Persecución católica anglosajona y comunista

 

            La persecución católica sigue siendo una realidad en el siglo XXI. El principio de libertad de pensamiento y de religión, sólo se aplica en algunos países y con algunas restricciones. Existen países con gran solera democrática como Inglaterra, donde todavía rige la confesionalidad de un estado que considera a la Iglesia de Inglaterra poco menos que como un departamento de la administración pública, ejerciendo el poder del nombramiento de obispos. La cabeza de la Iglesia anglicana sigue siendo la reina de Inglaterra, un cesaropapismo absolutamente anacrónico en la era de la comunicación en la que nos encontramos. Y por supuesto, la primacía de la religión anglicana tiene sus consecuencias sociales. El premier debe reconocerse hijo de esta Iglesia. Y si un sacerdote anglicano, decide convertirse a la religión católica, abandona desde ese mismo instante todo el status social que le proporciona la pertenencia a la Iglesia de Inglaterra. Los católicos no son perseguidos oficialmente, pero sí oficiosamente y desde luego socialmente en la Irlanda del Norte. 

            Inglaterra no es el único caso de persecución religiosa anglosajona. Israel es también un estado confesional donde los no hebreos se convierten en ciudadanos de 2ª categoría, cuando no aplastados literalmente por el ejército israelí. Nada extraño para una religión que considera a los paganos como mulas de carga. En Estados Unidos, país tolerante y liberal donde los haya rige el principio de libertad de culto, pero una norma no escrita exige que el presidente de los Estados Unidos debe de ser wasp (white, anglosaxon, protestant). Todo un ejemplo de respeto a la pluralidad de la locomotora económica mundial. 

            Y es que aunque en los países occidentales rige el principio de libertad de culto, en la práctica la religión oficial es el secularismo militante. De forma que cualquier expresión pública de fe se entiende como un ataque a la libertad personal. Como si la vida interior pudiera refugiarse en una sacristía sin consecuencias públicas. El argumento del respeto a la pluralidad en pro de la convivencia social, se convierte de facto en un secularismo castrante de todo sentimiento religioso. Y así, los católicos somos perseguidos en los medios de comunicación con una violencia que no merecen ningún enemigo real de la convivencia social. Porque el siglo XXI se divide entre los que tienen una visión trascendente de la vida y los que no la tienen. Entre los que creen que hay vida más allá de la muerte y los que creen que la vida es un paso sin sentido hacia la nada. Entre quienes creemos en un Dios Padre que nos convierte a todos en hermanos y en los que creen en la cultura de la selva para sobrevivir. 

            Y no nos olvidamos de los regímenes comunistas, donde la religión quedó anestesiada al servicio del sistema, único y verdadero dios a quien había que adorar. El sistema sería quien procuraría en bienestar comunitario y el que nos transportaría al paraíso terrenal. La utopía se convirtió en una delirante farsa que esclavizó a millones de personas, anulando su dignidad y su libertad. Aunque deberíamos más bien hablar de presente, porque aunque el Muro de Berlín cayó en 1989, la “muralla china” del comunismo amarillo permanece fortificada. 

            El comunismo chino ha sufrido algunas transformaciones importantes en materia económica. La inviabilidad del sistema autárquico marxista, permitió la entrada de capitales extranjeros y una lenta liberalización de la economía. Pero los principios permanecen intactos. Y si China ha avanzado en libertades económicas, permanece anclada en libertades políticas y eclesiales. El régimen promueve la religión oficial a la que los ciudadanos deben de someterse. Ese régimen, que es “dios”, conoce perfectamente las necesidades del hombre y provee de satisfacer las aspiraciones espirituales de sus individuos. Se olvida el régimen que Dios no conoce de corsés y que desde luego no se somete a regímenes políticos que utilizan la religión como anestesia para el pueblo. Curiosamente lo mismo que denunciaba el marxismo: “La religión es el opio del pueblo”. Erró el marxismo en su análisis, porque la religión en la liberadora del hombre. Cristo es el Dios que recoge la naturaleza caída del hombre y la enaltece hasta los límites más insospechados. Y todo ello sin contraprestación. Gratis total, como la cultura de nuestros políticos. 

            Pero esto resulta incomprensible para el estrecho régimen chino que ha decidido emprender una campaña de persecución contra la Iglesia del Silencio, fiel a Roma. De esta campaña se hacía eco el periódico Panorama Católico Internacional en el que detallaba la situación de martirio en el que viven los 12 millones de católicos chinos, según denuncia la agencia vaticana Fides. Así que ya ve como la época de las catacumbas todavía no ha acabado.

 

EULOGIO LÓPEZ, Madrid, España

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A