Un japonés convertido al ver la obra Gaudí

El «arquitecto de Dios» está en proceso de beatificación

 

El arte puede llevar a encontrar a Dios. Así lo demuestra la experiencia de Etsuro Sotoo, escultor japonés, quien se convirtió al catolicismo al contemplar la Sagrada Familia de Barcelona, creada por Antoni Gaudí, uno de los más grandes arquitectos de inicios del siglo XX.


Barcelona, 9 enero 2003 (ZENIT.org)

Es un hombre y una sed         Sotoo, que al bautizarse asumió el nombre de Lluc Miquel Ángel, promotor de la beatificación del «arquitecto de Dios», como se denomina popularmente a Gaudí, se ha ocupado de las esculturas de la fachada del Nacimiento de la gran obra monumental del arquitecto catalán todavía sin terminar.

        «Cuando contemplamos el edificio vivo de la Sagrada Familia no tenemos que olvidar que ésta es sólo un signo que nos remite a lo más alto», advierte en esta entrevista concedida a Zenit.

        «Todas las cosas importantes que nos suceden a los humanos están relacionadas con el amor», añade Sotoo, en un castellano perfecto adquirido durante los 25 años que lleva en España.

        Sotoo, que era profesor en Japón, sentía un interés especial por la piedra, necesitaba tocarla. Viajó al continente de piedra por excelencia, la vieja Europa, y se encontró con la Sagrada Familia. Allí conoció a Gaudí, que ha sido quien le ha llevado a conocer a Jesús. Es escultor pero se define como «obrero», igual que Gaudí.

        —¿Qué le impactó de Gaudí para acercarse a su figura?

        —Sotoo: Me interesé primero por la Sagrada Familia. En esa época –le hablo de hace un cuarto de siglo– yo tenía una necesidad física de estar en contacto con piedras, si no era así enfermaba. Descubrí, con la Sagrada Familia, que Gaudí está vivo.

        Está vivo y su fuerza reside en el amor. El amor es la cosa más importante de la vida. Yo veo a Gaudí, contemplo su mirada que me da fuerzas y me invita a mirar mucho más lejos. Él me enseña cada vez más cosas, a mejorarme, a confiar en Dios. Antes tenía más dudas, ahora noto con mucha más fuerza que está ahí. Siento su presencia y estoy convencido de que no es sólo un arquitecto si no un arquitecto en nuestra vida y en nuestro futuro, que nos indica una dirección. Cada vez tengo esta intuición más presente y la escultura y la arquitectura son menos importantes. Gaudí quiere llegar a algún sitio y nos lo muestra.

        Sería desconocer a Gaudí quedarse sólo con su parte arquitectónica y no ver el sentido de su obra. La misma Sagrada Familia es como una gran enciclopedia en la que hay temas que tienen respuesta, pero Gaudí es mucho más que esto. Me preocuparía que la Sagrada Familia adquiriera una dimensión puramente económica o deseosa de fama: lo importante es buscar la verdad y no tener miedo.

        Sin amor no existe arte, ni cultura, ni material siquiera.

        —¿Por qué los japoneses se interesan tanto por Gaudí?

        —Sotoo: Ya antes Gaudí se había interesado por Oriente. El mismo espíritu oriental de Gaudí denota una admiración por la naturaleza, y sobre todo un enorme respeto por ella. En este sentido coinciden naturaleza y orientalismo. Y ahora sucede que los japoneses redescubren en este «Art Nouveau» estos trazos. Es un arte nuevo para ellos, no habían conocido nada igual. Gaudí, de todos modos, no es ni modernista ni «art nouveau», es inclasificable, tiene un estilo propio.

        —Se discute mucho sobre su personalidad y se acusa a Gaudí de tener mal genio.

        —Sotoo: Es bueno que se discuta, esto significa que no saben nada de él y por ese motivo hablan. Está claro que nosotros no estamos a la altura de Gaudí. Yo mismo me siento mediocre pero estoy tranquilo porqué sé que puedo trabajar con él. En el fondo, tenemos que aceptar que todos somos minusválidos en cierto sentido, no somos perfectos. Gaudí tenía muchas virtudes, pero no negaré que tenía mal genio, y no logró superarlo.

        —Gaudí, ¿será santo?

        —Sotoo: La respuesta está sólo en manos de Dios. Lo importante es actuar, y mediante nuestra actuación habrá gente que conocerá su figura y su amor, que es el espíritu de Gaudí. El amor es la clave de lectura de Gaudí. Es este amor el que sentí también cuando me bautizaron, en la cripta de la Sagrada Familia. Me sorprendió el apoyo y el cariño de la gente que quisieron acompañarme. Me llenaron de regalos, como estos días de Navidad al niño Jesús, y advertí este amor que proporciona libertad. Gaudí es pura sabiduría: es necesario conocerlo pero sin olvidar que tenemos que amar. Sin amor, no llegaremos a entenderlo nunca.