Agradar

¿Qué es agradar?

Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida,

¿con qué la sazonaréis?

Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros.»

Marcos 9,50

Hemos oído, y seguramente hemos repetido la consabida queja, cuando alguien no nos agrada: “¡Me hace la vida imposible!”. Pues bien, agradar es, en el fondo, hacer la vida posible para mi hermano.

Agradar se confunde a menudo con complacer, satisfacer, contentar o mimar, verbos todos que tienen su relación con el que nos ocupa, pero que dejan un doble y falso matiz de debilidad y complicidad que no es del caso en realidad.

Saber agradar es pensar bien de la felicidad del otro. Entonces es un asunto no sólo de voluntad sino también de inteligencia y de buena memoria.

Efectivamente, ¿qué interlocutores nos parecen agradables? ¿No son aquellos que saben preguntarnos discreta pero afectuosamente sobre lo que hemos sido, sobre nuestros proyectos en curso o sobre las noticias de nuestra hogar o trabajo? Es importante decirlo: se puede aprender a ser agradable. Alguien podrá sentir que este aprendizaje nos hace hipócritas. No es cierto. Somos hipócritas cuando simulamos con adulación o melosería un amor que no tenemos, pero ¿es que acaso no hay razones buenas y fuertes para querer a nuestro prójimo? El que sabe del verbo acoger tiene una respuesta para esto.

He aquí unas sugerencias para ese saludable y sanador “aprender a agradar”:

1.    No confundas autenticidad con subjetivismo, ni espontaneidad con imprudencia, ni firmeza con intolerancia, ni confianza con ordinariez, ni intimidad con vulgaridad, ni generosidad con despilfarro. Estas confusiones se pagan muy caro, y luego se necesita mucho tiempo para aclararlas.

2.    Recuerda que la norma para agradar es la felicidad buena de tu prójimo; no tú, ni tus ideas, ni tus gustos; tampoco tu prójimo en todas sus pretensiones, gustos y proyectos. Hay personas que quieren ayudar tanto que estorban; quieren ser tan humildes que llegan a imponerse; tanto quieren complacer que fastidian o ayudan a envenenar.

3.    Las personas no andan pensando en ti ni en mí; tú no eres su principal ni su única idea. Cada quien dedica sus mejores pensamientos a sus propios asuntos. Ese es su lenguaje. Si no aprendes un poco de ese lenguaje no podrás entenderte con él, mucho menos agradarle.

4.    Ningún inútil resulta agradable por mucho tiempo. Piensa en las necesidades de la persona a quien quisieras agradar y qué lugar oportuno y razonable puedes tener en ese universo. Si ya eres útil, sé amable; si ya eres amable, sé breve. Los dos pecados cuando se quiere agradar son: demorarse poco y demorarse mucho.

5.    Pocas cosas desagradan tanto como el sentirse utilizado. Para evitar cualquier sombra de sospecha en este sentido, guárdate de mezclar tus mensajes. Toda conversación, todo encuentro tiene un mensaje y deja un mensaje. Lo que no siempre resulta bien es la mezcla de mensajes. Por ejemplo: dar las gracias para luego pedir otro favor; disculparse para luego hacer una corrección; sonreír mucho para luego hacer un comentario agridulce (indirecta).

6.    Cuatro heridas hay que resultan casi irreparables en las relaciones humanas: la humillación, la infidencia, la traición y la ingratitud. Guarda tu alma y tus palabras de la simple sombra de cualquiera de ellas. Y si las has cometido, procura reparar por tres y por cuatro el daño causado, encomendándote sin cesar a tu Dios, que es tardo a la ira y rico en clemencia.

7.    Pero sobre todo recuerda que para depurar tu idea de lo que es realmente bueno para tu prójimo has de acudir a quien de veras le conoce y le ama: Dios, el Señor.

Preguntas para el diálogo

1.    ¿Consideras que agradar es necesario para vivir? ¿Por qué?

2.    ¿Cualidades para agradar tienes? Nómbralas

3.    Comenta qué cualidades quisieras tener para agradar.

4.    ¿Qué características comunes tienen —a tu juicio— las personas agradables?

5.    Cuando una persona te ha parecido agradable y de pronto deja de serlo. ¿Qué crees que ha sucedido, y por qué?

6.    ¿En compañía de quién (es) te sientes agradable?

7.    ¿Y en compañía o presencia de quién (es) no?

8.    ¿Cómo mides y juzgas lo agradable de algo y de alguien?

9.    ¿Por qué quisieras agradarle a una persona determinada?

10.¿Cómo crees que puedes tú agradar a Dios?

11.¿Consideras que Jesucristo es agradable? ¿Por qué?

12.¿Qué te agrada y desagrada de tus amigos?

Oración

Salmo 147
Es bueno alabar a nuestro Dios.

 1         Alaben al Señor,
                        que es bueno alabar a nuestro Dios,
                        es grato cantar sus alabanzas.
 2         El Señor reconstruye a Jerusalén,
                        reúne a los que estaban desterrados.
 3         Él sana a los que tenían destrozado el corazón
                        y venda sus heridas.

 4         Él es quien fija el número de las estrellas
                        y a cada una conoce por su nombre.
 5         Nuestro Señor es sublime y poderoso,
                        su sabiduría no tiene medida.
 6         El Señor levanta a los humildes
                        y humilla hasta el polvo a los malvados.

 7         Eleven himnos de gracias al Señor,
                        canten al son del arpa a nuestro Dios.
 8         Él tiende un manto de nubes en el cielo,
                        provee de lluvia a la tierra
                        y hace que crezca la hierba en las montañas.
 9         Da al ganado su alimento
                        y a las crías de cuervo cuando se lo piden.
10         Para él nada vale la fuerza de la caballería
                        ni la rapidez de los ejércitos.
11         El Señor se complace en los que lo honran,
                        en los que se fían de su amor.

12         Glorifica al Señor, Jerusalén,
                        alaba, Sión, a tu Dios.
13         Él refuerza los cerrojos de tus puertas,
                        bendice a los que viven en tus casas.
14         Establece la paz en tus fronteras
                        y te da en abundancia el mejor trigo.
15         Cuando envía a la tierra su mensaje,
                        sus órdenes se cumplen sin tardanza.
16         Manda caer la nieve como lana,
                        esparce la escarcha cual ceniza.
17         Hace caer el granizo como migas de pan;
                        ¿quién puede resistir el frío?
18         Cuando da la orden, el hielo se derrite,
                        manda el viento, y fluye el agua.

19         A Jacob dio a conocer sus palabras,
                        sus decretos y preceptos a Israel.
20         No hizo lo mismo con todas las naciones,
                        las demás no conocen sus leyes.
            Aleluya.

Referencias

De la Sagrada Escritura:

·       Nada divide tanto a los hombres como la soberbia (Sir 10,7), tanto más ridícula cuanto más débil es la naturaleza del hombre que se ensoberbece (Sir 10,9). No puede sino ser destestado aquel que ambiciona honores (Lc 14,7; Mt 23,6), o que se deja llevar de la envidia (Gál 5,26). Suscitan también desagrado la insolencia (Pr 6,17; 21,24), la arrogancia y presunción del rico (Am 6,8; St 4,16; 1Jn 2,16) y el orgullo del hipócrita (Mt 23,5.25-28; Lc 18,9-14).

·       La humildad en cambio atrae el favor de Dios (1Sam 2,7s; Pr 15,33; Sir 10,15; 35,17; Is 66,2; Lc 1,38-43; St 4,6) y hace posible la relación entre los hombres (Rom 12,16; Ef 4,1-3; Flp 2,3; Col 3,12; 1Pe 3,8; 5,5).

·       Un modo particular de agradar y edificar son nuestras palabras, si son sensatas y oportunas (Sir 20,27; Pr 12,25; 15,1.23.26; 16,24; 25,11s; Qo 9,17; 10,12; Sir 18,17; 20,13).

·       Aunque pretender agradar a todos es locura (Gál 1,10; cf. Ef 6,5s; Col 3,22), san Pablo nos exhorta a agradar al prójimo “para su bien, para su edificación” (Rom 15,2; 1Cor 10,32s), poniendo siempre por encima de todo la caridad que es la unidad consumada (Col 3,14).

De diversos Pensadores:

·       Dios ha querido que ningún bien se haga al hombre sin amarlo. —Fray Enrique Lacordaire, O.P.

·       La bondad ha convertido más personas que el celo, la elocuencia o la instrucción, y estas tres cosas no han convertido a nadie sin que interviniese la bondad. —P. Faber.

·       Debemos amar lo que hay de mejor en los demás con lo que hay de mejor en nosotros mismos. —Olle-Laprune.

·       Muchas veces la caridad ha suplido al genio, en los santos; lo contrario nunca ha sucedido. —Palau.

·       Vivir en sí mismo no es nada. ¿A quién podré ser útil, ser agradable hoy? He aquí cada mañana lo qie debes decirte. Y por la noche, cuando la luz del cielo ves irse, feliz si tu corazón en voz baja ha respondido: El día que termina, Señor, no lo he perdido; merced a mis cuidados vi en un rostro humano, la señal de la alegría, el olvido de una pena. —Andrieux.

·       Las atenciones, las amabilidades son esas pequeñas causas que a menudo florecen en grandes efectos. —Dr. Pauchet.

·       ¡Cuántos planes para la gloria de Dios han quedado en la nada por la falta de una sonrisa o de una mirada amistosa! —P. Faber.

·       La benevolencia trae más amigos que la riqueza y más crédito que el poder. —Fenelon.

·       La vida es breve y nunca sobra tiempo para alegrar el corazón de los que hacen con nosotros la oscura travesía. —Amiel.