«Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre,
no se sienta primero a calcular los gastos,
y ver si tiene para acabarla?»
Lucas 14,28
La vida humana no puede vivirse simplemente «a lo que salga». A pesar de sus ventajas, la perplejidad no puede erigirse en estado de vida para una persona. Por ello, y de manera más o menos consciente, sea por tradición o por adquisición personal, todos vamos configurando modos de hacer las cosas. El conjunto de estos modos constituye la cotidianidad de la persona.
Por medio de esta cotidianidad, cada uno domina su perplejidad y deja libre la mente para ocuparse de otras cosas. Con ello nos resulta posible, en cierta medida, desentendernos del futuro inmediato para no vivir solamente resolviendo la vida. Por ejemplo, normalmente uno no tiene que resolver cada mañana cómo va a amarrarse los zapatos, en dónde va a encontrar con qué vestirse, etc.
En esto, desde luego, no hay un modelo único, porque hay que tomar en cuenta muchos factores: la cultura, el temperamento, el nivel profesional, la salud, y muchos otros. Por eso hay vidas más organizadas y menos organizadas. Usualmente, las primeras tienen un mayor porcentaje de cotidianidad; menos sorpresas pero mayor capacidad de proyección. En el otro extremo, en cambio, es frecuente comprobar que cuando una persona, por extrema pobreza o por otras razones, no logra resolver su cotidianidad, gasta todo su día simplemente en vivir el día. En este caso, hablando en términos económicos, gasta todo lo que se va ganando. Este tipo de vida se cierra sobre sí misma; es como un caminante que apenas alcanzara a verse los pies.
Al contrario, «proyectar» significa literalmente «lanzar, arrojar [hacia adelante]». De acuerdo con ello, un proyecto es como un cable que arrojamos hacia el futuro, como un ancla que fija nuestra atención y esfuerzo en aquello que no hemos hecho pero que es posible hacer.
En sentido estricto, pues, un proyecto es un esquema razonable que se presenta para resolver un problema concreto dentro de un plazo determinado.
Aparte de la cuestión de la evaluación, que a su momento comentaremos, dos enseñanzas nos traen estas reflexiones:
1a. El «suelo» propio para un buen proyecto, es una cotidianidad resuelta, esto es, un estilo de vida lo suficientemente meditado y apropiado, que no gaste su esfuerzo simplemente en su propia conservación.
2a. En principio no se hace un proyecto para producir una cotidianidad. Por lo mismo, es óptimo aquel proyecto que: (1) responde al máximo de preguntas del género ¿qué?, ¿cómo?, ¿con qué?, ¿para quiénes?, etc. (2) permanece abierto, esto es, tiene conciencia no sólo de qué resuelve, sino, sobre todo, de qué deja sin resolver.
1. ¿Para ti qué es un proyecto?
2. ¿Qué proyectos inmediatos tienes en mente?
3. A tu juicio, ¿qué partes o pasos involucra un proyecto?
4. ¿Tú crees que hoy eres lo que proyectaste ser? ¿O no lo proyectaste?
5. ¿Piensas que Dios proyectó un plan para tu vida? Si así fuera, ¿qué piensas de ella y de «tal plan»?
6. ¿Qué proyectas con tu (futura, si es el caso) profesión?
7. ¿Eres hábil para hacer proyectos o para soñar?
8. Describe una proyección de ti a 10 años.
9. ¿Cuentas con proyectos familiares?
10.¿Cuál es el proyecto de tu vida, ese que ni siquiera te atreves a proyectar?
1 Si no es el Señor quien
construye la casa,
en vano trabajan los que la construyen.
Si no es el Señor quien vela por la ciudad,
en vano se desvelan los centinelas.
2 Es inútil levantarse muy temprano,
o quedarse despierto hasta tarde,
afanándose por conseguir el sustento;
el Señor se lo da en el sueño a sus amigos.
3 Los hijos son la riqueza que da el Señor,
son la recompensa que él concede.
4 Como las flechas de un guerrero
son los hijos de la juventud.
5 Dichoso el que tiene su aljaba
de tales flechas llena.
No podrán derrotarlo
cuando se enfrente con sus enemigos.
· Por todas partes en la Biblia está el hombre dado al trabajo. No obstante, por ser este trabajo, de artesano o de pequeño cultivador, muy diferente del trabajo intensivo y organizado que evocan en nosotros las visiones modernas del trabajo, nos sentimos inclinados a creer que la Escritura ignora el trabajo o que lo conoce mal.
· Sin embargo, y pese al prejuicio corriente, el trabajo no viene del pecado: antes de la caída “tomó Yahvé al hombre y lo estableció en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo guardará” (Gén 2,15). Si el Decálogo prescribe el descanso sabático, lo hace al final de seis días de trabajo (Éx 20,8ss). Esta semana de trabajo recuerda a su vez los seis días que, según Gén 1, empleó Dios para crear el universo y subraya así que Dios para crear el universo. Así subraya también que Dios, al formar al hombre “a su imagen” (Gén 1,26), quiso asociarlo a su designio, que después de haber puesto en orden el universo lo entregó en manos del hombre dando a éste el poder de ocupar la tierra y someterla (Gén 1,28).
· Todos los que trabajan, pues, “aun cuando no brillen por la cultura ni por el juicio”, todos, sin embargo, cada uno en su oficio, “sostienen la creación” (Sir 38,34). Por ello no tiene nada de extraño que la acción del Creador se describe fácilmente con gestos de obrero, modelando al hombre (Gén 2,7), fabricando el cielo “con [sus] dedos” y fijando las estrellas en su puesto (Sal 8,4); viceversa, el gran himno que celebra al Dios creador pinta al hombre por la mañana “saliendo para su faena, a hacer su trabajo hasta la tarde” (Sal 104,23; cf. Sir 7,15). Este trabajo del hombre es la expansión de la creación de Dios, es el cumplimiento de su voluntad.
· Por otra parte, dado que el trabajo es un dato fundamental de la existencia humana, se halla afectado directa y profundamente por el pecado: “Comerás el pan con el sudor de tu frente” (Gén 3,19). La maldición divina no tiene por objeto el trabajo, como tampoco tiene por objeto el parto de la mujer (!). Como el parto es la victoria dolorosa de la vida sobre la muerte, así la fatiga cotidiana y sin fin del hombre en el trabajo es el precio que debe pagar para usar bien el poder que Dios le dio sobre la tierra. El suelo debe ser “domado” (Gén 3,17s). No es para ser esclavo de su trabajo, como pretendió Faraón en Egipto (Éx 1,8-14; 2,11-15; 5,6-18) y como pretenden los campos de concentración. Entra aquí el valor liberador del descanso (Éx 20,9ss; Éx 23,12; Dt 5,14).
· La voluntad es nula frente a algo que no se define. —P. Elisse.
· Prepárate para lo que quieres ser. —Proverbio Alemán.
· El desorden desayuna con la abundancia, almuerza con la pobreza y cena con la miseria. —Anónimo.
· No sea simplemente bueno… sea bueno para algo. —Anónimo.
· Si Ud. Desea que algo funcione, procure que se le ocurra a alguien más. —Anónimo.
· La frase “debo hacer algo” resuelve más problemas que “hay que hacer algo”. —Anónimo.
· No se hacen sin pena obras que valgan la pena. —Marden.
· A ningún genio le faltó un poco de locura. —Séneca.