«Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
Marcos 7,16
He aquí un verbo tanto más solicitado cuanto más escaso. Casi no hay quien no desee ser escuchado. ¿Será una señal de que casi no hay quien sepa escuchar?
Escuchar supone callarse, donar tiempo, aguardar, acoger, querer entender, preguntar, sugerir... y de nuevo callarse. Por ello escuchar es equiparable a un arte de exquisita belleza o a un ejercicio de considerable pericia y esfuerzo.
Escuchar es necesario para vivir, no tan sólo para postergar la muerte; pero además es un modo de vida, y una oportunidad, especialmente para el que escucha.
Porque dejar de escuchar es empezar a repetirse y a ser siempre menor que el pasado.
Al contrario, escuchar con sabiduría es avanzar en la verdad del escuchado. ¡Bienaventurado entonces quien escucha la Palabra de Dios y la cumple!
1. ¿Qué te agrada escuchar?
2. ¿Sabes escuchar? ¿Por qué lo crees?
3. ¿A quién escuchas?
4. ¿Quién te escucha?
5. ¿Quién quisieras que te escuchara?
6. ¿A quién te gustaría escuchar?
7. ¿Qué deseas que escuchen de ti?
8. ¿Hay algo que cambie en ti cuando escuchas? (Comenta).
9. ¿Qué cambia cuando eres escuchado? (Explica).
10.¿Qué crees que ha escuchado Dios de ti?
11.¿Has escuchado a Dios? (Describe).
1-2 Señor, tú favoreciste a tu
tierra,
restableciste la suerte de Jacob,
3 perdonaste la culpa de tu pueblo,
olvidaste todos sus pecados,
4 contuviste tu cólera,
frenaste el furor de tu ira.
5 Restablécenos, Dios salvador nuestro,
cese tu indignación con nosotros.
6 ¿Vas a estar siempre airado con nosotros,
a prolongar tu enojo por todas las generaciones?
7 ¿No vas a devolvernos la vida,
y a dar a tu pueblo motivo de alegría?
8 Muéstranos, Señor, tu amor
y danos tu salvación.
9 Voy a escuchar lo que dice Dios:
el Señor anuncia la paz
10 a su pueblo y a sus amigos,
y a los que se convierten de corazón.
11 El amor y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
12 la fidelidad brota de la tierra,
la justicia mira desde el cielo.
13 El Señor nos dará sus beneficios,
y nuestra tierra producirá sus cosechas.
14 La justicia de Dios abrirá el camino,
para que la paz siga sus huellas.
· “Lo que habíamos oído lo hemos visto” dice el salmista (Sal 48,69). Y en efecto, la historia de Israel puede resumirse en ese oír y ver. Todo el Antiguo Testamento es como un inmenso escuchar que prepara el tiempo de gracia en el que se ha manifestado la justicia de Dios, “atestiguada por la ley y los profetas” (cf. Rom 3,21; 1Tim 3,16). Incluso Pablo habla de la Manifestación (e)pifa/neia, epifanía) del Señor como sinónimo de la redención, salvación y glorificación de Cristo (2Tim 1,10; Tt 1,3; 2,11).
· Eso explica por qué el verbo escuchar, especialmente en su forma exhortativa o imperativa —“¡escucha!, ¡escuchad!”—, es tan frecuente en toda la Biblia (más de 190 veces). Ante todo, se nos manda escuchar a Dios (Núm 12,6; 1Sam 3,9; Jer 7,23; Jn 6,45) en sus preceptos (Dt 4,1; 5,1; 6,3.4; Sal 78,1; Bar 3,9), profecías (Dt 9,1; 1Sam 15,1; 2Re 7,1), denuncias (Sal 50,7; 81,9; Is 1,2.10; 32,9-10; Ez 16,35ss) o consuelos (Is 51,21-23); a sus ángeles (Éx 23,21); a los propios padres y maestros (Dt 21,18; Prov 1,8; 4,1; 8,33; 13,1; Sir 23,7); a quien aconseja (Prov 12,15; 15,31); a quien proclama la alabanza (Jue 5,3); a Jesús (Jn 5,24; cf. Mt 13,18), por quien Dios nos ha hablado en estos tiempos, “que son los últimos” (Heb 1,1; cf. Jn 1,14); a los apóstoles y evangelistas (Hch 2,22; 7,2; 13,16; St 2,5), de modo que Jesucristo dice: “quien a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 10,16), pues “el que es de Dios escucha las palabras de Dios” (Jn 8,47; cf. Jn 18,37; 1Jn 4,6).
· También a Dios le pedimos que escuche nuestra voz (1Re 8,28; 2Cro 6,21; Neh 3,36; Sal 4,2; 4,4), especialmente en los momentos de tribulación (Jdt 9,4; Est 4,17; Sal 5,2; 54,2; 55,2; 64,2; Bar 2,14), de conversión y arrepentimiento (Dan 9,19), pues “si le pedimos algo según su voluntad nos escucha” (1Jn 5,14).
· Salomón pidió al Señor sólo una cosa: “Dame un corazón que sepa escuchar” (1Re 3,9). Pues, en efecto, hay que comprobar lo que se oye decir: Sir 19,13-17.
· El amor es audiencia en el silencio. —A. S. Exupéry.
· Para saber hablar es preciso saber escuchar. —Plutarco.
· Entre más estrecha la mente, más grande la boca. —Ted Cook.
· Es sencillo: sea el Crucifijo tu amigo, tu confidente. —P. D’Alzon.
· Hay maestros que imparten su ignorancia. —M. A. Almazán.
· A quien habla el Verbo Eterno, le libera de muchas opiniones. —Kempis.
· Mi táctica es mirarte, aprender cómo eres, quererte como eres. Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. —Mario Benedetti.
· ¡Déjame, señor que ahora me siente a escuchar tus palabras en el corazón de mi silencio! ¡No apartes tu cara de los oscuros secretos de mi alma, enciéndelos hasta consumirlos en tu fuego! —R. Tagore.
· Cualquier persona puede dar un consejo; sólo el sabio sabrá aprovecharlo. —Coltron.