6 de febrero
SAN TITO, OBISPO
(s. I)
De San Tito no tenemos otras noticias que las que San Pablo nos
suministra; y a los datos del Apóstol hemos de acordar su biografía. El primer dato
sobre Tito lo encontramos acompañando a San Pablo a Jerusalén con Bernabé.
El objeto del viaje fue defender Pablo el Evangelio de Jesucristo frente a los doctores judíos que querían someter a los conversos a las
ceremonias legales del Viejo
Testamento, murmurando de San Pablo porque se oponía a semejante servidumbre.
Hacía catorce años que Pablo se había ausentado de la ciudad santa donde estuvo a raíz
de su conversión, tres años después de la misma. El viaje obedecía a una
"revelación" que tuvo, donde se le ordenó subir allá a verse con las
"columnas de la Iglesia", como llamaban a San Pedro, San Juan y Santiago, a fin
de confrontar su predicación con la de ellos; estando acordes en
todo, en señal de lo cual se dieron las manos, a Pablo y a Bernabé se entiende, y no a Tito porque era gentil.
Los enemigos de San Pablo pretendían que los conversos se circuncidaran, ya que
le oyeron decir que los cristianos no estaban obligados a aquella ceremonia. Furtivamente espiaban a Pablo en estas
predicaciones, y fue tal la defensa que hizo de su nueva teología, que "ni aun Tito,
que me acompañaba, con ser gentil, fue obligado a circuncidarse" (Gal. 2,3). No era, pues, Tito judío. ¿Dónde,o en qué poblado o ciudad
había nacido? ¿Creta, Corinto, Antioquía? Es inútil discurrir a este
respecto. Era sencillamente,
gentil. ¿Por qué, siendo gentil, acompañó
a San Pablo? La palabra "gentil" se usaba para denominar a los griegos, según
algunos expositores. En aquel entonces, Tito
era cristiano. Venia del "gentilismo", pero era cristiano, razón por la cual,
juzgándose los judíos cristianos representantes de las dos leyes, la judía y la
cristiana, pretendían que los conversos aceptasen la circuncisión,
sosteniendo que sin ella no podían salvarse (Act. 15). El punto de partida de San Pablo
para este viaje a Jerusalén fue Antioquía,
donde había muchos discipulos del Señor. El y Bernabé "se quedaron allí mucho tiempo con
los discípulos" (Act. 14,28). Apareciendo Tito con ellos en Jerusalén, por
deducción, Tito debió ser antioqueno, convertido por San Pablo a la fe, tomándole desde
entonces por "socio" y "coadjutor" suyo.
Como sujeto de toda garantía espiritual y de un celo grande semejante al suyo,
San Pablo encomienda a Tito, en su tercer
viaje a Tiro, Patara, Rodas, Esmirna, Tróade, Filipos, Tesalónica,
Efeso, Antioquía, dos misiones del¡cadísimas a los corintios: la primera desde Efeso y
la segunda desde Macedonia. Los corintios
fueron evangelizados por San Pablo. Les
cobró el Apóstol un cariño y una solicitud grandes; pero no faltaron disidentes y traidores a la causa de la fe. Algunos
judíos conversos dieron nuevas a San Pablo del mal espíritu de algunos, y los mismos
fervorosos cristianos le dirigieron una carta enterándole de los pecados y disensiones
entre ellos. Ya en sus comienzos se vió
en la necesidad de salir precipitadamente de Corinto
porque los judíos le acusaron ante Galión, procónsul de Acaya, de que Pablo "persuade a los hombres a honrar a
Dios contra lae ley", la ley antigua (Act. 18,13).
San Pablo hubo de embarcarse navegando a Siria, bajando después a Efeso. En Efeso estaba
Tito. Con lo sabido por él mismo, las noticias que fueron llegando después de su
partida, la carta que los corintios le
dirigieron, consultándole diversos puntos, Pablo escribió su primera carta a los corintios, encomendando a Tito le sirviera de
correo, a la vez que de apóstol y encomendero suyo para ver de poner paz entre los
corintios y reducirlos a la concordia. El primer punto a coordinar era la división entre
los conversos, llamándose unos discípulos de Pedro, otros de Apolo, otros de Cristo y otros de Pablo.
"¿Está dividido Cristo? -les dice-. ¿O ha sido Pablo crucificado por
vosotros?" (Cor. 1,13). Siendo Corinto ciudad internacional, a ella acudían no
solamente los ricos comerciantes, sino los filósofos, los oradores, los sofistas. Vivían pagados de su sabiduría.
"Los judíos piden milagros, los griegos sabiduría, mientras que nosotros predicamos
a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, más poder y
sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos"
(ibid. 22-23).
El espíritu de partido, los pleitos entre los conversos, los vicios de la impureza, el incestuoso,
etc., son temas de San Pablo. Por sabia que fuera la carta de San Pablo, el intérprete de
la misma y el ejecutor habia de ser Tito. Qué tino, qué prudencia,
qué sabiduría, qué don de gentes necesitaba el discípulo para llevar a cabo la paz y
la concordia entre todos volviéndolos al verdadero cristianismo, que era Cristo. Deseando conocer San Pablo el éxito de su
carta y de las gestiones de su ardoroso y fiel discipulo,
le citó en Tróade a donde se dirigía San
Pablo a predicar el Evangelio de Cristo. "En medio de haber abierto el Señor una entrada, no tuvo sosiego mi espíritu, porque
no hallé a mi hermano Tito, y así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia"
(2 Cor. 11,12-13). La inquietud de San Pablo
estaba bien justificada por la ternura que sentía por los nuevos convertidos por él, por
la dificultad creada por ellos en asuntos de gravedad y por el miedo que sentía por su
querido discípulo, por si no lo habían recibido bien o no había tenido éxito en sus gestiones.
Llegó San Pablo a Macedonia y crecieron sus angustias por nuevas dificultades.
Muy grandes debieron de ser. Tito no estaba allí. "Pues así como llegamos a
Macedonia, no he tenido consuelo ninguno según la carne, sino que he sufrido toda suerte
de tribulaciones, combates por fuera, por
dentro temores" (2 Cor.
7,5). Las grandes penalidades del Apóstol en Macedonia tuvieron su recempensa con la
llegada de Tito. "Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la llegada
de Tito y no sólo con su llegada, sino con el consuelo que de vosotros nos trajo, al
anunciarnos vuestra ansia, vuestro llanto y vuestro celo por mí, con lo que creció más
mi gozo", La embajada de Tito fue cumplida y triunfante, hasta el punto de que el
Apóstol, que se había manifestado duro con los corintios
en su segunda carta a los mismos, se sincera un poco de su filípica anterior atenuando su rigor por contraposición al amor que les tiene.
El puro elogio que hace de Tito muestra bien a las claras el valor de su
obra apostólica y del tiempo con que llevó a cabo su misión. "Que si en algo me
glorié con él de vosotros, no he quedado confundido, sino que así como en todo os
habíamos hablado verdad, así era también verdadero nuestro gloriarnos con Tito. Y su cjariño por vosotros se ha acrecentado viendo vuestra obediencia
y el temor y temblor con que le recibisteis. Me alegro de poder en todo confiar en
vosotros" (ibid. 12,14-16).
Por si había quedado algún leño encendido entre los corintios, y ante las
buenas nuevas traídas por Tito, San Pablo les escribe su segunda carta desde Macedonia,
confiándola al mismo Tito, queriendo que el que tan buen éxito tuvo en su primera
misión, acabara la obra en la segunda. El empeño era más fácil. Conocían los
corintios a Tito y le amaban. Sabían los corintios el celo del discípulo de San Pablo
por ellos y le recibirían y atenderian de mejor gana que en la primera. Así aconteció.
"Y gracias sean dadas a Dios, que puso en el corazón de Tito esta solicitud para
vosotros, pues no sólo acogió nuestro ruego, sino que solicitó por propia iniciativa partir a vosotros"
(¡bid. 8,16). En esta segunda carta San Pablo cambia su técnica epistolar,
manifestándose más humano y comprensivo, en atención a las buenas noticias que Tito le
diera de ellos. Les muestra su deseo de ir a verlos, imposible de realizar por entonces,
perdona al incestuoso, canta su libertad evangélica y se declara heraldo de la verdad....
hace un resumen de sus padecimientos por el apostolado de Cristo y pregona un elogio a los
corintios. "Y así como abundáis en
todo, en fe, en palabra, en ciencia, en toda obra de celo y en amor hacia nosotros, así
abundéis también en esta obra de caridad" (ibid. 8,7).
(Pide a los corintios hagan una colecta por
los pobres de Jerusalén). No deja en el tintero su ascendencia judía y farisaica frente a la vanidad de los seudo-apóstoles, a la vez que se absuelve de no
haberles sido gravoso en nada ni querer nada para sí. En esta defensa incluye a Tito,. ¿Os he explotado acaso por medio de alguno de los que os envié? Yo
animé a Tito a ir y envié con él al hermano. ¿Acaso Tito os explotó? ¿No procedimos
ambos según el mismo espíritu? ¿No seguimos los mismos pasos?" (ibid. 12,17-18).
Flaqueza ha sido en el sacerdocio antiguo el interés. Los nuevos apóstoles suplican
algunas limosnas para los pobres, para ellos nada quieren. Tito sigue a San Pablo en su
desinterés.
En la segunda carta a Timoteo hay otra alusión a Tito. "Date prisa a
venir a mí, porque Demas me ha abandonado
por amor a este siglo, desertó del apostolado y se marchó a Tesalónica, Crescente a
Galacia, Tito a DalmInacia"
(2 Tim. 4,9).
¿Otra misión delicada? Sin duda alguna; porque, al decir San Pablo que "Demas me ha abandonado", haciendo
después mención de Crescente y
de Tito, no significa que estos dos últimos le abándonaran
también, sino que hubieron de dejarlo por su misma voluntad. El viaje de Tito a Dalmacia y las razones del mismo las
desconocemos. Es un inciso que San Pablo dejó en la oscuridad, mas, conociendo el celo
del Apóstol por los cristianos, es de suponer que su envío allá sería por intereses
grandes de los conversos y de la Iglesia.
Después de
su prisión, San Pablo'pasó por Creta. ¿Se
encontraba en la isla Tito? ¡Acompañaba a San Pablo en su viaje a la isla? Las palabras
de San Pablo en la carta que le escribe, desde Nicópolis,
en el Epiro, da a entender que Tito trabaja en la
viña del Señor de Creta. Dice el Apóstol: "Te dejé en Creta para que acabases de ordenar lo que faltaba y
constituyeses por las ciudades "presbíteros" en la forma que te ordené" (1
Tim. l). "Te dejé en Creta. para que acabases de ordenar lo que faltaba..."
indicación de que allí trabajaba llevando a cabo una obra que no se había terminado,
ordenándole el Apóstol que la acabara". Fue consagrado obispo de Creta por el mismo
San Pablo. En la carta que
le escribe le suplica que deje Creta tan pronto como lleguen Artemas o Tíquico, que él enviaba, y fuera a verle en Nicópolis, lo antes pos¡ble, porque tengo el propósito de pasar allí el invierno".
Tito le acompañaría en todo este tiempo. Se ha dicho ya que desde Nicópolis le envió a Dalmacia.
Resumiendo la carta que le escribe San Pablo, aparte de ser una distinción muv
grande, a la vez propone en ella las perfecciones que ha de tener un obispo presbítero,
todo lo cual hace comprender que el modelo vivo de los obispos era Tito: "porque es
preciso que el obispo sea inculpable, como
administrador de Dios; no soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni pendenciero, ni
codicioso de torpes ganancias, sino hospitalario, amador de los buenos, modesto, justo, santo, continente, guardador de la palabra
fiel...", "porque hay muchos indisciplinados,
charlatanes, embaucadores, sobre todo, los de la circuncisión, los judíos a los cuales
es preciso tapar la boca... Bien dijo uno de ellos, su propio profeta: Los cretenses,
siempre embusteros, bestias malas y glotones" (Epiménedes de Cnosos. Siglo VI a. de
J. C.). Vienen después los consejos por categorías según la edad y condición. Finaliza San Pablo la
carta dando consejos al mismo Tito: "Evita las cuestiones necias, las genealogías y
las contiendas y debates sobre la ley, porque son inútiles y vanas". Un final muy
ajustado a la doctrina del Evangelio, en lo social: " ... y que los nuestros aprendan a ejercitarse en buenas obras para
atender a las necesidades apremiantes y que no sean hombres infructuosos". Esta
carta se escribía por los años 66-67. Una tradición registrada por el historiador
Eusebio afirma que murió de muchos años en Creta, siendo enterrado en la catedral.
Siglos después fue trasladado a Venecia, donde descansan sus restos.
ANTONIO GARCíA FIGAR, O.P.
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