La sal del señor obispo

 

            Era muy conocida la facilidad del señor arzobispo de México para contar e inventar chistes. Tenía un gracejo especial. En la visita a México del señor cardenal Piazza, que venía a la celebración de un centenario de los carmelitas (el señor cardenal pertenecía a esa orden) me dieron el encargo, de parte del señor arzobispo primado, de que fuera a La Habana a recibir al señor Piazza y acompañarlo a la ciudad de México; tal vez porque yo hablaba italiano. El señor arzobispo de La Habana lo llevó a visitar lo mejor de la Isla, remozada por el gobierno del general Batista. Éste era un verdadero dictador y había hecho construcciones grandiosas.

            Después de pasar dos días en Cuba, tomamos el avión para México. Lo esperaban en el aeropuerto numerosos fieles y, sobre todo, los padres carmelitas. La familia de don Guillermo Barroso lo hospedó en su casa: un verdadero palacio en las Lomas de Chapultepec. Por la noche se le ofreció una cena, a la cual fue invitada la esposa del señor Presidente, doña María Izaguirre de Ruiz Cortines.

            El señor arzobispo estaba a la mesa y dijo a la señora: ¿Sabe usted cuáles son las tres Marías más famosas de México? La señora de Ruiz Cortines contestó: «Excelentísimo señor, no sé».  El señor arzobispo, con mucho desenfado, le dijo: «La primera, usted, señora». La esposa del Presidente  le dijo: «Ay, señor, muchas gracias». Y le preguntó: «¿Cuál es la otra?» El señor arzobispo le dijo: «María Félix». «Y la tercera María, señor arzobispo? Y éste le contestó, riéndose: «Señora, su servidor: Luis María Martínez». Todos reímos ante el gracejo del señor arzobispo.

            Era verdaderamente un santo. Su causa de beatificación ya está introducida como Siervo de Dios, en la curia arzobispal de la ciudad de México. Ojalá que pronto lo veamos en los altares.

 

JORGE RUIZ, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A