Terrorismo democrático

 

            México acaba de descubrirse a sí mismo como un país donde la democracia sí puede funcionar. En contraste con otros países donde los períodos de democratización fueron acompañados de crueles guerras y otros sufrimientos de hechura típicamente humana, México ha sido bendito. Los votos, a la par que años de trabajo más o menos organizado de grupos ciudadanos, terca energía partidista opositora y paciente brega legislativa, también opositora, han roto el nudo gordiano mayor. Parece haber muerto el bicéfalo fantasma de la omnipotente unidad presidente-partido. Pero hay señales desagradables de que la democracia está siendo malentendida.

            Una de ellas es la forma como se está expresando la esperada participación ciudadana en torno a los tan debatidos temas de la reforma hacendaria y la ley indígena. Hay momentos en que las expresiones mismas de democracia se han convertido en sus fantasmas.

            Un caso: el proyecto foxista de reforma fiscal se presentó al Congreso de la Unión un martes en la tardecita. Su texto forma una torre de papel de cientos de páginas en los que se dan los motivos, las explicaciones técnicas, los objetivos, las consecuencias previstas, etc. sobre las que los legisladores deberán estudiar, debatir y, finalmente, votar. El jueves de esa misma semana, a mediodía, antes de que alguien pudiera honestamente presumir de haber leído, comprendido, reflexionado y discutido todo esa montaña de información, ya había mociones en varios congresos locales, como el de San Luis Potosí, para descalificar la propuesta. Lo primero que hicieron algunos diputados locales, al grito de “¡democracia!” y “fuera el presidencialismo antidemocrático”, fue lanzarse a la yugular del Presidente para criticarlo de algo que sólo conocían de oídas y que, a diferencia de los anteriores presidentes, sí está dando a conocer su proyecto a todo mundo.

            Otro caso, del mismo tema: un diputado federal del PRI convence a los transportistas del país para que hagan un paro nacional, causando con ello a la nación millones de pesos en daños, en protesta contra los daños que causará la iniciativa de reforma fiscal. La iniciativa no solamente no se ha aprobado aún -y difícilmente puede causar daño una medida no aprobada-, sino que ni se ha terminado de estudiar. Lo que va finalmente a dañar a México, o a beneficiarlo, en el caso que nos ocupa, va a ser la decisión que adopten los parlamentarios, no la propuesta de Fox. La propuesta es exactamente eso: una propuesta.

            Es verdadero terrorismo democrático el hacer creer a la ciudadanía, a través de tácticas mentirosas y perjudiciales,  que será culpa del Presidente si la ley aprobada por el Congreso causa a la población los daños de los que se critica a la propuesta. Serán mucho más democráticos los diputados que hagan la tarea para la que la ciudadanía los eligió y que consiste en que, utilizando la cabeza, la lógica, la reflexión seria y el debate, dejando de lado el asalto visceral y primario, lleguen a adoptar medidas que beneficien a México.

            Claro que todo lo anterior es simplemente el reflejo de las décadas de orfandad democrática en la que se encontraba nuestro país. Mas eso no excusa a los católicos de mantenerse ajenos al proceso socio político que vive el país, ni de colaborar solidariamente  para que éste se dé correctamente. Tenemos una tarea trascendental que cumplir en ese sentido, ya en el seno de nuestras comunidades, ahondando nuestro proceso personal de conversión y compromiso cristiano a través de la liturgia, de la experiencia de la vida comunitaria cristiana y de la práctica de la caridad, ya en el corazón de la familia y de todos los demás grupos (todos) donde nos toque dar testimonio de la fe.

 

JAVIER ALGARA, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A