AMIANO

a) Amiano Marcelino
b) Historiografía
de Amiano
c) Historiae de Amiano

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a) Amiano Marcelino

            De ascendencia griega, Amiano Marcelino (330-400) nació en la ciudad siria de Antioquía, de una familia aristocrática local, y donde recibió la formación griega de la paideia y una simpatía ideológica hacia los colectivos populares[1].

            Del 353 al 360 sirvió en la milicia del ejército mayor, a las órdenes del general Ursicino[2], participando en:

-la revuelta de Silvano, galo que se autoproclamó emperador,
-las incursiones del rey persa Sapor,
-los rumores internos sobre Ursicino.

            El año 360 Ursicino fue destituido tras la captura de Amida, y Amiano desaparece de la vida política[3].

            El año 363 vuelve a aparecer Amiano, esta vez junto al emperador Juliano en la campaña persa, con el que permanecerá hasta su muerte y la elección de Joviano como su sucesor. Hacia el 371 tuvo que acudir a su patria para mediar ante un acusado de traición imperial, y allí se queda por ocho años más. Fue la ocasión para visitar Egipto, Laconia y Tracia.

            El año 384 se trasladó definitivamente a Roma, donde permanecerá hasta su muerte. Allí empieza su publicación de obras en el género de la res gestae, y a entablar diálogos con sofistas y filósofos. El año 400 muere en la ciudad imperial.

            Amiano fue contemporáneo de Constancio II, Juliano el Apostata, Joviano, Valentiniano, Graciano y Valente; conoció a San Ambrosio y San Agustín, y prácticamente pasó por su época como el historiador olvidado[4].

            No obstante, le tocó vivir una de las épocas más convulsas de la historia romana[5], en plena metamorfosis del tiempo antiguo al medieval. Se dice que fue el último de los historiadores clásicos de Roma[6].

            Y de esto se da cuenta el autor, que pone en evidencia la falta de cultura general, y una sociedad perezosa y aficionada a lo lúdico, y alejada de los libros y la filosofía. Resalta sobre todo la pérdida de la virtus y la acogida de la avaricia y otros males, que estaban desmoronando el Imperio[7].

            Fue también Amiano testigo del fuerte conflicto religioso entre el fortalecido Cristianismo y los deseos del Senado por restablecer el antiguo paganismo como religión oficial imperial. Ahí fue Amiano:

-defensor del paganismo tradicional[8],
-tolerante con el cristianismo
[9].

b) Historiografía de Amiano

            Transmite una imagen viva de los avatares del s. IV:

-desde la óptica militar y griega,
-desde el espíritu veraz de los viejos,
-demostrando sus conocimientos, en los diversos campos,
-juzgando hombres y hechos, de manera mordaz,
-buscando la imparcialidad, mediante discursos y digresiones.

            Se basa en la imitación de Tácito, a la que introduce:

-la dualidad guerra-intrigas,
-digresiones geográficas y etnográficas,
-las diversidades psicológicas de los personajes,
-descripción de la mentalidad de un periodo dado.

            Se puede decir que fueron aportaciones de su método historiográfico:

-la importancia del emperador, a nivel incluso de castidad,
-prestar atención sólo a las líneas generales,
-selección de hechos históricos de acuerdo a un plan establecido,
-selección elitista de los hechos, sin fijarse en las clases bajas sociales,
-introducción del contexto geográfico, siempre antes de la narración de hechos,
-investigar la verdad, ordenando cronológicamente las fuentes,
-la fidelidad, como esencial para la narración.

c) Historiae de Amiano

            Tuvieron su fecha de composición entre el 382 y el 397, bajo nombre de Historiae.

            Las fuentes de la obra consistieron mayormente en los testimonios orales y presenciales de los hechos, a los que se fueron incorporando las fuentes escritas de mayor alcance, para dar credibilidad a lo escrito[10]. Algunas de estas fuentes escritas fueron Herodoto, Eratóstenes, Hecateus, Timagenes, Ptolemaeus, Sexto Aurelio Víctor, Theoponpus y Juba de Mauritania[11].

            En cuanto a la estructura de la obra, ésta abarcó:

-libros I-XIII: desde el 96 al 353, continuando la obra de Tácito[12],
-libros XIV-XXXI: desde el 353 al 378, como testigo ocular:

            -libros XIV-XXV: hasta la muerte de Juliano, y elección de Joviano,
           
-libros XXVI-XXXI: sobre Valentiniano y Valente.

            Los libros I-XIII no han podido llegar hasta nosotros, y en los libros XXVI-XXXI advierte Amiano que la verdad de lo relatado ha corrido el riesgo de ser diluida, ya que se ha escrito sobre acontecimientos demasiado cercanos.

 

Manuel Arnaldos   
Mercabá, diócesis de Cartagena-Murcia    

más información
Diccionario Mercabá de Arqueología

Indice general de Enciclopedia Mercabá de Historia   

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[1] Por lo que expresa JEAN BAYET en su obra (cf. AMIANO MARCELINO, Historia del Imperio Romano (trad. de F. Castilla), ed. Orbis, Barcelona 1986, p. 16).

[2] cf. ROVIRA SOLER, M; Introducción a la historiografía latina; textos para su lectura, ed. Palas Atenea, Madrid 1989, p. 95.

[3] cf. AMIANO, Historia (trad. de M. L. Harto), ed. Akal, Madrid 2002, p. 16.

[4] cf. AMIANO, Historia del Imperio Romano (trad. de F. Castilla), ed. Orbis, Barcelona 1986, p. 15.

[5] cf. AMIANO, Historia (trad. de M. L. Harto), ed. Akal, Madrid 2002, p. 23.

[6] Y PABLO OROSIO el primero de los medievales. Pues:

-AMIANO MARCELINO, ultimo clásico, continua con la vieja escuela de describir la historia,
-PABLO OROSIO, primer medieval, comienza la nueva escuela de sintetizar la historia.

[7] Amiano era consciente de la enorme problemática política, militar, histórica, social, religiosa y literaria de su época, y su obra fue encaminada en ese sentido, en un esfuerzo inteligente para que el Imperio comprendiera su ocaso (cf. AMIANO MARCELINO, Historia (trad. de M. L. Harto), ed. Akal, Madrid 2002, p. 26).

[8] Impulsado por JULIANO EL APOSTATA y defendido por Amiano. Aunque, siempre recuerda el historiador, habría que estar más preocupados por la integridad moral de las personas que por la confesión religiosa que profesen.

[9] De ahí vendrá la crítica feroz que hará de JULIANO EL APOSTATA, por su prohibición que hizo a los maestros cristianos de enseñar en las escuelas.

[10] cf. ALONSO NUÑEZ, J. M; “La visión historiográfica de Amiano Marcelino”, en Studia Romana, II, Valladolid 1975, pp. 44-51.

[11] cf. ALONSO NUÑEZ, J. M., op.cit, p. 50.

[12] cf. BAYET, J; Literatura latina, ed. Ariel, Barcelona 1972, p. 489.