Políticamente Corrupto, no Correcto

 

            La verdad es un cuchillo afilado, la verdad es una llaga incurable, la verdad es un ácido corrosivo. Son palabras de Mika Waltari, que nos vienen al pelo para describir la línea discursiva por la que los políticos nos quieren hacer pasar: lo políticamente «correcto».

            En efecto, hay una especie de onda que nos dice que todos andamos en la verdad, pero que ésta es muy relativa (yo tengo mi verdad, tú tienes la tuya, él tiene la suya, y los tres defendemos lo nuestro). O sea que no habría una verdad única (para nosotros los católicos, sí, y ella sólo radica en Dios), sino multitud de verdades apoyadas en sus propios  argumentos, y éstos normalmente avalados y difundidos por quienes, viéndose dueños de cierto poder para hacerlo, pretenden relativizar la verdad con el fin de hacer lo que ellos quieren sin el «estorbo» de una moral basada en el orden natural y el sobrenatural.

            Ahora bien, hay dos caminos, tan cercanos entre sí que a veces se hacen uno solo, por los que solemos discurrir en nuestra lucha contra la verdad: el manipuleo de las palabras y la «regla» de lo políticamente correcto. Del manipuleo lingüístico tenemos claros ejemplos en términos tales como uniones de hecho, interrupción voluntaria del embarazo, regulación de la menstruación, preembrión, hemocitoblasto y otros de cuño más o menos reciente. Con el primero quiere disfrazarse el adulterio o la fornicación, y con los demás el aborto en sí o algunas añagazas en torno a él.

            Me parece aborrecible el espíritu de lo políticamente correcto. Tiene un aspecto bueno, consistente en todo lo que lo emparenta  con la urbanidad, con el respeto humano. Tiene de malo cuanto implica falsa prudencia, renuncia a convicciones propias para simular que se está de acuerdo con los demás, aunque estén en el error... o aunque uno esté en posesión de la verdad, no de verdades relativas y circunstanciales. 

            El lenguaje respectivo, propagado mundialmente por los pueblos sajones, refleja la mediocridad de estar siempre de acuerdo con los otros y ser blandamente respetuoso de sus opiniones, no tener ideas demasiado seguras y, sobre todo, no sostener que existe una única verdad. En suma, se guarda respeto a todo tipo de realidades, opiniones y opciones... menos (muchas veces) a las católicas.

            Lo políticamente correcto lleva a los conferenciantes y a los impartidores de cursos a advertir, inicialmente: «No soy semántico». A uno se le antoja decir: «Mejor séalo, ¿no? O intente serlo. Mayor luz haremos así en nuestros debates».

            ¿Recuerda usted la aparición de la Biblia Políticamente Correcta? Sucedió el 1 octubre 1995 en Estados Unidos, donde al ponerse a la venta la primera Biblia «políticamente correcta», para los seguidores de esa tendencia «el Padre Nuestro ha queda sustituido por el Padr@ Nuestr@».

            En efecto, la nueva versión de la Biblia, que hace poco publicó la Oxford University Press, eliminaba lo que el traductor consideró viejos términos inaceptables y nos presenta a un Dios con sexo neutro. Además, el término Señor quedaba proscrito porque denota una forma excesiva de jerarquía, ya que ahora los hijos no deben obedecer sino atender a sus padres, de la misma manera que las esposas dejan de estar sometidas a sus maridos. Lo que llegaba al punto de negar que la diestra de Dios sea el lugar preferente, pues de ese modo se discrimina a los zurdos; que la oscuridad sea sinónimo del infierno, porque no es lícito que demos un sentido negativo al color negro. No se debía decir esclavo sino ser sometido a la esclavitud; ni ciego sino falto de visión; ni hay ya paralíticos, sino personas con habilidades diferentes.

            Hablando no sólo dentro sino también fuera de la Biblia, ¿se imagina usted a un san Pablo políticamente correcto, o a un Dante Alighieri, o a un Chesterton? O a un José Vasconcelos o a muchísimos más. Su dialéctica era aplastante, si se quiere violenta, pues eran radicales, intransigentes en los campos del virtuoso y recto pensamiento. Fieles, pues, a la verdad.

 

JESÚS GARCÍA, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A