La Razón
Se utilizó en la Última Cena y desde 1424 está custodiada
en la catedral de la capital de Túria
El Santo Grial no es la copa de madera que descubre Indiana Jones en la película de Spielberg, ni María Magdalena, como sostiene, sin base histórica, el autor de «El Código Da Vinci». Las últimas investigaciones históricas confirman que el cáliz que se conserva en la catedral de Valencia es el mismo que usó Jesús en la Última Cena. Esta reliquia es una copa de ágata pulida, de 7 centímetros de alto y 9 de diámetro. Los primeros estudios científicos sobre esta reliquia los llevó a cabo, en 1960, el profesor Antonio Beltrán, catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza.
En sus primeras conclusiones, el profesor Beltrán afirmó
que el cáliz procedía de Oriente Medio y que había sido tallado entre el siglo
II y el I a. C. Para datarlo lo comparó con otros cálices de piedra pulida,
provenientes de Palestina y fechados en el siglo I a.C., que se conservan en el
Bristish Museum de Londres. El aspecto actual de la copa está modificado por
unos añadidos medievales: una base de de calcedonia, unas asas y nudo de oro
adornados con perlas y piedras preciosas.
Parsifal. Otros estudios posteriores aportan más datos sobre su autenticidad.
Por una parte el investigador alemán Michael Hesemann ha demostrado que existe
una relación muy directa entre el período en que el cáliz de Valencia permaneció
oculto en los Pirineos y el nacimiento de las leyendas griálicas. Según sus
estudios Guiot de Provins, autor de Parsifal, estuvo al servicio del rey Alfonso
II de Aragón y fue el primero en escribir sobre el tema. Para este estudioso
alemán, al contrario de lo que afirman estas leyendas «el grial no es una
metáfora de la búsqueda eterna de los hombres, sino una realidad y se encuentra
en Valencia». La investigadora estadounidense Janice Bennett publicó en 2002 «St.
Lawrence and the Holy Grail», el primer libro en inglés sobre el Santo Cáliz. En
él sostiene la tesis de que la reliquia es verdadera y se apoya en un texto
escrito por san Donato, en que cuenta la historia de san Lorenzo y como éste
consiguió salvar el cáliz en el siglo III.
La tradición cuenta que en el siglo I la copa llegó desde Jerusalén a Roma en
manos de Pedro. Era una reliquia fácil de ocultar y transportar, y Pedro, en
cumplimiento del mandato de Jesús: «Haced esto en memoria mía», tenía motivos
para conservarla. La fórmula para la consagración del canon romano, utilizado
por los Papas durante siglos, parece corroborar la certeza de que el cáliz con
el que celebraban la Eucaristía era el mismo que había utilizado Jesús. «Y
tomando en sus manos éste cáliz...», dice la liturgia. Éste y no otro, parece
sugerirnos.
Los sucesores de Pedro utilizaron aquel cáliz hasta la violenta persecución
de Valeriano en el año 258. El Papa Sixto II, poco antes de su martirio, lo
entregó a su diácono Lorenzo. Éste, que también sería martirizado, consiguió
salvar el Grial de la destrucción, al enviarlo hasta su ciudad natal, Huesca,
por mediación de un legionario paisano suyo.
Constancia documental. En la catedral de la ciudad aragonesa permaneció el
cáliz hasta que en el siglo VIII, para protegerlo de las tropas musulmanas.
Acisclo, el obispo de Huesca, junto con un gran número de fieles cristianos, se
refugió en las estribaciones de los Pirineos, en la cueva de Yebra, en el año
712, ante el rápido avance de los musulmanes que invadían España. Junto a él
llevaba las reliquias y los utensilios sagrados, entre los que se encontraba el
que, según la tradición, era el Cáliz que el mismo Jesús había consagrado el
vino en la cena del Jueves Santo.
San Juan de la Peña. El Santo Grial estuvo primero en la cueva de Yebra, más tarde en el monasterio de San Pedro de Siresa y finalmente en San Juan de la Peña, donde se conservó hasta el siglo XIV. Es aquí donde ya aparece constancia documental de la reliquia y la tradición se apoya, por primera vez, en referencias históricas. El rey de Aragón, Martín el Humano, enterado de la existencia del cáliz lo pidió en 1399 a los monjes para custodiarlo en el palacio de la Aljafería. Su sucesor, Alfonso el Magnánimo, trasladará la reliquia a Valencia en 1424. Éste será su emplazamiento definitivo, salvo en los periodos de la invasión francesa y la Guerra Cívil.
La Razón
La historia del cáliz de la Última Cena, el Santo Grial, ha inspirado multitud
de obras de arte, como los poemas épicos de las leyendas griálicas, la ópera «Parsifal»
de Wagner y, más recientemente, la película «Indiana Jones y la última cruzada»,
dirigida por Steven Spielberg, o la novela de Dan Brown, «El código Da Vinci».
Estas creaciones artísticas han sido deudoras de las leyendas esotéricas y
alejan a sus espectadores y lectores de la historia real del Santo Cáliz.
Según Jaime Sancho, canónigo de la catedral de Valencia, «mucha gente cree
que el cáliz que aquí se conserva es de madera, porque al final del film,
Indiana Jones identifica el grial como una sencilla copa, el cáliz de un
carpintero. En realidad la copa de la bendición de la última cena no fue un vaso
corriente, sino como es costumbre aún hoy entre los judíos, una copa o cáliz
distinguido, conservado durante generaciones en el seno de la familia».
En el caso de «El código Da Vinci» la manipulación de la historia es mucho
mayor. Dan Brown, el autor, pretende dar una apariencia de realidad en un
preámbulo en el que asegura que «todas las descripciones de obras de arte,
edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son
veraces».
Sin embargo, el autor deja a un lado la consideración histórica del Grial
como cáliz de la última cena para darle un sentido ocultista e identificarlo con
la Magdalena. Según Sancho, «bajo la apariencia de cientifismo, Brown, defiende
un mensaje neo-pagano, directamente anticatólico».