Domingo de Pascua

 

            En este día confesamos que Jesús, nuestro Señor, no pertenece al mundo de los muertos, sino que es alguien que vive con la vida verdadera y definitiva, la de Dios. También proclamamos que nuestro futuro es un futuro de vida y que ese futuro lo podemos ir haciendo realidad día tras día, al superar las condiciones de muerte personales y de nuestro mundo.

            Es posible que la comunidad que se congrega en este día no haya asistido a la vigilia pascual e inclusive que no haya participado en las celebraciones de la semana santa. En este caso, esta eucaristía es muy importante como celebración pascual. Pero aún en el caso de que la comunidad que se reúne sea la misma que ha participado durante la semana en las celebraciones, esta celebración puede tener un cierto sentido de síntesis pascual de todo lo celebrado.


Memorial de la Resurrección del Señor

            Nuestros templos albergan, desde anoche, un hermoso tesoro simbólico: el cirio pascual. Esta noche ha sido bendecido el fuego nuevo, se ha tomado de él la nueva luz con la cual ha sido encendido el cirio adornado y hemos hecho una procesión solemne para cantar que Jesucristo resucitado es la luz que brilla en medio de las tinieblas. Jesús, el Cristo en quien creemos, es el Resucitado que vive para siempre, que ha vencido la muerte y nos ha abierto a todos el camino de la vida. Creer en él, la luz del mundo, es estar convencidos de que es posible construir un mundo nuevo, luminoso, no afectado por las tinieblas de la muerte, de la injusticia, del odio y la violencia. 


Simbolismo bautismal

            Esta noche hemos bendecido el agua bautismal y hemos renovado las promesas bautismales. San Pablo nos dice que ser bautizados significa morir y resucitar con Cristo: el bautismo no es un mero hecho del pasado, que ni siquiera recordamos, sino algo que nos ha marcado profundamente. Nuestros padres cristianos y nuestras comunidades nos han engendrado en la fe, para que nuestra vida sea una vida fundamentada en los valores profundos que Dios nos ha revelado por medio de su hijo Jesucristo y que hacen posible que construyamos un mundo auténticamente humano, profundamente humano. En este día no sólo podemos contemplar la fuente del agua bautismal, sino que podemos ser asperjados con esa agua de la vida que nos recuerda y nos invita a asumir de nuevo la gracia de nuestro bautismo.

            Un nuevo comienzo, que tiene ahora un sentido especial. Siempre la celebración del misterio pascual del Señor en Semana Santa tiene para nosotros, los cristianos, una importancia especial. Pero en estos años con mayor razón, porque estamos viviendo un proceso de preparación para celebrar el Jubileo con el que nos introduciremos en el tercer milenio de cristianismo. Es muy importante que estemos sintonizados con el sentir de la Iglesia universal. El Papa Juan Pablo II quiere que este año profundicemos el tema del Espíritu Santo, para asumir con nuevo entusiasmo la opción cristiana. Con nuevo entusiasmo, que surge de nuestra alegría pascual, debemos pensar en este día y en este año en una fe que no consista en simples costumbres religiosas rutinarias y a veces supersticiosas, sino en una manera nueva de mirar la vida y de vivirla según los principios del evangelio. Con nuevo entusiasmo debemos tratar de comprender también quién es realmente el Señor para nosotros, qué implica en nuestra vida su seguimiento y cómo es posible dar testimonio de dicho seguimiento en el mundo en el cual vivimos. Finalmente lo que se refiere a nuestro bautismo: un día fuimos bautizados, pero es hoy cuando debemos tener conciencia de lo que el bautismo implica en nuestra vida. ¿Qué es ese morir y resucitar con Cristo? ¿Qué consecuencias tiene en el mundo real en el cual vivimos?

 

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO

 Act: 28/03/16   @pascua cristiana           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A