Política escandalosa

   

            Los escandalosos son pocos, pero son. Oyéndolos rugir en los medios, uno supondría que hacen legión. No es para tanto. Lo que sí es cierto es que dan una lata tremenda, sobre todo en aquello que les parece forma parte de la última cruzada, la que (en su opinión) se ha instalado en Los Pinos. ¿Que de qué se trata esa última cruzada? Bueno, pues, según una periodista, en que la Palabra de Dios y la palabra del presidente Fox ya no están totalmente reñidas, y que para las actuales autoridades federales del PAN «antes está Cristo que la Constitución».

            Pero donde han tomado vuelo es con la hija del Presidente. Les preocupa, sí, que le haya dado un crucifijo en su toma de posesión. Que aparezca rezando en la basílica de Guadalupe. Sin embargo, eso se lo pasan. Lo que no están dispuestas (y dispuestos) a pasarle a Ana Cristina Fox de la Concha es que Ana Teresa Aranda, presidenta nacional del DIF, dijera que estaba a punto de lanzar una campaña nacional a favor de la abstinencia sexual entre los jóvenes, para evitar embarazos no deseados y contagios de SIDA. Ahí sí brincaron. ¿Cómo se atreve la llamada «primera hija» a proponer tal tontería? ¡Si los jóvenes son pura sexualidad!

            Bellamente les contestó Paz Fernández Cueto en Reforma, recordándoles lo bonito (y congruente) que es ser un tolerante intolerante, un defensor de la libertad que no respeta la libertad. Porque en nombre del progresismo y la apertura vuelven a la vieja política del garrotazo al que piensa diferente y se cierran en banda tras haber etiquetado de cerrado a quien se le ocurra la insensatez de actuar contrariamente a «como debe actuar», según algunos de estos plumíferos insufribles. ¿Cómo estaría la cosa que hasta su mismo padre, el presidente Fox, tuvo que recular? En declaraciones -a juicio nuestro- muy poco afortunadas, el Presidente dijo que Ana Cristina no estaba a favor de la abstinencia sexual sino de la prevención de los embarazos no deseados, y que, incluso, para prevenirlos, se valdría de todo: condones, anticonceptivos, dispositivos intrauterinos, etcétera.

            Muy peligroso resulta este llamado presidencial al «todo es lícito» en tanto cuanto se evite tener un chiquillo. Primero, porque va a haber chiquillos si a los jóvenes se les estimula a tener «sexo seguro». Segundo, porque no hay tal «sexo seguro». La única seguridad de no procrear es, aquí y en China, abstenerse de tener relaciones antes del matrimonio. Y lo de China no es un dicho. Según nos recuerda Paz Fernández Cueto, «la abstinencia aparece como primera opción en la Plataforma de la Conferencia de Beijing, entre el abanico de ofertas que deben ofrecerse al adolescente» (párrafo 1091).

            También les recuerda a los escandalosos que la Organización Mundial de la Salud ha propuesto la abstinencia como el único método cien por ciento seguro «para hacer frente a las enfermedades de transmisión sexual, a la pandemia del VIH/SIDA y a los embarazos no deseados». ¡Zúmbatelas! ¿Pos' no que la ONU y la OMS eran nuestros?, se han de preguntar los escandalosos, que hacen ruido donde hay pocas nueces. Porque no se necesita ser un genio (ni un cura disfrazado o una monja en lo oscurito) para darnos cuenta de que la defensa de la contención sexual entre los adolescentes es un sí a la vida y un no formidable a la promiscuidad sexual, que solamente acarrea desilusión, vacío y, en el caso del aborto, muerte.

            Acusan a Fox de meter a la Iglesia en Los Pinos. Quisiera Dios que fuera así, porque la Iglesia católica no impone una moral sino defiende hasta sus últimas consecuencias la dignidad de la persona humana. Incluso contra los ataques a la dignidad que la persona pudiera asestarse a sí misma. Por ahora lograron parar (con la anuencia de su padre) la campaña que se suponía iba a lanzar Ana Cristina Fox. Pero, ¿lograrán parar la verdad? ¿Qué bola de intereses se esconden detrás de estos manotazos al vacío? ¿Han pensado alguna vez lo que están defendiendo para los adolescentes estos «mártires de la libertad»? Muchos jóvenes de México, de Estados Unidos, de Francia, confiesan estar hartos de que los gobiernos y sus «defensores» crean que son «máquinas sexuales», seres humanos incapaces de actuar fuera del ámbito genital, de crear belleza, de enamorarse con respeto absoluto del otro. Los que hemos pasado por ésas y hemos vivido el vacío al que nos orilla la consideración del otro como un objeto de uso, sabemos lo que decimos.  Y comprendemos por qué en una sociedad pansexualizada (plagada de sexo frío, repetitivo, en serie, insubstancial) hay tanto suicidio de jóvenes. Obvio: si todo el día machacamos la cabeza del adolescente para que practique el «sexo seguro», ¿qué va a pensar el chavo que es? Pues eso, una especie de mecanismo de placer. ¿Y la parte esencial de la vida, dónde queda? ¿Cuál es el sentido de vivir? ¿Qué hay detrás de todo esto? El abismo.

 

JAIME SEPTIÉN, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A