Narváez y sus enemigos

 

        Los santos, los hombres grandes en general, no tienen enemigos, en cuanto depende de ellos. Han ido madurando y conocen sus propias debilidades. Esto los ha hecho humildes, y comprenden fácilmente las debilidades de los demás. «El amor -dice san Pablo- es paciente, es afable; el amor no tiene envidia, no se jacta ni se engríe, no es grosero, no busca lo suyo, no se exaspera ni lleva cuentas del mal... disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre» (II Cor 13, 4-7).

        Tampoco Narváez tenía enemigos. Narváez, «el espadón de Loja», pues allí nació en 1800, es llamado así por el uso frecuente que hizo de la espada, y con pocas consideraciones, por cierto. Fue un político muy activo y el hombre de confianza de Isabel II de España. Aplastó varias insurrecciones con gran rigor.

        En el lecho de muerte le preguntó el confesor: ¿Perdona a sus enemigos?

        Y contestó:  No me queda ninguno. Me los cargué a todos.

 

JUSTO LÓPEZ, Zaragoza, España

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A