IUSNATURALISMO


Es una expresión que indica la existencia, como presencia vigente en una determinada área cultural o social, de un sistema de ideas centrado en torno a la afirmación del Derecho natural (v.). Es iusnaturalista el que afirma el Derecho natural. Hay épocas iusnaturalistas, sistemas filosóficos iusnaturalistas, etc.; es decir, épocas en las que está más vigente la afirmación del Derecho natural, sistemas montados sobre el mismo y con la misión de fundamentarlo y justificarlo filosóficamente.
      Contenido del término. En la voz iusnaturalismo se sustantiviza la afirmación de la idea del ius naturae, expresión usada por vez primera por los juristas romanos, pero recogiendo una tradición intelectual que proviene de la filosofía helénica (singularmente Sócrates, Platón y Aristóteles, con su distinción del nomoi dikaion, lo justo legal, y el fysei dikaion, lo justo por naturaleza) y, concretamente, de la filosofía estoica. Ulpiano (v.) habla de un ius naturale que es «quod natura omnia animaba docuit» (Corp I Civ, Dig. ILI). Gayo (v.) hace referencia a los «naturalia iura quae apud omnes gentes peraeque servantur», los cuales «semper firma atque inmutabilia permanent» (Corp I Civ, Dig. 11.9); y Paulo alude a un ius naturale que se dice de aquel que siempre es bueno y justo (Corp I Civ, Dig. I,1,II). Cicerón (v.) recurre a la idea de la Ley natural (v.) en un pasaje famoso (De Republica, III,XX11,33) y habla de que la naturaleza del Derecho ha de repetirse de la naturaleza del hombre (De legibus, I,V,17).
      A través de S. Isidoro de Sevilla (v.), la clasificación romana tripartita del Derecho en ius naturale, ius gentium y ius civile se convierte en bien común de canonistas y legistas medievales, como doctrina que subyace a la corriente especulativa que arranca de S. Pablo y tiene su primera manifestación sistemática en S. Agustín (v.), con su división trimembre de la Ley en lex aeterna, lex naturalis y lex humana. La escolástica (v.) medieval emplea indistintamente los términos lex naturales y ius naturale, aun cuando hay la noción fundamental de que el derecho natural es aquella parte de la ley natural que hace referencia a la virtud de la justicia (v.). El mérito de haber llevado a cabo una precisión en estos conceptos corresponde fundamentalmente a S. Tomás de Aquino (v.). «Se da el nombre de justo a aquello que, realizando la rectitud de la justicia, es el término del acto de ésta, aun sin tener en cuenta cómo lo ejecute el agente, mientras que en las demás virtudes no se califica algo de recto sino en atención a como el agente lo hace. De ahí que especialmente, y en diferencia de las demás virtudes, el objeto de la justicia, que se denomina lo justo, es determinado en sí mismo -secundum se obiectum-. Y esto es el Derecho. De donde resulta que el Derecho es el objeto de la justicia» (Sum Th. 2-2 q57 al). «El Derecho o lo justo es algo adecuado a otro conforme a cierto modo de igualdad. Pero una cosa puede ser adecuada a un hombre de dos maneras. Primera, atendida la naturaleza misma de la cosa -ex ipsa natura reí-, p. ej., cuando uno da tanto para recibir otro tanto, y esto se llama derecho natural, ius naturale» (Sum. Th. 2-2 q57 a2). La escolástica española, especialmente con Suárez (v.) y Molina (v.), continuó este proceso perfectivo y precisióo; en el sentido de una creciente juridización del pensamiento iusnaturalista.
      Escuela racionalista y clásica. Con Hugo Grocio (v.) y, más estrictamente, con Pufendorf (v.), se inicia la llamada escuela racionalista del Derecho natural, en la cual se le considera como el Derecho que corresponde al estado de naturaleza, interpretando la naturaleza en función de principios diferentes, que pueden ser, para unos, el de socialidad; para otros, el instinto de conservación; para otros, la idea de perfeccionamiento, etc. Es, como dice el prof. G. Ambrossetti (Diritto naturale cristiano, Roma 1964, 12), un complejo verdaderamente imponente de doctrinas, basadas en supuestos filosóficos muy afines y, sobre todo, en unos postulados metódicos que vienen a ser coincidentes, que se desarrolla en un periodo de tiempo que va del De iure belli ac paces (1625) de Grocio, a los Principios metafísicos de la doctrina del Derecho (1797) de Kant (v.). Los autores pertenecientes a esta corriente intelectual se consideraron a sí mismos como los representantes del Derecho natural por antonomasia, olvidando, como suele ser común en los autores de la época de la Ilustración (v.), los estudios y tradición que les han precedido. A esta escuela del ius naturae et gentium se la llama escuela clásica y, también, i. pura y simplemente; y todo el pensamiento jurídico moderno se ha acostumbrado a hablar del Derecho natural, para hacerl2 objeto de su crítica, por referencia exclusiva a ese sistema normativo abstracto de explicación de la sociedad y de la historia, que no es más que una forma histórica de manifestarse el i.
      Forma que, como ha quedado apuntado, no ha sido la única. Pues la historia no nos enseña sólo que el Derecho natural es una constante filosófica, sino también que la idea del mismo ha plasmado en sistemas muy diversos formal y materialmente, y a veces opuestos entre sí en sus resultados; pero también muestra que la diversidad de las escuelas iusnaturalistas no logra ocultar una indiscutible continuidad fundamental entre algunas de ellas (A. Truyol, Fundamentos de Derecho natural, en Nueva Enciclopedia jurídica, Barcelona 1949, 12-13). Es ya clásica la tipología que hace J. Sauter (Die philosophische Grundlagen des Naturrechts, Viena 1932) de los sistemas doctrinales que tratan de aprehender y explicar la idea del Derecho natural: a) el Derecho natural platónico-aristotélico, que incluye a Heráclito, Pitágoras, Anaxágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles; b) el Derecho natural estoico, con representantes en Grecia y Roma y que renace modernamente con Spinoza; c) el Derecho natural trascendente, o sea, el i. católico-escolástico, que se inicia con S. Agustín, sigue con Alejandro de Hales, S. Buenaventura, S. Alberto Magno, S. Tomás de Aquino y Duns Scoto, y se continúa en la escolástica española y en los sistemas de Grocio y Leibniz, hasta el idealismo tardío alemán de Krause, Ahrens y Trendelenburg y el neoescolasticismo actual; d) el Derecho natural racionalista, iniciado por Pufendorf y continuado por Tomasio y Wolff (que, sin embargo, tiene entronques con la línea del i. trascendente); e) el Derecho natural individualista, representado por los sofistas, los cínicos y los cirenaicos, por Epicuro y la Academia y, modernamente, por Hobbes y Rousseau; f) el Derecho natural en el idealismo alemán de Kant (que continúa la línea rusoniana), Fichte, Schelling y Hegel (que representa, metódicamente, un retorno al Derecho natural trascendente, pero en un sentido que implica la inversión de todo i. y el tránsito al positivismo). Esta casi exhaustiva tipología fue incrementada aún por el prof. E. Galán Gutiérrez con la referencia g) al Derecho natural metafísico-historicista de Vico, la escuela histórica, Hegel y Blinder; h) al Derecho natural neokantiano de Stammler, Del Vecchio, Lask, Radbruch, etc.; e i) al Derecho natural axiológico de Max Scheler y Nicolai Hartmann (El Derecho natural y su incesante retorno, «Rev. crítica de Derecho inmobiliario», Madrid, marzo 1945).
      Tipología del iusnaturalismo. Ahora bien, más que una tipología del i., esta enumeración resulta una clasificación de los sistemas no positivistas de la filosofía jurídica (V. DERECHO, FILOSOFÍA DEL). Si el i. consiste en afirmar la supremacía del Derecho natural sobre el positivo, parece que esto sólo puede hacerse de tres maneras: una, al modo escolástico (el Derecho natural es una suma de principios éticos generalísimos de los que deriva, por conclusión o por determinación, el Derecho positivo; sus normas se dirigen al legislador y el súbdito tendrá que obedecer en ocasiones leyes injustas, propter vitandum scandalum); otra, al modo del racionalismo (el Derecho natural son dictamina rectae rationis, que constituyen la parte preceptiva de la norma; el legislador sólo añade la parte punitiva, exigida por la coexistencia; su destinatario no es sólo el legislador sino el individuo, quien posee siempre un derecho a la resistencia); otra, por último, al modo hobbesiano (el Derecho natural tiene como único contenido convalidar los mandatos del soberano; su precepto es exigir de los súbditos una exigencia incondicional) (cfr. N. Bobbio, Giusnaturalismo e positivismo giuridico, Milán 1965, 129-31).
      Pero, en rigor, como dice el prof. Truyol (o. c.), lo que queda frente a frente, una vez establecidos los necesarios nexos entre las diversas doctrinas, es el i. racionalista-individualista de la Ilustración, calificado tradicionalmente como clásico, y el i. trascendente, en que el teísmo helénico se integra en la plenitud cristiana. En el mismo sentido, también para G. Ambrossetti existen solamente el i. y el Derecho natural cristiano: aquél, centrado en la idea del estado de naturaleza, muestra su carácter racionalista, individualista y antihistórico; éste, por el contrario, se caracteriza por su constitutiva apertura a la socialida-d y la historia, partiendo de una metafísica completa del hombre, dentro de cuya naturaleza descubre los principios de la moralidad, que miran al ser moral desde un punto de vista ontológico y se elevan hasta Dios como primer Autor.
      Desde otro punto de vista, el i. puede ser considerado -siguiendo a Bobbio (o. c. 135 ss.)- como ideología (v.), como teoría general del Derecho (V. DERECHO V) y como método o, más bien, como approach, como un modo de acercarse a los problemas del Derecho (V. DERECHO VII).
      a) Como ideología radical, el i. afirma que las leyes deben ser obedecidas sólo en cuanto son justas, y por eso en el ciudadano hay siempre un derecho a la desobediencia o a la resistencia; en cuanto ideología moderada, admite que, en caso extremo, también las leyes injustas deben ser obedecidas.
      b) Como teoría general del Derecho, el i. es una teoría de la moral (v.) según la cual el fundamento de las reglas de la conducta humana no es la voluntad del legislador (divino o humano), entidad esencialmente mutable, sino la constante, uniforme y sempiterna naturaleza humana; el i. no es un sistema de valores o de prescripciones, sino un conjunto de consideraciones sobre la naturaleza humana destinadas a fundar objetivamente un sistema de valores, cualquiera que sea éste. De aquí deriva la consideración de las leyes de la conducta no como mandatos, sino como dictamina rationis; el ver en la naturaleza de las cosas y no en la legislación la fuente principal de producción científica; la consideración del ordenamiento jurídico como intrínsecamente incompleto y necesitado de la acción integradora del juez y de la libre investigación del Derecho, etc.
      c) Por último, en cuanto método, el i. se caracteriza por la exigencia de una difinición valorativa del Derecho, o sea, de una definición que, considerando a éste no como mero hecho sino como algo que tiene o realiza valores, limita el uso del término Derecho al Derecho justo. Se trata, pues, de introducir en la definición del Derecho la referencia al fin (bien común, justicia, paz, etc.) que debe realizar. La consecuencia para la ciencia jurídica es que ésta debe orientarse fundamentalmente a la crítica de las leyes; el i. contiene, pues, una invitación a los juristas a tener en cuenta el hecho de que ante el Derecho, como ante todo fenómeno del mundo humano, no sólo debe y puede adoptarse la actitud del investigador escrupuloso, imparcial y metódico, sino también la actitud valorativa del crítico, y que de esta actividad dependen la mutación, la transformación y la evolución del Derecho. Es claro que en algunas de estas acepciones el concepto de i. se desfleca, pierde fuerza, intensidad y precisión.
      El Derecho natural. Conviene, pues, precisar cuándo se puede hablar propiamente de Derecho natural y parece que ello puede centrarse en un mínimum de afirmaciones, tales como: a) la realidad jurídica es más amplia de lo que los juristas suelen llamar Derecho positivo, tanto si lo identifican con el Derecho del Estado como si amplían su concepto también al derecho insito en los diversos grupos sociales; b) una parte de la realidad humana puede calificarse como jurídica por la posibilidad de referirla a un complejo de válores que llamaremos la justicia (v.); c) esos valores tienen su fundamento en, o son la expresión de, la entidad permanente del hombre (v.), que es su naturaleza; d) la naturaleza del hombre es una naturaleza racional y se concreta en su ser persona (v.); e) esta naturaleza tiene su fundamento en Dios, autor y creador de la misma; f) el contenido del Derecho, como consecuencia y sin perjuicio de un amplio margen de libertad e historicidad, no puede ser sustancialmente arbitrario, sino racional, y hay en él elementos constantes que atestiguan la unidad de la naturaleza humana a través de las contingencias de tiempo y lugar; g) al hombre, como dotado de una naturaleza racional constitutiva de su condición de persona, corresponde una esfera de libertad (v.) y de derechos naturales (V. DERECHOS DEL HOMBRE), superiores al Derecho positivo, cuyo reconocimiento es la exigencia de su dignidad.
      Por eso, a través de sus múltiples formas, el i. ha realizado una función histórica, en cuyo positivo valor están de acuerdo incluso quienes no se deciden a llamarse iusnaturalistas: la educación de la Humanidad en la racionalidad arrancándola de la fascinación de los mitos, de los ideales irracionales; la educación en la idea de que hay dentro de nosotros una ley natural que es preciso encontrar y obedecer, que el poder del Estado no es ilimitado y que hay que saber imponer entre los hombres el respeto de la igualdad, de la tolerancia y de la libertad (G. Fassó, 11 diritto naturale, Turín 1964, 105 ss.).
     
      V. t.: LEY; DERECHO Y MORAL.
     
     

BIBL.: V. la del art. DERECHO NATURAL, además de la ya citada en el texto.

 

L. LEGAZ Y LACAMBRA.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991