Miedos ante la espera de un Bebé

 

            Mi esposa y yo estamos esperando un bebé. Ahora siento la responsabilidad de todo lo que esto significa, y aquí no hay marcha atrás, ya no valen las dependencias de ningún tipo. Me pregunto si podré hacerlo, si podré no proyectar en mis hijos la violencia y la hipocresía de mi padre, no repetir las cosas desagradables que viví con él. No quiero que aflore toda la basura de mi pasado. Tengo miedo, pero al mismo tiempo siento que éste es el mejor desafío hasta ahora que me va a dar la vida.

            Ser padre es una responsabilidad y una bendición.

            Si lo vemos por el lado de la responsabilidad, puede adquirir dimensiones terribles. Lo que está en las manos de los padres es nada menos que la vida del hijo, su felicidad, su equilibrio emocional, su salud física, su bienestar material... todo, en unas ineptas manos.

            Si lo experimentamos por el lado de la bendición, es un gozo indescriptible que nos llena de gratitud, una magnifica oportunidad de crecer y una clara conciencia de que nuestra vida tiene contenido.

            Es una responsabilidad, sí, pero quedarse en el miedo que ésta provoca es perder lo que de más humano, es decir, trascendente, tiene el ser padre.

            Entiendo que tengas miedo. Con una historia donde tú a tu vez recibiste heridas de parte de tus padres, y sabiendo, como sabes, que tendemos a repetir los modelos que aprendimos en nuestra infancia, temes no ser un buen padre. Pero tienes el primer requisito para romper esa cadena que daña a generación tras generación: la conciencia. Y también el segundo, igualmente importante: la decisión de cambiar lo que haya que cambiar y de hacer las cosas del mejor modo posible.

            Tú sabes el camino: sacar a la luz las heridas y sanarlas. Perdonar y perdonarte. Reconstruir en ti lo que haya podido ser dañado. Crecer, día a día, como ser humano. Podrás decir que te falta mucho y el bebé ya está aquí. Y bien, esta es una magnifica oportunidad de sanar tus propias heridas a través del amor que des a ese hijo. Cuando tú abraces a ese niño estarás también abrazando al niño que vive en tu interior; cuando escuches a ese hijo, estarás escuchando también a tu niño interno y sanando las heridas de no haber sido escuchado... En la medida en que hagas bien las cosas, estarás dejando de ser la víctima para ser una persona ejerciendo su poder de amar. Y eso transforma al ser humano.

            Cometerás errores, claro. Y esos errores volverán a ubicarte en el piso: eres falible, imperfecto; necesitas constantemente examinar y enmendar el camino. En cuanto a los daños irreparables que se pueden hacer a los hijos, estos ocurren cuando los errores son constantes. Un hijo que a lo largo de su infancia es tratado injustamente o maltratado de alguna manera, cargará con una serie de problemas internos de los que no vamos a hablar ahora. Pero si de cuando en cuando el padre le grita sin razón, lo ignora o no lo toma en cuenta; pero luego se arrepiente, pide perdón al hijo y repara el daño, lo que el hijo aprenderá es que su padre también puede equivocarse, que siempre es posible pedir perdón, reconciliarse, reafirmar el amor. 

            Un hijo necesita un ambiente de seguridad, donde pueda ser él mismo, expresarse, ser tomado seriamente en cuenta (con sus necesidades, sus gustos, sus decisiones). Necesita ser escuchado, tocado, acariciado, protegido... Y para eso no hace falta más que un auténtico amor incondicional y un profundo respeto. Y tú eres capaz de dar esto.

            Está bien -es necesario- educar a los hijos, tener objetivos claros, disciplina, normas, responsabilidad. Usa la inteligencia, pero también, siempre, escucha al corazón. Disfruta a tu hijo, gózate en el amor: esto es lo más importante.

 

YUSI CERVANTES, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A