Relación sexual precoz

 

            La promoción de la salud viene definida por el conjunto de actividades dirigidas al individuo con el objetivo de cambiar los conductos o modificar el entorno en un sentido positivo orientado a disminuir las situaciones de riesgo y aumentar el nivel de salud. Siguiendo el sentido cronológico de la prevención de la actividad sexual precoz que puede complicar la evolución de la adolescencia podemos seguir el esquema tradicional.

            La prevención primaria vendrá constituida por aquellas iniciativas realizadas con la finalidad de evitar la aparición de unos determinados hábitos y formas de conducta o de modificar determinados estilos de vida ya existentes que alteran aspectos básicos de la conducta sexual como son la comunicación interpersonal, el respeto a la persona, el autocontrol de los impulsos, etc., que vienen inevitablemente influidos por la educación recibimiento y las condiciones socioculturales de la familia y del entorno.

            A la prevención primaria hay que añadir lo que algunos autores definen como prevención primordial, que tiene como objeto básico evitar el aumento de la prevalencia de los factores de riesgo, determinados, en el tema que nos ocupa, por la falta de educación previa y la continua incitación a los adolescentes para experimentar en la práctica del acto sexual.

            Un efecto negativo en este sentido lo proporcionan los medios de comunicación, en especial los programas y anuncios de televisión, que al cabo del año contienen miles de referencias e insinuaciones sexuales, muy pocas de las cuales transmiten mensajes positivos y responsables, y promueven, en cambio, las conductas violentas y agresivas, como el uso y abuso de drogas y de alcohol y la actividad sexual promiscua.

            A los efectos nocivos de la televisión hay que añadir el impacto perjudicial de letras y temas de rock y vídeos musicales, la multioferta domiciliaria de los teléfonos eróticos divulgados diariamente por la prensa habitual de uso familiar y la reciente utilización del sexo por Internet.

            La prevención secundaria persigue la detección de los problemas en los estadios más precoces para interrumpir sus consecuencias o para atenuarlas y reducirlas cuando la prevención primaria no se ha aplicado o se ha fracasado en sus objetivos.

            Este segundo grado de la prevención comprende todo el programa de medidas informativas dirigidas a los adolescentes sexualmente activos para evitar las enfermedades de transmisión sexual (MTS), en todo el amplio abanico de viejas (Neisseria gonorreae, Sífilis, Trichomona vaginalis) y nuevas infecciones (Chlamydia trachomatis, virus del Herpes simple, virus del Papiloma humano y virus del SIDA) así como el embarazo del adolescente con todas sus graves consecuencias, físicas, psíquicas y sociales.

            Finalmente la prevención terciaria pretende mejorar el estado de los individuos ya afectados por enfermedades o situaciones psicosociales producidas o condicionadas por la actividad sexual precoz.

            Vivimos en una sociedad en donde la prevención primordial y primaria en la conducta sexual continúa inexistente en los programas e intereses sociales y sanitarios, y queda limitada al esfuerzo personal de las familias, a lo que se empieza a sumar el trabajo de algunos educadores en las escuelas. En realidad, como ya hemos dicho, se promueven todos los medios para incitar a la actividad sexual precoz y si puede ser promiscua, sin preocuparse de la educación de hábitos saludables como se está haciendo, aunque sea con bastante timidez a nivel público y social, con otros conductos perjudiciales para la salud como son los hábitos alimenticios e higiénicos o el tabaco, el alcohol y otras drogas.

            Una vez estimulados, adolescentes y adultos, y muy liberados para no reprimir, ni siquiera controlar, los impulsos se procura, por parte de los estamentos oficiales, sociales y sanitarios, recurrir a la prevención secundaria mediante unas cuantas recomendaciones, algunas dudosas o reducida eficacia, con la finalidad de evitar o reducir el riesgo conocido. En resumidas cuentas, es probablemente el único aspecto de salud donde se prescinde totalmente del concepto y la finalidad de la prevención primaria intentando, con retraso y a toda prisa, conseguir una prevención secundaria que resulta naturalmente fallida e ineficaz, e incluso contraproducente, al dar esperanzas a los dudosos o indecisos para iniciarse con seguridad, cuando, cargados de complejos, piensan que no hacen lo que hace una supuesta mayoría liberada. '

            Educación, educación, educación: este es el trípode, único e imprescindible, donde se fundamenta la prevención de la actividad sexual precoz de los adolescentes, causa a menudo de muchos problemas de salud, tanto orgánicos como psicosociales, que transforman esta etapa del desarrollo y la madurez, ya de por sí difícil e insegura, en una adolescencia ciertamente complicada, con consecuencias que pueden marcar desfavorablemente la conducta, la salud y la propia vida.

            Así lo afirmaba a mi compañero Andreu Fresnadillo, ginecólogo experto en MTS, justo ahora hace tres años aquí, en estos mismos cursos y en esta misma tribuna. Y no se refería a la simple información sobre la manera de conseguir con plena y segura seguridad la salud del acto sexual para practicar una sexualidad activa garantizada de todo riesgo mediante el conocimiento de los métodos de contracepción, reducidos, casi, en estas edades, en el uso del preservativo, presentado a la juventud como la panacea para evitar el riesgo del embarazo en el adolescente, el aborto, las MTS y el SIDA. Se refería especialmente, el Dr. Fresnadillo, a recomendar la abstinencia para procurar posponer la primera relación sexual hasta conseguir la madurez fisiológica y psicológica suficiente para acordar, entre las dos partes, un proyecto mutuo e ilusionado de relación monogámica y estable.

            De esta manera, además de prevenir el embarazo del adolescente, el aborto, las MTS y el SIDA, evitaríamos la aparición precoz de carcinoma de cuello de la matriz, riesgo comprobado en las jovencitas promiscuas, y la gran frecuencia del riesgo psicosocial que comporta la experiencia sexual precoz de los adolescentes asociándose a conductas potencialmente perjudiciales para la salud, como son el consumo de alcohol, de marihuana y de otras drogas, actos menores de delincuencia, fracaso escolar, problemas de conducta, exceso de velocidad e intentos de suicidio.


¿Qué significa educar la sexualidad?

            La sexualidad es el conjunto de características biológicas y psicológicas que hacen al ser humano hombre o mujer. Es, pues, una realidad profunda, propia del ser humano total, presente y operante en todas las dimensiones de la persona, incluso la ética y espiritual.

            Educar es comunicar conocimientos y promover actitudes, es también instruir, guiar, formar, descubrir lo mejor que es y puede ser una persona, y que ella misma lo descubra como cosa propia.

            Educar la sexualidad, por lo tanto, no es informar sólo a la inteligencia sobre datos, observaciones y manifestaciones específicas. Es también educar el sentimiento para experimentar de manera humana las sugestiones de la atracción sexual, y orientar la conducta, mediante la adquisición de hábitos, para mantener el dominio sobre los impulsos sexuales. Se conseguirá así la madurez de hombres y mujeres, cada vez con más autodominio. La madurez no es un concepto estable, sino dinámico y sometido a un posible vaivén.

            Puede distinguirse la madurez biológica, cuando la persona alcanza el desarrollo completo según su naturaleza, de la madurez psicosocial, cuando llega la plenitud después de un crecimiento pausado y progresivo, en que se van abarcando nuevos hitos de equilibrio psicológico en que la persona manifiesta la armonía estable entre corazón y cabeza, entre sentimientos e inteligencia, que le ayudan a controlar el impulso sexual y le ordenan hacia una relación comunicativa y gratificante, no sólo en el plan físico sino también en el intelectual y espiritual, demostrando obrar movido por un amor verdadero y maduro.


¿Se puede educar la sexualidad humana?

            La Organización Mundial de la Salud (OLMOS) define la salud sexual como la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor.

            Todo el mecanismo de la sexualidad tiene que estar, por lo tanto, claramente orientado al diálogo de amor y al respeto en si mismo y en los demás.

            El ser humano es un ser sexuado siempre, desde la concepción hasta la muerte. Vive y muere como mujer o como hombre, y si bien no siempre realiza actividad sexual, sí que realiza, sin embargo, actividad sexuada.

            Cualquier estudioso de la sexualidad conoce bien una realidad fundamental: la diferencia entre la sexualidad humana y la sexualidad de los otros mamíferos superiores. Los animales tienen un instinto sexual que los impulsa irrefrenablemente a la reproducción en las épocas de celo. El hombre, en cambio, puede -con su inteligencia y con su voluntad- dirigir su impulso sexual libremente y escoger realizar o no actos sexuales en un momento determinado. Por esta razón se ha dicho que el órgano primordial sexual del hombre es el cerebro, porque no está condicionado por un instinto que, en unos momentos determinados por la naturaleza lo lleva a procrear, y en otros a prescindir del sexo. El ser humano decide el uso o no de su sexualidad y no está obligado a seguir las sugerencias de su impulso sexual. A pesar de ello, la libertad del hombre que hace posible cualquier conducta no justifica los comportamientos anómalos y contrarios a la naturaleza humana.

            Ningún profesional muy informado sobre cuestiones psicológicas referentes a la sexualidad puede defender el determinismo biológico de la sexualidad humana, ya que la sexualidad del hombre y la mujer no manifiesta la característica de obligatoriedad inevitable, propia de otras especias animales, sino que deja una amplia zona de actuación a la libertad personal, guiada por la inteligencia y la voluntad. Tiene, pues, una cierta plasticidad e indeterminación, susceptibles de ser educadas, y es justo el adolescente, porque está en un proceso de cambio acelerado y de intensa formación, quién más derecho tiene a recibir de sus educadores - padres, profesores, médicos - ayuda y orientación.


¿Cómo tiene que educarse esa sexualidad?

            La educación, para ser eficaz, debe proponer valores y tiene que propiciar actitudes muy concretas; por ejemplo, tú puedes, pero puedes con esfuerzo. Precisamente al contrario de aquello que se hace en muchos ámbitos de la vida cotidiana. Se ha puesto de moda aquello de estudia inglés sin esfuerzo, no te prives', disfruta hoy, ya pagarás mañana', no lo pienses más y escoge el anticonceptivo. Para ser pedagógicamente eficaces tendría que insistirse en slogans favorables al respeto y a la exigencia personales: piensa más, esfuérzate en estudiar inglés, procura prescindir de las grasas, evita el alcohol, la droga, el exceso de velocidad, prívate del sexo-consumo, etc., consejos quizás poco populares y polémicos sin embargo no por ello menos necesarios.

            Éste es uno de los retos de nuestra generación que, a veces, tiende a abandonar a los adolescentes a sus únicas fuerzas. No es de extrañar esta actitud de abandono atendiendo el esfuerzo que comporta educar para un uso responsable de la sexualidad luchando frente al alud de informaciones parciales o sesgadas que niños y adolescentes reciben gratuitamente sobre sexualidad. A pesar de ello, ésta es un área en el que la educación que demos tendrá una gran trascendencia social.

            Para alcanzar un desarrollo armónico de la sexualidad con el autodominio y la madurez que supone integrar la sexualidad en la personalidad global, tienen que educarse satisfactoriamente las diferentes etapas del desarrollo ya que, si no se ha conseguido en el momento adecuado, tendrán que compensarse las carencias y hará falta emplear más esfuerzo, tanto mayor cuanto más arraigados estén los hábitos incorrectos o más importantes sean las carencias.

            De los 0 a los 2 años el niño tiene que conocer y aceptar de manera progresiva su propio sexo y su invariabilidad, y también el reconocimiento, mediante el trato con el padre y la madre, del hombre y la mujer como seres diferenciados.

            De los 2 a los 6 años tiene que recibir información del embarazo y de las realidades básicas de la vida prenatal, con información natural de donde se encuentra y crece el feto, con aceptación de la inevitable dependencia materna, y también una introducción esclarecedor de como y por donde nacen los niños. También convendrá fomentar los primeros hábitos de pudor que permitirán, más adelante, valorar la intimidad a la hora de manifestar afecto y respeto a los otros y a él mismo.

            De los 6 a los 12 años hay que aprovechar la neutralidad hormonal y afectiva de estos años, o etapa de latencia, para adquirir el mayor número de conocimientos sobre anatomía, fisiología y psicología del hombre y de la mujer, eyaculación en el chico y el cuando y el por qué de la menstruación en la chica. Será también conveniente incidir en la educación de la afectividad y el uso responsable de la sexualidad.'

            De los 12 a los 15 años se llega a la eclosión de afectividad y sexualidad. El adolescente tiene que asumir que el acto sexual está inseparablemente vinculado a la afectividad y al amor, y orientado a una relación estable que supone sucesivas etapas de maduración y la aceptación de su consecuencia natural: la formación de una nueva familia. Por otra parte, tiene que ser consciente de todo aquello que rompe la armonía o mutila alguno de los componentes de la relación sexual interpersonal, pudiendo formar parte de lo que hemos definido como adolescencia complicada: el hábito de la masturbación, la pornografía, la promiscuidad y prostitución, la cohabitación juvenil, la homosexualidad, etc., que son fruto de la banalidad y el empobrecimiento de la consideración global de la sexualidad.

            Para comprender bien la evolución de las relaciones entre chicos y chicas durante estas edades, hay que recordar que, durante la pubertad y parte de la adolescencia, los componentes del amor, impulso sexual y sentimiento o ternura todavía están disociados.

            Generalmente al adolescente le falta autocontrol y le sobra instintividad. Será más adelante cuando, con la evolución y el desarrollo progresivo de la capacidad de amar, se fusionarán y se integrarán armónicamente impulso y ternura, erotismo y sexualidad.

            Para redondear el proceso educativo en el adolescente hará falta acabar de precisar el conocimiento de las diferentes vertientes esenciales de la sexualidad en el ser humano: La vertiente psicológica que lo capacita para complementarse con otro ser humano, de compartir los mismos sentimientos, de unirse por la amistad y de conseguir una comunicación interpersonal. Y la vertiente biológica, vinculada al placer físico y a la reproducción.

            La vertiente psicológica incluye: la afectividad y todas sus manifestaciones: sonreír, ternura, atención delicada, caricia, etc.; la comunicación, que significa compartir con el otro algo más que sentimientos, algún interés más intelectual y una similitud de objetivos o de intereses; de manera especial la disponibilidad para la conversación, que implica hablar, escuchar, ser comprendido y comprender al otro; el cuidado de los gestos o lenguaje del cuerpo, miradas, sonrisas, caricias, posturas, etc..

            La vertiente biológica comprende: el placer que acompaña la relación sexual de una pareja sana. Podríamos compararlo con el placer que puede encontrarse en una buena comida. Ambos se asocian a funciones importantes que, sin oscurecer su finalidad primordial - reproducción o nutrición - ayudan a que el hombre no se inhiba de estas funciones abstraído por los numerosos reclamos de la vida diaria. Es importante poner notoriedad sobre la realidad del placer en la tarea de la educación sexual y situarla en su justa dimensión, porque, cómo hemos dicho, una concepción hedonista, auspiciada en los últimos años por la publicidad y el consumo, ha hecho que muchos jóvenes busquen solamente placer como el fin de sus acciones sin pensar en las posibles consecuencias desfavorables ya citadas y entre las cuales paradójicamente, también tiene que incluirse la apatía sexual, comprobada en amplios sectores que actualmente constituyen una patología frecuente en las consultas de sexólogos y psiquiatras.

            El placer que acompaña la relación física es importante, pero hay que evitar caer en mitos del tipo de sincronía orgásmica que tanto de mal causan a la relación hombre-mujer. El placer, cuando es buscado obsesiva y exclusivamente, puede escaparse más y más y conducir a estados de neurosis.

            Si es bien verdad que la relación sexual es solamente una de las maneras de expresar el amor y que la sexualidad, desvinculada del amor, pierde su sentido humano, también es cierto que tiene una función espléndida que debe realizarse también de manera espléndida.

            La unión corporal del hombre y la mujer tiene una gran dignidad en ella misma y es potencialmente procreadora. Como explicitación física de su amor, hombre y mujer dan la realidad del hijo y en él ven plasmada aquella fusión de caracteres con que sueñan los enamorados. El hijo es el tú y yo inseparables para siempre.

            Más adelante, cuando los jóvenes vivan su futura vida matrimonial y de pareja haber alcanzado la integración de todos los componentes de la sexualidad: pasión sexual, compañerismo optimista, amor de amistad y admiración y reverencia para la persona del otro, será cuando la procreación dentro de la familia ocupará el lugar que le corresponde y el hijo podrá aseverar: se aman... entonces, existo.

            Padres, pediatras y educadores en general tienen que aceptar el reto de hacer realmente efectiva, a pesar de los obstáculos, la formación global de la sexualidad en el adolescente desde una perspectiva humana, positiva, verdadera y digna, que permita un saludable aprendizaje del amor y un pleno desarrollo de la madurez personal.

 

CARLES WENNBERG, Barcelona, España

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A