Extrañar

¿Qué es extrañar?

El hombre que había sido ciego les respondió:

«Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es

y que me haya abierto a mí los ojos.»

Juan 9,30

Aunque tenga tantos acentos afectivos y sirva de tema a tantas canciones, hay una palabra que realmente no es propia de cristianos: la nostalgia.

Entendemos aquí por «nostalgia» la añoranza de un bien que se tuvo y que se perdió irremediablemente, o que se quiso tener y nunca se tuvo. Es una especie de sentimiento a medias, una especie de deseo que no tuvo derecho a ser o que, aunque se reconoce como imposible, en el fondo no se deja de desear.

Se ve, pues, que la nostalgia ata el amor. Si el nostálgico dejara de añorar su imposible, podría concentrarse y tender con vigor hacia lo posible. O si dejara de considerarlo imposible, lucharía por realmente conseguirlo. Pero, puesto a medio camino, ni suelta ni se suelta. En la práctica, tal añoranza se petrifica en una fijación del corazón a una fantasía, a una irrealidad que no permite amar, valorar, agradecer y mejorar la realidad.

De todo ello es fácil concluir que la nostalgia —tal como la hemos descrito— no puede ser cristiana. Tal vez por ello abunda tanto en culturas y pensamientos de origen mítico-pagano, como la degradación de las almas en Platón o el íntimo lamento de los incas. Para nosotros los cristianos, lo realmente humano se funde con la vocación celeste que hemos heredado en Cristo, cuya plenitud está siempre en el futuro.

Sin embargo, hay en la nostalgia algo que no podemos dejar perder, algo a lo que apuntamos con el verbo «extrañar».

Porque hay personas sin nostalgia simplemente porque son personas sin pasado, esto es, porque prescinden de lo que han sido y no llegan a echar de menos el bien que ya no tienen. Este género de personas suelen ser víctimas de la publicidad: dóciles esclavos de la moda y de aquello que se acostumbra. Puesto que su norma es hoy, terminan pareciéndose al nostálgico en una cosa: en que tampoco tienen futuro.

Saber extrañar, pues, es tomar oportuna distancia del inventario presente. Es una forma de rebeldía constructiva que, a partir de la certeza en el poder y bien de Dios, sabe afirmarse en el vigor del ser.

Extrañar es declarar que el futuro no puede ser inferior al pasado. Es un ejercicio positivo de la memoria al servicio de la justicia, por el cual no se quiere dejar impune ninguna sangre, ni vacía ninguna esperanza, ni estéril ningún sueño. Extrañar, en su núcleo mismo, es no transarse por nada que sea menor al Reino de Dios y su justicia, y recibir las aproximaciones sólo como eso, como aproximaciones. Es tener inteligencia del tiempo.

Preguntas para el diálogo

1.    ¿Extrañas algo de tu niñez? (comenta).

2.    ¿Qué te duele extrañar?

3.    ¿De tu vida, qué extrañas con alegría y paz?

4.    ¿Piensas que este verbo es indispensable para bien vivir? ¿por qué?

5.    Cuando extrañas, ¿qué quisieras hacer o qué esperas que suceda?

6.    ¿Extrañas el futuro?

7.    ¿Aceptas tu realidad con extrañeza? (espiritual, social, afectiva)

8.    Porque lo extrañas, ¿qué agregarias a tu realidad?

9.    Y ¿qué le quitarías?

10.¿Qué consideras que tienes o posees (de la índole que sea) que pueda extrañar otros?

11.Por último, ¿qué actitudes te extrañan de ti y de tus seres queridos?

Oración

Salmo 27
Señor, te estoy buscando.

 1         El Señor es mi luz, mi salvación,
                        a nadie tengo miedo.
            Quien protege mi vida es el Señor,
                        nadie me puede hacer temblar.
 2         Cuando me atacan los malvados
                        como si quisieran devorarme,
            son ellos, los enemigos que me asaltan,
                        quienes tropiezan y caen.
 3         Aunque un ejército entero me rodee,
                        mi corazón no se acobarda;
            aunque declaren guerra contra mí,
                        yo me sentiré tranquilo.
 4         Una cosa pido yo al Señor
                        y es lo que deseo:
            habitar en la casa del Señor
                        todos los días de mi vida,
            para gustar la dulzura del Señor
                        frecuentando su templo.
 5         Porque él me protege en su santuario
                        el día de la calamidad,
            me esconde al amparo de su casa,
                        donde el peligro no me alcanza.
 6         Ahora puedo tener la frente erguida,
                        pese a los enemigos que me cercan,
            y ofrecer en su morada sacrificios,
                        lleno de alegría,
                        mientras canto, al son de la música, al Señor.
 7         Escúchame, Señor, te estoy llamando;
                        ten compasión de mí, respóndeme.
 8         Tú nos invitas a buscarte:
                        Señor, te estoy buscando,
 9                     no te escondas de mí.
            Soy tu siervo, no me rechaces con ira,
                        pues solo tú puedes ayudarme.
            ¡No me abandones ni me dejes,
                        oh Dios, mi salvación!
10         Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
                        el Señor me acogerá.
11         Enséñame, Señor, el camino que quieres que yo siga,
                        guíame por el sendero recto,
                        pues hay quien me persigue.
12         No me entregues a la furia de mis enemigos,
                        pues se levantan contra mí testigos falsos,
                        que respiran violencia.
13         Yo sé que el Señor, en esta vida,
                        me hará gozar de sus favores.
14         ¡Ten confianza en el Señor!
                        ¡Sé valiente, no te desanimes!
                        ¡Ten confianza en el Señor!

Referencias

De la Sagrada Escritura:

·       En el budismo la perfección suprema es «matar el deseo». ¡Qué alejados de este sueño aparecen los hombres de la Biblia, aún los más próximos a Dios! La Biblia, por el contrario, está llena del tumulto y del conflicto de todas las formas de extrañar, desear, incluso exigir. Desde luego, está muy lejos de aprobarlas todas, y aun los anhelos más puros deben experimentar una purificación radical, pero así no se destruyen, sino que dan su pleno valor a la existencia humana.

·       Más de una vez los profetas y el Deuteronomio apoyan sus amenazas y sus promesas en las aspiraciones más permanentes de los hombres, casi siempre cuando éstas no se hallan a la mano y se las echa hondamente de menos: plantar, edificar, unirse en matrimonio (Dt 28,30; 20,5ss; Am 5,11; 9,14; Is 65,21). Aun el anciano, al que Dios ha «hecho ver tantos males y aflicciones», no debe renunciar a esperar que venga todavía a «alimentar su vejez y a consolarlo» (Sal 71,20s).

·       Es verdad que a veces extrañamos y pretendemos cosas injustas o perversas, a imagen del pésimo sentimiento de los israelitas, que en el desierto extrañaban las carnes de Egipto y que por ello cayeron víctimas de su concupiscencia (Núm 11,4.34); pero Jesús enseña que el corazón, de donde procede todo deseo impuro (Mt 15,18) puede ser purificado, precisamente en la medida en que el cristiano se deja guiar por el Espíritu Santo (Gál 5,16). Así es posible alcanzar la santa nostalgia de la Jerusalén de arriba (cf. Sal 137,5; 128, 5; 122,1) mientras clamamos “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).

De diversos Pensadores:

·       No sabría el entendimiento representar por mucho tiempo el papel del corazón. —La Rochefoucauld.

·       La gracia no es algo; es alguien. —P. Plus.

·       ¡Bienaventurados campesinos si saben de qué bienes gozan! —Virgilio.

·       ¿Queréis ser amigos? Separad vuestras casas y acercad vuestros corazones. —Proverbio Tarquí.

·       Al que de veras le duele haber pecado, casi es inocente. —Séneca.

·       Al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas. —Publio Siro.

·       La mayor parte de la bondad es el anhelo de ser bueno. —Séneca.

·       Cualquiera puede contar cuántas semillas hay en una manzana, pero sólo Dios puede contar cuántas manzanas hay en una semilla. —Revell.