Televisión en lugar de Abuelita

 

            La televisión, este anteojo con que el hombre mira a larga distancia, atraviesa un intenso período de perfeccionamiento. Los técnicos se empeñan en entregar al mundo un aparato cada día más perfecto y más rico de posibilidades, según los usuarios se empeñan en malgastar estos tesoros para la distracción, la información, la comunicación del mundo. Vaciamos de grandeza humana un invento lleno de perfección científica. Y abusamos de la grandeza y hermosura de una técnica paciente y dolorosa. Éste suele ser el trágico final de los juguetes en manos del niño inconsciente: acaba con ellos, no importa lo que le hayan costado ni cuánto le hubieran hecho gozar. Y éste suele ser también el ingrato destino  de los inventos modernos.

            Por fortuna se va creando una conciencia en las autoridades, en el sociólogo, en el maestro, en cuantos se interesan por el hombre y su destino, frente a los problemas que plantea la televisión, cada vez mayores conforme ensancha sus posibilidades. Son reveladoras las preocupaciones de la Asociación Sicoanalítica Mexicana. Los programas televisados deforman la mentalidad y el criterio del adulto, con mayor facilidad la cera suave de la infancia.

            Antiguamente era la madre o la abuelita quienes llevaban al niño a esos cielos lejanos, jardines y mundos de fantasía, en  el relato delicioso del cuento a la caída de la tarde. A la magia de la voz que narraba, la imaginación del niño construía sus sueños, trabajaba con aquellos datos, pequeño obrero de un pequeño paraíso.

            Después empezó a leer cuentos. El relato oral quedó desplazado por la lectura. Surgió entonces toda una literatura infantil, rica como enseñanza y como entretenimiento. Grandes escritores pusieron su ingenio al servicio de la niñez, sin que pensaran que ese hecho les restaba celebridad y nombradía.

            El niño de hoy continúa leyendo cuentos, pero cuentos gráficos donde la imagen sustituye a la palabra; cuentos escritos con criterio comercial, sin la gracia del arte, sin la preocupación de la pedagogía. La literatura infantil ha llegado a su ocaso. Al cuento oído, al cuento leído, sucede el cuento visto en la televisión. El cine de casa.

            Cuando la abuelita y la madre han venido a ser sustituidas por un aparato electrónico, los niños se alejan más rápidamente del seno del hogar, porque se rompe -en una etapa primordial para el desarrollo plenario de los niños- la relación afectiva entre padres e hijos.

 

JOAQUÍN ALONSO, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A