COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt, 11, 25-30

1.

Esta importante oración de Jesús contiene tres afirmaciones fundamentales: sólo el Hijo es capaz de revelar el verdadero rostro del Padre; la revelación del Padre se abre a los pequeños y se cierra a los sabios, todos los que están cansados y oprimidos pueden encontrar en Cristo alivio. La afirmación central es la primera; las otras dos le sirven de marco y expresan su contenido.

Dios ha decidido gratuitamente ("así te ha agradado") manifestar "estas cosas" a los "pequeñuelos". Es una revelación que sigue esquemas inesperados: oculta estas cosas a los prudentes y a los sabios y las revela a los pequeños. Para dar aún más relieve a la paradoja, Jesús no dice simplemente "Padre", sino que añade "Señor del cielo y de la tierra". Aquí está la maravilla: el Dios del cielo y de la tierra tiene preferencias por los humildes y los pequeños.

Mas en este punto las preguntas se hacen numerosas: ¿Quiénes son concretamente los pequeños a los que se manifiestan los secretos de Dios? ¿Quiénes son los sabios y prudentes a los que, en cambio, se les ocultan? ¿Qué se ha manifestado y se ha mantenido oculto? Jesús no dice exactamente qué ha revelado el Padre a los sencillos. Se limita a decir "estas cosas". Pero es fácil comprender que se trata del Evangelio en su totalidad, es decir, de aquella nueva comprensión de Dios y de su voluntad que se contiene en las palabras y en los hechos de Jesús.

Cuando Jesús hablaba y Mateo escribía, la expresión "los sabios y los prudentes" designaba concretamente a las élites religiosas de Israel, rabinos y fariseos, que permanecían ciegos ante la claridad de las palabras de Jesús y se irritaban por su predicación en favor de los pobres (se escandalizaban de ella). Por consiguiente, "pequeño" no se opone a adulto (y, por tanto, no designa a los niños), sino que se opone a sabio y prudente.

Pequeños son los hombres sin cultura (así se dice), sin competencia religiosa, sin habilidad dialéctica, sin facilidad de palabra. Concretamente, en tiempo de Jesús eran los llamados hombres de la tierra, los pobres aldeanos de Galilea, a quienes los doctores de la Ley y los fariseos despreciaban. Decían ellos: "Un ignorante no puede evitar el pecado y un hombre del campo no puede ser de Dios". Y en el contexto histórico de la época de Jesús, los cansados y los oprimidos eran los que penaban bajo las intolerables y complicadas prescripciones de la ley farisaica y se sentían perdidos ante la doctrina sutil y difícil de los rabinos. Jesús les invitaba a buscar en otra parte, a saber, en el evangelio y en su ejemplo, la verdadera voluntad de Dios; una voluntad sin duda exigente, pero rectilínea y simple y al alcance de todos. Para motivar su invitación y ofrecer su ejemplo, se define Jesús "manso y humilde de corazón". Humilde indica la actitud de Jesús, dócil en todo a la voluntad del Padre; una docilidad interior, libre y querida ("de corazón"). Manso indica la actitud de Jesús respecto a los hombres: una actitud rectilínea, valiente, no violenta; misericordioso, tolerante, pronto al perdón, pero también exigente.

BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 121


2.

¿Quiénes son los sencillos? Hay que distinguir dos niveles de interpretación: el de la tradición y el del evangelista. En el primero, los "sencillos" son los pobres, a los que es anunciado el Evangelio de Reino. En la perspectiva de Mt, el texto adquiere un tono polémico antifarisaico: los "sencillos" son los discípulos creyentes, opuestos a los sabios y entendidos, es decir, a los escribas y fariseos. Esta doble interpretación se insiere en la oración de Jesús, que reconoce la acción salvífica y gratuita del Padre en la doble reacción ante su persona y su mensaje: gozosa acogida por parte de los pobres, marginados, pecadores, pueblo sencillo; y obstinado rechazo de los responsables cualificados por el "saber" y la práctica religiosa.

Siguiendo a Jesús, el yugo (la alianza y la ley del Señor; en la tradición judía, la Torah y los mandamientos) de la voluntad de Dios ya no es un yugo opresor y duro, sino que genera ya ahora aquella gozosa paz prometida a los humildes y pobres, garantía de la salvación definitiva ("el reposo"). Así, el yugo ya no es un sistema legal para interpretar y seguir, sino seguir a Jesús, el Hijo, que revela la voluntad de Dios y la realiza plena y definitivamente.

J. FONTBONA
MISA DOMINICAL 1990/14


3. 

La cuestión de la autenticidad, de la unidad y de la doctrina de este pasaje, plantea muchos problemas a los exegetas. La primera parte (vv. 25-27) se parece mucho a la versión de Lucas (/Lc/10/21-22), pero la segunda se separa mucho de ella (/Lc/10/23-24 y /Mt/11/28-29). Parece, sin embargo, que Mateo transmite una versión primitiva, si tenemos en cuenta el gran número de aramismos en este relato.

Primero, Xto formula una acción de gracias a su Padre (vv. 25-27) porque ambos son el uno para el otro y por la misión que Él ha recibido de revelarlo a los pequeños (vv. 28-30) para invitarlos a entrar en comunión con Él.

a)El trasfondo bíblico de este himno es muy revelador: Xto se aplica el himno de /Dn/02/23. Los tres "niños" (cf Lc 10. 21) se oponen a los "sabios" babilónicos; gracias a sus plegarias (Dn 2. 18) se les ha concedido la "revelación" del misterio del Reino (expresión característica del libro de Daniel, que se vuelve a encontrar también en Lc 10. 21), que ha escapado a los sabios y doctores.

Xto compara la oposición entre sus discípulos y los sabios del judaísmo a la que separa a los "niños y los sabios" en tiempos de Nabucodonosor. También Él va a abrir su Reino y ofrecer la "revelación" a una categoría bien determinada de "pobres", los que lo son en el plano de la inteligencia. En esto se separa de algunos doctores del judaísmo, que con frecuencia eran despiadados para con el pueblo ignorante (cf. Is 29. 14; 1 Co 1. 19-26).

b)En otro pasaje del libro de Daniel (/Dn/07/14), el Hijo del hombre "recibe todo" del Anciano en días..., y este misterio constituye el objeto de la revelación hecha a Daniel. Partiendo de este texto, Cristo, que reivindica para Sí el título de Hijo del hombre (Mt 24. 36), bendice al Anciano en días, pero con un nuevo nombre, el de Padre, porque ha "puesto todo en sus manos", es decir, porque le ha dado, como en Daniel 7. 14, un "poder sobre todas las cosas" (Mt 28. 18; Jn 5. 22; 13. 3; 17. 2), pero también un "conocimiento" pleno del Padre, que deberá revelar a los hombres (v. 27). Cristo es, así, simultáneamente, el Rey y Revelador del Reino a los pequeños. Agrupándose en torno a Él, éstos podrán conocer a Dios y constituir una comunidad distinta de "los que no conocen a Dios"; primero, los paganos (Jr 10. 25), y después los sabios judíos (v. 21; cf Jn 12. 39-50).

c)Los "cansados y cargados" (v. 28) son los mismos que los pequeños y los ignorantes de los versículos precedentes. En efecto, el peso o el "yugo" designa con frecuencia en el judaísmo el cumplimiento de la ley (Si 51. 26; Jr 2. 20; 5. 5; Ga 5. 1).

Los escribas les habían sobrecargado con un número incalculable de prescripciones que los simples y los ignorantes se esforzaban por observar, sin tener la capacidad suficiente para distinguir lo necesario de lo accidental (Mt 23. 4). Los que Jesús ha reclutado no son tanto los afligidos como los simples e ignorantes, esclavos de las prescripciones del legalismo judío.

Cristo, que guardaba sus distancias frente al intelectualismo, hace otro tanto frente al legalismo.

d)Jesús se presenta, sin embargo, como los rabinos y los sabios que reclutaban discípulos para sus escuelas (v. 29; cf Si 51. 31; Is 55. 1; Pr 9. 5; Si 24. 19). Impone a su vez un yugo, pero fácil de llevar (1 Jn 5. 3-4; Jr 6. 6) porque Él también ha formado parte de la comunidad de los pobres anunciada por So 3. 12-13, y porque reúne a los mansos y humildes de corazón. El nuevo Maestro de sabiduría es, pues, un Pobre, y lo es de corazón, porque ha adoptado libre y voluntariamente esta condición.

Esta pobreza de Xto da unidad a todo el pasaje. Frente al intelectualismo de los sabios que creían saberlo todo, Xto se dirige a los ignorantes, pero como uno de ellos, pues afirma que todo lo que Él sabe no proviene de Él, sino que lo ha recibido del Padre (vv. 21-22). Frente al legalismo de los rabinos, Jesús se vuelve hacia los que se encurvan bajo el yugo de la ley, que sienten complejo de culpa frente a esa ley y se presenta igualmente como uno de ellos: también a Él le han echado en cara faltas y pecados (el contexto de Mt 12. 1-11 lo muestra claramente) y se ha liberado de ese complejo de culpa, invitando a cuantos son víctimas de él a liberarse también.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA V
MAROVA MADRID 1969.Pág.136 ss


4.

Texto. En el contexto inmediato Mateo resalta la inmadurez y el inmovilismo de los contemporáneos de Jesús. Contrarrestando esta situación Mateo inserta este espléndido texto.

Comienza con un canto de acción de gracias de Jesús al Padre y al Señor del universo. Este primer momento del texto abarca los versículos 25-26. El motivo de la acción de gracias es la toma de postura del Padre en favor de la gente sencilla.

En este motivo es perfectamente reconocible la línea de conducta de Dios, cuyos orígenes se encuentran en el texto fundacional de la Biblia: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto... y he bajado a liberarlos de los egipcios (Ex. 3, 7-8).

La expresión gente sencilla traduce adecuadamente el término figurado griego "niños pequeños" y funciona en contraposición a "sabios y entendidos". En el conjunto del evangelio de Mateo ambas categorías de personas son trasponibles a maestros de la Ley y fariseos (sabios entendidos) y a recaudadores y gente de mala reputación (niños pequeños). Un motivo similar al de este texto lo desarrolla Pablo cuando contrapone los considerados sabios por el mundo a los que en el mundo tiene por necios (I Cor. 1, 18-31). En su acción de gracias Jesús maneja magistralmente el recurso del contraste: el que es imponente y majestuoso manifiesta su "impotencia" y majestad tomando postura por los que nada pueden.

El segundo momento del texto es el v. 27. El destinatario no es ya el Padre sino los oyentes y lectores. Este segundo momento viene a dar razón y fundamento a la acción de gracias precedente.

Si Jesús puede dar gracias al Padre por su toma de postura y por su parecer, ello es debido al grado de conocimiento y de compenetración que tiene con el Padre. Jesús lo sabe todo del Padre, porque el propio Padre se lo ha enseñado. En el conjunto del texto este verbo enseñar es traducción más ajustada que el genérico entregar. Mi Padre me lo ha enseñado todo.

El tercer momento del texto abarca los vs. 28-30. Se trata de una doble invitación, cuya fuerza y valor residen en lo que conocemos de Jesús por el versículo anterior. Los destinatarios de la invitación son los cansados y los agobiados. Ambos términos están empleados en sentido figurado. En el conjunto del evangelio de Mateo se trata del cansancio y agobio derivados de las cargas de la Ley, tal como lo entienden y exponen los sabios y entendidos.

"Los maestros de la Ley y los fariseos echan cargas pesadas sobre los hombros de los demás" (Mt. 23, 4). La actitud de Jesús, expresada en la frase "yo os aliviaré", contrasta con la de los sabios y entendidos, que "no están dispuestos a tocar ni siquiera con un dedo" las cargas que echan (Mt. 23, 4). Ellos habla del yugo de la Ley; también Jesús lo hace, pero unciéndose él mismo el yugo y caminando delante con él. La invitación de Jesús a cargar con el yugo parte de su mismo ejemplo.

En el conjunto del texto el v. 27 ocupa el lugar central no sólo por posición sino, sobre todo, por importancia. El, en efecto, irradia luz a los anteriores y a los posteriores. Estos, a su vez, ayudan a ver la perspectiva de las afirmaciones del versículo central. En él niega a la Ley toda pretensión de mediación válida para el conocimiento del Padre y del Hijo. Comentario. La Biblia tiene su origen en un acto de justicia social: la toma de postura de Dios en favor de los oprimidos. En el texto de hoy Jesús confirma autoritariamente esta imagen de Dios, la cual se convierte así en la única imagen válida de Dios.

Jesús nos revela a un Dios que toma partido en favor de los oprimidos por las cargas que les imponen los sabios y entendidos. No pretendamos ver en este texto un planteamiento antiintelectual. Se trata pura y simplemente de un acto de justicia social. Un acto de justicia social no verbal ni teórico, sino real y práctico. En este texto no hay fractura entre teoría y praxis ni un planteamiento orientado al dominio técnico de las conciencias.

A diferencia de los maestros de la Ley, que son expertos, Jesús es un guía que camina por delante del yugo que impone. Mientras que el experto convierte el saber en un instrumento en favor de algo, el guía es ante todo una posición vital que integra la teoría y la praxis. La imagen de Dios que Jesús revela tiene su confirmación y constatación en Jesús. De ahí el papel esencial e insustituible de Jesús como mediador de Dios por un lado y su valor de ejemplaridad esencial e insustituible por otro.

Nos hallamos ante un texto de trascendencia incalculable; uno de los textos indispensables, porque dan respiro y libertad a la vida tan desafortunadamente atormentada por códigos y leyes. Gracias a este texto la mirada del creyente deja de tener el aspecto cansino y agobiado de un animal humano de carga. Si Jesús da gracias al Padre, justo es que nosotros entonemos un canto de acción de gracias a Jesús por habernos dicho lo que en este texto nos dice. Hoy es una de las ocasiones en las que la exégesis no puede cerrarse al sentimiento.

A. BENITO
DABAR 1990/36

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