Ramón Llull, puente de culturas

 

            La obra verdaderamente impresionante de Llull es inseparable de su trayectoria vital. Su conversión, sus iluminaciones, su interés misionero y no solamente el valor puramente intelectual de su pensamiento, nos llevan a afirmar que es sobre todo la vida del beato que fue un arte. El hombre Ramon Llull es el Ars, como acción vital y acción especulativa. Su vida fue el hilo conductor de los temas de las principales "ramas" del árbol luliano.

            Ramon Llull nace en Mallorca, probablemente en el año 1232. Se casó con Blanca Picany, con quien tuvo dos hijos. Fue jefe de administración del rey de Mallorca, Jaime II, hijo de Jaime el Conquistador. Su educación fue, por tanto, la de un miembro de la corte, educado en las reglas y los saberes mundanos. El Llull anterior a la conversión era ya un hombre de acción, un caballero y un trovador mundano.

            Sin embargo en el itinerario de este hombre, cuya causa de beatificación se ha reanudado recientemente, encontramos una experiencia espiritual que lo desquició. En el año 1263, mientras confeccionaba un poema para una mujer de quien estaba enamorado, se le apareció Jesucristo crucificado. Cuando Llull se planteó el significado de esta visión, exclama: "Voluntad era de nostro Senyor que ell totalmente se donàs en sa servitud" (voluntad era de nuestro Señor que él totalmente se diera en su servitud). De ser un caballero y un trovador del mundo, Llull se siente llamado a convertirse en un caballero y trovador de Dios.

            Su vida seguirá siendo acción; ahora, sin embargo, acción misionera para judíos y, sobre todo, musulmanes, hasta la muerte si fuera necesario. Para esta tarea Llull cuenta con dos medios: aprender lenguas, especialmente el árabe y escribir libros. Después de un peregrinaje a Santiago y de nueve o diez años de estudio en Mallorca aconsejado por san Ramon de Penyafort, hacia el 1274 escribe un libro sobre La lógica de Algatzell y, sobre todo, nos deja el Libre de contemplació en Déu.

            En una nueva experiencia religiosa, conocida como la iluminación de Randa, Llull afirma que recibió del cielo la forma y manera de hacer el libro que tanto deseaba para rebatir los errores de los infieles. El Arte se convertirá en esta nueva estructuración del contenido de la fe exponiéndola por razones necesarias y sin tener que recurrir a las autoridades. En esta época Llull escribe algunas de las piezas literariamente más logradas, especialmente el Libre de Amic e Amat y el Blanquerna.

            La acción luliana se desencadena y, a partir de ahora, tomará formas desaforadas hasta el punto de autodenominarse Ramon lo Foll (Ramón el Loco). En efecto, ya en posesión del Arte como medio de demostración de la fe, Llull se echa a una actividad explosiva. Durante los años siguientes hará cuatro viajes a París, entonces el centro del mundo universitario cristiano medieval, tres al norte de África y estará diversas veces en Montpeller, Barcelona y Mallorca.

            Pero el Arte en sus formas primitivas suscita el escepticismo del mundo universitario parisino, y Llull reemprende en Montpellier la tarea de su reformulación con el Ars inventiva Veritatis, en la cual el número de principios del Arte se reduce de dieciséis a nueve. En el año 1293, Llull sufre la conocida "crisis de Génova". Convencido del origen divino de su misión, tiene que enfrentarse, con su debilidad personal, con su cobardía, que le impide embarcarse hacia las tierras islámicas. La crisis sufrida en el puerto de la ciudad italiana, acompañado de dudas, angustias y enfermedad, humaniza la figura del beato.

            En el año 1308, Llull acaba la última formulación extensa que hará de su sistema: el libro. El recuento final de su trabajo es impresionante: 272 obras escritas.


Teología luliana

            Toda la existencia de Llull se agota en una acción única obstinadamente dirigida hacia un único objetivo: que los hombres conozcan y amen al Dios verdadero. En efecto, para el saber natural todo el mundo era "génesis" y "energeia". Al cosmos como acción natural, sólo puede corresponder la fe, como la adecuada elaboración existencial e intelectual de la manifestación histórica de Dios. Si todo en Llull es acción, una acción previa a todas las distinciones ulteriores, entonces el Ars no es otra cosa que el nombre luliano de esta acción multidimensional.

            No es éste el momento de una presentación exhaustiva del sistema luliano. Hace, falta, sin embargo, mencionar los principios fundamentales del Ars, al menos en una presentación sumaria.

            Los 9 principios absolutos del Arte, son dignidades divinas, es decir: razones o atributos de la Esencia divina. Estas energías con las que Dios ha creado todas las cosas, están presentes en toda la escala del ser y están también, por lo tanto, en el origen de las famosas "razones necesarias". Estas razones están por encima de lo que podemos conocer naturalmente. Son sólo conocibles en la fe. Con esta doctrina, Llull podrá encontrar parecidos trinitarios en todas las cosas, y explicar por qué estos principios absolutos se despliegan siempre correlativamente. Las dignidades, son conceptos relacionales, que expresan principalmente a Dios en relación al mundo.

            También están presentes en el sistema de Llull los 9 principios relativos, siempre agrupados en 3 tríadas, los sujetos o ente y las cuestiones o reglas. Los amantes de especulaciones "formalitzantes", a veces esotéricas, dan excesiva importancia a este aspecto del pensamiento luliano, restando relevancia a los tres puntos de su pensamiento que ahora nos conviene resaltar.


Trinidad luliana

            Toda ciencia que quiera hablar de Dios, supera necesariamente nuestras aptitudes innatas. El hombre no puede, con sus solas fuerzas, ir más allá de lo sensible y del espiritual creado. Todas estas verdades divinas, son "articula fidei". Ahora bien, una vez la fe ha purificado el intelecto, la comprensión de aquello que se cree se convierte en una exigencia ineludible de esta inteligencia transfigurada. Así es como, "mediante auxilio gratiae Dei" es posible probar necesariamente, con una racionalidad que es la del mismo Dios, todas las verdades del cristianismo, tanto aquéllas que comparte con las otras religiones del libro, como aquéllas que son más específicamente propias. Las hipótesis divinas son "demostrables" en el sentido de que, aceptadas por la fe, resultan una solución perfecta al problema de cuáles son las condiciones de posibilidad de la actividad natural divina. No se "demuestra" la Trinidad, en sentido "aristotélico", "tomista" o "moderno"; sólo se muestra que la Trinidad de Personas, supuesta por la fe, conviene de forma absolutamente "natural" y, por consiguiente, "necesariamente racional", en el "lugar común" judío, islámico y cristiano de la infinita y eterna actividad divina "ad intra".

            Llull acepta la realidad divina como presupuesto monoteísta básico compartido por judíos y musulmanes y próximo a doctrinas platónicas comunes en todo el ámbito cultural mediterráneo. Para él es un dato de evidencia inmediata la existencia de una actividad divina "ad extra", según la cual Dios, mediante sus propiedades, crea y mantiene el universo sensible y lo conserva en su presencia. La creación, en tanto que acción divina, es demostrable "mediante fide" porque la creación conviene a su bondad y grandeza y porque revela "ad extra" la dinámica esencia del Dios Trinitario.


Cristologia luliana

            Llull nos dice que la Encarnación tenía como primera intención hacer que los hombres y toda criatura conozcan y amen a Dios. La encarnación constituye una acción sobrenatural "ad extra" de la divinidad, en la cual la actividad "ad intra" deja de manifestarse ocultamente como sucede en la creación, para pasar a hacerlo de forma absolutamente explícita. En esta nueva acción, Dios asume en su seno toda la anterior actividad divina "ad extra", tanto la creación como la Revelación y milagros del Antiguo Testamento.

            En estos tres puntos del pensamiento luliano, es interesante descubrir cómo se relacionan la razón y la fe. Mientras los nos creados ascienden hacia su Principio, Dios, desciende hacia sus criaturas en un movimiento constante "teofánico". Este proceso de ascenso y descenso del cual hemos hablado antes implica a la persona en todas sus dimensiones: la intelectual y la afectiva. No creo que pueda oponerse abstractamente el lulismo a otras formas del pensamiento cristiano como el tomismo. Llull, a partir de una doctrina considerada como "lugar común" de la gramática cultural de la fe de las tres grandes religiones monoteístas, construye un sistema en que Trinidad y cristología se demuestran radicalmente en su más absoluta evidenciabilidad.

            Hay que decir algo de las razones necesarias de la fe. Por una parte, las "razones" lulianas, son principios "metafísicos", es decir, la raíz y el fundamento del ser; y por la otra, son también, principios "gnoseológicos", es decir, puntos de partida y de llegada absolutos de nuestro conocimiento de Dios y de las criaturas. El Arte, como medio de la tarea apologética que Llull creyó recibir del cielo, tiene su punto central en los dogmas de la Trinidad y de la Encarnación, que son las verdades fundamentales que hacía falta probar.

            Pero Llull, nunca afirma que el hombre puede acceder inmediatamente a la dinamicidad interior del Objeto divino. Las "razones necesarias" solos después de la muerte son plenamente posibles para el entendimiento humano. Pero lo son. Incluso santo Tomàs dice algo parecido. ¿Qué sucede si tomamos con toda la fuerza la idea de que el bautismo nos hace nuevas criaturas?. Pues pasa, simplemente, que tiene que aceptarse que la fe del creyente es un tipo de mediación que hace posible aquello que antes admitíamos como a inmediatamente imposible: el acceso a la esfera de lo divino en si. El Ars de Ramon Llull es un intento, más o menos afortunado, en la forma o en el contenido, de hacer la "sistemática" de esta "gnosi" suprema, cristianamente posible en este mundo por el don de la fe, es decir, de hacer la "sistemática" de las "razones necesarias de la fe".

            La fe, no sólo no excluye el entender, sino que lo hace posible con una intensidad superior. Fe y razón no son dos magnitudes ajenas la una a la otra: en este sentido, la fe no "enajena" en ninguna medida la razón, como tampoco la razón no "ajena" de ninguna manera la fe, sino que se interpenetran mutuamente, recíprocamente, sinfónicamente: están la una en el otro, como dice Llull.

            Sólo sintiéndonos bajo la mirada inmensa del camino intelectual, pero no sólo intelectual, del beato Ramon Llull, podremos tener alguna esperanza de hacernos con alguna pizca de lo que pensó y de lo que vivió.

            Pero podemos preguntarnos : ¿qué representa la el ejemplo de vida y la obra de Llull para nuestro tiempo?. Pienso, que todos estarán de acuerdo al responder: representa la seriedad infinita y mortal con que hay que enfrentarse a un tipo de razonar que llega al fondo de la obra de Dios en nosotros. Aquel hombre de Dios, movido por una fe que lo hacía pensar más allá de los propios límites naturales, descubrió el "lugar común" de las tres religiones monoteístas. Fue capaz de profundizar y de saborear el fundamento de toda dignidad humana que es la imagen del Dios Creador en nosotros.

            En mi país, existió un momento muy fecundo de colaboración mutua entre las tres grandes religiones. La escuela de traductores de Toledo, Córdoba, la ciudad de las tres culturas, Granada, significaron la oportunidad de profundizar en el patrimonio común de una razón iluminada por la fe y confrontada con la Revelación. No es cierto, no tiene que serlo, que el nombre de Dios nos sea motivo de enfrentamientos. Si hay un motivo común para la paz es justamente éste. Esto lo supo Llull y Ramon de Penyafort y tantos otros.

            Seguir sus huellas querrá decir contribuir a la acción de una Europa que rehaga su propia identidad cultural. Hemos iniciado un nuevo milenio, una nueva oportunidad. He leído con placer que este centro para la paz y la dignidad humana que hoy ha empezado a existir, se propone, junto con un Instituto de estudio de los derechos humanos, el diálogo entre el mundo árabe y la cultura cristiana. Aplaudo esta iniciativa en la cual nuestra Universidad está tan interesada e invoco la protección del beato Llull, cuya huella tenemos que seguir todavía.

 

JOAN B. MARTÍNEZ, Barcelona, España

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A