Callar

¿Qué es callar?

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba:

«¿De qué discutíais por el camino?»

Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí

quién era el mayor.

Marcos 9,33-34

Reza un antiguo proverbio: «el hombre tarda dos años aprendiendo a hablar, y el resto de la vida aprendiendo a callar».

Callar es más que dejar de hablar; es hacer silencio, esto es: hacer que el silencio sea posible; o también: alcanzar el silencio, que tan presto parece huir de nosotros.

Callar no es seguir conversando, argumentando o insistiendo dentro de nosotros, sin que nadie lo note; tampoco es un acto de la ignorancia, la cobardía o la indiferencia; no es una estrategia, ni un refugio, ni una imposición.

Callar es saludar la propia frontera, es permitirse aprender, es absolver los ecos del pasado, es dar la palabra, es llenar de contenido lo ya dicho y lo que está por decir, es venerar lo inefabley aguardar, con la creación entera, que Dios dé su parecer.

Preguntas para el diálogo

1.    ¿Cómo tomas, qué te dice el verbo callar?

2.    ¿Es dificil callarse? ¿Por qué?

3.    ¿Te parece necesario hacerlo? ¿Por qué?

4.    ¿Te cuesta o te es cómodo callar? (Explica).

5.    ¿Cuándo te parece que es prudente callar?

6.    ¿Te parece lo mismo callar que hacer silencio?

7.    ¿Crees que este verbo está condicionado a algún tipo de interés? Analízalo y comenta.

8.    ¿Hay «algo y alguien» en tu historia que quisieras que se callara?

9.    ¿Existe en tu vida «algo» para callar? ¿Por qué?

10.¿Ante quién te callas?

Oración

Salmo 50
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

 1         El Señor, Dios de los dioses,
                        habla y convoca la tierra,
                        de oriente hasta occidente.
 2         En Sión resplandece Dios con belleza consumada;
 3                     llega nuestro Dios, no callará.
            Lo precede fuego abrasador,
                        lo rodea terrible tempestad.
 4         Llama al cielo y a la tierra
                        para entablar juicio a su pueblo:
 5         «Reúnanme a mis fieles,
                        que sellaron mi alianza con un sacrificio.»
 6         Y los cielos proclaman su justicia,
                        porque Dios va a juzgar.
 7         «Escucha, pueblo mío, que te voy a hablar;
                        Israel, voy a acusarte;
                        yo soy Dios, tu Dios.
 8         No son tus sacrificios lo que te echo en cara;
                        tus holocaustos están siempre ante mí.
 9         No te pido novillos de tu casa,
                        ni cabritos de tus rebaños.
10         Pues míos son los animales de los montes
                        y el ganado que pasta en las dehesas.
11         Yo conozco las aves silvestres,
                        todo lo que se mueve en el campo es mío.
12         Si tuviera hambre, no te lo diría,
                        pues mío es el orbe y lo que hay en él.
13         ¿Crees que yo como carne de novillos
                        o bebo sangre de cabritos?
14         Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
                        cumple tus promesas al Altísimo.
15         Invócame cuando estés en el peligro,
                        yo te libraré, y me honrarás.»
16         Al malo, en cambio, dice Dios:
            «¿Por qué andas recitando mis preceptos,
                        y repites las palabras de mi alianza,
17         si detestas mi enseñanza,
                        y desprecias mis palabras?
18         Si ves un ladrón, corres con él,
                        y vives en compañía de los adúlteros.
19         Tu boca está lista para la maldad,
                        tu lengua trama engaños.
20         Te sientas a hablar contra tu hermano,
                        a cubrirlo de ignominia.
21         Esto hiciste, ¿y quieres que me calle?
                        ¿crees que soy como tú?
22         ¡Piénsenlo bien, los que olvidan a Dios!
                        No sea que los arrebate, y no haya quien lo impida.
23         Quien ofrece un sacrificio de alabanza,
                        ese me da honra.
            A quien cumple su deber,
                        le haré ver la salvación de Dios.»

Referencias

De la Sagrada Escritura:

·       “Hay tiempo de callar y tiempo de hablar” enseña el Eclesiastés (Qo 3,7), y buena parte de la literatura sapiencial intenta inculcar esa prudencia en el uso de la palabra (Pr 17,28; Sir 11,7-9; 20,1.5-8.18; 28,13-26; St 3,1-12), a veces aplicado al caso concreto de los juramentos (Sir 23,9; 23,20s; Mt 5,34s; St 5,12) de los secretos (Pr 11,13; 20,19; 25,9; Sir 27,16-21) y de la mucha palabrería (Pr 10,19; 11,12s; 17,28; Qo 10,14; Mt 6,7; 1Co 4,20; 1Tim 1,6-7).

·       Hay distintos modos de callar, porque hay distintos silencios: el de indecisión (Gén 24,21), el de aprobación (Núm 30,5-16) el de confusión (Neh 5,8) o miedo (Est 4,14). Hay silencios de arrepentimiento y vergüenza (Job 40,4; 42,6; Rom 3,19; Mt 22,12) y silencios de confianza en la providencia  (Lam 3,26; Éx 14,14).

·       En realidad, la palabra es atributo propio del Dios verdadero, pues los dioses falsos “tienen boca y no hablan” (Sal 115,5; Bar 6,7). Y por eso Dios provee con su palabra, alternando el silencio con la revelación de sí mismo (cf. Rom 16,25). Su silencio en este sentido es como una maduración de aquello que nos ha ido revelando (cf. Misal Romano, Prefacio de la Plegaria Eucarística IV).

·       Sin embargo, la falta de la palabra divina toma a veces aspecto de castigo, como consecuencia de la indiferencia con que esa palabra ha sido recibida y desobedecida (Ez 3,26; Hab 1,13; Sal 83,2; 109,1). Un sentido semejante tiene el silencio de Jesús en su pasión (Mt 26,63; 27,12.14; Jn 19,10s). Tal silencio invita a la conversión (Is 64,11; cf. Jn 19,12) que está sustentada por la paciencia de Dios incluso en nuestras infidelidades (Is 57,11).

De diversos Pensadores:

·       El hombre de hoy vive nuevamente en Babel, ciudad de estrépitos y de palabrería confusa. —C. E. Mesa.

·       El Verbo eterno provino del silencio del Padre. —San Ignacio de Antioquía.

·       ¡Me anonada el silencio de los espacios infinitos! —B. Pascal.

·       Tiene particular fuerza el silencio de la noche, como para adormecer los cuerpos; así también para despertar las almas y llevarlas a que conversen con Dios. —Fray Luis de León.

·       Calla, o di algo mejor que el silencio. —Anónimo.

·       Quien de veras posee la palabra de Cristo, sabe también escuchar su silencio. —San Ignacio de Antioquía.

·       ¿Un ideal? Vive en secreto para Dios. —Kempis.

·       Cierra la puerta, calla tu palabra: ya el alma tiene su música. —Anónimo medieval.

·       A estos grandes espacios de silencio que atraviesan mi vida les debo todo cuanto puede haber de bueno en mí. —Psichari.