Persecución católica en Turquía

 

            Desde hace 42 años vivo en Turquía, país musulmán en un 99.9%. Soy arzobispo de Izmir, Asia Menor, desde hace 16 años. Agradezco a Monseñor Pelatre y a quien ya habló sobre el tema en esta prestigiosa reunión, dispensándome así de largos exámenes y de las relativas interpretaciones.

            Mi intervención tiene por objetivo, principalmente, dirigir al Santo Padre un humilde pedido. Para ser breve y claro, antes relataré tres casos que considero que realmente han ocurrido, dada su procedencia.

            Durante un encuentro oficial sobre el diálogo islámico-cristiano, un reconocido personaje musulmán, dirigiéndose a los participantes cristianos, dijo en un cierto momento con calma y seguridad: Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos; gracias a vuestras leyes religiosas os dominaremos"

            Este relato debe creerse ya que el dominio ya ha comenzado con los petrodólares utilizados, no para crear trabajo en los países pobres del Norte de África o del Medio Oriente, sino para construir mezquitas y centros culturales en los países cristianos de inmigración islámica, incluida Roma, centro de la cristiandad. ¿Cómo no ver en todo esto un claro programa de expansión y reconquista?

            Durante otro encuentro islámico-cristiano, organizado como siempre por los cristianos, un participante cristiano preguntó públicamente a los musulmanes presentes, porqué no organizaban también ellos encuentros similares a éste. El infaltable personaje musulmán autorizado que estaba presente respondió de manera textual: "¿porqué deberíamos hacerlo? Vosotros no tenéis nada que enseñarnos y nosotros no tenemos nada que aprender".

            ¿Un diálogo entre sordos? Es un hecho que términos como diálogo, justicia, reciprocidad o conceptos tales como derechos humanos y democracia, tienen para los musulmanes un significado completamente diferente del que tienen para nosotros. Creo que esto ya ha sido reconocido y admitido por todos.

            En un monasterio católico de Jerusalén había, tal vez aún esté, un empleado doméstico árabe musulmán. Era una persona gentil y honesta, muy estimada por los religiosos que, a su vez, él también estimaba. Un día, con aire triste, les dijo: "Nuestros jefes se han reunido, han decidido que todos los infieles deben ser asesinados, pero ustedes no tengan miedo porque los mataré yo sin hacerlos sufrir".

            Todos sabemos que debe distinguirse entre la minoría fanática y violenta y la mayoría tranquila y honesta, pero ésta tiene una orden dada en nombre de Alá o del Corán, marchará siempre compacta y sin vacilaciones. Por lo demás, la historia nos enseña que las minorías decididas, siempre logran imponerse a las mayorías renunciantes y silenciosas.

            Sería ingenuo subestimar, o peor aún, sonreír ante estos tres ejemplos que he dado. Yo considero que se debería reflexionar seriamente sobre la enseñanza dramática que nos dejan.

            No es pesimismo el mío, no obstante la apariencia. El cristiano no puede ser pesimista porque Jesucristo ha resucitado y vive. Él es Dios, a diferencia de todos los otros profetas o de quien pretende serlo. La victoria final será de Cristo, pero los tiempos de Dios pueden ser muy largos, por lo general lo son. Él es paciente y espera la conversión de los pecadores: mientras tanto la Iglesia, sin embargo, invita a organizarse y a trabajar para la venida de su Reino.

            Ahora quisiera presentar una propuesta seria al Santo Padre: organizar cuanto antes, si no un Sínodo, por lo menos un Simposio de obispos y operadores de la Pastoral entre los inmigrantes, en especial referencia a lo islámico, incluyendo también a los representantes de la iglesia reformada y a los ortodoxos. Su organización podría ser encomendada a la CCEE que tiene una larga y demostrada experiencia con la colaboración de la KEK.

            El simposio debería servir para profundizar colegialmente el problema de los islámicos en los países cristianos y encontrar, de esta manera, una estrategia común para afrontarlo y resolverlo de manera cristiana y objetiva. Es indispensable estar de acuerdo en lo relativo a los principios aunque luego su aplicación varíe en función de los lugares y personas. ¡Nada es más perjudicial que el desacuerdo sobre los principios!.

            Termino con una exhortación que me ha sugerido la experiencia: no se debe conceder jamás a los musulmanes una iglesia católica para su culto porque ante sus ojos ésta es la prueba más certera de nuestra propia apostasía.

 

GIUSEPPE BERNARDINI, Izmir, Turquía

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A