REFORMA GREGORIANA

a) Hundimiento eclesial del s. X
b) Reforma de Gregorio VI
c) Reforma de Gregorio VII
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a) Hundimiento eclesial del s. X

a.1) Caída del Imperio carolingio

            A la muerte de Carlomagno (año 814), su sucesor Ludovico Pío (814-840) había decidido dividir el Imperio franco, entrando Carlos el Calvo[1] en el reparto, y empezando a surgir una relación de intereses con el papado[2].

            En un principio, el reparto de Ludovico Pío fue:

-Luis el Germánico se quedaba con Germania,
-Pipino se quedaba con Aquitania,
-Lotario se reservaba para ser sucesor de su padre, como emperador,
-el bastardo Carlos el Calvo recibía ciertos condados de Francia.

            En la Dieta de Worms, los tres hijos de Ludovico Pío vinieron a unirse contra su padre, al que destierran a un monasterio para hacer penitencia. No obstante, Luis y Pipino se arrepienten de la decisión (en contra de lo pactado con Lotario), y deciden volver a investir emperador a su padre.

            Con la muerte repentina de Pipino, el definitivo reparto vino a quedar:

-Luis se queda con Germania,
-Carlos el Calvo se queda con Francia,
-Lotario se queda con Italia y los Países Bajos, y como emperador
[3].

a.2) Iglesia del s. IX

            Roma había mantenido desde antiguo la estructura imperial bajo la forma de 3 partidos romanos:

-el partido papal, que reconocía la autoridad papal, por encima de todas las demás[4],
-el partido senatorial, formado por los sucesores de los patricios romanos,
-el partido imperial, que reconocía la autoridad del emperador, por encima de la del papa.

            Lo que sí estaba claro es que el papado fue el árbitro de la política europea, y de que su institución fue degenerando, hasta constituirse en mero instrumento político. La defensa de los estados pontificios[5], alargados por toda Europa, vino a ser su principal preocupación.

            Esteban IV (816-817), ya fue elegido papa sin el beneplácito del “emperador civil” Ludovico Pío, aunque ambos hicieron un pacto de fidelidad.

            Pascual I (817-824) fue el primero que empezó a pretender la autonomía de la Iglesia, renovando el pacto con Ludovico Pío, aunque dejando claro que el emperador:

-no intervendría en los estados pontificios,
-no intervendría en las futuras elecciones papales,
-podría intervenir en la Iglesia en caso de revuelta.

            Pascual I volvió a retomar que el papa coronase al emperador, coronando él mismo a Lotario en San Pedro de Roma, y dejándole claro que el papa estaba por encima de él.

            Eugenio II (824-827) volvió a quedar sometido al poder del emperador, tras unas revueltas del partido senatorial, y en las que se tuvo que recurrir al emperador. Dos embajadores, permanentes en Roma, vinieron a encargarse de la administración y la justicia. Y el papa pasó, en adelante, a ser elegido:

-por el pueblo de Roma,
-con posterior aprobación del emperador.

            Gregorio IV (827-844) tuvo que sufrir las incursiones de los musulmanes por el sur[6], plantados a las mismas puertas de los estados pontificios. El papa, junto a su propio ejército, tuvo que pedir ayuda al emperador.

            Sergio II (844-847) sufrió la presencia del primer anti-papa, pues él había sido elegido por el pueblo de Roma, mientras que el partido senatorial había elegido al anti-papa Juan[7]. Por otro lado, los sarracenos siguieron subiendo hacia el norte, llegando hasta la misma Roma y destruyendo San Pablo Extramuros y San Pedro del Vaticano[8].

            Nicolás I (858-867) fue el papa más relevante del s. IX, sintiendo ya la necesidad de una fuerte renovación eclesial, y de cambiar la relación del papa con los obispos metropolitanos[9], inmersos totalmente en el poder civil[10].

            Metido de lleno en esta tarea de frenar la escalada civil de lo religioso, Nicolás I no estuvo carente de problemas:

-con Juan de Rávena, que pretendía quedarse con las propiedades papales[11],
-con Hincmaro de Reims, que recurrió al papa porque un obispo no se le sometía
[12].

            A nivel exterior, Nicolás I tuvo que enfrentarse con Lotario II, que quería estar por encima de él, y a quien le mandó dejar a su querida y casarse con una princesa[13].

a.3) Iglesia del s. X

            Fue el siglo de la total decadencia del papado, sometido por completo al poder temporal. Todo comenzó con el caso del papa Formoso.

            Formoso, obispo de Oporto y evangelizador en Bulgaria, había sido llamado a Roma por Juan VIII para colaborar con él. Al darse cuenta de que podía ser un enemigo interno, el papa le perdona la excomunión a cambio de no pisar Roma ni ejercer de obispo.

            A la muerte de Esteban V, Formoso (891-896) salió elegido papa:

-jurando fidelidad al emperador Lamberto de Espoleto,
-pero coronando después al rey de Germania, y no al heredero de los Espoleto.

            La reacción de los Espoleto fue apocalíptica, plantándose con su ejército en la misma Roma con la intención de destruir los estados pontificios. Pero al llegar a Roma se encontraron con Esteban VI (896-897) y no con Formoso, pues éste había muerto. Los Espoleto desenterraron entonces a Formoso:

-vistiéndolo de papa y sentándolo en un trono,
-juzgándole como culpable.

            Consumado el “juicio cadavérico” con el veredicto de culpable, los Espoleto le fueron quitando a Formoso todas sus insignias, dejando su cadáver al desnudo y enterrándolo fuera de Roma, en un cementerio pagano.

            Juan IX (898-900) convocó dos sínodos[14] para anular el Concilio Cadavérico, prohibiendo juzgar a los muertos y confirmando todos los decretos de Formoso.

            León V (903-903) fue el primero que sucedió a un papa sin estar éste muerto, sino encarcelado. Lo que se repetiría a final de año, en que otro levantamiento romano lo metió a él en prisión, aupando al trono a Cristóbal I (903-904).

            Sergio III (904-911), elegido al mismo tiempo que Cristóbal I estaba en prisión, fue el primero en acceder al trono por medio de la compra del cargo, en este caso pagado por la familia patricia de Marozia, cuya hija mantenía relaciones con el papa, y dio a luz a otro futuro papa, Juan XI[15].

a.4) Males endémicos de la Iglesia del s. X

            Fueron principalmente dos:

-la simonía[16] y nicolaitismo[17]. Que vino por la compra-venta de cargos eclesiásticos (la 1ª) y por el consiguiente desorden moral de los clérigos (el 2º);

-la investidura laica[18]. Como consecuencia del sistema feudal, y provocando que la Iglesia quedase atrapada en el poder temporal. Aquí era el señor feudal el que, por sus intereses, hacía y deshacía los cargos eclesiales, generando miedo entre la gente ante esta situación. Y esto era luego consagrado por el obispo, como costumbre general en todos los reinos.

a.5) Ultimos signos del hundimiento eclesial

            Vinieron de la mano del nuevo Imperio germano y de su caudillo Otón I de Alemania (936-973), de la dinastía sajona y recogedor del testigo carolingio, cuando éste entra en Italia entre aclamaciones de salvador[19]. Coronado por el papa Juan II en Roma-962 como emperador del recién estrenado Imperio sacro-germano, el mismo Otón I se puso de rodillas a sus pies, a los que besó en señal de sumisión.

            Con Conrado II de Alemania (990-1039), de los Hohenstaufen y muy apoyado en los señores feudales[20], el cónsul Alberico compró el papado para su hijo[21] Benedicto IX, gran tirano futuro de la Iglesia.

            En efecto, harto el pueblo romano de esta situación, se levantó en bloque y expulsó a Benedicto IX fuera de Roma[22]. Tras 11 años en el papado, Benedicto IX se fue como vino, vendiendo el papado a cambio de dinero[23].

b) Reforma de Gregorio VI

            Nacido en Sajonia, Gregorio VI (1045-1046) fue el gran inspirador y teólogo de la reforma gregoriana, rodeándose de los consejeros Hildebrando, Pedro Damiano y Silva Cándida, para llevar a cabo la mayor de las reformas eclesiales de la historia[24].

            En medio de un contexto exterior difícil[25], sobre todo por la oposición del emperador Enrique III de Alemania (que eligió a su propio papa[26]), Gregorio VI logró prender la mecha de la reforma, tanto en el anti-papa Clemente II como en sus sucesores.

            Clemente II (1046-1049) decidió continuar la idea reformista de Gregorio VI, intentando por primera vez:

-reducir la corte papal,
-acabar con la simonía, o compra-venta de cargos religiosos,
-atajar la vida inmoral del clero.

            León IX (1049-1054), gran universalizador de la reforma gregoriana, convocó una serie de sínodos provinciales, presididos por él mismo, y entre los que destacaron:

-el Concilio de Reims-1049, donde el papa depone a todos los obispos simoníacos (que habían comprado sus cargos), condena la intromisión del rey en la vida de la Iglesia, y proclama los derechos únicos del papa;

-el Sínodo de Maguncia-1049, donde el papa excomulga a los obispos simoníacos, y reduce al laicado a los sacerdotes nicolaitas (o concubinatarios).

            Los señores feudales, tanto grandes como pequeños, fueron el principal foco de oposición a esta reforma gregoriana, ya empezada a ejecutar, y motivados por las riquezas que podían ver en peligro.

            Víctor II (1054-1057), de lleno en la aplicación de la reforma, convocó un enorme Concilio de Florencia-1055, donde mandó que se tratara:

-la simonía,
-el nicolaitismo,
-la propiedad de los bienes eclesiásticos.

            A su muerte, la Iglesia ya había conseguido por fin:

-detectar los problemas reales,
-afrontar los problemas,
-experimentar a Hildebrando, gran cerebro desde 1045, y futuro Gregorio VII.

            Nicolás II (1058-1061) convocó el trascendental Concilio I de Letrán-1059, teológicamente insuperable, y que lograría eliminar por completo el influjo del feudalismo en la Iglesia. El Concilio I de Letrán:

-renovó el Compromiso de Florencia-1055,
-anatematizó la herejía eucarística de Berengario
[27],
-condenó la simonía,
-propuso el celibato universal sacerdotal
[28],
-trató las compañías que había de tener un clérigo,
-dio normativas para la elección papal
[29].

            Finalmente, también la Orden de Cluny[30] apoyó sin fisuras la expansión de la reforma gregoriana:

-a la hora de estructurar su vida interior,
-con las fundaciones autónomas que iba haciendo al exterior.

c) Reforma de Gregorio VII

c.1) Hildebrando Aldobrandeschi

            Nacido en Sovana-Italia, el joven Hildebrando (1019-1085) recibió una educación esmerada desde niño, pasando a ser consejero de Gregorio VI desde muy joven. Caído en desgracia por el emperador Enrique III de Alemania en el Concilio de Sutri-1046, Hildebrando decidió refugiarse en una abadía cluniacense, bebiendo allí todo el esplendor de su liturgia.

            Restituido en sus cargos por León IX y Víctor II, Hildebrando recibió de Nicolás II el encargo de dirigir el Concilio de Florencia-1055, momento en que pasa a hacerse popular por toda Italia.

            A la muerte de Nicolás II en 1073, el pueblo romano se adelanta a cualquier preparación del conclave, y elige papa al joven Hildebrando por aclamación popular. De archidiácono pasa Hildebrando, pues, a papa, eligiendo el nombre de su maestro Gregorio, y con la idea de llevar a cabo la reforma puesta en marcha décadas atrás.

            Gregorio VII fue un hombre:

-de fe en la Iglesia, con oraciones compuestas por él mismo,
-de caridad hacia los enemigos, y a los que excomulgaba sobre todo,
-de devoción a la humanidad de Jesús, y a los salivazos que recibió por el hombre,
-de amor a la eucaristía y a la Virgen,
-de austeridad de vida, frente a la opulencia de la época.

c.2) Pensamiento de Gregorio VII

            Hildebrando había profesado siempre el agustinismo político, consistente en que:

-el poder temporal y papal tenían un origen distinto,
-la religio auctoritas papal era siempre superior a la civis potestas del mundo.

            Por otro lado, el joven Hildebrando nunca había tratado de:

-levantar un Imperio hierocrático-sacerdotal,
-demonizar el poder temporal.

            Fue en su Dictatus papae donde Gregorio VII dejó definidas, ya para siempre, las funciones del papa en la Iglesia, como:

-poseedor de las insignias imperiales,
-besado en sus pies por los príncipes,
-cuyo nombre es único en el mundo, y citado en todas las Iglesias
[31],
-capacitado para poner y deponer emperadores,
-incapaz de ser juzgado por nadie,
-protector de los que apelan a él,
-único recurso al que pueden apelar las causas mayores,
-cuyas sentencias no pueden ser reprobadas por nadie,
-legislador universal de la Iglesia,
-único capacitado para trasladar obispos
[32], deponerlos y absolverlos,
-único capacitado para dar permiso y convocar sínodos,
-cuyo visto bueno se necesita para publicar libros y capítulos canónicos,
-el que nunca ha errado y nunca errará,
-santo, por su ordenación canónica,
-único recurso donde un clérigo inferior puede acusar a uno superior,
-único capaz de quitar el rango de cristiano al que no sintiera como él.

c.3) Medidas de Gregorio VII

            Comenzaron por los estados pontificios:

-excomulgando a los simoníacos,
-cesando a los incontinentes públicos,

-escribiendo a los metropolitanos, para tomar todos las mismas medidas.

            No tardaron en recibir las primeras respuestas:

-en Alemania, con resistencias del clero incontinente y simoníacos[33],
-en Francia, con oposición del propio rey,
-en Italia, donde no sucedió ningún cambio de los pedidos por el papa.

            Tras estas primeras medidas internas, Gregorio VII se dio cuenta de la necesidad de eliminar la investidura laica, y hacia ella se encaminó. En el Concilio de Roma-1075 prohibió la investidura laica bajo excomunión:

-encomendando a cada reino la celebración de sínodos locales,
-separando los poderes temporal y espiritual,
-condenando cada uno de los concilios convocados por el poder civil.

            Las consecuencias del cese de las investiduras fueron apocalípticas, pasando a ser enemigo suyo visceral el emperador Enrique IV de Alemania, endemoniado con tal de deponer al papa.

            En efecto, tras un intento de asesinato en la Basílica de Letrán, del que Gregorio VII salió ileso[34], Enrique IV de Alemania había convocado por su cuenta el Sínodo de Worms-1076, donde había declarado que el papa era falso y hereje. Como respuesta, Gregorio VII había excomulgado a Enrique IV, quitándole de sus manos el reino alemán[35] y considerando todas sus leyes como anti-cristianas[36]. En un nuevo concilio convocado por el emperador para auto-posicionarse:

-los reyes habían decidido ponerse del lado del papa,
-los príncipes y señores feudales hicieron piña en torno al papa,
-todos los asistentes pidieron a Enrique IV de Alemania reconciliarse con el papa en un año
[37].

            En tercer lugar, Gregorio VII impulsó la centralización eclesial:

-nombrando legados pontificios[38], para quitar poder a los señores feudales,
-disminuyendo el poder de los primados, a los que puso por debajo del papa,
-impulsando las visitas ad limina de los obispos, para rendir cuentas ante el papa,
-sustituyendo todos los ritos locales por el rito romano, oficial y universal.

 

Manuel Arnaldos   
Mercabá, diócesis de Cartagena-Murcia    

más información
Diccionario Mercabá de Arqueología

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[1] Hijo bastardo de LUDOVICO PIO, tenido con la concubina JUDIT DE ALEMANIA.

[2] El papa LEON III había coronado emperador a CARLOMAGNO el año 800, dejando claro así que él era quien tenía las credenciales y primacía sobre el rey franco. El emperador se encargaría del poder temporal (con protección y control sobre la Iglesia temporal), y el papa vigilaría y cuidaría todo lo espiritual (sin más curia que él mismo, pues la Curia Vaticana con sus ministerios… nacería muy lejanamente, en Avignon).

            Pero con el sucesor de CARLOMAGNO ya empezó a no ser así (de hecho, fue el propio Carlomagno el que coronó a su propio hijo). Ante LUDOVICO PIO, era el papa el que tenía que pedir favores al emperador, y no al revés. Fue entonces cuando surgió la búsqueda de los mejores aliados, y no de los más cualificados, al servicio del papado y del reino.

[3] Luego la corona imperial vino a estar en manos de una sola persona (LOTARIO), pero como algo pactado democráticamente (y donde el papa vino a entrar también en la lucha de intereses).

[4] Por decisión y donación de CONSTANTINO (año 313), donde el emperador había entregado al papa parte de las credenciales imperiales (credenciales que nunca perderá el papa, en contra de lo que sí hizo el emperador occidental, que las perdió a manos del emperador oriental).

[5] Donación también de CONSTANTINO (año 313) y de futuras adhesiones de reinos y condados bárbaros al papado.

[6] Pues Nápoles, en pugna con Benevento, no había dudado en pedir ayuda a los sarracenos.

[7] No obstante, LOTARIO acudió a Roma y solventó el asunto a favor de SERGIO II.

[8] De ahí la construcción que hizo SERGIO II del castillo de St. Angelo y una nueva muralla defensiva en Roma.

[9] A nivel de re-configurar de nuevo la figura del papa, interna y externamente, sobre su primacía jurídica o no sobre lo demás.

[10] Pues hasta entonces tenían el cargo civil de cónsules romanos, con varias diócesis bajo su jurisdicción, y a especie de “papas” en su territorio (con reconocimiento añadido de cada rey nacional).

[11] Por lo que permaneció varios años excomulgado, hasta el 861, en que fue devuelto a la comunión.

[12] Pues HINCMARO había derogado las ordenaciones sacerdotales de su antecesor, y los sacerdotes habían celebrado por su cuenta un sínodo local para llevar sus conclusiones al papa. El papa restituyó a los ordenados sacerdotalmente, y los obligó a someterse disciplinalmente a Hincmaro.

[13] Cosa que LOTARIO II hizo, casándose con la que le aconsejaba el papa, pero para denunciarla de acostarse con su hermano, y tener así motivo para repudiarla y casarse con la querida. Desterrada ésta a un convento, NICOLAS I se negó a conceder la disolución, y excomulgó a Lotario II poco antes de morir.

[14] Uno en Roma y otro en Rávena.

[15] Como vemos, la decadencia es aquí total, pues los papas iban colocando en el trono a sus propios hijos.

[16] Palabra traída de Simón (lit. el que quiso comprar).

[17] Palabra traída del Apocalipsis, cuando fueron denunciados los sacerdotes nicolaitas (sacerdotes que vivían en concubinato).

[18] Traída de la necesidad de colocar a los hijos en los puestos de la administración. Un dicho antiguo decía que el hijo 1º se dedicaba a la hacienda, el 2º al ejército, y el 3º se metía a monje.

[19] Pues a su rey franco BERENGARIO no podían ni verlo. Por ese motivo  fue por el que la nobleza italiana llamó a OTON I DE ALEMANIA para que les liberase.

[20] A los que concedió numerosos poderes.

[21] De 18 años, para colmo.

[22] El cual volverá armado con su ejército, y recuperará el poder.

[23]  A un sacerdote llamado JUAN GRACIANO, y que acabaría convirtiéndose en GREGORIO VI y el gran ideólogo de la radical reforma gregoriana.

[24] HILDEBRANDO como su cerebro intelectual, y PEDRO DAMIANO como el gran separador de los poderes temporal y espiritual (aún colaborando juntos, pero sin intromisiones). A estos dos se les unió el cardenal SILVA CANDIDA, contrario totalmente al cesaropapismo.

             Entre los tres, fueron consiguiendo que:

-el poder temporal dejara de entrometerse en la vida de la Iglesia,
-la Iglesia fuese totalmente libre para elegir a sus papas.

[25] Pues en ese momento vivían simultáneamente 3 papas: SILVESTRE III, BENEDICTO IX y GREGORIO VI. Aunque, en la práctica, sólo uno era el que ejercía el cargo, con renuncia voluntaria de los otros dos.

[26] Cosa que hizo en el Concilio de Sutri-1046, convocado  por su propia cuenta, y donde depuso a GREGORIO VI y encarceló a SILVESTRE III y BENEDICTO IX, eligiendo él mismo a un nuevo papa: CLEMENTE II.

[27] Pues BERENGARIO negaba la presencia real de Cristo en la eucaristía, en contra de lo que afirmaba oficialmente LANFRANCO.

[28] Por primera vez en la historia, pues el Concilio de Elvira-303 no había dejado de ser provincial hispano, aunque sus decretos celibatarios hubiesen sido asumidos por la tradición eclesial.

[29] Elección papal que pasaba a ser ratificada por parte:

1º de los cardenales obispos (o más allegados al papa en Roma, y no por los cardenales presbíteros o cardenales diáconos),
2º del resto de obispos universales,
3º del pueblo romano, como obispo de Roma que iba a comenzar a ser.

[30] Nacida el 910 en Borgoña, cuando el abad BERNON le pide a GUILLERMO DE AQUITANIA unas tierras para vivir la regla de SAN BENITO, y éste le concede el terreno de Cluny.

            BERNON, primer abad de Cluny, había sabido imprimir a Cluny:

-el no estar bajo la autoridad civil de ningún poder feudal,
-el depender religiosa y directamente del papa, con toda exención diocesana.

            SAN ODON, segundo abad de Cluny, lograría distanciarse todavía más de la regla benedictina, imponiendo la clausura estricta, la celebración común de la liturgia, y el canto litúrgico.

            SAN ODILON (994-1049), finalmente, hizo de Cluny una orden expansiva y centralizada, teniendo cada regla local que ser refrendada por los reyes locales.

[31] Hasta el Concilio Vaticano II-1965 se citaba también en todas las misas el nombre de los reyes, junto al del papa y del obispo.

[32] Pues antes se compraban estos cargos, y ya el papa no los podía remover.

[33] Aunque paradójicamente, vino a recibir GREGORIO VII en estos comienzos el apoyo del brazo secular.

[34] Gracias al pueblo romano, que se echó encima de los sicarios enviados por ENRIQUE IV DE ALEMANIA para matar al papa, nada más saliera éste de la basílica.

[35] En un ejercicio de pleno poder papal.

[36] Luego todos los súbditos eclesiales y ciudadanos alemanes ya no tenían la obligación de cumplirlas.

[37] Hecho que se produciría en enero de 1077, pues el emperador decidió encaminarse hacia el papa para conseguir la absolución, como un mísero penitente. Llegado a las puertas del papal Castillo de Canossa, ENRIQUE IV DE ALEMANIA pasó de rodillas y descalzo 3 días enteros, sin comer y haciendo penitencia. Tras recibir la confesión, GREGORIO VII lo absolvió, aunque su arrepentimiento fuese más político que religioso.

            De hecho, nada más volver a Alemania continuó ENRIQUE IV DE ALEMANIA con la práctica de las investiduras laicas, haciendo que los príncipes alemanes tuviesen que elegir a un nuevo emperador, RODOLFO DE SUABIA, aún a costa de la guerra civil entre ambos partidarios.

            Puesto el papa del lado de Rodolfo, ENRIQUE IV DE ALEMANIA decidió entonces el Asedio a Roma-1084, y entronizar al anti-papa CLEMENTE III, antiguo obispo de Rávena. Con todo, una coalición de normandos y lombardos consiguió llegar a Italia para apoyar a GREGORIO VII, que recuperó Roma, depuso al anti-papa Clemente III en el Concilio de Salerno-1084, y murió en 1085.

[38] Más conocidos como nuncios.