos, porque tenemos un Padre común.

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


43.

El nacimiento de Jesús en Belén hace realidad lo que anunció el profeta Isaías: la luz de las naciones brilla como antorcha de la Justicia para los pueblos pobres. El proyecto de justicia empieza a adquirir consistencia en Belén. Belén es la ciudad del rey David, el rey justo. Hace mucho que el pueblo esperaba un nuevo descendiente de David que hiciera justicia a los oprimidos. La estrella anuncia que ese sueño se hizo realidad en Belén. Hay en Israel un nuevo rey, un niño-rey que ha alborotado toda ciudad y la casa del injusto y del usurpador Herodes. La intranquilidad se apoderó de "toda la ciudad"; diríamos hoy: de todos aquellos que dominan al pueblo y se amparan en las manos de Herodes: ministros, asesores, soldados, etc. Los injustos no duermen tranquilos... y hacen de todo para apagar la estrella de justicia que brilla a pesar del injusto Herodes.

Los magos que vienen de lejos, representan todos los pueblos que esperan la Justicia y que están atentos a los signos de los tiempos y descubren que ha llegado el tiempo de la redención, pues la estrella brilla para los pueblos que esperan su liberación. Jesús se manifiesta a la historia como un rey justo, un rey que hará justicia a los oprimidos, marginados y pobres (Sal 72). Esa manifestación es conflictiva, pues algunos la quieren y otros la rechazan. Es que el Proyecto de Jesús tiene dirección fija y sujetos privilegiados: es para aquellos que quieren luchar para que en el mundo brille la estrella de la justicia.

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO


44.

SITUACIÓN GENERAL. La fiesta de hoy, de origen oriental, es uno de los polos básicos del ciclo navideño, y es como su resumen. Celebramos una dimensión constitutiva del misterio del Dios-con-nosotros: la "manifestación" (epifanía) de Cristo como hermano y salvador de todos los pueblos.

HOY HAS REVELADO EN CRISTO, PARA LUZ DE LOS PUEBLOS, EL VERDADERO MISTERIO DE NUESTRA SALVACION (Prefacio). La narración de los mago, tiene este profundo sentido. Dios ama a todos los pueblos y este amor se manifiesta en Cristo como Luz y Salvador de todos, no sólo de los judíos sino también de los paganos, representados por los magos. La expresión "todos los hombres" a menudo nos resulta etérea e inconcreta.

Esforcémonos en entenderla: todos los pueblos, los de nuestro mundo occidental y los de Oriente y de Africa, los que hace siglos habitaban América, los que existieron hace miles de años y cuyas costumbres estudiamos... Dios, por Cristo, a todos nos llama a la fe y a la comunión con él.También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio (2a lect). Lo cual comporta diversos acentos centrales en la experiencia cristiana. El primero es que todas las culturas están llamadas a vivir el Espíritu evangélico. A ninguna le es ajeno. Tampoco ninguna lo posee en exclusiva o lo tiene como más propio. Es el tema de la "inculturación de la fe" que tan a menudo hemos reflexionado. No es cristiano que el Evangelio aparezca como propio de una cultura o de una tradición humana; el sermón del monte, las parábolas del buen samaritano o del hijo pródigo, la cruz y la resurrección de Jesús están llamados a ser luz para todos y a integrarse en toda cultura. También significa que todos los pueblos y todas las culturas, acogiendo la luz que es Cristo, han de corregir lo que en ellos hay de tiniebla.

Inculturar no significa bautizarlo todo. Tampoco nuestra propia cultura. Al entrar la luz del Evangelio en la cultura occidental y en las orientales, en las africanas y en todas, halla mucha inhumanidad que ha de ser purificada, salvada. El misterio que hoy celebramos -Cristo Luz de todos los pueblos- expresa la manera cristiana de entender la raíz de la igualdad, la fraternidad y el camino de los pueblos.

HEMOS VISTO SALIR SU ESTRELLA Y VENIMOS A ADORARLO (Ev). El relato de los magos es una descripción catequética, entrañable, de algunos aspectos centrales del proceso de la fe, de la acogida de la luz.

- La búsqueda. ¿Dónde está el rey de los judíos? (Ev). Buscad y hallaréis (Mt 7,7). Invitación habitual de Jesús: "Buscad el Reino de Dios..." (Mt 6,33). Nuestra vida está marcada por muchos retos: la relación entre los esposos, la manera de ser de un hijo, la cuestión de los emigrantes, la actitud ante los marginados, la responsabilidad con el Tercer Mundo... Quien vive tranquilo y satisfecho se engaña. Hemos de dudar de nuestras espontaneidades y buscar. Buscar siempre el conocimiento del Señor, explorando constantemente a Dios y abiertos a la sorpresa. Tan sólo busca la luz aquel que de algún modo ya la ha encontrado, como los magos. Nuestra época queda muy marcada por el desengaño. No se hace difícil hallar hoy día personas nobles que viven una amarga convicción: no merece la pena buscar pues nunca encontraremos nada seguro. El mensaje evangélico supera esta postura. Los magos encarnan la actitud adecuada; dejan su.país porque han visto una luz y viven la seguridad de la meta. Hay que abandonar todas las aparentes evidencias y poner la seguridad en la luz. Quien ha visto la luz del amor, la justicia, la paz, sabe que la búsqueda no le llevará a la oscuridad. Dios está en el horizonte de toda búsqueda noble. Del Evangelio sale la exigencia: sólo quien busca, encuentra. Pero, quizás, sale incluso más marcada la gozosa seguridad: quien busca, encuentra.

- La alegría del encuentro. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría (Ev). Esta frase expresa, sin duda alguna, la experiencia de los primeros cristianos y la de los de todos los tiempos. La fe tiene mucho de encuentro gozoso de la luz. Creer es leer las bienaventuranzas, o la parábola del hijo pródigo, o las palabras de Jesús a Simón sobre la pecadora, o ponerse ante la cruz de Jesús y su resurrección, y decir: "Nadie ha hablado nunca como este hombre" (Jn 7,46); "Es cierto, Maestro, tienes razón" (Mc 12,32). No sabremos cómo aplicarlo a los problemas sociales o a las cuestiones religiosas, pero la íntima seguridad de la luz nada ni nadie puede apagarla. "Os escribimos todo esto para que vuestra alegría sea completa" (lJn 1,4); "nadie os quitará vuestra alegría" (Jn 16,22).

- La entrega de la vida entera. Y cayendo de rodillas lo adoraron (Ev). La fe acaba en la donación personal a la luz, al amor, alcanza la vida entera. Acoger el misterio de Jesús, presencia viva de Dios, es entrar en comunión con su Espíritu y vivir, pase lo que pase, perdonando, amando, construyendo en justicia y paz. Así, nuestra vida entera se transforma en regalo a Dios Padre.

CUYA FE SÓLO TU CONOCISTE (pleg. eucar. IV y V). Celebramos la universalidad de la salvación y su acogida por medio de la fe. ¿Acaso la fe puede erigirse en barrera que excluya a tantos millones de "todos los pueblos" no creyentes, amados de Dios? La frase de la plegaria eucarística es un soplo del Espíritu; la fe es búsqueda, gozo por la luz, entrega de la vida, y eso sucede en lo íntimo del corazón "que sólo Tú conociste". Todos los pueblos, en el sentido más real e histórico, son llamados a la vida. Así lo formula el Vaticano II: "Ya que Cristo murió por todos y ya que, en realidad, la vocación suprema del hombre es una sola, es decir, divina, hemos de creer que el Espíritu Santo ofrece a todos los hombres la posibilidad de asociarse, de una forma sólo conocida por Dios, a este misterio pascual" (GS 22e).

GASPAR MORA
MISA DOMINICAL 1999, 1-35


45

- El evangelio de la Epifania

Los evangelios de Marcos y de Juan nada nos dicen del nacimiento de Jesús (empiezan hablando de Juan Bautista y de Jesús ya adulto). Lucas es quien se extiende sobre las circunstancias del nacimiento (es el evangelio que leímos en la noche de Navidad). Finalmente, el evangelio de Mateo, después de decir escuetamente que "Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes", nos ofrece ampliamente la narración que acabamos de leer -propia de su evangelio- sobre estos misteriosos Magos de Oriente. Una narración -casi como un cuento- que es una catequesis muy hermosa, muy entrañable, sobre una afirmación básica de nuestra fe: Jesús es la revelación de Dios para todos los hombres, de todos los paises, de todas las culturas.

Por eso, cada año, en esta gran fiesta de la Epifania, es decir, de la Manifestación de Dios a todos los hombres y mujeres de todos los pueblos, leemos esta bella historia. Que contrapone la actitud de los poderosos de Jerusalén, del rey y los pontífices y los teólogos, que se sabían todas las respuestas, toda la doctrina, pero de nada les sirvió porque no buscaban; y la actitud de aquellos magos extranjeros que, aunque fuera fiándose de sus creencias en la astrología, en los signos de las estrellas, porque buscaban con ansia y buena voluntad, encontraron al Niño con María. Y Dios les dio una inmensa alegría que nadie les pudo ya arrebatar.

- La lucha de san Pablo

El núcleo, el mensaje, de la gran celebración de hoy, es este: Dios, en Jesús, no vino para unos cuantos sino para todos. Jesús, el Hijo de Dios, no es propiedad privada de nadie, exclusiva o dominio o privilegio de algunos. La responsabilidad de quienes creemos en el Señor Jesús es la de no pretender monopolizarlo, como si sólo desde nuestra cultura y mentalidad se pudiera creer en él.

El primer gran combatiente en favor de esta universalidad de la manifestación de Dios en Jesús, fue san Pablo. Lo hemos escuchado en la segunda lectura. Ya que la gran mayoría de los primeros cristianos eran judíos, su tentación era poner en un mismo saco la fe en Jesús y el mantenimiento de las leyes religiosas y de las costumbres de su religión (que había sido también la religión de Jesús). La lucha de Pablo fue convencerles que la buena nueva de Jesús era para todos, también para los "gentiles" (es decir, para los no judíos). Y que, por tanto, se podía creer en Jesús, como Hijo y revelador del Padre, sin asumir las leyes, la cultura, las costumbres judías.

- Un desafío para hoy

No es un problema lejano. Es el desafío que hoy se nos plantea a nosotros. Pogamos primero un ejemplo más fácil: el cristianismo se extendió en los paises de cultura europea y desde esta pasó a América. Es explicable que hayamos identificado nuestra fe con muchos aspectos de lo que podríamos denominar la cultura occidental. De ahí la dificultad de comunicar esta fe a hombres y mujeres de tradiciones culturales tan distintas como las de Asia o Africa. Creer que Jesús es la manifestación de Dios para todos los hombres, significa desear que los cristianos de aquellos países puedan reinventar formas de vivir cristianamente propias de su cultura, de su tradición, de su lenguaje.

Pero hay también otros ejemplos de este desafio, más cercanos, que quizá nos puedan costar más. Propongo uno: lo que podríamos llamar la "cultura joven". Muchos de nuestros jóvenes tienen, en bastantes aspectos, una mentalidad, un talante, unas costumbres, harto distintas de la de los adultos. El problema es que la fe y la vida cristiana ha adoptado en nuestra sociedad, las formas y el talante de los adultos. El mensaje, el desafio de la Epifania, es que también a ellos ha de poder llegar Jesús y su Evangelio, según su mentalidad juvenil, según su talante y costumbres.

* * *

Termino. El evangelio nos hablaba de la "inmensa alegría" de los Magos al encontrar al Niño. Hoy, en esta fiesta que llamamos de los Reyes, son nuestros niños quienes nos alegran con su alegría. Entonces, hace dos mil años, fueron los Magos quienes obsequiaron al pequeño Jesús. Hoy, muchos de nosotros hemos ofrecido obsequios, regalos a pequeños y mayores.

Pidamos en la Eucaristía que tengamos siempre en nosotros la alegría que es don de Dios. Y que la sepamos compartir y contagiar. Pidamos también que sepamos siempre obsequiarnos, darnos no sólo regalos sino a nosotros mismos. Así sabremos también compartir y comunicar el gran don que hemos recibido de Dios Padre: la fe en su Hijo Jesús. Que María, la madre de la alegría, nos ayude.

EQUIPO-MD
MISA PARROQUIAL 1999, 1-39


46.

La primera lectura nos lleva a las primeras estrofas de un poema que abarca todo el capítulo, hasta el v. 22. Estamos en la época postexílica; los judíos repatriados, llegados de Mesopotamia, tratan de revivir y mantener la fe de Israel, no sin polarizaciones: nacionalismo-ecumenismo, pesimismo-optimismo, legalismo-humanismo. Discípulos de los discípulos de Isaías (se les llamó "Tritoisaías" o "tercer Isaías" a los caps. 55-66) alzan la voz para mantener viva la perspectiva del gran profeta del siglo VIII. Aquí se anuncia una época de esplendor y de reconocimiento para la pequeña ciudad que apenas comienza a reconstruír sus ruinas: será como el centro del mundo; a la luz de un día sin ocaso, vendrán todos los pueblos a traerle sus presentes, sus hijos exiliados retornarán.

Esta primera lectura de la solemnidad de Epifanía nos pone en la tónica de la celebración: la luz que guía a los pueblos a Jerusalén será como la de la estrella que guía a los magos del Evangelio; los tesoros traídos a la ciudad santa desde Oriente y Occidente se cumplirán en aquéllos que los magos pusieron a los pies del niño recién nacido y de su madre; la salvación se hará universal cuando judíos y paganos, todos juntos, adoren a Dios en la persona de Jesús recién nacido en Belén.

Hoy es el día de Navidad para nuestros hermanos, los cristianos de las iglesias orientales. En la antigüedad, antes del siglo III o IV, era el día de Navidad para toda la Iglesia. Decimos esto para que caigamos en cuenta de la importancia de esta solemnidad: es el día de la "Epifanía", es decir, de la manifestación de Dios a todos los pueblos de la tierra.

En la segunda lectura, de los seis capítulos que componen la carta a los Efesios, los tres primeros presentan la obra salvífica de Jesucristo como un don gratuito de Dios para todos los pueblos. Los tres últimos son exhortaciones de vida cristiana. Estos versículos que acabamos de leer vienen a subrayar un aspecto fundamental de la solemnidad de Epifanía: Cristo ha nacido entre nosotros para dar a conocer el amor de Dios y su salvación a judíos y a paganos, sin distinción de raza ni de condición. Ahora nosotros, los cristianos, los católicos, no podemos volver a ser fanáticos exclusivistas, que condenemos a todos los que no creen. Nuestra responsabilidad es darles a conocer, como hizo Pablo, el "misterio", es decir: el plan de Dios, de la salvación universal, como un don ofrecido a todos los hombres y mujeres del mundo.

Los relatos del nacimiento del Mesías, según Mateo en los dos primeros capítulos de su Evangelio, presentan el misterio de Jesús como cumplimiento de las promesas del AT: Él es el hijo de David, el hijo de Abrahán, como leemos en la genealogía, es decir: el Mesías, y la bendición para todos los pueblos. Él es el anunciado por los profetas (cfr. las cinco citas proféticas de cumplimiento en 1,22-23; 2,5-6. 15. 17-18. 23). Él es el nuevo Moisés cuyo nacimiento anunció un astro resplandeciente, perseguido por el faraón de Egipto que mandó matar a los niños hebreos, como leemos en el libro del Éxodo y en sus comentarios judíos (los midrashim). Él personifica al verdadero Israel, hijo de Dios, "llamado" desde Egipto, es decir: liberado, traído de la mano de Dios.

Este pasaje que hemos leído hoy, no debe interpretarse ingenuamente, no es apenas una hermosa estampa de nuestros pesebres o de nuestras biblias ilustradas. Aquí no importan tanto los camellos, los cofres dorados, la estrella puntiaguda de nuestra imaginación. Con este relato, Mateo nos está diciendo cosas serias: que en Jesús, en su nacimiento, en su encarnación como Palabra viva de Dios, se cumplen las promesas y las espectativas del AT como, por ejemplo, las expresadas en la primera lectura y en el salmo. También nos dice que la revelación y la salvación de Dios, manifestadas en Cristo, son universales: para todos los pueblos, para todos los hombres representados en los magos de Oriente que, guiados por la estrella, fueron a Jerusalén a adorar al rey de los judíos. Es significativo que el texto nos presente el contraste entre los magos venidos de lejos, obedientes a la señal de la estrella, y las autoridades judías: Herodes el rey, los escribas y los sacerdotes, que aunque desentrañan el significado de las Escrituras, no van a Belén a adorar. Solo esperan una oportunidad para matar al Mesías recién nacido.

De cada tres seres humanos en el mundo, dos no conocen aún el Evangelio, no han percibido plenamente la luz que irradia de la casa de Belén. Anunciar la buena noticia, hacer brillar la luz de Cristo, es la tarea de la Iglesia. Debe ser como la estrella que condujo a los magos. Y la Iglesia somos todos los bautizados; todos debemos asumir la responsabilidad de testimoniar a Cristo, de predicar de alguna manera el Evangelio: con la vida y con las palabras.

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47.

SALIO UNA ESTRELLA. EL CANTO DE ISAÍAS DESCUBRE LA BELLEZA ILUMINADA DE LA CIUDAD LLENA DE DIOS. LOS CRISTIANOS, ESTRELLAS PARA EL MUNDO PAGANIZADO. HAY UNA ESTRELLA PARA CADA HOMBRE.

1.Cuando Isaías contempla, radiante de alegría, el regreso de los hijos desterrados de Israel a la ciudad luminosa, embriagado de lirismo, proclama una de las más altas cimas de la poesía hebrea, e incluso universal, el Cántico de gloria a la Jerusalén de los tiempos mesiánicos, que describe la presencia del Señor en medio de su pueblo, llenándolo de luz.

2. Pero los que hoy vienen al resplandor de la aurora que inunda Jerusalén, son también los magos, representantes de los pueblos todos, todas las gentes. "Los tesoros del mar", los habitantes del Mediterráneo, nosotros también. Madián y Efa, los del Golfo de Akaba, y los de Sabá, Yemen, convertidos todos en hijos de Abraham por la fe, con la ofrenda de sus productos preciosos de oro incienso y mirra, cantando las glorias del Señor. Isaías 60,1. El Profeta no ha querido hacer un relato histórico, sino anunciar con poesía, el triunfo del Señor y de su Mesías, que se ha manifestado también a los gentiles.

3. Mateo utiliza una leyenda, con base sólida, del episodio de los Magos, para narrar la manifestación extraordinaria que guía a los Magos a descubrir al Rey de los judíos. Después de haber contado la genealogía de Jesús, como hijo del hombre, ratifica su categoría de Hijo de Dios, destacando a los Magos como figuras teológicas. Son paganos, y desconocen la Escritura. E introduce una dialéctica presente ya en todo su evangelio: Que, mientras los doctores de la Ley, expertos en las escrituras, no reconocen al Mesías, lo buscan los paganos. Y Jesús, rechazado por el pueblo de Dios, es adorado por los gentiles. Y Dios, que busca a todos, les acepta y se les manifiesta. El nacionalismo judío cede el paso al universalismo de la salvación, que se ofrece a todos. Primero a los pastores, los incultos, después a los sabios, los magos. Jesús satisface todas las esperanzas de todos los hombres, judíos o griegos, romanos o persas, o babilonios. Los marginados, y los pobres, socialmente despreciados, amados especialmente por El, y los cultos y poderosos. Jesús es el rey que todos esperan, pero un rey humilde y oculto. Quien lo encuentra se llena de alegría, lo adora como rey de su vida y se entrega a él, como los magos. Los regalos que le ofrecen, son productos de paises orientales, propios de los reyes.

4. Cuando nos parece que Dios calla, hay que saber que habla distinto lenguaje y no con palabras humanas. Después de haber hablado por los profetas, nos ha hablado por Cristo "y se ha quedado mudo", (San Juan de la Cruz). Es urgente perder la rudeza y la grosería que nos incapacita para entrar en su onda. Hay que afinar la sensibilidad para captar el lenguaje de Dios, para después ser dóciles a su mensaje y estar dispuestos a soportar la Noche de la fe, que la purifica. Y hacerse espaldas unos a otros, (Santa Teresa). Dios llama a tres hombres, para que se ayuden en la noche. Ese es el sentido de la dirección espiritual y el vivir la fe en comunidad. Hay que acrecentar la confianza en Dios. Como la estrella no engendra la fe se oculta, porque la fe es fruto de la palabra, que está en Jerusalén. Y hay que practicar la humildad buscando y preguntando, como los magos.

5. Al nacer el Sol de Justicia, los Evangelistas vieron cumplida esta profecía: "Reyes que buscáis estrellas, / No busquéis estrellas ya, / porque donde el Sol está, / no tienen luz las estrellas". Ha nacido el Sol que, si es suave nos atrae a todos, pero no nos gusta que nos pida demasiado, que queme el alma y el cuerpo en exceso. Intentamos domesticarlo y enjaularlo, para que no vuele tan alto que no lo podamos alcanzar con nuestras manosw, sino que lo podamos manejar a nuestro servicio. Que no nos pida más de lo que nosotros estamos dispuestos a darle. Pero el Sol ha nacido para iluminar a todo hombre de esta tierra y quemar los pecados. El mismo San Agustín, cuando le pedía a Dios la castidad, le decía, "pero no ahora, no ahora".

6 Cantemos al Señor ante quien "se postrarán todos los reyes de la tierra y le ofrecerán sus dones, y supliquémosle que todos los pueblos le sirvan, para que por nuestra oración libre al pobre que clama, y al afligido que no tiene quien le proteja, y para que el pobre y el indigente sean acogidos por él" Salmo 71.

7. Vieron una estrella en el cielo y este suceso los sacó de su país. ”Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle” Mateo 2,1. Cuando el pueblo de Israel estaba en los campos de Moab, y su rey, Balac, exigió a Balaam, que profetizara contra Israel, lo único que consiguió fue que Balaam bendijera a aquel pueblo. De entre los largos capítulos, destaca este texto: “Veo una estrella que se destaca de Jacob” (Nm 24,17). Doce siglos han de pasar para que esa estrella llegue hoy a ser vista por los Magos. Han de madurar los tiempos. Hemos de saber esperar con paciencia, a que aparezca la estrella. Como los Magos, hemos de recorrer dolorosamente y pacientemente el camino de la fe. Un día comenzamos a buscar, a caminar... Después, la luz ha ido palideciendo, hasta llegar a desaparecer. Y sentimos la tentación de regresar a Egipto. Nos tentaban las ollas de carne. La vida fácil, el camino trillado. Y titubeamos. Es el momento de proceder como los Magos: Consultar a los especialistas de la Palabra, porque sólo en ella le encontramos sentido a la vida. Vida y fuerza. Los doctores les dicen que hay que ir a Belén, según la profecía de Miqueas. Hemos de prestar la obediencia de la fe, como los magos. Cuando Abraham fue llamado a salir de su tierra, lo dejó todo (Gn12,1), porque había encontrado la perla preciosa. Hay que seguir la ruta de la estrella con prontitud, venciendo el qué dirán, con generosidad, con alegría, amor, y con perseverancia.

8. Herodes, teme que le quiten el reino, y se sobresaltó. Cuando en vez de servir desde el cargo que se tiene, que seguramente se ambicionó y se buscó, uno se sirve del cargo del que tomó posesión, y como posee el cargo, y no sabe ni quiere vivir sin él, se sobresalta ante cualquier atisbo de superación, suplantación. La vida se hace amarga y la amargura repercute en los demás, porque no se tiene paz. Dicen por ahí que "el poder es una corona de espinas, que cuando más duele es cuando se la quitan". Andreotti, presidente casi vitalicio de Italia, decía que "el poder desgasta, pero el no poder, desgasta aún más". Fue el Papa de la sonrisa, Juan Pablo I, quien suprimió la imposición de la tiara en la coronación del Pontífice y su toma de posesión de la Cátedra de Pedro, quien acuñó aquel el acto, como "La inauguración del pontificado". Pero, cuando las leyes, son ingratas, tardan en abrirse paso. Más de cien años pasaron para que se cumpliera el Decreto de San Pío X, sobre la primera comunión de los niños al llegar al uso de razón. El había sufrido desde niño esa limitación, por su hambre de Eucaristía.

9. Ya nos rodean y envuelven la noche y el mundo del mal. Los peligros son más inminentes; se presentan más atractivas e insinuantes las tentaciones. Herodes, nuevo Faraón, pretende hacernos sus esclavos. Y los Magos, avisados en lo más hondo de su ser, desbaratan las trampas, aceptan la Palabra que les ofrecen, y el día renace. Gozo y paz. En medio de la oscuridad de la Noche, sale de nuevo la estrella. Al fin, han llegado a Belén. La alegría interior que les invade: "Se llenaron de gozo", es la señal. Como quien ha encontrado la perla y el tesoro. En Belén adoramos y ofrecemos a Cristo nuestra vida, unidos a su Sacrificio.

10 "Y se marcharon a su tierra por otro camino". Ya no podemos vivir como antes. Hemos de tomar otro camino. El camino del amor y de la fidelidad, del sacrificio y de la abnegación, del trabajo de cada día bien hecho, de la paciencia en las contradicciones y de la afabilidad y justicia en el trato con nuestros hermanos, el camino del anuncio del camino. El camino de la compasión activa con todos los que sufren. Y nos hemos de convertir en Epifanía para nuestros hermanos por la predicación, los sacramentos, la vida.

En la cultura del consumismo que la formidable publicidad fomenta acentuando el materialismo, los cristianos debemos privilegiar la primacía del espíritu y de las actividades espirituales, como la contemplación, el amor, la fidelidad, el ejemplo = testimonio, convirtiéndonos en estrellas de justicia y fidelidad para el mundo pagano en tinieblas.

11. El Señor nos hace ver nuestra estrella. Tiene muchos recursos para en-señar a los hombres el camino de su maduración. «Dios nos llama unas veces directamente y por Sí mismo. Otras nos llama por medio de los ánge-les; otras por los Padres; otras, por los pro-fetas; otras, por los apóstoles; otras, por los Pastores. A veces por la voz interior, o por encuentros que creemos infantilmente fortuitos y son providenciales y preparados, por quien puede manejar los corazones y la atracción inexplicable. Muchísimas veces la estrella es el azote y la aflicción: "¿Qué es esto que hay en mi, Ignacio, que nunca ríe?", le decía Javier a San Ignacio antes de su entrega. La estrella algunas veces, brilla por la prosperidad en la vida y su insatisfacción: "Nos has hecho, Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti", decía San Agustín; otras veces la estrella es opaca, la adversidad. Pero el fulgor de la estrella más frecuente y elocuente es la proclamación de la palabra, no sólo por la predicación en los templos, sino también en la lectura espiritual y en la meditación; y en el ejemplo, la enfermedad, la desgracia y la humillación.

12. Aunque la noche ha elevado más miradas al cielo que el día, cuando el sol deslumbra en su cenit, y la estrella puede ser vista mejor en la Noche, también puede se puede ver durante el día, en el gran silencio. Para los Magos la estrella era una llamada de Dios, como lo es para todos los hombres. En el libro de Daniel leemos que los doctores que enseñan a muchos los caminos de la justicia, brillarán como estrellas en el fir-mamento: "Los sabios con sabiduría experiencial de Dios, brillarán con el fulgor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre res-plandecerán como las estrellas por toda la eternidad" (Dan. 12,3. San Juan de la Cruz, se entristece, cuando asegura: "Que los que tienen el deber de acertar, si no aciertan, no pasarán sin castigo". "Si un carpintero sirve para desbastar el madero, no por eso sabe entallar la imagen; ni cualquiera que sabe entallarla, sabe perfilarla y pulirla; y no cualquiera que sabe pulirla, sabrá pintarla; ni cualquiera que sabe pintarla, sabrá darle la última mano y perfeccionarla. Porque cada uno no puede hacer en la imagen más de lo que sabe, y si quieren seguir dirigiendo sin saber lo que hacen, lo echarán a perder todo".

Deben temblar, pues, los que manejan la palabra de Dios, porque si no son fieles a su vocación predicando auténticamente el Evangelio, pueden ser causa de que muchos de sus discípulos no vean ni reconozcan la luz de su estrella.

13. Otro medio importantísimo para reconocer el fulgor de su estrella, es decir, su llamada, es escuchar la palabra meditada, sobre todo si va acompañada de austeridad de vida, de constancia en la virtud, y de perseverancia en la gracia, sobre todo, en los Ejercicios Espirituales.

14. Del ejemplo o testimonio, como se dice hoy, habla el papa San León Magno: «Todos los que en la Iglesia de Dios viven castamente, todos los que aspiran y conocen las cosas de arriba, y no las cosas terrenas, son comparables a las estrellas del cielo. Ellos conservan el esplendor de su santa vida, y atraen a los demás, como la estrella a los Magos, a seguir los caminos del Señor. Sed estrellas en la tierra, y brillaréis eternamente con eterna luz sideral reino de Dios".

15. Como las estrellas tienen eclipses, es necesario enseñar la importancia de la enfermedad y de la adversidad en la vida: "El Padre a todo sarmiento que da fruto lo podará para que dé más fruto» (Jn 15,2). Al sarmiento que estando unido, puede estar más unido con El, Cristo se encarga de podarlo por la tribulación exterior o interior. ¡Cuántos santos han visto la estrella en la enfermedad y en la tribulación, como la vieron San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola y tantos y tantos...

La desgracia, o el fracaso en la vida ha sido la causa de plenitud de muchas almas En la trágica muerte del Barón de Chantal, esposo de Juana Fremiot, vio Juana la estrella que la convirtió en fundadora de la Visitación, y en Santa, bajo la dirección del Obispo de Ginebra, San Francisco de Sales. San Alfonso María de Ligorio, que fracasó como abogado, convirtió la contrariedad en la estrella, que le llevó a la fundación de la Congregación del Santísimo Redentor, y a la santidad. Para éstos y otros muchos, la estrella que les condujo a los pies de Jesús, fue la adversidad.

16. Leyendo las vidas de los santos se advierte cómo los hombres son conducidos muchas veces por Dios nues-tro Señor de un modo providencial vistos desde el fulgor de misericordia y providencia divina que no dejó de acudir en su ayuda con sus consuelos paternales y amorosos.

Atraído por la fama de la virtud de la Reina Católica y de su corte, llegó Juan Ciudad, desde Portugal a Castilla, donde le esperaba la Providencia para ponerlo en contacto con San Juan de Avila, cuya palabra ardiente le impulsó a la vida heroica. Hoy es San Juan de Dios.

El proyecto del portugués Antonio de Padua, era ir a predicar el evangelio en Oriente. El viento y el mar lo atrajeron a la costa de Italia, y vió fracasado su deseo. Y Antonio, expatriado, era en Italia, donde Dios le tenía preparado el campo de su predicación y fruto y santificación.

Teresa de Jesús, para compensar el desprecio que recibió en Avila, su ciudad, cometió la insigne locura de ir a fundar a Medina del Campo, contra la prudencia. Pero Dios la impul-saba a algo más que a eso. Allí conoció a Juan de la Cruz, que venía de Salamanca camino de Burgos, para ingresar en la Cartuja.

17. Un incidente familiar puso a San Gregorio Tauma-turgo en contacto con Orígenes, que le enseñó el Evangelio, se convirtió y se hizo santo. Ignacio, herido en Pamplona, y forzado a un largo reposo, en-contró en él, no sólo la salud del cuerpo, sino sobre todo, la del alma.

En la historia de la Iglesia la estrella se ha encendido en el cielo de muchas personas por su cooperación generosa a un primer impulso de la gracia. San Martín de Tours parte la capa con el pobre, y el pobre era Cristo. San Juan Gualberto reprime su ira y perdona al asesino del hermano, que con los brazos en cruz, le pide misericordia. Cuando, venciéndose le otorgó el perdón, vió la imagen de Jesús que le expresó la gratitud por su caridad, y renunció al mundo, a los pies de Cristo.

18. Siempre encuentran Dios, las personas que sinceramente buscan a Dios. Ven la estrella de una forma u otra. Pero no por eso, hay que pretender que Dios venga a nosotros, sino que hemos de ir nosotros a Dios, totalmente libres de la soberbia, de la sensualidad y del mundo. Cuando con esta sencillez se elevan los ojos al cielo, aparece segura la estrella y nos invita a seguirla, para ponerse en camino con la decisión con que emprendieron su jornada los tres Reyes Magos, venciendo críticas y burlas y cuchufletas, incomprensiones y persecución. Vale esto también para la vocación religiosa de los hijos, ya que la familia debe ser el semillero de vocaciones, sobre todo en este invierno tan árido, en que se marchitan todas las flores. ¿Cómo no lamentar la conducta de muchos padres y familiares?. Ellos tienen sus deberes. Y los hijos frente a la oposición de los padres, los suyos.

¿Cuándo brilla nuestra estrella? Para unos, en la niñez; para otros en la adolescencia, en la edad adulta, o en la ancianidad. Cualquier hora es buena para que brille como a los magos, la estrella del Señor. Muchos son los llamados y pocos los elegidos, pero Dios quiere que todos se salven y a todos da los medios necesarios para salvarse y santificarse con el fulgor de la Estrella, que nos lleva a El y que es él mismo.

J. MARTI-BALLESTER


48.

- Los Magos de Oriente: de la búsqueda a la misión

La epifanía del Señor tiene en el evangelio de Mateo el encanto de una leyenda oriental. En el evangelio de Lucas son los pastores de Israel los que reciben el anuncio del nacimiento de Cristo; en el de Mateo son los sabios de Oriente los que emprenden una gran peregrinación para encontrar y adorar al Rey Mesías, a través de la luz orientadora de una misteriosa estrella. En Lucas son los pobres de Israel. En Mateo son los sabios del mundo pagano. De esta forma se manifiesta la universalidad de la salvación y la inquietud del corazón humano en busca de su salvador y redentor

La aventura de los Reyes Magos, que la tradición ha reconocido con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, tiene todo el dinamismo de una serie de movimientos que revelan cómo merecieron reconocer al Mesías y convertirse en sus heraldos, mensajeros de la buena nueva en sus tierras lejanas.

El primer movimiento es la búsqueda. Inquietud en el corazón debían tener aquellos sabios; promesas antiguas tenían que recordar en sus tradiciones, si estos magos de Oriente se pusieron en camino en busca del Mesías, el Rey de Israel. Escrutaban las estrellas, debían leer mensajes en la conjunción de los astros. Pero sobre todo debían ser hombres de búsqueda y de esperanza si, al ver la señal de una estrella misteriosa, se pusieron en camino. No hemos de olvidar que la creación, con el misterioso lenguaje de los cielos, de los astros y estrellas, es también revelación del Dios creador. Ellos tenían en la naturaleza un signo, en sus tradiciones una promesa; pero necesitaban la certeza de la revelación de los judíos. En cambio en Israel nadie esperaba en ese momento. Tenían las Escrituras pero no se preocupaban de escrutarlas y actualizarlas. Ya no esperaban al Mesías. Y ahora, aleccionados por los magos, descubren las profecías tan cercanas e inminentes. Lo decía el profeta Miqueas: de Belén, la ciudad de David, tenía que salir el jefe y pastor del pueblo.

- El gesto religioso de la adoración

El segundo movimiento es la adoración. Una vez llegados a Belén, cuando la búsqueda se convierte en encuentro, como nos cuenta Mateo, con el signo de la estrella que se posó sobre la casa en que estaba el Mesías que buscaban, realizan una sugestiva y ceremoniosa adoración: Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Todo es sugestivo, dentro de la sencillez. Ellos adoran y él se manifiesta.

La casa de Belén es la Iglesia. Los magos las primicias de los gentiles, la demostración más clara de la universalidad de la salvación.

Un nuevo prefacio de la misa de la Virgen en la Epifania del Señor lo canta con estas palabras: 'También los magos, primeros retoños de la Iglesia de los paganos, impulsados por su gracia y guiados por la estrella, entran en la humilde casa, y, hallando al Niño con su Madre, lo adoran como Dios, lo proclaman como Rey y lo confiesan como Redentor". Y ahí está el significado del oro de la realeza, del incienso de la divinidad, de la mirra de la redención.

- Heraldos de una misión

El tercer movimiento es el de la misión. Los magos, advertidos en sueños de las malas intenciones de Herodes, regresan por otro camino. Un himno oriental interpreta este regreso como un camino de misión: "Portadores y heraldos de Dios, de regreso allá en Babilonia. Se cumplía el oráculo antiguo cuando a todos hablaban de Cristo, sin pensar en el necio de Herodes". Es como un pentecostés de los gentiles anticipado por parte de estos que podríamos llamar los primeros santos paganos del NuevoTestamento, que se convierten en mensajeros de lo que han visto, como en el evangelio de Lucas son los pastores los que proclaman las maravillas de Dios. Porque todo el que conoce a Cristo de veras, se convierte en discípulo y apóstol de su evangelio.

Epifania es día de la manifestación universal de Cristo como Salvador y de la misión de la Iglesia hacia todos los pueblos. No podemos renunciar a esta universalidad de la misión, ni podemos hacer rebajas en la proclamación de Jesús como mediador único y universal. Y sin embargo confiamos, mirando el misterio de los magos de Oriente, en la presencia de las semillas del Verbo, escondidas en todos los pueblos y culturas, y en la misteriosa acción del Espiritu Santo que lleva a los hombres hacia Cristo y hacia la Iglesia a través de esos caminos, para nosotros insondables, de la sabiduría, de la profunda oración y sentido de lo divino, de la ascesis, de las obras de misericordia, presentes en todos los pueblos y culturas.

La casa de Belén es la Iglesia; en ella está Cristo, como estaba en los brazos de su Madre. En la Iglesia se realiza el encuentro con Cristo y con los hermanos, se celebra la adoración del Dios verdadero, se recibe la salvación. De aquí parte toda misión. Ojalá siempre y en todo la Iglesia sea, seamos, como Maria, trasparencia y trono de Cristo, sede de la sabiduría del saber y del obrar, hogar de misericordia, para que toda búsqueda quede saciada y todos encuentren, como los Magos, a aquel que es el deseado de todas las naciones y su Salvador.

JESÚS CASTELLANO
MISA DOMINICAL 2000, 1, 39-40


49.

- JESUS HA VENIDO PARA TODOS

La fiesta de la Epifanía, más conocida como "el día de Reyes", es la segunda gran fiesta navideña, de hecho más antigua incluso que la misma Navidad, y todavía hoy la fiesta principal del ciclo en las Iglesias de Oriente. No obstante, la fecha queda muy marcada por todo el ambiente popular de la entrega de regalos, preferentemente a los niños. Lo cual, una vez más, nos obliga a recoger esta celebración popular para darle el sentido litúrgico propio.

Podemos afirmar que hoy es la culminación de la Navidad. "Epifanía" significa manifestación, y esto es lo que hoy celebramos: Dios se ha manifestado, se ha revelado en Cristo. Y esta manifestación, esta revelación, es para todos, para todos los pueblos de la tierra. La importancia del mensaje de hoy es que la gran noticia que hemos celebrado durante estas fiestas, la encarnación del Hijo de Dios, incumbe a todos.

Las lecturas insisten en esta universalidad de la salvación. La 1. lectura, de Isaías, imagina que sobre Jerusalén, la ciudad de Dios, se eleva una luz, la luz de la gloria del Señor, capaz de iluminar a todos los pueblos de la tierra: caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Por lo cual cantamos en el salmo: Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Y san Pablo, en la 2. lectura, comunica aquello que él considera el misterio que no habia sido manifestado a los hombres en otros tiempos... también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio. Tras esta declaración intuimos la experiencia de Pablo, quien saltó la barrera del judaísmo para llevar la buena noticia a los paganos.

Todos estos textos culminan en el evangelio, que nos muestra la escena de los magos de Oriente, representantes de los pueblos más alejados, que siguiendo la señal de la estrella llegan con gran alegría a Belén para presentar su homenaje al Señor.

También los demás textos eucológicos insisten en esta idea central de hoy: tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella (colecta); hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación (prefacio).

- LA UNIVERSALIDAD DE LA SALVACIÓN La primera y gran lección de hoy es, pues, captar esta lección de la universalidad del evangelio, y la alegría por una salvación que supera toda frontera. El camino y la adoración de los magos significan el camino de la fe y la adoración a Jesús de todos los que, aun sin formar parte del pueblo elegido en el Antiguo Testamento, hemos recibido la noticia de Jesús y nos hemos puesto en camino. La gran novedad es que la buena nueva de la salvación de Dios no es sólo para el pueblo de Israel, sino también para los paganos, para los pueblos de todo el mundo y de todos los tiempos. De hecho, también nosotros formamos parte de la gran multitud de no-judíos que hemos elegido a Jesucristo. A los judíos les costó entender esta universalidad; fijémonos cómo reaccionan el rey, los sacerdotes y los notables del pueblo ante la visita de los magos, entre la indiferencia y la sospecha. Que no nos pase lo mismo a nosotros, los que llevamos encima siglos de cristianismo. Aprendamos la universalidad de Dios, aprendamos a ser más "ecuménicos" en nuestras relaciones humanas y cristianas. La estrella se eleva para todos, no sólo para nosotros, también para los otros pueblos y religiones, de toda raza y condición; nadie queda fuera de su claridad.

- CAMINO DE BUSQUEDA

La imagen de la estrella y de unos hombres que siguen su luz es en verdad muy sugerente. Podría simbolizar el camino de la humanidad que busca a Dios, que anhela conocer su luz. Nuestro mundo vive alejado de Dios, pero es necesario que haya siempre una estrella encendida para que aquellos que están en actitud de búsqueda la puedan seguir. Y hemos de ser conscientes de que el camino de la fe hasta descubrir a Jesús es largo, y a menudo es muy fácil perderse en él. Con nuestro testimonio, podemos ayudar a que esa luz esté presente, esa estrella brille de verdad, para ayudar así a descubrir los signos de la presencia de Dios, para sembrar inquietudes de búsqueda, para invitar al seguimiento.

Finalmente, la epifanía del Señor también debiera de ser nuestra epifanía. Todos hemos de crecer en el reconocimiento de la presencia de Dios entre nosotros y en el conocimiento más profundo del Señor. Como los magos, hemos de saber leer los signos de Dios, ponernos en camino, vencer las dificultades, postrarnos ante el Señor y ofrecerle nuestros dones como signo de adoración. La fe es un camino, no podemos conformarnos con lo que ya tenemos, sino que debemos progresar en el conocimiento y en el amor al Señor: concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria (colecta); que tu luz nos disponga y nos guie siempre, Señor, para que contemplemos con fe pura y vivamos con amor sincero el misterio del que hemos participado (poscomunión). En definitiva, siempre hemos de vivir en actitud de búsqueda, de camino, de fe activa.

XAVIER AYMERICH
MISA DOMINICAL 2000, 1, 35-36


50. Nexo entre las lecturas

La luz de Cristo brilla de modo singular en los textos de la Epifanía. El tercer Isaías canta, bajo el símbolo de la luz, el triunfo y la centralidad de Jerusalén en el concierto de las naciones (primera lectura). La luz de Jerusalén es profecía, mira hacia una persona que será la luz de las naciones y la gloria de Israel (cf Lc 2,32). El evangelio nos narra la historia de unos "magos" que llegaron a Jerusalén porque habían visto en oriente la estrella del rey de los judíos y venían a adorarlo (evangelio). Y san Pablo en la carta a los efesios afirma que el misterio de Cristo ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas (segunda lectura); misterio de Cristo que consiste en ser luz y gloria de la humanidad.


Mensaje doctrinal

1. Cristo, luz universal. Es una verdad de nuestra fe que "uno ha muerto por todos" y "que nadie más que él puede salvarnos" (Hch 4,12). Este misterio salvífico de la muerte de Cristo (de su vida y de su resurrección) ilumina con su resplandor a la humanidad en su totalidad, sin exclusión alguna. Dice bellamente el catecismo: "La llegada de los magos a Jerusalén para ´rendir homenaje al rey de los judío´ (Mt 2,2) muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David (cf Núm 24,17; Ap 22,16), al que será el rey de las naciones (cf Núm 24,17-19)" (CIC 528). Los Padres del Concilio Vaticano II comenzaron la Constitución dogmática sobre la Iglesia con estas palabras: "Cristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto Sínodo... desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el Evangelio a todas las criaturas" (LG 1). Esta verdad forma parte del patrimonio perenne de la Iglesia y fundamenta su razón misma de ser en el mundo.

2. Cristo, misterio de Dios. La universalidad salvífica de Cristo no consta en los anales de la historia humana ni es deducible mediante estudios historiográficos profundos ni resulta del esfuerzo de penetración de una mente extraordinaria y sin igual. San Pablo, que tuvo que enfrentarse en primera persona con esta realidad y luego defenderla a capa y espada frente a los adversarios, quedó convencido íntimamente -y así nos lo dejó escrito- de que está de por medio "un misterio que consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y participan de la misma promesa hecha por Cristo Jesús a través del evangelio" (Ef 3,6). Un misterio de Dios, que por tanto sólo Dios puede revelar, en el modo previsto por su providencia. A los magos el misterio se les reveló por medio de una estrella; a Pablo mediante la visión y experiencia de Cristo en el camino hacia Damasco.

A este Niño, Luz universal envuelta en el misterio de Dios, sentido y plenitud de la humana existencia (así fue para los magos, así fue para Pablo, así debe ser para todo hombre), no se puede dejar de adorarlo y de ofrecerle nuestros regalos, como hicieron los magos; no se puede dejar de consagrarle nuestra vida, como hizo Pablo de Tarso. Sumisión y ofrecimiento, obediencia a la voluntad divina y donación son las coordenadas de todo cristiano que acoge con amor y gozo el misterio de Cristo.


Sugerencias pastorales

1. Cristiano, adora a tu Dios. Existe en el hombre una tendencia innata a "adorar", es decir, a someterse sumisamente a alguien o a algo que da razón de su existir. En la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, se mencionan con frecuencia a los ídolos y se previene contra ellos. "No te harás ídolos... No te postrarás ante ellos ni les darás culto" (Dt 5,8-9). "Tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen, tienen boca y no hablan... son como dioses que no pueden salvar". Esos ídolos pueden ser realidades materiales que con su poder encandilan la mirada del hombre y atraen su corazón, ídolos realmente numerosos y potentes; pueden ser también personas que, con su gracia y encanto, seducen y enajenan los pensamientos y el corazón de los hombres; pueden ser uno mismo, haciendo de su yo un sujeto adorante y adorado en un narcisismo inmaduro y cegador. Frente a los ídolos, el cristiano oye la voz de la Iglesia y de la conciencia que le dice: "Adora a tu Dios", el único Dios verdadero, el Dios vivo y fuente de vida. Sólo Él merece adoración, obediencia, entrega. Sólo Él te respeta sin avasallarte, sólo Él te libera de cualquier ídolo dentro o fuera de ti. Como enseña el catecismo: "La adoración del único Dios libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo" (CIC 2097).

2. Cristo y las religiones no cristianas. Los magos del oriente no vinieron a Belén a convertirse a la religión cristiana, sino a adorar al rey de los judíos. Nada sabemos históricamente de ellos, después de este encuentro con el Niño Jesús. El hecho es que simbolizan las grandes religiones del oriente que adoran a Jesucristo, reconociendo en él una persona importante capaz de hacer girar el eje de la historia, pero no necesariamente al Hijo de Dios. La figura de los magos no ha cesado de prolongarse en los veinte siglos de cristianismo, y hoy incluye a todos los no cristianos que buscan, en el claroscuro de sus creencias religiosas, al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo. La actitud de diálogo (diálogo doctrinal, pero también ético y espiritual) con los no cristianos responde al designio de Dios, y es cada vez más apremiante no sólo en Oriente sino también en Occidente, dada la intensa emigración y el fenómeno de la movilidad humana. Este diálogo será fructuoso si el cristiano está firmemente asentado en su fe y busca con sinceridad en las religiones no cristianas descubrir las "semillas del Verbo".

P. Octavio Ortíz


51. 2002 COMENTARIO 1

ANOTACIONES EN TORNO AL BELEN

Un Belén de ríos de platilla, con reyes magos, camellos y dromedarios, cargados de tesoros; con pastores ingenuos y escenas costumbristas, nieve de algodón y paisajes de serrín, verde musgo y árboles y hogueras y luces interminentes de colores y villancicos y panderetas y su estrella clavada en el cielo, custodiando el portal, con José, María y Jesús, el buey y la mula... Una navidad para todos, sin aguijón ni provoca­ción, sin mensaje; navidad dulce, de turrón y mazapán, de anís y calor de hogar. Un día para unirse al año, un año para seguir como antes. Pienso que este tipo de belenes ni inquietan, ni molestan, ni invitan a la reflexión: presentan una navidad des­cafeinada.

El primer Belén no fue así. Fue un acontecimiento que gritaba - y grita- a los cuatro vientos que no había derecho a que las cosas estuvieran como estaban -estén como están-. Aquel Belén levantó la esperanza de los pobres, la persecución de los poderosos, el olvido y desinterés de los cultos.

Veamos la ganga que se le ha añadido a aquel Belén ori­ginario...

Todo comenzó en Belén (= Bet-lehem: casa del pan o casa de 'Lahmu', divinidad acádica), una aldea rodeada de estepas desérticas, a unos siete kilómetros de Jerusalén, la capital. Miqueas (5,1) lo había profetizado: «Pero tú, Belén de Efrata, eres la más pequeña entre las aldeas de Judá; de ti sacaré al que ha de ser jefe de Israel... » El evangelista Mateo cita esta profecía con algunas correcciones: «Y tú Belén, tierra de Judá», no «eres» ni mucho menos «la última de las aldeas de Judá». Para él, la aldea se crece por haber nacido en ella Jesús. No se fijó Dios en las murallas y palacios de Jerusalén, sino en una aldea insignificante, cuna del rey David. Dios tiene debilidad por lo que no cuenta: una aldea pequeña será el lugar elegido. Lo que allí sucedió fue como un relámpago en la oscuridad de la noche de la historia...

«El niño se llamará Jesús» (Yehoshua: Yahvé salva), nombre bastante común entre los judíos. Así se llamaba el autor del libro del Eclesiástico, y el caudillo (Jesús Josué) que condujo al pueblo de Israel hasta la tierra prometida. Je­sús sería el Mesías, el liberador de Israel que llevaría a los suyos al país de la vida sin semilla de muerte.

«Un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre» fue la señal dada a los pastores por los ángeles. El nacimiento de Jesús no tuvo nada de extraordinario: «Estando allí, le llegó a María el tiempo del parto, dio a luz a su hijo primo­génito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, por­que no encontraron sitio en la posada» (Lc 2,7). Como cual­quier mujer, con dolor y angustia, María dio a luz a su hijo. A la usanza de la época, el cuerpo tierno de aquel niño fue vendado fuertemente con jirones de tela, pues los antiguos creían que, de no hacerse así, el niño crecería deformado y sus huesos no se solidificarían. Jesús nació fuera de la aldea: «No había lugar para él en la posada.» De mayor, tampoco habría lugar para él en la ciudad. La gente dejaría solo a su liberador a la hora de la verdad, colgándolo de un madero extramuros.

Nada dicen los evangelios del día y mes del año de su na­cimiento, ni siquiera del lugar exacto: lo del portal, la cueva o la gruta no aparece en ellos; por supuesto que tampoco el buey y la mula -con función de calefacción natural de otras épocas- pertenecen al relato evangélico. La imaginación de los evangelios apócrifos o falsos adornó con detalles la sobrie­dad del texto evangélico. Desde el siglo IV, los cristianos deci­dieron celebrar el nacimiento de Jesús el día en que los roma­nos celebraban la fiesta del solsticio de invierno (24-25 de diciembre), día en que el sol alcanza, en su movimiento apa­rente, su distancia máxima de la tierra y comienza a acercarse a ella aumentando su intensidad. El dios 'sol invicto' recibía en aquella fecha toda clase de cultos y ofrendas. Los cristianos sustituyeron el 'astro sol' por el 'sol de Justicia-Jesús', que se acerca a los hombres. Nació así nuestra fiesta de Nochebuena y Navidad.

«Hijo de José y María.» De José sabemos que era des­cendiente, venido a menos, de la familia de David. De la fa­milia de María poco dicen los evangelios. De sus padres, Joa­quín y Ana, de su dedicación y vida desde los tres años en el templo, los evangelios apócrifos dan sobradas y fantásticas no­ticias. Estos mismos evangelios tuvieron la indelicadeza de presentar a José, el esposo de María, como hombre de avan­zada edad y barba venerable, para preservar así la virginidad de su esposa, Madre-Virgen... José y María, en todo caso, debieron de ser unos jóvenes esposos de catorce a dieciséis años de edad; unos jóvenes más entre tantas jóvenes parejas, sin especial relieve. Dios «se fija en lo débil del mundo para confundir a los fuertes...

La noticia del nacimiento se divulga. Aquella noche, el cielo se vistió de fiesta. Un ángel -Dios sabe cómo sucedió en realidad- comunicó a los «pastores» la buena noticia, y éstos corrieron al pesebre para comprobar lo anunciado. Des­pués, estando ya el niño Jesús en una casa, fue visitado por «los magos», que llegaron hasta él gracias a una «estrella» que les hizo de guía.

«Los pastores... » eran representantes natos de las clases marginadas del país, equiparados a recaudadores y publicanos, ladrones por obligación y profesión. Por ser considerados como embusteros no podían hacer de testigos en los juicios. No cobraban salario por su trabajo; recibían la manutención a cam­bio y tenían obligación de reponer las pérdidas de ganados a sus amos. El modo concreto de hacerlo era el robo. El naci­miento de Jesús se anuncia a ladrones, en primer lugar, diría­mos hoy, llevándonos las manos a la cabeza. Manías del Altí­simo, alabado sea su santo nombre...

«Unos magos de Oriente» se presentaron en Jerusalén preguntando: « ¿Dónde está el rey de los judíos que ha naci­do? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a rendirle homenaje» (Mt 2,1-2). Se creía por entonces que el nacimien­to de todo gran personaje en la tierra era acompañado por la aparición de una estrella en el firmamento. A Jesús no le debía faltar la suya... Lo de «la estrella», sobre la que se han lanzado todo tipo de hipótesis (¿Fue un cometa? ¿La conjun­ción de los planetas Saturno, Júpiter y Marte, que, según Keppler, tuvo lugar el 747 de la fundación de Roma?), es un símbolo. En el libro de los Números (24,17) se dice: «Avanza la estrella de Jacob y sube el cetro de Israel.» Esta estrella es símbolo del Mesías, que conduce a los paganos a la luz de la fe, hecho anunciado por el profeta Balaán, el de la famosa burra contestataria, en contra de la voluntad del rey Balac. Balaán era mago. En la estrella que conduce a los magos a Jesús ve el evangelista Mateo la marcha de los paganos hasta la fe. Estos personajes, a más de extranjeros, ejercían una pro­fesión penalizada por la Biblia: la magia. Eran originarios, tal vez, de la tribu de los Medos, que llegó a convertirse en casta sacerdotal entre los persas. Practicaban la adivinación, la me­dicina y la astrología, prácticas que, en la Biblia, no gozan de buena reputación (1 Sm 28,3; Dt 18,9-13; Dn 1,20; 2,2-10).

Los dos primeros y únicos grupos de personajes que desfi­laron ante Jesús, tras su nacimiento, no contaban entre los poderosos de la tierra, pues eran marginados del mismo pue­blo de Israel (pastores) o extranjeros mal vistos por la religión oficial (magos), aunque respetuosamente tratados por Herodes. Dios se fija en los que no cuentan para anunciarles la buena noticia.

De los magos hemos sabido (¿inventado?) más con el tiempo. Pero nada de lo que sigue aparece en los evangelios. Desde el siglo II se piensa que eran tres, a juzgar por los tres regalos que le ofrecen al niño: oro (regalo real), incienso (para el culto) y mirra (para ungir el cadáver el día de la muerte); se les bautizó en el siglo VI con el nombre de reyes: Melchor, rey de Persia; Gaspar, rey de Arabia, y Baltasar, rey de la India. Estos tres reyes se habían reunido por orden de Dios en Persia para acudir hasta Belén, guiados por la estrella (datos que ofrece el evangelio armenio de la Infancia, del s. VI). San Beda (s. VIII) los considera representantes de Europa, Asia y Africa, los tres continentes conocidos en aquel tiempo; de ahí los distintos colores de su piel. En el siglo XII se traslada­ron sus supuestos huesos desde Milán a la catedral de Colonia, donde hoy son venerados. Para más datos, el evangelio no dice que fueran reyes ni tampoco fueron recibidos con el cere­monial real por Herodes. Fue Cesáreo de Arlés quien comen­zó a denominarlos así, basado en el salmo 71,10 e Isaías 49, 7ss. Venían de Oriente: para un israelita, Oriente puede ser todo lo que hay al otro lado del Jordán.

«Herodes el Grande.» Los poderosos de la tierra están representados por Herodes, una versión actualizada del faraón de Egipto, que quiso acabar con los primogénitos de los israe­litas cuando el pueblo era esclavo. Moisés antes, y ahora Je­sús, se libraron de la muerte. Dios andaba de por medio. Los poderosos no quieren que el pueblo alcance la libertad y aca­ban con la vida de quienes pueden concienciarlo.

Herodes, el gran rey Herodes, era famoso por su cruel­dad: mandó matar a su yerno, ahogado; mató a sus hijos Aris­tóbulo y Alejandro; estranguló a su mujer, Mariamme. Cinco días antes de morir mandó que asesinaran a su hijo mayor, Antípatro, y dio orden de hacer perecer, después de su muerte, a todos los 'notables' de Jericó para que hubiera lágrimas en sus funerales. Era consciente de que el pueblo judío no lo es­timaba demasiado como para llorarlo ese día. Lo que el evan­gelio cuenta de él cuadra con sus ansias de poder y con su crueldad sin límites. Que mandó matar a los niños menores de dos años consta por el evangelio. Cuántos niños murieron (en todo caso, no más de quince, según los diferentes cálcu­los de demografía y natalidad) no lo sabemos...

Pero Dios estaba con Jesús. La orden fue burlada y el niño se libró huyendo a Egipto. Algo parecido sucedió con la orden del faraón de Egipto de matar, al nacer, a todo israelita varón (Ex 1,15-22).

«Sacerdotes y letrados.» El ala eclesiástica de la época y la cultura del momento cumplieron su papel. Dieron toda la información a Herodes para llegar a Jesús, pero, acomodados e instalados en su saber y posición social, no sintieron el más mínimo interés por acudir hasta él: tal vez no sentían nece­sidad de libertador alguno. «Herodes... convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo y les pidió información sobre dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: en Belén de Judá, así lo escribió el profeta» (Mt 2,3-4).

Después de esto ya sabemos: «José y María se fueron con el niño a Egipto.» En Egipto había comenzado la historia del pueblo de Israel. Jesús había venido para reiniciar esta his­toria. De allí, como al principio, saldría para conducir al nue­vo pueblo a la tierra prometida.

Pero sólo los pobres siguieron la convocatoria. El poder político y religioso quiso en todo momento acabar con Jesús; les resultaba incómodo y subversivo. Al final de su vida, lo consiguieron colgándolo en un patíbulo.

Veinte siglos después seguimos celebrando su nacimiento los que creemos que aún vive y siembra de ilusión y esperanza el corazón de los pobres y marginados de la tierra. Para todos ellos, Feliz Navidad.

Aquel Belén del evangelio, por lo demás, poco tiene que ver con nuestros folklóricos y pintorescos belenes...
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52. COMENTARIO 2

SABER PARA SERVIR

Epifanía significa manifestación: Dios se ha manifestado a toda la humanidad en la persona de Jesús. Este es el mensaje central del evangelio de hoy. Y se ha manifestado para que lo que nos dice, para que lo que sabemos, no lo guardemos para nosotros, sino que lo pongamos al servicio de los demás.



ES OTRA HISTORIA

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. En esto unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

-¿Dónde está el rey de los judios que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a rendirle homenaje.



Si queremos entender los pasajes del evangelio que se refieren a la infancia de Jesús debemos dejar de considerarlos historia, en el sentido moderno de la palabra. Los evangelistas no pretenden contar, con pelos y señales, unos hechos que sucedieron en un lugar concreto y en una fecha precisa; lo que quieren es comunicar de parte de Dios un mensaje en el que podremos encontrar la felicidad y la salvación. Los evan­gelios son el testimonio que las primeras comunidades cristia­nas nos dejaron acerca de su fe y de lo que, como consecuencia de haber creído, cambió sus vidas. Ahora bien: como su fe no consistía en aceptar una teoría, sino en ponerse del lado del Hombre, en quien Dios quiso compartir la existencia humana, su testimonio arranca de los principales hechos –históricos, sin duda- de la vida de Jesús. Pero los evangelistas, según práctica frecuente en aquella cultura, no sienten ningún reparo en inventarse algunos relatos si les sirven para explicar mejor el mensaje que ha cambiado su propia vida y la de los demás miembros de la comunidad, mensaje que quieren pro­poner a quienes estén interesados en ese nuevo modo de creer y de vivir.

El de la adoración de los Magos -como la mayoría de los que se refieren a la infancia de Jesús- es uno de estos relatos; en él Mateo adelanta una de las enseñanzas centrales de la predicación de Jesús y que, con otro estilo, nos ofrece Pablo en el párrafo de la carta a los Efesios que se lee hoy como segunda lectura: «que los paganos, mediante el Mesías Jesús y gracias a la buena noticia, entran en la misma herencia, forman un mismo cuerpo y tienen parte en la misma prome­sa», es decir: que todo hombre, sea cual sea su origen, el color de su piel, la lengua en la que se exprese o el lado de la frontera en el que haya nacido, está llamado a incorporarse al proyecto de convertir este mundo en un mundo de herma­nos, porque Dios se ofrece para ser el Padre de todos los que como tal lo acepten. Eso es lo que nos quiere explicar Mateo con la historia de estos extranjeros -los magos vienen de Oriente- que se acercan a rendir homenaje al recién nacido: que Dios no hace diferencias entre los hombres ni por la raza, ni por la nación, ni por la cultura, ni por la religión...



TODOS ERAN INTELECTUALES, PERO...

Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó, y con él Jerusalén entera; convocaron a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo y les pidió información sobre dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

-En Belén de Judea, así lo escribió el profeta.



Los magos no eran reyes, ni funcionarios de ningún gobier­no; eran científicos, lo que hoy llamaríamos intelectuales. Se dedicaban a estudiar las estrellas, en donde los hombres siem­pre han intentado leer la historia por adelantado. Mateo dice que en las estrellas descubrieron la noticia del nacimiento de un rey, el rey de los judíos. Aunque el evangelio no lo dice expresamente, debemos suponer que en aquel nacimiento supieron ver la mano de Dios. Y se pusieron en camino -ac­tuaron en consecuencia; su ciencia, la verdad que habían descubierto, les sirvió para su vida- y se fueron a rendir homenaje y a ponerse al servicio de aquel rey recién nacido.

Cuando llegaron a Jerusalén fueron a preguntar al palacio real. Allí no había ninguna vida nueva -pronto se demostra­ría que aquél era un reino de muerte-. Herodes, rey ilegítimo que reinaba gracias al imperio de Roma, temiendo por su trono, convocó a los mayores expertos en las cuestiones de Dios, a los letrados y a los sumos sacerdotes, para que le aclararan qué estaba pasando.

Por supuesto que supieron darle respuesta; no eran igno­rantes, conocían al dedillo la palabra de Dios y todos los anuncios de los profetas y respondieron adecuadamente: «En Belén de Judea, así lo escribió el profeta». Lo sabían todo, pero ¿para qué les servía su ciencia?

Para ponerla al servicio de un poder tiránico y opresor al que ofrecen los datos que le permitirán atacar con todos los medios la esperanza que acaba de hacerse carne en medio de la humanidad, y como se irá viendo en el evangelio, también les servirá para conseguir y mantener sus privilegios, para engañar y explotar al pueblo al que trataban de ocultar la verdad que tan bien conocían y que tan poco les interesaba que se conociera.

Estas son dos de las principales enseñanzas del evangelio de hoy: Dios no hace distinciones entre los hombres; aunque prefiere a los pobres, todos están invitados, en Jesús, a ser sus hijos. Hay que empezar, eso sí, por ser honrados y por poner lo que sabemos al servicio no del poder o de nuestros privilegios, sino de todos los que necesitan y buscan libera­ción.
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53. COMENTARIO 3

vv. 1-3. 2 1Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey He­rodes. En esto, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2preguntando:

-¿Dónde está ese rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a rendirle homenaje.

3Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó, y con él Je­rusalén entera;

Lugar donde nació Jesús (Belén de Judea) y datación aproximada, en tiempo del rey Herodes el Grande (c. 734 a. C.), conocido por su habilidad política, su crueldad y su despotismo; muy abierto a la cultura griega, construyó varias ciudades de tipo hele­nístico, entre ellas Sebaste y Cesarea, y además reconstruyó el templo de Jerusalén (acabado el 63/64 d. C.). Fue nombrado por Roma rey de Judea el año 40 a. C. y conquistó Jerusalén el año 37. No era judío de raza, sino de padre idumeo y, por tanto, no podía ser considerado rey legítimo de Israel. «Magos», es decir, astró­logos orientales, que mezclaban su ciencia astronómica con la pre­dicción del destino, anunciado, según ellos, en los astros. Llegan a Jerusalén, pero no preguntan por un personaje religioso, sino por «el rey de los judíos», para rendirle homenaje: rey universal.

«Preguntando»: lit. «diciendo». Así en el AT como en el NT se usa el verbo genérico « decir» para indicar tanto una afirmación como una negación o una pregunta. En las lenguas modernas se utiliza un verbo especifico, en este caso «preguntar», pues lo que los magos proponen es una pregunta.

«Hemos visto salir su estrella»: lit. «hemos visto su estrella en la salida». La palabra griega anatolê significa, sin artículo, el punto cardinal, el oriente (por donde sale el sol); con artículo, la salida misma de un astro.

Este rey que ha nacido se contrapone al reinante, Herodes. Los judíos no se han percatado del nacimiento del nuevo rey, pero sí los paganos; son éstos los que anuncian su nacimiento al pueblo de Dios. Agitación de Herodes, siempre sospechoso de posibles pre­tendientes al trono, y de la ciudad entera, al unísono con el tirano que la domina. Ante la noticia, Jerusalén tiene la misma reacción que el rey, no ve en el que ha nacido un posible liberador. De hecho, el pueblo no hará esfuerzo alguno por encontrarlo.



vv. 4-6. 4convocó a todos los sumos sacerdotes y letrados del pueblo, y les pidió información sobre dónde tenía que nacer el Mesías.

5Ellos le contestaron:

-En Belén de Judea, así lo escribió el profeta:



6Y tú, Belén, tierra de Judá,

no eres ni mucho menos la última

de las ciudades de Judá:

pues de ti saldrá un jefe

que será pastor de mi pueblo, Israel (Miq 5,1).

Herodes convoca a los miembros del Consejo, excepto a los «senadores», cuyo papel era meramente político. El tema que se propone tratar es religioso. «Letrados», gr. grammateus, derivado de gramma, letra, escrito, libro y, en plural, «letras», ciencia. De­signa a los «hombres de letras» o «de ciencia», a los expertos en la Ley, teólogos y, sobre todo, juristas. Constituían una alta clase social de reciente aparición, que intentaba arrebatar la hegemonía a la aristocracia sacerdotal. Después de varios años de estudio re­cibían una ordenación. Sus decisiones en materia de legislación religiosa o ritual eran decisivas. Herodes identifica al «rey de los judíos» por el que preguntan los magos con el Mesías esperado, el salvador prometido. Los entendidos contestan a su pregunta dándole la referencia exacta: en Belén de Judea.

El texto profético citado por Mt combina Miq 5,2 con 2 Sm 5,2; este último pasaje es estrictamente mesiánico, pues trata de la unción de David como rey de Israel (2 Sm 5,4). El niño es, por tanto, el Mesías de la casa de David. Resalta en primer lugar la importancia de Belén, patria de David, lugar del nacimiento del nuevo rey, frente a Jerusalén, donde reina Herodes. El caudillo que va a nacer será pastor del pueblo de Dios, Israel. La función de «pastor» se aplicaba a David (Sal 78,70s) o al nuevo David (Jr 23,5; 30,9; Ez 34,23s). El pueblo de Dios, del que será pastor el rey nacido, incluye a los magos que han venido a rendirle homenaje como a su propio rey: el pueblo del Mesías incluirá a los paganos. «Rendir homenaje» es el significado del gr. proskuneô referido a un rey o a Dios como soberano. Se expresaba en forma de inclinación o de postración.



vv. 7-8. 7Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran cuándo había aparecido la estrella; 8luego los mandó a Belén encargándoles:

-Averiguad exactamente qué hay de ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a ren­dirle homenaje.

Herodes convoca a los magos en secreto, no quiere que sus planes sean conocidos. Mt lo caracteriza por su hipocresía: pretende tener el propósito de prestar homenaje al nuevo rey, cuando en realidad se propone matarlo. Los jefes del pueblo, en cambio, no manifiestan reacción alguna.



vv. 9-12. 9Con este encargo del rey, se pusieron en camino; de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta pararse encima de donde estaba el niño.

10Ver la estrella les dio muchísima alegría.

11Al entrar en la casa, vieron al niño con María, su ma­dre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, in­cienso y mirra.

12Avisados en sueños de que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

La «estrella» alude a Nm 24,17: «surgirá un astro de Ja­cob y se levantará un hombre de Israel» (LXX). La estrella es figura de la persona misma del rey nacido y los guía al lugar donde éste se encuentra. En Jerusalén, donde ni el pueblo ni los di­rigentes esperan al liberador, no es visible. Vuelve a aparecer a los magos cuando se alejan de la capital. «En la casa» ven al niño con su madre. Ausencia de José. En Israel, el rey y su madre constituían la pareja real (cf. 1 Re 2,19; 15,2; 2 Re 10,13; 12,2; 23,31.36; 24,18). La escena subraya la realeza del niño. El homenaje se manifiesta con una postración y dones que expresan sumisión y alianza (mirra e incienso, Cant 3,6; incienso, Lv 2,1-16; Jr 6,20; 17,26; 48,5; Is 60,6; Eclo 39,14; 50,9; mirra, Eclo 24,15). Dios vela por su Mesías, im­pidiendo que Herodes sepa dónde está el niño.
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54. COMENTARIO 4

El texto hunde sus raíces en un ambiente determinado por das circunstancias históricas: la agresividad de Herodes frente a todo posible pretendiente a la realeza, y el marcado etnocentrismo (conciencia de superioridad racial) existente en la región.

La primera de estas circunstancias es atestiguada abundantemente por las fuentes históricas de la épo­ca. Hasta los miembros de su misma familia debieron sufrir la susceptibilidad del rey en este punto. Y en particular los movimientos mesiánicos fueron objeto de la persecución por parte del rey, considerado por algunos el Mesías esperado (Herodianos, ciertos saduceos...).

Desde ese marco es necesario entender el presen­te pasaje, que tiene claras connotaciones políticas por la repetida presencia en el texto del término "rey". Este titulo se atribuye primeramente a Herodes en los vv. 1.3.9, pero en boca de los magos se aplica a un niño desnudo (v.2) al que se asignan los atributos del señorío: es llamado "Mesías"(4), y también "jefe" y "pastor" conforme a la cita de la profecía de Miqueas (6), y recibe la postración y las ofrendas como legíti­mo gobernante.

Se reactualiza de esta forma la historia fundacional de Israel ya que, como Moisés, el liberador del pueblo es perseguido por un rey enemigo. Por otra parte, la comunidad cristiana primitiva experimenta en carne propia las dificultades que comporta el seguimiento de Jesús. Particularmente en Siria, patria del evange­lio de Mateo, encontramos testimonios que reflejan el temprano conflicto con la autoridad imperial. Ya bajo Calígula, en el año 38, algunos de los miembros del cristianismo primitivo son expulsados de la región, y la situación, lejos de mejorar, se ha agudizado en tiem­pos en que se escribe este evangelio.

Junto a este motivo central del relato hay un re­chazo explícito a la conciencia de superioridad racial presente en el elemento judío de la comunidad de Mateo.

La tradición popular ha hecho de los Magos unos reyes, como consigna la continuación del texto de Isaías, y representándolos sobre sus camellos ha visto cumplido el v.6 del mismo capítulo: "te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá", En sus ofrendas ha visto la realización del mismo pasaje: "vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro".

Frecuentemente la fe nos coloca ante la necesi­dad de hacer una opción entre dos sumisiones: la acep­tación de las decisiones de los detentatores del po­der, muchas veces enfrentadas con el querer divino, o la obediencia al designio de Dios.

Frente a cada ocasión en que con ese realismo se pretenda justificar la oposición del gobernante al de­signio divino, el texto nos llama a reconocer al "rey de los judíos" en el niño desnudo que ha nacido.

Por otra parte, la comunidad cristiana es llamada a comprender que, paradójicamente, son a veces los "alejados", más que los miembros del pueblo, quienes pueden descubrir mejor la presencia siempre novedosa de Dios en la historia.

Crece constantemente a nuestro alrededor la des­confianza frente al extranjero y frente a todo lo que es "diferente". Cada grupo, país o raza, pretende ligar la presencia de Dios a sus propios intereses o a sus comportamientos comunitarios. El relato de los Ma­gos nos muestra cómo con estas actitudes podemos estar rechazando una presencia nueva de Dios, aho­gándola y, de esta forma, reproduciendo la actitud de Herodes y de los dirigentes israelitas de aquella época frente al recién nacido. El Dios con nosotros se pre­senta muchas veces en visiones alejadas de la nuestra, en actitudes que frecuentemente son distintas de las nuestras en el modo de acceder a la realidad. Tal vez bajo la forma de una estrella y de sueños, que en apariencia son solamente humanos... Pero, gracias a ellos, Dios llama a recorrer un camino que culmina en la adoración al Jesús recién nacido.

La presencia de una estrella o de sueños huma­nos, puede ser la manifestación concreta de Dios en la vida de los seres humanos, la realización de la his­toria de bendición divina en la historia de la Humani­dad.

Los Magos de Oriente nos llaman a hacer su cami­no, que conduce a la aceptación de la acción de Dios frente a la vida. El criterio para reconocer al Dios vi­viente, su presencia y actuación, no pasa por la per­tenencia a una estructura -aunque sea depositaria de las Escrituras que nos indiquen el lugar del nacimien­to-, sino por la aceptación gozosa del Dios de la Vida.

COMENTARIOS

1. Jesús Peláez, La otra lectura de los evangelios II, Ciclo C, Ediciones El Almendro, Córdoba

2. R. J. García Avilés, Llamados a ser libres, "Para que seáis hijos". Ciclo C. Ediciones El Almendro, Córdoba 1991

3. J. Mateos, Nuevo Testamento (Notas al evangelio de Juan). Ediciones Cristiandad Madrid.

4. Diario Bíblico. Cicla (Confederación internacional Claretiana de Latinoamérica).

HOMILÍAS 40-49